2.- Sobres

-¿Has hablado con tu hermana últimamente, Ron?- Hermione se encontraba en la madriguera, cómodamente acurrucada sobre el pecho de Ron en un sillón frente a una cálida y chispeante chimenea.

-A penas si tiene tiempo para respirar.- Ron bufó por lo bajo. La familia Weasley había perdido el contacto con la menor de los Weasley desde hacía ya cinco años, primero faltó a algunos cumpleaños, después a festividades más importantes como navidad o pascua y, ese año no la habían visto ni una sola vez.

-Me preocupa mucho. Esta demasiado.- Hermione hablaba casi en un susurro. Lo último que quería era que la Sra. Weasley la escuchará.- Metida en su trabajo.

-Mira quién habla.- Ron utilizó un tono de burla, su novia pasaba gran parte de su tiempo entre libros y papeles, pero no se comparaba con Ginny.

-Lo dijo en serio.- Hermione tenía una expresión entre inquietada y afligida.- Debemos hacer qué venga a ver a tus padres, tu madre esta muy angustiada. La he visto llorando.

-No puedo hacer nada, cariño. Lo poco qué se de mi hermana es gracias al profeta.- Ron no bromeaba, tenía cara de pocos amigos y su tono de voz era muy serio.- Me preocupa, pero yo también tengo un empleo y no puedo perder mi tiempo rogándole que venga.

-Tal vez, si Harry hablará con ella, podría convencerla.- Hermione puso un sonrisita en su cara y Ron negó con la cabeza.

-Se qué planeas y de una vez te dijo que no, esos dos son historia.-Por mucho qué le pesará no había ninguna posibilidad entre su hermana y su mejor amigo.

-Igualmente ya he usado a algunos contactos.- Ron la observó confundido y Hermione simplemente sonrió de modo infantil. Si había alguien que extrañaba los tiempos de Hogwarts era Hermione Granger y se le había metido en la cabeza el convertirse en Cupido.

* * *

Pasaban de las cuatro de la madrugada cuando Ginny Weasley cruzaba el umbral de la puerta blanca de su lujoso departamento. A través de las grandes ventanas cristalizadas de la sala observó una noche tranquila y despejada en Londres, las estrellas brillaban en el firmamento y no hacía demasiado frío; se sentía tranquilidad, paz y soledad en aquella habitación. Ginny iluminó el lugar con la varita y colgó su bolsa en un perchero cercano.

-Cartas.- Habló para ella misma, ya qué no había nadie más en el lugar. Efectivamente sobre la mesita rectangular y larga había tres sobres, los tomó y se los llevó a su habitación. Al llegar a su cuarto, depositó su portafolio y varios pergaminos sobre el escritorio. Después, se cambió la ropa por algo más cómodo para dormir, se metió a la cama y una vez dentro examinó los tres sobres, el primer remitente era su madre, el segundo Hermione y el tercero era una carta del Ministerio. Los dejó en la mesita qué se encontraba a un costado de su cama, mañana tendría tiempo de ver el contenido. En ese momento solo quería dormir unas cuantas horas.

* * *

-Buenos días, jefe.- Taylor entró a la oficina para encontrarse con Harry Potter detrás de un majestuoso escritorio de roble, rodeado de pergaminos, sobres, cheques y más pergaminos. -Buenos días, Taylor.- Harry levantó la mirada y resopló al ver qué en sus brazos había más papeles.

-Se me caerá la mano de tantas firmas.- Harry le hizo un gesto con la mano para qué se sentará.- ¿Qué tenemos hoy?

-Naomi esta en la sala de espera.- Taylor habló un poco molesta. La novia de su jefe no era lo qué digamos agradable con ella, no era qué ella lo fuera pero no había punto de comparación en el grado de desprecio. Harry se molestó al pensar qué forma de humillación había elegido esta vez, debía estar molesta porqué ayer a penas si cruzo palabra con sus padres y justo en ese momento no tenía ganas de discutir con lo que para cualquier hombre sería la novia perfecta. De hecho Naomi Spencer era el ideal de cualquier hombre. Alta y de cabello rubio corto bastante sexy, tenía la piel apiñonada, facciones exquisitas y muy, muy buen cuerpo.

-Dile qué estoy muy ocupado.

-Piensa qué estas en una junta.- Hizo una pausa ante la sonrisa de Harry.- pero no sé que va a pasar cuando se de cuenta de qué la sala de juntas está vacía.

-No notará ese detalle.- Harry esperaba fervientemente qué se aburriera de las malas revistas de la sala de espera y se fuera.-Cambiando de tema, te tengo dos casos.- Taylor depositó sobre el escritorio dos folders con el sello del ministerio frente a Harry.- El primero es de un ataque hacia una adolescente y un niño muggles en las afueras de Londres, no hubo muertes pero si gran rastro de magia oscura alrededor.- Harry analizo los papeles y las fotos del primer folder.- El segundo es acerca de una bruja alrededor de veintitrés años, fue intoxicada pero nadie tiene idea de qué se utilizo. Esta inconsciente en San Mungo, fue todo casi perfecto, según el reporte no hay rastros.- Harry levantó una ceja y sonrió, al fin tenía frente a sus ojos casos verdaderamente interesantes.

-Habla a San Mungo, necesito hablar con quién este tratando a la bruja.-Harry acerco el segundo folder y comenzó a examinar todo.- Gracias, Tay. Por favor dile a Naomi que no me espere.