El rebelde y la dama del establo
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 2 Pasiencia Agotada
Terminada la clase de matemáticas, Candy, acompañada de su nueva amiga Patty y todas las demás alumnas abandonaban el salón de la hermana Margaret para dirgirse al comedor, cosa que alegró a la pecosa, ya que así como era de grande su corazón, también lo era su apetito. Iba platicando amenamente con la gordita
cuando se le atravezó en el camino la insoportable presencia de Eliza, quien no perdió oportunidad para humillarla nuevamente.
-Miren, nada más, la huérfana del Hogar de Pony.
Soltó cargada de rabia y veneno. Candy ignoró el comentario y siguió su camino, pero la pelirroja, sin darse por vencida, añadió:
-Patricia, yo no me juntaría con esta sirvienta que además es una ladrona y no sólo eso, también es una asesina.
Y fue ahí, al escuchar esa grave acusación por parte de la Leagan que Candy no pudo contenerse más y separándose bruscamente de Patty, quien por el repentino arranque de la rubia casi cae al suelo y se le desajustaron los anteojos, la pecosa tomó salvajemente a la pelirroja por los hombros sacudiéndola, comenzó a gritarle, sin soltarla de su fuerte agarre.
-¿Qué es lo que te pasa Elisa Leagan?
-¿Es que no te cansas de fastidiarle la vida a todos, qué es lo que te molesta, que me haya ganado el cariño de Anthony y que me haya preferido sobre ti?
-¿Es eso, Eliza?
-¿Que esta huérfana del Hogar de Pony, como tú me llamas, te haya ganado el amor de tus primos, te duele que a pesar de alardear del dinero de tu familia y tu refinada educación, esta sirvienta tiene todo lo que tú deseas y nunca podrás tener?
La pecosa estaba fuera de sí, la ira se había apoderado de ella, mientras que la chica Leagan, temblando de miedo y con
el cuello de la camisa de su impecable uniforme arrugado por el agarre de la furibunda rubia, seguía vociferando:
-Admite que tú lo mataste, Anthony se cayó de ese caballo
por tu culpa, por tu culpa está muerto, maldita huérfa...
¡Plaf! Sonó una estridente bofetada en la mejilla de la pelirroja, dejando boquiabiertos a todos los alumnos que presenciaban la escena fascinantemente y dejando sorprendidos a los hermanos Cornwell que acabando de llegar, sólo presenciaron la sonora bofetada propinada por la rubia. Stear, acomodándose sus anteojos y pasándose las manos por sus negros cabellos, de repente salió de su asombro e intentó acercarse a Candy, pero se le atravezó
en medio Neil Leagan, quien al ver el pavor en los ojos de su odiosa hermana, seguido por los dedos de Candy claramente marcados en la mejilla derecha de Eliza, como una imagen 3D, quiso intervenir separándo bruscamente a la rubia de su hermana, pero solo consiguió con eso aumentar, si es que eso era posible, la furia de la pecosa, quien tomándolo con salvajismo por un brazo, le dijo:
-Y esto va para tí también, pedazo de cobarde, pensaste que siempre podías venir a humillarme y que yo aguantaría
sumisa, como siempre, no, hermanos Leagan, eso ya se acabó, una a una van a pagarme todas las que me han hecho.
Soltó empujando violentamente a la rata de Neil contra la pared más cercana.
-¡Ya me tienen harta!
Gritó, con sus hermosos ojos esmeraldas empañados de lágrimas. Comenzó a alejarse apresuradamente y sin fijarse en todos los que se llevaba en medio, tropezando con Archie, quien trató de detenerla, suplicándole con sus encantadores ojos miel que se calmara, pero Candy lo ignoró por completo y comenzó a correr como alma que lleva el diablo, dejando al elegante de hermoso cabello largo y castaño gritando inútilmente su nombre, pero
la rubia ni siquiera volteó a verlo y siguió su carrera sin mirar atrás.
Deteniéndose de repente para que el aire volviera a sus pulmones por la increíble carrera que había tomado, Candy había llegado sin saber cómo a una hermosa colina, que lucía todo su esplendor, a pesar del pesado y frio clima de Londres en esa época del año. Se recostó de un gran árbol que había en la colina que
inevitablemente le recordó al Padre árbol, que se encontraba en la colina del Hogar de Pony, orfanato donde se crió Candy, ese hermoso lugar, donde a pesar de que no había mucho lujo, abundaba el amor y el cariño que entregaban la señorita Pony y la hermana María, su verdadero hogar, donde fue tan feliz junto a muchos otros niños y su inseparable amiga Annie.
-Annie...
Murmuró la pecosa para sí misma y las lágrimas comenzaron a aflorar nuevamente. Candy sentía que ya no podia con más dolor, y se dejó caer sobre la hierba, sin importarle arruinar su uniforme, ese atuendo horrible que tenía que usar diariamente y sin importar nada más dio riendas sueltas a sus sentimientos y siguió llorando desconsoladamente. Un ruido, como de un crujir de ramas, detuvo en seco el llanto y el monólogo inentendible de la rubia y poniéndose de pie apresuradamente preguntó:
-¿Quién está ahí?
Mirando hacia la copa del árbol y limpiándose las lágrimas con el dorso de la blusa,si había alguien ahí, fuera quien fuera, no permitiría que la viera en ese estado. Súbitamente, algo se lanzó al suelo, o mejor dicho, alguien asustando a la rubia que no estaba esperando ese aterrizaje.
-¿Ya terminaste?
Preguntó una varonil y soñadora voz mientras exhalaba el fastidioso humo de su cigarrillo sobre el rostro pecoso.
-Te hice una pregunta.
Insistió la voz, sacando a Candy de su estupor, que se había quedado paralizada mirando al intruso, alto, delgado, pero de brazos y complexión firme que presagiaban al exquisito futuro hombre que en poco tiempo sería, no perdió detalle de ese rostro tan perfecto con una naríz perfilada, esos ojos azúl profundo que quemaban, unos labios que debían ser un pecado que para rematar se curvaban en una sonrisa retorcida y como si no fuera suficiente, un simpatico hoyuelo se formaba en su mejilla izquierda y el viento removía su rebelde y larga cabellera castaña a su antojo, a Candy se le había secado la boca y se habría quedado en un trance permanente de no haber sido interrumpida en su escrutinio nuevamente por esa voz.
-¿Vas a contestar mi pregunta o prefieres seguir alimentando tus pupilas conmigo, pecosa?
Se burló el intruso. Super indignada y roja hasta las puntas de los pies, Candy arremetió:
-En primer lugar no te estaba mirando, engreído, y en segundo
lugar, mi nombre no es pecosa, me llamo Candice White Andrew.
Le informó Candy apuntándolo con el índice y con el ceño fruncido.
-Hummm, así que Candice White Andrew, eh?
Dijo el extraño fingiendo meditar un asunto muy importante, para finalmente argumentar:
-No, creo que pecosa te queda mejor, o tal vez...
Pequeña pecas, me cuesta decidir cual te queda major.
Dijo como si se tratara de la desición más importante de su vida. Candy, rayando ya en el coraje, volvió a enfatizar:
-¡Candice! ¡Me llamo Candice!
Y mirándolo de una forma que cualquier otra persona se habría retractado de lo dicho. Pero no él. Así que haciéndo caso omiso al enfado de la rubia, preguntó:
-¿Son contagiosas?
-¿Eh?
Contestó Candy.
-Tus pecas, ¿son contagiosas?
Volvió a preguntar y sin esperar respuesta, prosiguió:
-Y esa naricita respingada repleta también de pecas...
Ahora fue él quien no terminó la frase, porque la pecosa estallando en rabia, le gritó:
-¡Vasta! Eres insoportable, y si tanto te preocupas por contagiarte con mis pecas por qué mejor no te largas a otra parte con tu fastidioso cigarrillo y me dejas en paz!
Reprimiendo una carcajada por lo graciosa que se veía la pecosa ardiendo de rabia, él contestó:
- Primero, porque yo estaba aquí antes que tú y segundo porque prefiero tomarme el riesgo y seguir platicando amenamente con tan grata compañía.
Dijo irónico y sorprendiendo a la rubia por su cambio repentino. Y si eso la sorprendió, lo que pasó después casi la deja en estado de coma.
-Terrence Grandchester, a sus pies, señorita.
Se presentó el intruso, besando su mano y haciendo una gentil reverencia.
Continuará...
Hola otra vez! Espero que les haya gustado este nuevo capítulo. A mi me encantó escribirlo. Espero sus reviews, no importa los abucheos, déjenme saber qué
les pareció. Como ven, ya se conocieron la pecosa y el rebelde! Prepáranse porque tengo un romance maravilloso para esta pareja, todo lo que deseamos del anime
lo tendrán aquí. Y claro que habrán dificultades, no todo será color de rosas, eso haría la historia aburrida, pero les prometo que haré todo lo posible porque disfruten
esta historia!
Besos, Wendy
