Capítulo 1: Llegadas inesperadas.

El príncipe Legolas se levantó muy temprano esa mañana para ir a visitar a su viejo amigo. Salió de su casa con los primeros rayos del sol, y se sumergió entre las blancas calles de Ithilien. Vivía en el barrio élfico de la ciudad, que él mismo había fundado hacía ya algunos años. Todos los elfos con los que se topaba por su camino se paraban ante él y se inclinaban en una profunda reverencia, mostrándoles sus respetos a su príncipe. Legolas les sonreía e inclinaba la cabeza a modo de respuesta.

Poco a poco, sus pasos lo dirigieron hacia el sur del feudo, a la parte de la ciudad que habitaban los hombres. El bello elfo nunca se había dejado de asombrar por las raras costumbres y vestimentas de aquella gente tan distinta a la suya; pero, a la vez, intentaba no mezclarse mucho con ellos, pues, aunque no sentía ninguna falta de respeto hacia esa raza, se sentía demasiado fuera de lugar en esos ambientes.

Así, bajando y bajando, llegó a un hermoso pero a la vez humilde palacio, construido en piedra caliza. Subiendo los escalones de la entrada, le pidió a los guardias de la entrada permiso para pasar, y ellos se lo aceptaron sin reservas. Todos allí conocían ya de sobra el rostro del príncipe elfo.

Legolas avanzó por el corredor central, hasta llegar al salón del trono. Allí, en el centro, vio al príncipe Elboron, que parecía estar esperando a que sus progenitores bajaran.

-Elboron - lo saludó el elfo, con una inclinación de cabeza.

-Buenos días, Legolas - lo saludó el chico a su vez.

-¿Tú también vienes?

-Claro que sí. Estoy esperando a que mis padres terminen de arreglarse.

Legolas observó con detenimiento al joven posicionado ante él. Elboron era un adolescente de dieciséis años, aunque aparentaba más edad. Tenía el cabello rojizo de su padre, y los ojos color miel de su madre. Sin embargo, lo que no había sacado de ninguno de los dos, era su humildad.

Elboron por lo general era un chico formal y que sabía guardar los papeles; pero Legolas, al igual que otra mucha gente, sabía que eso no siempre se cumplía. El joven príncipe tenía en verdad un carácter molesto e irascible, se podría decir que hasta violento, si se le cabreaba; lo cual, a medida que crecía, ocurría más a menudo. Tenía una personalidad narcisista y ególatra; pero lo que peores vibraciones le proporcionaba a Legolas de ese muchacho, era que le encanta controlar a la gente. Sabía captar las debilidades de las personas rápidamente, y, como una sombra, se posicionaba a su lado, susurrando en sus oídos calumnias sobre los demás, conjeturando contra ellos, aunque fuese sólo por gusto. Legolas relacionaba un tanto aquel carácter orgulloso y controlador con Denethor, el padre de Faramir, y con Boromir, su hermano.

Además, Elboron era hijo único. Éowyn había quedado embarazada otras tres veces, pero dos de ellas acabaron en abortos, y otra en un parto fallido. Los médicos le habían dicho que ya no podría tener más hijos, a no ser que ocurriera un milagro; dicho milagro no había llegado. Así, la mujer fuerte y valiente que Legolas había conocido tiempo atrás, había deteriorado tanto física como mentalmente; y depositaba ahora en su hijo todas sus esperanzas de ser feliz. Faramir, el único medianamente cuerdo que quedaba en esa familia, intentaba ahora llevar las riendas de su esposa y de su hijo. Pero era una misión muy difícil de llevar a cabo.

-Está bien - asintió el elfo. -Esperaré a tu lado, pues.

Los príncipes de Ithilien no tardaron mucho en llegar. Legolas miró con una infinita pena a la sonrisa demacrada de Èowyn, la cual estaba cada vez peor.

-¡Legolas! - lo saludó ella, corriendo a abrazarlo. - ¡Cuánto tiempo sin vernos!

-No he podido eludir mis responsabilidades últimamente para venir a veros - la abrazó él, intentando traspasarle fuerzas.

-Legolas, amigo mío - habló Faramir, extendiendo sus brazos.

El pobre hombre tampoco estaba mucho mejor que su esposa. Faramir había envejecido mucho desde la última vez que lo hubo visto.

-¿Qué tal os va, Faramir?

-Bien, bien. No nos podemos quejar - una sombra de tristeza pasó fugazmente por los ojos del hombre. Ya simplemente se contentaba con que las cosas no fueran a peor.

-Bien, será mejor que vayamos, ¿no? Aragorn estará más que impaciente por presentarnos a su nueva princesita.

-¡Oh, qué linda! - exclamó Èowyn, estrechando sus manos. -Ya mismo tendremos nosotros una niña como ella, ¿verdad, Faramir?

El elfo miró de reojo al príncipe, pero él le negó con la cabeza, pidiéndole que no hiciera ningún comentario.

Los cuatro salieron del palacio y se dirigieron hacia las cuadras.

-Legolas, ¿no tienes caballo?

-Mi montura está herida. El pobre animal tuvo una mala caída la semana pasada.

-Está bien, te daremos otro. Elboron, tu caballo es más grande que el nuestro, y Legolas es bastante alto. ¿Por qué no se lo dejas y te coges tú otro?

-¿¡Cómo!? Ni hab... - el joven príncipe calló a tiempo. - , Legolas.

El rubio sindar subió al animal, mientras rodaba los ojos ante la actitud egoísta del infante.

Los cuatro jinetes salieron rápidamente del feudo, mientras se dirigían a la alta y bellísima ciudad blanca de Minas Tirith, capital del reino. Legolas aún se asombraba de la magnífica arquitectura de ese lugar.

Redujeron el paso cuando entraron en la ciudad, y fueron subiendo con lentitud los siete niveles en los que se dividía, mientras la gente se hacía a un lado para dejarlos pasar. Finalmente, llegaron al gran patio en el que florecía el árbol blanco de Gondor. Una figura masculina los esperaba en la puerta de la ciudadela.

-Pensaba que ya no llegabais - los saludó, con una risa.

-¿Tan tarde llegamos? - rió Faramir, bajando del caballo.

-Eldarion - saludó Legolas al joven, posando una mano sobre su hombro. -Cuánto me alegro de verte.

Eldarion era el hijo mayor del Rey de Gondor; el único varón, y heredero al trono. Tenía dieciocho años, pero su constitución larguirucha y delgada le hacían parecer menor; es más, Elboron parecía tener más edad que él. Tenía el pelo castaño cayéndole a ambos lado de la cara, y una hermosa sonrisa en el rostro. Eldarion era leal, bondadoso, increíblemente noble, e intelectual. Tenía un corazón de oro y un alma pura. No se parecía en nada a Elboron; y, aunque de pequeños ambos habían sido grandes amigos, la edad los había ido distanciando el uno del otro. Ahora, ni siquiera se llevaban bien; y Eldarion últimamente mandaba miradas furiosas a su antiguo compañero de juegos; nadie sabía por qué.

-¿Y tu padre? - preguntó el elfo rubio.

-Con mi madre, claramente. Venid, os llevaré allí.

-¿Después de tantos partos y sigue a su lado hasta que pueda salir de la cama? - preguntó Elboron. -Parece que aún no se ha acostumbrado.

-Si nosotros tuviéramos que dar a luz, seguro que agradeceríamos con creces que las mujeres se quedaran a nuestra vera - le respondió Eldarion. Legolas sonrió para sí.

-Por lo que veo tienes una hermanita nueva, Eldarion.

-Sí, Faramir. No doy para más abasto. Les voy a empezar a exigir a mis padre una paga de niñero.

-Si tienes que estar encantado - dijo Legolas. Eldarion sonrió a modo de respuesta.

Los cinco entraron en el blanco palacete donde vivía la gran familia real de Gondor, y pidieron permiso con los nudillos para entrar a una habitación situada al fondo de la estancia. Fue el propio rey el que les abrió la puerta, con una enorme sonrisa en su rostro.

-No hagais ruido - les dijo, antes de que ninguno pudiera abrir la boca. -Le molestan las voces fuertes.

Así, todos entraron en la espaciosa habitación de la reina Arwen, y se encontraron a la elfa sentada en la cama, con mirada cansada, sosteniendo un bultito en brazos.

-Arwen -se adelantó Éowyn, posicionándose a su lado. -Qué alegría nos ha dado esta noticia.

-Ya van seis hijos - rió Faramir. -¿Cómo te las apañas?

-Una llega a acostumbrarse - le sonrió ella, mientras su marido agarraba su mano y se la besaba con suavidad.

-Es una campeona. Ambas son unas campeonas.

-¿Otra niña, Aragorn? - preguntó Legolas.

-Sí. Eso parece. Arwen está encantada.

-¿Acaso tú no?

-Claro que sí, pero me hubiera gustado tener otro hijo más.

-Bueno, aún tenéis más intentos -bromeó Faramir.

-Por favor, ¡no! - exclamó Eldarion. -¿Quién te crees que tiene que cuidarlas después?

Todos rieron con ese comentario.

-Mirad, parece que se está durmiendo.

En efecto, la pequeñísima niña comenzaba ya a cerrar sus ojito, arrulada entre los brazos de su madre.

-Necesita descansar. Y yo también. No es por echaros, pero...

-Lo entendemos, Arwen - rió Faramir. -Venga, salgamos.

Todos los presentes salieron de la habitación, y Aragorn fue el último en cerrar la puerta tras de sí.

-¿Qué os parece si vamos a tomar algo? Estaréis hambrientos.

-Sedientos, más bien.

-Eso tiene fácil solución. Venid conmigo. Mandaré que nos traigan algo.

Un rato después, los seis estaban sentados a una larga mesa, con comida y bebida de sobra a su disposición. Legolas, como de costumbre, comió y bebió lo justo para saciarse.

-Te felicito, Aragorn - le sonrió el elfo. -Me alegro infinitamente por tí.

-Bueno, lo cierto es que después de tantas veces no me lo tomo como algo raro- rió el rey. - Gracias a tí, Legolas, por venir. (...) Y... dime... ¿No has pensado tú en...?

-¿En...? -preguntó él, levantando una ceja.

-Ya sabes, en formar tu propia familia.

-¿Con quién? - rió el elfo.

-No sé, con alguna elfa que hayas conocido últimamente.

- A todas las elfas a las que veo las conozco desde hace centurias. Y no hay ninguna por la que sienta nada especial.

En ese momento, las puertas del salón se abrieron, y cuatro muchachas entraron por ellas. Todos los comensales se levantaron de sus asientos en señal de respeto. Eran las princesas de Gordor.

-Hijas- dijo Aragorn. -Venid. Acompañadnos.

Caitlin, la más pequeña, de sólo seis años, se sentó sobre las rodillas de su padre. Ariden, de diez años, se sentó muy al lado de su hermano mayor. Merith, de catorce años, se sentó a la izquierda de ésta; y Morwen, la más mayor, ocupó un asiento al lado de Faramir. Las cuatro eran castañas con ojos azules, como sus padres.

-Caitlin, cielo, saluda a Legolas -e dijo Aragorn a su niñita.

-Está muy mayor - sonrió el elfo.

-Sí, y muy bella. Está un poco celosa por haber dejado de ser la pequeña de la familia. Es lo normal.

Aragorn levantó la mirada, y rodó sus ojos a lo largo de sus cinco hijos.

-Los quiero con un amor infinito. A todos. Son lo mejor de mi vida.
Legolas miró a su vez a los príncipes de Gondor, y sintió una gran congoja en el corazón. En cierto modo, envidiaba la vida de su amigo.

-Yo soy mayor, Aragorn - dijo él. -Y créeme si te digo que me gustaría estar en la misma situación que tú ahora mismo. Pero. .. ¿Cómo voy a empezar un futuro... si apenas tengo un pasado?

-¿Legolas? - le preguntó su amigo, extrañado.
Pero su conversación fue de nuevo interrumpida por el sonido de la puerta abriéndose.

-Pero ¿¡Qué modos son estos de recibirme! ? ¡Menudos amigos!

-¡Gimli! - se levantaron todos a la vez.

-Espero que me hayáis guardado algo de comida, porque si no...

-¡Ven ahora mismo! - exclamó Aragorn, abrazandolo con fuerza. -Pero ¿que te trae por aquí?

-Bueno, he oído que mi amigo ha tenido otra hija más. ¡Qué campeón estás hecho!

Legolas vio con el rabillo del ojo como la princesa Morwen rodaba los ojos ante ese comentario.

-No digas sandeces. Sé de sobra que las noticias no han podido llegar a ti tan rápidamente. Dime, ¿qué te trae aquí?

-Bueno, pensaba guardármelo para más tarde; pero, ya que insistes...

Bueno, esta es una historia un tanto extraña en la que he estado pensando últimamente. Sé que el summary no es muy completo, y que el argumento puede dejar mucho que desear… pero espero que sea de vuestro agrado.

Aviso, que este fic va a estar lleno de OCs y paisajes y lugares inventados (como creo que puede deducirse), por lo que lamento si en algún punto puede resultar algo lioso y difícil seguir el hilo.

Me gustaría mucho saber las opiniones de los lectores, tanto si son buenas como si son constructivas ^^ Estoy abierta a todos los comentarios (excepto los desagradables; por favor, repito, acepto críticas constructivas, pero otra cosa son las destructivas. Si créeis que he de mejorarla en algún aspecto, por favor, mostrad vuestros argumentos educadamente).

Espero que la historia sea de vuestro agrado, y que disfrutéis leyéndola tanto como yo escribiéndola.

(Y sí, si os lo estáis preguntando, es una historia Legolas/OC; ¿cuál será esa OC? Ahhh…)

Muchos besos y muchas gracias por todo ;)