"Nacemos llorando, vivimos quejándonos y morimos desilusionados."
Thomas Fuller
El primer día después de la guerra, el actual ex miembro del clan Bookmen, sufre de insomnio. Los ojos le pesan y le riñen un descanso conciliador para reparar todas las demás noches en vela. El calor está en su contra, este se acumula en las paredes del nuevo hogar y lo asfixia. No es nada parecido a la biblioteca donde el espacio le otorgaba un clima más templado. Es inevitable para Lavi moverse de un lado a otro de la cama en busca de una posición que le acomode.
Junior se cubre uno de los ojos con la palma, la nueva sensación de ver el espacio es aterradora, como si el mundo se hiciera más pequeño. Los recuerdos llenan la mente, la sonrisa surca sus mejillas. Se entusiasmó demasiado cuando escuchó la sugerencia de Lenale Lee, ellos tres, Allen, Kanda y él, podían vivir juntos y así evitar más gastos mientras encontraban un trabajo estable. La mente le hacía cosquillas porque esa idea seguía perdurando en ellos como una familia. Le gustó.
— ¿Es una pesadilla, Lavi? — La voz del albino es adormilada, llena de somnolencia del sueño que tiene por despertar a mitad de la noche cuando al fin pueden descansar en paz, sin estar alertas por escuchar la alarma que tanto les angustiaba. Está adolorido, Walker sabe que tiene unos huesos rotos e incluso así se niega a permanecer en la enfermería. No puede soportar ese lugar. Por eso Allen al estar con ellos le llamó una huida.
— ¿Allen? ¿Te desperté? — Tomado con la guardia baja, detiene sus movimientos para girar el rostro a la derecha, donde se encuentra el aludido y este se talla el ojo y asiente. — Hace mucho calor, ¿sabes? No puedo quedarme quieto. Pero en un rato más dormiré. — Calma el ansia que se siembra en él y trata de transmitir la paz interna que no tiene. Lavi se siente capaz de sonreír ampliamente y revolver los cabellos en cuanto lo ve conciliar el sueño de nuevo.
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Allen sigue siendo igual de ingenuo. Junior no podrá conciliar el sueño, no esa noche.
Los ojos de Kanda Yuu se abren, y el mirar malhumorado se hace presente apenas el primer rayo de sol toca en el rostro. Nunca ha sido de aquellos que pone quejas en levantarse a tempranas horas, pero ese no es el problema.
Kanda lo asesinará. El ex exorcista más agresivo de la Orden ya tiene a su primera víctima apenas se levanta. No es para menos, no solo escuchó la preocupación inherente de la biblioteca andante, también fueron miles de sonidos más de libros cayendo al piso y otros más siendo hojeados hasta la desesperación.
— Brote de habas, ¿dónde está ese conejo? — Es el diablo cuando tiene un humor insoportable, cuando le falta el sueño y el culpable es la persona que más abre la boca del grupo, siempre es el más inoportuno.
Comparten habitación los tres amigos del alma no admitidos. Solo hubo esa opción en la casita que apartaron de todo ajetreo de la ciudad.
La pregunta desconcierta al héroe de la guerra y se frota los ojos, su sueño fue más tranquilo de lo que esperaba. No entiende a qué va tanto alboroto en ese primer día de libertad. — Lavi no se ha movido de su-…— Sentarse en el colchón y levantar las sabanas de la cama que se encuentra en medio de las otras dos provoca un ligero escalofrío. En el piso las cosas estaban regadas por todas partes, como si un tornado hubiera cruzado por ahí. —… lugar.
Escuchan un sonido fuerte en la planta baja y los dos se levantan en pijama mientras empuñan lo primero que encuentran: una sombrilla y una escoba. Siempre es útil si son hábiles luchadores, no hay quién los supere.— ¿Quién está ahí? — La voz es áspera e inesperadamente le sale autoritaria. — Sal. — Allen está en esa etapa donde le cambia la voz por una más gruesa y a veces puede arrancar risas de los presentes, burlas más que nada si el trío estuviera completo. Falta Lavi.
Nadie responde, el mismo sonido es captado por los oídos de los dos compañeros de armas y eso los hace poner los sentidos en una alerta total mientras se dirigen a la biblioteca, si se trata de un ladrón no entienden qué buscará en la casa que apenas tiene lo mínimo para vivir. No tienen miedo, un ladrón no los acobardará. Han pasado peores cosas, peores momentos.
Ni uno de los dos fue arrastrado por el pelirrojo para colocar en la casa algún adorno estrafalario, por eso no comprenden qué buscaría un maleante ahí. El siguiente golpe los obligó a empujar la puerta de la biblioteca al mismo tiempo y calmar las ansias que subieron de golpe.
— ¡Allen, Yuu! ¡Encontré un remedio muy bueno para conciliar el sueño! — Él no durmió, se le notaba en la ojera que se hizo debajo del ojo y los múltiples libros que fueron abandonados a media lectura. La sonrisa se dibujó el rostro del ojo esmeralda, los ojos plateados suspiraron y los topacios lo miraron con resentimiento.
— Dijiste que no tardarías en dormir, Lavi.— La primer queja es de Allen, quien lejos de pensar a fondo la situación, se preocupa por la salud de su amigo. De seguir sin descansar en esos días el cuerpo le pasará factura con una enfermedad. Los labios de Allen se fruncen y buscan el consuelo de la mirada para saber que atendió el mandado. Lo más cercano al arrepentimiento es un "Entendí" por parte de Lavi seguido de un quejido mientras se bajaba de la escalera en la que estaba montado.
Es una semana que hace exactamente la misma rutina. Allen no sabe si temer por la salud de Lavi o que antes de poder encontrar una cura al insomnio de su amigo serán asesinados por Kanda Yuu.
Me costó bastante pensar en una continuación, estuve todo este año pensando qué seguiría. Finalmente hallé un hilo para la historia, espero que aun la sigas, Marcia. Tardo demasiado (?)
