SUMARY: Los Uchiha somos orgullosos y arrogantes, pero también seguimos un destino que transcurre de generación en generación. Tú Sasuke también has caído, aunque te empeñes en negar lo evidente. Esas fueron las palabras de Uchiha Madara.

Aviso: Si no sigues el manga de Naruto, ojo que puede contener spoilers.

Dato: El título significa Destino: Uchiha y Haruno.

Parejas: en este capítulo Madara x Kaede

Disclaimer: Naruto ni sus personajes me pertenecen, sino a su creador Masashi Kishimoto.


ESTE FIC VA DEDICADO A DAM, UNA ARTISTA GENIAL QUE HACE DIBUJOS DE SASUSAKU (Y DOUJINS) QUE PARECEN OFICIALES, Y QUE ME HARÁ LOS DIBUJOS DE LAS CHICAS HARUNO


-…Después de todo, nadie de Konoha aprobaba la relación entre un Uchiha y una Haruno, por lo ocurrido entre Kaede y yo. El inicio de todo que acabó en una tragedia fatal. –dijo Madara con la cabeza gacha como si le pesara el cuerpo- quizás si escuchas la historia, tengas otro concepto de Sakura.

-

DESTINO 1: TRAGEDIA FATAL

Primera Parte: El inicio de todo

Se celebraba la primera fiesta en el país oculto de la hoja, o lo que cortamente, los habitantes de la villa la llamaban "Konoha".

Todos, sin excepción, asistían a la fiesta que había sido organizado por Hashirama, el primer Hokage. Entre ellos también estaban los Uchihas, aunque al líder del clan no le hacía ninguna gracia aquello. Para él, aquella fiesta era una pérdida de tiempo. Pues todavía tenía resentimientos contra Hashirama y su clan, el clan Senjuu. Y su odio iba creciendo día tras día.

¿Por qué entonces había acudido a la dichosa fiesta?

Quién sabe, ni siquiera él lo sabía.

Quizás por la obligación del resto de los Uchihas a que, como líder, tenía que asistir y así que el clan no quedase con mal prestigio.

-"¡malditos! ¿Para esto mi hermano se ha sacrificado? Él tenía esperanza en vosotros, ¿y así se lo pagáis? ¿Poniéndoos del lado del enemigo?"

Esos eran los pensamientos de Uchiha Madara, quién estaba seguro de no aguantar más aquel teatro. Sabía que cualquier día, los Uchihas serían considerados gente temida por Konoha, y como personas arrogantes, se aprovecharían de eso para crear un golpe de estado.

¡Estúpidos que no se dan cuenta de las cosas hasta que es demasiado tarde!

Tenía que hacer algo, pensar en algo de inmediato.

-ah Madara menuda sorpresa el que asistas. –la voz de Hashirama lo devolvió a la realidad.

El bullicio de la muchedumbre en aquella fiesta, hizo que se percatara que todos se lo pasaban en grande con excepción de él, que tenía sentimientos amargados por culpa del pasado y de aquel hombre que tenía delante, el cual venía acompañado de su hermano menor, un shinobi prometedor que como su hermano con la madera, el pequeño controlaba el agua.

-me alegro que estés aquí como los demás. –siguió Hashirama con una sonrisa sincera.

-¡hn! –mueca característica que lo distinguía como Uchiha.

-a propósito, quería presentarte a mi prima. –haciéndose a un lado, donde tras suya no estaba esa persona- pero… -buscándola con la mirada alarmado.

-ya se ha vuelto a ir otra vez. –repuso el hermano menor fastidiado.

Madara aprovechó la distracción del primer Hokage y su hermano para escabullirse. Y de paso, largarse de esa fiesta absurda, pues si algo lo caracterizaba es que la diversión y él eran polos opuestos. Quizás porque durante toda su vida se había visto marcada por el sufrimiento.

-

Yendo por el camino que lo conducía hasta su casa, escuchó unas voces. Por acto reflejo, se giró divisando a dos chicas, aparentemente de su misma edad. A una la veía perfectamente. Tenía buen cuerpo, cabello largo y rubio y sus ojos eran azules. La otra, le daba la espalda, pero le llamaba la atención su pelo que era de un color verde bastante peculiar.

-¡ja! Deberías ir haciéndote a la idea de que muy pronto seré la esposa de Hashirama. Y así tendré más poder sobre ti. –decía maliciosamente la rubia.

-que bonita es la inocencia cuando una sigue creyendo en fantasías. –respondió la chica de verde con sorna.

-¿qué has dicho frentuda?

-que mi primo tiene ojos y ni loco se fijaría en una vulgar como tú, en una arrastrada como lo es Yamanaka Inoshira.

-¡repite eso si te atreves Kaede! –repuso furiosa para después sonreír con maldad- claro que pensándolo bien, lo único que puedes hacer es decir palabras perdidas. En realidad, a diferencia de Hashirama, no destacas en ninjutsu o genjutsu. Como mucho en taijutsu, pero eso como cualquiera. –ensanchando la sonrisa- puede que esta fiesta se haya hecho en tu honor, pero eso es porque mi futuro marido es el Hokage, de lo contrario serías una kunoichi de relleno que es solo un estorbo en el campo de batalla. –y con esas palabras cargadas de veneno, se fue la rubia de nombre Inoshira riendo a carcajadas.

La chica de nombre Kaede parecía estar afectada por aquellas palabras, sentía una rabia muy profunda y un deseo de descargar esa ira interna, por lo que dio un puñetazo al árbol que tenía a su lado, el cual cayó al suelo de forma limpia y seco.

Madara solo se asombró momentáneamente por esa actitud tan infantil en aquella chica. Decidió seguir su camino, hasta que inconscientemente al girarse para ver a esa joven de cabellos verdes, se quedó impactado por el rostro que la joven portaba y su acción reciente.

Kaede lucía triste y apenada, mientras se dedicaba a recoger las hojas caídas del árbol que había derribado.

-lo siento. –decía de pie como si se disculpara con aquellas hojas, algunas rotas.

El viento recorrió el cuerpo de la muchacha, la cual se estremeció por completo y al fijar sus ojos jade al frente se topó con Madara quién seguía observándola como si hubiese visto la octava maravilla.

La danza de las hojas y de las flores creó la escena de fondo, donde ambos se veían directamente a los ojos perdidos en un mundo donde no existía nadie, excepto ellos dos.

Kaede inconscientemente empezó a tener un calorcillo en su rostro, y eso hizo que saliera de su ensoñación. Soltó un grito involuntario al mismo tiempo que estiraba su dedo hacia él incrédula.

-tú eres… eres… tú eres… Uchiha Madara… ¡¡SÍI!! –gritó emocionada- eres Uchiha Madara… sí, eres Uchiha Madara… -acercándose hasta él a lo que el Uchiha empezaba a tener una idea de aquella chica, rara y simplona.

-¡hn! –virando la cabeza molesto. Para colmo, se había sentido estúpidamente atraído por esa chica que parecía tener doble personalidad. Aunque claro, había que destacar que esa atracción no era nada especial.

-yo me llamo Kaede, Haruno Kaede. Encantada Madara-kun.

¿Madara-kun? Pero, ¿qué confianzas eran aquellas?

Se preguntaba Madara indignado y justo cuando iba a reprochárselo, al verla sonriéndole con el corazón, no pudo evitar que un leve sonrojo se asomara por sus mejillas y volver su mirada azabache donde la tenía, quedando muy bien donde estaba.

¡Pero bueno! ¿Qué le pasaba al gran Uchiha Madara hoy? ¿Desde cuando el poderoso Uchiha Madara sentía esas extrañas "cosas"?

Él era una ninja que solo pensaba en su clan y en mejorar su técnica para ser un talentoso shinobi, los cuales las generaciones futuras le recordasen como el más grande Uchiha de la historia. Y punto.

-ahm… quizás te haya parecido una desconsiderada… -empezó Kaede apenada- pero desde hace tiempo tenía deseos en conocerte en persona.

Confuso ante ese comentario, volteó su mirada.

Error que se reprendió al verla en esta ocasión, con esa sonrisa de felicidad acompañados de un poco de color sobre sus mejillas.

Más colorado que ella, volvió sus ojos negros hasta el punto perdido decidido a no verla de nuevo, castigándose duramente si lo hacía.

-mi primo siempre hablaba de ti… y te he vis… ah… -cortándose bruscamente al recordar que lo que significaría para Konoha lo que iba a decirle. Nerviosa, buscó con sus ojos verdes algo para cambiar de tema, hasta que escuchó los sonidos de la fiesta- es una gran fiesta, ¿neh?

-¡hn! –respuesta que no indicaba ni sí, ni no.

-se nota que lo ha organizado mi primo.

El tono donde escondido había algo de amargura, con la sorpresa de saber que aquella chica era pariente de Hashirama, hacía que quisiera verla, pero la decisión que se había dicho antes, le obligaba a seguir en la misma posición.

-aunque bueno, lo hizo en mi honor. Como mi apellido significa Primavera, pues esta fiesta es para indicar el inicio de la estación. Curiosamente, también es mi cumpleaños. –agregando a medida que apartaba un mechón tras la oreja.

Esperando alguna palabra de felicitación o alguna mirada, el silencio se fue alargando así como la tensión.

Kaede empezó a sentirse incómoda y a percatarse que no le había sacado más palabras que un simple ¡hn!

Tantas ganas de hablar con él, y ahora que tenía la oportunidad, le resultaba complicado. Pero estaba decidida, porque por algo se había enamorado de él cuando…

¡No!

Negó con la cabeza. No debía pensar en ello, sino recordaría ESO y se le subirían los colores hasta ponerse como un tomate bien maduro.

-ahm… Madara-kun… ¿sabes? Me alegro que aceptases la tregua que te ofreció mi primo. –aquel tema hizo que Madara cerrase los puños con fuerza como si estuviera enfadado, a lo que Kaede no se dio cuenta- fue lo mejor para todos que estar luchando inútilmente.

-¿luchar… inútilmente? –repitió en un murmullo bajo.

-claro. Si no hay luchas por medio, podemos vivir en paz sin temer a que personas queridas mueran en el proceso.

-los que se sacrifican para querer la paz, no da la victoria para ambos bandos. Solo uno es el vencedor. –decía como si hablase consigo mismo con los recuerdos de su hermano en su lecho de muerte.

-¿eh?

-eres despreciable. –le dijo finalmente con odio para seguir el camino que conducía hacia su casa.

Kaede quedó parada, con las mejillas nuevamente teñidas de escarlata, pero esta vez eran de vergüenza.

Despreciable…

Despreciable…

Despreciable…

Eres despreciable…

Aquellas simples palabras la habían tocado más hondo que las de su rival Inoshira minutos atrás.

O.o.O.o.O.o.O

El día amanecía con claridad, ninguna nube tapaba el cielo, y era algo que agradecían los habitantes de la hoja, que apesadumbrados tenían que recoger los restos de la "Gran Fiesta de Primavera" que se había celebrado el día anterior. Eso era algo que observaba Kaede desde la oficina del Kage, donde cerca de ella estaba su primo sentado observándola detenidamente.

-¿qué te pasa Kaede?

-no… no es nada… -sin despegar su mirada de la ventana que había pasado de observar el exterior a verse su propio reflejo donde se vislumbraba un rostro triste y apenado, síntomas que todavía tenía por las palabras de Madara.

-no sabes mentir nada bien. –juntando las manos para apoyar la quijada sobre ellas- además ya ayer cuando apareciste estabas como ahora. ¿Pasó algo en la fiesta?

-pasara lo que pasara son cosas mías. –espetó furiosa- deja de solucionar mi vida poniéndomelo todo fácil.

Hashirama cerró los ojos soltando un pequeño suspiro.

-Kaede… -pausando demasiado tiempo haciendo que la nombrada se sintiera frustrada porque sabía que hasta que se volteara, no continuaría con lo que iba a hacerlo. Y claro, como se caracterizaba por ser una chica demasiado curiosa, no tuvo más remedio que mirarlo directamente- Kaede, ¿acaso olvidas cuáles son tus raíces?

Tensión.

Kaede se tensó.

-aunque tus raíces son casi las mismas que la de la mayoría del antiguo clan Senjuu, tú eres diferente a ellos.

-porque no domino el ninjutsu y el genjutsu, ¿verdad? –comentó con amargura.

-deja de comerte la cabeza con eso. Además no me refería en técnicas, sino en personalidad. –Kaede le miró- después de todo, fuiste tú quién me pidió la tregua con los Uchiha, a pesar de que te había ordenado que te infiltraras entre ellos y nos pasaras información. –Kaede tragó saliva nerviosa- La verdad, todavía no entiendo esa decisión tuya.

-ah… -sin poder articular palabra.

Sus mejillas no tardaron en tornarse carmesí al recordar ESO. Acto que su primo se percató, y justo cuando iba a preguntar la razón, por la puerta, apareció el hermano menor del Hokage. Kaede aprovechó para huir por la única salida, antes de confesarle ESO.

-¡Kaede! –escuchó como su primo la llamaba, pero no se detuvo, ni de broma, siguió corriendo, aunque no tuviera un destino fijo y tropezara a diestro y siniestro sin siquiera tener la consideración de pedir perdón.

Cuando hubo parado, empezó a jadear con fuerza. Intentando calmar su alocado corazón que parecía salírsele del pecho, por la carrera, alzó la cabeza observando su destino, las afueras de Konoha, donde imperaba la zona verde y un pequeño riachuelo con su agua clara y caudal suave.

Kaede se arrodilló frente al río para ver su propio reflejo. Una risa escapó de sus labios.

-definitivamente eres una tonta Kaede. –se decía a sí misma- como sigas así, van a descubrir lo que viste. –y de nuevo los colores se le subieron hasta tal punto que una vocecita en el interior, gritaba con una felicidad alocada al recordarlo.

Negó varias veces con la cabeza y se mojó el rostro para recuperarse de esos calores que la abrasaban.

Tras mojarse repetidamente la cara, se hubo calmado, aunque esa tranquilidad no duró mucho, ya que sintió el ruido de los arbustos al moverse causados por alguien, por lo que sacó un kunai poniéndose a la defensiva.

Y ante su sorpresa, vio aparecer a Uchiha Madara ligeramente herido, bastante molesto y con una furia que era mejor no acercarse al pelinegro durante un tiempo. Pero claro, Kaede pareció ignorarlo, ya que soltando su kunai, dejándolo caer en el suelo olvidándose de él con la imprudencia de que por casualidades de la vida, alguien lo cogiese para atacarles, se acercó corriendo hacia el chico.

-¿qué te ha pasado? –preguntó entre nerviosa y asustada.

Con una mano sobre su hombro, el cual la sangre atravesaba la manga de su camiseta negra, la miró, enfureciéndose más por su mala de suerte de toparse con aquella chica tan despreciable. Sin decir una palabra, se fue hacia el árbol más próximo para sentarse y descansar de lo que hace escasos minutos, su propio clan le había hecho.

¿Por qué?

Porque desconfiaban de él.

Porque lo veían como el hilo que los llevaría a la masacre.

¡Tsk! ¡Estúpidos!

Dejando caer su cabeza para atrás contra el tronco, sintió aquellas heridas como si en ese momento le clavasen agujas. Sin duda, estar sentado descansando no le ayudaba, sino que lo empeoraba.

¡Malditos!

Perjuró para sí mismo.

Rompiendo sus pensamientos de odio y rabia, algo suave y cálido se posó sobre su hombro herido. Abriendo los ojos, se encontró con la chica esa, revisándolo como si fuese tarea suya el socorrerlo.

Frunciendo el entrecejo, apartó su hombro bruscamente de la vista de Kaede, tragándose el dolor que sentía al realizar ese acto tan temerario.

-no deberías de hacer eso. –dijo cogiendo su brazo a la fuerza para volver a inspeccionarlo.

-no es asunto tuyo. –fueron sus palabras frías que ayudaban a que el dolor se disipara.

-puede… pero pierdes demasiada sangre.

-¡hn! ¡Bah!

-por favor, permíteme que te cure. –pidió casi con desesperación.

-¡hn! –sonriendo de lado- ¿y cómo vas hacerlo? ¿Con kunais y shurikens? –preguntó con sorna.

Kaede solo agachó la cabeza con pena. Ahora a diferencia del día anterior, le hablaba pero solo para echarla o insultarla. Sin embargo, no se rendiría. Estaba dispuesta a conseguir su corazón, fuera como fuese. Aunque ahora, lo prioritario era curarle aquella herida del hombro.

Madara observó como aquella chica realizaba unos cuantos sellos desconocidos y después, en aquellas manos le rodeaba una luz verde destellante. Acercando su mano con ese haz de luz hacia su hombro, Madara por instinto se apartó desconfiado y hasta asustado. Él, el gran Uchiha Madara.

La joven confusa, vio algo de miedo en aquellos ojos azabaches como la noche que desde hace tiempo la habían embaucado más ESO, por lo que asomando una sonrisa dulce le dijo.

-tranquilo, yo nunca te haría daño. –y con esas palabras procedió a concentrarse en la parte dañada.

El Uchiha estaba sorprendido. Aquella chica de cabellos verdes sin duda era alguien entrometida y pesada, pero también si lo pensaba bien, era por su culpa por no ser una persona sociable. Pero, ¿cómo iba a serlo cuando hasta hace días era enemigo mortal del ahora Hokage? ¿Cómo ser una persona confiada cuando los de su propio clan le habían hecho aquello?

Una sensación de incomodidad para ser sustituida lentamente a la calma se produjo sobre su hombro. Lo vio donde la herida se estaba cerrando y el dolor disminuía. Vio a la chica que estaba muy concentrada en su labor y ahí volvía ese fondo del día anterior que la hacía verse bella…

-ya está. –cortó la chica sus pensamientos devolviéndolo a la realidad- así no te quedará cicatriz. –mirándole al rostro percatándose de las leves heridas que también había- ah, vaya. –sin pedirle permiso, empezó a curárselas como había hecho con el brazo.

La cercanía entre ambos produjo en Kaede un rubor más notorio, lo que le dificultaba controlar su chakra. Su corazón latía a la velocidad del sonido, y en medio de aquel silencio, estaba convencida de que Madara lo escucharía. Sin embargo, que equivocada estaba. La proximidad de la chica lo ponía demasiado nervioso. Atribuyó que la razón debía ser porque era la primera chica que estaba tan cerca de él. El hecho de haber crecido solo junto a su hermano pequeño, el batallar durante largos años contra Hashirama y el clan Senjuu, y pensar en el bienestar de su clan, no le había dado oportunidad para irse de chiquitas y disfrutar del placer femenino.

-¿qué es exactamente ese jutsu? –preguntó Madara para evitar ese sentimiento de debilidad.

-ah… pues… -parando de curarlo ya que su rostro no tenía ninguna evidencia de haber sido herido- es algo que he aprendido. El chakra y la energía vital son cosas idénticas, por lo que si eres capaz de controlar tu chakra y expulsarlo para fuera, puedes regenerar cualquier herida por muy abierta que esté. Claro que si la persona está muerta, no hay nada que hacerle. –desviando sus ojos jade hacia el frente- yo lo llamo jutsu médico y esto en el campo de batalla puede ser muy útil, especialmente para gente que no sabe usar genjutsu o ninjutsu como yo.

-… -Madara se fijó en que a pesar de tener una sonrisa, su cara se dibujaba triste.

-¿quieres que te lo enseñe? –cambiando drásticamente de humor a uno muy ilusionado- como casi siempre que te veo estás herido.

-¿casi siempre? ¡Hn! Si solo nos hemos visto dos veces.

-la verdad… es que… -mirando hacia la hierba con vergüenza- yo ya te había visto varias veces antes de que aceptaras la tregua. Hashirama me mandó que te espiase a ti y a tu clan para mandarle informes sobre tus pasos y tus planes. –antes de que Madara dijese algo, Kaede empezó hablar con nerviosismo y rapidez- pero te juro que nunca le he pasado ningún informe, créeme. No podía, porque te veía tan destrozado tras la muerte de tu hermano, y te preocupabas tanto por el bien de tu clan, y solo querías lo mejor para ellos, y siempre te esforzabas, y eres demasiado atractivo, y te motivabas más cuando perdías, y...

¡Un momento!

¿Había dicho que era atractivo?

¿Acaso esa chica estaba enamorada de él? ¿La prima de su peor enemigo?

A juzgar su constante "y…" le daba una respuesta clara como el agua.

Sonrió de manera maligna.

Repasando lo que le había dicho sobre que había sido espía, hizo que quisiera vengarse de Hashirama y terminar con su vida de una vez por todas, aunque tuviera que ser el malo de la película, si es que ya no tenía ese papel. De hecho, usaría a esa chica para su plan. Aprovecharía sus tontos sentimientos y después ya se libraría de ella.

-me gustaría que me enseñaras ese jutsu. –le dijo finalmente con una sonrisa seductora.

La joven de cabellos verdes solo pudo quedarse callada, con un rojo demasiado descarado, mientras que por dentro se reconcomía de la felicidad y la alegría que no tardó en exteriorizarlo.

-¡oh genial! ¡Bien! ¡Qué contenta estoy! –abrazándolo con fuerza sintiéndose Madara incómodo.

-oye, suéltame de una vez.

-entonces mañana empezaremos con las clases, nos vemos aquí cuando salga el Sol. ¡Hasta mañana Madara-kun! –despidiéndose con euforia que sorprendía al Uchiha. Pero eso no le impedía que siguiese en pie ese plan que había tramado.

Casi podía ver su victoria sobre Hashirama, saborearla. Un escalofrío le recorrió por todo su cuerpo al imaginarlo. Tardaría bastante en llevarlo a cabo, pero era cuestión de paciencia y de aguantar a esa chica despreciable. Sí, era un triunfo asegurado, se decía confiado. Sus labios se ensancharon y rompió a reír maquiavélicamente.

O.o.O.o.O.o.O

O.o.O.o.O.o.O

Al día siguiente, Kaede volaba, casi literalmente, de la felicidad. Estar asolas con Madara para enseñarle el jutsu médico era un comienzo en una relación de amistad que pensaba transformar en amor.

Sin embargo, tenía que tener en cuenta que aunque los Uchihas fueran de Konoha, para su primo y el resto de la villa, eran gente a los que no les confiaría ni su gato, por lo que, tuvo que marcharse a escondidas sin decir nada, regateando a todo el personal bajo el mandato de su primo, para llegar a las afueras de Konoha donde allí Madara la estaba esperando.

-ohayo Madara-kun.

-ahh. –fue su saludo.

-¿llevas mucho tiempo esperando? Perdona si me he retrasado… -Kaede emocionada, hablaba por hablar dejándoselo demasiado perceptivo para Madara, que no sabía cuanto iba a aguantar la risa por la inocencia de aquella chica- ¿te parece si comenzamos?

-ahh. –volviendo a decir como respuesta afirmativa.

-para ser un ninja curandero, -caminando hasta quedarse frente al lago seguida por él- se necesita tener ciertos conocimientos, pero supongo que podremos saltarnos esa parte, ya que lo más importante es tener buen control del chakra, ¿lo tienes?

El joven la miró algo raro. ¿A qué venía ese tonito como si dudara de su capacidad? ¿Con quién creía que estaba tratando? Y sin saber porque, Kaede soltó una pequeña risa.

-esta bien, esta bien. –conteniéndose la risa- por tu expresión debo suponer que sí. Procedamos pues, tienes que…

Madara solo asentía a aquella explicación sin sentido. Se limitaba a asentir, haciéndole ver que le estaba tomando atención.

Por lo que estaba viendo, ese jutsu era demasiado fácil, incluso un crío sabía realizarlo. Con razón aquella chica no tenía nada que destacase como kunoichi.

-"está visto que lo haré a la primera. De esta manera, no podré saber la debilidad de Hashirama. Quizás deba fingir hasta que me cuente algo interesante." –eso pensaba el Uchiha.

-¿lo has entendido?

Una mirada de Madara bastó como respuesta, mientras que Kaede todavía con esa sonrisa divertida se dirigía al río para coger un pez y tendérselo al pelinegro.

-a ver que tal la práctica. –decía más divertida.

-

Varias horas después, concretamente cuando el Sol estaba a punto de ocultarse…

¡Maldito pez del demonio!

Perjuraba el Uchiha intentando por millonésima vez que el chakra saliese al exterior y revivir al animal maldito. A su lado, Kaede con una hoja de arce entre sus dedos con su mirada puesta sobre ella, sonreía feliz.

-¡MALDITO PEZ! –maldiciendo en alto a la vez que lo lanzaba al río.

Pero, ¿qué le pasaba? ¿Por qué no era capaz de realizar ese jutsu sencillísimo? Los sellos estaban bien. No había error alguno.

Kaede no pudo más y soltó a reír a carcajada limpia. Desde el principio, había visto su fallo, pero era tan atractivo verlo en esa fachada de desesperación, donde la muralla de hielo del Uchiha había desaparecido por completo, para dar paso a un chico normal y corriente, pero orgulloso.

-¡hn! –fue la mueca del chico molesto, irritado y avergonzado. Igual que un niño pequeño que no puede realizar lo que más le gusta, teniendo a sus mayores riéndose de la pobre criatura, así se sentía Madara por primera vez en su vida.

-¿quieres que te diga dónde está el fallo?

-¡no! –respondió tajantemente. Malhumorado, cogió otro pez del río, convenciéndose que el otro estaría maldito para que no le funcionara el dichoso jutsu.

Sin embargo, el resultado fue el mismo, y Kaede volvió a reír como nunca en su vida había hecho, mientras que Madara estaba al borde de la paciencia.

-es tu control del chakra. –dijo finalmente Kaede recuperada de la risa.

-¡sé controlar mi chakra!

-pero usas en exceso. Mira, -acercándose a él- para empezar, desactiva el sharingan. Esto no es una técnica de combate que se copia así porque sí. –a regañadientes el chico hizo lo cometido, preguntándose porque le había obedecido- y ahora relájate, extiende tus manos y almacena una cuarta parte de tu chakra sobre ellas.

Y siguiendo esos consejos, procedió a intentar aplicar el jutsu sobre el pececillo. Sorpresivamente, el chakra por fin emanó de sus manos, aunque vacilantes, resueltas a no querer salir y curar al pescado inerte.

-no te dejes presionar. Sigue tranquilo. –le dijo Kaede dulcemente.

Y en cuestión de segundos, el pez que había aborrecido, había vuelto a la vida, dejando sorprendido al Uchiha, pero no por haber sido capaz de curarlo siguiendo unos consejos simples y estúpidos, sino porque cuando había desprendido el chakra había sido de color rojo y no verde como le había visto hacer a ella. Confuso la miró con la pregunta en su rostro, donde Kaede a su vez le sonreía alegremente por su triunfo.

-¿por qué…? –preguntó Madara en alto volviendo a fijar sus ojos negros en sus propias manos- ¿por qué es rojo?

Rompiendo su sonrisa, Kaede quedó desconcertada por unos segundos hasta que comprendió a que se estaba refiriendo. Girando la cabeza hacia el río, se quedó en silencio, donde el viento comenzó a mecer sus cabellos verdes provocando una faz inexpresiva a los ojos del Uchiha.

-el chakra que se emite en el jutsu médico… -empezó a relatar cortándose bruscamente tratando de organizar sus ideas- ya lo dije ayer. No es más que nuestra energía interna, energía vital. Nuestra energía vital proviene del corazón. El corazón bombardea sangre. La sangre es roja. De ahí a que el chakra sea rojo.

-pero tú lo emitiste verde.

-… -bajando la mirada, Madara pudo apreciar que estaba triste- yo no soy humana del todo. Solo la creación de un jutsu prohibido que Hashirama realizó. –notando su extenso silencio, seguro que de sorpresa, prosiguió- en realidad, casi todos los miembros del antiguo clan Senjuu somos creaciones de Hashirama, pero ellos han sido hechos con proporciones para que fuesen humanos al cien por ciento. Sin embargo… a mí decidieron hacerme con una base distinta. Empleando los elementos de la naturaleza, la sangre de Hashirama y el jutsu, así es como he nacido. –apartando un mechón tras la oreja con un suspiro vislumbrando su cara, un rostro de pena que intentaba ocultar con una sonrisa- es por eso, que no puedo aplicar ninjutsu o genjutsu. El jutsu médico, sin embargo, es una técnica que cualquiera puede aprender. Después de todo, solo es emitir energía vitalizadora.

-¿un jutsu prohibido? –repitió Madara- Hashirama… ¿hasta crear humanos sabe hacer? –comprendiendo porque le superaban en número a ellos, los Uchiha.

-pero es algo que ha dejado de hacer. Después del nacimiento de mi hermana. –nuevamente obtuvo la atención de Madara- ella fue creada de la misma manera que yo. Por eso la considero mi hermana. Aunque, ella nació con una variante distinta a la mía. –sonriendo- al ser creadas a partir de la madre naturaleza, mi primo decidió ponernos el apellido Haruno. Dice que, -juntando sus piernas sobre su pecho- todas las mujeres nacidas de una Haruno tendrán los ojos verdes y el pelo castaño como mi hermana. Pero, -acariciándose su propio cabello- las que nazcan con un pelo de un color peculiar serán llamadas con el nombre de un árbol o flor de color único y similar. Por eso, me pusieron el nombre de Kaede.

-…

-pero eso son cosas que han dejado de preocuparme. Desde que aceptaste la tregua y así poder vivir en paz. –mirándole tiernamente a lo que Madara se quedó sorprendido- eso es lo que deseaba, por eso se lo pedí a mi primo. Después de todo, alguien que se preocupa hasta tal extremo por su hermano, nunca es una mala persona. ¿No opinas lo mismo?

Tras esas palabras, Madara sintió una fuerte opresión en el pecho. Aquel rostro lleno de ternura con aquella actitud tan afectiva hacia él, hizo que una parte pequeña, la que aún conservaba algo de bondad, se dejara engatusar por la chica que solo pensaba en su bienestar. Y eso le hacía sentir bien. Claro que jamás se imaginaba que tan bien le hacía sentir.

-

-… -en silencio, así volvía a quedar Madara tras haber relatado el comienzo, la primera vez que un Uchiha y una Haruno se habían conocido. Por supuesto, como el resto de los Uchihas posteriores, no había caído de primeras en el amor de una Haruno. Solo después, tras pasar tiempo con ella y conocerla, había llegado a verla con ojos humanos. Con la vista clavada en el piso, con una mirada cargada de rencor, vislumbró una pequeña hoja de arce. Para cualquiera, sería extraño que estuviese ahí tirada en medio de la nada, pero para Madara era algo lógico. Con dos dedos la cogió pudiendo recordar la de veces que en medio del entrenamiento se paraba a contemplar aquella figura femenina.

-¿y… qué pasó después? –preguntó Sasuke bastante curioso.

-lo que pasa en todas las tragedias. –contestó sin despegar su atención de la hoja donde de alguna manera podía ver a la única mujer que le robó el corazón- sino fuera por ellos, por todos ellos… -volviendo a tener esos ojos llenos de ira- ¡hn! Resulta irónico, yo que planeaba usarla para llegar al primer Hokage, y sin hacer nada, solo ser ella misma, amándome, me conquistó. Supongo que a ti te habrá pasado algo por el estilo.

-¡hn! Que absurdo. –negando cuando realmente era una afirmación- yo nunca he sentido nada por ese ser despreciable.

-¡ju! Es lo que dices, pero no lo que sientes.

-… -silencio de nuevo, simplemente porque no quería responderle y actuar como un niño y aún por encima mentiroso- y… -intentando cambiar de tema- entonces, ¿abandonaste la aldea y la dejaste?

-digamos que sí.

-¿cómo qué digamos que sí? ¿Sí o no?

-… -cerrando los ojos por unos instantes para tomar aire. Recordaba lo sucedido después. Había sido feliz por unos días para acabar solo y traicionado, todo por culpa de ellos, de todos- me siguió después.

-¿después?

-Kaede, era una mujer nacida como el Venus. De curioso y sedoso cabello verde como el arce y ojos jade como la naturaleza en primavera. Era fresca y pura. Con un corazón solo destinado a mí, a un Uchiha, el peor de todos, podría decirse. Y aún así no dudó en seguirme sabiendo las consecuencias que eso le traía. Incluso sabiendo que su destino por unirse a mí, era la muerte.

CONTINUARÁ…


Notas de la autora:

Bueno, cómo a algunas les he prometido, he aquí la actualización en esta fecha coincidiendo con mi cumpleaños.

Para empezar, debo decir que me he decidido a partir el capítulo en dos partes por dos razones sencillas: la primera, porque no me habría dado tiempo a tenerlo completo para hoy; y la segunda, porque al ser un capítulo largo, sería demasiado pesado.

Aclaro que he intentado por todos los medios mantenerme fiel a la personalidad de los personajes Madara y Kaede, que serían como un Sasuke y Sakura en otra época. Aunque claro, a veces me dejo llevar por mi vena dramática y romántica :P

Os recuerdo también que el nombre de Kaede no es por nadie ni nada en especial, sino un nombre que tiene como significado "Arce". El físico de Kaede, como he dicho, sería como Sakura pero con pelo largo de color verde y vestimentas verdes.

Otra cosilla que quería comentar, y es por si algunas quedasteis con el gusanillo de que a se refiere Kaede con ESO. Quizás algunas ya lo sepan, pero tranquis, que ESO se verá contado en la segunda parte.

Y muchísimas gracias por todos vuestros reviews que me ha sorprendido la cantidad y que os gustase tanto. Espero que este capítulo no os haya decepcionado. Ya estoy trabajando en la siguiente parte y espero tenerla antes de que termine agosto.

Si me dais un review como regalo de cumpleaños, os lo agradecería un montón.

'Atori'