Primera publicación: 25 de Marzo 2013
Resubida: 08 de Noviembre 2017
"Las malas decisiones nos perseguirán por siempre. A veces es más fácil, quedarse a enfrentar y ganar; que por temor a perder, huir y perderse a sí mismo."
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Capitulo
I
Recuerdo de ese Primer Beso.
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Por más vueltas de almohada que dio, por más cambio de posición que realizó, no logró conciliar el sueño. Lo peor era que su tormento apenas estaba iniciando. Ahora tendría que quedarse en Kanto por un tiempo indefinido debido a un trabajo que le habían asignado en la confederación de entrenadores Pokémon y como el representante de la región, tenía que estar ahí.
Arrugó su entrecejo para tratar de no pensar más, sacó la almohada de debajo de su cuello y se la echó en la cara para ahogar en ella un grito que no despertara a su compañero de habitación. Estaba más que fastidiado. Pataleó las sábanas para quitárselas de encima, y se levantó de la cama. Definitivamente no merecía la pena seguir acostado si no iba a poder dormir.
Se acercó a un gran closet de cedro oscuro, y tras ponerse de cuclillas frente a él, buscó en los tres cajones sin importarle el tiradero de ropa que estaba dejando a sus espaldas. Lo único importante era aquel libro de tapa azul aterciopelada que encontró ahí.
—Aquí estás —le dijo al libro, se paró mirándolo fijamente. Tras pelearse con un par de polera que se le enredaron en los pies, se acercó al completo bar que tenía en una de las esquinas de su departamento. Tomó un vaso bajo y ancho, lo apoyó en la mesada de madera, tomó una botella de fina forma, etiqueta negra y tras destaparla, se sirvió dando dos sacudidas al envase de vidrio, sin despegar su mirada del objeto que había encontrado entre sus ropas.
Se tomó el néctar ámbar de un solo trago, apretando los ojos por la sensación de sequedad que invadió su garganta. Sacudió la cabeza, con el valor suficiente para abrir aquel libro. Pues no era un libro cualquiera, era un libro de fotografías, un álbum de fotos para ser más específicos.
Del carnaval de amor y odio que se formó en ciudad Celeste hace siete años. Esas dos semanas donde lo único que tenía en mente era una sola cosa: Entender que era ese sentimiento que lo albergaba cada vez que sus ojos se cruzaban con los de su mejor amiga.
Ahí estaba ella en la primera foto, sonriéndole a la cámara con su Yukata rosada y el pelo tomado en un rodete con una peineta de flores rosadas. Sus ojos mostraban el brillo de la alegría que le producía el chico que tenía a su lado vistiendo una Yukata verde y azul. Ambos con sus dieciocho años recién cumplidos ni siquiera imaginaban lo que esa noche -un par de horas después de tomarse esa fotografía- iba a comenzar.
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No sabía cómo se había auto convencido de ir hasta ciudad Celeste. Pero ahí estaba, parado frente al gimnasio Pokémon de la ciudad. Habían pasado poco más de un mes desde la última vez que había visto a su amiga, en una reunión en los campos del profesor Oak. Aquella vez, había sentido algo extraño, su corazón se había acelerado a tal velocidad frente a ella, que si todo hubiera estado en silencio, se hubiera escuchado en todo el laboratorio.
Nunca le habían gustado las dudas y las cosas que no entendía, así que decidió buscar a la responsable de aquel comportamiento.
Cuando cruzó las puertas de cristal del gimnasio Pokémon, se encontró de lleno con la pelirroja que ordenaba detrás del escritorio un par de papeles. Y volvió a pasar.
Verla ahí con una polera de cuello tortuga y mangas tres cuarto amarilla, con su cabello solo levantado del lado izquierdo, hizo que su corazón aumentara los latidos nuevamente. Apoyó su mano en el pecho.
—¡Ash! —la chica al verlo frente a ella, salió de detrás del escritorio emocionada. La sonrisa enorme en sus labios, solo aceleró más el pulso— ¿Te sientes bien? —rápidamente su tono pasó a ser de preocupación, su amigo cayó arrodillado al suelo sujetándose el pecho— ¿Te duele? —su voz sonaba espantada— ¿llamo a un médico? —se alejó para acercarse al teléfono, pero Ash le prohibió alejarse tomándola de la muñeca derecha.
—Estoy bien —le informó poniéndose de pie—, solo ando… —no pudo evitar ver aquellas largas piernas blancas apenas cubiertas por una falda azul marina tableada, y se quedó sin habla.
—Solo andas… —intentó que completara la frase, pero le era imposible— ¿Ash? —el mencionado sacudió su cabeza y suspiró— ¿Qué pasa?
—¿Hay algún problema si me quedo aquí contigo? —la pregunta tomó por sorpresa a la pelirroja que no tardó en colorear de rosado sus claras mejillas.
—¿Qui… quieres quedarte aquí, conmigo? —preguntó tartamudeando, a la par de que retrocedía un paso. Esa reacción desinfló el ánimo del entrenador Pokémon.
—Es que hay una feria —comentó bajando la mirada, mientras movía los hombros despreocupadamente, pese a no sentirse así en absoluto.
—Ah —escapó de los labios de la pelirroja quien rápidamente los cubrió con las yemas de sus dedos derechos— ¿una feria? —preguntó escondiendo las manos detrás de ella— ¿Dónde?
—En —la volvió a mirar, y notó lo rojo de las mejillas de la pelirroja, y sus palpitaciones volvieron a acelerarse. «Es tan hermosa» Pensó— la cercanía del monte Luna. Dice que es genial, y como estaba tan cerca de Ciudad Celeste, me dije —comentó con un movimiento de hombros—, ¿Por qué no invitar a Misty?
—Ahhh —exclamó, sintiéndose un poco decepcionada por aquella frase, en su interior albergaba la ilusa idea de que haya ido para verla.
—¿Y qué me dices? —volvió a preguntar al no tener reacción de la chica—. ¿Vienes o voy solo con Pikachu?
—¡Voy! —respondió sin dudar—. Deja —señaló la entrada al gimnasio—, ir por mis cosas y…
—Aquí te espero —respondió con una sonrisa.
La joven pelirroja se dirigió a su cuarto a la velocidad de la luz, tras cruzar la puerta de madera, se apoyó contra ella y soltó el suspiro más largo de toda su vida. ¡Ash estaba ahí! ¡En su casa! ¡Para invitarla a salir! ¡Esto era mejor que un sueño!
Se separó de la madera impulsada por sus propias manos, con dirección al baño. Se arregló poco -para no demostrar su emoción- tomó su cartera y salió al encuentro del chico.
Éste estaba con las manos en sus bolsillos, mirando todo a su alrededor, hacía tiempo que no estaba en ese lugar, tanto que ahora podía sentir la esencia de Misty en todo el sitio. Aspiró profundo para embriagarse de aquel perfume a cítricos de la chica, cuando sintió que se intensificaba abrió los ojos para darse cuenta que su amiga lo estaba mirando realmente atónita. Quieta, pestañeando consecutivamente y en silencio.
—¿Qué? —preguntó asustado por la reacción de la joven—. ¿Qué me ves?
—No sé —inclinó un poco su rostro observándolo detenidamente—, te notó algo extraño. Realmente, ¿no sucede nada?
«Pasa de todo» Pensó, pero decidió callar y negar con la cabeza—. No pasa nada, ¿vamos?
—Claro —tomó las llaves del escritorio y salieron del gimnasio con dirección a la feria.
Caminaron en silencio hasta las luces brillantes que adornaban la oscuridad que generaba el monte Luna de fondo. Las atracciones, la música, los puestos, no tardaron en encandilar a la pareja de amigos que disfrutaron de todo un poco.
—¡Mira! —exclamó la pelirroja jalando la mano del moreno que comía un enorme algodón de azúcar—. ¡Fotografías con ropas raras! —Ash vio la enorme sonrisa con la que le informó del puesto que no se pudo negar. Pikachu trataba de seguirle la pista de cerca pero perdía a la pareja con mucha facilidad.
El locatario les informó que eran tres fotos con distintas vestimentas a elección. Misty le sonrió a Ash, quien sin decir palabra entendió la intención de la pelirroja. Era hora de jugar.
La primera foto, fue ambos vistiendo yukatas. Ella con una Yukata rosada y el pelo tomado en un rodete con una peineta de flores rosada y él vestía una Yukata verde y azul. Ambos estaban muy emocionados disfrazándose, se sintieron como niños pequeños cuando para la segunda ropa, tomaron prestada ropa de pistoleros. Misty llevaba un short corto con botas bajas y una camisa escocesa blanca negra y roja con un sombrero texano en su espalda atado a su cuello. Ash tenía el mismo sombrero pero en su cabeza, camisa escocesa azul, blanca y celeste, y vaqueros. En los pies botas con espuelas, ambos espaldas con espaldas y pistolas en mano. Estaban muertos de la risa mientras escogían cuál sería la última prenda que usarían.
Misty salió de entre los percheros con un hermoso y vaporoso vestido rojo con detalles en puntilla bordo y se lo enseñó a Ash, que de solo imaginársela quedo boquiabierto.
—¿Qué te parece, ropa antigua? —preguntó apretando el vestido contra su cuerpo con la mano derecha mientras que con la izquierda tomaba un poco de la falda para darle movimiento a la tela.
—Me parece bien —giró sobre sus pies sin decir nada más, sorprendiendo a la chica, que después de tanto tiempo, borró su sonrisa de la cara. Mas aspiró profundamente y se dirigió al cambiador para colocarse aquel majestuoso vestido.
Ash encontró el traje de un Lord, chaqueta azul con bordes dorados, pantalón ceñido al cuerpo en color azul marino y un par de guantes blancos que combinaban con el pañuelo con el que adornó su cuello. Se sentía un payaso, pero el solo imaginar a Misty…
—Misty… —susurró justo cuando ella abría la puerta de su cambiador con aquel hermoso vestido y su cabello adornado solamente en un costado, como cuando llegó al gimnasio Celeste esa tarde. Pero ella no sonreía y eso no le gusto para nada—. ¡Te ves estupenda! —se le acercó y le hizo una reverencia para tomarle su mano, y mirándola besó su mano—. Mi bella dama, ¿me permite una humilde foto? —le preguntó hablando con un exagerado tono que figuraba a ser de etiqueta.
—Ash… —susurró la chica que no tardó en quitar su mirada de incertidumbre, por la de diversión que tenía tiempo atrás—, tomémonos la foto, ¡Oh, mi noble caballero!
La última y tercera foto, se la sacaron: Misty ocultando su sonrisa detrás de un abanico rojo, mientras Ash le besaba la mano de forma galante. Sin dudas esa era la foto favorita de ambos, donde el rubor que cubría sus mejillas era tan notorio como que entre ellos había algo más que simple conexión de amigos.
Siguieron recorriendo las ferias, disfrutando de un helado, cuando el sonido de la música, hizo que Ash tomara la mano de Misty para llevarla con él a bailar.
—¡Anda, vamos, bailemos! —le pidió. Pero ella no estaba muy convencida—. ¡Vamos, en estos ocho años no he conseguido ninguna compañera que baile a mi nivel!
Ella se soltó de golpe y colocó esa misma mano en su cintura.
—¿Tan mal bailo? —le preguntó arqueando la ceja derecha. Ash no dijo nada, solo frunció el ceño ante aquella frase.
—Misty —gruñó.
—¡Ja, ja, ja! —rió la entrenadora señalándolo, era tanta su risa que terminó botando el helado que traía en sus manos para sujetarse el estómago—. ¡Tu cara es muy chistosa! —lo señaló y volvió a cruzar el brazo por su estómago—, ¡ay! —se paró bien y echándose aire con las manos aspiró profundamente—, eres tan chistoso cuando te enojas.
—¡No tanto como tú! —escupió con sarcasmo. Eso hizo que las risas de la pelirroja se acabaran, tal y como el moreno había previsto. Ante aquello, volvió a extender su mano—. ¿vienes?
La líder de gimnasio miró aquella mano cubierta por los guantes azules y celestes de su amigo, y levantó la mirada hacia el chico que sonreía y extendió también su mano.
—Vamos —le dijo con una sonrisa.
Cuando ya no pudieron más con la diversión, retornaron al gimnasio Celeste en silencio, algo que de por sí molesto un tanto al entrenador. Recordando todos los momentos de la feria, le era imposible conciliar el silencio dentro de esto.
—¿Qué haremos mañana? —le preguntó cuándo quedaron frente al gimnasio Celeste. Misty detuvo su caminar observándolo sorprendida y extrañada por aquella pregunta.
—¿Mañana? —arqueó la ceja derecha—, dijiste, ¿mañana?
—Si —respondió ofendido por la sorpresa de la pelirroja. Puso sus manos en la cintura y continuó: — Dije mañana, y pasado y…
—Ash —levantó la mano derecha para silenciarlo, y retrocedió unos pasos hasta pegar su espalda contra una de las columnas rojas y blancas—, ¿no piensas irte?
—¿Irme a dónde? —preguntó parándose frente a ella, los ojos verdes de su amiga miraban el suelo, así que con el corazón latiendo a mil por horas se atrevió a poner los dedos bajo el mentón femenino y levantárselo para que sus ojos se encontraran.
—Tú siempre tienes prisa, nuevos viajes, nuevos Pokémon, nuevos amigos —dijo esto último apretando los dientes.
—Bueno —dijo sin soltarla, pero mirando el cielo estrellado—, no puedo decirte que no encontraré otro viaje, otra región y todo eso porque te estaría mintiendo —al escuchar el suspiró de Misty, frunció el ceño y volvió la vista a ella.
—Lo sé —fue lo único que pudo pronunciar ante aquella mirada intensa que vio en su amigo.
—Pero hoy estoy aquí Misty —la soltó y retrocedió un paso con el puño sobre el pecho—, vine porque algo aquí adentro —se golpeó el pecho— me lo obliga y no entiendo la razón. —un sorprendido «¿Eh?» fue el sonido que se le escapó de los labios a la líder. Ash volvió a acercársele—. Me dejas averiguar, ¿qué es lo que sucede?
—No quiero sufrir Ash… —soltó apretándose más contra la columna. Lo quería, lo amaba y pero no estaba dispuesta a sufrir.
—Te lo prometo —le dijo, acercándosele aún más.
—Confiaré en ti —apretó los puños, se soltó de la columna y rodeó con los brazos el cuello de Ash—. Hace años —le comentó con el rostro muy cerca de él, su aliento tibio pegaba en su rostro y estaba tentado a callarla… con… algo…—, tú preguntaste si las personas cambiaban cuando se besaban, ¿verdad?
«Esa era la respuesta, ¡un beso!» Pensó, mirando los labios de su amiga, el hecho era que no sabía cómo hacerlo «Supongo que debería poner mis labios sobre los de ella»
—¡Ash! —lo regañó ella, él salió de su ensimismamiento y la miró, sus rostros estaban aún más cerca—, ¿me escuchaste?
—Si Misty —contestó rápidamente.
—¿Sí qué? —preguntó con su típica tonada de autoridad.
—Si a ambas Misty. Te escuché y si recuerdo la pregunta.
—Ah —exclamó y volvió a apretar sus brazos contra la nuca de Ash para acercarlo más a ella—, te iba a decir, que era hora de averiguarlo por nosotros mismos.
Aquella frase tomó por sorpresa a Ash, pero mucho más cuando sintió algo suave haciendo contacto con sus labios, abrió enormes los ojos cuando se dio cuenta que Misty tenía las manos en sus mejillas y estaba besándolo. Se dejó dominar por aquella sensación dulce de los labios de la chica, cruzó él también sus brazos por la espalda femenina y la apretó contra si mientras sus rostros buscaban la posición correcta sin separar los labios.
Cuando el beso acabó, Misty puso las manos en los hombros del chico y exclamó solamente un «Wow» Ash no dijo nada, aún sentía el calor que lo había embargado con solo besarla. La miró y algo dentro de él -muy en el fondo de él- sintió miedo. Pero sacudió la cabeza, y trató de no hacerle caso. Hoy estaba junto a Misty y era lo que le importaba.
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—Fui tan tonta en confiar en ti —dijo la pelirroja observando un álbum de fotos, aquellas mismas fotografías que miraba el hombre. Cerró el álbum de tapa roja y lo botó sobre la cama—. Pero, no fue solo culpa de él, yo sabía que iba a pasar… —aspiró y soltó el aire por la nariz—, y aun así, lo permití.
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El sonidos de los tacones retumbaba por los pasillos, el andar apresurado de la mujer aumentaba a medida que observaba la manillas del reloj en su muñeca izquierda.
«Estúpida fiesta» Gruñó para sus adentros «Tardé más de lo debido por ponerme una crema para ocultar las ojeras por no dormir anoche» Llegó a la puerta, acomodó su falda azul y el doblez de la chaqueta cruzada del mismo color. En su cabello tenía echo un rodete enganchado por dos palillos azules, aspiró y abrió la puerta. Para su suerte, los profesores dentro de la sala aún conversaban entre ellos, y había uno que otro parado.
—¡Qué bueno que no llegué tarde! —suspiró cuando cayó sobre la banca al lado de su colega de cabello castaño.
—¡¿No me digas que la señorita Waterflower no soporta una fiestita?! —comentó irónico el hombre de ojos verdes, ganándose una mirada de reojo de la pelirroja—. Ok, ok —movió sus manos—, tranquila.
—Oak —gruñó—, no estoy para bromas.
—Lo imagino —simuló observar la revista Pokémon que tenía en sus manos—, sobretodo si don desaparecido regresó.
—¡Gary! —la miró aún más furiosa, pero la contestación murió en sus labios cuando la entrada del director de la universidad acalló a todos, mientras los parados se ubicaban en los asientos disponibles.
—Bien profesores —dijo el director. Un hombre alto de traje gris, lentes redondos y cabello oscuro—. Cómo saben, la liga Pokémon acaba de enviarnos un inspector que estará evaluándolos en sus clases durante los próximo cinco meses —el murmullo entre los profesores no sé hizo esperar—. ¡Silencio! —pidió con voz autoritaria—. Les presentaré al licenciado en ciencias de los Pokémon que estará a cargo de la inspección.
Cuando la puerta se corrió y entró el nuevo inspector, hubo un silencio, solo se escucharon dos exclamaciones.
—Dime que no es cierto —le susurró Misty a Gary entre dientes.
—Temo que no puedo decírtelo —respondió éste.
—¡Waterflower! ¡Oak! —les llamó la atención el director—. Siempre es lo mismo con ustedes, los mandaré a separar.
—¡Profesor Aspen, no estamos en la primaria! —protestó Gary—. Además —tomó la mano de Misty con una enorme sonrisa—, nadie puede separarme de mi compañera. ¿Qué serian de mis investigaciones sin el cerebro de la profesora Waterflower?
—Gary —gruñó la mencionada, tratando de soltarse.
El inspector junto al director miró a los dos apretando los puños que ocultaba detrás de él.
—Ya —le hizo señas para que ambos se sentaran—, siéntense y déjenme presentarles al nuevo Inspector de la Universidad —lo señalo.
—Soy el nuevo Inspector enviado por la liga Pokémon —hizo una reverencia—, Soy Ketchum, Ash. —se enderezó y miró a todos los profesores—, espero que tengamos una buena convivencia.
Los ojos del hombre moreno no tardaron en cruzarse con los esmeraldas de la mujer pelirroja, quien rápidamente volvió su mirada al castaño que tenía a su lado.
La pesadilla y el calvario de ambos… recién comenzaba.
