He hecho cosas mejores Taiora. Esta no me da demasiado orgullo. Todo por el puñetero dolor de mi enfermedad QnQ.


Cadera


—Taichi. Tu mano está bajando demasiado.

—Ups.

Sora sonrió, extendiendo sus labios en mueca burlona mientras los dedos de su pareja regresaban a su cintura, por encima de su cadera. Justo contra sus costillas. La pegó más contra él, con sus formas encajando de una forma curiosa. Algo de lo que ambos eran conscientes.

Sus caderas encajando como debían. Sus torsos. Sus brazos. Todo. Parecían haber sido creados únicamente el uno para el otro. Incluso sus mentes.

No solo el haber crecido juntos influía. Las cosas íntimas no las hicieron las experiencias junto a los demás. Eran cosas suyas, propias y privadas.

Ambos habían descubierto que, de algún modo, les gustaba bailar. Sora disfrutaba de los bailes pegados y Tai no podía negárselo. La sola idea de ella bailando pegada a otro tipo le revolvía las tripas, así que solo le quedaba moverse y ponerse a ello. Hasta terminó gustándole de cierto modo.

Por eso en ese momento, durante el cumpleaños de Mimi, estaban ahí, en medio de la pista, rodeados de diferentes parejas y enfrascados en su propio mundo de pasos de baile, de cercanía mutua y cariño.

Era ya lo que quedaba por hacer de la fiesta. Disfrutarla en un momento de pareja. Mimi se debatía entre echarle el lazo a Yamato o a un nervioso y torpe Koushiro que lo hacía adorable. Unos pasos más allá, Takeru y Hikari intercambiaban sonrisas y miradas que pasaron en picos escondidos por alto a su hermano. Aunque Tai no tenía demasiado interés en eso en ese instante.

Inclinó la cabeza hasta que sus labios pudieron besar el cuello femenino. Sora acarició su espalda, con las manos abiertas y rió contra su oído.

—Vamos a otro lugar— murmuró.

Sora consintió su capricho y ambos salieron al balcón. Otra pareja estaba ya en un rincón dándose el lote. Tai no permitió que se interesara por ellos, pues abordó su boca nada más tener la oportunidad, acorralándola contra la barandilla.

—Deberíamos de dejar que nos invitaran más veces— murmuró ella frotando nariz contra nariz.

Tai lo sopesó.

—No es mala idea.

Y volvió a unir estrechamente sus bocas.


Cuandito que me den la siguiente palabra me pongo a ello nwn.