los personajes son de stephanie meyer la historia pertenece al

Autor: Jean Brashear

Proposiciones a medianoche

capitulo: 2

A Bella Swan le gustaban los horarios, el orden y las cosas meticulosamente planeadas. Tenía un novio sensato y su relación iba sobre ruedas, pero mantenía firmemente controlada su parte romántica, la parte que adoraba las novelas de amor y soñaba con un hombre que la hiciese perder la cabeza.
Hasta que conoció a Edward Cullen. Edward era sexy, travieso y desconcertante. Desordenado, salvaje, conducía una poderosa motocicleta y la sacaba de sus casillas. En resumen, era absolutamente, cien por cien… perfecto para ella.

Bella se dedicó a quitar invisibles motas de polvo del escritorio, posponiendo responder a la pregunta sobre su novio… que no era el hombre que acababa de invitarla a cenar. ¬Jacob está bien –contestó por fin–. Va a llevarme a un concierto mañana por la noche.
–Ah, qué bien –dijo Jessica, con expresión burlona–. ¿Le has dado un beso ya?
–Jacob es un caballero –replicó Bella. Al contrario que cierto mecánico que ella conocía.
–Venga ya –Jessica suspiró, tomando un sorbo de café–. ¿El dentista no te ha besado después de… cuánto tiempo, seis meses?
–Ocho meses y diez días. Aunque el tiempo no tiene ninguna importancia.
Su jefa soltó una risita.
–Por favor, que estás hablando conmigo –le dijo, señalando su ordenador–. Seguro que ahí dentro tienes un plan bien ordenado y referenciado por fechas. Y un calendario.
–Ser organizada hace que la vida sea más manejable.
–¿Y el doctor Black tiene hora para pedirte en matrimonio? No me digas que ya has elegido colegio para vuestros futuros hijos.
"No hay nada malo en investigar un poco", pensó Bella.
El teléfono volvió a sonar y ella lo miró como si fuera una serpiente de cascabel.
–¿No vas a contestar? –le preguntó Jessica, sin dejar de sonreír.
–Estaba pensando pedir un teléfono con identificación de llamadas –murmuró Bella, antes de descolgar–. Bufete de Jessica Stanley…
–Se ha cortado la comunicación, cariño. Deberías llamar a alguien para que revise tu teléfono.
Bella volvió a colgar, mirando a Jessica con expresión retadora.
Pero nada detenía a Jessica Stanley. Como a un mecánico al que ella conocía.
–Bueno, háblame de ese tal señor Cullen. Edward, ¿no? –Jessica arqueó una ceja–. Un nombre muy sexy.
–No es nadie –Bella movió el ratón del ordenador un poquito a la derecha.
Sonriendo, su jefa se dirigió a la puerta.
–Parece que "nadie" pone a alguien que yo me sé muy nerviosa. Y ya me cae mejor que Blackie.
–Black –la corrigió Priscilla.
Jessica siguió riendo mientras se alejaba por el pasillo.

Edward Cullen se arrellanó en el desvencijado sillón de su oficina, las botas sobre el viejo escritorio y las manos en la nuca. De modo que la estirada señorita Swan le había colgado, ¿eh? Dos veces. Edward soltó una risita.
Aquella morenita tan seria sacaba la parte mas traviesa de él. No era su tipo en absoluto, pero no era capaz de olvidarse de ella.
Había encontrado la dirección de su taller mirando en la guía de negocios, le había informado muy seria cuando fue a inspeccionar su taller para ver si le dejaba arreglar su coche. Inspeccionarlo. A él.
Al escuchar eso había estado a punto de echarla de allí a patadas. Él rechazaba trabajos todo el tiempo y ni siquiera se anunciaba. Trabajaba cuando quería y se tomaba días libres cuando le daba la gana. Él y su Harley Davidson salían a la carretera para ir donde los llevase el viento.
Pero ella había insistido, incluso cuando le dijo que no estaba interesado en arreglar su coche. Y no dio un paso atrás, aunque le sacaba dos cabezas, cuando la miró con cara de mal humor. No, la estirada señorita Swan se había puesto en jarras y, con ese lacito en su blusa de niña buena, procedió a echarle una bronca como si fuera una combinación de maestra de escuela y madre airada.
Y eso fue antes de ver su oficina. Edward sonrió al recordarlo. Se había puesto pálida como un cadáver cuando entró allí. Aunque él siempre encontraba lo que estaba buscando… tarde o temprano.
Pero el tema de "encontrar cosas" era doloroso en ese momento. Edward frunció el ceño al recordar al inspector de Hacienda que le había estropeado el día. Y por eso necesitaba la ayuda de la estirada señorita Swan.
Miró el teléfono, pensando volver a llamarla sólo para escuchar esa vocecita tan mandona. Aunque tenía que hablar con ella de algo importante.
Pero tal vez lo mejor sería aparecer directamente en su oficina.
Él y su Harley. Ah, sí.
Eso sí sería divertido.