Disclaimer: Nada me pertenece, salvo ideas. Personajes y demás a Jotaká.


Cuando salió de su asombro cerró la puerta tras de sí, y se tomó la poción.

A los pocos segundos, comenzó a notar como su cuerpo volvía en sí: los oídos dejaron de zumbarle, la cabeza de dar vueltas y la voz era normal. Perfecto, pensó.

Se dirigió hacia el baño. Si bien interiormente no quedaban rastros de alcohol en ella; su reflejo demostraba lo contrario.

Llenó la espaciosa bañera con sales y demás, y cuando la temperatura estuvo a su agrado se metió en ella.

Genial.

Esa bañera era eso: genial. Era espaciosa y profunda; además le cubría el pecho y las rodillas a la misma vez,

Cerró los ojos un momento, y su mente divagó por diferentes lugares.

Snape. ¿Qué carajo hacía Snape llevándole poción para la resaca? ¿Por qué lo hacía? Para él, estaba segura, no era otra cosa que una profesora más.

Encontró el gesto amigable, incluso. Es más, si no hubiera sido por el jodido murciélago de las mazmorras, habría tenido la humillante tarea de pedírsela a Madame Pomfrey, lo que aseguraba que el resto del cuerpo docente lo supiera. La medimaga era excelente en su profesión, pero los chismes le encantaban, y pocas veces podía guardarse para sí los detalles jugosos de sus pacientes.

Alrededor de media hora después salió del baño envuelta en una gran toalla color negro. Hablaría con Minerva esa mañana, decidió. Todas sus toallas eran negras.

Rebuscó en su armario y sacó una túnica. Luego se movió a la derecha, topándose con una cómoda, de la cual extrajo ropa interior.

Se vistió rápidamente y se aplicó un hechizo secador en el pelo para enseguida recogerlo en un sencillo moño.

Saliendo del cuarto miró su reloj de pulsera y caminó con ligereza hacia el Gran Comedor. Ella no era de las que llegaban tarde y sólo unos escasos diez minutos la separaban de hacerlo por primera vez.

Al bajar las escaleras, se encontró con la mirada de quién había llenado la mayoría de sus pensamientos esta mañana.

-Profesor Snape, me gustaría…-

-Ahórrese su agradecimiento, Granger. Lo hubiese hecho por cualquiera-

-Aún así, gracias-

-¿Tenía que darlas, verdad?- preguntó levantando la ceja, en un gesto típico de él.

-En realidad, dudo que lo hubiese hecho por cualquiera-

Él no contestó. No por unos segundos en que a la castaña se le hicieron eternos.

-De todas maneras, Granger ¿Qué le llevó a beber como una condenada?-

-Los alumnos de séptimo- confesó en un susurro, sintiéndose bien por contarle a alguien sus "tragedias". Además, ese alguien también había dado clases desde muy joven, así que... ¿Quién mejor que él para entenderla?

-Granger, procure no perder el control así sin más, de lo contrario ellos acabaran con usted-

-Es que no lo entiende. Los Ravenclaw de séptimo comparten clase de Transformaciones con Slytherin. Su casa me hizo la clase infernal-

-Debe cortarlos en seco. Muéstreles que es usted quién manda, la que tiene el control sobre ellos-

-No es tan fácil...-

-Lo sé, aún así debe de intentarlo, Granger-

Entre charla y charla entraron al Gran Comedor conversando.

El desayuno pasó sin ningún incidente. Dos horas más tarde tenía que darle clase nuevamente a la casa de las serpientes, por lo que decidió frenarlos.

Snape tenía razón. En todo.

¿Quién lo diría? Snape dándome consejos, pensó la chica

Al entrar al aula, Hermione miró a la clase fijamente.

-Antes de empezar la clase quiero dejarles algo en claro. Aquí la autoridad soy yo. A mí deberán remitirse como Profesora. No toleraré comportamientos como el de ayer. Las cosas se harán como yo diga. Si tienen dudas, no pongan ninguna objeción en preguntar.- La clase quedó muda- Bien, ahora abriremos la página 7 del libro, y empezaremos con el curso-

Sí, efectivamente Snape tenía razón.


Terminó la clase en total paz y armonía. Vaya que una buena advertencia daba sus frutos.

Debería agradecerle a Snape.

Era el segundo agradecimiento en lo que iba de curso. Es decir, en dos días.

Pensar en su oscuro profesor de Pociones la ponía nerviosa. No sabía por qué.

Desde que era una simple estudiante, había sentido hacía él más cosas que el simple odio que le profesaban sus compañeros. Un dejo de admiración se dejaba entrever también. No era para menos. Era uno de los mejores pocionistas que conocía y había arriesgado su pellejo como nadie durante la Guerra.

Llegó hasta su dormitorio y se recostó un momento. Estaba a punto de dormirse cuando un grito de "Hermione" la levantó.

Se dirigió hacia la chimena, lugar de dónde provenía el ruido, y vio la cabeza de un hombre de pelo negro azabache y brillantes ojos verdes.

-Hola, Harry-

-Hola, Hermione. ¿Cómo va esto de ser profesora?-

-Bien, no me quejo. Además todos me recibieron con entusiasmo-

-Me alegra escuchar eso. James te extraña mucho-

-También yo. No veo la hora que llegue el sábado-

Ese sábado, había quedado con Harry y Ginny para pasear por Hogsmeade a hablar de la primera semana de trabajo de Hermione, y para que la castaña pasara tiempo con su ahijado. Después de que terminó la Guerra, Harry y Ginny no habían perdido tiempo y habían tenido al pequeño James, que era la alegría de todos, sobre todo de Hermione, quién aceptó encantada cuando le propusieron ser la madrina.

-Hoy es miércoles. Los días se pasan rápido- le dijo el niño-que-vivió-

-Es cierto. Estoy exhausta. Estaba a punto de dormir cuando me llamaste-

-Oh, no quise interrumpir tu sueño-

-Harry...-

-No es nada, Hermione-

-Harry-

-¿Qué?-

-¿Qué va mal? Lo noto-

-Ginny- suspiró bajito. Parecía avergonzado.

-¿Qué? ¿No estará enferma, verdad? Por cierto ¿Dónde está ahora?-

-No. No está enferma. Y ahora está en la Madriguera con Molly, por eso aproveché para hablarte-

-Entonces ¿pasa algo entre ustedes?-

-¿Nunca has sentido qué haces algo sólo porque los demás lo esperan de tí?-

-Sí...-se detuvo un segundo a pensar- ¿Te casaste con Ginny por "los demás"?- preguntó la castaña hilvanando las ideas.

-Empiezo a creer que sí, Hermione. No es que discutamos ni nada, pero esto no parece un matrimonio-

-Harry...-

-Lo sé. Debo de pensar en James...- suspiró.

-No iba a decir eso. Iba a decir que debes hablar con ella-

-No. Planeo dejar las cosas como están, al menos por ahora. Más adelante veré-

-Pero Harry, tienes que...-

-No, Hermione. Déjalo, en serio. Sólo quería contartelo.-

-Está bien. Me alegra que confíes en mí, Harry-

-Bien, debo irme. Ginny puede llegar en cualquier momento-

-Adiós, Harry. Nos vemos el sábado- Y la cabeza del chico desapareció del fuego, con una sonrisa triste en la boca.

La castaña se puso de pie. Se sentó en el sillón a pensar.

Todo se venía abajo para su mejor amigo y ella lo lamentaba profundamente, pero se alegraba sinceramente de haber roto con Ron siquiera antes de intentarlo. Ellos jamás hubieran funcionado juntos, eran totalmente distintos.

Miró el reloj de la pared, no valía la pena volver a recostarse. Estaba por ser la hora del almuerzo.

Se encaminó al Gran Comedor. Al llegar, se sentó al lado del adusto profesor.

-Profesor Snape-

-¿Sí, Profesora Granger?-

-Quería agradecerle su consejo. Me fue de gran utilidad hoy-

-No fue un consejo, Granger. Y definitivamente no tiene que dar las gracias-

-Como sea. Quería invitarlo a tomar algo en las Tres Escobas. Sé que los Profesores pueden salir después de las rondas-

-Sí, pueden hacerlo. Y no, no voy-

-Pero...-

-Pero nada, Granger. Buenas noches-

Y sin siquiera terminar de cenar, el mago se retiró.

Hermione maldijo por lo bajo.

Le ganaba una a los estudantes, y lo perdía con Snape.

Batalla ganada, guerra perdida.


Tres meses antes.

Hermione estaba en su casa; leyendo por milésima vez la Historia de Hogwarts.

De repente, una llama verde, que provenía de la chimenea, provocó que dejara de leer.

Minerva McGonagall estaba en su casa. Ahora bien, ¿qué hacía ella ahí?

-Hermione, querida. Que gusto me da verte. ¿Cómo has estado?-

-Bien, gracias profesora- dijo la castaña, incorporándose y dejando el libro sobre la mesita frente a su sillón preferido - Siéntese-

-Gracias- y mientras la exigente profesora se sentaba, fue directamente al grano - Me preguntaba si querrías enseñar en Hogwarts. Aunque traté de enseñar y manejar la dirección a la vez; no lo logré. Estoy muy cansada. No hago otra cosa que pensar en retirarme a descansar-

La chica estaba en silencio. No sabía que decir ¿Enseñar en Hogwarts? ¿Cuándo empezaba?

-Me encantaría, profesora-

-Oh, querida, me alegro muchísimo de escuchar eso-

-Entonces... ¿Cuándo empiezo?-

Esa mañana, Hogwarts lloraba.

Su directora, Minerva McGonagall, se había unido a la selecta lista de cuadros en el despacho del director, justo al lado de Albus.

Severus, quien a partir de ese momento sería el nuevo director no podía creerlo. La vieja no estaba mal. Joder, si hacía menos de una semana que había empezado el curso. Director, joder. Nunca le gustó el cargo.

Y ahora... joder.

No paraba de maldecir. Si había otra persona con más mala suerte que él, que se le parara enfrente.

Ahora, debería dejar de impartir clases para hacer papeles, poner castigos, y esas cosas aburridas que hacen los directores. Y eso también lo dejaba en la incómoda tarea de buscar un profesor de Pociones.

Se encaminó con sus pensamientos hasta el Gran Comedor, donde antes de darle la noticia a los alumnos, tenía una reunión con el plantel docente.

-Siéntense- exclamó Snape.

-Aún no lo puedo creer-lloraba Sprout- Minerva muerta-

-Es que es de no creer- opinó la profesora más joven de los profesores, Hermione Granger.

-Las causas de cómo murió, la determinará el medimago que ahora mismo está en la habitación. Lo que tenemos que hablar ahora es acerca de los cambios en el profesorado-

-¿Qué cambios? Falta un profesor de Pociones nada más- con voz chillona habló el profesor Flitwick.

-Sí, y aunque no lo crean no es fácil encontrar un profesor de Pociones- Snape bufaba. ¿Acaso aquellas personas pensaban que los buenos pocionistas salían de la lluvia?-

-Yo tengo la solución. Harry-

-No, Granger.-

-Sí, usted sabe que para ser Auror él estudió Pociones. Además los alumnos lo adorarán y respetarán a partes iguales-

-Sí, ¿Y la familia de Potter? ¿Pretende que su esposa e hijo vengan a vivir aquí?-

-Bueno... creo que Harry no echará de menos a Ginny-

-¿Qué? ¿Pasó algo?- preguntó curiosa Sprout dejando de llorar enseguida.

-Nada, nada- y la castaña dirigió la mirada hacia Snape- ¿Y bien?-

Severus resopló.

Harry Potter sería el nuevo Profesor de Pociones.


No se acostumbren a actualizaciones tan seguidas, xD