N/A: Muchas gracias a todos por leer y comentar... En las advertencias, no dije nada del vocabulario... No sé si será cosa momentánea o se repetirá a lo largo de la historia, pero habrá palabras malsonantes...

Bruja Inocente, muchas gracias. Me alegra saber de ti de nuevo! Se te extrañaba por aquí... Vamos a tener poco de ese lado, pero algo sí... Al final, me conozco y sé que acabará siendo un tonto enamorado... Pero mientras aguante con su lado "malote"... Espero que te guste el capítulo... Besos


CAPÍTULO 2: LA APUESTA

– Vamos cariño... Sé que te mueres por estar contigo y que el único motivo por el que estás en el Club del Celibato es porque crees que no puedes tenerme pero... ¡Sorpresa! Estoy disponible, si tú quieres. – El castaño sonrió de manera presuntuosa.

– Preferiría estar muerto. – El ojimiel respondió y se escuchó varios abucheos a su alrededor, por parte de los compañeros de equipo del otro, que estaban escuchando la conversación.

– Lo entiendo, te gusta hacerte el difícil... Puedo lidiar con eso. – Smythe no se dio por vencido.

– ¡Piérdete! – Anderson lo empujó con fuerza para apartarlo y así poder salir del vestuario. Sam le dirigió a Sebastian una sonrisa burlona antes de seguir a su mejor amigo, orgulloso de que las cosas fueran así.

El castaño se quedó perplejo, viendo como sus compañeros de equipo se burlaban de él. Sintió el brazo de Puck sobre sus hombros y eso sólo consiguió empeorar las cosas. Miró a su amigo, que tenía esa sonrisa que indicaba que no planeaba nada bueno.

– Seb, Seb, Seb... Parece que Anderson no se va a abrir de piernas fácilmente. – El moreno comentó.

– Bueno, igual que Fabray contigo. – El ojiverde contraatacó.

– Nah, yo no lo he intentado con Quinn. Te aseguro que el día que lo intente, la tendré comiendo de mi mano y dispuesta a todo. – Noah presumió.

– Ni en tus mejores sueños. – Smythe hizo un movimiento con sus hombros para apartar el brazo del otro.

– Sabes que tengo razón. – Puck insistió.

– Apostaría contigo pero no tienes nada que yo pueda querer. – Sebastian recogió sus cosas para ir a clase.

– Acepto la apuesta. – El moreno ni siquiera lo pensó.

– ¿Te has golpeado la cabeza? ¡He dicho que no tienes nada que me interese! – El castaño se enfrentó a él.

– A mí. Si tú ganas, podrás hacer conmigo lo que quieras durante un mes. Si yo gano, me quedo tu coche. – Noah estaba muy seguro de lo que estaba diciendo. Confiaba en sí mismo y pensaba que podía ganar. Por su parte, Smythe creía que su amigo estaba loco, pero tenerlo como esclavo era algo muy tentador.

– Acepto. – Sebastian dijo muy serio.

– Tenemos una apuesta.

Los dos jóvenes se dieron la mano, contaban con todo el equipo de fútbol (salvo Evans) como testigos de ese pacto. Después salieron del vestuario para dirigirse a sus clases. El castaño iba pensando en cómo conquistar a Blaine, cómo conseguir que se relajara y meterlo en su cama para ganar esa apuesta. No iba a consentir que Noah Puckerman se quedara con su coche.

Estaba tan concentrado que casi llega tarde a su primera clase. Tuvo que sentarse con un loser al que le había lanzado muchos Slushies a lo largo de los años. Sin embargo, utilizó ese rato para pensar en maneras de conquistar a Anderson. Sospechaba que, mientras Sam estuviera a su lado sería muy difícil pero era casi imposible que consiguiera alejarlo.

Entonces tuvo la idea más inteligente, debía hacerse amigo de Evans. Sólo tenía que encontrar una manera de acercarse, aunque no creía que fuera difícil. El rubio no era muy inteligente, aunque no debería decirle eso si quería que fuera su "amigo".

La clase acabó y recogió sus cosas para acercarse a Blaine que estaba escoltado por Sam (como casi siempre) y Tina, una asiática rara de New Directions. Se fue a acercar pero el moreno salió por la otra puerta para evitarlo. Se sintió algo defraudado, pero no iba a rendirse, era cuestión de tiempo que pudiera acercarse a él.

Sebastian decidió seguir a los tres amigos a cierta distancia. No se sorprendió cuando Cohen-Chang besó la mejilla de Blaine y se alejó, dejando al moreno a solas con el rubio de nuevo. De repente, se acercaron tres Cheerios a ellos. The Unholly Trinity se unió a los dos amigos y se pusieron a bromear, nada fuera de lo común...

Salvo una cosa. Brittany estaba haciendo una especie de baile mientras todos la miraban. Nada raro si no fuera por la mirada embelesada de Sam... Esa información era oro en manos de Smythe. Sabía lo que tenía que hacer para que el rubio confiara en él, tenía que conseguir que Pierce saliera con él. Pero antes tenía que conseguir alejarla de Santana. Todos sabían que la latina estaba enamorada de la dulce animadora y era demasiado "protectora" y no dejaba que nadie se acercara demasiado.

Vio como Puck se acercaba ellos y decidió esperar para saber lo que pasaría con su amigo. Creía que se llevaría alguna mala contestación, como la que Blaine le había dado a él anteriormente.

– Hola preciosa. – Noah dijo mientras pasaba su brazo por los hombros de Quinn.

– Piérdete, Puckerman. – La rubia respondió mientras se soltaba del agarre del recién llegado.

– Vamos, gatita. Sabes que deseas tener una experiencia Puckdeliciosa. – El jugador de fútbol comentó y causó la risa de varios de los presentes. Sin embargo, él no las entendió como risas por el ridículo que estaba haciendo. – Tranquilas... Puckzilla tiene para todas... – Sus ojos se pararon cuando llegó a Blaine. – Para ti no, de momento no he llegado ahí, no estoy tan desesperado...

Sam iba a protestar pero Anderson lo frenó poniendo su mano en el pecho de su amigo.

– Déjalo, es él quien está haciendo el ridículo. No merece la pena.

Sebastian pensó que era el momento de actuar, de intentar ser el caballero de brillante armadura que, tal vez, podría gustarle al otro.

– Puck, ¿te crees muy gracioso? Has insultado a Blaine y te exijo que le pidas disculpas. – El castaño se acercó muy serio, dispuesto a desafiar a su amigo.

– Sé que soy irresistible, pero no debería ofenderse porque a mí no me gusten los hombres. – Noah respondió. Miraba al otro con una ceja alzada.

– ¡Parad! – Santana les interrumpió. – Demasiada testosterona... Y no de la buena. Ni Blaine, ni Quinn, ni Brittany, ni yo estamos lo más mínimamente interesadas en lo machitos que podéis llegar a ser. – La latina los empujó, obligándolos a alejarse para pasar entre ellos. – Os agradecería que no nos involucréis en vuestras guerras de "macho alfa", no es nuestro problema... O bueno, siempre lo podréis intentar con Boca-Trucha...

Smythe y Puckerman se quedaron a solas en el pasillo, mirándose perplejos, sin saber muy bien qué había pasado.

– ¿Por qué te has metido? Iba a conseguir una cita con Quinn para ganar la apuesta y has llegado tú y me has jodido... – El moreno protestó.

– ¿Estás ciego? No había manera en el mundo de que Fabray aceptara salir contigo y... Yo he aprovechado la oportunidad, puede que Blaine me recompense después... – Smythe sonrió de forma presuntuosa.

– ¿En serio? Anderson jamás se abrirá de piernas para ti, es virgen por convicción. Quinn lo es por motivos religiosos... Algo que puede ser "olvidado" en determinadas condiciones... Suerte con eliminar esas ideas de la mente de Anderson...

Puck se marchó dejando a Sebastian muy pensativo. Sabía que en el fondo tenía razón, era muy fácil que alguien olvidara que un buen cristiano no mantiene relaciones antes del matrimonio (hoy en día todos lo hacían) pero era muy difícil olvidarse de que sólo tendrías sexo con alguien que te enamorara. Sin saberlo, Noah le había mostrado que su estrategia era errónea, que tenía que cambiar de actitud. Tenía que ser lo que Blaine quisiera que fuera para conquistarlo. Por suerte, no era demasiado tarde para hacerlo...