Los personajes de Candy Candy no me pertenecen, puede que esta historia contenga temas y situaciones no aptas para menores de edad.

Encontrándome

Capítulo 2

A Candy le fueron a entregar las llaves de la vieja casona e inmediatamente se fue a revisarla, dejando a sus hijos al cuidado de su nueva amiga. Esa casa era demasiado antigua que primero quería inspeccionarla antes de llevar a sus hijos a habitarla. Se sentía feliz de poder contar con la ayuda de Dorothy. Apenas hacia un par de días que la conocía y sentía que serían amigas para toda la vida. Sus hijos los había dejado a su cuidado. Mientras el esposo de esta la acompañaba a hacer las pruebas de plomo a la pintura de la casa y a revisar la estructura. Candy sonrió complacida al ver lo realmente profesional que Tom era, además de tener experiencia en la construcción, sabia de electricidad, plomería y quien sabe cuántas cosas más. Pero no poseía ninguna certificado o licencia, él al haber quedado huérfano de muy chico, se había dedicado a trabajar y había abandonado la preparatoria mientras cursaba el décimo grado.

Candy recordó como había conocido a Dorothy y Tom, tal parecía que alguna fuerza que no entendía los había puesto en su camino:

Era su segundo día de viaje, después de muchas horas de dejar el hotel donde se habían hospedado la noche anterior. Candy y sus pequeños se habían detenido a comer en un restaurante. Por la ventana sus hijos vieron a una familia con un cartel que decía: "Nuestro auto se descompuso. Por favor, cualquier cosa puede ayudar."

Los hijos de Candy le pidieron comprar comida para la familia. Candy se conmovió muchísimo al ver como la mujer se veía muy apanada, mientras lucía una enorme barriga de lo que parecía unos ocho meses de embarazo mientras sostenía a un pequeño como de unos tres añitos de la mano. El hombre sostenía el cartel y se veía igualmente muy apenado.

Candy y los niños se acercaron a la familia y les dieron los alimentos y estos les dieron las gracias. Candy estaba a punto de marcharse cuando algo la hizo detenerse y de su bolso saco una buena cantidad de efectivo que traía consigo en caso de una emergencia.

-Por favor acepte esto.

-Muchas gracias, pero no puedo aceptarlo, es demasiado, -replico el hombre.

Candy se sorprendió en demasía, no era algo común que alguien rechazara dinero regalado y más si se pasaba por una situación difícil. Porque casi estaba segura que esa familia no tenía hogar, ya que su auto se veía lleno de cosas.

-Acéptelo, piense en su familia.

El hombre giro su cabeza y miro a su adorada mujer, quien nunca se quejaba, y a su hijito quien devoraba la comida.

-Está bien lo aceptare, pero como préstamo, déjeme una dirección en donde le pueda pagar y le enviare el dinero en cuanto pueda encontrar un empleo.

Al ver la terquedad de ese hombre a Candy se le ocurrió algo.

- ¿En qué es en lo que busca trabajo?

-En este momento en lo que sea, mientras sea un trabajo honrado.

- ¿Tiene experiencia en la remodelación de casas? ¿O puede cargar cosas pesadas?

-Pues en si, nunca he remodelado casas, pero trabajaba en una compañía que construía casas móviles. En ese lugar aprendí desde como instalar la tubería hasta a darle el acabado a las paredes.

-Eso es perfecto, le tengo una oferta de trabajo en Lakewood. No se si le interese vivir en ese lugar. Tengo que remodelar una casa que compre, al igual que planeo iniciar un negocio de restauración de casas. Necesitare contratar a personas que puedan trabajar muchas horas extra.

El hombre se acercó y hablo en una voz lo suficientemente baja para que los niños no lo escucharan.

-Hay una cosa que tiene que saber, tengo antecedentes penales. Por eso me ha sido difícil encontrar trabajo. Cuando tenía como unos dieciocho años, para poder comprar drogas, robe la gasolinera donde trabajaba. Fui enviado a la cárcel por ello y desde entonces he estado limpio. Pero la razón por la que me corrieron de mi antiguo empleo fue porque alguien me culpo injustificadamente de robar algo, lo cual después en un juicio se comprobó que no era verdad. Aun así, perdí mi empleo y por eso me ha sido imposible el conseguir otro trabajo y lo poco que me dan de desempleo no nos alcanza para nada.

Candy se quedó impactada por la honestidad del hombre. En ese momento decidió que lo contrataría.

-A mí no me interesa lo que hiciera en su pasado, sino la clase de persona que es ahora y al ver su honestidad, siento que puedo confiar en usted. ¿Acepta la oferta de trabajo? -Le extendió la mano y sellaron la que sería una de las mejores decisiones de ambos. Candy no sabía el por qué, pero ese hombre le inspiraba una gran confianza. Era como si lo conociera de antes. -Quédese con este dinero como un adelanto.

-Me gustaría que lo fuera descontado de mi sueldo.

-Está bien, ¿qué es lo que le paso a su auto?

-Solo se le rompió una banda, la cual, gracias a usted, ahora puedo comprar para poder seguir con nuestro viaje.

Fue así como Candy había conocido a esas personas que llegarían a ser de sus mejores amigos.

-Candy, solo la pintura de los baños del segundo piso dio positivo a plomo. -La rubia fue interrumpida de sus cavilaciones por Tom.

-Ay que mal, pero yo pensé que sería toda la casa, menos mal. También me di cuenta que hay rastros de goteras en la casa, tendremos que reparar el techo. En el sótano hay lo que parece ser asbestos, - dijo Candy con algo de resignación.

-Bueno pongámonos manos a la obra, ¿quieres que llame a una compañía especializada en asbestos para que los retiren?

-Sí, eso estaría genial, solo espero y no cobren mucho, lo único que me anima es que podre trepar al techo. -Suspiro la rubia, la remodelación de la casa sería un poco más ardua de lo que había pensado. Tendría que contratar a más personas para que trabajaran con ella.

Por unas semanas el hotel se convirtió en su casa y Candy se sentía realmente culpable por hacer pasar a sus hijos por esa situación, pero era solo algo temporal y a los niños no parecía afectarles mucho. Disfrutaban de nadar todas las tardes en la piscina del hotel, además los hacia quemar energía y olvidar un poco la situación por la que estaban pasando. Los pequeños a pesar de sentirse tristes por el divorcio inminente de sus padres sabían que su madre nunca los abandonaría y eso les daba cierta serenidad. Desde del primer día que la conocieran, supieron que ella era una persona en la que podían confiar.

Pronto paso el tiempo y la gente de la pequeña cuidad se dio cuenta de que en pocas semanas Candy había hecho un hermoso trabajo exterior en la que una vez fuese conocida como la mansión Leagan. Algunas personas que conocían a Candy hasta le habían pedido un tour por la casa, lo cual en lugar de incomodarle le había alagado. Candy había vivido en esa ciudad hasta que se graduado de la preparatoria y se fue a la universidad. Fue en su tiempo de estudiante universitaria cuando había conocido a Terry, poco tiempo después se casaron y pues el resto ya pasaba a la historia, una dolorosa historia que la rubia preferiría olvidar. Aun se sentía muy dolida por lo que había sucedido, su forma de "sobrevivir" era el intentar no pensar en él.

Candy se volvió casi una adicta al trabajo que los meses pasaron sin que ella lo notara. Ahora le estaba yendo muy bien con su negocio de restauración de casas. Era algo muy pesado pero que disfruta haciendo. Eso era una de las cosas a las que había tenido que renunciar al ser la esposa de Terry, ya que él no quería que ella trabajara para poder llevarla con él a las diferentes locaciones. Además de que el trabajo de restauradora de casas no era lo suficientemente glamuroso para la esposa de uno de los actores más cotizados de Hollywood. Hasta había tomado clases sobre decoración de interiores para poder hacer algo que tuviera que ver un poco con lo que le apasionaba, pero Terry había insistido de que no era necesario que trabajara, ella para satisfacerlo había dejado atrás todo lo que le gustaba. En verdad que se había perdido a si misma para poder satisfacer a su marido y ni aun así todo lo que sacrifico no fue suficiente. Ahora la vida de Candy se había vuelto muy rutinaria y así le gustaba, amaba la monotonía de todos los días; después de darles de desayunar a sus hijos estos se iban a la escuela y ella trabajaba todo el día. Dorothy, quien ahora tenía un bebito de cuatro meses, trabajaba como su niñera por las tardes cuando sus hijos llegaban de la escuela. Afortunadamente sus hijos la adoraban al igual que a sus pequeños y por eso se sentía tranquila al dejarlos a su cuidado.

Esa tarde Candy se sentía realmente cansada, ya hacían seis meses que trabajaba sin parar a excepción de un par de fines de semana que se había tomado libres para llevar a sus hijos de paseo. Pensó que tendría que contratar más personal porque realmente quería dedicarles más tiempo a sus hijos. Después de darles de cenar a sus pequeños se había recostado en su enorme cama. Recordó que hacía mucho tiempo que no escribía en su diario. Se dirigió a su closet de donde saco una caja, en donde guardaba sus diarios y sus tesoros más preciados, al dar media vuelta se le cayó de las manos. Suspiro con desespero y se dispuso a recolectar las cosas que se habían tirado. Y fue entonces cuando miro la foto. La tomo y la acerco más a su rostro, parecía que fue ayer de eso y la rubia se perdió en sus cavilaciones. Todos se miraban tan felices, ella al verse noto como sus ojos parecían brillarle al observar el lente de la cámara o más bien al fotógrafo. Sonrió con melancolía.

- ¿Dónde quedaron esos jóvenes llenos de ilusiones, sin preocupaciones? - Limpio una lagrima que escapo, eran tantos sentimientos los que se agolparon en su ser. En la foto estaban Annie abrazada de su hermano Archie. Patty al lado de su ahora ex novio Stear, quien la tenía tomada de la cintura. En el extremo derecho estaba ella, mientras Anthony le pasaba el brazo por el hombro a sugerencia de Albert, quien siempre había intentado hacerla de cupido, ya que sabía que su hermano Anthony estaba perdidamente enamorado de Candy. Albert ni imaginaba lo que su actitud de casamentero lastimaba a la pecas, quien solo tenía ojos para él. Los sonidos y olores de ese día llegaron invadiendo sus sentidos. -Albert...-pronunciaron sus labios sin poder evitarlo, él había sido su primer amor, su amor inalcanzable. Albert era el hermano mayor de Annie. Para nadie fue un secreto que Candy había estado perdidamente enamorada de él, pero para él ella solo era la amiga de su hermanita y sus hermanos. Albert era el mayor de la familia Andrew seguido por los trillizos Stear, Anthony, y Archie. Annie era la menor y única mujer de la familia.

-Qué bonita pareja hacían Patty y Stear, aun no entiendo por qué esos dos tercos no quedaron juntos, -dijo Candy en voz alta.

Candy había seguido en contacto con Stear, Archie y Anthony. Con quien había perdido todo contacto era con Albert, ya que a él no le gustaba eso de las redes sociales y se la pasaba de trotamundos con su esposa. Aunque ahora que lo pensaba, llevaba meses sin ingresar a su cuenta de Facebook, la cual la tenía privada. Solo sus amigos más cercanos estaban en ella. Tenía ganas de saber que habían subido sus amigos. Candy se metió al Facebook con su iPhone y miro que tanto Patty como Annie habían estado cenando juntas la noche anterior, en verdad que las echaba de menos. Archie tenía un montón de fotos con su hermosa esposa y su perrito Max. Anthony, quien, hacia un par de años se había casado con una mujer guapísima había subido fotos con ella disfrutando de la playa mientras celebraban su segundo aniversario. Stear había puesto una foto de él con su hermano Albert en Londres. Candy sintió como su estómago se le hacía nudos. Así que mejor decidió salirse de la aplicación.

No entendía como a tantos años, aun Albert la seguía afectando. Tal vez era por lo que estaba pasando con Terry o tal vez era cierto eso de que el primer amor nunca se olvida. Pero es que para Candy ese primer amor había sido sumamente amargo y doloroso. Recordó la última vez que había visto a Albert, fue unos instantes antes que él se casara con Cecilia. Esa mujer era el polo opuesto a Albert, lo único que tenían en común es que a los dos les gustaba viajar, aunque a Albert de mochilero y a ella en primera clase. Candy abandono sus cavilaciones, en verdad que no quería recordar cosas amargas, ya suficiente tenía con la llamada que Terry le había hecho. Le había llamado para reclamarle el que se había desaparecido de la faz de la tierra y que extrañaba a los niños. Candy no podía creer que Terry ahora se pusiera a reclamarle cosas.

La rubia pensó que lo mejor sería ir a darse un largo baño de burbujas acompañada por una copa de vino. Mientras se metía a la humeante y burbujeante agua pensó que solo le faltaba un consolador. Se carcajeo de sus ocurrencias, aunque sus carcajadas fueron enmudecidas cuando a su mente vino la imagen de un apuesto rubio. En verdad que se sentía sola. Fue su ultimo pensamiento antes de quedarse dormida en el agua solo para unos minutos después despertar al casi morir ahogada. En verdad que ella y las tinas de baño eran un peligro. Se enjuago el jabón y se puso una bata de dormir. Se asomó por el balcón de su habitación y contemplo el resplandor de la luna y cerro sus ojos mientras aspiraba el olor a naturaleza pura que expedía el lugar. En verdad que amaba a Lakewood, pero odiaba el sentirse tan sola. Tal vez el haber regresado a ese lugar fue un error.

A la mañana siguiente nuevamente el caos volvió a reinar.

-Tomate por lo menos un vaso de jugo, no ves que estas en pleno crecimiento Sofie, -aconsejaba a su hija quien solo la ignoraba mientras salía en busca de su mochila. -No te preocupes desayunare en la escuela.

-Emily ponte tus zapatitos, ya eres una niña grande. -Le decía a la más pequeña mientras le cepillaba su cabello.

-Ya viene el autobús, vamos, corran que nos deja. Hasta luego ma.- Las apuraba Ben mientras salía para afuera.

-Benjamín, olvidas tu mochila.

-Gracias ma.

-Ya sabes que no me gusta que me llames así. -Le llamo la atención Candy mientras le alborotaba su pelirroja cabellera.

Los tres hermanitos salieron corriendo acompañados de su mamá. Al ver que sus hijos se subían sanos y salvos al autobús, Candy se dirigió a la cocina y se sirvió una taza de café. Se disponía a hacer una llamada cuando su teléfono sonó de improvisto.

-Hola Stear, a que se debe el milagro que te dignes a llamarme, -le decía Candy mientras le daba un trago a su café.

-Hola Candy, ¿cómo estás?

-Pues bien, y ¿tú?

-Óyeme la pregunta ofende, que no es eso obvio -bromeaba Stear. -Como ya lo sabes estoy como siempre, muy bien. Mira, además que te llamo para saludarte, te estoy buscando para que remodeles la vieja casa Andrew de Lakewood, esa casa necesita remodelación urgente. Mi hermano Albert piensa tomarse un año sabático y piensa vivir en ese lugar. Al parecer está cansado de andar trotando por el mundo y escribir historias sobre ello.

A Candy casi se le cae la taza de café.

-Pues déjame decirte que mis precios son muy altos, además de que en este momento tengo mucho trabajo. No sé si pueda con un compromiso más…

-No te preocupes, no hay prisa. Lo que si urgiría es el remodelar la habitación de mi hermano y su baño, al igual que la cocina lo antes posible, yo creo que la última vez que ese lugar se remodelo fue en los años ochenta.

-Me imagino que Cecilia no querrá llegar a un lugar así, -dijo Candy sarcástica, en verdad que odiaba a esa mujer, solo hasta que conoció a Susana fue que el odio que sentía hacia ella fue superado.

Stear sonrió divertido, al parecer a Candy aun le interesaba su hermano, eso era algo muy bueno.

-Pues la verdad es que hace como un año que Albert se divorció.

Ahora sí que Candy tiro su taza de café, pero encima de su ropa lo bueno era que ahora su café ya no estaba tan caliente.

-Wow, que sorpresa. -En verdad que no podía evitar el sarcasmo, nunca entendió por qué Albert se había enamorado de esa mujer.

-Sí, que sorpresa, en verdad que ese matrimonio duro más de lo que todos pensábamos. - Explico Stear más animado, al parecer había una posibilidad entre esos dos.

- ¿Pues dime, cuando tengo que iniciar con mi trabajo? - Candy intento actuar de lo más natural, no quería que Stear se diera cuenta cuanto se había alterado al tan solo oír el nombre de Albert.

-Hoy mismo de ser posible, mi hermano llega la próxima semana. Te estaré mandando unas fotos del estilo que Archie dice que le quedaría a la casa. Pero realmente tienes libertad plena en rediseñar como tú quieras.

-Oye, ¿no que no había prisa? En una semana no creo poder terminar de remodelar la cocina y mucho menos el resto de la casa, ese lugar es enorme.

-No te preocupes, ya sabes como es mi hermano, a él esas cosas no le importan puedes tomarte todo el tiempo del mundo, a él no le importaría dormir al aire libre teniendo el cielo por techo, pero yo quiero que este lo más cómodo posible. Ya le avisé al jardinero, no creo que tarde en llevarte las llaves. Me tengo que ir a mi trabajo, ya te deposite un adelanto en tu cuenta de banco, después te pones de acuerdo con mi hermano con lo que respecta al resto de tus honorarios.

Stear colgó sin que Candy pudiera poner objeción alguna y pudiera cuestionarle el cómo sabia su cuenta de banco.

En eso sonó el timbre y efectivamente era un señor que le traía las llaves de la mansión Andrew. Candy le hablo a Tom, quien se había convertido en su mano derecha para explicarle la situación. Él dijo que tenía todo bajo control en la restauración de la casa de la familia Montgomery, así que ella podía ir a dar un vistazo en lo que se había metido.

Candy fue a cambiar su ropa y se puso una simple camiseta de tirantes blanca y unos pantalones de mezclilla azul muy cómodos. Tomo su iPhone, una cinta para medir, una libreta de notas y un lápiz y lo puso todo dentro de una mochila. Después de unos minutos se encontraba frente a la mansión Andrew. En verdad que ese lugar era enorme, pensó mientras usaba la llave para abrir la puerta principal. Al ingresar miro como todos los muebles estaban cubiertos por sabanas y para su sorpresa la casa lucia limpia. Al parecer le daban mantenimiento, abrió todas las ventanas que pudo para ventilar la casa ya que hacía mucho calor. Fue a la cocina donde tomo las medidas y pensó que lo mejor sería el demoler todo, al fin de cuentas no quedaba nada de la cocina original. Después subió las escaleras y sentía como su corazón se le aceleraba y no sabía el motivo. Solamente iría a tomar unas medidas. La habitación de Albert era una de las más grandes en la mansión y se sorprendió amenamente al ver una hermosa cama antigua de cuatro postes, era simplemente hermosa. Hoy en día ya no creaban muebles de esa calidad y la atención que se había puesto a cada detalle era insuperable. Miro que tendría que reparar una de las paredes. El piso de madera era perfecto, solamente necesitaba de una pulida y barniz y quedaría como nuevo. La remodelación de la habitación en si sería fácil, lo que noto fue que el closet era algo pequeño, pero la habitación al ser tan enorme fácilmente se podía agregar uno o dos vestidores/walk-in closets enormes y aun quedaría espacio para la sala de estar que había en la habitación, pero para eso tendría que pedir la opinión de Albert. Después ingreso al baño y nuevamente se llevó una grata sorpresa al ver que era un hermoso baño original de principios del siglo pasado; había una bañera antigua de cuatro patas y era enorme; parecía haber sido diseñada para la gran estatura de Albert. Candy miro que la tina se estaba desgastada en donde tenía unas marcas de agua, pero eso tenía remedio, ella era una experta en restaurar cosas antiguas. El baño tenía piso de mármol y estaba en perfecto estado. En verdad que solo tendría que limpiarlo y pulirlo, pero ahora que lo pensaba tal vez tendría que cambiarlo si es que decidía cambiar cosas de lugar, pero esperaba que no.

Después de tomar medidas se empezó a sentir muy cansada y miro la cama como invitándola a recostarse. Quito la sabana que la cubría y se sorprendió al darse cuenta que las sabanas parecían recién lavadas ya que expedían un aroma a briza fresca. Pensó que se recostaría unos minutos. Al acostarse su mente inicio a jugarle bromas; se imaginó a Albert entrar por la puerta y as sus manos acariciarle su piel. Fue entonces que desabotono sus pantalones e introdujo lentamente su mano para tocar su intimidad. Imagino como sería el ser tocada por Albert y suspiro al darse cuenta de lo que hacía. Se levantó de la cama y abotono su pantalón pensando en que estaba actuando como una depravada sexual. Solo el hecho de estar en la habitación del que fuera su primer amor la excitaba.

Fue al baño a lavar su rostro y decidió que lo mejor sería abrir la puerta del balcón para que ingresara un poco de aire. Fue cuando se dio cuenta que empezaba a llover. Adoraba la lluvia de primavera siempre y cuando no hubiera truenos. Cerro sus ojos, extendió su mano para atrapar las primeras gotas de agua y aspiro el aroma a tierra mojada mezclado con el aroma de una rica colonia a maderas que le recordó al causante de tantos desvelos en sus tiempos de adolecente. Se dio la vuelta al sentirse observada.

- ¿Candy? - Pregunto el hombre con sorpresa. Al llegar a su casa lo primero que había hecho era dirigirse a su habitación, estaba muy cansado de sus horas de viaje, además que había pasado a rentar un auto y a una tienda a comprar víveres. Pero su sorpresa había sido mayúscula al encontrarse en su habitación a una hermosa rubia de cabellos rizados. Por un instante pensó que estaba teniendo una visión ya que esa mujer era hermosa, tanto que parecía una mística hada.

- ¿Albert? - Candy se había sorprendido en sobremanera ya que pensó que no llegaría hasta la siguiente semana. En verdad que el paso del tiempo había sido generoso con el apuesto hombre, ahora con facciones más maduras lucia mucho más guapo si es que eso era posible.

-Estas irreconocible pequeña, pero eres Candy, ¿verdad? Esos ojos te delatan. - Albert no podía creer en la increíblemente hermosa mujer que se había convertido Candy. Claro que había visto una ocasional foto de ella con su esposo en alguna revista, pero al verla en persona quedo impactado. Ella era simplemente angelical. Dejo la maleta y las bolsas que cargaba para ir a saludarla con un abrazo y beso en la mejilla.

Candy sintió como su ritmo cardiaco se aceleró al máximo. En verdad que ante el encanto de ese hombre estaba perdida.

-Pensé que llegarías hasta la próxima semana. Stear dijo que por lo menos tuviera lista tu habitación para entonces.

- ¿Así que tú eres la persona a quien contrato Stear para remodelar la casa? Pensé que solo estabas remembrando viejos tiempos. - Albert adoraba el hacerla sonrojar. Fue poco antes de que Albert se casara. Candy quien estaba enamorada de él había visitado al rubio en su habitación, él cual había quedado completamente sorprendido, después de que Candy confesara su amor por él. Candy le había suplicado que no se casara que ella lo amaba. Hasta le pidió que pasaran la noche juntos. Claro que Albert al ser un caballero la había rechazado dejando en la rubia una gran herida a su orgullo. Al día siguiente Candy no asistió a la boda, se la paso llorando en su habitación mientras sus padres la consolaban.

Candy afortunadamente al haber vivido con uno de los mejores actores había aprendido ciertas técnicas de actuación, por así decirlo. Sonrió y sorprendió al rubio con sus palabras.

-Disculpa por haberte puesto en una situación tan incómoda, en ese entonces no sabía lo que quería, era muy inmadura. Pero ni te imaginas de lo que te perdiste. - Le guiñó un ojo con coquetería.

Albert se quedó sin palabras, en verdad que al verla pensó que realmente había sido un tonto.

-Bueno, ya tomé las medidas que necesitaba por el momento, me retiro para dejarte descansar, si no hay problema para ti, mañana me gustaría venir a terminar de observar el resto de la casa.

-Está lloviendo muy fuerte, espera a que pase la lluvia, -no quería que se marchara- por cierto, no mire ningún auto afuera.

-Me vine caminando, ahora vivo en la que era la casa Leagan.

- ¿De verdad? Pues que bueno tenerte de vecina, será divertido.

-Veo que traes almohadas y sabanas nuevas, - dijo Candy al observar sus bolsas de compras.

-Sí, imagine que las que están en la casa han de estar inservibles. Le encargue a Tim que cambiara el colchón de mi cama y le pusiera sabanas limpias, pero no estaba seguro que lo hiciera.

-No te preocupes las sabanas están limpias, hasta huelen a "brisa fresca," por lo que me imagino que Tim siguió tus instrucciones al pie de la letra, -dijo antes de darse cuenta de lo extraño que sonaría decir tales palabras.

Albert la miro interrogante.

-Es que estaba mirando que muebles tendrían que ser reemplazados para remodelar tu habitación, fue cuando me di cuenta que el colchón era nuevo y las sabanas estaban limpias. Por cierto, estaba pensando en que sería una buena idea el construir un closet más grande en esta área. ¿Qué opinas?

-Pues suena como una buena idea, la verdad esta casa al ser tan antigua tiene closets pequeños, ya que antes las personas no solían tener mucha ropa.

Albert con la ayuda de Candy limpio el polvo que quedaba en su habitación y se encontraban arreglando la cama con nuevas almohadas cuando un trueno hizo a Candy el abrazarse inconscientemente a Albert provocando en el caballero unos deseos enormes de tirarla sobre la cama y de besarla; estaba a punto de hacerlo cuando ella se apartó.

-Por lo visto, aunque estas muy cambiada físicamente, sigues siendo la misma niña asustadiza. - Explico el rubio divertido de que Candy no había cambiado, sin imaginarse lo hirientes que resultaban esas palabras para Candy, quien siempre había anhelado que ese hombre la mirara como mujer y no como una niña.

Candy suspiro mientras pensaba que ciertamente, unas cosas nunca cambian.

-Por lo que estaba advirtiendo de la casa, tendrás que rentar un hotel para vivir por unos días mientras se hacen las mayores remodelaciones.

-Temía que dijeras eso.

-Honestamente, para esta casa ser tan vieja, está en buen estado. Me gustaría más que nada restaurarla, lo cual lleva mucho más tiempo que una simple remodelación. Me encantaría el poder restaurar todos los pisos y tu baño original. También me gustaría poder remodelar toda la casa con muebles antiguos…pero eso costaría mucho tiempo y dinero.

-Si lo que quieres son muebles antiguos, no te preocupes, el sótano y el ático están llenos de antigüedades.

Después de esas palabras Candy tenía que ir a ver el sótano y el ático y quedo encantada con lo que sus ojos veían. Era el paraíso, para ella. Ella siempre, desde que tenía memoria, había amado las antigüedades. Pasaron las horas mientras ella andaba por todo el lugar mirando las cosas que encontraba. Albert la miraba divertido y los dos platicaban y se ponían al corriente de sus vidas. Cuando se dieron cuenta ya era tarde y todavía seguía lloviendo.

- ¡Ya son las tres! Me tengo que ir ya que no tardan en llegar mis hijos a casa.

-Espera yo te llevo, sigue lloviendo.

Candy por su parte acepto la oferta, en verdad que quería pasar más tiempo con Albert, su compañía siempre había sido amena.

Una vez en el auto un silencio un tanto incomodo los invadió y Candy decidió preguntarle algo que no entendía.

- ¿Cómo es que llegaste hoy? Stear me dijo que llegarías la siguiente semana. ¿Decidiste adelantar tu viaje por una razón en particular?

Albert se sorprendió con la pregunta, Stear sabía que llegaba ese día, no entendía por qué le había mentido a Candy acerca de su llegada.

-Pues la verdad ya moría de ganas de estar en Lakewood, - dijo una verdad a medias, pensaba preguntarle a Stear que era lo que se traía entre manos. Miro de reojo a su pasajera e inesperadamente sintió como su ritmo cardiaco se aceleró al verla. Ya una vez frente a la casa, mientras la rubia se disponía a darle las gracias; él tomo su barbilla y la beso provocando que la mujer temblara al sentir ese beso que una vez en un tiempo lejano había sido anhelado por ella.

Candy correspondió al beso y fue así como llego a sentir como con un beso se podía casi tocar el cielo. Albert abandono la boca de la mujer para besar su cuello dándole un mordisco a su oreja. La camiseta blanca que vestía la rubia era el perfecto enmarque para sus senos, y Albert se éxito en demasía al ver como los pezones de la mujer eran notorios a pesar de llevar sostén porque su camiseta al igual que su sostén de encaje blanco se habían mojado y transparentado mientras ingresaban al auto. Albert se volvió a apoderar de la boca femenina y sin pensarlo con sus pulgares acaricio los senos de la mujer por encima de la ropa, provocando en ella un inimaginable placer. Ella inconscientemente recorrió la espalda cálida del caballero lentamente dejando una placentera sensación, solamente para después bajar una de sus manos a la entrepierna del hombre, llevándose una tremenda sorpresa al darse cuenta de la enorme excitación del caballero.

Continuará…


Quejas a una neurótica:

Annie: ¿Cómo que Archie es mi hermano? Eres la mujer más cruel del universo entero…ahora nunca más podre pensar en él cómo lo hacía antes (llorando desconsolada).

Cris: No te preocupes, te daré un marido increíble en esta historia…

Annie: No digas más, desde hoy tienes prohibido el dirigirme la palabra (se marcha totalmente furiosa).

Minutos después:

Candy: Hasta que por fin continuaste con esta historia, mira que me costó mucho convencer a Albert para que quisiera salir en otra de tus locuras.

Cris: Gracias amiga eres la mejor (tirándome a abrazarla).

Albert: Retira tus manos impuras de Candy.

Cris: ¡Albert! Que alegría que aceptaras aparecer en esta historia.

Albert: Solo acepte porque Candy dijo que habrá escenas muy explicitas digo…explicadas, no como en tu otra historia que le diste un final tan mediocre. Pero ahora estoy dudando eso ya que terminas este capítulo de esta manera.

Cris: Pues si a escenas explicitas te refieres, no te preocupes, ¿por qué crees que clasifique este fic M? (Mirando a Albert con mirada embobada).

Albert: Tú no tienes remedio.

Cris: Pues si quieres curarme, tú eres mi medicina…

Candy: (Se aclara la garganta) Óyeme bien "amiga", tienes prohibido el coquetear con Albert. Si no me voy de tu historia.

Cris: Entendido jefa (llorando por dentro).


Contestando a sus lindos comentarios:

Por favor disculpen mis múltiples errores. Les agradecería enormemente que me comentaran si les agrada o no el rumbo que esta tomando el fic o si es que las estoy aburriendo. También pensaba el no seguir con la sección de quejas en este fic, pero no lo pude evitar. Los protagonistas siempre se enojan conmigo. Si la sección no les agrada por favor háganmelo saber para quitarla ;)

Tania Lizbeth-Hola hermosa, muchas gracias por comentar. Como siempre, una disculpa por dejar abandonada mi historia tanto tiempo.

Blackcat2010-Hola, muchas gracias por comentar. ¿Cómo que encontraste a tu Albert y lo dejaste ir? Ay tocaya, con tu con permiso, te voy a dar de nalgadas. No te creas, no creo en la violencia. Cuídate mucho hermosa y ánimos ;)

Stormaw-Hola, muchas gracias por comentar. Yo muero por saber que pasara. Espero y pronto sabremos quién es el estéril jijiji.

Josei-Hola, muchas gracias por comentar. Sí, empezar desde cero es algo muy difícil. Pero yo tratare de hacerle las cosas más fáciles a Candy, claro con la ayuda de Albert ;)

Flaquita-Hola, muchas gracias por comentar. Me da gusto que te pareciera interesante y espero y la aparición de Albert te agradara.

Elvira A-Hola, muchas gracias por comentar. Me alegra que te pareciera interesante mi historia.

Anónimo 1 de febrero-Hola, muchas gracias por comentar. Me emociona que te interese mi historia.

Sandra Casillas-Hola, muchas gracias por comentar. Siento dejarte en suspenso por tanto tiempo.

Anónimo 26 de mayo-Hola, muchas gracias por comentar. Siento el tardar en actualizar, espero y te agrade lo que esta pasando.

Jane-Hola, muchas gracias por comentar. A ver a donde lleva este fic a la Candy porque ni yo sé.

Nina-Hola, muchas gracias por comentar. Haces que me sonroje. Gracias por tu lindo comentario haces que me den muchas ganas de escribir.