Hetalia.
Mis días como Alemania Nazi.
Capítulo 2.
Hola ^ ^ Pues que gusto que les esté gustando mi trama. Ahora, verán la intervención de México, ya que para iniciar la segunda guerra mundial, nuestro hermoso país, representado por Amy Díaz va a enfrentar al alemán, y a restregarle en la cara su descontento con la manera en que trata a los demás países, lo cual sí pasó en realidad. ADVERTENCIA: Hay lemmon muy rudo, sino les gusta, ya saben cambien de página. Pues no los dejo más con la duda. Lean y diviértanse.
Tus bellos cabellos negros son lo que más extraño de ti… Dime, ¿Acaso me odias por que ahora soy así…?
Mientras corría con desesperación, lejos de Feliks, al darme cuenta del mal que comenzaba a surgir en mi, me interné en una habitación de servicio, y me encerré en ella por unas horas. Necesitaba despejar mi mente, poner todos mis pensamientos en orden y más que nada, lo que quería era que esas ideas asesinas y sádicas se fueran. En tanto, recordaba el inicio de la segunda guerra mundial, justo antes de que Hitler se convirtiera en canciller y posteriormente lo mezclara con el puesto de presidente del Tercer Reich.
Flash back…
En 1939, la invasión a Polonia había sido inevitable, ya que había rechazado mi oferta inicial en relación con la Ciudad libre de Dánzig, y el Corredor Polaco. Eso me enfadó mucho, y después de mandarle un ultimátum, decidí invadirlo el 1 de Septiembre de ese mismo año. México, estaba de lo mas furiosa, no solo conmigo, sino desde hacia años atrás debido a que Italia se había anexado el Reino de Etiopia.
Así que lo expresó de la mejor manera, unida a los países de la Liga de naciones, negándole exportaciones importantes a Italia como el carbón, petróleo, hierro y otros productos de su casa. No conforme con ello, fue a verme para hacer una protesta en contra de mi invasión a Bélgica, Países bajos y Luxemburgo. Y además, le pidió al legado alemán, Arthur Dietrich que saliera de México. Su jefe, Lázaro Cárdenas, había tratado tiempo atrás que las relaciones entre nosotros se reconciliaran, pero México se quedo con barcos de Italia y míos, que al tratar de salir de casa de Amy, son encontrados por ese anglocejón de Inglaterra. Y lo pero del caso, México se quedó con dichos barcos usándolos para su propio beneficio.
No me agradó para nada que se quedara con esos barcos y tanques, no tenia el menor derecho, así que ordene que hundieran esos barcos, ante lo cual, ella me declaró la guerra. Ya había sometido al Reino Unido, y le había ganado una importante pelea a Francia, quería que México se diera cuenta de que conmigo nadie juega. Ambos sacamos de nuestros territorios a los cónsules del otro país. Pero luego de que dos de sus buques de petróleo fueran hundidos, me dijo que era mi culpa, que estaba celoso de que ella estaba del lado de Alfred, y éste les dio la idea a los países americanos que un ataque a uno solo de ellos, representaba la guerra en contra del continente.
Debo admitir que esa fue una magnífica estrategia. El 4 de abril de 1941, México rompió relaciones conmigo, Italia y la Francia de Vichy, en tanto, se consolidó con Inglaterra, la maldita U.R.S.S y los franceses en exilio. Todo eso me hacia odiarla, aunque en el fondo, sabia que era mi culpa, y no podía estar sin ella.
Japón quiso intervenir, y el día 7 de diciembre de 1941, atacó a Estados Unidos, ante lo cual México respondió rompiendo los tratados con el país nipón. Nuestra situación no podía ser peor, o al menos eso creí en su momento. Una vez que Estados Unidos declarara la guerra, México le siguió, rompiendo lazos con nuestros respectivos aliados, como Hungría, Bulgaria Y Rumania. Intensificó la venta de su crudo a muchos países, entre ellos a E.U. me vi en la necesidad de amenazarla para que se detuviera, pero no me quiso oír.
Por ende, volamos dos de sus barcos petroleros, el Potrero del llano y el Faja de oro, lo cual fue un duro golpe. No esperé mucho que fuera a verme.
-¡Ludwig, hijo de la ching***! ¿Dónde estás cabrón abusivo?
De manera impetuosa, abrió mi puerta, sacando de mi oficina a dos personas que hablaban conmigo.
-¿Qué estas loca? ¿Cómo te atreves a venir y hablarme de ese modo?
-¡No, mas bien, ¿Cómo demonios se te ocurrió destruir dos de mis mejores navíos petroleros, pendejo?! ¡No tienes idea del daño que haz causado!
-Siéntate, podemos hablarlo tranquilamente.
-Ningún tranquilamente… Has decidido que entre nosotros debe haber guerra, pues habrá guerra. Y no creas que no estoy dispuesta a ello…
-¿No me vas a preguntar por qué lo hice?
-No necesito saberlo. Ya se por que lo hiciste. Estabas molesto conmigo.
-¿Y por que estaba molesto, según tú? –La miré enojado, tratando de contenerme.
-Por que le vendí petróleo a Estados Unidos y a ti no. Por eso me habías amenazado…
-Mas que eso… -Me puse de pie, caminé hasta ella y la tomé por los brazos-Me molesté por que estás de su lado… ¿Acaso lo amas?
-¿Qué? Pero eso es una… Una pendejada…
-¡Contesta! ¿Lo amas o no?
-¡Suéltame!
-Nien! ¿Lo amas o no?
-Y, ¿Qué chingados si eso es verdad?
-¡Eres una maldita perra!-Mi ira me había cegado, al grado de que no pude evitar darle una bofetada, logrando que Amy se estrellara contra la pared.
Vi un hilillo de sangre correr por su labio inferior, y bajando posteriormente por su barbilla. Me irritaba que hablara de ese modo, y ¿Si era cierto? ¿Estaba enamorada de Alfred? ¡Con qué razón le daba tantas atenciones! Amy se puso de pie, luego de haber recibido mi golpe. Se notaba sorprendida y ofendida a la vez. Se dirigió a mí, y luego me dio un puñetazo seco, pero efectivo, el cual me rompió el labio inferior, como yo había yo con ella.
-¡Y tú eres un completo estúpido…! ¿Cómo querías que permaneciera a tu lado, con lo maldito que te estás portando? (A la autora le dolió decirle eso a Ludwig, lo ama -.-)
-¿Maldito? ¿Crees que me gusta esto que está pasando?
-No te noto acongojado o arrepentido… Así que no me vengas con eso… Yo mejor me voy.
Cruzó a un lado de mí, dispuesta a salir por la puerta sin dejarme hablar. Pero la volví a detener por los brazos. Otra vez no la dejaría irse con la suya.
-¿A dónde vas, Amy? ¿Te urge ir a acostarte con Alfred? No me sorprendería, eres una nación ramera…
-¡Basta, Ludwig Beilschmidt! ¡Suéltame, o te juro que…!
-¿Qué vas a hacer? ¿Venderle más petróleo a ese imbécil? ¿Volverás a quedarte con barcos de mi propiedad? ¿O vas a pelear contra mí, como has venido haciendo hasta hoy? Sera mejor darte una lección de buenos modales… Aun eres muy salvaje…
Y esa necesidad de hacer daño nacía desde mis entrañas… Me cegué tomando a México y haciéndola volverse de espaldas a mí. Presioné con mi peso sobre su espalda hasta que la vi de cara contra el escritorio, donde caía el hilillo de sangre de sus labios.
-¡Hijo de perra, suéltame, o te va a pesar!
-Nien!
Subí su falda larga, sintiendo el contraste de la tela de algodón contra la suavidad y el calor de la piel de sus piernas. Su aroma a vainilla y chocolate era embriagador, y me sentía por completo ebrio. No sé como lo hizo, pero se logro zafar un brazo y me dio un codazo tremendo, que casi me vuela varios dientes, sacando sangre de mi encía. Eso solo me provocó más, y la ira se apoderó de mí.
-¡Ludwig, bastardo!
Ella seguía retorciéndose bajo mi peso, pero no la dejé escapar. La tomé por el cabello, halándolo hacia mi, en un gesto claro de posesión, metí mi mano bajo su blusa color blanco, con una pequeña águila color bronce bordada a la altura de su pecho izquierdo, y toqué sus suaves y aromáticas sierras madres… Todo aquello era de lo mas seductor, ya no era yo mismo. Amy se contraía en un vago intento de soltarse de mí, pero era imposible.
-¡Amy!
Seguro la había dejado aturdida al gritarle su nombre al oído, ante lo cual ella reaccionó dándome un cabezazo en la barbilla. No hice más que sujetarla a un más fuerte contra el escritorio. Terminé por sacarle la blusa, mirando la cubierta de su espalda. Era una deliciosa piel morena, tan suave, casi del color de la canela. Y yo me decía entre cada tacto de su piel: "Tus bellos cabellos negros son lo que más extraño de ti… Dime, ¿Acaso me odias por que ahora soy así…?"
-¡Ludwig… Suéltame, te lo exijo!
-Nein… Nadie puede exigirme nada… Si mas te resistes, me haces desearte más…
-Ludwig… Déjame…
Su voz cada vez se oía apagada, estaba cansándose, no debía ser fácil pelear contra mi. Le desabroche los corchetes de su bra, arrojándolo lejos, sin darme cuenta que cayó en el pedestal de mi bandera. Bajé su falda para poder contemplar sus piernas, tan bellas, suaves… Me sentía un ladrón robando el cáliz sagrado. Amy trató de nuevo escapar de mí, pero la sujete por sus bragas. La tomé del brazo derecho y la devolví ante mí.
-¡Solo estas prolongando lo inevitable, y eso me excita mas!
-¡Eres un asqueroso, te odio!
-¡Apuesto a que si, frau!
Tomé ambas muñecas con mi mano derecha, elevándolas sobre su cabeza. La tenía sentada sobre la orilla del escritorio y logré recostarla sobre este. Ya había desabotonado mi casaca color negro, y la había arrojado al suelo. Comencé por disfrutar de su piel con mis labios y mi lengua, deslizándola sobre sus pechos, mientras con mi otra mano le arrancaba las bragas.
-¡Basta!-Logró gritar después de unos momentos.
Tuve que elogiar su esfuerzo. Aun trataba de salvarse de mí. Mi "yo" interior trataba por todos los medios de hacerme reaccionar, pero no podía. Mi cerebro solo pensaba en una cosa: lastimarla lo más que pudiera.
-Amy… Vas a conocer la furia de Berlín…
Una vez las bragas fueron arrancadas, introduje unos dedos en su parte intima, abriendo sus labios externos. Ella lanzó un grito, no estaba seguro si era de susto, o tal vez de sorpresa al no creer que yo era capaz de eso. Introduje mas a fondo mis dedos, tocando su clítoris. Estaba muy duro, al parecer, ella se negaba, pero estaba igual de ansiosa. Baje los dedos de esa zona y metí uno dentro de su vagina. Estaba mojada. A pesar de ser un "maldito" como ella me había dicho, le estaba gustando mucho mi tacto.
Obviamente me sentí más que excitado, estaba extasiado, embriagado, y ¿Por qué no decirlo? Yo estaba enamorado, como hasta hoy. Desabroché rápido mi cinturón, bajando el cierre de mis pantalones. No aguantaba la corbata y tuve que deshacerme de esta. Abrí un poco mi camisa, ya no aguantaba la presión en mi entre pierna.
Amy me miraba suplicante, gritando una que otra blasfemia, así que decidí callarla con la corbata, amordazando su boca. Liberé mi miembro, totalmente erecto, y antes de que otra cosa pasara, con mordaz desesperación lo introduje en su entrada humedecida. Sentí un calor significativo, y comencé a embestirla una y otra vez… Iba a llegar, pero quise prolongar la tortura. Así que alcancé una pluma de mi escritorio. Tenia un secreto, al abrirla en su interior no había tinta, sino una navaja. Con esta, le hice pequeñas marcas en la espalda, mientras ella lloraba, sin poder gritar, tan solo gemía adolorida, y sangrando.
Yo solo sonreía, complacido de su dolor, sintiendo un placer perverso e indescriptible. México se estaba rindiendo ante Alemania. Esas líneas de sangre en su espalda no eran simples garabatos, no señor, decía "Du bist mein" que significa "Eres mía" en alemán. Si, ella era mía, y de nadie mas. No importaba cuantos tratos cerrara con ese imbécil de Estados Unidos, ella era solo mía. Seguí embistiéndola, hasta que sentí que ella gemía agotada, queriendo gritar, ¿Qué gritaría? ¿Mi nombre, o una maldición más?
Sin embargo yo llegué, dentro de ella, derramando mi blanca estela dentro de su vientre, al tiempo que sentía como me relajaba poco a poco. Luego salí de ella, la dejé caer al suelo, y me acomodé mis ropas. Ella tomó su ropa y me miró con ira. Traía un suéter con el cual cubrió no solo sus pechos, sino mi marca. Lamí la sangre de la punta de la navaja, mientras ella temblaba con rencor.
-Espero que no te arrepientas de esto… Es la última vez que me posees como lo hiciste hoy…
-Nadie lo sabe. Hablan de un Mesías que pronto tomará las riendas de mi tierra. Si desistes de tus tratos con el estúpido americano, no te irá peor como hoy…
-Y yo que te creí cuando me decías que me amabas, que no había otra cosa mas importante para ti que estar a mi lado... No resultaste ser más que un maldito mentiroso…
Se puso la falda y se marchó de mi oficina, limpiando sus lágrimas…
End flash back…
(Un flash back muy largo, pero necesario ^ ^)
Ya han pasado varios meses desde que México no me habla. Está cerrada siquiera al dialogo, y no la culpo. Ahora comprendo que ella tenía razón. Me estaba volviendo un maldito. O mejor dicho, siempre lo había sido, solo que no me había percatado de ello. Ahora que estaba a punto de hacerle lo mismo a Feliks, me detuve a pensar las cosas. Yo no debía cometer ese mismo acto cobarde, ruin y despreciable. ¿De verdad estaba ganando la guerra, o solo me estaba hundiendo en mi propio lodo?
Necesitaba hablar con alguien, y qué mejor que mi querido hermano. Sabía que él no estaba en mejores circunstancias, pero necesitaba de su consejo. Por el amor de Dios… Que actuara por un instante como lo que era, mi hermano mayor… Así que salí del cuarto de servicio y avisé a uno de los generales que me ausentaría un par de días. Era necesario realizar esa visita.
CONTINUARA…
Un poco fuerte, ¿No? Un Ludwig abusando de México de esa manera, simboliza la riña que tuvimos los mexicanos contra los alemanes, ¿O que pensaban, que todo era miel sobre hojuelas? La verdad que no siempre nos llevamos bien. Pero hoy en día nuestras relaciones son buenas. Ya no hay rencores. Bueno, ojala no los haya ofendido con el lemmon, era tal vez inevitable. A decir verdad, es la primera vez que lo manejo de modo violento. Pero siempre con respeto. No soy experta en el tema, sigo siendo un unicornio, pero bueno, para eso uno se informa, jejejeje… Creo que me va a tomar unos dos capítulos mas terminarlo, la historia es muy extensa…
See ya!
Notas: Hetalia es obra de Hidekaz-san. ;)
