2 – no puedo odiarte.

Era mi primer día de instituto en Japón, iba a comenzar en un curso superior al que me correspondía y para mi suerte tendría la oportunidad de conocer a Izumi e Inoue en los clubes de informática, ciencias y las clases de física avanzada, aunque en las últimas solo estaría con Izumi. También había descubierto un nombre que me era familiar en el equipo de fútbol, el nombre también pertenecía a uno de los chicos de mi clase.

- hoy se unirá a nosotros una joven brillante la cual ha sido adelantada un curso. – me presentó el maestro, casi a la hora de comer puesto que hasta entonces había estado en secretaría y dirección rellenando impresos y solucionando problemas. – Dad la bienvenida a la señorita Tachikawa, Yura. – estaban todos preparados para lanzarme bolitas de papel con unos canutillos y esperaban las señas de alguien pero quien fuera se quedó inmóvil por lo que me libré de la lluvia de papelitos babeados. – Preséntate… contará como nota de expresión. – me dijo el profesor un hombre calvo bajito y con cara de malas pulgas.

- Soy Yura nací, como muchos si no todos de vosotros, en Japón. – comencé mirando a un rubio el cual dudaba que fuera del todo japonés. – Al cumplir los diez años me tuve que mudar a los Estados Unidos por el trabajo de mis padres. Me encanta Japón, pero para ser sincera preferiría seguir con mis pocos amigos en Nueva York. – el profesor se sorprendió de que hablara un japonés tan fluido. – Por si acaso alguno de vosotros se lo pregunta aun, sí, soy la prima de Mimi Tachikawa y profesor… - el maestro me miraba sorprendido de mi elocuencia y fluidez en aquel idioma que se suponía que no usaba desde los diez años. – He ganado varios premios de escritura en japonés e ingles. – dije antes de coger mi mochila y sentarme junto a otra pelirroja que estaba sentada frente al profesor.

- Bien… tienes un… un sobresaliente en expresión oral. – dijo con los ojos como platos y varios de mis compañeros comenzaron a murmurar algo. – Sigamos con las clases. – el profesor intentó acallar el murmullo formado por mi culpa.

- Tai deberías habernos dado la señal, es como Izumi, casi no parece familia de Mimi. – dijo alguien detrás de mí. – Mimi nos advirtió de su debilidad por los estudios. – dijo con un tono asqueado.

- Tal vez deberías pedirle que te dé clases – dijo una voz fría llena de diversión. – Tai, te reto. – pero el interpelado no respondió. – Te reto a que le pidas a Miss Empollona que te dé clases particulares de mates y biología. – dijo escribiendo algo en una hoja. – o eres un gallina. – tenía pensado ignorar los comentarios del chico frío pero me estaba empezando a molestar que quisiera involucrarme en sus planes.

- Una cría como ella no tiene nada… que enseñarme. – dijo en un suspiro. – Y no aceptaré, nada que tenga que ver con ella. – Esa voz me era familiar, muy familiar. Los demás chicos empezaron a hacer ruidos de gallinas. - ¡Ya está bien! – dijo en un tono completamente comprensible, no como los murmullos que le sucedieron.

- Niña, oye tú niña. – me llamó el que tenía la voz fría y con aires de grandeza. – Vas a darle clases a Tai. – afirmó con diversión y le ignoré. – Será un honor para ti dar clases particulares al capitán del equipo de fútbol. – sonreí macabramente sin girarme.

- No, gracias. – contesté escribiendo lo que el profesor escribía en la pizarra. – Tengo cosas mejores que hacer que perder el tiempo con gente como tú o ese Tai. – le contesté terminando de copiar todo y comenzando a recoger para ir a la cafetería a comer con Davis.

- ¿Quién te crees que eres para hablarme así? – preguntó enfurecido colocándose enfrente de mi impidiéndome salir del aula. – Una novata como tú no debería ir por ahí provocando a los mayores. – dijo cogiéndome la barbilla y alzando mi cara.

- ¿Eres mayor que yo? – pregunté con ironía zafándome de su mano y mirándole con una mirada de fuego directamente hacia el hielo de sus ojos. - Creí que eras la mutación de algún bebe sin cerebro en el cuerpo de un chico de dieciséis años, o tal vez sea que yo mido la inteligencia y no la edad de los sujetos como tú. – alzó la mano dispuesto a golpearme por lo que cerré los ojos.

- Matt, déjala. – ordenó la voz familiar por lo que decidí abrir los ojos. – Que ni se te pase por la cabeza golpear a esta chica, le prometimos a Mimi que la cuidaríamos y yo siempre cumplo mis promesas. – le dijo dándome la espalda encarando a ese tal Matt. - ¿Estas bien, Yura? – me preguntó con una sonrisa tan radiante como el mismísimo sol.

- Taichi Yagami. Eres… eres el chico del aeropuerto y el del móvil. – dije boquiabierta mientras el rubio sonreía con picardía. – S…sí, estoy bien. – le contesté intentando no estallar de alegría o vergüenza. – Ya estamos en paz por lo del aeropuerto, tú me tiraste al suelo y ahora me has salvado de un rubio psicópata, estamos en paz. – sonrió y se rascó la nuca haciéndome enrojecer.

- No, aun le debes una, el te estuvo buscando durante una hora por todo el aeropuerto. – declaró el psicópata, digo Matt. – y tengo una idea para saldar del todo tu deuda. – lo miramos con miedo y ganas de descuartizarlo. – Lo de darle clases iba en serio, Tai es muy… corto de entendederas en mates, biología y en física y química, si le dieses clases particulares seguro que mejoraba y así tu saldarías tu deuda con creces. – me sorprendió que en el fondo tuviera buenas intenciones el rubio diabólico. - ¿Trato echo? – preguntó, miró a Tai, me miró y yo mire a Tai el cual me miraba y le miré.

- Está bien. Si a Taichi le parece bien. – suspiré y los ojos azules del rubio centellearon mostrándome su verdadera maldad, pero al observar la alegría y tranquilidad que desprendía Taichi decidí ignorar al rubio diabólico de planes perversos, alias Matt.

- Estabais aquí. – afirmó la pelirroja desde el pasillo. - ¿Ya estáis intimidando a la pobre Yura? – Matt se puso como un tomate dando la espalda a la pelirroja lo cual me hizo gracia. – Soy Sora Takenouchi. – se presentó con una calida sonrisa llena de afecto lo contrario que "Don Rubio Diabólico". – No hagas mucho caso a Matt, está estresado porque no es capaz de conseguir una cita decente para el baile de Hallowen y es en dos semanas. – sonrió sacando la lengua.

- Sabes que no se me da bien pedir ese tipo de cosas. – sonreí de forma diabólica, como él, y observé la mirada desilusionada de Sora. – Además te he dicho que a lo mejor no voy…

- Pídeselo a Sora, parece que le gus… - Taichi me tapó la boca y me llevó con el disculpándose. - ¿Qué pasa? Solo intentaba derretir los muros de hielo de "Don Rubio Diabólico" a ella le gusta y a él también le gusta ella no veo el problema.

- Rompieron hace un par de semanas y además Sora ya tiene pareja. – le miré interrogativa. – Yo le prometí ir con ella. – mi corazón fue martilleado, taladrado, torturado, fusilado y enterrado medio moribundo con esas seis palabras. – Aunque ahora desearía ir con otra persona. – susurró creyendo que no le oía.

- ¿Con quien? – pregunté muy intrigada con ganas de resucitar a mi pobre corazón. - ¿Con Mimi? – sacó la lengua como un niño pequeño asqueado por algo. - ¿Con… conmigo? – se sonrojó casi tanto como yo y se volvió a rascar la nuca con nerviosismo.

- Eres una chica muy interesante, guapa e inteligente; pero no creo que debiéramos ir juntos. – dijo haciendo brotar de mis ojos unas pequeñas gotas saladas. – Por favor no llores. – me suplicó secándome las lagrimas con su mano, no entendía mi reacción y eso me desconcertaba. – No me gusta que la gente llore. – alcé la vista al notar como su voz se preocupaba y mi corazón se aceleró sin motivo aparente, ¿qué demonios provocaba en mí aquel chico? – Te prometo que no voy contigo por tu bien. – dijo abrazándome fuerte contra él, lo cual para mi sorpresa me hizo enrojecer y respirar de forma entrecortada, no entendía que me pasaba.

- Me debes un baile. – dije intentando reírme y así ignorar esas extrañas reacciones. - ¿prometido? – él rió forzosamente para contentarme y que dejase de llorar.

- ¡Yura! – gritó Davis por el pasillo por lo que Tai se apartó de un salto y yo me sequé las lagrimas e intenté fingir que no pasaba nada. – Te encontré – afirmó abrazándome ignorando por completo a mi acompañante. - ¿Dónde te habías metido? – me preguntó al oído.

- Estuvimos hablando, siento haberla entretenido. – Tai se disculpó antes de irse casi corriendo de allí. – Nos vemos en clase, Tachikawa. – me pareció ver el hielo de Matt salirle de la boca dejando tras de sí aquella frase mortífera.

- Taichi… - susurré de forma involuntaria. - ¿Vamos a almorzar? – Davis asintió con algo extraño en su semblante. - ¿Qué te ocurre? – le pregunté saltando sobre él subiéndome a su espalda.

- Nada, solo es que… - su tripa gruñó y me reí. – tengo mucha hambre. – se quejó corriendo conmigo en su espalda por el pasillo que daba a la cafetería.

(Narradora Yolei)

Entraron los populares: Mimi, Matt, Sora y Taichi. Se sentaron en su mesa, la que estaba en la esquina junto al rosal y a la ventana que daba al patio. Taichi parecía de un humor extraño, no había probado bocado y eso en "el chispitas", como yo lo llamaba, no era normal.

- ¿Dónde han metido a la nueva? – preguntó Izzi el cual tenía preparada una munición de pudín sorpresa de la cafetería apuntando directamente a Mimi y el sitio reservado junto a ella.

- ¡Que me tiras bruto! – gritó alguien desde la entrada a la cafetería atrayendo todas las miradas. Allí entró subida a hombros de Daisuke, la nueva. – Ahora me toca llevarte. – dijo riéndose y se oyó el sonido de una cuchara al doblarse en la mesa de los populares. Mimi había doblado dos cucharas de vez de la rabia que le daba la escena, Matt estaba demasiado ocupado mirando a Sora y esta estaba mirando enternecida la escena. Taichi se levantó, cogió su bebida y se fue de la cafetería. – Bájame, no es justo. – gritaba mientras el peligranate la llevaba en brazos hasta las bandejas de la comida.

- Lo siento. – dijo alguien después de que chocara conmigo y tirase mis gafas al suelo, mientras yo miraba la escena. – No te había… visto. – me entregó las gafas arrodillado en el suelo como un príncipe. Sus ojos azul violáceos me transportaron a otro mundo, su pelo azul oscuro me hizo ver mundos lejanos que solo se pueden ver en los libros y su aroma a libro nuevo y ordenador me nubló mis ya distraídos sentidos. – Esto es tuyo, tienes unos ojos preciosos. – me dijo poniéndose en pie al tiempo que me colocaba las gafas.

- Ejem… ejem… - carraspeó Izzi devolviéndome a la realidad. – Tengo que lanzar un proyectil asqueroso y si no quieres acabar peor de cómo acabará Tachikawa apártate, principito. – Mi perfecto caballero se fue por culpa de Izzi y yo no sabía ni como se llamaba. – Prepárate.

- Si quieres darle a mi prima ganas de matarte, tendrás que tirarle algo más pringoso. – dijo Yura desde la espalda de Izzi con una bandeja de comida y Daisuke siguiéndola. - ¿puedo sentarme con vosotros? – Izzi gruñó pero yo sonreí y asentí. – Gracias Inoue. – me agradeció con una mirada cargada de complicidad y alivio. – Esto te irá mejor para que se enfade más, Izumi. – le puso entre sus manos un cuenco de compota de manzana. – échalo sobre el pudín y lánzaselo al sombrero, te advierto que te reirás mucho. – le dijo a mi amigo pero este dejó el cuenco en la mesa con un sonoro golpe.

- No quiero tener que ver contigo, Tachikawa. – Yura pareció dolida y decepcionada, por lo que me levanté y golpeé a mi amigo en el brazo. – está bien, la trataré como a una persona. – gruñó y la miró; hubo algo, no sé si químico, físico o sobrenatural pero algo pareció conectar a ese par de dos. - ¿Tienes en cuenta que si te juntas con nosotros te marginara tu propia prima? – ella asintió sonriente como si lo desease con todas sus fuerzas. - ¿y tú? – Daisuke hizo un ademán restándole importancia. – pues haz los honores novata. – echó la compota sobre el pudín y untó un dedo en la mezcla dándole a probar a Izzi el cual la miró a los ojos sonriente. – Asqueroso. – Me estaba sintiendo un poco desplazada cuando se dieron cuenta ambos a la vez con una coordinación supersónica.

- Yolei haz los honores – dijeron al unísono. - ¿o quieres hacerlo tú? – se preguntaron a la vez haciéndonos reír a Daisuke y a mí. - ¡No os riáis! – dijeron de nuevo al mismo tiempo. – Yolei, lanza bien. – dijeron otra vez al unísono.

- Yo no quiero lanzar – dije mirando de reojo a Mimi, la cual hablaba enfurecida con Sora mientras esta se reía. – Daisuke seguro que quiere.

- Es Davis. – Me corrigió sonriente – Claro que quiero, pero tal vez se enfade contigo. – Yura se encogió de hombros ante la atenta mirada de Izzi el cual esperaba que se echase atrás. – Pues vale. – Izzi comenzó la cuenta atrás y yo me levanté a por un batido, además desde la maquina de batidos la escena se vería desde un ángulo perfecto.

- Espero que no le salpique a Takenouchi – admití ahora que me había ido. Algo había fallado porque Yura e Izzi estaban haciendo algo donde estaba su improvisada catapulta. – Es buena chica, me cae bien y Yagami si no fuera tan idiota y lameculos de Ishida también me caería bien. – dije dando vueltas a la pajita de mi batido.

- ¿Y yo? ¿Te caigo bien? – me preguntó Mi perfecto caballero apareciendo de la nada con total sigilo. – No soy un mal tipo, solo ando con Mimi porque Taichi me pidió que no me marginase como ha hecho Davis, no te ofendas. – no pude ofenderme, no podía si lo decía él todo lo que decían sus labios me parecía precioso, de ensueño. – Inoue ¿me das un poco? – me pidió el batido, mientras yo sorbía con fuerza para evitar abrir la boca y cagarla.

- ¿Cómo sabes como me llamo? – dije sorprendida haciéndole sonrojar. – Mimi… - él asintió sin mirarme a los ojos mientras yo lo miraba fascinada dejando en otro universo a mis amigos, los del estamento social de empollones marginados. – Es extraño, tú y yo en teoría tendríamos que ser algo así como enemigos naturales en cambio, estamos hablando como si… - sonrió y me quitó el batido dándole un trago del vaso sin la pajita por lo que se le quedó el bigote de chocolate como a los niños pequeños y me hizo reír.

- Mmm… De chocolate y vainilla. – dijo completamente feliz, como un niño de guardería con un juguete nuevo para el solo, mientras se limpiaba los morros de chocolate con la manga de su camisa azul marino. – Es mi favorito. – era una coincidencia que también fuera mi preferido, pero solo estaba intentando evitar mis observaciones. – Tampoco es normal que te desentiendas del atentado a la reputación de Mimi y su propia prima ayude a su enemigo acérrimo a humillarla. Creo que es más normal que yo te hable que tú no quieras dañar a Mimi. – sonreí y él miró tan fascinado y confundido como yo lo estaba ante su presencia.

- Yo no tengo motivos para dañarla, aunque crea que me margina solo ha hecho que me junte con gente como yo a la que aprecio y entiendo – dije quitándole mi batido con una gran sonrisa. – Y creo que si margina a tanta gente acabará quedándose sola. – Si alguna vez te enfadas con ella o ella contigo, en mi grupo de amigos eres bien recibido… - me di cuenta de que no sabía su nombre.

- Ken – me dijo comprendiendo mi expresión al instante. – Ya empieza la guerra. – proclamó con desgana cogiéndome la mano por debajo del mostrador de los batidos con disimulo y dando un paso a la izquierda para alejarse de mí, teniéndome lo más cerca posible.

(Narradora Yura)

Ya estaban solucionados todos los problemas e Izzi volvió con la cuenta atrás. Davis preparó su puño y al llegar a cero golpeó con todas sus fuerzas lanzando por los aires el pudín sorpresa-compota de manzana, el cual aterrizó en el gorro de Mimi sin salpicar a nadie y dejándola perdida de la cabeza a los pies.

- ¡No! – gritó mi prima chorreando por todos lados aquella masa asquerosa, a la vez que Izzi, Davis y yo chocábamos las manos e Izzi me abrazaba triunfal. - ¡Tú! – Gritó señalándonos a Izzi y a mí, porque Davis se había evaporado después de chocar las manos. - ¡TÚ! – gritó aun mas furiosa e Izzi se colocó delante de mí para protegerme. - ¡Izumi! ¿Cómo te atreves a volver a mi prima en mi contra? – agarré la camisa naranja de Izzi nerviosa y asustada ante la reacción colérica de mi prima. – Te prohíbo que te acerques a ella, Yura ven. – me ordenó delante de toda la cafetería como si fuese mi madre.

- No – dije soltando a Izzi y colocándome a su altura. – No tienes ninguna autoridad sobre mí, Mimi. – la desafié con una de mis miradas de fuego peor de las que le había lanzado a Matt.

- ¿Cómo has dicho? – preguntó incrédula ante mi respuesta. – Yura, ven o te arrepentirás. – me amenazó intentando mirarme con una mirada la mitad de furiosa que la mía. – Os odio, y a ti sobre todo. – dijo mirando a Izzi con lagrimas en los ojos, las cuales solo se distinguían desde mi posición y la de Izzi. – Michael, tráeme ropa de mi taquilla. – ordenó a su novio el cual fue el único en reaccionar de entre toda la multitud.

- Será mejor que te largues. – dijo Izzi, yo no entendía muy bien el porque estaba tan afectado por las lagrimas de mi prima y creo que ni él mismo lo entendía. - ¡Ve con tu perrito faldero! – le gritó cuando Mimi, llorando, comenzó a correr empujando al resto de personas de la cafetería los cuales permanecían inmóviles, aun sin comprender lo que acababa de ocurrir. - ¿Y vosotros que miráis? ¿A caso no tenéis nada mejor que hacer que cotillear? – preguntó marchándose muy enfadado por el lado contrario a mi prima, pero a él le abrieron camino apartándose para dejarle pasar. Y así fue como me quedé en medio del comedor con todos los ojos puestos en mí.

Todos me miraban con envidia, odio, celos, sorpresa, alegría, incredulidad y otros sentimientos haciéndome sentir acorralada entre toda esa gente desconocida. Sentía deseos de correr tras mi prima, pero también quería saber el porque de esa reacción de Izzi, su odio aunque muy cruel parecía forzado para ocultar algo, ese algo que yo había visto durante una milésima de segundo, ese dolor al verla llorar y un dolor aun mayor cuando le dijo que lo odiaba y llamó a su novio (también conocido como el perrito faldero o abrazador profesional), no sabía por donde huir o desaparecer y eso se notó enseguida en cuanto el gentío que me rodeaba comenzó a hablar entre sí, lanzaban rápidas miradas hacia mi posición como si comprobasen que el objeto de sus conversaciones seguía atrapado.

- ¡Yura tranquila ahora te saco de ahí! – me gritó Davis intentando abrirse camino entre todos esos adolescentes cotillas. – Tú intenta tranquilizarte. – me pidió al ver como mis manos temblaban, comenzaba a dar vueltas sobre mi misma intentando esquivar todas esas miradas y como buscaba esa ayuda amiga que no llegaba.

- Yura respira hondo que pronto estaremos contigo. – intentó calmarme Ichijouji, desde el día de mi cumpleaños habíamos afianzado un poco nuestra "amistad forzosa" y había descubierto que no era un mal chico. – Yolei y yo estaremos ahí contigo enseguida. – mintió, estaban incluso mas lejos que Davis y no conseguían avanzar entre toda esa gente.

- ¡Chicos! – grité intentando abrirme camino, pero daba igual por donde intentase pasar en todos los sitios me cerraban el paso, se callaban y me miraban con miradas asesinas. – Por favor… yo solo… ¡Quiero salir de aquí! – grité pero nadie se movió.

- ¡Yura! – gritó alguien desde la puerta por la que había salido Izzi. - ¡¿Qué demonios pasa aquí? – preguntó Tai creando a su alrededor una burbuja sin gente de un metro, que avanzaba con él con cada paso que daba. - ¿Estás bien? Ya ha pasado todo, estoy aquí, tranquilízate y dame la mano. –Fue solo un susurro pero lo dijo tan convencido de ello que me convenció y le di mi mano temblorosa. La agarró con fuerza pero sin llegar a hacerme daño y me guió con su burbuja protectora hasta el patio por la puerta trasera por la que había entrado. - ¿Qué ha ocurrido? ¿Alguien te ha hecho daño? – mis ojos rompieron en llanto ahora que no nos veía nadie. – Ya está, ya pasó, estoy contigo y nada te puede hacer daño ¿me entiendes? Nada te puede hacer daño si yo estoy contigo. – me dijo abrazándome fuerte contra él para intentar calmar mis fuertes y sonoros sollozos y creo también era para no verme llorar.

- Gracias por todo. – dije entre sollozos. – Gracias, Ta…Taichi. – noté como suspiraba y luego comenzaba a reírse como si fuera la situación más graciosa y cómica del mundo lo cual me hizo enfadar. - ¿Qué te hace tanta gracia? – y me olvidé de porqué lloraba.

- Yo… - seguía riendo, pero me di cuenta de que no se reía a gusto mas bien se reía con nerviosismo. – Me doy risa… - dijo aun con esa risa llena de nerviosismo.

- ¿Por qué? – pregunté alzando una mano hacia su cara lo cual frenó por completo sus carcajadas incontroladas. – No consigo entenderte… tienes complejo de superhéroe y luego… luego solo sabes hacerme sentir confusa, algo muy difícil y no… - me miró con temor y expectación, ¿de que podía tener miedo alguien que era capaz de parar una bofetada que iba dirigida a una chica que apenas conocía o de entrar en una cafetería creando un campo de fuerza invisible a su alrededor para salvar a la persona más detestada en el instituto justo delante de todas las personas que la detestan? – no comprendo porque cuando estoy cerca de ti no soy capaz de pensar con objetividad. – cogió mi mano libre con una de sus manos y colocó con suavidad sobre la mano que se posaba sobre su mejilla, casi parecía tenerme miedo.

- Esto no debería ocurrir. – afirmó agarrando con brusquedad mis manos y apartando de él la que le acariciaba la mejilla. – No puedo permitir que te hagan daño por mi culpa. – no comprendía eso, ¿creía Tai que lo de la cafetería era culpa suya?

- Tranquilo, ella sabe meterse en problemas por si sola. – dijo Davis desde la puerta de la cafetería, lo que me devolvió totalmente a la tierra. – Que seas mi capitán no te da derecho a ejercer de superhéroe con mi amiga. – dijo con una mirada sombría que nunca había visto en él. – Y yo tampoco permitiré que la dañen por tu culpa, Tai. – dijo acercándose a nosotros mientras Tai me soltaba cabizbajo y retrocedía un paso, pero mi mano actuó con voluntad propia y lo agarró de la muñeca para evitar que se fuera.

- A mí nadie me va a dañar por tu culpa, así que ¡Callaros! – ordené a los dos chicos los cuales sonrieron con la misma media sonrisa. Tai se escapó de mi agarre y se giró aun con esa media sonrisa dispuesto a marcharse. - ¡Prometiste que me cuidarías! ¡Y tú dijiste que siempre cumples tus promesas! – grité desesperada para que dejase de avanzar en sentido contrario de mi posición y lo conseguí, paró en seco.

- Cuídala, prometí algo imposible. – dijo Tai sin girarse a decir aquello. – Y tú no te me tas en líos, que no soy un superhéroe de verdad, solo soy de pega. –dijo con un intento de sonar animado. – Si la veo deprimida y me entero que es por tu culpa te… te… primero te echaré del quipo, luego te haré la vida imposible y finalmente te mataré ¿entiendes? – dijo girándose completamente serió. – Evita que nadie le haga daño, por favor. – le suplicó volviendo a caminar alejándose de nosotros. Davis me abrazó por detrás y yo intenté soltarme para seguir a Taichi.

- ¡Si ella se deprime o le pasa algo por tu culpa te mataré directamente! – gritó Davis abrazándome aun mas fuerte haciéndome volver la cabeza para mirarle. - ¿Me has entendido, Taichi? ¡Te mataré! – dijo completamente serio. – Vamos dentro que te vas a coger cualquier cosa con el frío que hace aquí fuera y ese idiota es capaz de matarme de verdad. – dijo poniéndome su sudadera sobre mis hombros desconcertándome por completo.

- ¿Qué soy para ti? – se me escapó de los labios asustándome de oír mi propia voz. – Lo siento no debí preguntar eso. – me disculpé pero Davis me hizo parar en seco y me miró a los ojos. Estaba completamente serio y tenía un aura de madurez impropia de él.

- Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, creo que te quiero más o diferente que al resto de mis amigas y amigos pero… - no esperaba oír aquello, muy en el fondo de mi cabeza rondaba esa idea pero no me lo esperaba. Aunque aquello explicaba muchas cosas, todo parecía encajar de golpe, golpeándome como un tiro o un jarro de agua fría. – Pero sé que tú no me quieres como yo te quiero, sé que también has notado esa conexión, esa "telepatía", pero tu corazón ha reaccionado de una forma completamente distinta al mío. – me miró y miró en la dirección en la que Tai se había marchado. – No como con Tai, vuestros corazones se han sincronizado a la primera casi se podía leer en el aire todos vuestros pensamientos. – me sonrojé pero seguía sin entender aquello, ¿tan tonta era que no comprendía mis propios sentimientos cuando los demás los veían tan claros? - ¿No sabes a que me refiero? Entonces, aun tengo una oportunidad. – dijo acercándose mucho a mi cara, sus manos se posaron en mis mejillas las cuales ardieron con su tacto, se estaba acercando mucho cuando…

- ¡¿Qué creéis que hacéis? – dijo Izzi sobresaltando a Davis el cual dio un salto hacia atrás y cayó de culo en el suelo con cara de fastidio. – Vas a llegar tarde a casa Davis y tú tienes que venir conmigo al club de informática que eres la nueva vicepresidenta. – afirmó aliviado, Davis cogió su mochila la cual estaba apoyada contra la pared de la cafetería, se colgó la mochila con gran soltura, le entregué su sudadera, y se marchó en dirección a su casa. – un año mas aguantando a Yolei y sus estupideces sobre que los programas de mezclas musicales deberían venir integrados en todos los ordenadores y ese tipo de chorradas y me volvía loco. – dijo completamente tranquilo, no había ni rastro del Izzi que hacía escasa media hora se había marchado echo una furia dejándome sola entre toda esa gente en medio de la cafetería.

- ¿Estás mejor? – pregunté volviendo a notar ese dolor fugaz que lo había atravesado cuando echó a gritos a Mimi de la cafetería. – Izzi, sabes que puedes confiar en mí. Desde que me junté contigo he dejado de formar parte de la vida de Mimi, desde hace media hora o así, solo tenemos el mismo apellido. Si me podía considerar familia suya ya puedo olvidarme. – Izzi me miró sin comprender aquello. – Te lo explicaré cuando hayamos terminado la primera reunión del club de informática, ¿vale? – necesitaba olvidarme de todo y ser uno con uno de aquellos ordenadores.

- Yo suelo evadirme cuando empiezo a programar. – dijimos a la vez mientras caminábamos. – Es extraño que estemos tan sincronizados. – volvimos a decir al unísono y nos empezamos a reír.

(Narrador Izzi)

- Me alegra haberte conocido – le confesé, ella sonrió con una amplia y deslumbrante sonrisa, de esas suyas que a pesar de estar distraída o no saber muy bien porque sonríe o aunque fuera solo por cortesía eran deslumbrantes y levantan el animo dando fuerzas para afrontar el día a día, como las de una madre o una hermana que siempre te han cuidado sin importar lo que les pase y cuando las miras a pesar de que están sufriendo por dentro solo sonríen y te dicen con la mirada "no te preocupes por mi, eres el mejor así que sigue hacia delante" . – Eres la chica perfecta, me siento muy a gusto contigo y no te pareces en nada a Mimi. – Yura me miró sin comprender lo que intentaba decir con tanta torpeza. – te apetece salir conmigo, ser mi novia. – nos sorprendimos los dos de que yo hubiera dicho aquello.

- Creo que no me quieres como tú pretendes. – me contestó algo avergonzada. – pero si quieres puedes decir que eres mi novio y podemos salir los dos a ver películas, podemos quedar para programar en tu casa o torturar a Mimi y quedar en mi casa. Pero no conseguirás quererme de la misma manera que la quieres a ella. – intenté no entender lo que acababa de decir pero por desgracia lo comprendí a la primera. – Y yo nunca te podré querer como ella te quiere, no entiendo… - le tapé la boca y la miré con enfado, odio, y suplica.

- Yo… no… la… quiero. – dije muy lento para evitar golpear algo y conseguir calmarme, miles de imágenes de ese endemoniado ángel que es Mimi me revolotearon por la mente. – La odio con toda mi alma y ella a mí ¿entiendes? – la asusté como había echo media hora antes. – Lo siento. – la solté y ella lo único que hizo fue sonreír y abrazarme.

- Tranquilo, estoy segura de que tienes tus motivos para intentar ocultar tus sentimientos. – resople resignándome a que no podría convencerla de que odio a Mimi como ocurría con mi corazón, que aunque estaba roto todos los pedacitos me gritaban lo mismo que Yura había dicho: "No conseguirás querer a Yura como la quieres a ella, no amaras a nadie como amas a Mimi." – Pero te voy a aclarar una cosa, ella no te quiere… - mi corazón se autodestruyó con aquella afirmación. – Mimi te ama y hoy lo he visto claro, le ha dolido más que me defendieras y a ella la trataras como a la mala que el echo de que yo te ayudase a humillarla, ya la has visto llorar al decir que te odiaba más que a nada en el mundo. – esos datos se podrían considerar validos y le daban la razón pero Mimi y yo prometimos que nos odiaríamos, mas ¿por qué no podía por más que lo intentaba? – Quita esa cara de: "no te entiendo" y escucha atentamente Izzi. – me ordenó Yura sacándome de mis pensamientos. – Ella nunca te querrá… - volví a sentir ese comienzo de autodestrucción, que me confundía. – Ella te ama casi tanto o mas de lo que tú la amas – esas palabras comenzaron una reacción inesperada y más en mi persona, abracé a Yura completamente eufórico y ella comenzó a saltar de alegría creando una escena completamente cómica. – No has sido fácil de pillar Izumi, casi creí haberme equivocado con respecto a ti. – Me quedé completamente inmóvil, acababa de meter la pata hasta el fondo.

- No, no, no y no. – grité muy nervioso por la forma en la que esa chica sin casi conocerme había conseguido sonsacarme algo de lo que ni yo mismo sabía con certeza hasta entonces. – Mimi y yo no nos podemos enamorar… porque somos demasiado opuestos. – intenté justificar mi argumentación, pero lo único que obtuve fueron carcajadas por parte de aquella pelirroja que ahora que estaba intentando comprenderla me fijé en que me sacaba casi una cabeza, sus ojos color miel eran idénticos a los de mi madre en todas las fotos que tenía de ella, con esa calidez y ese humor, tenía un lunar casi imperceptible en el labio superior y su pelo estaba escalonado de tal manera que sus puntas quedaban alborotadas en una melenita a la altura de sus hombros, lo cierto es que era preciosa pero no me resultaba atractiva en el sentido obsceno de la palabra. – Al final tendrá razón y todo y estoy demasiado enamorado de esa bruja. – susurré y suspiré sin que me oyera.

- Los opuestos se atraen – contestó Yura que no había oído mi ultimo comentario. – Los que se pelean se desean o si no a escondidas se morrean. – comenzó a canturrear saltando como una cabra loca a mi alrededor. - ¡Mi mochila! – dijo parando en seco y entonces fui yo el que comenzó a reír como un tonto. – No le veo la gracia, es mi primer día y ya he perdido mi mochila con todos los libros.

- Toma, loquita mía. – le entregué su mochila diciendo aquello con voz cansina, reprimiendo la risa al ver su expresión de alegría contenida y las centellas que desprendían sus ojos. Llevaba ese lastre desde que fui a buscarla después de mi "extraño encuentro con Taichi" el cual explicaré cuando vea oportuno. – Alguien me dijo que ni te acordarías de este lastre vergonzoso. – dije refiriéndome a la mochila azul con florecillas naranjas y blancas.

- ¿Vergonzosa? – preguntó mirando aun con ojos centelleantes a la mochila como si fuera un príncipe azul. – ¿mi mochila es vergonzosa? Creí que era bonita, a mi me gusta, me recuerda al mar. – sonreía otra vez con un afecto y una calidez propios de las madres, hermanas mayores o de… Sora. Intenté que mi ternura hacia ese gesto no se reflejase en mi cara pero es que estaba tan mona cuando hacia eso que daban ganas de pellizcarle las mejillas como hacen las viejas.

- ¿Eres familia de Takenouchi? – Preguntamos después de un rato mirándonos, otra vez fuimos muy coordinados y lo dijimos al unísono, por lo que comenzamos a reír.

- No lo sé – contestó ella abrazando su mochila con dolor y esperanza en los ojos, pero sin borrar esa sonrisa preciosa que tenía. – Pero… te he dicho que te explicaría todo después de la reunión del club de informática. ¿O no es verdad? – La observaba con curiosidad, parecía tan vulnerable como el idiota de Taichi, pero ella al darse cuenta de cómo la miraba sonrió casi riéndose y miró al fondo del pasillo donde el gigantesco chaval de primero, Ken Ichijouji, hablaba con mi mejor amiga en este mundo, Yolei "la loca" Inoue. - ¡Ken, Yolei! – Saludó al par de empollones que conversaban de algo aparentemente interesante. - ¡Hola! – volvió a gritar, me hizo sonreír enternecido pero antes de que pudiese reaccionar me agarró del brazo y me arrastraba por el pasillo a toda velocidad. - ¿Vas a decirles que soy tu novia o ya se te a pasado la tontería? – me preguntó a un par de metros de la pareja de superdotados.

- Claro que se lo voy a decir. – contesté agarrándola de la mano lo cual sorprendió muchísimo a Yolei a la cual no solía mostrar mi afecto tanto como debiera. - ¡Yolei! ¿Sabes que…?

- No, solo sé que tú tienes las llaves de la sala de informática y no podemos entrar si no abres. – contestó mi amiga frotándose los brazos de frío. Pero Ichijouji, como un perfecto "caballero" le prestó su chaqueta. – Mm… esto… gracias. – dijo Yolei completamente roja y sin palabras, cosa extraña en ella.

- ¡Yura y yo somos novios! – grité al ver como ese par se acercaban demasiado, y al terminar la frase Yura se abrazó a mi agachándose para reírse en mi oreja. – Anda no te rías y… - de pronto toda mi alegría se esfumó, porque mi principal preocupación había girado la esquina del pasillo y se hallaba detrás de Yura completamente pálida con una expresión que yo conocía bien. Mimi tenía la expresión que mi cara adoptaba cada vez que me asomaba por la ventana y veía como se besaba y se abrazaba con Michael, su corazón se estaba agrietando y casi podía oír el ruido de sus tejidos cardiacos desgarrándose y su mundo se acababa de derrumbar dejando únicamente un vacío y una nada inmensas y desgarradoras. - …Mimi… - susurré aun pegado a la oreja de Yura y ella al leerme los labios retrocedió un paso chocando con Sora la cual había pasado desapercibida.

- ¿Qué pasa con Mimi? – preguntó Yura aun abrazada a mí y agachada para que su cabeza estuviera a la misma altura que la mía, no se había dado cuenta de la llegada de su prima y mucho menos sabía la expresión que esta tenía. – Mimi… - se giró separándose de mí pero sujetando mi mano, lo cual terminó de destrozar a Mimi. - ¡Mimi! – Gritó cuando la castaña salió corriendo por donde había aparecido ignorando a Sora.

- No creo que quiera hablar con nadie y menos con vosotros. – Sora habló por fin mirándome como si estuviera preocupada por mí en vez de por su amiga. – esperad a que la calme y por cierto… ¡felicidades por vuestro noviazgo! – sonrió con esa sonrisa tan suya llena de afecto y calidez. - ¡Ah! – dijo cuando se marchaba girando sobre si misma para volver a mirarnos. – Ken, después tenemos una "reunión" no faltes. – hizo un gesto desganado de comillas con los dedos – Nos vemos.

- Adiós – dijeron todos con una sonrisa, era una cualidad que solo Sora poseía y que en ese momento no pudo hacer efecto en mí porque estaba plantado en el sitio sin saber que hacer, con unas ganas de correr tras Mimi lo cual mi cabeza impedía por cuatro simples palabras: "No es tu Mimi" - ¿Entramos? – preguntaron todos con una gran sonrisa y me vi obligado a falsear una y fingir que no sentía nada. Aunque las llaves las tenía yo le hice un gesto a Yolei para que me las pasara.

- ¡Las tienes tú, mendrugo! – me gritó y yo le saqué la lengua. – Como se nota que Yura te ha dado fuerte, normalmente me hubieses intentado arrancar la cabeza. – Yura se rió pero Ichijouji por el contrario me fulminó con la mirada. – Ken ¿Sabes algo de programas informáticos de música? – le preguntó a Ichijouji lo que preguntaba a todos los nuevos miembros del club antes de que no volvieran a pisar la sala de ordenadores y una sonrisa asomó en mi cara

- Vamos Izzi – me llamó Yura - No me harás presentarme como lo han hecho en todas las clases ¿verdad? – recordé mi "extraño encuentro con Taichi" y entré cerrando la puerta tras de mí como si así pudiese evitar pensar en todas las cosas raras que habían pasado hasta entonces en un solo día.

En el siguiente capitulo (3-Escoge y fallaras.)

- Los populares no se pueden mezclar con la escoria como tú.

- Te entiendo, yo también soy adoptada. No soy una Tachikawa de verdad.

- ¿Por qué me traicionas? Tú que has sido como una hermana para mí, me lo pagas haciéndome esto, no me esperaba esta puñalada trapera y menos de ti.

- Suéltame, ¿no has entendido que yo nunca he querido ser tu amigo ni nada por el estilo?

- Esto esta mal, tú tienes novio y yo… no quiero incumplir mis promesas solo porque lo deseo con toda mi alma.

Nota de la autora:

gracias a los que leeis esta historia, se agradecden los reviews (aun que lo que pongais sea un simple espero la conti). en dos capitulos estaran presentados todos los personajes, y despues de eso la historia de porque Mimi e Izzi se odian

os dejo unas preguntas para que penseis en ello:

¿Comprenderá Davis que Yura solo lo quiere como a un amigo? ¿Y tai, le explicará a Yura porque no pueden estar juntos? ¿estará enamorado de otra persona?

¿Que hara Mimi para alejar a su prima de Izzi? ¿Y que le dirá a Ken en esa reunión? ¿creeis que Mimi se va a quedar de brazos cruzados viendo como todo se le desmorona?

todo esto y más en los proximos capitulos de "Yo soy Yura" nos leemos

Lokaria Akire