N/A: Los personajes de este fic le pertenecen a J.K. Rowling (salvo los inventados por mí) y no tengo intenciones de lucrar!!

N/A: Hola a todos!! Intento volver a escribir con un giro de la historia que se me ha ocurrido desde que leí hace tiempo el último libro. Es de esos fics en los que uno cambia un detalle y suceden muchas otras cosas dentro del interminable universo de Harry Potter. Quizá resulte un poco dificil de comprender en un principio pero con el correr de los capítulos se va a ir entendiendo mejor, e incluso habrá algunos flashbacks (nada que ver con la serie Lost jajajaja) que serán necesarios creo yo.

Siempre me fascinaron los gira-tiempos, y todas las cosas que pueden resultar de utilizarlos, o no? Otro dato: siempre me han gustado mucho las películas de la saga de Volver al Futuro...

N/A: Espero les guste este fic, y recibiré los reviews encantado!!!


Capitulo 2

Harry volvía caminando hacia su habitación cabizbajo después de haberse reunido con el doctor Liasom, de la oficina de asuntos juveniles de Londres, y el largo pasillo de paredes gris claro e iluminación fluorescente no hacía más que deprimirlo aún más. Estaba claro para él que nadie podía ayudarlo con los extraños sucesos que ocurrían a su alrededor cuando perdía el control de sus emociones, y más claro todavía que la directora Spencer del orfanato en donde residía quería sacárselo de encima cuanto antes.

No veía escapatoria, sabía que cualquier otro problema o incidente que ocurriese (por su culpa o no) en el orfanato sería automáticamente el culpable y, según el doctor Liasom, indefectiblemente trasladado a la correccional de Greenwich.

Harry se pasó una mano por su revoltosa cabellera, y mientras giraba por el pasillo hacia la derecha rumbo a su habitación tuvo que esforzarse al máximo para contener las lágrimas. Maldecía su vida, la cual había sido un calvario desde que tenía memoria. Maldecía a todos los que lo habían tratado como a un extraño bicho y que se habían (y siguen) abusado de él. Y sobre todo maldecía a su propia maldición, esa que cargaba consigo desde siempre y que lo hacía diferente a los ojos de los demás… un fenómeno.

De pronto, detuvo bruscamente sus pasos al levantar la vista y ver a cuatro muchachos parados al final del pasillo, justo delante de la puerta de su habitación. La horrible e inconstante luz fluorescente no fue impedimento para que se percatara al instante de quiénes eran: Scott y su grupete de abusivos parecían estar esperándolo, aprovechando la soledad del pasillo y que todos los demás se hallaban cenando en el comedor del Orfanato.

"Finalmente Potter!" Gritó Scott con su vozarrón. "Ven, acércate y dinos cómo te ha ido!"

"Los macacos se están perdiendo la cena sólo para averiguar cómo me fue con Spencer y el doctor Liasom?" Se dijo con ironía a sí mismo Harry. Liasom le había dicho hacía apenas unos minutos atrás que la directora no soportaría otro incidente en el que él estuviera involucrado, y ya estaba metido en uno de ellos.

"Vamos fenómeno! Queremos saber si te quedas un día más o te envían a la correccional!" Vociferó Lloyd, uno de los fortachones del grupo.

Harry pensó en la posibilidad de dar marcha atrás e ir al comedor para tomar su cena allí y de esa forma evitar el encontronazo, pero recordó que estaba castigado y que debía encerrarse en su habitación durante una semana.

"No puedes ir a ningún lado Potter! Recuerda que debes permanecer en tu mugrosa habitación! Y debes pasar por aquí mismo!" Gritó otro de los orangutanes, provocando la carcajada del resto.

Sólo diez metros lo separaban de la pandilla, y comenzó a ponerse nervioso.

"Miren muchachos, debo entrar en mi habitación, vale? Si no me castigarán nuevamente." Dijo Harry intentando no parecer asustado. "No quiero meterme en más problemas, les aseguro que no dije nada en contra de ustedes!"

"Mientes!" Gritó uno de ellos.

"Calma, Damian. Estoy seguro que Potter nunca cometería ese error, cierto?" Dijo Scott lo suficientemente fuerte como para que Harry escuchara.

"No miento, no dije nada." Contestó el muchacho, entrando en pánico. Debía controlar su temperamento para que no sucediera ningún accidente.

"Bien, eso espero." Dijo Scott, mientras él y su grupo pasaban caminando por donde estaba Harry seguramente rumbo al comedor; todos le dedicaron algún empujón o miradas peligrosas, hasta que Scott se detuvo justo frente a él.

"Me enteraré si has abierto tu bocota, engendro. Y si lo has hecho, procura no salir nunca más de tu habitación." Amenazó el fortachón mirándolo desde su altura (ya que le llevaba casi una cabeza) con furia.

Dicho esto, Scott siguió caminando por el pasillo, por detrás de sus amigotes. Harry soltó un levísimo pero necesario suspiro al sentir que había pasado lo peor, Pero mientras caminaba rumbo a su habitación no dudó un instante en suponer que su estancia en ese orfanato (hasta que indefectiblemente lo mandaran a la correccional) sería mucho más difícil de soportar.

***HP***

A la mañana siguiente Harry se levantó sobresaltado y sudado. Había soñado nuevamente que lo golpeaban salvajemente mientras él se hallaba tirado en el barroso suelo de algún lugar; quizá se trataba del patio de la correccional en la que tanto temía terminar o quizá no, pero de cualquier forma era una pesadilla recurrente los últimos días, como si su subconsciente se estuviera anticipando a lo que sería su futura vida fuera del Orfanato.

Pero no había sido por eso por lo que se había despertado. Una figura negra e indefinida se había aparecido en el lugar en donde algunas personas lo estaban pateando en cada rincón del cuerpo y repentinamente un brillante destello verde lo cubrió todo, haciéndolo despertar. Y eso no era todo ya que aún sentado en su cama un lejano grito de una mujer seguía retumbando en sus oídos.

En cuanto quiso levantarse, se percató de que le dolía un poco la cicatriz de su frente y se llevó una mano hacia ella para intentar calmar la molestia. Jamás había escuchado a ninguno de sus compañeros quejarse por alguna cicatriz (algunos tenían cicatrices horribles y mucho más grandes, pero la de su frente era… extraña) y eso lo molestaba aún más; ya se sentía demasiado miserable con lo que le había tocado en vida como para encima tener que soportar un fastidioso dolor en su frente.

Se levantó como pudo, con su espalda dolorida seguramente por la tensión que sufrió durante la pesadilla y con su pijama gris a rayas pegado a su cuerpo empapado en sudor. Abrió la cortina metálica de su ventana y descubrió que el día estaba demasiado oscuro aún. Miró hacia el este y enfocó su vista en la alta torre que poseía un enorme reloj (el único reloj del que podía disponer) y frunció su entrecejo al enterarse que eran las diez y media de la mañana. Era un extraño verano éste, y además no era común ver tanta niebla a esas altas horas de la mañana londinense pero se estaba convirtiendo en algo cotidiano para todos. Desde la ventana de su habitación del tercer piso del orfanato tenía una vista francamente horrible, cubierta de afeados techos descuidados y edificios bajos. Sin embargo, durante los últimos meses en los que le habían prohibido las salidas esa ventana y esa vista se habían transformado en el único contacto con la realidad, y podía pasarse horas mirando a través de ella, escuchando el ruido de los automóviles o las sirenas de la policía, observando las escasas aves que revoloteaban por el lugar o mirando hacia el horizonte que se adivinaba entre un par de ruinosos edificios.

Miró hacia atrás y vio la bandeja con su desayuno en el piso, junto a la puerta de su habitación. Ni siquiera se habían molestado en despertarlo, aunque como no tenía nada que hacer por tener que permanecer encerrado en la misma, no le interesó.

Luego de tomar su té frio y devorar las rodajas de pan con mantequilla y mermelada, tomó el libro que tenía sobre una mesita (un viejo libro de Shakespeare que pudo obtener de la pequeña biblioteca del orfanato justo antes de que lo castigaran) y abrió las ventanas de par en par. El cálido y seco aire de Londres lo atravesó, y los sonidos de la ciudad lo envolvieron y lo sumergieron en la realidad de una ciudad que conocía poco y que siempre le había parecido ajena. La mañana seguía más oscura de lo normal, y podía apreciar densos y negros nubarrones que parecían tormentosos. Por el contrario, la niebla era relativamente clara y difusa; Harry no sabía mucho sobre clima pero no le parecía muy lógico que el aire pareciera tan seco habiendo tanta niebla y estando tan nublado el día.

Sin esperar más y fiel a su costumbre, se subió a la ventana trepando por una silla y se sentó temerariamente en su borde, con su espalda apoyada en una de las jambas verticales de la misma y el precipicio de tres pisos de altura justo a su derecha.

Allí instalado, abrió el libro El Sueño de una Noche de Verano y comenzó a releerlo, ya que lo había terminado la noche anterior, para intentar olvidarse de su miserable vida y sumergirse en la cálida comedia shakesperiana repleta de magia, duendes y hadas.

***HP***

Cerca del anochecer, Harry volvió corriendo por el pasillo a toda velocidad. Había tenido que salir de su encierro en la habitación para ir al baño más cercano, que quedaba al otro lado del pasillo, y para su desgracia cuando salió del mismo lo estaban esperando Scott y un par de sus amigotes. Sin dudarlo un segundo se lanzó a correr pasando entre ellos y no paró hasta que pudo llegar a su habitación y cerrar la puerta tras de sí.

"Qué pasa, Potter? Nos tienes taaaanto miedo?" Gritaba Scott desde atrás de la puerta, golpeándola con una mano mientras los otros dos reían.

"Sí, fenómeno! Abre la maldita puerta, no te haremos daño! Sólo queremos saber cómo te va en tu encierro!"

Las risotadas de los bravucones se podían escuchar a decenas de metros a la redonda, pero Harry sabía que ni el celador ni nadie iría a ver qué sucedía. Su habitación parecía haberse transformado en tierra de nadie, un lugar en donde todo podía ocurrir, y que sólo vendría alguien mayor si sucedía algún otro incidente.

"La directora Spencer te quiere fuera del Orfanato, Potter! Creo que nosotros podemos ayudarla, no creen muchachos?" Se ufanó Scott vociferando y provocando más risas.

"Claro que podemos, Scott! Terminarás en la correccional, fenómeno!"

Para alivio del muchacho, las risas parecían irse. Se había salvado por poco de una segura paliza, y quizá de provocar algún accidente sin intención si perdía los estribos. Ofuscado y aún agitado, Harry se dirigió a la ventana que aún estaba abierta y se apoyó en ella.

"Esto no es vida, no puedo seguir mucho tiempo más así." Pensó cargado de amargura. Sin ningún ser querido que pudiera sacarlo de allí ni esperanza alguna de que la directora Spencer cambiara de opinión sobre él, su destino estaba marcado a fuego y acabaría inexorablemente en la correccional de Greenwich.

Tendió su cabeza en el alféizar de la ventana y unas gruesas gotas de lágrima pudieron escapar de sus ojos. Se quitó los lentes para secarse sus ojos con una mano pero lo embargó una súbita oleada de soledad y pánico, haciéndolo llorar desconsoladamente como nunca antes lo había hecho en su vida.

***HP***

La noche había avanzado y se había puesto fresca, y el típico ruido de fondo había casi desaparecido salvo por el sonido de algunos camiones y las sirenas de bomberos y policías. Harry abrió sus ojos y descubrió que se había quedado dormido en una posición sumamente incómoda, con su cabeza y parte del torso aún apoyados sobre el alféizar de la ventana. Su rostro estaba un poco pegajoso por las lágrimas que se habían secado.

"Qué ridículo." Pensó para sí mismo al percatarse de la posición en la que se había quedado dormido.

Miró hacia afuera; no había luna ni estrellas. Harry apenas podía recordar la última vez que pudo disfrutar de un cielo nocturno estrellado, ya que hacía ya meses que esas gruesas nubes lo cubrían todo. Mientras se incorporaba, recordaba las escasas veces que había podido tener acceso a algún periódico y cómo en sus primeras planas siempre había alguna noticia del servicio metereológico intentando explicar el fenómeno; en los últimos meses Londres parecía haber quedado sumida debajo de eternas nubes e inexplicables nieblas.

Justo al terminar de incorporarse y apoyar sus manos en el alféizar, un súbito sonido muy cerca de la venta lo asustó. Provenía de afuera pero como estaba tan oscuro no pudo distinguir de qué se trataba. Casi al instante siguiente, un ave se posó deliberadamente sobre la ventana e hizo que Harry lanzara un gemido de sorpresa.

"Qué demonios..."

Harry se ajustó sus gafas y notó que el ave en cuestión era extraña, muy distinta a las que habitualmente podía ver revoloteando por la ciudad. Era más corpulenta y tenía más plumaje que las que conocía, parecía de color pardo oscuro y lo que le resultaba más extraño era la forma en que ese pájaro lo miraba fijamente sin parecer ni remotamente asustada por estar cerca de una persona.

"Eres una... lechuza? Qué haces por aquí..." Murmuró Harry, quien temeroso de que el visitante se espante y se fuera no atinaba a mover un músculo. Pero cuando la lechuza lanzó un suave ulular y levantó un poco su ala de alguna forma el muchacho supo que parecía amaestrada o sumamente acostumbrada a la presencia humana.

Y fue en ese momento cuando la lechuza realizó otro movimiento con el ala haciendo que una de sus patas quedara al descubierto... con alguna clase de papel enrollado en ella. Harry no recordaba haber estado tan intrigado en mucho tiempo y su curiosidad terminó por vencerlo; estiró su mano hacia el ave y al notar que ésta no se espantaba (todo lo contrario, el muchacho incluso creyó adivinar un gesto de impaciencia en la lechuza) se animó y tomó el papel entre sus dedos; acto seguido la lechuza ululó fuertemente y salió volando majestuosamente, perdiéndose en la oscuridad de la noche.

Harry no pudo sacar sus ojos de le lechuza hasta que le fue imposible distinguirla, y luego recordando el trozo de papel que tenía entre sus dedos bajó la vista para mirarlo. Era algo más grueso que el papel común, y algo amarillento. Lo desenrrolló mientras su corazón daba tumbos, ya que no se imaginaba qué diablos podía decir en ese papel; quizá él no era el destinatario y la lechuza se había equivocado.

"Harry, búscame en Oxford y Charing Cross Road. Mañana 9 am."

En ese momento a Harry le pareció que la lechuza no se había equivocado de persona (cuántos Harry podían estar involucrados de alguna forma con lechuzas?), pero no conocía a nadie fuera del orfanato que quisiera verlo, y menos aún nadie que quisiera que él se arriesgue de semejante manera... si lo descubrían, o si lo atrapaban antes de lograr escaparse, estaría frito.

Y mucho menos aún conocía a nadie que utilizara lechuzas para comunicarse.

***HP***

A la mañana siguiente, la directora Spencer no estaba de muy buen humor. Se hallaba reunida en su despacho con el doctor Liasom y la doctora Wyath, quienes trabajaban en la oficina de asuntos juveniles de Londres.

"Le repito que el muchacho me ha asegurado que está cansado de que lo golpeen!"

"Doctor Liasom, acaso no tuvo en cuenta la posibilidad de que Potter estuviera mintiéndoles para que no lo culparan de sus acciones?" Inquirió la directora.

"Tengo una vasta experiencia en jóvenes con problemas de conducta, señora, y le aseguro que Harry no me estaba mintiendo. Sé cuando un muchacho miente, son jóvenes y aún no han aprendido a mentir sin que uno lo note!" Le contestó Liasom con pocas pulgas.

"Pues éste en particular, no es muy normal, algo que sí tiene que haber notado."

"Sólo noté un joven abatido y sin espíritu. Alguien que ha tenido que vivir una vida sin alegrías ni afecto. Es extraño, sí, y suceden cosas extrañas a su alrededor, pero vi mucha bondad en sus ojos, y…"

"Oh sí, cosas extrañas!" Interrumpió la directora. "Objetos que vuelan o se estrellan sin razón aparente o sin que nadie las toque? Ese muchacho parece tranquilo y callado, pero su conducta es violenta cuando pierde su temperamento!"

"Y por qué pierde su temperamento, directora?" Le preguntó con sarcasmo la doctora Wyath.

"No lo sé, pero los jóvenes de esta institución están bajo mi responsabilidad y no aceptaré que un muchacho de dieciséis años ponga en riesgo la integridad de todos los demás!" Dijo Spencer con vehemencia.

"Acaso cree usted posible que un muchacho flaco y de estatura promedio para su edad pueda levantar una maceta enorme… y arrojarla con tanto fuerza como para que vuele varios metros?"

"No quiero imaginarme cómo lo hizo, doctor. Pero lo hizo, y lastimó a uno de sus compañeros." Dijo Spencer.

"Oh sí, un compañero que estaba por golpearlo y lo tenía de frente… el mismo que sufrió las heridas en su espalda?" Siguió Liasom, incrédulo.

La directora Spencer entrecerró sus ojos. "Supongo que tiene usted alguna… teoría."

"No, directora, no la tengo. Pero no hay muchas explicaciones posibles, usted lo sabe." Acotó Liasom.

"No, no lo sé. Qué supone usted?" Preguntó la directora, cínica.

"Además de que fuera Harry quien arrojara esa maceta? Usted no sabe acaso que algunos seres humanos, en situaciones de extremo stress puede llevar a cabo acciones que salen de lo normal?"

"Por ejemplo?" Desafió la directora.

"Le he dicho que no lo sé, directora! Pudo haber sido arrojada por otro muchacho, o por varios. Incluso... hasta pudo haber sido telequinesia!"

La directora esbozó una media sonrisa. "Lo sabía, sabía que diría eso. Por todos los cielos, doctor Liasom, usted es un profesional, no puede creer en semejante cosa!"

"Mire señora directora, no estamos aquí para divagar con suposiciones o especulaciones, sino para informarle que cometerá usted un gran error si pide el traslado de Harry a la Secretaría del Menor de Londres. El muchacho no es un delincuente ni tampoco violento, y encerrarlo en un lugar como ese sólo hará que se hunda aún más." Explicó Liasom encontrando dosis de paciencia en donde no creía tener.

"Lo quiero fuera de aquí, doctor. Si ustedes no pueden trasladarlo a otro orfanato me veré obligada a presentar ante la secretaría los antecedentes de Potter y pedir el traslado a la correccional de Greenwich."

"Directora, hay algo que no comprendo." Dijo la doctora Wyath. "Supongamos que Potter está en lo cierto y que ese grupo de jóvenes realmente atemorizan a varios de los residentes de este orfanato…"

"No existe tal cosa aquí, ese supuesto grupo…"

"Sólo supongamos, de acuerdo?" Dijo la doctora, prosiguiendo. "No cree usted que tendría que investigar si esto es cierto? Preguntar a los demás jóvenes de esta institución si esos muchachos conforman alguna clase de pandilla y abusan de los demás?"

"Jamás hemos tenido problemas en el orfanato de Santa María, doctora Wyath. No desde que el muchacho Potter vino hace como cinco años." Contestó altivamente Spencer.

"Y por supuesto no quiere arruinar su imagen y seguir siendo uno de las mejores instituciones de menores de todo Londres, no es así?" Preguntó con cinismo la doctora.

Spencer se quitó sus gafas y se las colgó del cuello gracias a una fina cadenita engarzada en las patillas. "Así es. Pero más importante aún para mí es la integridad física de mis muchachos. Potter ha sido castigado en repetidas oportunidades, castigos que por desgracia no hicieron mella en su actitud."

"Potter no tiene mala actitud, directora. Sólo intente relacionar esos incidentes con las veces que abusan de él y lo golpean."

"Lo hemos revisado cientos de veces. Jamás hemos encontrado siquiera un moretón en su cuerpo." Respondió Spencer con acidez, perdiendo la paciencia.

"Eso no significa que no haya golpes." Dijo Liasom frunciendo su entrecejo, sin mucha convicción.

"Si están tan interesados en Potter, consigan un traslado a otro Orfanato." Sugirió Spencer.

"Ya sabe usted que eso no es posible, sin embargo…" Respondía Liasom, pero su razonamiento fue cortado de cuajo por la irrupción de un corpulento hombre en uniforme al despacho de la directora.

"Siento interrumpir, señora, pero…"

"Ahora no, Malins! Te he dicho que no quería interrupciones!" Se fastidió Spencer ante el celador del orfanato, quien había ingresado sin golpear la puerta.

"Sí lo sé, directora, pero creo que necesita saber que…"

"Qué sucedió ahora?" Dijo Spencer en voz baja, ofuscada y frotándose sus ojos con sus rugosas manos.

"Que Potter no está, señora."

Tanto la directora como los doctores Liasom y Wyath se voltearon para mirar al enorme celador del orfanato, todos con rostros conmocionados.

"Perdón?" Dijo Spencer, como si estuviera a punto de tener un ataque de locura.

"Lo hemos buscado por todos lados, hemos revisado cada rincón del orfanato y nada. Creo que se escapó, señora."

***HP***