Hellish and Bloody Pleasure (Cap 1. Más Que Solo Miradas):
Si bien su día no había sido el mejor, Squalo jamás había esperado que todo se fuese al traste de forma tan fantástica con las nuevas noticias que le traía a su jefe. El peliblanco podía dar fe del negro humor que poseía Xanxus, pero darle aquella noticia era pasarse y definitivamente cuando se la diese, terminaría pagando los platos rotos. — Maldita sea. — Refunfuñando entre dientes deseo tener a mano un maldito inútil para ensartarlo en su espada y liberar un poco de la tensión acumulada, aunque claro, como se veían las cosas lo más probable es que el que terminaría ensartado sería él.
Negando con la cabeza contuvo las ganas de romper una que otra cara cuando paso frente a los otros miembros Varia, antes de colocarse frente una puerta doble de caoba que daba entrada a las habitaciones de su idiota jefe. Justo cuando se disponía a lanzar la puerta por los aires y soltarle las buenas al moreno, unos sonidos provenientes de dentro lo paralizaron en su sitio, haciendo que se replanteara el dar medio vuelta, cometer algunos asesinatos y volver para cuando el cabrón estuviese disponible. Diablos esos sonidos no podían decir otra cosa más que su jefe estaba follándose a una mujer, y por millonésima vez en toda su endemoniada vida se repitió que debía mantener las ideas malditamente cuerdas en su cabeza. No debía ceder a aquel molesto impulso que le exigía entrar y sacar a la furcia de adentro por los cabellos y lanzarla a un río para que se pudriese. Oh no, debía seguir siendo el capitán de su maldito jefe y para eso debía comportarse como tal. — Al infierno. — Gruñendo, estiró su pierna y pateó la fuerte barrera de madera haciendo que esta se abriese al instante mostrando una escena que lo hizo ver rojo; Xanxus se encontraba montando a una hembra pelirroja, enterrándose en ella con la brutalidad de un garañón y el ímpetu de un animal.
— ¿Qué diablos quieres, basura? — Con la voz ronca y jadeante mientras perpetuaba aquel ultraje en el cuerpo de esa mujer, el moreno siguió embistiendo de forma brutal, ignorando los pequeños gemidos dolidos que soltaba la humana.
— ¡Vooooooy! — Estirando su mano apuntó hacía la encantadora pareja, tragándose el nudo que tenía en la garganta y las ganas que tenía de exigirle a su estúpido jefe que dejara de tirarse a la chica que se encontraba bajo él. Las recriminaciones en definitiva no formaban parte del paquete. — ¡Trae tú inútil culo de regreso a la oficina, creo que te interesara saber las nuevas que hay para hoy! — Haciéndose oír como de costumbre, estiró su mano a tiempo para contactar con el rostro de Levi, causando que este fuese a dar de lleno al piso cuando solo había dado unos pasos intentando ir en auxilio de su venerado Señor.
— Fuera de aquí basura inservible, cuando me desocupe tal vez te atienda. — Sin más retomó su labor, dándole la espalda al albino y a un inconsciente Levi.
— ¡Haz lo que quieras! — Dándose la vuelta pateó el inconsciente cuerpo del guardián de la tormenta, antes de salir dando un sonoro portazo tras de sí.
Desde la amplia cama de dosel, el moreno siguió penetrando la entrada de aquella mujer humana, entrecerrando la mirada mientras su segundo al mando se iba más cabreado de lo que había llegado, aunque para ser francos él había llegado más nervioso que otra cosa. Bufando se dijo que haría pagar al tiburón por su intromisión, pero antes debía deshacerse de la molesta y chillona mujer. — Lo que ya no me sirve se tira. — Tomando el cuello ajeno entre sus manos, dio un limpió girón antes de sonreír al oír el horrible tronido que se escuchaba. — Después de todo el que no me hayas servido para aplacarme el calor te convierte en una inútil. — Aventando el inerte cuerpo al piso se puso en pie, abrochando sus pantalones y el cinturón, yendo a la salida pasando por sobre el cuerpo de Levi. — Ahora veamos qué es lo que esa escoria quiere. — Hablando para sí mismo en su acostumbrado tono seco y molesto, se dio la vuelta andando por los grandes pasillos de la mansión Vongola, deteniéndose en el pasillo del final en el cual se hallaba su oficina. Sin más, entró observando al más joven que ya se encontraba sentado frente a su escritorio con una expresión más que inconforme.
Apuñalando con su mirada a Xanxus, Squalo se aferró a toda la escasa paciencia que siempre había poseído, sabiendo que si perdía el control la paliza que se llevaría por parte del otro sería un verdadero infierno. Mejor era intentar medir lo que le iba a decir, de esa forma la golpiza podría ser pasada por su cuerpo con mayor facilidad. — ¿Al fin te desocupaste? — Preguntó frunciendo el ceño.
— ¿Acaso no me ves, basura?
— Bien, porque lo que tengo que decirte es importante.
— Adelante, dime que estupidez hiciste ahora.
— ¡Voooooy, yo no hice nada bastardo! — Sintiéndose completamente furioso por la tonta acusación, apretó sus dientes poniéndose en pie para encarar al moreno; maldiciendo que su mirada no pudiese evitar ir al encuentro de aquella suculenta vista que representaban los marcados y bien tonificados músculos que poseía Xanxus, resaltando por una leve capa de sudor que escurría por su piel. Maldición no era momento de calentarse.
— Y entonces ¿a que viene tú condenado escándalo, basura? — Sentándose despreocupadamente sobre su asiento, apoyó sus piernas en el fino escritorio que poseía.
— ¿¡Recuerdas al mocos que trabaja con Sawada?! — Preguntó entre gritos, apoyándose en el escritorio frente a su jefe.
— Sí ¿y eso a mí que carajos me importa?
— ¡Debería importarte si consideramos que aquel crío inútil está viviendo con tú socio! ¡Aquella sanguijuela con la que tanto gustas hacer negocios! — Gritó exasperado, preparándose para el infierno que vendría ahora.
Perdiendo su expresión de aburrimiento, el jefe Varia se puso en pie de un tirón, acercándose hasta quedar nariz con nariz frente al albino. — ¿¡Repite la mierda que dijiste?! — Tomando del cuello al capitán Varia, hizo presión sintiendo que pronto perdería los estribos y la mala leche que se cargaba ese día saldría libre. Bueno, él había nacido con mala leche y malos genes, pero había días en que su descomunal mal humor rebasaba el límite. Definitivamente esta noticia desencadenaría uno de esos días.
— ¡Lo que oíste! — Infiernos, en verdad esto dolería, y podían llamarlo sádico pero Squalo empezaba a tomarle gusto a las constantes tranquizas que le daba su endemoniado jefe.
— ¡Inservible escoria, ¿qué coño hacía ese maldito niño con Reborn?! — Apretando sus dientes soltó el primer golpe contra el rostro contrario, liberando la furia que sentía como si fuese solo un preliminar.
— ¡Tal parece que tú socio le agarró cariño al mocoso de Vongola y decidió quedárselo! — Escupiendo la sangre que corría por su labio, observó con ironía a Xanxus, negándose a defenderse. Podía, siempre había podido pero por alguna razón no quiso hacerlo. "Eres un jodido masoquista" le gritó una voz en su cabeza.
— ¡Maldita basura inmunda, ¿tienes idea, alguna puñetera idea de lo que ocurriría si Sawada se entera que el vampiro y yo tenemos tratos?! — Rugiendo cual bestia, descargó una dura patada contra el costado y el vientre del peliblanco, levantando su rodilla para encajársela en la espalda.
— ¡Maldito demente, ¿qué putada esperabas que hiciera si tú socio decidió cogerse al crío?! — Apretando su mandíbula en una negación total a exteriorizar su dolor, supo que dos de sus costillas estaban arruinadas al momento en que oyó un crujido proveniente de su caja toráxica.
— ¡Y una mierda, mi anonimato depende de esa alianza y si alguien más se entera de quien soy en realidad, juro que te arrastraré conmigo al infierno! — Regalando golpes a diestra y siniestra, los ojos del jefe Varia comenzaron a oscurecerse hasta tomar un espeluznante color negro que daba la apariencia de que su mirada estaba completamente vacía. Maldito fuese aquel vampiro, maldito fuese el inútil guardián del trueno de Sawada y maldita fuese su suerte. Sabía que su esencia demoniaca podía ser descubierta y no debía permitirlo, debía ir a solucionar aquel problema cara a cara con Reborn. Aunque eso involucrarse deshacerse del niño vaca.
— ¡Pues te tengo mejores noti-noticias! — Jadeó el albino, aferrando su malogrado torso.
— ¿¡Más mierda para firmar tú sentencia de muerte?! — Regalando otro duro puntapié, sintió el sudor correr por su cuerpo mientras una sensación ardiente quemaba en su interior.
— ¡Seguramente se cataloga así, bastardo! — Fulminando con la mirada a Xanxus, se mordió el labio para contener el gemido que pugnaba por salir de sus labios al ver los oscurecidos ojos de aquel demonio. Un gemido que no tenía nada que ver solo con el dolor. — ¡Tal parece que Reborn ha tomado a ese crío como suyo, así que si en tú mente se cruzó la idea de deshacerte del niño te digo que será imposible no solo por ese hecho, sino también porque él ya convirtió al crío en uno de los suyos! — Gritó encogiéndose ante la siguiente patada y puñetazo que habían conectado con su hombro y rostro. Dios esta sí que había sido la mejor forma de darle la noticia al maldito gilipollas.
— ¡Hijo de la gran puta! — Descargando tres patadas y cuatro puños más contra el cuerpo del albino, sintió su ira aumentar al ver que como de costumbre el tiburón no hacía nada para defenderse. Maldición, molesto o no una gran cantidad de sangre se acumuló en el paquete que tenía dentro de sus pantalones.
Tirando, sangrando y dolido como el infierno, escupió otro poco de sangre antes de limpiar sus amoratados labios con el dorso de su mano. — Demente. — Murmuró furioso, caliente y adolorido. Pero sobre todo aquello culpándose por haberse puesto tan duro después de aquel apaleamiento.
— Escúchame bien, vas a encargarte de arreglar dos vuelos con destino a Francia para que pueda ir a ver a ese cabrón, y tú maldita escoria vendrás conmigo. — Aferrando en un puño los largos cabellos, tiró de estos para acercar el golpeado rostro hacía el suyo. — Y será mejor que te des prisa. — Siseando se quedó observando la cara del espadachín, sintiendo como una monumental erección presionaba contra el frente de sus pantalones al ver la caliente sangre que manaba de la nariz y boca de Squalo. Y estaba tentado a lamerla, probar esa deliciosa esencia con su boca aplacando su enfermizo apetito que desde hace tiempo había sentido por el más joven.
No cabía duda que aquel viaje sería muy interesante.
— ¿Qué Xanxus se fue de camino a Francia? Pero ¿por qué, con qué objetivo? ¿Y dices que los dejo solos? — Observando al más razonable de los guardianes de Varia llamado Lussuria, Tsuna se pasó ambas manos por el cabello sin comprender nada.
— Así es, el jefe reservó un vuelo y salió ayer precisamente con destino a Francia, nos dejó a todos, él único que lo acompañó fue Squ, el cual cabe decir recibió la tranquiza del siglo de parte del boss. Madre de solo recordar como terminó el pobre, me estremezco. — Agudizando un poco la voz, el guardián del sol se acomodó sus gafas negras, quitándose un mechón de pelo del rostro.
— Ya. Bueno, Lussuria como veo las cosas eres el más indicado para quedarte cuidando a los otros, así que te pido que vigiles a tus compañeros en lo que yo voy tras tú jefe a ver que asuntos tan importantes tiene en Francia.
— Oh Sawada no te aconsejo eso, el jefe se fue con la ira a fuego lento si te lo topas se armara la de Caín. — Fatalizando como siempre, soltó un suspiro.
— Créeme que no ardo en deseos de ir a ver a tú jefe, pero no es bueno que haya dejado a toda Varia sola y no haya dicho la razón por la que viajaba hasta haya. Además desde que Lambo esta…bueno…no importa. — Suspirando guardó en un portafolios todos los documentos que tenía en su escritorio, antes de tenderle el maletín a su segundo al mando, Gokudera Hayato. — Gokudera resérvame un vuelo hoy mismo con destino a Francia. Quédate a cargo de los demás y procura mantenerte en contacto con los miembros de Varia. — Poniéndose en pie avanzó a la salida, suspirando al oír la burlona risa de Bel. — Enserio, Lussuria procura que no se maten.
— Shishishi Sawada eres un paranoico. — Señaló el rubio jugando con sus cuchillos.
— ¡No le hables así al décimo, tú, demente de los cuchillos! — Encarando al guardián de la tormenta de Varia, el peliplateado se preparó para seguramente iniciar una batalla.
— Dios. — Negando con la cabeza supo que quedarse a discutir con esos dos era tiempo muerto. Además conociéndolos como lo hacía era más probable que terminaran involucrándolo en su discusión a que se calmaran, así que no planeaba quedarse a observar. — Me marchó a la reunión con los Ginglionero y los Shimon, en la noche partó. — Dándose la vuelta, resignado escuchó las amenazas de ambos hombres, seguidas de lo que parecía el principio de un encuentro.
— Pero que infantiles. — Poniéndose manos en jarras, Lussuria observó con reprendimiento a los dos contrincantes, dejando que el peli-castaño se marchara mientras él se encargaba de intentar impartir orden.
Nada mejor que mamá Lussuria para controlar el descarrío…o quizás no.
Squalo juraba que mataría a ese maldito que tenía por jefe, Dios las humillaciones no habían podido parar ni siquiera en un bendito instante, y Squalo estaba seguro que terminaría por enloquecer si las cosas seguían aquel curso. Además el oír las constantes amenazas de Xanxus hacía cualquiera que se les cruzara, seguido del claro pavor de todas esas personas, no los hacía pasar precisamente desapercibidos. — ¿Querrías cerrar tú boca y dejar de ser tan obvio con todos? — Haciéndose a un lado esquivó el cuerpo que el moreno lanzó volando por los aires. Tal parecía que la respuesta de los del aeropuerto no le había agradado al "señor". Por lo menos agradecía el ya estar en Francia, otro viajecito como aquel sería completamente ilegal. Listo ya lo había clasificado.
— Yo soy el jefe escoria, así que abstente de abrir la boca si no es para nada productivo. — Tomando los cabellos del albino les dio un gran tirón, acercando el rostro ajeno a centímetros del suyo.
— Yo no fui quien quiso venir por cierto, así que si no te parece bien podrías mandarme de regreso. Créeme que ganas no me faltan para volver. — Fulminando con la mirada al estúpido boss se dijo así mismo que mejor era mantener el control en público, no sería muy agradable que todos viesen lo infernalmente caliente que aquel trato lo ponía. Además la humillación seguía presente y eso sí que no lo soportaba.
— Tú irás a donde yo diga, basura. — Siseó arrastrando a Squalo tras de sí.
Squalo gustoso hubiese replicado, le encantaba armar escándalo pero mantuvo la bendita boca cerrada porque no tenía ánimos de aguantar otra paliza como la anterior. Y si era pública mucho menos. Apretando su mandíbula dejo que el moreno lo sacase del aeropuerto para "guiarlo" a una de las limusinas que ya lo esperaban fuera.
— Ahora entra ahí.
— Bastardo.
— ¡Muévete! — Le gruñó empujando el cuerpo dentro del auto que le había mandado la maldita sanguijuela.
— ¡Eso hago jodido desquiciado! — Refunfuñó entrando a la reluciente limusina.
Una vez dentro, Squalo se fue a sentar a la esquina más alejada del demente de Xanxus, cruzándose de brazos en una pose de clara molestia. Y una vez tras otra su cabeza intentó gritarle que mantuviese al margen a su cuerpo, pero la molesta erección que había en sus pantalones no le ponía la cosa sencilla, así que volteando hacía el cristal polarizado de la ventana, decidido a observar a los peatones de la ciudad en lugar de a su molesto jefe. Además así era mucho más seguro. Sin embargo a cada instante que pasaba el silencio solo era cortado por los sorbos que el moreno le daba a su bebida.
Poco a poco la tensión se fue acumulando hasta que el peliblanco deseo poder romper algo, o maldita sea la inconsciencia sería un premio si podía evitar seguir observando de reojo el fuerte y macabro perfil que poseía Xanxus. Removiéndose incomodo contra el asiento de cuero, deseo haber regresado donde Varia, la estadía, aunque molesta al lado de todos esos inútiles, se volvía soportable cuando podía estar lejos de su jefe. Deseaba estar lejos de Xanxus porque maldición, verlo y tener pensamientos de la línea "sexo salvaje" no era la mejor forma de controlar su libido o pasar el rato.
Por otro lado, el frío jefe Varia no perdió de vista ninguna de las leves miradas que el albino le daba, sintiendo emerger desde el fondo de su ser una maldita necesidad que repasaba cualquier sucia hambre jamás antes experimentada; su polla empujó contra el frente de sus pantalones mientras sus ojos comenzaban a oscurecerse de manera lenta.
— Desnúdate. — Ordenó seco, fijando su negra mirada en el peliblanco.
— ¿¡Qué demonios?! — Volteando a ver de forma fija, nerviosa y cabreada al moreno, se preguntó si este en verdad ya había enloquecido completamente.
— ¡Dije que te quites la ropa de una puñetera vez! — Gritó, lanzando al piso del auto el vaso de Coñac que había estado bebiendo, haciendo que se quebrase en mil pedazos.
— ¡No!
— ¡La quiero fuera maldita escoria!
— ¡Entonces te sugiero que contengas la respiración! ¡No me va a afligir en lo más mínimo, pero al menos el sofoco te ayudará a pasar el tiempo!
Su excitación palpitaba. Oh, mierda necesitaba enseñarle a esa basura que la desobediencia tenía un precio y no importaba si peleaba con uñas y dientes, eso solo lo haría aún mejor.
Rechinando sus dientes, el albino se dijo que seguramente el mismo había cavado su jodida tumba, y ahora debería obedecerle al imbécil de Xanxus o arriesgarse a verlo perder en definitiva su escasa y casi inexistente calma. Conteniendo una más que sonora maldición, apretó su mandíbula comenzando a desabotonar los botones de su chaqueta prosiguiendo a ir con la camisa.
— ¡Deprisa! — Apretando sus puños, apresuró al otro a que se moviese.
— ¡Jodido ciego, eso estoy haciendo! — Terminando de sacarse la camisa y la chaqueta quedo únicamente vestido con sus pantalones.
— ¡Dije desnúdate ¿acaso no fui claro?! — Acercándose lentamente hacía el cuerpo contrario de forma amenazante, lo observó con aquella mirada ennegrecida que dejaba relucir su infernal naturaleza.
Apelando a toda su calma, llevó sus manos a los botones de s pantalón, desabrochándolo con manos temblorosas —joder ¡temblorosas!— hasta bajar la prenda, momentos antes de proseguir con la cinturilla de sus boxers, aquellos que estaban adornados por una maldita gran erección.
Sin darle tiempo a nada más, tomó en un puño lo cabellos del más joven, acercando el rostro contrario contra el suyo.
— ¿Acaso piensas que no me he dado cuenta como me miras, basura?; ¿Qué no huelo tú deseo cada vez que estas cerca, soy un maldito demonio y puedo leer fácilmente cada expresión y detalle que muestras? — Soltando un gruñido, arrinconó al tiburón contra el asiento, pegando su monstruosa verga contra la cadera contraria, haciéndole sentir la dureza que él había causado.
Bien, Squalo estaba seguro que llegados a ese punto negar lo que su cuerpo deseaba era una tontería, por lo cual siguiendo un impulso enredó sus piernas contra la cadera contraria, ahogando un jadeo al momento que el mayor tomó uno de sus muslos y lo separó de un tirón.
— Apuesto a que quieres que me entierre en ti y te abra como he abierto a miles de furcias humanas. Quieres eso, pues te lo daré, veamos si puedes ser útil para bajar lo que ocasionaste. — Jalando los cabellos del albino, tiró de su rostro hacía atrás dejándolo completamente inmóvil contra el asiento.
Maldición aquel trato tosco solo mejoraba la situación, haciendo que su propio miembro se hinchara presionando contra la cadera contraria. Y por Dios que quería que lo follase como la fiera que sabía era. Anhelaba que lo partiera a su antojo.
— Si esperas follarme antes pido decir algo… — Jadeó estremeciéndose.
— Dilo ya. — Musito entre dientes, sin dejar de apresar con fuerza el goteante y mojado miembro de Squalo.
— Déjame tragarla entera… — Murmuró sucio, rasguñando la fuerte espalda que se inclinaba sobre él, aquella espalda marcada con cicatrices que lo hacían lucir un aspecto aún más fiero y exquisito.
Algo desencajado por las palabras del albino, Xanxus lo observó con su ennegrecida mirada unos instantes antes de que la diabólica, cruel y caliente sonrisa que Squalo tanto anhelaba mirar se plasmase en aquel sanguinario y feroz rostro.
— Dejemos que la perra juegue. — Acomodándose en el asiento de enfrente, miró el lujurioso ímpetu con que el más joven se inclinaba frente a él, desabrochando su pantalón para hacerse con la pulsante erección, tomándola con sus manos antes de intérnala en su caliente boca.
Apretando sus dientes respiró con fuerza soltando uno que otro gruñido mientras su polla era completamente tomada por la boca del albino, quien con astutos y lentos movimientos chupaba, lamía y probaba. Con una mano aferró en un puño los largos cabellos del tiburón, presionándolo a que siguiese con aquella felación, obligándolo a continuar hasta que la asfixia estuviese a unos pasos.
Jadeando, dejó de chupar lentamente, lamiendo las pequeñas y saladas gotas de pre-semen que escurrían por la punta de la desquiciante erección del moreno.
— Aún no te digo que pares. — Dándole un tirón volvió a internar su miembro en la húmeda y caliente cavidad bucal del peliblanco, ignorando el jadeó ahogado que este soltó. Mientras tanto la mano que no se enredaba en los lacios cabellos, salió al alcance de uno de los vidrios rotos que se encontraban tirados en el piso de la limusina, tomándolo y llevándolo con suma lentitud a la espalda contrario; cortando de la blanca piel.
Gimiendo logró sacarse momentáneamente la verga de su boca, observando con ojos nublados en placer al otro.
— ¿Qué diablos te propones, maldito enfermo? — Preguntó siseando al sentir un nuevo corte en su espalda.
— Divertirme. — Contestó tajante, regalando más de aquellas dolorosas y sangrientas heridas que lo prendían. A él y seguramente también a Squalo.
— Eres un sádico demente. — Susurró lamiendo toda la tranca de Xanxus, mordiendo su labio al sentir al delicioso escocer que envolvía cada herida recién hecha.
— Y tú eres una perra masoquista si a esas vamos. — Respondió con voz ronca y seca, tomando la botella de coñac que había en el autor, abriéndola para darle unos tragos y echar parte del líquido sobre la sangrante y lastimada espalda del peliblanco. Sonriendo de forma tenebrosa al oír el quejido dolido/excitado que el joven soltaba.
Con los ojos cerrados y lamiendo sus labios, sonrió excitado al sentir como el líquido ambarino era derramado sobre su lastimada espalda y rostro, aumentando su necesidad impulsada por el dolor y la brutalidad sangrienta del momento. Levantándose del piso con ayuda de su jefe que tiraba con lentitud pero fuerza de sus cabellos, el albino se puso en pie separando sus piernas para colocarse sobre el regazo de Xanxus. Disfrutando de sentir la dura erección presionar contra sus nalgas.
Sosteniendo con una mano la cintura contraria para mantenerla pegada a su cuerpo, se encargó de derramar más del amargo líquido sobre el peliblanco, quien con sed abrió sus labios recibiendo con ansía la bebida. Aburrido de aquellas preliminares, tiró al piso la botella haciéndola añicos en el proceso, antes de tomar con furia el mentón ajeno, obligándolo a que lo mirase.
— Vas a conocer lo que es tener a un demonio dentro de ti, poseyéndote como nunca lo habrías podido soñar. — Tras decir aquello, desgarró los boxers del albino, levantando de un duro jalón el liviano cuerpo para dejarlo caer de golpe sobre su endurecida verga.
Apretando sus labios para no gemir, cerró nuevamente sus ojos intentando acostumbrar a su interior de la inclemente estaca que se enterraba dentro suyo, comenzando una frenética penetración que no mostraba tregua o misericordia alguna. Y mierda, se sentía increíble; el dolor, el placer, la furiosa necesidad aumentando por emociones tan oscuras como las que en aquel momento sentía.
Sin detenerse a dejar que el otro se acostumbrase a sentirlo dentro, empujó su cadera hacía el frente, permitiendo que el tiburón comenzara a mecerse contra su falo, subiendo y bajando para auto-follarse.
Mientras el otro se mecía al ritmo de sus propias y furiosas embestidas, enredando su cuello con ambos brazos para sostenerse, Xanxus llevó una de sus manos a la endurecida y venosa erección del albino, masturbándolo con una precisión tan perfecta que parecía imposible.
El más joven se movía de la manera en que el moreno le indicaba, guiando sus embates y enseñándole al otro como debía recibirlos. Así que mientras lo cogía, la expresión contraria —con esa mueca de desenfreno y lujuria— lo calentó aún más, impulsada por los lascivos y roncos sonidos que tanto le encantaba escuchar.
Squalo estaba enloquecido de goce ante la forma en que se desarrollaban las cosas, disfrutando de aquella forma tan primitiva, animal y brutal con que su jefe lo tomaba. Realmente no le molestaba el dolor residual de aquello, porque ese sentimiento solo lo hacía más perfecto. Además aunque no lo dijese abiertamente, complacer a Xanxus era igual o más placentero que recibir las espléndidas atenciones del otro.
Con sus manos envolvió la lacerada espalda del tiburón, rasguñando con total intención a sabiendas de que el dolor producido por ese brusco toque solo aumentaría el placer ajeno.
Guardándose los sollozos lastimeros y a la vez placenteros dejó que las manos de su jefe rasguñaran y tocasen su ya dañada espalda aumentando el sádico y sangriento deleite del momento. El cual solo se prolongó cuando el mayor llevó sus manos teñidas en sangre a su boca, obligándolo a lamer los residuos de sus heridas.
Mirando al otro con su habitual sequedad —ahora teñida de endemoniado placer— se sintió satisfecho al sentir la hambrienta boca del peliblanco lamer su propia sangre; empapándose y bebiendo de esta.
Acercando su rostro al contrario, sintió su interior contraerse, pero deteniendo un poco más su brutal orgasmo, delineó con la punta de su lengua la boca de su jefe, hasta hacer que este gruñera de forma baja, atrayéndolo de los cabellos para poder apoderarse de sus labios. Satisfecho por haber logrado probar finalmente los labios de Xanxus, dejó que la lengua de aquel demonio recorriese el interior de su boca, haciendo que la sangre, esa misma sangre que era de él y también había lamido, se mezclara con la saliva de ambos.
Profundizando el húmedo contacto entre ambas bocas siguió rasguñando la espalda ajena, mientras Squalo seguía montándose en su polla. En aquel beso compartió la sangre del albino, sangre que volvió a saborear una vez que se agachó y pudo probar directamente el líquido carmesí que escurría de los hombros del peliblanco; SU peliblanco.
Teniéndolo sometido por los cabellos lo obligó a que fijase sus ojos solo en él, antes de guiarlos a ambos a un infernal climax. Impulsado por el fiero beso y formado por aquellas acometidas dadas en compañía de las despiadadas y encarnizadas caricias.
Sucio, salvaje, e impío fue aquel encuentro coronándose con la entrega de ambas esencias; una mojando el interior del tiburón y la otra empapando el musculoso torso y vientre del jefe Varia.
Pasado un rato, el albino se levantó lentamente, sacando el miembro de Xanxus de su interior, para proseguir a sentarse en el asiento que había estado ocupando antes de que todo se desatara.
— Parece que ya llegamos. — No tomando importancia al jadeó sorprendido de Squalo y sus prisas por vestirse, el moreno se cerró el pantalón y el cinturón, acomodándose la chaqueta de cuero que cargaba.
Completamente fuera de sí, no tuvo tiempo más que de poder subirse el bóxer y los pantalones antes de que la puerta de la limusina se abriese dejándolo literalmente con las manos en la masa. Soltando una calurosa maldición y varios improperios, observó a la comitiva que los esperaba fuera.
— Vaya, jamás esperé que mi limusina fuese ocupada para tales menesteres. — Arqueando una ceja, cierto pelinegro con un par de singulares patillas, sonrió de lado al ver la situación que ocurría.
A su lado un chico de dieciséis años observaba con sus enrojecidos ojos completamente abiertos la sanguinaria, brutal y obviamente íntima escena, conteniendo el aliento al ver aquello. Jamás esperando encontrar de aquella forma al jefe Varia y a su segundo al mando.
— Oh diablos. — Retrocediendo unos pasos, el muchacho deseó que la tierra se lo tragase en el mismo instante que un par de ojos negros como la noche se centraban en él, observándolo como si de un momento a otro lo fuese a liquidar. Y la cosa se ponía mejor, el guardián de la lluvia de Varia, lo veía con una mezcla de vergüenza —como no tenerla— y la más grande de las furias, secundando la de su jefe. No obstante antes de que pudiese decidir dar una rápida retirada, la mano de Reborn, salió disparada capturando su brazo para de un tirón colocar su cuerpo tras el suyo; más grande y obviamente más fuerte.
— Parece que tenemos asuntos que tratar. — Pronunció con voz seca, escudando el cuerpo de Lambo de la amenazante y furibunda mirada de los dos que se encontraban en su limusina.
— Oh puedes apostar que sí. — Comenzando a descender del auto, se llevó detrás suyo el cuerpo del albino, lanzándole la camisa de un golpe sin despegar su oscura y cruel mirada del pequeño guardián del trueno de Vongola. Aquel crío de ahora ojos rojos que planeaba eliminar para evitarse problemas futuros. — Tal parece que tienes una nueva adquisición.
— Puedes estar malditamente seguro que así es. — Entrecerrando la mirada miró de reojo al niño, quien por instinto como ya había ocurrido anteriormente, abrazaba la manga de su saco. Definitivamente socio o no, si Xanxus intentaba ponerle una mano encima al chico, lo liquidaría como a tantos otros demonios que se había cargado en el pasado.
Señor del Averno o no, Reborn lo haría trizas si tocaba lo que era de él.
