Primero que nada, gracias a todos los que habéis leído. ¡Gracias a dracoforever y UnaQueLee por dejarme reviews! Debo aclarar que esta historia es Post DH y no tengo en cuenta el epílogo. También que sepáis que este Draco es más maduro que otros, no porque lo quisiera así, pero en mi opinión la Guerra cambia a las personas, y básicamente de eso va este fic. De como una misma situación dolorosa y traumática puede acercar a dos personas hasta puntos inimaginables…
La traducción del título Post bellum semper…; vendría a significar algo así como Siempre después de la guerra..., o al menos eso dijo el traductor de Latín XD.
Pienso intentar actulizar esta historia cada cuatro dias mas o menos.
En fin, ya dejo de molestaros, y nada más recordarles que estos maravillosos personajes y su mundo le pertenecen al genio de J. K. yo solo los estoy tomando prestados… ¡A leer!
Capítulo 2: Una cena muy extraña
Hermione se había quedado completamente liada luego del extraño intercambio con Draco Malfoy en el Expreso de Hogwarts. Tanto así, que no había vuelto a entablar conversación con nadie, y para cuando quiso darse cuenta, se hallaba sentada en la mesa de Griffindor, en el Gran Comedor, flanqueada por una aún risueña Ginny y un maduro Neville Longbottom. No tenía mucho apetito a pesar de los manjares servidos ante sus narices, y no pudo evitar deprimirse al pensar en que el bol con papas salteadas frente a ella ya habría desaparecidode encontrarse Ron allí.
_ Hermione, ¿te sientes bien?_ exclamó una preocupada Ginny. Hermione negó con la cabeza, pero no sabía si era un no al no, o una afirmación a su pregunta. Como para complicar aún más las cosas la pelirroja agregó _Estas…rara.
Ante eso no pudo evitar rememorar el episodio acontecido con Malfoy en el tren, y sin que fuera plenamente consciente, se encontró mirando a la mesa del estandarte verde y plata, buscándole.
Inmediatamente se percató de su ausencia, ya que el muchacho destacaba fácilmente. De alguna manera el que no considerara la cena de Bienvenida lo suficientemente importante para honrarles con su presencia le molestaba. A Hermione tampoco era que le gustara demasiado aquella cena, es decir, siete años reviviendola era hartante, pero aun así ahí estaba, puntual y responsable. ¿Por qué Malfoy no era capaz de hacer lo mismo? ¿Acaso no era prefecto él también? Y si fuera una ex_mortífago invicto, desde luego Hermione no se tomaría semejantes libertades.
Dando una segunda mirada a la mesa, solo para cerciorarse, Hermione no pudo ignorar el hecho de que algo raro les pasaba a los Slytherin ese año. Para empezar, ya no andaban por ahí con aires superiores, ni se habían metido con las otras casas, a decir verdad, parecía que la verdadera lucha se estaba librando en el nido de las serpientes.
Una nítida línea separaba un extremo de la mesa de otra. Los mortífagos y la resistencia, pensó Hermione con desazón. No era por prejiciosa, pero el grupo de apariencia menos tenebrosa y culpable eran los que habían defendido al Colegio de las amenazas externas, sin venderse a ideales de sangre ni torturas de los hermanos Carrow. Entre esos alumnos estaba Theodore Nott. Nott era un buen alumno, y Hermione no podía decir que le sorprendía de verlo allí, porque no lo hacía. El chico nunca le había dado problemas y por ella podía hacer lo que quisiera.
Allí fue cuando vio que solo había cinco nuevos Slytherin ese año, tres de los cuales eran de familias sangre pura. Ningún alumno nuevo quería estar en la casa de los seguidores de Lord Voldermont. Porque, aunque este último había caído, había una buena parte de la comunidad mágica asegurando que solo era cuestión de tiempo para que otro mago tenebroso se hiciera con el poder.
_ Silencio todo el mundo_ la voz de Minerva McGonagall, parada en medio del salón, bastó para que todos callaran repentinamente._ Gracias_ agregó severa_ Y bienvenidos a otro año en Hogwarts, escuela de Magia y Hechicería_ algunos aplaudieron y se detuvieron ante una mirada que decía que aun no había acabado.
La directora de Hogwarts y antes profesora de transformaciones parecía cansada y en sus ojos se vislumbraban arrugas que no estaban hace un año.
_ Como sabréis, el Colegio ha sido reconstruido luego de la Batalla. Prácticamente está como antes, mas no será el mismo. De iguales maneras hacedles llegar a sus familias mis agradecimientos por la ayuda bien prestada.
_Las reglas son las mismas para todos los alumnos de todas las casas. Tenéis terminantemente vetada la entrada al bosque prohibido y cualquier artilugio de Sortilegios Weasley y asociados (¿era su impresión a McGonagall había mirado a Seamus Finnigan?) será inmediatamente confiscado por nuestro celador, el señor Filch, quien me ha pedido les recuerde que no pueden hacer magia ni correr en los pasillos. Para los que deseen saber el resto de las normas las hallarán en la puerta de su despacho.
_ Y ahora _agregó un poco más animada, _ las noticias realmente importantes. Hermione oyó a Neville ahogarse con su jugo de calabaza, y no pudo evitar sonreír ella también ante los modos de su profesora._ Reitero, sabrán que muchos magos y brujas también padecieron en la Batalla Final_ Hermione miró de reojo a Ginnypero su amiga aun parecía feliz _ Murieron alumnos… y profesores. Nuestra querida profesora Vernon está internada en San Mungo de gravedad y hasta nuevo aviso su clase será impartida por la señorita Mary Cyprian Youdle, quién también arbitrará los partidos de Quidditch de esta temporada. Aquellos que deseéis probar suerte en algún equipo podéis hacedlo el próximo lunes. En cuanto a mí, mi reemplazo a medio tiempo será el señor Percival Weasley...
Tanto Hermione como Ginny y Neville sabían que ese año Percy les acompañaría a Hogwats.
_ Ginny, ¿tú serás la capitana de Griffindor este año, no es así?_ le preguntó la castaña a su amiga por lo bajo.
_Bueno, todavía no me lo han confirmado, si es eso a lo que te refieres_ contesto evasiva la pelirroja.
_ ¡Vamos!_ rió Hermione_ Eres la mejor jugadora de todo Hogwarts, ¿qué dices?
_ ¿Quién?_ preguntó Neville, que se había espabilado y había dejado de mirar a cierta rubia de Hufflepuff con un creciente anhelo.
_ Ginny no se cree que es la nueva Gwen Jones_ dijo Hermione mirando a su amiga No pudo evitar pensar en que Malfoy también debería ser capitán este año, después de todo lo había sido ya por, ¿dos años? No estaba segura...
_ ¿Y tienes alguna idea de quienes serán los otros capitanes?_ preguntó curiosa.
_... Y en cuanto a Defensas contras las artes oscuras, _ de repente todo el Salón había vuelto a escuchar el mas que discurso de bienvenida, testamento fúnebre de McGonagall, incluida Hermione._ Saben que el profesor Snape falleció sirviendo a una noble causa, la última voluntad de Albus Dumbledore._ McGonagall guardó silencio, sin dejar de mirar al frente, como desafiando a contradecir aquello.
_ No todos le creen a Harry…_ exclamó Hermione sorprendida ante la actitud de algunos alumnos, como si les diera risa la idea de que un mortífago en realidad fuera bueno. Ginny solo hizo un mohín de desagrado con la nariz. ¿Podían dejar de recordarle a su prometido por cinco segundos?
_ Como les decía_ continúo la bruja_ el puesto de defensa ha quedado vacante y es un placer anunciarles que el nuevo profesor que impartirá la materia es, con mi total acreditación, el señor Draco Malfoy.
¿Acaso un enjambre de torposoplos invisibles acababan de entrar al gran comedor y ella no se había dado cuenta?
Hermione buscó con la mirada a Luna Lovegood en la mesa de Ravenclaw para que se lo confirmara, pero Luna estaba tan desencajada como el resto del colegio.
Instintivamente, una ola de murmullos generales fue recorriendo el gran comedor hasta hacer imposible la tarea de escucharse unos a otros sin gritar desaforadamente. Aunque la Griffindor no creía que eso fuera necesario. Por primera vez en probablemente siglos, Hogwarts pensaba lo mismo: ¡Draco Malfoy no podía ser un profesor, de DEFENSA CONTRA LAS ARTES OSCURAS! ¿Dónde dejaría eso la materia?
_ ¡Y un cuerno!_ gritó un muy enojado Seamus Finnigan al frente de Hermione, quién no pudo evitar una mueca ante el vocabulario de su compañero de casa._ ¡Por las bragas de Morgana y todos sus sapos!..._ despotricaba mientras la ex profesora de Transformaciones intentaba, sin éxito, llamar el alumnado al orden.
_ ¡Ese mortífago de pacotilla!_ bramaba Cormac McLaggen unos metros más allá. Parecía a punto de tener una apoplejía, pensó la chica, en cuanto continuara gritando de aquella manera._ ¡Este era el colmillo de basilisco! Primero Snape y ahora Malfoy… ¡¿Es qué todos los directores de este colegio están colocados?!
Eso fue suficiente para la Griffindor, quién furiosa, se había puesto de pie y se dirigía a donde estaba el imbécil.
_ ¡¿Cuál es tu problema, McLaggen?!_ gritó Hermione, más alto de lo que Minerva había conseguido hasta ahora. Varios Griffindor callaron ante la histeria de la castaña, nada bueno salía de molestar a Hermione Granger. _ ¡¿AH?!..._ le presionó furiosa. Hermione no tenía claro si estaba molesta con McLaggen por insultar a los profesores, a la memoria de Snape, o a Malfoy…al profesor Malfoy. Vale, era raro, ella y Draco Malfoy no eran los mejores amigos ni mucho menos, pero todo el mundo se merecía una segunda oportunidad, hasta un ex mortífago malcriado y elitista, y hasta ahora Malfoy se llevaba las palmas. Se había comportado bien con ella en el expreso, había sido hasta amable incluso, y debía admitir que recibir clases de un mortífago poderoso y peligroso, o bueno, un mortífago, era bastante…tentador.
_ Mira McLaggen, no sé que problema tengas con el profesor de Defensa pero te sugiero que vayas a resolverlo con tu almohada… ¡AHORA! ¡Veinte puntos menos para Griffindor por gilipollas!
McLaggen la miraba con incredulidad y mofa, y tomándola por el cuello de la túnica la acerco hasta él y escupió con desprecio:
_Claro, me olvidaba con quien hablaba…la perfecta sabelotodo caza fortunas de Hermione Granger_ en ese momento Hermione, incómoda, sintió un picazo en la nuca, les observaban pero el gilipollas de McLaggen le entorpecía girarse. Sabía que era un bruto, pero no que también era demente- ¿Es que no tienes vida, Hermione? ¿No te das cuenta de que eres una vergüenza para toda tu casa? ¿Es que ya te has cansado de rogarle a Weasley para que volváis?_
La sola mención de Ron y un corazón roto en el mismo párrafo fue demasiado para Hermione, quien sin darse cuenta había empezado a llorar en silencio.
_ Tienes pinta de necesitada, Granger. ¿Sabes lo que es eso, cierto?_ continuó aguijonándola el chico. Hermione hubiese querido decirle muchas cosas, pero cuando abrió la boca para hablar, de ella no salieron más que hipidos y sollozos entrecortados. Demasiado tarde comprendió que estaba haciendo catarsis de todo lo vivido el año pasado en su relación con Ron, relación que ella no había destapado a fondo todavía, por miedo a lo que pudiera haber debajo. Y ahora se daba de bruces contra la montaña que tenía delante. Ni siquiera tenía la concentración necesaria para lanzarle el maleficio de la lengua atada al sucio de McLaggen.
_ No has superado a Weasley, ¿verdad Herms?_ se burló el chico usando el común apodo del pelirrojo para ella. Al ver que no iba a parar, Hermione decidió huir de allí, más le valía el orgullo herido que soportar a ese idiota.
Fue cuando se giró para irse que se dio de bruces con un pecho plano y torneado, y unas manos firmes le asieron por los hombros, reteniéndola. Lentamente, Hermione se giró encarando a Cormac.
_Que te quede claro, McLaggen_ dijo la fría e impersonal voz de Draco Malfoy a sus espaldas, tanto que Hermione se estremeció, pero él no aflojó su agarre ni mucho menos._ Él único con el derecho de molestar a Granger en este jodido planeta soy yo, ¿lo sabes cierto?_ Hermione no se creía lo que oía y se giró para mirar a Malfoy, nerviosa, pero este no le prestaba atención, su mirada asesina estaba puesta exclusivamente en McLaggen.
Draco ya sabía que la noticia de esa noche iba a causar polémica, pero ni en sus mejores sueños se habría imaginado aquello.
En cuanto McGonagall anunció que pensaba darle a él el puesto vacante de profesor de Defensa contra las Artes Oscuras, todo Hogwarts fue un caos. Compañeros volviéndose contra compañeros de sus mismas casas, opiniones encontradas y grandes prejuicios saltando de una boca en otra. Todos querían hacerse oír por encima del resto.
"¡Es un maldito mortífago asesino!", "Ni siquiera sabe agarrar la varita", "Jodidos sangre puras…", "¡A McGonagall se le ha ido la chaveta!", e incluso estaba quien, escuchando las porquerías del profeta, afirmaba que Draco era el próximo mago tenebroso de su generación y este era solo su primer paso para dominar el mundo mágico y someter a los muggles. Patético y más que patético, pero nada que no se hubiera esperado antes.
Los único en silencio eran los profesores, aunque él pensaba que tenían una opinión propia bastante acallada por McGonagall…
Si algo le había enseñado ser un Malfoy todos estos años era que el poder y la fama generaban dos reacciones en cadena: la gente te amaba o te odiaba.
Por lo que oía, a Draco le odiaban. Claro, pensó el rubio, sin Pansy, Crabbe o Goyle este año haciéndome la pelota, y mi familia caída en desgracia nadie va a dar la cara por mí. Cobardes serpientes de mierda…
Cuando los gritos derivaron en peleas raciales y otros conflictos de gravedad los profesores comenzaron a parase para ayudar a poner orden.
Draco sabía que su futuro estaba en juego así que, lentamente, se paró de la muy cómoda silla de profesores y los siguió. No había caminado mucho, cuando una voz le hizo detenerse en seco.
_ ¡¿Cuál es tu problema, McLaggen?! ¡¿AH?!..._ Granger le gritaba desaforada a un compañero suyo en la mesa de Griffindor, a quién Draco recordaba vagamente de un partido de Quidditch. _ Mira McLaggen, no sé que problema tengas con el profesor de Defensa pero te sugiero que vayas a resolverlo con tu almohada… ¡AHORA! ¡Veinte puntos menos para Griffindor por gilipollas!
Entonces fue cuando a Draco se le desencajó la mandíbula de tanto abrirla. ¿De veras Hermione Granger, la chica cuya existencia él se había encargado de hacer miserable durante seis años, estaba defendiéndole de sus compañeros de casa?
Aunque Granger era Granger, probablemente lo hacía porque él ahora era un profesor e insultarle iba contra las normas. Pero una voz en su mente esperaba que no fuera así. Draco trató de ignorarla mas cuando el idiota Griffindor levantó a la sangre sucia por el cuello y comenzó a insultarla de tal forma que el antiguo Draco Malfoy se habría sentido orgulloso, decidió intervenir. ¿Quién se creía que era ese idiota?
Con la elegancia que lo caracterizaba caminó sigiloso hacia la pareja, como una serpiente ante su presa. Una vez tuvo a Granger delante, se percató de que sus hombros temblaban demasiado. Esta llorando, comprendió con asombro. En todos sus años de pullas el nunca había conseguido hacer llorar a la Griffindor, con un exceso de rabia pensó en lo que McLassy le debería haber dicho.
Por años había tratado a Granger como inferior a la basura de sus zapatos, pero hará cosa de un año, durante la guerra y su reclutación como mortífago, había comenzado a pensar diferente.
No era que la chica le simpatizara, pero al verla tendida tan frágil y quieta en el suelo de su sala de estar, Draco había sabido apreciar lo bello de sus curvas visibles bajo la ropa rotosa. Sus facciones deformadas por dolor cuando le habían rogado por su vida a él, un maldito mortífago condenado, eran las de un ángel caído a la Tierra, destinado a sufrir por siempre...
Y allí, entre gritos que helaban la sangre, Draco se juró que nunca jamás, mientras durase su vida, Hermione Granger volvería a sentir dolor.
Dolor que en estos momentos el maldito caballero Griffindor le ejercía. Pedazo de cabrón, por eso odiaba a los Griffindor, eran todos unos hipócritas.
Con cuidado de no lastimarla, Draco puso las manos en los hombros de la chica para calmarla. Esta dio un respingo al sentir su contacto, y eso que aun no sabía que era él. Draco sabía que probablemente la última ayuda que Granger quisiera en esos momentos sería él, pero ya no iba a echarse atrás…
_Que te quede claro, McLaggen_ dijo con su voz fría y arrastrada que usaba cuando quería asustar a alguien._ Él único con el derecho de molestar a Granger en este jodido planeta soy yo, ¿lo sabes cierto? _ dijo con desdén sin apartar los ojos de su enemigo. Granger se había soltado cuando se había delatado, y no soportaría ver su cara cuando se fuera corriendo._ Él único necesitado de atención que no supero un rechazo aquí eres tú_ terminó sibilante. McLaggen no se había inmutado ni de cerca con la presencia del Slytherin. Curioso, Granger tampoco se había movido.
_ ¡Vaya puta, Hermione!_ rió McLaggen haciendo enfurecer a Draco. Ante sus palabras sintió como Granger se pegaba aun más a él, si eso era posible.
_ Engañar a Weasley con el cabrón de Malfoy, no me lo esperaba de una casta muchachita como tú. ¿Es que también visitas a Potter?
Draco avanzo dispuesto a partirle la cara de un puñetazo al chico, sin saber por qué esas palabras le habían molestado, cuando se lo pensó mejor.
_ Está castigado, señor McLaggen_ dijo serio y con una sonrisa de suficiencia en el rostro, al mejor estilo Severus Snape. A su lado, Granger hizo una mueca._ Dos semanas contando desde hoy. Felicidades_ agrego ante la mirada del chico_ Creo que ha roto un record académico, dos horas aquí y ya quebró las reglas.
_ ¡¿Qué reglas, cabrón?!_ le chilló McLaggen poniéndose morado de la furia.
_ Las que dicen que no puedes usar palabras malsonantes en mi presencia_ finalizó Draco, ya sin rastro de humor en el rostro o la voz. Entonces, Cormac comenzó a ser consciente de su situación y como un cobarde, empezó a rogar.
_ Vamos, hermano_ dijo por lo bajo en un tono de confidelidad_ Esto queda entre tú y yo, una pequeña broma a costa de la sangre sucia…- miró a Hermione quién los miraba irascible. Pero incluso entonces Draco no cedió, le dedicó a Cormac una fría mirada y agregó:
_ Tres semanas_ y con tirón seco se giró, llevando a la Griffindor a rastras. Atrás escuchó la voz de McLaggen que le gritaba:
_ No tienes autoridad para castigarme ¿entiendes? ¡Asquerosa serpiente!
_ ¡MCLLAGEN A MI OFICINA AHORA!_ la voz de Minerva McGonagall retumbó por todo el Gran Comedor, amenazando con romper las ventanas.
Y mientras la directora, quien habia prescenciado el esenlace de todo aquello se alejaba con un muy molesto Cormac McLaggen, Hermione se preguntó si acaso´ahora podría soprenderse de algo.
Sin embargo,como bien saben los que estan sujetos a entrecruces del destino, las cosas extrañas recién acababan de empezar...
