Relatos de una anciana

La anciana subió la vista al techo, preguntándose cómo había pasado el tiempo tan rápido… le parecía que hubiese sido ayer cuando conoció a aquél chico extraño que parecía dormir apaciblemente atado al árbol por las enredaderas.

El tiempo había pasado tan rápido desde entonces… y ella había sido tan inconsciente en aquel tiempo… Se quitó las gafas y frotó sus ojos cansados con los dedos antes de echar una mirada furtiva a la ventana.

La hoja estaba entreabierta para que dejara entrar la brisa nocturna, acercó la lámpara de la mesita para alumbrar mejor la página, y con añoranza tocó el colgante que adornaba la fina cadena que llevaba al cuello… sus labios se curvaron en una sonrisa melancólica que le trajo más recuerdos, y buscando aquellos momentos pasó unas cuantas páginas.

CAPITULO X

"Había pasado ya un año desde que empezamos con la búsqueda de los fragmentos, nuestra confianza había crecido de forma especial; los dos habíamos empezado a compartir una relación mas próxima e íntima… ahora sí que podía ser sincera con mis amigas cuando mencionaba a Inuyasha como 'mi novio'.

Las noches en el Sengoku eran tan especiales junto a él… esperábamos a que todos durmieran, y entonces yo, con cuidado, salía de mi saco de dormir y me alejaba del campamento, para segundos después aparecer él.

Parecíamos dos chiquillos escondiéndonos de nuestros padres, pero es que nos daba un poco de vergüenza que nos vieran como una pareja.

Una de esas noche hacía un año que nos conocíamos, y también era mi dieciséis cumpleaños".

Kagome estaba apoyada en el árbol, esperándolo.

Jugaba mientras venía y no, con una pequeña rama caída en el suelo, desplazándola de un extremo al otro con la punta del zapato.

- ¿Qué te ha hecho la pobre rama?

Se le erizaron instantáneamente los bellos al oír su voz, daba igual que hubiese todos estos meses escuchando ese tono que solo empleaba cuando estaban a solas, ella seguía reaccionando como el primer día… como aquella tarde en la que todo comenzó; en la que sus vidas empezaron a tomar un nuevo curso, una nueva confianza y un trato más íntimo.

Alzó rápidamente la mirada y se encontró frente a Inuyasha, que caminaba despacio hacia ella. Tenía una mano escondida tras la espalda, y la comisura de sus labios se torcían sospechosamente.

- ¿Por qué has tardado tanto?, llevo bastante tiempo esperando, ¿qué hubiese pasado si un demonio me atacase? – Inuyasha gimió divertido con su tono de niña molesta, intentaba hacerle creer que estaba fastidiada por hacerla esperar, pero la conocía lo suficiente para saber que solo actuaba

- No estaba tan lejos, podía ver qué estabas haciendo – Se detuvo a pocos centímetros de ellas, los justos para que no la rozara, pero le acariciara el rostro con el calor de su respiración.

Kagome cerró los ojos y tragó, sintiendo el corazón acelerado con cada hálito que alcanzaba a tocar sus labios. Lo sentía tan cerca, con su cabeza bajada para llegar a ella, y sus ojos penetrándola con ese brillo dorado, como rayos de sol calentándola.

- Y si me veías ¿por qué no te mostraste, solo querías observarme? ¿es que ahora eres un voyeur? – consiguió balbucear. Hacía varias semanas que sentía palpitaciones cuando se acercaba tanto a ella, que se preguntaba qué era eso que se apoderaba de ella que la quemaba y la hacía sentir deseos de poder tocarlo más allá de una simple caricia en la mejilla o de posar las manos en sus hombros…

Abrió los ojos cuando notó que él se alejaba un poco de ella.

- ¿Qué es un voyeur? – No le gustó la forma en que ella frunció el ceño y luego sonrió, y estuvo a punto de preguntarle si iba a reírse de él pero la forma en que se mordió el labio inferior y destellaron sus ojos hizo que olvidara qué lo había molestado.

- Es alguien que mira a escondidas cuando otros no saben que son observados, y disfruta con eso. Hay algunos que se dedican a observar a mujeres en lugares donde saben que están medio desnudas, como por ejemplo los baños…

Su voz sonó tan insinuante que Inuyasha rió tomándose a broma que lo hubiese comparado con uno.

- Yo no soy eso, en cambio Miroku…

La risa de ella sonó como carcajadas.

- En eso tienes razón, y entonces ¿para qué me has hecho levantar de mi saco y venir aquí?

- Quería darte algo – agachó la cabeza para esconder su mirada bajo la cortina tupida de flequillo plateado. Sus orejitas se tendieron sobre la cabeza y después de varios meses sin suceder, el sonrojo empezó a cubrir su rostro. – No tengo mucho para ofrecer y quisiera darte algo mejor, pero… lo he hecho yo y…

Inuyasha descubrió su mano oculta mostrando algo envuelto en un pañuelo.

- Feliz cumpleaños Kagome…- cogió la mano de Kagome y depositó el regalo en ella.

Miraba el pañuelo en su mano, sorprendida de que se hubiese acordado, y la risilla de él le hizo saber que lo había notado.

- Hoy hace un año que te conozco, y…- levantó la cabeza hasta que sus ojos se encontraron – dijiste que llegaste a esta época el día de tu cumpleaños.

Kagome desenvolvió el objeto, descubriendo el regalo… los ojos se le enturbiaron al ver sobre el pañuelo blanco una gema de ágata azulada, atravesada por un fino cordón.

- ¿No te gusta?

- Inuyasha… - sus lágrimas escaparon finalmente, - es preciosa.

- Entonces… ¿te gusta? – Ella asintió y él consiguió relajar los hombros, verla llorar lo tenían confuso, por un segundo no supo si había hehco bien, o si ella había esperado algo mejor que una simple piedra – lo cogí hace unos días, según los humanos de la zona se regala esta gema cuando quieres que… - volvió a agachar la cabeza y bajó el tono de voz llevado por la timidez – …alguien permanezca siempre a tu lado.

Kagome sonrió al mismo tiempo que cogía el colgante y se lo colocaba alrededor del cuello. Le dio la espalda a Inuyasha y se apartó el cabello de la nuca.

- ¿Puedes ayudarme a ponérmelo?

Lo oía respirar tras ella, y sintió el tacto de sus dedos deslizándose por el cordón… el frío de la piedra contrastaba con el calor de sus yemas, y no pudo evitar la sacudida de sufrió su cuerpo cuando sintió otra vez esa bola que le presionaba en el pecho y hacía que el corazón le latiera desbocado. Encerró la gema en su mano derecha y cerró los ojos.

Las manos de Inuyasha se deslizaron hasta sus hombros cuando consiguió engarzar el cierre y la hizo girarse para poder verla, ella bajó las manos y sus ojos se fijaron un momento en la piedra.

- Se ve mas bonita sobre tu piel

Recorrió con la mirada la unión de la clavícula; la hendidura donde descansaba el colgante, y la fue subiendo, estudiando cada centímetro de su cuello, y dejándola descansar en los labios de Kagome, en su sonrisa tímida y dulce… no podía quitar los ojos de aquella sonrisa, y apenas percibió que levantó la mano para poder acariciarle la mejilla. Y ninguno de los dos supieron quien fue, si ella que lo acercó o él que el que se aproximó, pero sus labios se unieron en un roce casto al principio, y mas necesitado a medida que se iban apoyando el cuerpo de uno en el otro.

Rompieron el beso en una de las veces en que necesitaron tomar aire y abrieron los ojos para verse, ella pasó un dedo por los labios del hanyou y él le respondió con una sonrisa temblorosa.

La atrajo nervioso a su pecho, y ella pudo comprobar que sus latidos estaban tan desbocados y retumbaban tanto o mas que los de su propio corazón, reposó la cabeza sobre el y escuchó como poco a poco conseguía calmarlos…

Sintió como el encierro de sus brazos se suavizaba y apoyaba la mejilla sobre ella.

- Gracias Inuyasha.

- Keh!, eso no es nada, deberías ver el lugar de donde la cogí. – Kagome levantó el rostro obligándolo a apartar la cabeza y mirarla – podría llevarte si quieres, no está muy lejos de aquí.

Asintió llevada por la curiosidad y montó en su espalda.

El sitio no estaba muy lejos de donde se encontraban, y en pocos minutos llegaron a una llanura cubierta por un manto de florecillas blancas que desprendían un aroma suave cuando las movía el viento.

Kagome miró fascinada, las flores llegaban más allá de donde alcanzaba la vista, y sus pétalos brillaban con la luna. Aún iba subida sobre Inuyasha, y la llevaba ahora a paso lento hasta la entrada de una cueva, donde la dejó bajar.

Si las flores la fascinaron, el interior de la cueva la dejó sin habla. La luz nocturna se reflectaba en las paredes, creando destellos azules que creaban la ilusión de las olas del mar.

- Esto es precioso Inuyasha.

- Sí, lo es, puedes entrar, no hay nada peligroso dentro.

Ella entró tras él, y se detuvo maravillada los centelleos azules que se reflejaban en los cabellos del hanyou. Después de tanto tiempo se había acostumbrado tanto a su apariencia que había olvidado lo mitico de su naturaleza, y lo grandioso que eso era para ella. Lo hacía aún más especial, y hacía que lo quisiera más por ser cómo y quién era, Inuyasha, el hijo de un demonio y una princesa humana…

- Lo que brilla con la luna… – lo vio señalar a las paredes rocosas – …son gemas como la que cogí para ti.

Kagome se aproximó a las piedras incrustadas y pasó los dedos por ellas.

- Inuyasha… - lo oyó hacer un sonido interrogante, como siempre que se distraía con algo y sabía que alguien quería captar su atención, pero otra cosa lo tenía absorto. En este caso era la luz de las gemas, o quizás el brillo estelar que desprendía el cabello de Kagome al contacto con la luz azulada de las turquesas. - ¿cómo conseguiste sacarla de la roca?, están muy incrustadas.

Oía el crujir de algunas ramas pisadas por los pasos del hanyou, hasta que sintió su pecho en la espalda, y un brazo rodearle la cintura.

Enlazo la mano con la que la rodeaba, y sonrió cuando él apartó unos mechones azabaches para descubrir su cuello, y acariciar aquella piel suave y sensible con su respiración.

- A veces es una ventaja tener garras. – Depositó sus labios en el cuello de Kagome, apenas rozándolo, y los deslizó hasta el hombro, donde depositó un beso.

"Esa noche fue muy especial para mí, sentía sus besos y sus brazos rodearme, y el hormigueo que me provocaba aquello.

De vez en cuando se nos escapaba un suspiro que otro, era obvio que los dos necesitábamos más que inocentes muestras de cariño, habíamos llegado a conocernos lo suficiente y a confiar tanto el uno en el otro como para entender que el deseo había ido despertando en los dos y que no podíamos demorar mas aquella necesidad de demostrarnos cuánto nos amábamos.

Aquella vez fue tan hermosa… recuerdo que acaricié su cara y él dejó de besarme y suavizó su abrazo. Parecía pensar en lo que estaba haciendo, decidió continuar con sus besos, y desabrochar los primeros botones de mi blusa, para descubrir mis hombros y poder besarlos sin nada que se interpusiera.

Supuse que cuando sucediera algo así me pondría nerviosa, pero al principio no sucedió, entonces los dos pensábamos que el sitio y el momento eran perfectos; me deshice de la blusa yo misma, y cuando la dejé caer al suelo fue cuando sentí pudor; me cubrí los pechos con vergüenza. Él me dio la vuelta, y me apartó las manos, tuve que mirar a otro lado para poder calmar el rubor que sentía cuando él me miró, recuerdo las palabras que dijo en ese momento.

- No tienes que ocultar nada de ti porque toda tú eres hermosa.

Los dos nos unimos con besos y caricias torpes por la inexperiencia, pero aún así fue una noche que jamás podré olvidar.

Quedé dormida abrazada a él, cubierta por sus ropas para resguardarnos del frío, y me gustó despertar por la mañana con sus besos, y el aroma de esas flores con el rocío mañanero, está tan presente esa mañana… el recuerdo de cómo olían esas flores… que aun tengo la sensación de despertar por las mañanas con ese olor."

NN/AA: Tarde pero ya llegamos, ha sido un mes de locos y cuesta ponerse manos a la obra con los fics, pero poquito a poco hemos ido dedicándole un ratito hasta conseguir subir otro capítulo. Disfruténlo y gracias por los rewiews, son un aliciente maravilloso. ;)