Título: No llores, porque tienes la razón
Autora: eminahinata
Fandom: Naruto
Palabras: 460 aprox.
Pareja/Personajes: mención Hatake Kakashi/Uchiha Obito; Hatake Kakashi & Nohara Rin; Uzumaki Naruto; Maito Gai; etc.
Resumen: Rin apretó los puños, un silencio revelador sofocando el lugar con lo que ella ya sabía y dolía. Lo que siempre supo y siempre dolería.
Notas de autora: ¡Hola, segundo día, wiiii! Me emociona particularmente este drabble, creo que será de mis favoritos. En esta historia invertí los papeles: Kakashi evito que Rin fuera aplastada por la roca luego de que rescataran a Obito de los ninja Iwa en la conocida Misión Puente Kannabi, haciéndola prometer que siempre protegería a Obito (que reacciono de forma incrédula y lloró a un más, porque sabemos cómo es nuestro chico) y confesando sus sentimientos a éste antes de que tuvieran que huir por las rocas que caían.
Kakashi fue rescatado por Zetsu y salvado por Senju Tobirama (que es la versión de Madara en este universo). Al igual que en el canon, Kakashi llegó en el momento en que Rin apuñalaba a Obito en el corazón (sin saber que Obito fue secuestrado por los ninja Kiri y convertido en el Jinchuriki del Sanbi en ese momento), llevándose luego el cuerpo de Obito con él (y por esa razón tiene el Sharingan, pero en esta ocasión en el ojo derecho, no en el izquierdo).
¿Cómo Rin tiene el Sharingan en el ojo izquierdo? No tengo idea, pero digamos que sí —encoge los hombros.
Espero que disfruten el drabble. ¡Feliz día!
Día 02 Hokage!Obito | Akatsuki!Kakashi
No llores, porque tienes la razón
Rin sostuvo el aliento, sintiendo como su corazón latía velozmente, destrozando sus costillas y pulmones, negándose a creer lo que ella sabía, lo que sospecho durante mucho tiempo.
Lo que veía.
Escucho la voz de Gai gritar a su lado, pero no podía entender sus palabras, sus suplicas, su propia incredulidad. Nada tenía sentido, pero como un oxímoron, todo tenía el mismo sentido.
La máscara caía como si el tiempo estuviera jugando una broma, burlándose de sus miedos, de sus sueños, de su propio amor.
De lo que ella había perdido hace mucho tiempo.
Los ojos fríos la observaron con indiferencia, sin ningún rastro de reconocimiento, ni odio ni nada. Ojos fríos, un Sharingan —un sollozo escapo de sus labios, su cuerpo se estremeció como si la hubieran apuñalado, su propio Sharingan reaccionando ante su gemelo robado— y un Rinnengan, en un rostro perdido hace mucho tiempo, envejecido, maltratado, desconocido para ellos.
Pero nunca para ella.
Nunca para ella.
La máscara de porcelana yacía rota en el suelo que era víctima de la batalla, las rocas flotaban entre ellos, y Rin abrió lentamente la boca, soltando una palabra que la dejaba sin fuerzas.
—¿…Kakashi?
—¿De verdad eres Kakashi? —pidió Gai, su propio dolor reflejándose en su tono de voz—. Deberías estar muerto…
Rin sintió los ojos de su alumno, el mismo sol personificado, el niño que juro proteger por los sueños de la que fue hace mucho tiempo su familia, lo único que le quedaba en este cruel mundo.
—No hay duda —susurró Rin, viendo como el Sharingan contrario se transformaba a un patrón que ella conocía perfectamente, que veía en el espejo por las mañanas, que amaba porque era el regalo de su más querido amigo—. Es Hatake Kakashi.
—Si quieres llamarme por ese nombre, adelante —dijo con suavidad Kakashi, su voz haciendo estremecer el cuerpo herido de Rin—. Para mí no significa nada.
—¿Así que estabas vivo?
—¡¿Quién es él?! —preguntó en un gruñido Naruto, viendo entre su enemigo y sus sensei.
—Un Shinobi de Konoha de nuestra generación, el último Hatake —respondió Gai, rápido y con determinación, enfocado de una manera que en este momento Rin envidiaba—. Pero se suponía que murió en la anterior guerra.
Rin apretó los dientes y gruñó—: Si estabas vivo, ¿por qué hasta ahora…?
—Que viviera o no, no es algo que tenga importancia. Pero es así —susurró lo último, extendiendo su brazo izquierdo a un lado, sus ojos concentrados en ella—. Y si me preguntas el por qué.
Rin apretó los puños, un silencio revelador sofocando el lugar con lo que ella ya sabía y dolía.
Lo que siempre supo y siempre dolería.
—Es porque dejaste morir a Obito.
