Capitulo II
Estacionó el automóvil en la puerta de su mansión. Ya eran casi medianoche, había hecho algo de tiempo en el camino, no quería que nadie viera al extraño ser que dormitaba envuelto en su abrigo en el asiento trasero del vehículo cuando lo bajara del auto, ni las mucamas ni su hermano. Las luces de la mansión estaban apagadas; era la oportunidad. Bajo del auto, caminó hasta la puerta principal para abrirla y regreso al vehículo; abrió la puerta trasera de este, tomo al inconsciente joven en brazos y corrió hacia la puerta que ya había abierto previamente. El salón estaba desierto, era perfecto. Subió las escaleras y camino hasta llegar a su habitación Una vez allí, dejo al joven híbrido sobre su cama; aun tenia sus cabellos, ropas y plumas algo empapadas por la lluvia pero no iba a dejarlo dormir en el sillón y por el estado del joven, parecía que no despertaría en un buen rato. ¿Que remedio? El anfitrión dormirá en el sofá esta noche.
"¡Es tu culpa! ¡Es tu culpa, Kaiba! Por ti Yami esta solo ahí afuera."
El castaño permaneció en silencio mientras el chico de cabellos tricolores descargaba su ira e indignación en él, aunque, tal vez tenia razón
"Eres un maldito. Sabias lo que tenia. ¿Porque lo hiciste?"
"No fue mi intensión." -esgrimió una respuesta nada acorde a su forma de ser. Después de todo, él tampoco sabia porque había hecho lo que hizo; sentía tanta impotencia por la situación que no podía controlar ni arreglar.-
"¿No fue tu intensión? ¡Bastardo!, si le pasa algo a Yami ¡sera culpa tuya!"
La mañana siguiente llego, la tormenta había quedado atrás y solo los charcos y la humedad en el aire fueron testigos del diluvio del día anterior.
Unos golpes en a la puerta de su habitación despertaron al ojiazul que se quejo por el incomodo lugar en el que había dormido.
"¿Seto? ¿Estas ahí?" -la voz del hermano del empresario llegaba del otro lado de la puerta.-
El castaño se incorporo con dificultad; recordando los sucesos de la noche anterior. Recordó, ¿acaso había sido un sueño? Miro a su cama, no había sido un sueño, Yami con alas aun estaba inconsciente sobre su cama.
"¿Seto?" -su hermano persistía en la puerta.-
No podía dejar que viera a Yami así; abrió la puerta unos centímetros
"¿Que pasa, Mokuba?"
"Me preocupaste anoche, no llegabas y no contestabas las llamadas."
"Llegue cuando estabas durmiendo. No quise despertarte."
"¿Trajiste mi libro?"
"Creo que lo dejé en el auto. Ve a buscarlo y bajare a desayunar."
"Bien, gracias Seto."
Seto cerró la puerta; y volteó a ver sobre su cama a la pálida y extraña criatura que dormía plácidamente sobre esta; no había sido un sueño. Era Yami, ese niño pálido, de peculiares y tricolores cabellos era su Yami. La extraña vestimenta del joven le llamo la atención: un kimono mezcla de mofuku y furisode color negro azabache, el tomoeri y uraeri mostraba motivos florales pequeños pero abundantes color violeta y caramelo y área del pecho estaba cubierto pequeñas flores color caramelo, el maemigoro y el ushiromigoro estaba tapizado con motivos tribales sencillos color azul, el fuki era dorado y el lazo en la cintura color rojo. En los pies llevaba unas sandalias zori pero en vez de tabi's sus pies estaban en vueltos en vendas, lo cual llamo aun mas su atención. Jamas había visto a Yami usar un kimono pero lo intrigaba era como había hecho para entrar por el ventanal del piso 45. Ahí fue cuando fijo su atención en las 2 grandes alas que servían como un segundo colchón al joven. Las alas no podían ser reales, debía haber alguna explicación; seguro eran parte del kimono como un disfraz. Se sentó junto al joven que aun dormitaba insensible a todo lo que ocurría a su alrededor, lo volteo un poco de manera de quedar frente a la espalda del joven; vio el origen de las alas, según su razonamiento estas estarían pegadas a la ropa; pero vio que no era así; el kimono tenia en la espalda un hueco por donde las alas podían pasar; busco otra explicación; ¿estarían cocidas a la piel? Eso seria casi sádico; buscó, pero la sorpresa volvió a golpearlo, las alas emanaban de los músculos por encima de los omóplatos del joven, no había cortes ni suturas, la piel tenia una continuación perfecta de la espalda hacia las alas cubierta por pequeños y suaves plumones y semi-plumones que después se transformaban en plumas de 60 centímetros de longitud y finalmente, la agrupación de estas, se transformaban en alas de aproximadamente un metro y medio de largo cada una. Era imposible, pero su sorpresa no termino allí, las manos y brazos del joven estaban recubiertos por cancelas, escamas pequeñas producto del engrosamiento de la piel, como las que los pájaros tienen en sus patas; las uñas de las manos ya no eran uñas sino garras de mediano tamaño acordes a sus dedos humanos. Se preguntaba ¿Como habría terminado así? ¿Que monstruo pudo haberle hecho esto? ¿Como? ¿Manipulación genética? ¿Mutación por radiación? Sea lo que fuera, esas alas ahora eran parte de Yami, y el lo cuidaría de ahora en mas. Ni bien acomodo sus pensamientos, una mancha roja sobre sus sabanas blancas lo alarmo y pronto recordó, Yami estaba lastimado. La mancha estaba sobre el humero del ala derecha y efectivamente, las plumas que rodeaban el área lastimada estaban aglutinadas y pegajosas por la sangre seca. Observo la herida; las plumas negras la habían ocultado adecuadamente, pero algo no andaba bien, no era una simple herida, la continuación del hueso humeral era anormal: una fractura. Al tocar la fractura, notó la expresión en el rostro de Yami y los pequeños gemidos de dolor que escapaban de su boca, se quejaba en sueños. Seto no sabia como curar una fractura; por lo pronto se limitaría a vendar la herida. Tomo un pedazo de tela y con cuidado, pasó el lienzo alrededor del humero del ala derecha cubriendo la herida. Al hacer esto, el joven se retorcía moviendo su cabeza de lado a lado, pronto despertaría y él se quedaría a su lado hasta que eso ocurriera.
Los parpados del ave lentamente se fueron plegando dejando al descubierto 2 hermosas gemas rubíes; eran los mismos, los mismos ojos rubíes que el solía admirar en las mañanas en su querido Yami. Era él, no le cabían dudas; el ave aun parecía un poco confundida sobre si se encontraba consiente o inconsciente pero de inmediato se puso en alerta e inquieta al ver al extraño de ojos azules frente a ella que la miraban obsesivamente.
"Yami" -no pudo esconder su felicidad.- "Despertaste."
El joven se asusto al ver su espacio personal violado por ese humano que lo acosaba. De inmediato se incorporo con intención de alejarse de ese ser que se aparto cuando vio las 2 grandes alas que emanaban de la espalda del joven elevarse y dar un golpe al aire para espantarlo; grave error; el ave cayo al suelo al sentir un dolor en su ala derecha, miró y vio que tenia algo, una tela recubriendo el codo del ala; con desesperación llevo sus manos hasta el ala e intento a tirones arrancar la tela creyendo que esta era la responsable de su dolor.
"Oye, espera; no puedes quitártela."
El joven, lejos de escuchar al humano frente a él, siguió tironeando provocando que el dolor de la herida se expandiera aun mas. El castaño trato de sostener al híbrido para que este detuviese su accionar pero el ave al ver al humano tan cerca de él; dio un aleteo con sus alas sin importarle el dolor que podía llegar a sentir y guiada por la luz del sol que entraba por la ventana, dirigió su camino hasta el ventanal con intención de salir volando del lugar; dio dos golpes al aire para intentar levantar vuelo pero de inmediato la contusión en su ala envió una horrible sensación a su espina, tensando sus nervios, haciéndole perder el poco equilibrio que había ganado; consiguiendo solo golpearse contra el cristal de la ventana. No había caso, no podía volar en esas condiciones pero aun intentaría como fuera escapar de allí; con las garras de sus manos araño que cristal, el cual, emitió un espantoso chirrido, como el de 10 tizas contra un pizarrón. El ojiazul se abalanzo nuevamente sobre el joven para evitar que este rompiera el vidrio de la ventana que lo separaba de una caída libre de 20 metros hacia el pavimento. El ave nuevamente batió sus alas para impedir que el humano colocara sus manos sobre su cuerpo y darle tiempo a escapar, a gatas y con movimientos torpes se alejó del castaño hasta quedar en la esquina opuesta de la habitación.
El castaño miro al arisco joven; ¿que acaso no lo recordaba? ¿o tal vez si? No era momento para ponerse a reflexionar después de todo; él había regresado ¿no? Se puso de pie y camino hasta donde estaba el joven, ofreciéndole su mano en todo momento.
El joven lo veía acercarse y trataba con las pocas energías que tenia de pegarse aun mas a la pared como si tratara de mimetizarse con esta; flexionando sus piernas y empujándose así mismo contra el concreto intentando alejarse del humano que se acercaba a él. Cuando Seto estuvo solo a centímetros del joven, pudo ver que la respiración del joven estaba al limite; su pecho se comprimía y expandía a cada segundo; casi podía ver el palpitar del corazón como queriendo escaparse de su morada; y los ojos del joven, cerrados fuertemente como pidiendo desaparecer de la vista del humano. Seto acercó su mano al rostro del joven queriendo tocarlo; con el revés de la mano le acaricio tiernamente la mejilla; el ave abrió un poco los ojos mirando con desconfianza la mano que se había atrevido a posarse sobre su rostro. El ojiazul le sonrió y siguió acariciándolo
"Yami ven, no te haré dañ."
La frase no pudo terminarse por la maldición que salio de la boca del castaño al sentir los dientes del ave clavarse en su piel. Sujeto su lastimada mano y fijó su vista en las marcas de dientes ahora grabados en su carne, no lo había lastimado gravemente. Alzo la vista, el ojirubí se había desvanecido aprovechando la distracción que el mismo había provocado. El ojiazul volteo y vio unos pies escabullirse bajo la cama. Esto era el colmo; esa cosa estaba poniendo a prueba su frágil paciencia. Se posiciono junto a la cama y se agacho para ver por debajo de esta; ahí estaba, una gran masa de plumas era visible en la esquina que formaba la madera de la cabecera de la cama con la mesa de luz a su derecha. Esto era demasiado, primero queriéndose escapar y ahora lo había mordido; ¿que diablos le pasaba a Yami? Actuaba como un animal; eso era; ya que se creía un animal, lo trataría como un animal y lo sacaría de ahí abajo a escobazos. Se detuvo; ¿acaso había pensado eso? ¿Sacar a Yami a escobazos? ¿Golpearlo y lastimarlo?
"¿Por que lo hiciste? ¿Por que viniste a avergonzarme frente a todos?" -sus gritos retumbaron en la habitación.-
"Yo no quería.. no pensé que..." -respondió el mas pequeño con la voz suave pero entrecortada por el miedo.-
"Ese es tu problema Yami; ¡no piensas!" -gritó el castaño casi en la cara del ojirubí que miraba al suelo intentando frenar las lagrimas que lo amenazaban.-
Las frías y punzantes palabras se clavaban como alfileres en el corazón del ojirubí. Se tapaba los oídos con sus manos para no oírlas pero era inútil; la tristeza y la desesperación lo embargaban.
"Seto por favor..." -pronuncio sus palabras inundadas en sollozos.- "¡No me trates así!"
La voz cubierta en llanto de Yami volvía a su mente; no podía ser. Se agachó de nuevo para mirar bajo la cama; el ave estaba allí envuelta en sus alas como si la barrera de plumas fuera suficiente para protegerlo si el castaño decidía sacarlo arrastrando de allí; no había notado que el joven lo espiaba a través de la plumas, podía ver su rostro, el miedo claramente visible en sus ojos, en su expresión; ya lo había visto antes. No podía permitirlo, tenia una nueva oportunidad de enmendar las cosas con Yami; no dejaría que su enojo volviera a nublar su juicio frente a él. Hacia un año esperaba, había rogado una segunda oportunidad; ahora esa oportunidad estaba allí escondida, temblando inundada en miedo bajo su cama y él solamente pensaba en volver a las viejas costumbres, costumbres que habían a alejado a su tesoro de su lado.
Se sentó en el borde de la cama para analizar la situación fríamente; Yami estaba asustado, no era para menos; no sabia lo que le había pasaba y de seguro estaba tan confundido como él. No todos los días uno se despertaba convertido en un híbrido mitad humano y mitad pájaro. Buscaría respuestas si, pero mientras, lo primordial era sanar el ala de Yami y tratar de ganarse su confianza para que saliera de abajo de la cama; tal vez, si lo dejaba solo entraría en confianza con el lugar y saldría ¿Dejar a Yami solo? dio una rápida mirada a la ventana y mas precisamente a los arañazos grabados en el cristal; era una locura, pero debía confiar en que el joven tuviera la cordura suficiente para darse cuenta que si caía por la ventana se lastimaría o peor aun, se mataría. Suspiro resignado, no había otra manera. Se puso de pie y abandono la habitación cerrando la puerta tras el.
Salio y camino hasta el comedor principal. Ahí sentado a la mesa y frente a un tazón de cereales con leche, su hermano menor.
"Ya era hora de que bajaras."
El castaño se masajeo la sien y se sentó a la mesa.
"¿Sucede algo?"
-¿Que no sucedía? Se dijo a si mismo.- "Nada."
Una doncella apareció en el comedor llevando una taza de café. Camino hasta donde estaba sentado el castaño y dejo la taza frente a él. Acto seguido tomo la cafetera que estaba sobre la mesa y una medida ración o al menos la que su amo acostumbraba a tomar.
"Mas..." -ordeno el ojiazul mientras seguía masajeando su sien. La doncella un poco extrañada por la petición, siguió volcando el café en la taza de su patrón hasta que esta estuvo a punto de rebalsar. No era hora de ser tacaños con la cafeína con lo que la necesitaba.-
"Hermano..." -hablo Mokuba mostrándose un tanto preocupado por su hermano mayor.-
"Mokuba ¿que sabes de los pájaros?"
"No mucho ¿Recuerdas que no quisiste comprarme uno por dijiste que su cantar te molestaría mientras trabajas?"
"Imagino que si querías uno habrás investigado algo ¿Que comen por ejemplo?"
"Bueno, no sé mucho, comen alpiste, frutas, ..."
"¿Carne no?" -expreso con ironía mientras miraba su mano levemente lesionada.-
"Cuando dijiste 'pájaro', creí te referías a un pajarito pequeño. Si también, los rapaces creo que comen carne. No sé, Seto. Podrías llamar al abuelo de Yugi, él es especialista en todo lo que refiere a aves."
"No creo que reciba a bien mi llamada."
"Ya paso hace un año, Seto. Donde quiera que Yami este estoy, seguro que ellos saben que esta bien."
"Si, lo que tu digas. Si me disculpas." -dijo mientras se levantaba de la mesa y se dirigía a la cocina.-
"Eh, espera. ¿Ya terminaste tan rápido?" -se levanto siguiendo a su hermano.-
El mayor entró a la cocina, tomo una cesta de pan, la vació y comenzó a juntar frutas de la frutera ante la mirada asombrada y confusa de las sirvientas.
"¿Que haces?" -pregunto Mokuba intrigado.-
"Un experimento." -respondió mientras recogía una manzana.
"¿Con fruta?"
"Con fruta." -termino de recoger una buena cantidad de frutas y se dirigió a su habitación seguido por su intrigado hermano.-
"¡Seto! No me ignores... ¿que tienes allí?"
Seto se metió a su habitación dejando a Mokuba del otro lado de la puerta. Después de todo, no sabia que era ese joven híbrido y detestaría mentirle a su hermano. Por lo pronto, le daría a Yami algunas frutas, tal vez así ganaría un poco de su confianza. Una vez dentro de la habitación y casi en forma automática se coloco junto a la cama, se agachó y miró debajo de esta; la sorpresa: Yami no estaba allí Se levanto, dio una vista panorámica a la habitación y noto algo fuera de lugar. Un joyero que estaba sobre la cómoda había desaparecido; se acerco hasta la cómoda y vio el joyero abierto estrellado contra el piso y algunos diamantes desparramados a su alrededor; en eso escucho un ruido detrás de la cómoda, se acerco y vio al joven híbrido sentado encorvado hacia adelante con sus manos llevadas hacia su boca.
"Oye, ¿que estas comiendo?"
El joven se asusto al ver al humano otra vez tan cerca de él y se replegó hasta que su espalda choco contra la pared. El castaño observó lo que el joven estaba intentando comer: unas pequeñas gemas amatista que estaban dentro del joyero, seguro había intentado morderlas y al no tener éxito los había empezado a golpear contra la pared.
"Tienes paladar fino. Ven..." -le extendió la mano cuando algo lo golpeo en el rostro. Bajo la vista para ver lo que el ave le había aventado. Una hermosa sortija dorada con un exquisito rubí color escarlata con corte talla brillante incrustado en el oro. Los recuerdos inundaron la mente del ojiazul.-
"¿Intentaste comerte el anillo de compromiso que te dí? Sabes... es la segunda vez que me devuelves ese anillo."
El ojirubí lo seguía mirando, al parecer, sin comprender lo que el humano le decía.
"Te traje fruta. No tiene el valor de esos diamantes pero te aseguro que debe ser mas sabrosa; y mas fácil de morder." -dijo ofreciéndole a Yami la cesta con frutas, pero este apenas le presto atencion al alimento, sus sentidos estaba alertas a el castaño por si este intentaba hacerle daño.-
"¿No? Bien." -tomó una frutilla, no al azar; ya que por la evidencia de las gemas, el ave prefería los objetos con tonalidad roja. Tomó un cuchillo e hizo un corte transversal a la fruta dividiéndola en 2. Llevo una porción de la fruta a su boca, asegurándose que el ojirubí lo viera. Había tenido éxito.-
El ave percibió el aroma de la frutilla; y lentamente se acerco con cautela. El ojiazul dejó el pedazo restante de la fruta en el suelo, en un punto equis distante entre ellos. El ave se acerco y con un rápido movimiento de su mano arranco la frutilla del piso y se la llevo a su boca. Seto repitió el procedimiento obteniendo el mismo efecto, ahora probaría otra cosa; esta vez, en vez de dejar la frutilla en el suelo se la entregaría en la mano, de ese modo Yami le tendría mas confianza, solo esperaba que no lo mordiera otra vez. Extendió su mano sosteniendo la frutilla en esta. Yami miro la mano de su captor con desconfianza, se tomo unos segundos cuando lentamente comenzó a extender su mano hasta la del castaño; una vez que estuvo su mano sobre la del humano rápidamente tomo la frutilla y se replegó a su punto inicial comiéndose la fruta en el proceso.
"Bien." -se dijo el castaño al ver que estaba logrando un avance.-
Repitió el proceso unas cuantas veces, el de cabellos tricolores ya no se replegaba tanto como antes, luego decidió que era tiempo de tratar de sacar a Yami de allí Usando la misma técnica comenzó a salir de atrás de la cómoda y para su sorpresa el mas chico lo siguió aun con un poco de desconfianza pero lo seguía Una vez que estuvieron a dos metros de la cómoda el ojiazul le dio la fruta a Yami, el ojirubi la tomo y la comió con gusto ante la mirada de Seto; quien sonrió con algo de tristeza; acto seguido se sentó junto al ave mientras esta comía
"Yami, ¿Me recuerdas?" -pregunto.-
Yami lo miro unos segundos pero no le dio mas importancia y siguió comiendo.
Seto se quedo sin palabras. ¿No podia hablar? ¿No lo recordaba? ¿Lo ignoraba? O tal vez todas las opciones juntas. Miraba al joven con algo de tristeza; no parecia que el ojirubí le importara mucho la preocupacion del castaño ante la indiferencia que Yami le mostraba. Podia ser que Yami lo haya olvidado, que ya no quisiera nada con él pero... aun lo amaba y no renunciaria a él.
0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-0-
Holas a todos! Bueno aca traigo el segundo capi de este fic, me parece que co capítulos mas ya termina; estaba planeado que sea cortito XD Ademas ya tengo otro en mente, mas dark que Espacio Vacío pero mas cerca, tanto en tiempo como en espacio, teniendo a "Seto psiquiatra" pero Yami no va a ser el paciente eh!, eso se lo dejo al fic de Magi que espero algun dia lo continueeeeee... XD estaba planeado como un one-shot para Halloween pero se extendio... mucho XD
Agradecimientos para MagiDunkelheit y Narukami-Kyouya por sus reviews en el primer capitulo :D y decirles que me hicieron dar cuenta de algo que no habia puesto en la balanza XD Gracias chicas! Espero les haya gustado la continuación :)
Bueno, eso es todo por ahorita.
Dejen reviews plis.
Nos leemos,
Saludos!
