Capítulo 1: The beginning of the nightmare
- ¿Está seguro, daimyō-sama?
El hombre sentado en las sombras le dedicó una sonrisa algo siniestra. Sus ojos dispares se clavaron en su interlocutor con esa frialdad que lo caracterizaba y se sentó al lado de la ventana. La nieve caía amontonándose en todo el lugar y obstruyendo el paso de los múltiples vehículos que se movían más allá del enrejado. La gran mansión había cambiado desde que los tres niños Kuran habían descubierto que la casa abandonada, no estaba tan deshabitada como todos creían. ¿Cuánto había sido desde ese día? ¿50 o 60 años? Ya no lo recordaba.
Para muchos de su tipo el tiempo ya no corría de la misma manera, pero había descubierto que no era el único que le sucedía lo mismo. Los de su tipo no eran los únicos en ser rechazados.
- ¿Te parece que no sé de lo que hablo, Tobi? ¿O debo llamarte...?
El hombre de máscara anaranjada que ocultaba sus heridas golpeó la mesa con el puño cerrado y él sonrió. Sabía como manejarlo, cómo ponerlo nervioso y controlar su mente tan... humana. A través de la máscara pudo ver sus ojos cambiar a un carmesí ardiente y no pudo evitar reírse un poco.
- Cálmate, no te molestaré más con eso.- lo tranquilizó mientras se relajaba en el cómodo sofá.- Quiero repasar nada más a los ingresantes una vez más.
En ese momento, un golpeteo aporreó la puerta. Tobi podía dar su máscara, su colección de dulces y su puesto como co-director del colegio a que del otro lado estaban su compañero director y un enojado (por no decir furioso) psicopedagogo de la institución.
- ¿Los hago pasar?
-No van a dejar de molestar si no lo haces.
Se escondió entre las sombras mientras el de la máscara naranja se dedicaba a recibir a los dos. Ellos no estaban del todo enterados de quién era "su benefactor", solo que él había ideado ese lugar por una razón desconocida y que donaba el dinero necesario para mantenerla en perfecto estado.
- ¡Ohhh, Yagari-san, Cross-san! Tobi acaba de hablar con Daimyō-sama.
Yagari Toga era un hombre de mediana edad con muy mal genio y, gracias a la recomendación de Kaien Cross, el psicólogo y pedagogo de la academia Asylum. Su pelo azabache era incontrolable, con ojos azules fríos y severos pero el derecho era ocultado por un parche debido a un "accidente"... Por alguna razón molesta, eso volvía locas a todas las estudiantes que no sabían su verdadero trabajo en la institución, o más bien su historia.
- Las clases han empezado hace ya seis meses y, por iluminación divina, se te ocurre a tí y al misterioso benefactor invitar nuevos estudiantes. ¡¿Estás loco o qué?!
Cross suspiró con una sonrisa tratando de mantener la paz ante una nueva posible amenaza a la vida de Tobi por parte de Toga. Tobi alzó las manos en señal de paz y le indicó que se sentara justo donde antes había estado él.
- Tobi es un buen chico, solo quiere que aquellos que no encuentran su lugar en el mundo puedan estar tranquilos aquí.
- Entonces, estamos hablando de "ese tipo de estudiantes", ¿no?- preguntó Kaien sirviéndose una taza de té humeante.- Dime, Yagari, ¿cuál es la función de la academia Asylum? ¿Por qué ese nombre? ¿Por qué estás tú aqui?
Toga dudó en un primer segundo sobre la perspectiva antes de contestar. Estaba en la puerta de entrada grabada sobre la puerta. La academia en sí estaba destinada a alojar a aquellos que eran "especiales" en cierto tipo, pero en los últimos meses, gracias a las elecciones del susodicho director enmascarado, se había tenido que ver con sujetos extravagantes y por no decir desquiciados. Ya no sabía si trataba con monstruos de verdad o seres incomprendidos.
Ofrecían protección a aquellos que se consideraban parte de una pesadilla, a personas que no eran comprendidas y que por ello, en algunos casos, los había llevado a matar. El tema era que a ciertos individuos les había gustado esa sensación y que el diablo se lo llevase si él en su vida anterior tampoco. Él se dedicaba a perseguir a una especie en particular... Como Kaien... Y había sido el castaño cuatro ojos de mirada de venado perdido el que le había rogado aceptar el trabajo. A veces se preguntaba por qué su amigo habia cambiado tanto.
- Está bien, pero quiero saber con quién estoy tratando antes de que me lancen en una misión suicida.- suspiró Yagari.
Tobi y Cross chocaron los cinco con estrellas en los ojos haciendo irritar aún más a Toga. Quería sacar su rifle y bajarlos a tiros a los dos. Cross antes que Yagari hiciese realidad su ansiedad, le lanzó una carpeta con varias fichas ordenadas por nombre y foto. Los dos co-directores esperaron el veredicto del pedagogo con expectación. El ojo bajaba en la información de cada una que tenían guardada, noticias en las que habían salido, recomendaciones de otros alumnos o maestros. Se sorprendió captar que varios alumnos de Asylum se conectaban a estos nuevos. Tres nombres captaron su atención especialmente...
- ¿Kira Kain?- preguntó alzando una ceja. Rezaba con que estuviese equivocado en su suposición.
- Es la prima de Hanabusa Aidou y hermana mayor de Akatsuki Kain.- contestó Cross poniéndole cara de cachorro abandonado.
Yagari entornó los ojos y quizo maldecir. Genial, otro de ellos. Miró a la siguiente que había captado su atención. La conocía, o por lo menos la había visto un par de veces.
- Quiero a Ayame Nii junto al equipo de prefectos y delegados.- declaró pensando en los humanos ignorantes que vivían bajo el techo de esas horribles criaturas.
- ¿Cómo sabes que será buena?- le preguntó Tobi, de repente interesado en la joven.
- Trabajé con ella una vez.- contestó para continuar con la revisión.- ¿Y la chica que fue recomendada por Itachi Uchiha? ¿Qué saben de ella?
Los dos directores se miraron uno a otro esperando que el otro respondiese. El psicólogo volvió a tratar de no perder la paciencia con los dos. ¿Por qué de todos los hombres en el mundo tenían que haber elegido a esos dos imbéciles como rectores del proyecto? Trató de juntar la información de la chica y sacar una conclusión.
Sandara Sugiyama había sido vecina y amiga cercana de Itachi Uchiha, a pesar de la diferencia en edad. Sus padres murieron a los 12 años y había con su tío hasta hace un mes... El resto eran solo suposiciones y rumores de la joven en diferentes noticias y anotaciones de psicólogos. Yagari no estaba seguro de si ella pertenecía o no a la institución, pero Itachi había pedido su inclusión cuando vio la noticia de la muerte de su tío. Siguió con los distintos reportes leyéndolos muy por encima. Kuromizu Masaki, Benihime Tsubaki... Dos incógnitas más que solo tenían historias para divertir en noches oscuras al rededor del fuego.
Pasó a la última hoja mirando el joven rostro de "Mizuki Kusari", la recomendación dada por el mismo benefactor. No había nada de información salvo por el nombre y sus datos médicos. Se detuvo bruscamente al notar que la última ficha tenía dos hojas y las separó. Eran de dos chicas distintas y miró a la que se había traspapelado.
Los ojos se le abrieron de la impresión. Hacía 9 años por lo menos que no escuchaba ese apellido, sin contar el nombre. Yuroichi Hakyoku. La última vez que había oído de ella... No había sido nada bueno. Es más, ella se había auto exiliado de la organización.
- ¿Y, Yagari-san?
Miró por una última vez a la niña que conocía tan bien, la última.
- Está bien... Pueden traerlas.
Yagari se levantó del sillón y dejó la sala dando un portazo. Kaien miró las ojos y agrandó los ojos al ver los dos nombres que le sonaban.
- Será mejor que vaya a enviar las cartas de aceptación.- sonrió algo nervioso el de anteojos y se fue con la misma prisa que el otro dejándo a Tobi solo, o eso era lo que creían.
- No entiendo por qué mandó a llamar a dos cazadoras, ¿no son las enemigas de su especie?
Él salió de las sombras y miró las fotos de las jóvenes ingresantes. Un dedo se clavó en la foto de Mizuki y sus colmillos de alargaron.
- Necesito que alguien cuide lo que necesito para mis fines, y ellas son las indicadas.
- ¿Y el resto?- preguntó Tobi agarrando la carta que había redactado 7 veces.
- Son las piezas que me faltaban para empezar la jugada.
Tobi alzó la carta con la fina letra del benefactor para leerla mejor y una navaja voló arrebatándolo la hoja y clavándola en la pared. Los dedos arañados por el filo sangraban y dejaban gotas caer en la alfombra. Tobi frunció el ceño y se lamió los dedos sellando las heridas. Debía resistir el impulso de querer clavarle lo que fuese en la pálida y tersa garganta de su "benefactor". Sólo por el momento.
Así es, recién comenzaba el juego.
Querida Srta _ ,
Estamos realmente felices de anunciarle que, tras diversas circunstancias, hemos visto favorables su aceptación en el instituto terciario del
internado Asylum. Un lugar renombrado en que se le enseñará diversas posibilidades de profesional como a ayudarla con ciertos asuntos que
sabemos que enfrenta en su vida. No lo niegue, estamos informados de su situación y queremos proveerle un camino de luz y tranquilidad para su
alma.
Atentamente,
Dirección y gabinete del internado Asylum.
Tsubaki Benihime
Miró por última vez a través de la cortina del colectivo a larga distancia. Sabía que el transporte no iría más rápido sólo porque ella lo desease, pero no podía evitar fijarse si ya había llegado a su destino. Para una persona como ella, solo contaban los días que faltaban para morir. Y con sus recuerdos despiertos solo faltaba encontrarlo a él. El Sol le mostró su reflejo sin que ella quisiese verlo. Su pelo marrón caían liso y perfecto sobre sus hombros hasta llegar a hacerse rubio en las puntas. Sus ojos eran del color del caramelo con pequeñas motas anaranjadas y se veían tristes, abandonados. Pero su reflejo no era lo que le perturbaba.
Ella sabía que se encontraba cerca. Su lazo del destino le había guiado hasta ese lugar. La habían ingresado como por arte de magia en ese instituto. Ella podía sentirlo. Pronto encontraría a su amor. Eso no detendría su destino, pero por lo menos no se iría sin despedirse. Sin advertirle que la rueda del destino seguía repitiéndose. Que ella... No había muerto.
El colectivo la dejó en la puerta norte. Mucho más lejos del edificio principal de lo que ella pensaba. Por un momento, deseó no haber dejado que sus padres adoptivos la trajesen. Por lo menos no tendría que caminar con las tres maletas. Lanzó un quejido y comenzó su trayecto por el sendero empedrado. Sus valijas daban ligeros saltos en cada piedra. Gracias a Dios se había puesto zapatillas, pero aún le quedaba un largo trayecto. A los dos kilometros de caminar, tomó el mapa del territorio del colegio con la carta de aceptación. De acuerdo a esta, le tocaba dormir en el último piso del ala norte de los dormitorios, ella miró el mapa para ubicarse y sonrió con cansancio al notar que solo le quedaban...un par de metros... Más de los que quería caminar.
- ¡Apúrate, Aidou!
Se volteó mirando a un grupo que se acercaba a ella... ¿A caballo? Sí eran 5 caballos de distintas razas y colores con sus respectivos jinetes. Entonces, Tsubaki comenzó a preguntarse en qué clase de endemoniada escuela tenían caballos. Se quedó pasmada. No solo por la belleza de los jinetes, sino por sus auras. Ella, con lo que era, podía verlos. Sacudió su cabeza para evitar concentrarse en los magníficos colores que veía bordeando su piel, o para dejar de mirarlos fijamente. Agarró sus maletas y siguió caminando. Podía escuchar desde su lugar como un rubio oji-azul peleaba con otro joven más alto de pelo anaranjado y una chica igual de bella.
- ¡Ya dije que me niego a esperar a la loca de tu hermana, Akatsuki!- gritó el rubio.- Y ni siquiera intentes controlarme, Ruka. ¡Me niego!
Los otros dos entornaron los ojos como si ya se esperasen la reacción caprichosa del rubio. Lo primero que pensó Tsubaki era que el chico definitivamente la sacaba de quicio con sus gritos y su voz chillona. Parecía que no habían notado su presencia pero tampoco se adelantaban,, y así continuaron por varios metros. Tsubaki se fijó en los otros dos. Uno era un rubio de ojos verdes con cara amable... Y cuando fue a ver el otro, sus ojos se clavaron en él sin poder apartar la vista. Su corazón comenzó a palpitar y no pudo controlarlo. Se sonrojó y sus pelo comenzó a emitir destellos rojos desde las raíces hasta que sus puntas se volvieron carmesí. Había algo en él terriblemente familiar.
- Oy, niña, ¿te vas a mover?
La magia se cortó completamente ante los gritos del rubito que le hablaba evidentemente a ella.
- Te estoy hablando a tí.
Una vena comenzó a palpitar en la sien de Tsubaki. Era suficiente de sus chillidos en un lugar tan pacífico.
- ¡Estoy harta de tus quejidos insoportables!- le gritó harta de su actitud. Agarró su bolso de la mano y se lanzó a la cara que cayó del caballo de cabeza al piso. Jamás creyó que realmente le daría con su mala puntería pero sí, el chico estaba en el piso sobándose la cabeza.
Los otros cuatro se quedaron viéndola con su repentino ataque de ira desvanecido. Se había metido en problemas otra vez por su terrible carácter. Para su sorpresa, ninguno lo miró de mala manera. Los dos que se peleaban con el chico se largaron a reír a más no poder de él.
- Lo-lo siento tanto.- se disculpó Tsubaki totalmente horrorizada de su actitud otra vez.
- No te preocupes.-le dijo la chica que suponía que se llamaba Ruka.- A veces ese idiota necesita unos correctivos.
- Me disculpo por mi primo.- dijo "Akatsuki".- Por cierto, ¿qué haces aquí?
Tsubaki se sonrojó al ser el centro de atención de todos, y del chico moreno en el elegante caballo negro.
- Yo me trasladé hoy pero el colectivo me dejó en la entrada y...
- ¿Vienes desde allí? - preguntó el rubio de cara amable.- Pobrecilla. ¿Ruka crees poder llevarla hasta el edificio más cercano?
- ¡Oh, no! No quiero causar más problemas.
"Aidou" le dedicó una mirada asesina que ella le devolvió.
- Yo y Takuma debemos ir a recibir a una nueva estudiante.- finalmente habló el moreno.- Y Akatsuki y Aidou tienen que recibir a un familiar suyo. Por favor, deja que Ruka te lleve, no queremos que te pase algo...
Ella asintió totalmente hipnotizada por el joven que le sonrió levemente. Ruka la ayudó a subirse al caballo detrás suyo.
- Mis cosas...
- No te preocupes.- le contestó el moreno.- Ruka te las alcanzará más tarde.
Ella asintió agachando la cabeza y apartando la mirada. ¿Por qué se sentía así? ¿Sería él? Escucho los cascos del resto irse y dejarla con Ruka. Alzó la cabeza entonces encontrándose todavía con el chico de pelo oscuro.
- Nos vemos... Srta. Benihime.
¡¿Cómo rayos sabía su nombre?!
Sandara Sugiyama
Sandara volvió a apretar el folleto entre sus dedos al entrar al instituto. Ella no sabía bien por qué la habían llamado. Pero la sensación que le daba el instituto no era buena, menos para alguien como ella que había sido tratada desde loca a alguien "especial". Pero nada de lo que se había imaginado concordaba con la situación. Ningún psiquiátrico que hubiese pisado tenía tanto lujo, ni gente tan bien vestida por los pasillos. Las campanas comenzaron a resonar y estudiantes llenaron los pasillos con ruido y bullicio... Completamente normal. Algo que ella no estaba para nada acostumbrada. De hecho, la "normalidad" le asustaba. Las cosas con ella nunca quedaban así.
Veía pasar a la gente y nada. Total normalidad. Ninguna sombra sospechosa cerniéndose sobre las personas. Nada... Y era absolutamente normal.
- Dara.
La voz la sacó de sus cavilaciones y se volteó a ver quién la llamaba. LA estupefacción fue casi evidente al verlo allí parado como si fuese lo más normal del mundo. Pelo negro liso, ojos negros y la seriedad grabada en su rostro pero la alegría brillando en lo profundo de su mirar.
- ¡Itachi!
La chica de pelo corto y cobrizo se tiró a los brazos abiertos de su viejo amigo quién la rodeó sobreprotectoramente como siempre hacía cada vez que se veían. De los chicos de su casa cuando sus padres estaban con ella, él era el único con quien había mantenido contacto a través de los años.
- Te dije que podrías entrar.
- ¡Ja! Apuesto a que eso no tuvo nada que ver contigo.
Él simplemente se encogió de hombros como si poco importase. De repente un grupo de chicas se agruparon atrás de Itachi y Sandara tuvo que correrse a un lado. Una mueca se formó en su cara al ver el griterío que rodeaba a su mejor amigo. Sabía que Itachi siempre había sido atractivo ante las chicas pero eso era ridículo. Más ridículo que cuando se había hecho la cicatriz en su ojo derecho. Lo peor es que el Uchiha no parecía molesto por las atenciones. Un rubio que tapaba su ojos tapado y un pelirrojo pasaron por el lugar. Ambos con una campera negra con una única nube roja en la espalda. Entonces notó que Itachi llevaba un colgante con la misma nube roja. ¿Se habría metido a un club del colegio?
Poco le importó cuando una de las molestas fangirls le tiró escaleras abajo su equipaje y tuvo que ir corriendo tras todo. Podía jurar que con su mala suerte, todo terminaría desperdigado por todos lados. Pero no fue su ropa, sino ella que perdió el equilibrio en las escaleras y patinó. De no ser por unos brazos fuertes que la rodearon antes de darse de cresta contra el piso, hubiese caído como el mejor de los bloopers y hubiese estado en youtube.
- Yaro, yaro, Dara...- susurró Itachi contra su oído y Sandara se sonrojó evidentemente al notar lo cerca que estaba de él.- Podrías haberte lastimado.
Sandara miró la distancia que había recorrido Itachi en tan solo unos segundos esquivando el grupo de chicas alocadas que en ese momento hicieron silencio sepulcral asesinándola con sus miradas. Sí que era rápido... Demasiado. Miró a su amigo que volvió a tener esa máscara de frialdad y lejanía que siempre mostraba en público. Pero los ojos de Itachi estaban fijos en los dos muchachos que le sonreían de una manera poco cordial... Más bien espeluznante.
- Deidara, Sasori, ¿podrían ayudarla a encontrar su habitación para que deje las cosas?
- ¿Me ves cara de sirviente? Hm.
Dara enarcó una ceja. No le gustaba que le hablarán a su mejor amigo, pero Itachi colocó una mano en su hombro atanjándola. Él la conocía bien. Después se las arreglaría con el rubio.
- ¿Sasori?- insistió Itachi.
El pelirrojo bufó por lo bajo pero agarró las valijas de Sandara sin ningún problema.
- Sólo ocúpate de las locas toda la semana.- le respondió Sasori con cara de pocos amigos.- Quiero una semana tranquila. Apúrate, mocoso.
El rubio, "Deidara", se cruzó de brazos obviamente molesto pero ayudó a Sasori murmurando un par de palabrotas. Itachi acomodó un mechón que se había escapado detrás de su oreja con dulzura. Los ojos color lavanda de Dara se fijaron en Itachi, había crecido de la última vez que se habían visto. Claro que de eso, como tres años habían pasado y el resto del tiempo habían estado mandandose cartas, mensajes, emails... por poco y señales de humo.
- ¿ No vendrás?
- Lo siento, tengo cosas que terminar. Tal vez otro día.- le sonrió Itachi.- Nos vemos luego, Dara.
Y así como había aparecido, se fue entre la gente.
- ¿Vas a estar mirando por donde la comadreja se fue toda la eternidad?- se quejó Deidara detrás suyo marcando otra dirección.- Porque somos efímeros, ¿sabes?
Kira Kain
Si alguien le hubiese dicho que tendría que esperar a que su hermano menor y su primo se dignasen a aparecer sentada en las escaleras de un viejo edificio cuando aceptó venir a la academia, los hubiese mandado a la mierda. Y allí estaba ella, mirando el Cielo con resignación tratando de pensar en como diablos llegar a su habitación, al otro lado del territorio da la academia... a exactamente 5 km según el folleto.
Obviamente no iba a caminar. Y para su lástima, no podía llamar a su hermano mayor a obligarlo a llevarla porque estaba a miles de millas de allí. Cerró los ojos un momento. Por lo menos si no podía llegar, iba a dormir. Pero inmediatamente se arrepintió. Gritos le llegaron de todos lados. Obviamente dos tipos se estaban peleando y había al rededor una turba animándolos. Se acercó por curiosidad al grupo con sigilo a quien parecía estar siendo de referí. Un chico de pelo algo anaranjado y lentes celestes abrazado por dos jóvenes.
- ¿Qué está pasando aquí?- preguntó Kira peinando su pelo albino.
El chico la miró sobre sus lentes con interés y apuntó a los dos que peleaban. Uno de pelo rojo y otro de pelo azul oscuro. De repente el de azul se sacó la camisa mostrando su torso desnudo y ocasionando que un griterío se armase. Incluso las dos que estaban con el joven a su lado chillaban como si su vida dependiese de ello.
- ¡Ahhh, Gray-san!- coreaban todas apoyando al desvergonzado que hacía un streap tease en medio del patio de la academia. Kira se apiadó del pobre colorado que gruñia y maldecía a las fans de su oponente.
- Esta es la última vez que te pasas de vivo, Fullbuster.
Justo cuando había decidio intervenir, una mano la agarró de la capucha de su campera y la arrastró fuera del grupo. El chico de pelo de león la observó sobre la gente mientras se retorcía de sus posibles captores.
Una rubia pasó al lado de ella y de los que la arrastraban con una furia descomunal. El chico leonado salió corriendo como si lo persiguiese un monstruo y los dos peleadores se detuvieron bruscamente.
- ¡Natsu!¡Gray! ¡Dejen de hacer el ridículo!
Los dos temblaban como una hoja asintiendo a todo lo que decía la rubia y Kira se sorprendió. Esa chica le caía bien.
- ¿Podrías dejar de resistirte, Onee-san?
Kira miró hacia atrás y sonrió al ver a Akatsuki y a Hanabusa. Su primo estaba más alto que ella. ¿Cuando había pasado eso? Sin contar que su hermano menor parecía más grande que ella... Maldita eternidad vampírica. Ella se había congelado a los 17 y su hermano menor le aventajaba como dos años. Era totalmente injusto.
- ¡Los esperé por horas!
- No es cierto.- le respondió Aidou haciendo una mueca.- No nos retrasamos tanto.
- Ay, primito... Si que lo hicieron. Por eso estuve a punto de parar esa pelea.
Akatsuki entornó los ojos. Su hermana debía aprender a controlarse en público. Tanto tiempo en casa con Yuuhi la tenía muy malcriada.
- Tú no necesitas que lleguemos tarde para meterte en problemas, Lightning.
Kira le enseñó el dedo corazón mandándolo a hacer cosas libidinosas con su cuerpo y Akastuki la subió de un empujón al caballo. Aidou marcó el número telefónico y esperó allí junto a su caballo.
- Adelantate, Kain.- le dijo su primo esperando a que contestasen el teléfono.- Y asegúrate que Kira no cause estragos.
- Querido Hanabusa, pensé que me conocías.- le sonrió su prima enseñándola sus colmillos filosos.- Yo siempre causo problemas.
Ayame Nii
Al bajarse de la limosina, no pudo evitar pensar que había hecho mal en pedir un lugar en esa institución solo por curiosidad. Estaban todos muertos en su secta, podría comenzar en otro lugar, en otra ciudad. Gracias a Dios, su chófer la dejó en frente del edificio que le tocaba como dormitorio. Según sabía, era el último piso. Tendría seguramente una buena vista de todo el lugar. Agarró su anotador y comenzó a leer los archivos que había encontrado en la secta del uroboros(**). La marca del uroboros la tenía marcada a fuego en su mano izquierda. Como le era habitual en cada momento que salía de su casa, miró el guante que tapaba la marca. Tenía que mantenerlo oculto o sus enemigos podrían saberlo.
Al pasar su vista quedó clavada en un charco de agua que daba su reflejo. Extraño... No había llovido en varias semanas. Se puso a meditar que podría haber logrado ese charco pero al no dar con nada, volvió a sus notas. Según lo que sabía por los archivos, esta institución había sido fundada hace 50 años exactamente por un grupo familiar que vivía en la zona. Monopolizaron la zona vinculando y derribando los límites para construir lo que ahora era el territorio de toda la academia. Lo único que quedaba de la parcela original, era el edificio principal que era el lugar de recibimiento y gestión académica.
Había tres casas residenciales, o más bien palacios, al norte, al este y al oeste. Al centro de cada ubicación, estaba la casona principal donde se daban las clases y los profesores convivían en el piso superior. Notó en el mapa que los edificios formaban una cruz. Todo parecía perfectamente encuadrado. Siguió con las notas de la investigación de Uroboros.
Varios ex "empleados" de una organización que había trabajado con Uroboros trabajaban o estudiaban actualmente en Asylum, pero lo más perturbador no eran los rumores que circulaban en el edificio principal. No para ella por lo menos. Si no de los archivos de los algunos estudiantes que su secta había podido robar antes de ser eliminados. Miró con sus insoldables ojos negros dos fotos que tenía y las guardó otra vez al sentirse observada.
- ¿Srta. Nii?
Como le era costumbre palpó la navaja que llevaba escondida en el saco. Una mano cayó sobre su hombro delicadamente pero ella, en máxima alerta, se la sacó de encima y logró hacer caer al suelo a esa persona. Su cabello se soltó de su moño cayendo sobre su rostro y tocando la piel de un joven que algo desorientado era sostenido con fuerza debajo suyo. Sus ojos verdes jade parecían heridos y apenados al mismo tiempo. Refulgían en contraste del color oro que pintaba su pelo.
- Lamento si la asusté, Srta. Nii.-se disculpó el joven.- Mi nombre es Takuma Ichijō, delegado representante del tercer año de la academia Asylum.
Un simple "oh" salió de sus labios al notar lo que había hecho. Había atacado a un simple y posible compañero por sus nervios y paranoia. Ayudó a Takuma a levantarse disculpándose repetidamente pero el joven le sonrió calmándola.
- No hay problema, yo debí ser más cuidadoso.
- ¿Siempre eres tan amable?
- Sí que lo es.- respondió un tercero.
Un chico de pelo azabache y ojos oscuros distantes miraba la escena con interés. Ayame tragó con fuerza. Él era uno de los objetivos que aparecían en los listados de Uroboros.
- Oh, él es mi compañero y amigo, Kaname Kuran. Nos enviaron a recibirte.
- Mucho gusto.- dijeron ambos a la vez.
Kuran le tendió la mano como modo de saludo y ella se aferró suavemente. ¿Quién era? ¿Qué hacía aquí? ¿Él había sido el responsable que la aceptasen en este lugar? Quiso sacar su navaja y descubrir si él realmente era uno de ellos, pero se contuvo. No quería que Takuma se viese envuelto en una pelea de ese tipo. Seguramente saldría lastimado. Trató de usar su sexto sentido para saber si Kuran pertenecía a los enemigos jurados del Uroboros. Un mareo la atormentó levemente y la hizo inclinarse siendo atajada por Takuma.
- ¿Te encuentras bien? Vamos adentro...
Ella asintió. Nunca le había pasado eso, nunca sus habilidades le habían fallado. Miró a Kaname que tenuemente sonrió y siguió caminando hacia el edificio. ¿Había sido él quien había anulado sus sentidos? Lo dudaba. Miró al edificio y notó un ángel de aspecto severo en la punto. Palabras se tallaban a sus pies en la piedra. Había visto varios de esos ángeles colocados por todo el camino y en las entradas, todas con las misma palabras.
Ammoneo, ad lucem serenitate tendo. (1)
Yuroichi Hakyoku
Siempre se había preguntado que tenía en contra de las puertas. Aunque viendo en retrospectiva, entrar como una persona normal a los edificios o casas siempre le habían por terminado de arruinar el día. Mejor lo inesperado, ¿no?
Aceleró una vez más en la curva con la motocicleta y con el envión de la colina logró pasar sobre la reja sin un rasguño. Se limpió el polvo de sus jeans y palpó las cosas atadas al asiento trasero. Si, todas sus pertenencias no habían volado en el camino. Tocó su cintura palpando a Morilec. Ella también estaba bien. Tomó sus binoculares y del otro lado pudo divisar a Eisenhut en la linde del bosque. Una risilla escapó de sus labios antes de silbar una serie de notas. La figura de Eisenhut desapareció en las sombras. Ya más tarde lo encontraría. Ahora solo tenía que llegar y reencontrarse con él antes de la noche. Con suerte tendría un cuarto para ella sola. Una rama crujió bajo el peso de otro ser que no era ella ni su motocicleta.
En forma automática, sacó a Hiltzaile, apuntando al ser que la rodeaba. No se encontró al monstruo que esperaba sino a Yagari Toga... Que era casi lo mismo en cuanto a lo malo que significaba para ella. Volvió a guardar la ballesta automática en su bolso. Hiltzaile pertenecía a su familia desde hace años igual que su antecesora Morilec. Dos armas letales tanto para humanos... como para los que no lo eran.
- ¿A qué debo el honor de tu presencia, Toga?- lo miró con esos ojos de color de la plata y las nubes.- ¿Debería llamarte sensei otra vez?
Yagari le indicó con la mirada que se callase. Después de todo, o esto era una seria obra del destino o alguien estaba tratando de montar una gran broma a ellos dos. La última vez que se habían visto era cuando la asociación se había negado a que ella renunciase de su cargo.
"Era algo con lo que se nacía."
Esa era la excusa que le habían puesto a pesar de todo lo que ella había vivido. Yuroichi no era ninguna santa, incluso antes de retirarse ya había hecho estragos. Algunos de sus ex compañeros la detestaban, la querían ardiendo en el infierno. Y para la mayoría, ella lo estaba. Su último "trabajo" había sido la clave para desaparecer tras su repentino "cambio de bando". Solo había una persona, tal vez dos, que sabían que ella estaba viva. Una de esas personas estaba parada en frente suyo. Su mentor, su tutor desde que había cumplido la terrible cifra de dos años: Toga Yagari.
- Podía llegar sola a la casa principal y lo sabes. A parte, no sabía que estabas al tanto de mi traslado.
- No estaba enterado hasta hace un par de días. ¿Por qué este internado?
Yuroichi sonrió apoyándose en la motocicleta y se encogió en los hombros. Ella ya no era la misma desde el suceso que la llevó a querer borrarse del mapa. No solo porque gran cantidad de personas la hubiesen eliminado, aliados y enemigos... Habia algo más.
- ¿Por qué no?- respondió sencillamente.- No hay muchos lugares ofreciéndome absoluto asilo incluso de todos los estados del mundo, ¿sabes?
- Dime realmente por qué estás aquí, Yuro.
La chica se fijó en el retrovisor cómo se veía su cabello negro trenzado y al terminar de arreglarse se volvió a su ex maestro.
- Puede ser que algo que esté aquí me interese... Y mucho.
- No estoy para juegos.- la cortó Toga con el ceño fruncido.- Sabes cual es el lema del lugar y qué les pasa a los que infringen sus reglas. No quiero que estes en peligro por más que en lo único en que te empeñes es en matarte. Se lo debo a tus padres.
Los ojos de Yuroichi brillaron peligrosamente en ese tono gris plata que congelaría a cualquiera en su lugar. Yagari no retrocedió. Yuroichi no estaba tan loca como le gustaba aparentarlo. Solo tenía un carácter explosivo y una determinación férrea. Ella lo dejó en su lugar y montó la moto sin mirarlo. Iba a irse a su "nuevo cuarto", por lo que debería advertirle antes que no lo escuchase.
- Yuroichi, no eres la única de mis estudiantes que está aquí, ¿entiendes?
- ¿Kaito está aquí?- preguntó la muchacha con voz herida.
- Y los gemelos Kyriuu.- notó como una dulce sonrisa se formaba en los labios de Yuroichi. Ella había sido muy unida a los Kyriuu en un tiempo, antes de su supuesta muerte. En la que los tres la habían llorado a su manera. Yagari no había tenido otro remedio más que callar y verlos sufrir.- También creo que te encontrarás con una vieja compañera, pero claro... Nunca te llevaste muy bien con ella por su "naturaleza".
La expresión de asombro que se formó en el rostro de Hakyoku pronto fue reemplazada por una de travesura y malicia. Yuroichi jugueteó con un par de mechones de su trenza que se habían desprendido y encendió la moto.
- Entonces no tengo tiempo que perder, Yagari-sensei.- le sonrió aumentando la velocidad y haciendo ronronear su moto como secundando sus pensamientos.- No quiero hacerla esperar. Dios sabe cuanto ella odia que la moleste y yo amo verla de mal humor.
Mizuki Kusari
Una joven de pelo blanco miraba desde lo alto de la habitación del ala norte hacia el patio. Todo era tan lleno de vida y armonía. No como hace años. No como cuando vivía en ese lugar. Sin embargo, seguía teniendo esa sensación. Las muñecas seguían ardiéndole después de tanto tiempo.
- ¿Seguro que debo quedarme aquí, Onii-san? - preguntó como por décima vez.
Una suave risa le llegó desde su cama. Allí tirado estaba su tutor y "hermano" tirado como si fuese lo más natural del mundo. Los años de habían asentado bien para él. Sus ojos dispares ya no la asustaban como antes, ni esa sonrisa maliciosa. Era lo último que tenía de ellos.
Él se sentó y tomó su mano con delicadeza.
- Sabes que si no fuera necesario, no te dejaría, Mizuki. - le dijo tranquilizándole.- Ni aquí, ni en ningún lado. Pero este es el lugar más seguro en el que puedo dejarte.
Un brillo oscuro alumbro lo profundo de los ojos de su hermano. Eso la incomodó. Sabía que en todos había oscuridad, pero en ese lugar era más fuerte. La rodeaba, la asfixiaba. Eran recuerdos que jamás se irían de su piel y que le habían costado lo suyo.
- A parte, no estarás sola.- volvió a decir su tutor legal.- Tendrás compañeras y ellas tendrán su utilidad.
- ¿Utilidad?
- Pronto lo sabrás. No maquines mucho, te dolerá la cabeza.- bromeó pero ella no rió.
Tenía miedo. De ese lugar, de que algo la alejase de lo que quedaba de su familia de acogida. Tragó visiblemente. Sabía que su hermano era el benefactor de la academia y, por el tiempo que pasaba lentamente para ellos, el fundador mismo. Él nunca se alejaba mucho de ese lugar. PEro esta vez haría un viaje y la dejaría atrás. Quería pedirle que la llevase, pero no podía. Tenía que ser fuerte. Por más que temiese despertar nuevamente como todas las noches como antes de conocerlo.
- ¿Cuándo volverás?
Él se paró y besó su frente tranquilizándola.
- Pronto. Mientras tanto, diviértete pero nada de hombres en este cuarto.
Ella asintió obedientemente y siguió observándo por la ventana. A pesar de tener 16 años (en apariencia por lo menos), su hermano había logrado meterla en esa extraña universidad o colegio terciario. Realmente no entendía la diferencia. Se volteó para preguntarle a su hermano y seguir conversando pero él había desaparecido otra vez.
Su oído se agudizó más y notó voces afuera. Se vio al espejo una última vez y salió a recibir a sus nuevas compañeras.
Masaki Kuromizu
Mientras sus padres aplaudían encantados por el panorama que tenían los extensos campos y jardines, Yuu mantenía su cabeza fija en el folleto de la escuela. No entendía ni en mil años, como una chica como ella podía haber entrado a ese internado de élite donde grandes genios habían salido de los últimos 50 años. Sus padres estaban orgullosos de ella. Había sido aceptada en una academia para privilegiados muy costosa con una beca completa, de la cual solo saldría en vacaciones y ciertos fines de semana largos.
Pronto llegaron al edificio principal. Era una casa victoriana llena de esculturas clásicas. Tan elegante y... perfecta. Ella se sentía tan fuera de lugar que quería darse la vuelta y correr a su casa. Pero chocó contra la puerta de su auto y sus padres le sonrieron desde adentro. Inhaló y exhaló pausadamente tratando de tranquilizarse. Fue inutil. Lanzó un rezo a Dios y fue en ese momento en que vio en la torre un gran ángel de mármol mirándola y apuntándole con la espada que sostenía. Un escalofrío surcó todo su cuerpo estremeciéndola.
Había algo raro en ese lugar, algo extraño y sumamente perturbador.
- Masaki Kuromizu.- escuchó a su lado.- Tu nombre tiene diversos significados. "Árbol que florece", "Flor de la verdad y la realidad".
Un hombre de pelo castaño y ojos leonados la observaba con una apacible expresión. Tras sus anteojos, su iris brillaba en ese color que jugaba entre el dorado y el marrón. Ella se quedó observándolo. Él brindaba cierto tipo de paz interior y ya no se sentía nerviosa para nada.
- Que maleducado he sido.- se disculpó el hombre.- Soy Kaien Cross, uno de los dos directores del internado. Bienvenida, Srta. Kuromizu.
- ¡Ah!
Masaki hizo una corto inclinación. Él era el director de su nuevo instituto y ella parecía tan perdida que podría ser tomada como mala educación. Él sonrió y le indicó la entrada.
- Este es el edificio principal de nuestra humilde residencia, pero tu cuarto queda en el ala norte.- le indicó un edificio a lo lejos por un camino de grava.- Si mal no recuerdo eres la última en llegar.
Masaki giró en redondo apurada por agarrar sus maletas pero otro hombre la detuvo. Esta vez la asustó su rostro cubierto por una máscara anaranjada. ¿Quién era él?
- Tobi lamenta haberte asustado, novicia-san.- le dijo con una voz ridícula e infantil el hombre con quién había tropezado.- Soy el co-director con Cross-san. Nosotros nos encargaremos de tus cosas, ve a reunirte con tus nuevas compañeras de piso y de habitación.
- ¡Si!
Masaki agarró su bolso de la parte trasera y se despidió de sus padres con un abrazo emotivo.
- ¡Pronto volveremos a vernos!- les gritó mientras corría de espalda hacia la gran casona.
Antes de darse la vuelta, miró a los dos directores por última vez. Había algo raro con ellos. Con todo el lugar en sí... Y ella quería descubrir qué era.
daimyō: el soberano feudal más poderoso
(*) Cuidado, hacia la luz pacíficamente vamos. En latín. Es la frase de mi universidad por lo menos sin el "cuidado"jajajaja.
Hitzaile y Morilec, en euskera y esloveno: asesino.
Eisenhut: acónito en alemán.
**Uroboros: es un símbolo que muestra a un animal con forma de serpiente que engulle su propia cola y que conforma, con su cuerpo, una forma circular.
HIIII THEREEEE! (mientras ve el partido Irán vs Argentina. VAAAAMOSSSS MESSIIIII! MaCHERANO MACHERANO! Pipita se la bancaaa... Ni que fuera tan amante del futbol pero para desgracia mía igualmente lo estoy viendo)
Qué tal? Les gustó? Jejejeje Se las dejo ahí porque... Soy mala? Ni se creean que todos los capítulos serán tan largos... Estaba... Inspirada.
Ya saben que Kishimoto, Masturi Hino y Hiro Mashima son los autores de Naruto, Vampire Knight y Fairy tail respectivamente.
Gracias Holy y MagicalAgent por comentar. Sí, tanto mis delirantes comentarios al final como los pensamientos en negrita son mi inspiración gracias a 30 seconds to mars, my chemical romance y la super violinista Lindsey Stirling.
Kira i know you are there... No importa, comenta cuando puedas. Ya podrás. (Te amo-odio fanfiction...)
¿Quién estará con quién? Wajajaja Todo está en mi super imaginación wajaja WAjajajaja
Bueno Ya ok... Ufff. *Inhala, exhala.* Ya me controlé. Ya saben que hacer bellas...
Próximo capítulo: Dream, sweet little girl, but not with me...
