Segundo capítulo :D!

Primero de todo, estoy muy agradecida :3 por las reviews, sobre todo xD sé que son pocas, pero en fin, acabo de empezar, no puedo pedir más, me siento feliz *-*

Y bueno, también quería pedir disculpas ewe ¿Por qué? Bueno, fail mío LOL, lo de el capi anterior era un prólogo, y no lo puse ;A; -Preparada para la matanza- Well, empezamos uwuU–Echa cuentas y descubre que entonces este es el capitulo 1-

Capítulo 1: El volver

Despertó horriblemente asustado. Palpó la almohada. Perfecto. Estaba ahí, no en la mansión. Todo el día con el miedo a cerrar los ojos y aparecer allí, junto al niño-fantasma pidiéndole que jugaran. Aún no sabía qué había pasado allí, había sido tan extraño, nunca había creído en los fantasmas ni nada de todas esas cosas relacionadas con lo espiritual. Y allí había estado, en una mansión abandonada, con la "agradable" compañía de un fantasma. ¡Un fantasma! Cualquiera que le oyera confesaría al instante que estaba loco. Completamente embriagado por la locura.

Se levantó de la cama, frotándose los ojos para volver poco a poco a la realidad y separarse de los brazos de Morfeo, el Dios del sueño. Tras recuperarse ya del sueño, de los mareos, del dolor de cabeza y de todos los males que había sufrido por culpa de aquella mansión, de aquel jardín donde tuvo la "maravillosa" idea de esconderse. ¡Por culpa de los matones!

Llegó al cuarto de baño. Abrió el grifo del lavabo y comenzó a lavarse la cara. Justo iba a coger la toalla cuando sintió que algo o alguien le golpeaba con algo en la espalda. Perfecto. Como si no estuviera ya muy adolorido. Cayó al suelo, y vio a su agresor. Bueno, en ese caso, su agresora. Su cabello era azulado, y poco más pudo distinguir de ella a parte de las gafas rojas que tenía colocadas en el cabello, y luego cerró los ojos y volvió a caer en los brazos de Morfeo.

Cuando despertó estaba tumbado, en su cama. ¿Había sido un sueño? No, no podía haberlo sido. Sentía un dolor intenso en su espalda, definitivamente aquello había sido real, y no producto de su imaginación o de sus sueños. Además, pronto divisó, sentada en su mesa, a su agresora, cruzada de brazos y mirándole fijamente con aquellos ojos que ahora sí, podía denominarlos como metálicos. Parecía enojada. ¿Qué se suponía que había hecho ahora?

-¡¿Tú eres el desgraciado que ha herido a Midorikawa? –Preguntó la chica en tono serio y amenazante. Perfecto, seguro que era una amiguita del fantasmita ansioso a jugar.

-¿Quién… eres? –Preguntó Hiroto a duras penas. A penas era capaz de terminar una frase sin tosidos.- ¿Y… Y qué haces en… en mi casa?

La chica se levantó de su sitio y se dirigió a la cama.

-Creo que te he hecho una pregunta –Sintió escalofríos. ¿Todo el mundo se había vuelto loco o qué? Ahora todos parecían serios, ¿qué había pasado con la gente divertida? ¿Se habían ido?

-Yo… Yo… E-Estaba asustado… -Balbuceó temeroso. No le gustaría enfadar a esa chica, parecía que en cualquier momento en el que dejara de hablarla ella se limitaría a volver a golpearle, y, en los peores casos, a matarle.- E-En fin… No… No estoy acostumbrado a ver… fantasmas…

-Pero Midorikawa no es para nada peligroso. Es el espíritu más inofensivo al que he visto nunca –Replicó, con aspecto de no haber creído ni una palabra de lo dicho por él.- En fin, lo menos que puedes hacer es hacerle una visita. –Dijo rápidamente cambiando de tema y adquiriendo ya un tono alegre.

-¿Visitarle? –Preguntó él poniendo los ojos en blanco y recuperando el habla.

Antes de poder preguntar algo o poner un simple "pero" a las palabras de la extraña, ésta le tocó la espalda, calmando su dolor, y seguidamente dirigió su mano a la frente. Al instante en el que la yema de su dedo rozó la frente de Hiroto, aparecieron en la puerta de la mansión. La niña estaba sonriendo, aliviada y orgullosa de, al parecer, finalizar su trabajo. El portón se abrió sola. Otra vez cosas extrañas, vaya, qué suerte tenía. Y, cuando el portón estuvo completamente abierto, pudo diferenciar de toda la sala una figura algo traslúcida en un rincón, que, poco a poco, desviaba su mirada hacia ellos.

-¿Qué se supone que tengo que hacer? –Preguntó Hiroto en un tenue susurro.

-Sólo tranquilízale y pasa tiempo con él –Respondió ella.- ¡Eh, Midorikawa, mira quién ha venido! –Gritó.

Midorikawa sonrió de repente y corrió hacia ellos eufórico.

-¡Haruna! –Chilló refiriéndose a la peli-azul- ¡Le has traído! –Sus ojos destellaban algo, parecían expulsar luz.

-¿Cómo no iba a cumplir una promesa? –Haruna guiñó un ojo. Nuevamente tenía la pregunta en la cabeza de qué estaba pasando.

-¡Venga, tú! –Señaló a Hiroto con su dedo fantasmal- ¡Vamos a jugar! –Solo de pensar que iba a jugar con alguien hacía que sus palabras sonaran emocionadas. Como si no hubiera jugado con nadie nunca.- ¿Y cómo te llamas?

-Hiroto. Llámame Hiroto, por favor –Contestó amablemente.

Midorikawa flotó hasta una puerta y le señaló para que le siguiera. Miró a Haruna, quien le dio su total aprobación para que fuera con él y charlar y jugar un poco. Y, antes de entrar a la nueva sala, miró al portón donde hacía segundos había estado situado con Haruna. La chica había desaparecido.

Continuará~

Reconozco que ha sido cortito e.e espero que el próximo vaya siendo más largo, pero es que ahora estoy algo ocupada y tengo que ir acortando las cosas uwu sorry~