Dedicado a Laura Galvis quien me pidió: "Oharano declarándosele a Hirota". Además es la única persona que shippea a estos dos más que yo xD

No hace falta decir que al que personalmente me gusta más ver con Oharano es a Hirota, se me hace una pareja hermosa porque o sea, es la diva más perfecta, con el gordito enojón, ¿qué más bello que eso? :D

¡Espero que les guste!


What he likes the most

Solo había algo en la vida que a Hirota Eiichi le gustaba más que el rugby y eso era la comida. Como buen gordo que era, según sus propias palabras, la comida era su pasión, nada le hacía más feliz ni le llenaba más, en sentido literal y figurado; que degustar deliciosos platillos. Hirota podía vivir feliz y sentirse completo tan solo teniendo su barriga llena y jugando rugby, demostrando así que su sobrepeso no era motivo por el cual avergonzarse, y que más bien era una ventaja en el deporte que también amaba practicar.

Él siempre estaba muy confiado de sí mismo, y se podía decir que vivía tranquilamente, exceptuando porque tenía un carácter sumamente explosivo, y al poder enfadarse muy fácilmente, se llevaba uno que otro disgusto de vez en cuando. Pero nada que le hiciera perder su temple y estima hacia sí mismo.

No había nada más que Eiichi amara más que la comida, o al menos así lo fue hasta su tercer año de preparatoria. Entre los nuevos reclutas de equipo, se encontraba Ooharano Etsugo, un joven que era todo lo contrario a él: esbelto, con una fina cintura, elegante, guapo, serio y calmado. Era además un excelente jugador que comenzó a destacar desde el primer momento. En un principio Hirota no le dio más importancia de la que le dio al resto, pero en determinado momento, algo extraño empezó a ocurrir y fue así como todo cambió.

Inició uno de tantos días en los que estaban en el entrenamiento. Ooharano corría para atrapar un pase, y accidentalmente chocó contra el cuerpo de Hirota, al ser este tan blando, terminó inclusive rebotando un poco, y cayendo. Para Eiichi el choque de un cuerpo tan delgado en contra del suyo no supuso mayor cosa, por lo que no le tomó importancia y se limitó a ofrecerle su mano al rubio para que se levantara. Sorpresivamente para el robusto jovencito, Ooharano le dedicó un "gracias" acompañado de una sonrisa coqueta y un guiño con su ojo. Hirota no supo cómo reaccionar ante aquello y simplemente contestó con un seco "ten más cuidado la próxima vez".

A partir de ese momento, las cosas se tornaron mucho más extrañas para el gusto de Eiichi cada vez. Al parecer a Etsugo le encantaba tropezarse muy a menudo cuando se encontraba cerca suyo, ya que otro día, lo hizo aterrizando de frente, justo en sus brazos. Hirota le atrapó, y quería pensar que había sido su imaginación, pero podía jurar que Ooharano había hundido su rostro en su mullido pecho, y que había apretado su cuerpo con sus brazos al caer sobre él. El rubio se alejó con un simple "lo lamento, no me fijé por donde iba y tropecé". Siempre sonriéndole de aquella manera que jamás le había visto estando con otras personas cerca.

En ocasiones, durante entrenamientos o si se lo topaba por los pasillos de la escuela, Hirota se encontraba con la penetrante mirada de Ooharano, que le observaba con escrutinio y un extraño brillo en sus sagaces ojos. Para él, quien no se dejaba intimidar por nadie, comenzó a ser sumamente molesto sentir cómo un leve calor subía a su rostro y desviaba la mirada primero, cada vez que aquello ocurría. Y lo peor del caso era que pasó de ser una situación que pasaba ocasionalmente a una que sucedía con bastante frecuencia, logrando alterar sus nervios.

Y las circunstancias no hacían más que empeorar, aquellas miradas comenzaron a estar acompañadas de medias sonrisas con un tinte de picardía más que evidente. El contacto físico dejó de ser algo aparentemente accidental, para convertirse en algo deliberadamente intencionado. Como la vez en la que durante el entrenamiento, mientras estaban en posición para practicar un melé, Hirota sintió un suave pero firme roce sobre su trasero, lo cual no hubiese sido extraño de no ser que el melé estaba compuesto únicamente por los de primera línea, y se suponía que nadie debía estar empujándolos por detrás. Al voltear a ver para comprobar qué había sido aquello, el robusto jovencito únicamente pudo notar cómo aquel rubio se alejaba con su vaivén de caderas. Era el único que estaba cerca, así que no había manera de que no hubiese sido él.

En determinado momento, todo aquello se volvió insoportable, cuando inclusive, Ooharano se atrevía a pasar su mano descaradamente sobre la extensión de su espalda si es que pasaba detrás de él o acariciaba sus brazos si es que pasaba a su lado. Pero no era que lo sentía como algo desagradable, más bien le molestaba el hecho de que había comenzado a disfrutar de ese contacto, de los nervios que le hacían sentir sus miradas, de la calidez que inundaba su pecho con sus sonrisas. Él que siempre había sido imperturbable, salvo que algo le hiciere enfadar, había encontrado a una persona que lograba hacerle perder los estribos de una forma diferente, y ya no podía aguantarlo más, debía parar todo aquello, porque sentía que algo estaba floreciendo dentro de él, y lo más probable era que el rubio solo estuviese haciendo burla de él.


Uno de tantos días, después de la práctica, Hirota interceptó al rubio que ya iba camino hacia su casa.— Ooharano, tengo que hablar contigo. — Le solicitó seriamente. El joven más bajo le siguió en silencio hasta la parte trasera de la escuela, en donde por lo general se encontraba solitario y podían hablar sin que nadie los viera.

— ¿Y bien? ¿Qué se te ofrece? — Interrogó curioso el rubio, mirándolo con escrutinio y su acostumbrado estoico semblante. El rechoncho joven por su parte, comenzó a sentirse molesto. Era imposible que Ooharano no supiera el motivo por el cual le había solicitado hablar, siendo tan evidente su acoso. Hirota no lo soportó más, y le tomó por el cuello de su uniforme, pegándolo a la pared del edificio, y mirándolo amenazadoramente.

— ¡No actúes como si no supieras porqué estás aquí! ¡Quiero que dejes de burlarte de mí de una buena vez! — Le gritó aumentando su furia cada vez más, al ver cómo el contrario ni se inmutaba.

— ¿Burlarme? ¿Y de qué manera me he burlado de ti?

— ¡No te quieras hacer el listo conmigo! ¡Ya me has hartado con tus sonrisas cínicas y tu forma de tocarme descaradamente sólo para hacerme enojar! ¿Crees que es divertido meterse con el tipo gordo?

— ¡Te equivocas! — Esta vez, ante la sorprendida mirada de Eiichi, fue el rubio quien levantó la voz, al tiempo que se deshacía de su agarre. — Jamás he pretendido burlarme de ti. — Agregó recuperando la compostura.

— ¿Y crees que me voy a tragar eso? ¿Qué otra explicación podría tener todo lo que haces? No pretendas que no lo haces al propio, tocarme de esa forma, mirarme como lo haces, sonreír como si yo fuera algún tipo de payaso. ¿Piensas que puedes burlarte del gordo y salir impune? ¡No me subestimes!

— ¡Por eso te digo que estás equivocado! — De pronto, el rostro del rubio se coloreó de un pálido rosa, y por primera vez desde que lo conocía, no pudo sostenerle la mirada. — Todo eso era simplemente porque quería que me notaras. — Terminó confesando.

— ¿De qué demonios hablas Ooharano? — Sus oídos no daban crédito a lo que escuchaban, y aun con esas palabras, no quería hacerse falsas esperanzas. ¿Pero qué más podía significar eso? Necesitaba que se lo dijera directamente.

— Quería ser notado por ti, no que pensaras que estaba burlándome. Creí que mi mensaje era muy claro Hirota. — El rubio suspiró y tomó valor para mirarlo nuevamente directo a los ojos. — Siempre me han dicho que soy un buen estratega, pero al parecer únicamente soy bueno para el rugby. — Etsugo rio levemente con sarcasmo ante su propio comentario. —Lo que quiero decir, es que me gustas, siempre me has gustado, y con el tiempo solo lo ha crecido el sentimiento, pero no sabía cómo decírtelo. Pensaba que si lo hacía indirectamente lo entenderías. — Terminó declarándose.

Eiichi no supo cómo reaccionar, sus ojos se abrieron como platos, y pudo sentir un repentino calor abrasando su rostro, y el fuerte repiqueteo de su corazón dentro de su pecho.

— ¿Sigues burlándote de mí? — Fue lo que acató a contestar, aún incrédulo.

— ¿No me crees? Típico. — El rubio frunció el ceño a su máxima capacidad, mostrando evidente molestia en su expresión. — Todas las personas son iguales, creen que soy perfecto e inalcanzable, las mujeres me suelen ver como si fuese una clase de príncipe. Pero, ¡sorpresa! Soy solo un tipo común y corriente, y tengo sentimientos. Ahora, entiendo si no soy correspondido pero…

Antes de que Etsugo pudiese continuar, el contrario posó su gran mano de lleno sobre su boca, para evitar que hablara más. Hirota le miraba con gran seriedad, y logró acorralarlo una vez más contra la pared, colocando sus brazos uno a cada lado, cerrándole el paso por completo y llegándolo a apresar con su voluptuoso cuerpo.

— ¿Me estás queriendo decir, que te gusta esto? — Preguntó llevando una de sus manos a su gigante estómago. Una cosa era que tuviese gran autoestima, y no le interesara lo que las personas pensaran de su sobrepeso, pero algo totalmente distinto era que creyera que realmente alguna vez alguien podía llegar a fijarse en él. Para alguien como Hirota, el amor era algo en lo que no tenía derecho ni siquiera a pensar.

— ¿Sigues sin creerme? — El rubio rio divertido esta vez. — ¡Nunca pensé que tendrías ese tipo de problemas! Siendo alguien con tan fuerte carácter y personalidad. Hay cosas más importantes que la apariencia física, ¿comprendes eso no? — Nuevamente, el Ooharano de siempre emergió y le miró seductoramente, para llevar una de sus manos directamente sobre la redonda barriga, y la otra tomándole por el mentón. — Pero no puedo decir, que no me sienta físicamente atraído hacia ti tampoco. — Se relamió los labios y acercó su rostro al de Eiichi. — Por el contrario de lo que cualquiera pudiese pensar, te encuentro muy atractivo.

— Yo… — Como pocas veces en su vida, Hirota se quedó sin palabras. No podía decir nada, todo aquello le había tomado por sorpresa. Y lo que más le había abochornado de todo, era haberse encontrado a sí mismo, poniéndose nervioso ante aquella mirada, sintiéndose bien con aquel delicado toque sobre su barriga, pensando que su pecho explotaría con el acelerado palpitar de su corazón, y viéndose totalmente envuelto por la seductora aura que emanaba de aquel rubio. Le gustaba, le gustaba mucho y había querido evitar pensar en ello, pero ya era algo innegable para él.

— No tienes que contestarme ahora. Pero ya que me has hecho confesarme, estaré esperando tu respuesta. — Dicho eso, el rubio le empujó levemente, haciéndole retroceder, y dedicándole una última mirada llena de coquetería, se despidió; alejándose con su sugerente caminar, y dejando a un totalmente perplejo Eiichi atrás.

Solo había una cosa que a Hirota Eiichi le gustaba más que la comida, y eso era Ooharano Etsugo, a partir de ese día, logró comprenderlo muy bien.

~Fin~


Tampoco me quedó como esperaba, pero aun así disfruto mucho escribiendo sobre esta pareja que me encanta. Espero que haya sido de su agrado, aunque sea un poco :) No olviden dejar sus opiniones ya sea que les haya gustado o no.