Capítulo 2.

Harry miraba por la ventana de su habitación en Privet Drive, el verano había sido una consecución de días similares. Aislado y solo de su mundo, en aquella horrible casa con esas horribles personas que le detestaban. Nada diferente pero todo distinto a las mismas fechas un año antes.

Su padrino le esperaba, sabía que sería solo un año y se iría con él, viviría con alguien que realmente le amaba. Y todas sus esperanzas se esfumaron en el momento que Sirius desapareció tras el Velo de la Muerte en el Departamento de Misterios.

En el poco tiempo que le había conocido Sirius se había convertido en una de las personas más importantes de su vida. Él no sabía lo que era un padre, pero Sirius le trataba con cariño y respeto, dio su vida por ir a protegerle. Y él se sentía tan culpable de haberle puesto en aquella situación por no haber podido evitar las visiones que le lanzaba Voldemort, por se un negado en Oclumancia, por no haber luchado más contra el murciélago. Le odiaba con toda su alma. Si él le hubiera tenido paciencia y le hubiera enseñado defenderse de Voldemort, Sirius estaría vivo.

Le daba igual que Dumbledore confiara en él, nadie les podía asegurar que no siguiera de parte de su señor oscuro.

En la distancia vio como Hedwing volaba hacia él. Una carta en su pata, al menos tenía noticias de sus amigos, los únicos con los que aún podía contar, pero a pesar de todo, nada que ellos hicieran podían sacar a Harry de su amargura y dolor tras la perdida de Sirius.

La carta no era de ninguno de ellos, la carta era de Dumbledore avisándole de que iría a Hogwarts antes de que empezara el curso, que al día siguiente iría a por él y que tuviera todo preparado para marcharse.

Al fin una buena noticia, aunque deseaba ir unos días a la Madriguera como había acordado con los Weasley antes de tomar el Expreso el día 1. Estar en la escuela le animaba más de lo que había estado en todo el verano. Al menos él estaría en su mundo, podría hacer magia.

Tal y como le había prometido el Director a la hora acordada se presentó a por él, su equipaje ya estaba preparado y el mayor realizó un encantamiento reductor para que Harry pudiera meter el baúl en su bolsillo. A Hedwing la habían mandado a la lechucería de Hogwarts directamente.

El alivio y el horror en la cara de sus tíos porque él se fuera de su casa era más que evidente. Tenerle en casa ya sabían que era todo un peligro, pues un poderoso mago oscuro le buscaba, no es que ellos pensaran que Harry no se lo mereciera y de camino que todos ellos murieran, pero de momento mientras más lejos de ellos, mejor. El sentimiento era mutuo, pensó Harry que se marchó con un sencillo "Adiós".

El director le había pedido ayuda para convencer a un antiguo profesor de Hogwarts para que regresara. Por lo poco que supo fue profesor de pociones cuando sus padres iban a Hogwarts. Slughorn accedió con reticencia, pero vio sus ojos codiciosos cuando supo que él acompañaba a Dumbledore.

Después de todo aquello el director los apareció a ellos dos fuera de los terrenos del colegio, y fueron dando un paseo por los verdes campos, Harry adoraba la vista del edificio donde había conocido la felicidad. El año anterior había sentido un odio tal por el hombre que le acompañaba que a pesar de saber que había sido producto de los propios sentimientos de Voldemort, aún podía paladearlo.

Debía dejarlo ir, él confiaba en el anciano, y la cólera en su interior era por el dolor de la pérdida de otro ser amado.

—¿Cómo has estado Harry?—le preguntó el director.

—He vivido momentos mejores—fue su única contestación sincera.

—Entiendo que la pérdida de Sirius es difícil de superar—le contestó—. Pero tenemos que luchar contra el dolor de los que se van.

—Él no debería haber muerto, pude haberlo evitado—se sorprendió en confesárselo a Dumbledore. Pero necesitaba sacarlo por una vez de dentro.

—Harry, tú no eres responsable de su muerte—le paró—. Todos tomamos decisiones propias, unas más acertadas que otras, pero tú no fuiste responsable de su muerte, hijo.

—Si hubiera sido más fuerte mentalmente no hubiera caído en la trampa de Voldemort—sentenció.

—Harry, siento decirte que un joven de 15 años totalmente inexperto en Oclumancia no hubiera podido hacer mucho contra ese poder en Tom.

Harry sintió algo de consuelo, no del todo exento de la culpa, pues había más allá de su inexperiencia, sentía que Sirius se había sentido en la obligación de protegerlo.

—Tú hubieras hecho lo mismo por él, de hecho lo hiciste cuando pensaste que él estaba siendo torturado—reanudaron la marcha—. Jamás podremos abandonar a aquellos a los que amamos, el amor y la culpa muchas veces van unidos, pero no por ello debemos cerrarnos al amor, Harry.

¿Amor? Le parecía tan lejano como peligroso, con solo 16 años se había dado cuenta que todos aquellos que le habían amado incondicionalmente habían muerto por él. En cualquier caso, ese era el menor de los problemas que veía en su futuro más inmediato. Amar cuando un loco quería matarte y posiblemente lo conseguiría más tarde o temprano no era su principal preocupación.

Aquellas semanas en la escuela le devolvieron algo de serenidad y alegría al muchacho, Albus había podido comprobarlo. Le había pedido a Severus que se instalara también en el castillo, para que convivieran algo más de tiempo antes de soltarle la bomba, pero la relación entre ambos era francamente fría.

Salvo por un par de profesores más y ellos tres, eran los únicos habitantes del castillo en esos momentos. Todos comían juntos a diario y Albus dejaba siempre a la futura pareja uno al lado de otro, el contacto y reconocimiento inconsciente iba a ser fundamental. Uno en el que no peligraran sus vidas o como el año anterior invadieran sus respectivas mentes. Así bien, el director pensaba que aquel contacto cotidiano les sentaría bien.

Su profesor de pociones no perdía de vista al joven, pensó alegremente que ese camino ya estaba medio andado, más difícil sería el otro medio camino que el joven debería recorrer hacia su pareja. Pues las miradas de odio no se le escapan cuando sus verdes ojos se posaban sobre el hombre vestido de negro.

Esperaría la llegada de los amigos de Harry, la noticia que debía dar no era para tomarla a solas, Harry necesitaría de todo el apoyo de los chicos.

A pesar de la insistencia de Severus, Albus había conseguido darle a Harry un par de meses para que se estabilizara, pero el momento no podía postergarse más.

Lo citó en su despacho, y aunque en un momento pensó también llamar a Severus supo que aquello solo pondría más tensos a ambos.

—Harry, hijo, ven siéntate—le ofreció el anciano—¿Un caramelo de limón?

El muchacho tomó uno y se sentó confiado.

—Tengo algo que contarte y quiero pedirte que mantengas tu mente y corazón abiertos.

Aquel muchacho distaba tanto de ser aquel otro que tantos años atrás había ocupado ese mismo sitio, Harry era completamente inocente y luminoso, la profundidad dentro de sus ojos hablaban de bondad y de sacrificio, también hablaban del dolor por las pérdidas, pero de un corazón generoso y capaz de amar incondicionalmente. Como un libro abierto le decía que confiaba en él, tan solo esperaba que aquello no los separara y confiara en él como siempre había hecho.

—Tom y tú compartís algo más de lo que hasta ahora hemos visto—. El muchacho asintió, pues ya había considerado en parte aquello.—¿Has oído alguna vez sobre los Omegas?

—Son seres mitológicos—dijo Harry con cara de duda.

—No exactamente—le corrigió el anciano—. Podríamos decir que son criaturas que pensábamos se habían extinguido hace siglos. Tom es un omega, y tú compartes su condición.

La idea fue calando, hasta que fue asimilada por el joven cerebro.

—¿No soy humano?—dijo con asombro y temor.

—Sí eres humano, pero también eres omega. Un mago poderoso capaz de engendrar vida, con fuertes lazos de unión con su pareja.

La cara de espanto del chico fue en aumento.

—Eso es imposible.

—Tan solo improbable, Harry.

El chico se sumió en sus pensamientos, sabía cuanto odiaba compartir cosas con Voldemort, el miedo de que esas semejanzas le hicieran alguien malvado como su enemigo.

—Ser un omega es algo maravilloso, Harry. Seres llenos de luz y poderosos en magia natural sin necesidad de utilizar la varita. Con la capacidad de dar la vida a otro ser humano.

Pudo notar como esa idea, la idea de tener su propia familia se abría paso en su joven mente, y supo cuanto le ilusionó esa posibilidad, pero como en el mismo momento la idea del otro progenitor entró rápidamente.

—Los omegas buscan a su pareja, el padre de sus hijos entre alfas poderosos, pero no tengo constancia de la existencia de ningún alfa.

—¿Un hombre?—la cara de incredulidad del chico era un poema.

—Sí, un hombre. Un poderoso mago que pueda protegerlo y transmitir parte de su magia a su pareja embarazada.

—Quiere decirme que usted sería ...

—No hijo, yo no soy tu posible pareja, soy un anciano que ya ha visto sus mejores momentos pasar.

—No diga eso...

—El mago que tu necesitarás está aquí en Hogwarts en este momento.

—Pero yo no soy homosexual, director.

—Siento decirte que esto va más allá de tus preferencias sexuales, aunque puedo presuponer que no has tenido ninguna aún.

El rostro completamente rojo de su alumno le pareció encantador, esa inocencia que quizás fuera la fuente de su victoria contra la oscuridad era única en él.

—Los omegas comparten una serie de rasgos, hemos hablado de su magia poderosa, cosa que has demostrado de sobra. Su belleza y ojos verdes son otro rasgo común.

El joven bufó en ese punto, poco crédulo.

—Pasan por unos periodos de celo que inician a partir de los 16 años, calculo que el tuyo está próximo.

—¿Celo? ¿Cómo que celo? ¿Me voy a convertir en una gata maullando por las esquinas del castillo?—Sus palabras mezclaban la incredulidad con el total horror de que aquello pudiera ocurrir.

—No exactamente así, pero buscarás a tu pareja y le mandaras señales sumamente fuertes de que estás dispuesto al apareamiento.

Harry se levantó de su silla, sobrepasado por la información.

—No soy ningún animal, yo nunca he tenido esos deseos, lo siento, pero usted está equivocado, no soy ningún omega de esos.

—Harry cálmate, sé que es difícil de entender, pero debes escucharme— el chico se sentó, sabía que buena parte de ello era porque en el fondo confiaba en él como había hecho siempre.

—¿Quién según usted es mi pareja?—preguntó.

—Severus Snape.

Los labios de Harry se apretaron en una fina línea, podía notar la magia del chico vibrar en el despacho. Y los cristales de las numerosas estanterías al rededor estallaron a la vez.

o0o

Harry estaba encerrado en una de las torres del ala oeste, se negaba a hablar con nadie, pero sus amigos estaban fuera completamente desolados por las noticias que habrían hecho que el usualmente tranquilo muchacho reaccionara así.

Hermione miraba a Ron compungida, ella sabía cuanto los habría necesitado ese verano, ella misma necesitó pasar más tiempo en la Madriguera de lo que solía estar. Pero los Weasley la acogieron con gusto.

Saber que Harry lo había pasado encerrado en una habitación la mataba de pena, no era justo, él merecía mucho más por todo lo que le había tocado sufrir en la vida.

—Ron...

—Oh, por Merlín, esto es absurdo—dijo el pelirrojo sacando su varita.—"Alohomora"

La puerta se abrió y pudieron ver a su amigo sentado en el alféizar mirando por la ventana, se veía tan desolado.

—Harry, ¿qué pasa?—dijo Hermione pero no obtuvo respuesta. La cabeza del chico seguía girada hacia el exterior.

—Compañero, habla con nosotros—dijo Ron aproximándose a su amigo.

Ambos llegaron hacia Harry pero seguía sin reaccionar, Hermione agarró su hombro y solo por el contacto pareció reaccionar.

Sus enormes ojos verdes los miraron desenfocados, Harry estaba tan lejos de allí que tardó un tiempo en reconocerlos.

—Hermione—susurró.

—Sí, Harry, estamos aquí, Ron y yo—dijo la chica—¿Qué ha pasado?

—Parece ser que los problemas me persiguen.

—Nada que no podamos enfrentar, amigo—le apoyó Ron.

—Créeme, esto no os va a gustar más que a mí—dijo tragando—. No lo acepto.

—Harry, suéltalo—dijo Hermione con ansiedad—.Por favor.

—Soy un omega y mi pareja es Severus Snape.

El silencio se apoderó de la sala, Ron y Hermione estaban intentando asimilar las palabras del moreno, pero el cerebro de Hermione giraba y giraba. ¿Un omega? Ella pensaba que era una raza extinta hacía mucho tiempo, trató de recordar todo lo que había leído sobre ellos, pero tenía pocos datos.

—¿Quién te ha dijo semejante tontería?—preguntó Ron—¿Ha sido el murciélago? No vamos a permitir que ese pervertido te meta ideas absurdas en la cabeza para meterse en tus pantalones. No, iremos a hablar con Dumbledore.

—Fue Dumbledore quien me lo dijo.

—Pero eso es imposible, no existen ya los omegas.

—Al parecer no soy el único, Voldemort también lo es, de ahí la estúpida profecía.

—Necesito ir a la Biblioteca—dijo Hermione.

Y miró contundentemente a Ron, no hacía falta ser un lince para entenderla "No lo dejes en ningún momento"

Corrió escaleras abajo, si Dumbledore estaba en lo cierto y Harry era un omega, podría entender que Voldemort hubiera intentado matarlo. Eran unos seres completamente poderoso, pero no conseguía recordar todo sobre ellos. Pero era inevitable no olvidar un punto esencial de los omegas, podían quedar embarazados.

Hombres embarazados, aquello era demasiado para un joven traumatizado como estaba Harry en esos momentos, cómo había podido el director sugerir que su pareja fuera Snape. ¿Acaso no sabía cuanto odiaba a Harry? Eso sería como servir en bandeja un corderito a un lobo.

Necesitaba informarse bien, Harry tenía que tener más opciones y ella las encontraría para él.

En la torre ambos amigos miraban en silencio por la ventana, Ron hervía de rabia, sabía que Harry no descansaría tranquilo hasta que acabaran con Voldemort. Pero eso no significaba que el chico no pudiera vivir ni un año tranquilo.

¿Un omega? Existían muchas leyendas sobre ellos, seres hermosos y poderosos que podían engendrar vida, aquello iba contra toda lógica no le extrañaba que su amigo se encontrara en shock y más con aquella estúpida idea de que su pareja fuera el murciélago de las mazmorras, aquello tenía que ser una broma de muy mal gusto. Ninguno de ellos confiaba en él, seguro que lo entregaría al-que-no-debe-ser-nombrado. Que se fuera a copular con su amo si eso es lo que quería.

La idea le resultó del todo desagradable, si Harry necesitaba un hombre como pareja podía llegar a asumirlo, la homosexualidad en el mundo mágico se daba, no era lo más común pero no veía problema en ello. Miró a su amigo, sorprendido de que aquel chico al que había llegado a querer como a su propio hermano escondiera semejante secreto. Ciertamente era hermoso de un modo en el que nunca lo había visto, aquello lo confundió, ese verano había besado a Hermione.

La tenía fuertemente abrazada mientras ella lloraba, él también sufría la muerte de Sirius, pero no estaba en él llorar. Apretada contra su cuerpo no supo que le llevó a besar a su amiga, pero se sintió tan bien. Hermione dejó de llorar para unirse a ese primer beso, al menos para él. No habían hablado sobre ello, y aunque moría de ganas por volver a besarla la reticencia de la chica que no paraba de hablar nunca sobre cualquier tema que le preocupara le hacía pensar que aquello no había sido lo mismo para ella. Quizás solo fue por el momento que habían vivido.

Lo extraño era que en esos momentos pensó cómo sería besar a Harry, siempre había leído que los omegas eran unos seres completamente sexuales y el pensamiento lo perturbó más de lo que lo hizo su primer beso.

—No me mires así, Ron, sigo siendo el mismo. Nada en mí ha cambiado, no al menos de momento—le dijo Harry. Ron se sintió culpable, ¿había notado sus intenciones con él?

—Eso no te va a cambiar, y Hermione encontrará algo, siempre lo hace, ¿no?

Harry asintió pero no se le veía nada convencido.

—¿Una partida de snap explosivo?—sugirió el pelirrojo.

—¿No somos un poco mayores para eso?—le dijo con una sonrisa el moreno.

—Na, nunca se es mayor para hacer explotar cosas—le contestó con un guiño.

Ambos caminaron hacia la sala común de Gryffindor, Ron realmente deseaba, necesitaba que Hermione encontrara algo, alguna manera de suprimir que Harry tuviera que acabar con una pareja como Snape. Era horrible pensar en estar con alguien como él a la fuerza. Si no fuera por que no quería dejar a Harry solo hubiera ido él mismo a buscar con Hermione. Se sonrió a sí mismo pensando que nunca nada le había llevado a querer ir por propia voluntad a la Biblioteca, ese año se presentaba realmente complicado si comenzaban así.

Esa noche mientras cenaban Severus pudo ver como el humor del chico había cambiado, parecía llevar una losa sobre sus hombros que no le dejaba erguirse.

Definitivamente Albus ya le había dicho que era un omega, y por la mirada colérica del pelirrojo a su lado, ya sabía a quién habían propuesto como su pareja. Nunca había gozado del favor del trío de oro, ni ganas hubiera tenido de tenerlos a su lado.

La posibilidad de que Potter le rechazara era su esperanza de librarse de ese encargo, pero raramente los planes del viejo salían de diferente modo a lo que él había planeado. Tenía cierta habilidad en hacer que los demás cumplieran sus deseos.

Sus ojos iban y venían de la cabeza gacha del moreno, y por un momento lamentó la situación del hijo de su antigua amiga. Él definitivamente no era el mejor candidato para el muchacho, le doblaba la edad, era un espía que arriesgaba su vida demasiado seguido, huraño y con pocas habilidades afectivas, difícilmente atractivo para un joven como él, ¿siempre había sido un chico tan hermoso? Él no se había fijado nunca, demasiado parecido a James, era difícil para él no odiarlo en parte. Y en esos momentos se lamentaba que la relación entre ambos fuera tan complicada, pues a pesar de todo, él si daría la vida por el niño que vivió. ¿No había sido así siempre?

Sus pensamientos se pararon cuando Potter levantó la cabeza mirándole directamente, no pudo evitar los ojos verdes cargados de ira, culpa, asco y vergüenza. Sí, realmente maldijo el haber gestado esa enemistad desde tan temprano, aquello iba a ser un camino de espinas.

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Segundo capítulo de esta historia, como veis me invento las cosas que da gusto, pero me casan con la historia, jejeje.

No explico mucho sobre el omegaverse porque más adelante Harry lo irá conociendo, tengamos en cuenta que se extinguieron hace mucho (en esta historia) e irán descubriendo cosas a la vez que nosotros.

No sé si os lo he dicho ya, pero Snape es mi personaje favorito de toda la saga, es imposible no amarlo 3

He decidido publicar esta historia todos los jueves, es un día que me ha gustado siempre.

Espero que os haya gustado.

Hasta la semana que viene.

Shimi.