CAPITULO 2

"Ayuda"

Una joven mujer de piel algo pálida que tenia cabello castaño oscuro a la altura del lóbulo de la oreja caminaba por en medio de los grandes árboles de la espesa selva, alzando los pies para librar ramas y rocas que se cruzaban por su camino, no sabia hacia donde se dirigía, pero tampoco sabia a donde quería ir, por lo que llevaba caminando sin rumbo fijo por cerca de tres horas, sus pies se encontraban cansados los zapatos que traía puestos no eran los mejores para esos terrenos. Llevaba puesto un vestido largo que llegaba hasta los tobillos y con las manos lo alzaba tratando de caminar.

-¿porque me pasa esto a mi! – se dijo así misma algo frustrada por lo difícil que se le estaba haciendo caminar por la selva tropical, el calor era agobiante y una capa de fino sudor cubría su rostro y hombros desnudos que el vestido no alcanzaba a cubrir.

De pronto una rama se atoro en su vestido grisáceo haciendo que rompiera de la parte inferior, ella se detuvo un momento a desatorar su vestido.

-grandioso… lo que me faltaba – renegó mientras trataba de quitar la rama de su estorboso vestido – ah! Listo!

Celebro ella triunfante y continuo su caminata, de pronto sintió que no estaba mas tiempo sola, alguien la estaba observando, miro discretamente a su alrededor para no ahuyentar a quien la estuviera acechando.

-¿Hola¿Hay alguien por ahí? – pregunto en voz alta mirando hacia los grandes árboles que la rodeaban – si es así, por favor necesito ayuda, estoy perdida!

Ella observo una figura que se movía con gran rapidez entre los árboles, de inmediato se puso en una pose defensiva, pues no sabia que era lo que había visto.

-por favor… no me haga nada… - dijo ella sorprendida por sus propias palabras, pues no acostumbraba a decir cosas así, pero el estar en una entorno desconocido la hacia sentir vulnerable.

-¿que es lo que haces aquí vestida de esa forma? – le dijo una suave voz femenina detrás de ella, de inmediato la caminante se torno para ver quien era la mujer que le hablaba con tan pacifica voz.

-yo… yo me perdí… - observo con detenimiento a la mujer que tenia delante de ella, al parecer tenia mas o menos la misma edad que ella, su tez era de un color claro aunque bronceado por el sol, su pelo largo parecía oscuro casi negro de no ser por ocasionales reflejos rojos era sujeto por una bandana de color oscuro, era alta posiblemente diez centímetros mas que ella, su vestimenta era ligera una blusa de manga larga color beige , pantalón y unas botas cafés que hacia juego con el resto de su vestimenta, así como un cinturon negro del que colgaban diferentes clases de pequeños objetos al parecer solo adornos.

-¿te perdiste? Como fue eso posible – dijo acercándose a ella.

-si… yo… Salí esta mañana de mi hogar y no se en donde estoy… ¿podrías ayudarme?

-¿estas sola?

-si – la mujer se aproximo aun mas a ella y noto que tenia un extraño color de ojos, parecían ser azules pero también tenían un color verduzco.

-ningún hombre viene contigo ¿verdad? – cuestiono

-umh… no – respondió con temor al no entender la razón de sus preguntas.

-mi nombre es Marin… y estos son mis territorios, nadie puede caminar por aquí ¿Cómo es que llegaste a este lugar?.

-yo… salí a caminar en la mañana y me perdí…

-eso ya lo había escuchado – dijo Marin examinando su mirada en busca de mentiras – que extraño color de ojos tienes… son de un azul muy oscuro… como lo profundo del mar… - dijo bajando la cabeza – no me has dicho tu nombre.

-mi nombre!... si… me llamo Ginebra… Ginebra Lockland.

-vaya… hasta tu nombre es extraño – dijo ella comenzando a caminar hacia la derecha.

-puedes llamarme Gin o Ginny o G… como se te haga mas normal – le dijo ella caminando hasta su lado.

-Gin… ¿porque me sigues? – dijo ella deteniéndose

-ya te dije que estoy perdida.

-vuelve por donde has venido… este no es lugar para ti.

-No, por favor dime donde estoy…

Marin observo una vez mas a la insistente mujer que se había encontrado a la mitad de la selva, no parecía representar una amenaza, por lo que decidió ayudarla.

-esta bien sígueme… no puedes andar en medio de la selva con ese estorboso vestido – comenzó a caminar nuevamente seguida por Gin.

Caminaron por cerca de treinta minutos, la humedad y el calor en el ambiente hacían que el camino se hiciera extremadamente pesado, pero por fin después de un agotador recorrido Ginebra logro ver a unos cuantos metros una pequeña choza hecha de madera oscura, era pequeña apenas tenia dos ventanas y una chimenea por la que salía una pequeña señal de humo.

-pasa – le ofreció Marin abriendo la puerta de su hogar.

-gracias – dijo Ginebra examinando su alrededor, era un lugar pequeño tenia solo dos habitaciones, en la chimenea se cocinaba a fuego lento lo que parecía ser comida, observo con detenimiento, pero lo único que pudo ver fueron algas marinas que hervían en una gran cacerola.

-permíteme un segundo, te daré algo con lo que estarás mas cómoda… - le dijo caminando a lo que parecía ser su dormitorio, se escucho como movía algunos objetos escandalosamente, mientras Ginebra miraba la gran cantidad de objetos marinos que había colgados en las paredes y sobre los pocos muebles que había.

-aquí esta… ten ponte esto, seguro es mejor que lo que traes encima – Marin camino hasta su lado ofreciéndole ropa. Ginebra la acepto y examino – puedes cambiarte aquí yo iré por un poco de agua fresca.

Al salir Marin le sonrió y Ginebra le regreso la sonrisa, ella se quito el vestido para ponerse la ropa que le había dado, una blusa de manga larga algo abombada de los brazos color guinda bastante delgada y ligera, un pantalón negro aunque de un color algo gastado, unas botas igualmente negras que al calzarlas se sintió completamente cómoda y para finalizar un pequeño chaleco que hacia juego con el pantalón, aunque eran de negros diferentes ella se sentía mucho mejor que con la ropa que tenia antes.

-veo que te cambiaste – dijo Marin entrando con una jarrón lleno de agua.

-si, muchas gracias esto esta mucho mejor… pero como supiste que estos colores me gustan tanto! – pregunto feliz con su nueva ropa.

-pues… digamos que lo deduje… - Marin la miro con una sospechosa mirada mientras servia agua para ambas – vamos bebe te caera bien.

Ginebra acepto el agua que Marin le ofrecía, sorprendiéndose al momento de beber el refrescante liquido que este estaba a una temperatura casi fría y tenia un sabor algo dulce a pesar de que solo era agua natural.

-donde conseguiste esta agua…

-en el rió, hay uno muy cerca de aquí su agua es deliciosa, claro antes que desemboque en el mar… dime ¿cuanto tiempo llevas perdida? – dijo Marin invitándola con el gesto de la mano a sentarse en una de las dos sillas que había frente la pequeña mesa pegada a la pared.

-todo el día.

-tu familia debe estar preocupada por ti, si quieres mañana puedo acompañarte al pueblo mas cercano para trates de comunicarte con ellos, seguramente ellos ya deben estar buscándote.

-te lo agradezco… pero… yo no tengo familia – Ginebra lo dijo como si le doliera con el simple hecho de pronunciar tales palabras.

-lo siento… - dijo apenada – se lo que es estar sola… en una tierra desconocida.

-a que te refieres… ¿tu tampoco tienes familia?

-olvídalo… no tiene caso recordar cosas tan tristes¿no tienes hambre? Me dijiste que tenias todo el día perdida.

-si, tengo bastante hambre…

Marin se puso de pie y tomo dos platos hondos que había en un estante cercano, se acerco a la chimenea donde el extraño guisado seguía hirviendo. Sirvió en ambos platos haciendo que el vapor subiera, Ginebra esperaba oler un exquisito aroma, pero eso no sucedió. Marin regreso a la mesa y puso el plato frente a su huésped.

-espero que te guste, son algas marinas y crustáceos dulces – Marin comenzó a comer de su plato, pero Ginebra se limito a observarla, al parecer por los gestos que hacia la comida estaba deliciosa – que… no te gusta?

-no! Claro que no… ni siquiera lo he probado, es solo que jamás había visto un platillo así – Ginebra tomo el cubierto que tenia a un lado y comenzó a remover aquella extraña sopa, tomo un poco de todo lo que flotaba en el caldo de color verdusco llevándoselo a la boca. El sabor no era el mejor que hubiera comido en su vida, pero tampoco era desagradable.

-¿y?

-es buena – dijo llevándose otro poco mas a la boca.

La comida transcurrió en silencio, excepto por los ruidos exteriores provocados por el viento que iba en aumento, el sol se estaba ocultando dejando paso a la noche.

-parece que lo que queda del huracán aun nos afecta – dijo Marin observando por la ventana.

-¿huracán?

-si, fue el mas desastroso que haya observado en mi larga vida, obligo a todos los barcos a refugiarse en los puertos, incluso los piratas tuvieron miedo de salir a mar abierto.

-vaya…

-esta anocheciendo, lo mejor será que descansemos – Marin prendió las velas que iluminaban su pequeño hogar en las oscuras noches de la selva.

-daré una vuelta cerca, quiero respirar un poco de aire nocturno.

-claro asegúrate de no volver a perderte porque ni creas que iré a buscarte – sentencio Marin.

Ginebra asintió con la cabeza y salio de la cabaña, comenzó a caminar en línea recta asegurándose de no perder orientación, cuando estuvo lo suficientemente lejos, se descolgó del cuello un hermoso silbato dorado con una "A" en forma de ave y soplo con fuerza.

-vamos no tardes por favor… - dijo Ginebra observando hacia el estrellado cielo.

Marin la observaba con curiosidad desde su casa¿que era lo que aquella desconocida estaba haciendo? Se preguntaba, estaba segura que ocultaba algo lo podía sentir. La había encontrado a la mitad de la selva vestida de una manera inapropiada para el lugar y su versión de que había estado perdida solo un día no tenia sentido. Marin era la única que vivía en kilómetros a la redonda, y conocía cada casa cercana que había y en ninguna de ellas había visto que una mujer joven como Ginebra viviera en ella.

Pasaron dos horas y Ginebra no regresaba, ocasionalmente Marin observaba por la ventana comprobando si ella seguía parada en medio de la selva mirando el cielo. Finalmente mientras ella preparaba el lugar improvisado donde dormiría su invitada escucho la puerta abrirse a sus espaldas.

-has tardado mucho – le dijo sin voltear a verla.

-si… di un paseo bastante largo

-bueno, es tarde será mejor que descansemos, te prepare este camastro que tenia.

-oh gracias, no debiste haberte molestado, el suelo hubiera estado bien.

-de nada, que descanses.

Marin se despidió y desapareció metiéndose a su propio cuarto, Ginebra se sentó en el camastro quitándose las botas y el chaleco, hacia calor aunque no tanto como en el día, la luz de las velas había disminuido y estaba por extinguirse, ella se recostó dejando escapar un pequeño suspiro de cansancio, cerro los ojos y se quedo profundamente dormida.

A la mañana siguiente Marin fue la primera en ponerse de pie, cuando observo hacia el lugar donde Ginebra descansaba se dio cuenta que la joven aun dormía, decidió no despertarla y salio de la casa en busca del desayuno.

No muy lejos de ahí en una pequeña embarcación de una sola vela una joven mujer con un sombrero de color vino oscuro que ocultaba su recogido cabello castaño a la altura de los hombros, casi siempre lo tenia recogido pues le molestaba que estorbara su visibilidad, vestía pantalón azul marino adornado con un cinto negro que tenia una hebilla de plata, botas negras y una blusa gris gastada sin mangas para poder dirigir sin problemas su amado bote bautizado "Sora", hacia mucho que no salía en el pues el huracán se lo había impedido, pero ahora que el sol brillaba y que ninguna nube cruzaba el cielo, era un hermoso día para navegar.

Cuando llego a tierra se puso su larga gabardina negra poco arriba de los tobillos que la protegía de cualquier tempestad inesperada colgándose transversalmente su espada, aunque sabia que no la necesitaría le gustaba llevarla consigo a todos lados. Tomo una cuerda y la sujeto al bote, una vez fijada dio un pequeño salto a la playa, camino hasta el árbol mas cercano y aseguro la embarcación para evitar que la marea se la llevara. Una vez bien sujeto camino para adentrarse a la selva.

En la casa de Marin, Ginebra se despertó frotándose los ojos para acostumbrarse a la fuerte luz que entraba por la ventana.

-¿Marin? – la llamo, pero no hubo respuesta, sentándose sobre el camastro se puso sus botas y comenzó a buscar en la casa algo que pudiera desayunar.

De pronto escucho pasos que se acercaban pensó que seria Marin, pero al asomarse por la ventana noto que era otra mujer la examino con precaución y noto que estaba armada, no sabia quien era ni que quería, tomo un cuchillo gastado que había sobre la mesa y siguió observando a la desconocida que se seguía acercándose a la casa.

Ginebra se coloco detrás de la pared junto a la puerta sosteniendo fuertemente el cuchillo, la extraña mujer abrió la puerta y antes que pudiera entrar Ginebra salto impidiéndole el paso con el cuchillo amenazándola.

-¡alto! Que es lo que quieres! Identifícate! – La mujer de sombrero color vino saco su espada poniéndose en posición defensiva.

-¡quien demonios eres tu! Que haces en la casa de Marin! Eres una ladrona verdad?

-¿que? Claro que no!

En medio de la confusión ninguna de las dos se percato que Marin había regresado y estaba parada observando la escena.

-ahora veras... te enseñare a no… - dijo la mujer de la espada alzándola para atacar a Ginebra.

-Basta chicas porque pelean¿que no ven que pelear no resuelve nada? – dijo Marin tranquilamente con unos cuantos frutos en las manos.

-Sei, ella es Ginebra Lockland la encontré ayer en la selva, estaba perdida.

-¿Ginebra? – dijo Sei guardando su espada - ¿Qué clase de nombre es ese?

-Ginebra ella es Sei Clearwater, me salvo la vida una vez que caí al mar.

-así es… ¿puedes creer que la encontré en medio del océano? En pleno mar abierto nadando y sumergiéndose sin cesar… perdió el conocimiento así es que Sora y yo la salvamos.

-¿Sora? – pregunto a Sei

-su bote… vamos desayunemos traje fruta.

Las tres mujeres entraron a la pequeña casa para degustar el desayuno, mientras comían sus frutos Sei y Marin comenzaron a hablar.

-¿tuviste suerte¿Alguna noticia? - pregunto Marin

-lo siento… pero he preguntado a cuantos amigos y familiares tuvo… pero nadie sabe donde esta – Marin bajo la mirada y su pelo parecía lucir aun mas oscuro que antes.

-no puede ser… que voy a hacer…

-ya te dije que nosotras podemos ir a buscarlo, recorreremos los siete mares si es necesario – Sei trataba de animar a su amiga pero Marin había perdido la esperanza de encontrar lo que tanto ansiaba y necesitaba.

-es imposible Sei… me resignare a vivir sin el.

-perdona que me inmiscuya… pero no deberías ponerte así por un hombre… hay muchos allá afuera – dijo Ginebra poniendo una mano sobre le hombro de Marin.

-¡quien esta hablando de hombres! – renegó Sei – lo que Marin quiere es algo mucho mas valioso que un hombre… ella busca su espejo.

-¡Sei! – grito Marin

-diablos no debí de haber dicho eso…

-¿un espejo?... ¿te pones así por un espejo?

-¡no es cualquier espejo¡Ese espejo es su camino hacia la libertad!

-¡Sei!

-ouch! Perdón Marin…

-un espejo para tu libertad ¿Acaso lo robaste y si no lo devuelves iras a prisión?

-nada… olvídalo… será mejor que te acompañe al pueblo ahí veras que hacer – dijo Marin poniéndose de pie y caminando a la puerta donde tomo de un perchero improvisado un saco café oscuro aunque no tan largo como el de Sei

-lo siento no quise incomodarte – ella también se puso de pie y camino para salir de la casa.

-¿nos acompañas Sei?

-claro

Las tres comenzaron a caminar entre la selva en absoluto silencio, el cabello de Marin seguía completamente oscuro y ahora a diferencia del día anterior no había ni siquiera un reflejo rojizo.

-Marin… - dijo Ginebra para llamar su atención – se que no tienes porque hacerlo pues apenas me conoces pero… eso que quieres encontrar te pone así de triste? Es muy importante para ti?

-es mi vida…

-si quieres mi ayuda solo dímelo… yo… yo no tengo nada que hacer y seria una forma de agradecerte toda la hospitalidad que has tenido conmigo.

-gracias chica, pero no quiero envolverte en mi historia.

-de verdad… puedes confiar en mi.

Marin se detuvo y se quedo observando fijamente a los ojos de Ginebra, la analizo por largo rato e inevitablemente ella se sintió expuesta ante la mirada de la mujer de color verde azul.

-veo que tu corazón es honesto y leal… esta bien te lo diré pero no espero que me creas.

-¡Marin¿estas segura? – intervino rápidamente Sei – ¡jamás se lo has dicho a nadie mas que a mi! Que tal si te engaña!

-No Sei, al igual como vi en ti a alguien de confianza, también veo lo mismo en Gin.

-¿que pasa aquí? – pregunto confusa

-Gin… ¿crees en las sirenas?

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¿Que les parece hasta este momento? haganme saber sus comentarios y una disculpa por los posibles errores ortograficos, trato de corregir, pero siempre se me pasan.