Ese día se me hizo inmenso, aparte de que el calor no ayudaba.
Todo ya estaba listo para la graduación en la escuela. Los futuros graduados entramos al auditorio y fuimos recibidos por aplausos de nuestros padres, de los demás alumnos y los profesores. Formamos filas, yo había quedado a la mitad de la cuarta fila. Prestaba atención como siempre, aunque realmente estaba ausente ante todo esto, hasta que dijeron su sombre.
–Es un placer dar el discurso de salida para mis compañeros…
El maldito genio me había ganado por tres decimas en las pruebas, pero siendo como era el engreído valía la pena dar el discurso. Sin duda fue original y motivador. Por un instante creí que nuestras miradas se habían cruzado, pero él la desvió. Creo.
Cuando terminó el discurso, Sasuke tomó su lugar nuevamente en la fila y cada uno fue llamado al estrado para recibir su diploma. Una vez pasado todos los estudiantes, se dieron las últimas palabras, las filas se rompieron y yo, antes que mis padres me vieran, preferí salirme del lugar.
Mandé un mensaje de texto al móvil de mi padre diciendo que las chicas ya me habían sacado para celebrar nuestra graduación. Y se la tragaron, pues sólo me dijeron asegúrate de llegar a tiempo para la cena.
Jugando con mi diploma, me dirigí al lugar de siempre. Sabía que él vendría a este lugar más tarde, después de estar con Karin. En un huequito del árbol, puse una carta, que seguramente él vería después de que yo me marchara.
La carta no decía mucho, salvo que me iba y que no tenía fecha de regreso, iría a perseguir mis sueños. También le comenté lo de Naruto y Hinata, bromeé un poco diciendo que ahora ya podrían salir los cuatro. Al final solo puse con letras grandes y bien marcadas: "No te rindas, haz lo que tengas que hacer". Con eso entendería muchas cosas y seguramente le daría una pista de a donde me iría. Después de todo él lo sabía.
Me fui de ese lugar antes de ser captada in fraganti por él. Recorrí los lugares a los que solíamos ir los tres, fui a comer a Ichiraku, pasé por la que antes era la casa de Naruto, fui a las escuelas a las que habíamos asistido y por ultimo llegué a su casa. Aun sigo sin entender cómo es que llegué ahí, sólo atiné con dar una sonrisa ladina mientras me marchaba del lugar silenciosamente.
– ¿Sakura?
Su hermano me había visto.
–Hola Itachi –volteé y saludé amigablemente – ¿Cómo estás? Hace tiempo que no te veía.
Su hermano, un universitario a punto de graduarse, estaba en el jardín delantero de aquella casa de dos plantas limpiando su auto seguramente, tenia rasgos muy parecidos a su padre, tanto en color de piel como en la cara y más con esas ojeras que el trabajo le producía, la única diferencia era su cabello, pues era más largo y lo amarraba con una liga, aunque aparte de eso era todo lo contrario a su padre, su cariño y protección hacia su hermano eran únicas.
–Entonces si eras tú – dijo acercándose a mi – ese cabello te delata – rió ante su comentario.
–Que gracioso – dije.
–Vienes a buscar a Sasuke, él no está…
–Eso lo sé, sólo vine a dar un paseo.
– ¿Hasta acá? Pero si vives de lado opuesto – señaló hacia su espalda.
–Bueno, no es malo caminar.
– ¿Estás bien?
–Sí, ¿Por qué? ¿Me veo rara?
–Tus ojos son muy expresivos pero ahora parece que carecen de todo eso.
– ¡Ah ya! – dije sin chistar.
– ¿Qué? ¿No te gusto graduarte de la preparatoria?
–Nadie ha dicho lo contrario.
–Entonces… ¿el novio te dejo?
–Sabes que no es así – le advertí.
–Está bien ya entendí, si fuera así yo no sería el que estuviera tomando este papel, pero en fin dime qué te pasa.
–Luego te enteras, me dio gusto saludarte Itachi.
–Cuando quieras pequeña.
–Saluda a Yuki de mi parte – dije al voltearme.
– ¿Pero cómo…? – dijo sin comprender
– ¿Quién lava su auto si no es para ver a la novia? – Me reí – adiós Itachi.
Fue un gusto conocerte.
Sin más me fui de ahí llegando a un parque que, aunque no fuera de concurrencia y de mi agrado, decidí meterme, pero grande fue mi error, pues estaba Sasuke y Karin. Ella tenía los brazos en jarra, al parecer discutían. Que novedad.
Decidí mejor irme y no acrecentar sus problemas, a unos cincuenta metros de ahí me estaba atacando de risa, a tal grado de contraerme y abrazar mi estomago.
– ¿De qué tanto te ríes lunática? – Sasuke me había alcanzado y me dio un pequeño golpe en la cabeza.
–Sasuke – seguía riendo – ¿Qué haces aquí? ¿Y Karin?
–Corté con ella – dijo como si hablara del clima – ¿Qué haces aquí? ¿Me estas siguiendo? – sonrió arrogante.
–Vaya, ha vuelto el egocentrista.
–Molestia.
–Gruñón.
– ¿Qué haces por acá?
– ¿Qué uno no puede dar un paseo? Además, ¿yo que iba saber que estabas con Karin – espera si sabía, era lógico era su novia – en el parque? –agregué astutamente.
–Hmp.
–Bien ya volvió el gruñón.
–Vamos por un helado, yo invito – se adelanto, típico de él.
Aunque dijera que no, lo más seguro es que me arrastraría hasta que satisficiera su apetito de helado. Era raro, no le gusta lo dulce, pero cada que algo lo sacaba de sus casillas o de plano había pasado por un muy pero muy mal momento siempre quería un helado, me recuerda a una mujer, de esas a las que cuando les rompen el corazón se sumergen en una cubeta de helado de chocolate.
Cuando llegamos a la heladería, pedimos dos conos de vainilla, él pago y yo ni me inmute en pagarle, pero debía reconocer, tenía muy buen gusto, los helados de Icedream eran los mejores. Cuando salimos del local nos dirigimos silenciosamente de regreso al parque, nos sentamos en una banca, cada uno al extremo de esta y sólo comimos helado hasta que se le ocurrió hablar.
–Corté con Karin – dijo desairado.
–Ya te había oído decir eso, lo que me sorprende es que quieras hablar del tema.
–Hmp
– ¿Y? ¿Por qué cortaste con ella?
–Creo que me precipité, ella no era la indicada.
– ¿Cómo lo sabes? ¿Ya te enamoraste de alguien más? – Lo miré pícaramente – no pierdes tiempo Sasuke – reí.
–Tal vez sí.
– ¿Tal vez? Como te encanta dudar… ¿Quién la victima ahora? – dije dando una lamida a mi helado.
–Eso te lo diré mañana, te la voy a presentar.
Mañana… qué irónico eres Sasuke.
–Oh ya, ¿quieres que le dé el visto bueno? – volví a reír.
– ¿Por qué no? Te vas a sorprender.
–Claro – el sorprendido serás tú – es tarde, tengo que ir a casa.
–Te acompaño – dijo parándose y dejándome atrás nuevamente.
En el camino me venía contando los detalles de su ruptura, a esta pobre alma libre le querían tener manejado tiempo completo. Que idiota, se dejó cinco meses y ahora llora, bueno que más da. No perdía mi oportunidad de molestarlo con eso, al menos estos diez minutos de camino que faltaban los quería aprovechar, es una pena que ahora no vaya a conocer a la nueva víctima, digo novia, me hubiera gustado ver en que dama puso sus ojos ahora, pero pensándolo bien, él es tan apuesto y deslumbrante que no creo que alguna mujer sea perfecta para él… solo, ¡no! Retira ese pensamiento.
–Bien joven – dije jugando – ha cumplido su misión.
Él sonrió y me siguió el juego – mañana pasaré a las nueve de la mañana por usted, más le vale levantarse – me miró acusadoramente, si bueno, me cuesta levantarme.
–Claro, cuídate mucho Sasuke, nos veremos.
Sin hacer caso a mi escondida despedida, dio media vuelta y me levantó la mano diciéndome adiós.
A esa hora, a las nueve yo ya estaré con rumbo a un país nuevo.
Entré a la casa, mis padres aun no habían llegado, me dirigí a mi habitación corriendo y saqué las maletas que ya estaban ocupadas por mi ropa. Saqué del cajón mi boleto de avión y mi pasaporte.
Haruno Sakura se iría a Francia.
Iría a cumplir mi sueño, comenzado con lo básico para después poner una pastelería en donde se vendieran todo tipo de pasteles, sólo de imaginármelo hasta se me hace agua la boca.
Mis padres son unos respetables médicos, trabajan en el mejor hospital de Tokyo, he de decir que cuando dije que quería ser chef, mi madre se opuso rotundamente, me dijo que tenía que seguir con el legado familiar… después de todo, mi tátara, tátara, tátara, tátara, abuelo y abuela habían comenzado siendo doctores hasta ahora mis padres. En resumen yo sería la oveja negra, la que se les salió del huacal. Mi plan hasta ahora iba bien, me saldría temprano de casa. Puede llamarse suerte, cuando mis padres me dijeron que esta noche la pasarían en el hospital. Mi vuelo salía a las ocho treinta de la mañana, así que debía estar fuera de casa desde las seis.
Cuando mis padres llegaron a casa, cenamos lo que habían traído. Mi madre, Tsunade, una mujer muy bonita de cabello rubio, era muy estricta pero aun así la quería mucho, ella siempre mostraba esa seguridad y Dios, cuando digo que es salvaje no miento, ahora entiendo de donde saqué mi fortaleza. Mi padre era harina de otro costal, Jiraiya, un hombre ya con canas que lo hacían ver muy atractivo, era caso contrario a mi madre, pero él era todo un pervertido referente a mamá, no quiero ni pensar y mucho menos imaginar en la forma en que me concibieron, pero siendo como es mi padre lo más probable es que la fantasía sexual más erótica podría quedarse corta.
Si, ellos son mis padres, aun como los ven me exigían estudiar medicina, pero no, yo no quería eso para mi. Por eso un par de años atrás, cuando me enteré de la beca y de los requerimientos que pedían me esforcé al máximo. Desde ahorrar para pagar mi boleo de avión, mis trámites y una que otra cosa que pudiera surgir hasta aprender francés y aumentar mí promedio en la escuela. Me costó trabajo, lo admito y más porque lo estaba haciendo sola, pero el resultado iba valer la pena.
Ayudé a mamá a limpiar los platos, levantar la mesa y calentar agua para el té. Esto sería lo último que haría en casa, así que me esmeré.
–Estoy ansiosa de que empieces la universidad – una sonrisa triste se formó en mis labios – me recordara a cuando tu padre y yo éramos estudiantes, estoy segura que la universidad de Tokyo te agradara.
No quise responder, sólo asenté con la cabeza. Cuando el té estuvo listo, lo llevamos a la sala y vimos algo de televisión, nos reímos y pasamos un tiempo muy agradable. Dieron las diez de la noche y mis padres ya se estaban preparando para su turno en el hospital.
–No veremos mañana, Sakura, cierra todo cuando nos marchemos.
–Descuida mamá
–Pórtate bien princesa – dijo papá – nos estamos viendo por la mañana.
Abracé a mis padres y ellos se sorprendieron. Correspondieron mi abrazo y yo sólo les deseé éxito en su trabajo. Los vi marcharse e inevitablemente mis lágrimas salieron. Pensando en el futuro, estando allá, cuando llegara a casa, en ese caso, habitación compartido con un desconocido, no estarían mis padres y ese vacío lo sentirá mucho tiempo, pero era un precio a pagar para cumplir mi sueño.
Subí a mi habitación, saqué ropa limpia y mi pijama, me metí al baño y me di una ducha. Cuando salí me sequé y me puse mi pijama, en una bolsa, coloqué todos mis objetos personales y después aquella bolsa la metí a la maleta. Puse la alarma de mi móvil a las cinco de la mañana y me metí a la cama.
Había caído rendida, pero no descansé, cuando sonó mi alarma quería apagarla y jamás escuchar ese ruido infernal, pero en cuando la idea de volar a otro país cruzó por mi cabeza me levanté rápido y me cambié. Bajé mis cuatro maletas por las escaleras y llamé un taxi, en lo que venía, desayuné algo ligero y después me fui arreglar y cepillar los dientes. Al cabo de media hora yo ya estaba diciendo adiós a mi casa y marchándome rumbo al aeropuerto.
Después de documentar mis maletas, me pasé a la sala de abordaje. Eran las ocho y cuarto y mi móvil empezó a sonar.
– ¿Dónde estás Sakura? – Era mi mamá – tus cosas no están, ¿en dónde rayos te metiste?
–Mamá – dije muy feliz – me iré a cumplir mi sueño, seré una pastelera profesional.
– ¡No! – Gritó por el auricular – tú no vas a hacer lo que quieres jovencita, te regresas ahora mismo.
–Lo siento mamá, pero ya he tomado mi decisión, ahora abordaré el avión y no hay vuelta atrás.
–Dame eso – se escuchó decir a papá – ¿dónde estás princesa?
–Estoy en el aeropuerto –dije yo en absoluta paz – papá, iré a cumplir mi sueño.
–Te deseo éxito princesa, pero me has partido el corazón al no decirnos esto para acompañarte.
–Si hacia eso, mamá se hubiera puesto más histérica de lo que ya está. – y era verdad puesto que mi madre pedía a gritos el teléfono y le decía que cómo era posible que me dijera eso si estaba a punto de cometer una estupidez – cuida mucho a mamá, prometo llamarles cuando llegue y también escribirles y mandarles postales.
– ¿Te vas lejos?
–A Francia.
–Lo tenias bien planeado diablilla – rió papá – no te rindas si eso es lo que quieres.
–Eso lo sé – sonreí.
–Niña tonta, iré por ti de las orejas – me dijo mamá, ya había recuperado el teléfono.
–Aunque hagas eso no me marchare de ahí, es mi sueño.
–Tan terca como tu madre…
– Lo aprendí muy bien – tomé fuerte mi móvil – ¿Te puedo pedir un favor?
–Hmp – soltó, sí, también era un poco orgullosa.
–Sasuke irá a verme, bueno se suponía, él no sabe nada de esto, ¿le puedes decir que las respuestas del por qué no estoy se encuentran en el árbol de la bici?
– ¿Ni tu amigo lo sabe? ¿Qué es eso del árbol de la bici?
–Mamá – reí – nadie lo sabía más que yo… y el árbol, es un árbol cualquiera.
–Pues ya que, yo le diré a Uchiha.
–Te quiero mamí, a ti y a papá
–Si quieres regresar, sabes que puedes hacerlo.
–Lo sé.
Los pasajeros con destino a Francia del vuelo T456 de la aerolínea Air France favor de pasar al hangar número diez para abordar.
–Debo irme.
–Cuídate – mamá empezó a sollozar – te quiero mi niña, en verdad que lo siento, yo te orillé a esto.
–No mamá, este es mi sueño – colgué y me dirigí al hangar para abordar.
Tras abordar y encontrar mi lugar en la ventanilla, miré por ella. El avión comenzó a ascender y poco a poco Japón comenzaba a ser diminuto.
Iré a cumplir mi sueño.
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Nos vemos en el siguiente capítulo!
