Disclaimer: Todo este mundo le pertenece a JK. Rowling. Yo solo me divierto con sus personajes :)


Capítulo II

La chica con el cabello enmarañado sollozaba acurrucada en la cama. Parecía que hasta en sus más profundos sueños la vida la castigaba, si a que te hayan mentido toda la vida se le podía llamar castigo. Lágrimas secas, párpados hinchados y unas sombras gruesas debajo de sus ojos se distinguían en la morena piel de su rostro. No sabía hasta que hora había estado descargando su tristeza en llanto, pero lo que sí sabía era que Ginny había estado con ella toda la noche, aun cuando había ensuciado su pijama favorito con sus fluidos nasales.

La noche anterior, Molly Weasley había corrido al encuentro con Hermione en cuanto la vió aparecer con su rostro demacrado entre las llamas verdes de su chimenea. La castaña rápidamente se echó a sus brazos a llorar cual niña de cinco años. La pelirroja, entendiendo la situación, no dijo una sola palabra, tan solo acompañó el dolor de Hermione hasta que llegó su hija alertada por los sollozos que escuchaba hasta su habitación.

- ¿Mamá? – Ginny se asomó hacía la sala por el pasamanos. Inmediatamente al reconocer el alborotado cabello de su amiga se acercó a ella. Iba a preguntar algo pero su madre negó con su cabeza. Hermione se encontraba un poco más calmada. Sin embargo, al sentir los brazos de su amiga rodeándola, nuevas lágrimas se agolparon en sus ojos.

Nunca nadie en su vida había presenciado a Hermione de esa manera. Ella siempre era positiva, con un coraje y valentía inigualables. Cualquier comentario negativo que recibía era ignorado y olvidado olímpicamente. Pero ahora, se encontraba tan sensible, tan vulnerable, tan humana. No quedaba rastro de la leona que era.

La castaña susurraba palabras incoherentes, Ginny solamente alcanzó a entender algunas, adoptada…mentiras… y ¿Parkinson? El ceño de las presentes, tanto de la pelirroja mayor como de la menor, se arrugó instantáneamente. ¿Qué tenía que ver la familia más elitista del mundo mágico, aparte de los Malfoy, con su amiga?

La llevaron directamente a la habitación de Ginny. No hicieron preguntas, por el momento no necesitaban respuestas. Simplemente acariciaban el cabello de la castaña y susurraban palabras reconfortantes. Harry y Ron habían interrumpido su partida de naipes explosivos para salir de la habitación a causa del incesante llanto que llevaban escuchando ya por algunos minutos. Cuando pusieron un pie fuera de la recámara del pelirrojo, observaron a su mejor amiga en los brazos de Ginny tratando de subir las escaleras hacia la habitación de ella. Harry no se quedó de brazos cruzados y bajó rápidamente los escalones que faltaban y cargó a su amiga, la cual se acurrucó en su pecho sin dejar de sollozar.

Cualquiera hubiera dicho que en algún momento Hermione se debía cansar por llorar de tal manera por tanto tiempo, pero es que el dolor, la desilusión y la decepción que sentía en su corazón eran tan fuertes que opacaban cualquier otro sentimiento.

Ahora que el día había amanecido, los dos Weasley junto al niño que vivió se encontraban en lo alto de las escaleras, vigilando la puerta del dormitorio en el que se encontraba su amiga mientras discutían la situación en la que ella se encontraba.

- ¿Estas segura que dijo Parkinson? – la voz de Harry Potter se escuchó solo en un susurro para tres.

- Se bien lo que escuché, Harry.

- Pero…es que no entiendo – el moreno pasó una de sus manos por su cabello, despeinándolo más en el proceso - Hasta ayer todo estaba bien, Hermione estaba encantada de volver con sus padres.

- A veces el destino nos juega una mala pasada, Harry

Ronald no había dicho ninguna palabra desde que se enteró de lo sucedido con su amigo. Se encontraba igual o hasta más preocupado que todos los presentes en aquella casa. Hermione era su mejor amiga, su compañera de travesuras, junto con Harry, y su hermana. El aprecio que le tenía era tan fuerte que en esos momentos no le importaba nada más, solo esperaba que ella volviese a ser la chica dulce, sensata y fuerte que normalmente era.

- ¿Creen que despierte temprano? – suavemente Ron habló.

- No lo creo, tuvo una noche muy dura. – los presentes suspiraron, todos preocupados por su amiga.

Transcurrieron algunos minutos sin que ninguno de los tres diga una sola palabra. Lo que rompió el silencio fue el grito que Molly Weasley dio para que todos bajasen a desayunar. Las escaleras empezaron a rechinar por tantos pares de pies que bajaban a toda velocidad por ellas para tratar de ganar los mejores asientos y tener un poco más de comida en sus platos. Sin embargo, Harry, Ron y Ginny no contaron con que los gemelos se les adelantarían utilizando aparición y acaparando la mayoría de alimentos.

- ¡Mamá! Fred se está acabando el tocino – el grito de Ginevra se escuchó muy fuerte y claro. George reía desde su asiento junto con el único moreno en esa habitación. Él ya se había acostumbrado al hambre voraz que podían tener cualquiera de los Weasley. La mirada furiosa que le dedicó su madre hizo que rápidamente Fred dejase de acumular su plato con tocino.

Arthur Weasley sonrió al contemplar a su familia, era una familia grande, eso no se lo podía negar nadie y más ahora que se sumaba Harry Potter y Hermione Granger, que no eran ninguna molestia para ninguno de los pelirrojos, todo lo contrario, era una gran satisfacción poder acoger a cualquiera quien lo necesitase y aquellos dos chicos desde que pusieron un pie en su hogar ya se los consideraba parte de la familia. Es por eso que le causaba un gran malestar que una de sus hijas, porque así consideraba a Hermione, estuviese en la situación como ella lo está, se sentía impotente al no poderla ayudar.

- George, me podrías… – Harry inmediatamente se detuvo en cuanto el aludido lo observó con una muy grande sonrisa en su rostro, muy probablemente tramando alguna de sus travesuras para con él, miró con recelo a George y dirigió su mirada hacia otro lugar de la mesa – Ginny, serías tan amable de pasarme la mermelada, por favor – la chica asintió con su cabeza e hizo lo que el moreno le pidió – gracias – susurró.

El ambiente de poco a poco se fue relajando. Los gemelos empezaron a hacer sus típicas bromas, teniendo como resultado a un Ron tan rojo como su cabello de la cólera y vergüenza que sentía por sus hermanos. Su madre los regañaba de vez en cuando y ellos solo atinaban a reírse. El sonido de sus risas fue tan fuerte que cuando dejaron de hacerlo solamente se escuchaba el sonido de la mosca al volar. Una castaña yacía de pie en las escaleras observando maravillada aquella escena.

- Hermione, querida – Molly se acercó a ella rápidamente – no fue nuestra intención despertarte, si quieres vuelve a la cama, te llevaré el desayuno si así lo deseas. – Hermione solo consiguió sonreír apenada a tan buena mujer.

- No se preocupe, señora Weasley, creo que me siento un poco mejor. – el silencio se apropió en aquella habitación. De repente un pequeño rubor cubrió las mejillas de la chica y rápidamente desvió su mirada, avergonzada – Lamento mucho lo que sucedió ayer. – para los presentes, lucía tan indefensa cuando se avergonzaba y más ahora por lo sucedido que no pensaron dos veces y fueron a su encuentro para poder abrazarla.

- No tengas cuidado en eso, Hermione. Siempre estaremos aquí cada vez que lo necesites – Fred depositó un beso en la frente de la chica, George y Ron en cada una de sus mejillas, Harry acarició su cabello con ternura y Ginny la abrazó tan fuerte que la dejó unos segundos sin respiración.

- Gracias por su apoyo. – su voz se quebró al recordar lo sucedido mas no se permitió derramar ninguna lágrima más. Ginny al observar el comportamiento de su amiga, apretó fuertemente su mano y la dirigió a la mesa.

- Debes estar hambrienta, he tratado de guardar un poco para ti pero… - la pelirroja se encogió de hombros. Hermione sonrió agradecida y se dispuso a sentarse a lado Ginny. No sabía cuan hambrienta se encontraba hasta que sintió su estómago rugir y a su boca llenarse de saliva al ver un poco de tocino, tostadas, huevo revuelto con algunas salchichas y su jugo de durazno frente a ella. Desde que se despertó había mirado el techo sin objetivo alguno mas que saber el porqué de tantas cosas, reflexionando su actitud para con sus padres, bueno los que toda su vida pensó que eran sus padres, el día anterior y la manera arrebatada en la que había llegado a la madriguera. Había tantas preguntas sin respuesta.

Al acabar el desayuno cada pelirrojo se levantó de su asiento, listo para comenzar un nuevo día. Hermione quería hablar con ellos, y esta era la oportunidad perfecta.

- ¿Podrían permanecer en sus asientos? Tengo algo importante que decirles. – seis pares de ojos azules y una de color esmeralda la miraban expectantes. La castaña suspiró, y reunió todo el coraje que pudo para seguir – Ayer…ayer mis padres – levantó sus cejas mientras formaba una mueca con sus labios – me dijeron algo, bueno, más bien me confesaron que…que soy adoptada. No, Harry, por favor déjame terminar; y justamente en ese momento llegaron los que supuestamente eran mis padres biológicos – una sonrisa triste ahora adornaba los labios de Hermione, suspiró. Levantó su mirada y todos la miraban expectantes con la sorpresa impresa en sus rostros.

- ¿Y quiénes son tus verdaderos padres?- preguntó Ron, no aguantando más el suspenso. El era el que más pálido se encontraba.

- Los Parkinson – cada uno ahogo una exclamación.

- ¿Estas segura? – la matriarca de la familia se atrevió a preguntar.

- No lo sé. Se parecen tanto a mí, la mujer tiene el mismo color de mi cabello y de ojos, y cuando los vi me miraron anhelantes, como cuando uno ha esperado toda la vida para algo.

- ¿Fueron a tu casa? – esta vez fue el turno de Arthur Weasley de hablar.

- Si, ya estaban ahí cuando nosotros llegamos, había un auto negro fuera de mi casa, no creí que les gustasen las cosas muggles.

- ¡Oh mi Dios! – Ginny se llevó sus manos a su boca, tratando de ocultar una sonrisa - ¿O sea que vas a ser hermana de la odiosa de Pansy Parkinson? – tenía una expresión divertida en su rostro y la castaña la miró queriendo asesinarla.

- Es su hermana – George sonrió de la misma manera que Ginny.

- Quisiera estar ahí cuando ponga el grito en el cielo – Fred los secundó – ¿Se imaginan la cara que pondrá cuando se entere? La princesa de Slytherin será desplazada por Hermione y vivirá amargamente por siempre. – todos rieron en la habitación y la aludida rodó sus ojos por las ocurrencias de uno de los gemelos.

- ¿Creen que me cambien de casa? – aquella pregunta rondaba por la cabeza de Hermione desde que despertó, e hizo que cada pelirrojo la mirase con tristeza.

- Eso no importa, Herms. – Harry le tomó su mano y la apretó delicadamente – Igual te querremos.

- Si es así, tenemos que guardar las apariencias. Si quedo en Slytherin, seremos enemigos y ¡oh no! Tendremos que insultarnos.

- No lo hagas a menos que sientas que debes hacerlo, y si es así sabremos que será puro teatro, no creeremos nada de lo que digas y tú no lo harás tampoco – Ron sonrió nervioso. Por fin había dicho algo después de tantos minutos. – Seguiremos siendo el trío dorado ¿recuerdas? – el pelirrojo se acercó a Hermione y la abrazó con ternura, dejando un brazo encima de sus hombros.

- Llegaré al fondo de esto. Todavía no puedo creer que me hayan mentido de esa forma y lo que es peor, que hayan esperado tanto tiempo para decirme que soy adoptada.

- No te preocupes, Mione. Haremos todo lo posible para saber qué es lo que pasó. No creo que todo sea una coincidencia.

oOo

Al llegar de nuevo a su casa, Hermione se sentía como una desconocida. No sabía si tocar el timbre o entrar normalmente con el juego de llaves que tenía. Se decidió por la segunda opción y entró de una vez a su antigua casa. Todo se hallaba como el día anterior, salvo por sus maletas que ya no se encontraban a un lado del pasamano. No le dio mucha importancia, talvez su padre - ignoró olímpicamente la punzada en su corazón – las había llevado a su habitación.

- ¿Mamá? ¿Papá?

- En la cocina, amor.

Hermione se dirigió hacia donde la voz de su madre le dijo donde se ubicaban. Encontró a sus padres bebiendo su dosis de café matutina y saludó a cada uno de ellos con un beso en la mejilla.

- Perdón por haber actuado de esa manera ayer y no haberles avisado donde iba. – Hermione tomó asiento en medio de sus padres e inmediatamente Jane Granger tomó su mano entre las suyas.

- Tranquila, nena. Harry nos llamó y dijo que estabas con él. No hay nada que perdonar, más bien tu deberías perdonarnos a nosotros. Te ocultamos algo de suma importancia – Hermione no dijo nada, simplemente se dedicó a abrazar a sus padres, dándoles a entender que estaban perdonados, mensaje que ellos entendieron a la perfección y le devolvieron el abrazo con más fuerza aún. Hermione no podía tener resentimientos en su corazón, era una persona muy noble.

- ¿Papá? – susurró Hermione después de un tiempo.

- ¿Si, nena?

- ¿Subiste mis maletas a mi dormitorio? – William Granger se tensó en su asiento.

- No, Hermione. Peter y Charlotte las llevaron a su casa. – la castaña asintió automáticamente. Observó como su padre se levantaba y sacaba algo de uno de los cajones – te dejaron esto – Hermione cogió un pequeño sobre blanco que le tendía su padre y lo abrió suavemente, sin apuro. Dentro de este se encontraba escrito con pulcra y muy hermosa letra una dirección. La ojimiel lo relacionó con la casa a la que tendría que ir a vivir de hoy en adelante.

- Supongo que…que me tengo que ir – su voz se quebró y se mordió el labio, tratando de calmar aquel nudo que se formó en su garganta - Los quiero mucho – Hermione abrazó nuevamente a sus padres y ellos a ella. Al momento de separarse, Jane limpió algunas lágrimas de sus mejillas y de las que fue su hija – No importa lo que pase, ustedes siempre serán mis padres.

- Eres una buena chica, princesa. No sabes lo afortunados que nos sentimos al haberte tenido junto a nosotros.

- Puedes venir a visitarnos cuando quieras, ésta siempre será tu casa. – dijo William posando su mano en el hombro de Hermione. La castaña asintió a cada una de las palabras de las personas delante de ella, los abrazó por última vez y salió de aquella casa con Crookshanks por delante. Cerró la puerta y caminó algunos pasos, girando para poder observar por última vez la que toda su vida fue su casa.

- Ahora tendrás un nuevo comienzo, Hermione, uno que toda la vida te mereciste, junto a las personas con las que siempre debiste estar. – la aludida dio un respingo al escuchar la voz de su madre biológica a sus espaldas. Lentamente dio vuelta para encontrarse con aquellos ojos color miel tan iguales a los de ella, los cuales ahora se mostraban divertidos por la reacción de Hermione. Detrás de Charlotte se encontraba Peter, su padre, el cual le sonreía abiertamente. Juntos tomaron cada uno una mano de Hermione y desaparecieron rumbo a su nuevo hogar.

Se aparecieron frente a una gran mansión victoriana. La castaña se asombró por el extraordinario tamaño que poseía aquella - nada sencilla - casa. Charlotte y Peter halaron a Hermione hasta hacerla entrar. Por dentro la mansión parecía aún más grande. Un gran candelabro de cristal colgaba del techo y una escalera de mármol de abría ante sus ojos. La muchacha no perdía ningún detalle. Había docenas de puertas dispersas en hileras por la pared menos cuatro - dos en un lado de la pared y dos justo en frente – que por el momento se encontraban abiertas, dejando entrever un gran salón ocupado por muebles de madera de pino y las otras puertas daban a conocer el comedor. Sin duda era algo nada usual en la vida de Hermione.

- ¡Llegaste! Madre y padre dijeron que volverían cualquier momento pero no me imaginé que sería tan rápido – Pansy Parkinson bajaba las escaleras a una velocidad sobrehumana, y al encontrarse con Hermione agarró sus manos - La verdad me asombré mucho cuando dijeron que tenía una hermana, y aún más cuando dijeron que era mi melliza. Pero no imaginas mi asombro cuando escuché tu nombre, fue simplemente inverosímil. Primero pensé que me estaban jugando una mala pasada, luego al ver que ninguno de los dos tenía una sonrisa en su rostro me preocupé, ¡imagínate! Una hija de muggles que sea mi hermana ¡Inconcebible! Después cuando lograron calmarme me mostraron el árbol genealógico familiar, ¡y ahí estabas tú! – Pansy habló tan rápido que Hermione por más que quiso poner toda su atención solo logró captar ciertas palabras - ¡Mira! – Pansy haló el brazo de Hermione y levantó la manga de su abrigo e hizo lo mismo con el suyo, dejando al descubierto su codo - Tenemos el mismo lunar con forma de nariz de kneazle – la morena abrazó muy efusivamente a Hermione y esta no sabía cómo responder ante tal muestra de cariño. Después de tantos años de burlas, desplantes y malos tratos, ahora se le hacía extraño que Pansy fuese una chica muy dulce y cariñosa. Todo lo contrario a lo que una vez conoció – Tenemos que ir con Draco, ¡quiero ver su reacción cuando sepa que eres mi hermana!

Ambas chicas desaparecieron por las puertas dobles que daban al gran salón. La morena, aun sosteniendo la mano de Hermione, recogió un poco de polvos flu de la taza en la que reposaban y los lanzó dentro de la chimenea.

- ¡Drake! – Pansy gritó el nombre de su amigo en cuando salieron de la chimenea - ¡Drake! – Hermione era arrastrada por todo el salón. La castaña observaba todo con un descomunal interés. Era la primera vez que visitaba la Mansión Malfoy y todo le parecía tan… ¿especial? Los cuadros con todos los ancestros Malfoy que adornaban la pared, miraban la escena entre asombrados y disgustados por la intromisión de las dos muchachas. Los elfos domésticos alertados por los gritos de la amiga de su amo se apresuraron donde ellas se encontraban. No obstante, solo una elfina tuvo el valor suficiente para hacerlo tan cercano

- Señorita Pansy, es un gusto volverla a tener aquí, ¿Blinky puede ayudarla en algo?

- Llama a Draco – su voz fue tan despectiva que Hermione la miró reprobatoriamente. Pansy rodó sus ojos - ¿por favor? – la castaña sonrió triunfante. Blinky sin embargo abrió desmesuradamente sus ojos ante la amabilidad de la chica mas con un chasquido de dedos desapareció en busca de su amo.

oOo

El repiqueteo de los tacones de Bellatrix Lestrange se escuchaba por toda la Mansión Malfoy junto con su estridente risa. Draco, que hasta el momento se encontraba en su habitación, colocó una almohada sobre su cabeza, tratando de no escuchar los gritos de su tía, mas le fue imposible. Aquella mujer parecía haberse lanzado a sí misma un encantamiento sonorus. La cabeza del muchacho empezó a palpitar del dolor y pensó que en cualquier momento estallaría o le saldría sangre por los oídos, muriendo en el proceso. No estaría mal después de todo.

Se sentó al filo de su cama mientras frotaba su rostro con sus manos. El día no había comenzado de la mejor manera. ¡Y él que pensó que este día iba a ser mejor que ayer! Ni si quiera se había levantado completamente cuando su elfina llegó de improvisto.

- ¡Amo Draco! – la voz aguda de Blinky hizo doler un poco más la cabeza de Draco. La elfina hizo una reverencia un tanto exagerada y el chico levantó la ceja, expectante – La señorita Pansy ha venido de visita junto con otra señorita. – De seguro es Daphne o Astoria pensó el muchacho. Sin muchas ganas fue al tocador, trató de arreglarse lo mejor que pudo mientras se ponía una camisa encima. Todavía era muy temprano para visitas, que se aguanten las fachas en las que se hallaba.

Después de algunos minutos, un Draco Malfoy muy somnoliento aparecía en la parte superior de las escaleras. Inmediatamente frunció el ceño al encontrarse con su amiga y ¿Hermione Granger? Su corazón dio un vuelco, tanto que sintió que se iba a salir de su pecho. Trató de acompasar su respiración. Sus manos empezaron a sudar y muy disimuladamente las secó en el pantalón del pijama que llevaba puesto. Parecía un crío en plena etapa de la pubertad.

- ¿Qué hace ella aquí, Pansy? – despacio fue bajando uno a uno los escalones hasta que se posicionó frente a las dos muchachas. Se irguió en todo su porte, haciendo que ellas se intimidasen ante la indiscutible altura del chico. La morena le mostró una sonrisa que mostraba todos sus dientes.

- Es mi hermana - Hermione observó como la mirada del chico pasaba de la seriedad a la burla y se amedrentó un poco. Bajó su cabeza solo unos milímetros. No soportaba ver esos orbes grises mirarla de esa manera. Una cosa era estar dentro de Hogwarts y otra muy diferente en su casa.

- No hables sandeces, Pansy. Una sangre sucia no puede ser tu hermana.

- ¡Draco Lucius Malfoy! Te prohíbo que te comportes así con ella – el platinado levantó una de sus perfectas cejas, incrédulo por la reacción de Pansy - ¿Sabes qué? No sé ni para qué vinimos, eres un perfecto imbécil. – la morena volvió a halar del brazo de Hermione y empezó a caminar de nuevo hacia la chimenea. Draco las alcanzó de dos zancadas, posicionándose frente a ellas, deteniendo su paso. Miró a la chica de cabello enmarañado, en sus ojos lucía el miedo y Draco no quería que ella sintiese eso por él. Tomó un gran suspiro y se relajó.

- Bueno, parece que tendremos que llevarnos bien, si no tu hermana me dejará sin bolas en un santiamén. ¿Te parece si comenzamos de nuevo? – Hermione no respondió, desconfiaba de las intenciones del muchacho. Al ver que ninguno de los dos hacía nada, Pansy le dio un – no tan fuerte- codazo en las costillas a la castaña, esta despertó de su letargo, parpadeó muchas veces y asintió a respuesta de Draco – Soy Draco Malfoy, un gusto conocerte – el ojigris extendió su mano derecha, Hermione la observó por un largo momento. Tenía dedos largos, su piel era demasiado blanca, parecía leche, y sus uñas eran perfectamente cuadradas.

- Hermione Granger – unió su mano con la de Draco, sintiendo por primera vez el calor que esta poseía. Draco apretó suavemente la mano de la chica y tuvo el impulso de llevársela a la boca para besarle los nudillos. Todo en la vida de Draco Malfoy tenía un propósito, y esta vez no era la excepción. Haría que Hermione se enamorase de él, tanto o más como él lo estaba de ella.


¡Hola a todas!

Uff demasiado tiempo que no actualizaba. Lo siento mucho :( ya entré a la universidad -es mi primer semestre y estoy muy emocionada :D :D - y jamás pensé que consumiría casi todo mi tiempo. ¡Pero bueno! Aquí está un nuevo capítulo de esta historia. ¿Qué les pareció?

Gracias a todas por sus comentarios, sus favoritos y follows. Me hizo muy feliz que esta historia tuviese una buena acogida. Espero les esté gustando.

Trataré de actualizar más pronto, pero no prometo nada... Hasta la próxima. Besos a todas