Pasaron horas y no fue hasta que el sonido de un corno les hizo romper aquel abrazo en el que estaban unidos. La chica abrió sus ojos mientras aún seguía recargada en el pecho tibio del hombre, mientras que él le acariciaba con ternura sus dorados cabellos.

- ¿Qué fue eso? – pregunto ella apartándose un poco –

- Ha sido el corno de Athena, quiere decir que hay que presentarse frente a ella – comento el hombre de ojos celestes –

- ¿Cómo sabe eso? – la chica de ojos verdes lo miro confundida –

- Eso es porque he pasado mucho tiempo en este lugar – se maldijo a si mismo por esa torpeza –

- Me imagino, bueno – tomo la peluca negra del suelo y se recogió el cabello para luego acomodársela y parecer un muchacho nuevamente –

Milo no podía quitarle los ojos de encima, no desde ese día en que Ifrit, su aprendiz había comentado el secreto de Elan entre copas. No lo había hecho con mala voluntad, al contrario, lo hizo porque su maestro había pasado muchas noches lamentándose de poner los ojos en un hombre. Sonrió para luego ver partir a la joven adentrándose por ese pasillo lleno de hojas secas.

Mientras esto sucedía, Ly se encontraba esperando al santo de escorpio.

- Jeje! – se rasco la nariz pasando el dorso de su dedo índice por ella – Milo debe estar pasándosela muy bien con Lena – sonrió, para luego percibir un aroma en el aire que le hizo erizar los vellos de la espalda y ponerse en guardia. –

Lyavain era un experto rastreador, tal vez sería por el maravillo olfato que el santo de lobo poseía, mismo que le había valido varias bromas de sus compañeros santos.

- Ese aroma…. – cerro los ojos para luego abrirlos de golpe – Creo haberlo sentido antes… pero no recuerdo donde.

Sintió un cosmos cerca y lanzo uno de sus ataques sobre lo que le pareció un enemigo.

- Lobo tonto! – se escuchó una voz varonil, pero muy melodiosa –

El lobo se detuvo en seco viendo como caía un árbol ante él y de un lado, un joven de cabello azul sostenía una lira entre sus manos. Se incorporó aun con la polvareda causada por el árbol, y fue ahí que Ly descubrió quien era.

- Por Athena! Ray casi te destrozo con mis garras – sonrió –

- Jajaja…. Buen chiste, pero no tuviste ni la más minina oportunidad…

- ¿de qué hablas, lira? Ya una vez te di tu merecido con mis letales garras – mostro sus fuertes manos y de ellas salieron sus uñas tan afiladas como las garras de un tigre –

- Vamos, Ly eso fue hace años y te diré que no puedes usar el mismo ataque con un caballero de Athena dos veces. – sonrió el bello músico –

- Aja, aja… y dime que haces por aquí

- ¿No has oído? Athena nos está llamando y debemos ir ante ella.

- Ahora que lo dices – rascándose la cabeza con el pie, tal como un canino – creí escuchar algo pero…. No le tome importancia.

- ¬¬ No fuera la amazona de Benetnasch ¿por qué ahí si escuchabas no?

- Siii! Auuuuuuuuuu!

- No tienes remedio, mejor vamos – le hizo una señal con la cabeza y ambos se dirigieron al santuario de Athena –

Los pasos de la diosa hacían eco mientras caminaba al lado de la amazona de altar, Elissare. La misma sonreía al ver que la señora Saori parecía estar nerviosa.

- Debe relajarse un poco…. – le sugirió –

- ¿Tan obvia soy? – sonrió tímidamente mientras que sostenía una mano sobre de su pecho –

- Solo un poco, pero imagino que es normal – dijo la rubia –

- Esto no es para mí, tal vez que otro lo dijera.

- Despreocúpese, Athena – Shion entro y se arrodillo frente a la diosa – lamento haberme tardado en mis deberes.

- No debes disculparte Shion, todo está bien, es solo que…. – ladeo su rostro –

- ¿Desea que sea yo quien de la noticia?

- No, gracias pero debo hacerlo yo.

Las cortinas de terciopelo rojo bordadas en oro de abrieron rebelando a la diosa, junto al patriarca y la amazona de altar. Ambos vestían sus mejores galas y la diosa lucia radiante, nada que ver a la diosa devastada que había presenciado el entierro del legendario santo de Pegaso, Seiya.

- Mis queridos caballeros – dijo la diosa mientras que en su mano sostenía con orgullo a Nike – El día de hoy, he decidido unir mi vida a la del hombre que más he amado en mi vida. – presento al doctor Kenji

- Les prometo, caballeros que hare feliz a esta bella dama – le tomo la mano a Athena –

- Es por eso, que esta noche todos los santos de Athena asistirán a la gala donde se sellara el compromiso de nuestra señora. – dijo Shion de lo más solemne -

Al oír eso, el joven santo de Pegaso sintió como si una espada le penetrara el pecho. El nuevo santo de bronce, había llegado al santuario de la nada poco después de la muerte de Seiya a causa de la batalla contra Hades. Nadie lo sabía, pero Sebas, ese joven de ojos castaños y mirada traviesa, era el mismo Seiya. Había hecho un pacto con las parcas en el estige prometiéndole un nuevo cuerpo, cerca de la mujer que tanto amaba.

- ¿Estás bien? – le pregunto Shun de Andrómeda, uno de los santos que sabían su secreto –

- Pensé que ella….

- Es algo normal – dijo el peli verde poniendo su mano en el hombro de su amigo – Sabias que algún día pasaría.

- Lo sé – contesto bajando la mirada – pero ese tipo no me da buena espina.

- Valor, Seiya, valor.

Casi todos los santos de Athena se encontraban presentes, desde Hyoga de Cisne, quien ahora portaba la armadura divina de cygnus y había dejado su lugar como caballero de bronce a una bella joven Rusa de cabello negro azulado. Algunos otros ya retirados, como el maestro Lucas de corona boreal, quien fuera maestro del mismo Crystal, que en paz descanse.

- Maestro… ¡Maestro Lucas! – grito la chica haciendo señales con la mano. –

- Hola pequeña – le dijo al tiempo que la despeinaba cariñosamente – Hyoga, me da gusto verte convertido en todo un hombre.

- Jeje! No creo que aun sea todo un hombre maestro, pero muchas gracias. – el rubio se sonrojo mientras que se rascaba la base de la nuca con la mano derecha –

- A mi sí que me lo parece y creo que – miro con complicidad a Lady – a mi bella, Lady también.

- Maestro no diga eso! – la chica dejo su color pálido para tornarse roja de vergüenza, dio gracias a los dioses de tener puesta la máscara –

Más allá, después del barullo sobre el compromiso de Athena, se encontraban Ifrit y Aria, estaban esperando a que todo terminase cuando.

- Hummm me parece que tu "hermano" acaba de llegar – comento Ifrit cruzándose de brazos a la rubia –

- Ahora vera…. Elan! – grito hacia donde estaba el muchacho de pelo negro. –

Cabe decir, que en todo el cosmos, no había nada que le pusiera los pelos de punta a Elan que no fuera la voz de su hermana mayor gritando su nombre enérgicamente.

- A… Aria….! – grito al verla tomarlo por la camisa y jalonearlo hasta donde el pelirrojo estaba – Suéltame! Me... me asfixias…!

- Si te estuviera asfixiando, no podrías gritar ¬¬ - le dijo enérgica, mientras la seguía arrastrando –

Al fin la soltó azotándola contra la pared al tiempo que se quitaba la máscara para revelar su bello rostro.

- Y bien jovencita, ¿Dónde has estado?

- Auch! Hasta a mí me dolió – comento jocoso Ifrit –

- No tanto como a mí. – dijo Elan –

- Te estoy hablando, Melenare!

- Oh, oh nombre real… yo que tu mejor decía la verdad, Lenita.

- Esto… estaba en el bosque, fui a leer como siempre.

La rubia lemuriana acerco su nariz al cuello y pecho de su hermana, dejando al pelirrojo estupefacto por tal acción, la chica aspiro profundamente para luego señalar con el dedo índice a la oji verde.

- A mí no me engañas, Hadassa Melenare

- Ay dios nombre completo u_u

- Hueles a colonia de hombre!

Cabe decir que tras decir eso, tanto Elan como Ifrit soltaron una fuerte carcajada.

- No te rías, pedazo de pendejo! – le advirtió la joven al aprendiz de escorpio –

- Está bien no diré lo obvio – sonrió de medio lado mientras caminaba de nuevo al bullicio – pero por lógica, Elan usa colonia de hombre, de otra forma la gente lo vería más raro de lo que ya es.

- Detesto darle la razón a tu seudo novio pero es cierto – dijo Elan manoteando –

- Urg! Es imposible hablar con ustedes, pero eso sí, ahora estarás conmigo toda la tarde y te estaré vigilando!.

- Aja, aja… y si el señor Mu quiere hablar contigo en privado ¿también tengo que estar presente?

- Claro que no!

- Mmmm bien entonces me voy

- ¿A dónde crees que vas?

- No me gusta hacer mal tercio y el señor Mu tiene rato intentando interrumpir nuestra "bella" plática fraternal… así que ciao!

Aria volteo y vio al caballero de Aries detrás de ella y con un notable sonrojo en las mejillas.

Ese mismo día por la noche.

Templo de Aries.

El vapor del agua caliente llenaba casi toda la habitación, y más allá las risas de dos jovencitas hacían eco en los muros de mármol.

El agua corría desde una fuente con forma de cordero dorado, mientras que Aria y Lena jugaban mientras se bañaban.

- Jamás pensé que lo olvidaría tan pronto ¿sabes? – dijo la mayor al tiempo que esparcía por su cuerpo aceites naturales de Jamir –

- No entiendo de esas cosas – dijo la menor mientras su cabello se alborotaba sin poderlo contener –

- Cuando una mujer se enamora, no puedes elegir amar a otro, al menos yo no podría – confeso Aria –

- ¿Te has enamorado? Ja! Que cosa taaaan tonta – la burla de Lena solo le gano recibir un buen golpe de agua en plena cara, debido a la telequinesis de su hermana mayor –

- El amor no es algo tonto! De hecho es la fuerza más grande de todo el cosmos – la rubia se levantó para ver la luz de la luna dejando su bello cuerpo resplandecer bajo la misma. –

- Se aja lo que digas.

- Tú nunca te has enamorado? – le pregunto incrédula a su hermana –

Lena no contesto, solo salió del agua y tomo una toalla para secarse, Aria entendió lo que pasaba y salió igual para tomar un cepillo y otra toalla.

- Perdona…. No quise decir nada que te…

- Descuida – dijo Lena con pocos ánimos – eso del amor es algo que yo jamás entenderé ni gozare.

- No digas eso! – Aria le regaño mientras se acercaba a Elan –

- ¿Por qué no decirlo? Si es verdad, ningún caballero podría enamorarse de un chico como yo.

- Pero tú no eres un chico, mírate – alzo la cara de Elan para que se viera al espejo – eres una niña y muy bella, te pareces tanto a mamá.

- Si, una niña en traje de niño que no sabe cómo comportarse o cómo actuar.

Aria supo que no debía decir nada, solo la abrazo para luego ambas terminar de arreglarse, la rubia salió de su cuarto con un vestido de seda violeta y su hermana menor, con un traje de diseño, saco, camisa color esmeralda y pantalón del mismo tono del saco.

- No sabes cómo odio que tengas que usar eso – lamento la lemuriana –

- Descuida, es más cómodo que tus horribles y peligrosos tacones n_n

Y en el templo de Athena.

La diosa mando a preparar un gran banquete en honor a su prometido, el doctor Kenji Nakamura. Habían pasado más de 5 años desde que la chica había dejado de ver a aquel hombre. Quien había sido su primer amor.

En esa época la joven Kido, no era más que una jovencita de sociedad y mejor amiga de, Nanami. La hermana menor del doctor.

- Ya está todo listo, mi señora – informo un hombre vestido de traje negro a la diosa –

- Gracias, Giannis. Solo avísenme cuando Kenji este aquí…. – dijo la mujer, quien se había ataviado con sus mejores galas –

- No es necesario, Sao-chan – se escuchó a sus espaldas – ya estoy aquí.

El japonés estaba vestido para la ocasión, un traje negro con franjas grises que le hacían ver increíble a los ojos de la diosa, su sonrisa encantadora contrastaba magnánimamente con sus ojos castaños. Extendió su mano derecha a la mujer, quien no tardo en tomarla y entrar con él al gran salón.

El salón, era un lugar más allá de lo creíble, donde el pasado y el presente se fusionaban en uno solo. Las columnas tan altas como se podía, eran de mármol y granito de antaño, cubiertas por unas cortinas de seda blanquecina. En la parte posterior, una gran orquesta tocaba "Tristesse".

- Que hermosa melodía…. Me pregunto si… ¿te gustaría bailar, Sao-chan? – le pidió a la diosa quien sonrió y asintió con la cabeza –

Kenji la guiaba como nadie, su manera de bailar un vals era casi celestial. La joven diosa, no había sentido algo así creciendo en su pecho desde lo del joven Julián Solo.

Mientras daban giros por el salón, más allá donde los caballeros estaban reunidos, Sebas de Pegaso miraba hacia la diosa y con gesto desaprobatorio dijo.

- Hay algo en ese tipo que no me resulta para nada agradable – comento al Dragón Shiryu –

- ¿Sera que estas sintiendo celos de él? – preguntó el dragón sonriéndole –

- ¿Celos? No es eso, hay algo en ese tipo que no me termina de gustar, es…. Emite una energía que se asemeja demasiado a Abel.

Recordó al Efebo que una vez había intentado acabar con la vida de la diosa, aun cuando era su hermano divino. Sebas podría ser un joven despreocupado, pero sí de corazonadas se trataba, casi nunca fallaba en lo que su corazón de decía.

Unos metros más allá, la amazona de ofiuco miraba hacia los caballeros dorados, todos ataviados en trajes a la medida e increíblemente apuestos. Por primera vez en la historia, y por petición del Doctor Nakamura, la diosa había declarado que las amazonas fueran sin la máscara de metal que les daba su rango y su igualdad entre los caballeros. La mujer de melena verduzca tomo por el brazo a Milo y lo llevo a la pista de baile, este sintió que por deber tenía que seguirla y así ambos llegaron a la pista de baile.

- Nunca creí que tu fueras la que dirá el primer paso – comento jocoso conteniendo la risa.

- Tenía que hablar contigo, y esta fue la única forma en la podía hacerlo sin llamar la atención –

- ¿Sin llamar la atención? Querida, creo que has hecho todo lo contrario – se burló – ahora todas las miradas se ciernen en nosotros.

- Lo sé, sobre todo la mirada del ave del paraíso– sonrió –

- ¿Eh?

- Sabes…. Seria una verdadera lástima que Shion se enterara de lo que hace su pequeño dentro del bosque de los murmuros ¿no?

- ¿Qué estas insinuando? –los ojos de Milo parecían temblar al pensar que su secreto estaba en manos de la cobra –

- ¿Insinuando? Nada. Te estoy afirmando, que se lo que haces con él chico ese ¿sabías que la homosexualidad también es un gran tabú aquí en el santuario?

Los puños de Milo se cerraron afianzando la cintura de la mujer para luego llevarla entre fingidos pasos de baile hasta un rincón que daba al balcón. Una vez ahí, la empujo hacia el barandal para enfrentarla.

- ¿Qué estupideces dices? – la miro con odio –

- Tranquilo, que lo que hagas con ese no me importa. Solo te digo que no quiero que vuelvas a amenazar a mis caballeros cuando estén escarmentando a ese.

- "Ese" tiene un nombre, y te ordeno que lo respetes.

- ¿Cómo puedo respetar a alguien que no se respeta? – le espeto la mujer – él no es nadie! Una simple piedra en mi zapato que no ha hecho más que arruinarlos la vida desde que vino al santuario.

- Ah vaya era eso…. – Milo se dio la media vuelta y la ignoro por completo – Tu complejo de inferioridad afloro de nuevo, jeje!

- ¿Cómo te atreves a decir que yo soy….?

- ¿Una amargada que odia a todos? Je! Tranquila eso todo el mundo lo sabe. – se mofo –

- Eres un imbécil! Pero ya veremos quién sale peor de este asunto, porque ya mismo le diré a Shion la clase de anormal que tiene por hijo.

Antes de la mujer pudiera terminar, Milo se acercó a ella con una velocidad increíble, la tomo por la barbilla alzándola a manera de que solo las puntas de los pies de Shaina podían tocar el suelo.

- ¿Qué es lo que quieres? – pregunto ella al verlo tan cerca de su rostro –

- De ti no quiero nada! Simplemente te advierto que si hablas tu o tus estúpidos protegidos, algo sobre Elan yo mismo me asegurare de hacérselos pagar.

- Ji! ¿Tanto así vale el querer ser patriarca, Milo? ¿Serias capaz de lastimar a una mujer por quedar bien con su ilustrísima? – pregunto ella haciendo que la mano de Milo perdiera fuerza sobre su barbilla –

- ¿Lastimar a una mujer? No… no Shaina yo sería incapaz de golpear a una mujer delicada….

- ¿Lo ves? No puedes hacerme daño alguno. – sonrió –

- Jejeje! Es por eso que podría matarte si lo haces, ya que tu…. – se acercó a sus labios para decírselo casi boca a boca – tú no eres una mujer, querida. Al tomar los votos como amazona, quedaste atrapada en un limbo donde no eres ni hombre ni mujer y es por eso que Seiya jamás te miro con amor.

La aventó al piso y esta cayo de bruces mirándolo repleta de odio. Milo a su vez se dio la media vuelta y le dijo mirando por encima de su hombro.

- Soy un caballero dorado, de la guardia de la señora Athena, tu superior y quien te matara si decides no acatar mis órdenes ¿lo has entendido? – dijo molesto –

- Sí, señor.

- De ahora en adelante no quiero que ni tu ni tus amazonas se atrevan a tocar un solo cabello de quien compartirá mi vida para siempre.

- ¿Has dicho que….?

- ¿Aparte de obcecada, también eres sorda? Si, lo he dicho.

- ¡Shion no lo permitirá! ¡Eso rompe con todas las leyes del santuario! Dos santos, no dos hombres no pueden unir sus vidas.

- Jajajaja! Y así dices saber lo que hago, con Elan? Vamos, preciosa te creí más inteligente. Pero siendo honesto, lo que digas tu o los demás poco me importa.

La oji verde no dijo nada más, sabía que estaba peleando una batalla perdida. Por mucho que odiara a aquel mocoso, no podía pelear contra un caballero dorado.

Milo entro al salón y dirigió su mirada hacia la puerta donde Saga y otros caballeros acababan de llegar. Junto con el caballero de géminis, los de cáncer, leo, virgo y piscis arribaron.

Death mask de cáncer, llego de la mano de la delegada de Eros en el santuario, el ángel de la locura, Dicro. Una bellísima joven de cabello color vino tinto tan largo y hermoso en forma de diamante, este día había dejado su armadura de tono zafiro por un largo vestido en corte sirena, que la hacían resaltar sus hermosas piernas. Y por la forma en la que los dos hijos de cáncer se miraban se podía decir cuánto amor sentían el uno por el otro.

Shaka de virgo, hacía lo propio con su alumna la nueva amazona de la armadura de loto. Era una mujer de cabello tan negro como la noche y de ojos dorados So pícara sonrisa contrastaba con la seriedad del rubio. Casi nadie en el santuario lo sabía pero, ellos eran amantes. Desde que se conocieron en la India, tierra natal de ambos, la tigresa de ojos ambarinos era también poseedora de las caderas más bellas de todo el santuario. Ella vestía con un sari verde olivo, bordado en oro y en piedras preciosas. Shaka solo vestía un fino traje Armani en tono grisáceo.

Saga estaba solo, ya que no había escogido pareja para la ocasión. Sin embargo, la mayoría de las amazonas lo estaba rodeando para pedirles una pieza de baile. Ante la mirada burlona de Kanon quien no paraba de bailar con una y con otra.

- Vamos, hermano. ¿No dirás que es pecado bailar con alguna bella jovencita o sí? – dijo Kanon dándole un golpe en la espalda a Saga –

- ¡Por los dioses, Kanon! Esto no es algo que me agrade…. – confeso apenado –

- ¿No te agrada? Jajajaja! ¿Es que tanto tiempo rodeado de caballero te han vuelto tan gay como Mysty?

- Si serás….! – Saga prefirió no contestar –

- Deja las tonterías, Kanon. – comento Shaka con voz seria – sí, tu hermano ha decidió tomar ese camino, es nuestro deber aceptarlo. Así que por mi está bien y aceptare la unión entre Saga y Afrodita.

- Shaka! – grito Saga entrando en pánico –

- Vaya con el rubio, ahora sí que te lo empinaste y se la clavaste, Jajajaja! – Kanon no podía contener la risa –

- Para que se lo sepan – dijo la morena abrazando al rubio – mi flaco es bueno para todo, hasta para molestar a Saguin n_n

- ¿Por qué los dioses me hacen esto? – pregunto al cielo el gemelo mayor -

- ¿Quizás el hecho de haber matado a Shion, haber encerrado s tu hermano en una prisión de la cual debía salir muerto e intentar matar a Athena sean una buena razón? – pregunto Milo acercándose a ellos –

- El que faltaba! – se pegó con la palma de la mano en la frente –

- Perdona, Saga. Solo fue un chiste .

El geminiano bufaba molesto mientras que los demás reían sin parar. Pero, sin duda lo que captaba la mirada del escorpión, se escondía detrás del caballero de piscis. Recargado sobre una columna se encontraba Elan, junto a aria quien se veía bellísima con un vestido de seda color violeta. No pudo evitar suspirar al verla de cerca, el cabello negro con reflejos violetas contrastaba maravillosamente con el tono de su camisa. Pero cuando sonrió de la nada hizo que el corazón del guardián de la octava casa sobresaltara.

- Si sigues viendo a mi hermana tan obviamente, ten por seguro que Shion te abrirá el estómago, te atara en la plaza pública y dejara que las aves se coman tus despojos. –advirtió Ilion a sus espaldas –

- Je! Vaya consejos que me das "amigo" – sonrió Milo dejando de lado sus fantasías - ¿Has venido solo?

- Algo así, estaba esperando a ver a una amazona que me llamara la atención. – contesto el peli negro -

- ¿Es la chica inglesa?

- ¿Cuál chica inglesa?

- Hace poco vino una chica de cabello verde preguntando por ti, dijo que era inglesa o algo así le entendí.

- Ahh esa! No, no éramos nada yo solo cuide de ella mientras se recuperaba en la misión del mes pasado.

- Jajaja! – Milo soltó una sonora carcajada – En tal caso yo te prometo "cuidar" de tu hermana.

- Eres tan estúpido. – miro hacia el hombre que se encontraba con Saori - ¿Quién es ese?

- Hum… tengo entendido que es un doctor, no sé de qué tipo pero al parecer es amigo de la señora Athena, mejor dicho es su prometido.

En la pista de baile.

- Hacía mucho tiempo no bailaba tanto – dijo, la diosa retomando un poco el aliento –

- Ni yo. Por cierto, no había notado la cantidad de hermosas jovencitas en este lugar, cuando llegue solo vi un par ataviadas en ropa algo… bueno, escasa y con artefactos de metal.

- Son sus armaduras, y si la verdad es que aquí en el santuario hay muchas chicas hermosas. – sonrió –

- Y al ser discípulas de Athena he de imaginar que son vírgenes, ¿no es así? – pregunto muy intrigado –

- ¿vírgenes? Bueno, realmente no lo creo, hay muchas que ahora viven con algunos de mis caballeros y tienen vidas normales como las de cualquier chica, aman, ríen, lloran y el sexo es parte fundamental de la vida también.

- ¿Es que no les has hecho jurar un voto de castidad? – pregunto casi en un grito –

- Eso fue antes, ahora ya no veo el motivo para seguir haciéndolo. Seré su diosa pero no tengo que obligarlos a nada. –comento ecuánime la diosa –

- Ya veo… esto fue una pérdida de tiempo.

- ¿Qué pasa Ken-chan? ¿Es que acaso te importan más las vírgenes del santuario que yo? – pregunto sonriente la chica de ojos celestes –

- Eso nunca, más bien es por otro motivo.

La diosa se alejó un poco para decirles a sus sirvientes que sirvieran la cena, dejando al joven a solas por un momento.

- Demonios! Tiene que haber por lo menos una…. – pensó el chico. –

- Listo Ken-chan.

- Si, Sao-chan…. – bajo la mirada –

- Vaya que te entristeció el saber que no habían muchas vírgenes aquí, pero bueno te diré que si hay una. – le sonrió –

- ¿Tu? – pregunto bromeando –

- Esto… aparte de mí, es esa niña que esta por allá es hija de Shion y solo por ser hija de quien te aseguro que debe ser virgen. – los ojos castaños del joven se quedaron hipnotizados al verla y una sonrisa torva se dibujó en sus labios –

- Sabes? Ya me dio hambre.

- Pues vamos al comedor.

Todos pasaron al siguiente salón en donde una enorme mesa fue puesta para la ocasión. Había platillos típicos de todas partes del mundo, desde el tradicional lechón hasta el más delicioso faisán. Decenas de pasteles y postres iluminaban la parte media del festín.

Una vez sentados, la diosa tomo una copa de vino y la alzo sobre todos.

- Propongo un brindis, por el mejor doctor de todo Japón y mi mejor amigo, Kenji Nakamura – dijo con la voz aterciopelada de gusto –

- Arigato Sao-chan. – dijo, sonriéndole a la diosa y tomándola tiernamente de la mano –

- ¿Qué demonios? – carraspeo Sebas –

- Cálmate Sebas, no seas tan celoso – remarco Hyoga –

- Pero, es que ese tipo…. Es argg! – se quedó en silencio –

- Bueno, perdone que lo pregunte Dr. Nakamura pero, ¿a qué se dedica? sabemos que es doctor pero solo eso. – pregunto atentamente Saga –

- No se preocupe, soy Antropólogo forense, me dedico a estudiar los restos óseos y decir cómo fue que acabaron sus vidas.

- Ah ya veo. Perdone de nuevo por la pregunta.

- No es ninguna molestia, caballero de géminis. Al contrario me fascina hablar de mi profesión. Sobre todo ahora que siento que todos mis logros darán un gran fruto.

- ¿Lo dices en serio Ken-chan?

- Así es Sao-chan. De hecho hace casi dos años logre el descubrimiento más grande de la historia, mi equipo y yo fuimos a Rumania, a los restos del castillo de gran emperador Vlad Tepes III. – dijo con orgullo – Por días buscamos la pista de los restos del emperador.

- ¿Vlad Tepes? – se preguntó Shura - ¿Está hablando de….?

- Drácula, mi amigo. No hablo de otro que no fuera aquel hombre tan magnánimo que ha sido el estereotipo de muchas leyendas.

- ¿Vampiros? Ja! Esas cosas no existen – dijo Sebas muerto de risa –

- Eso demuestra lo ignorante que puede resultar, caballero de Pegaso – dijo el Dr. –

- ¿Qué cosa has dicho? – Sebas se levantó rápidamente –

- Sebas por favor! Deja que Kenji termine su historia. – ordeno Athena –

- Continuare si no les molesta – dijo el japonés – fuimos hacia el norte del país, en un pequeño pueblito donde el sol solo sale una vez cada mes. Ahí nos topamos con algo que no teníamos contemplado….

- ¿Qué ocurrió? – pregunto la diosa –

- Nos topamos con nuestro destino. – el japonés bajo la mirada y escondió sus ojos bajo la sombra de su flequillo –

- ¿su destino, Kenji kun….?

Un cosmos hostil y lleno de odio se empezó a sentir en el salón, haciendo que los caballeros se levantaran de sus asientos y se pusiera el guardia. Y ante los ojos de todos, el buen doctor , amigo de la diosa de la sabiduría, dio un salto enorme y se posó en medio de la meza.

- Nuestro señor Vlad, nos quitó la vida mortal y nos dio a luz a la nueva vida! – clamo para luego ponerse en el meza como un sapo e inflar su cuello como un anfibio. Las mujeres y los caballeros encendieron su cosmos para atacarlo pero en un rápido movimiento el hombre lanzo su lengua pegajosa alejando de un latigazo a muchos caballeros –

- Protejan a Athena! – grito Shion a todos –

Así pues los caballeros dorados se posaron a los costados de la diosa para protegerla de lo que parecía un ataque en su contra. Sin embargo, el japonés que ahora más bien parecía un hibrido entre rana y humano, lanzo escupitajos que hacían que sus víctimas permanecieran pegadas a las paredes del lugar.

- Sao chan…. – canturreo – sabes que no quiero lastimarte – se balanceaba como un zombi hacia la diosa – te quiero demasiado.

- Kenji… ¿Por qué… por qué haces esto?

- Mi amo, ha ordenado un sacrificio… el sacrificio de una virgen pura de mente y de cuerpo, en Rumania ya no hay o al menos no de la edad que mi señor desea.

- ¿es por eso que….? – los ojos de la diosa se abrieron en par al recordar lo que minutos antes había platicado con su amigo – Aria!

Mu de Aries dio un salto quedando frente a la joven y desplego sobre ellos el muro de cristal, de hecho casi todos los caballeros defendieron a las amazonas que sabían vírgenes, pero nadie esperaba lo que se vendría. Aquel sapo horroroso no venía solo, había dos mujeres con él. Las dos aparecieron detrás de la persona menos esperada.

- Jujuju no quiero a esas…. La quiero a ella! – miro a Elan mientras que las dos mujeres se acercaban como sombras al santo de Apus –

- Lena!

El grito de Shion fue algo tardío y la reacción del pisciano. Cuando lo hicieron Kenji ya había atrapado a Lena con su lengua. Afrodita lanzo una rosa pero la rana la esquivo dando un salto hacia la parte posterior del salón. Sonriendo croo tan fuerte que hizo que la pared cediera, y así entre la bruma de polvo y los escombros salto para irse del santuario.

- ¡Papá! – fue el grito que se perdió en la oscuridad de la noche –

Milo ni bien logro salir del salón corrió con todas sus fuerzas para alcanzarlos, para él un caballero dorado la velocidad no era un problema. Logro ver a la distancia como aquella aberración sostenía a Lena mientras que saltaba por encima de las rocas que protegían el santuario.

- Detente maldito! – grito al cortarle el paso –

- Milo…. Jejejeje! Nadie puede ir en contra de mi amo…. – se burló la rana –

- Déjalo ir y podrás conservar tu asquerosa existencia – dijo, el escorpión –

- ¿dejarla ir? – sonrió mostrando unos dientes deformes y filosos – lo hare –

- Dame la – Milo estiro la mano para que le diera a la rubia –

- Juijuijui. La dejare ir, pero no para ti! – lanzo a la rubia hacia los aires donde una figura demoniaca y alada la tomo para luego desaparecer en un golpe de energía – muajajajaja! Ahora mi señor estará complacido!

Milo no podía dar crédito a la que veía, no era algo que hubiera visto antes. Su cosmos rojo rubí, ardió como el fuego e invoco el poder de Antares. Asesto en el cuerpo del sapo, 14 de las 15 agujas. El cuerpo lleno de baba del japonés sangraba como nunca, el dolor que experimentaba era más allá de lo inimaginable, grito y comenzó a convulsionar al sentir el veneno recorriendo su piel ardía como lava ardiente y sentía sus venas estallar del dolor. Comenzó a rascarse intentando a adormecer el dolor, pero no era así, al contrario el veneno se intensificaba. Pronto las uñas del pobre hombre se clavaron en su piel arrancándola y haciendo brotar la sangre caliente de ella. Milo lo miro destrozarse la piel, mirando cómo se desangraba, esperando para darle el golpe final.

El brillo rubí de su uña brillo con la luz de la luna.

- ! ! !

- Basta Milo! – el grito de la diosa y el cosmos dorado de la misma detuvieron al escorpión –

- Athena por favor no intervenga! – grito el peli índigo –

- Kenji no es lo que ves ahora, sé que si tiene una oportunidad nos dirá donde esta Elan y cómo recuperarlo. – dijo con la voz llena de esperanza –

- Yo…no…puedo… - los ojos del escorpión irradiaban furia –

- No la encontraran…. Jajajaja para cuando lleguen a donde la mande mi señor ya la habrá drenado y estará bailando en su sangre jajajajaja! – decía el desquiciado, con la boca llega de sangre y parte de su piel en sus garras –

- Maldito! – Milo lanzo el último ataque pero, Saori lo detuvo –

Capitulo segundo:

ReNaCeR eN sAnGrE

El iris del escorpión temblaba de furia al ver que la diosa había detenido su ataque con Nike. Pero, por más odio y rencor que sintiera en su corazón, no podía simplemente atacar a la diosa para eliminar a la alimaña que tenía enfrente. Misma que sonreía con el rostro deformado, se mofaba del escorpión a carcajada limpia.

- Buajajajaja! Maldito perro…. – arrastro las palabras casi escupiéndolas – Sao-chan no me hará daño, ella me ama. Tanto como tu amas a la chica, Jajajaja.

- ¡Maldito! – se lanzó de nuevo el caballero de escorpión sobre el japonés –

Pero esta vez no fue el báculo de Athena, sino el mismo cosmos dorado de la diosa lo que hizo que Milo se detuviera. Debido al golpe de energía Milo salió disparado por los aires y termino estrellándose contra la pared, para luego caer de boca al piso de roca.

- Perdóname Milo, pero no puedo dejar que lo lastimes. – se disculpó la diosa – Kenji-kun…. Mi adorado Kenji no sería capaz de haber hecho algo como lo que sucedió esta noche.

- Athena – clamo Shion con la voz casi entrecortada – pido permiso para partir ahora mismo tras esa bestia y recuperar a…

- Lo lamento, Shion. Pero no puedo ayudarte y menos cuando ahora sé que me has mentido.

Los demás caballeros no podían creer lo que escuchaban. La misma diosa de la misericordia, acababa de decir que no mandaría a rescatar a la hija de su patriarca. Este último la veía con horror al saber que no le dejaría ir tras el vampiro.

- Lleven a Kenji a la prisión entre cáncer y leo. Es mi mandato que se le proteja hasta que encontremos la cura de este mal que lo aqueja. – ordeno caminando por en medio de sus caballeros – deben tratarlo como un invitando mío.

- ¿Eso es todo? – pregunto Milo apretando los puños y bajando un poco el rostro –

- ¿Qué intentas decir Milo?

Milo la miro con tanto odio que la diosa creyó que el escorpión la atacaría sin compasión. Tomo con fuerza su báculo esperando el ataque.

- Este infeliz ha venido al santuario, nos atacó y se llevó consigo la joya más preciada de las doce casas y usted…. ¿Usted me está exigiendo que le dé el trato de un invitado?

- Kenji ha sido mi mejor amigo desde mi más tierna infancia, no permitiré que le pase nada

- ¿ Y Elan? ¿Qué hay con él?

- Su destino ya fue trazado y no seré yo quien intervenga – dijo la diosa para luego salir del salón dejando a los santos sumergidos en la incertidumbre –