CAPÍTULO II

Los cinco días de espera se le hicieron infinitamente lentos. Estuvo tratando de acabar de releer todos los libros que tenía para prepararse para aquello que le había dicho Dumbledore que haría.

Estaba ansioso por saber cómo sería su entrenamiento. Sin embargo, no tenía demasiado tiempo para imaginar. Pasaba la mayor parte del tiempo tratando de defenderse físicamente de las bromas pesadas de Duddley y sus amigos. Si empleaba la magia, corría el riesgo de ser expulsado de Hogwarts,

Sin embargo, había aprendido con los años a ser paciente y a resistir una y otra vez, así que no sucumbiría tan fácilmente. Además, las recientes aventuras en Hogwarts habían mejorado notablemente su forma física, y en cinco años había pasado de ser un muchacho enclenque y larguirucho a un joven alto, fuerte y atractivo. No tenía la fuerza bruta de su primo ni de sus amigos, que eran el doble de grandes que él, pero sí que podía hacerles frente y resistir sin tener que resignarse.

Nunca podía ganar, estaba condenado a ser golpeado, pero al menos podía golpear él también, lo que le proporcionaba una inmensa satisfacción.

Sin embargo, el tiempo pasó rápido, y el día de su cumpleaños se presentó antes de lo que esperaba. Nada más despertarse aquella mañana, Harry corrió a hacer el baúl. Quería estar preparado para marcharse cuanto antes.

De pronto, se dio cuenta de que todavía no se lo había dicho a sus tíos, un despiste enorme. Pero no por eso se iba a quedar sin irse de allí. Acabaría de hacer el baúl y se lo diría.

Cuando finalmente terminó, salió de su habitación y bajó corriendo las escaleras. Debía comunicárselo cuanto antes.

-Tía Petunia, tío Vernon, me gustaría deciros algo – anunció, entrando en la cocina, donde se encontraban ambos. Un ligero olor a tostadas inundó sus fosas nasales, pero lo ignoró -. Sé que es un poco precipitado deciros esto ahora, pero creo que mi verano con vosotros se acabó.

-¿Qué quieres decir, ch ico? – preguntó Vernon, con curiosidad. Obviamente no iba a permitirlo, y por eso quería saber todos los detalles para poder evitarlo.

-Desde hace cinco días he estado preparando mi partida. Creo que lo mejor es que me vaya de esta casa, y hoy viene a buscarme alguien para llevarme con él.

-¿Y por qué no nos lo has dicho antes? – era su tía Petunia. Desde que se había revelado contra ella, lo trataba de forma distinta, con más respeto, y ya no le daba órdenes. De hecho, su tono parecía más preocupado que imperativo.

-Porque se me olvidó completamente. Si tenéis alguna objeción, que sin duda las tendréis, se las podéis expresar al hombre que va a venir a por mí en cuanto llegue – la arrogancia que impregnaba sus palabras era grande, pero pareció surtir efecto.

Y tras esto, salió a la calle. Esa mañana no llovía, así que pudo dedicarse a pasear por la acera. Estaba muy nervioso.

De pronto, un hombre vestido completamente de negro apareció al final de la calle. Iba con la cabeza gacha, envuelto en una túnica, y aparentemente sumido en sus pensamientos. Nunca antes lo había visto.

Y cualquier alteración de lo corriente en Privet Drive era exagerado. El pobre hombre no recibiría ninguna ayuda que pidiera.

Cuando estaba ya pasando a su lado, pudo apreciar sus rasgos. Tenía la piel pálida, y los ojos ligeramente rojos. Miraba constantemente hacia abajo, así que no pudo adivinar nada más de las facciones del individuo.

De pronto, levantó la cabeza y miró a su espalda. Harry no necesitaba girarse, lo tenía enfrente. Un chico de unos veinte años corría por la calle, enarbolando una varita de madera, apuntando al hombre que pasaba a su lado. Harry no entendía nada.

¿Qué haría un mago en Privet Drive persiguiendo a un pobre viajero? Decidió averiguarlo.

Sacó su varita del bolsillo trasero de los pantalones y apuntó al joven, que sorprendió, se paró en seco.

El hombre a su lado lo miró y murmuró unas palabras de agradecimiento antes de salir corriendo. Harry nunca había visto a nadie tan rápido, con unos movimientos tan magníficos. Era impresionante.

-¡¿Pero qué coño haces? – el joven parecía enfadado - ¿No te das cuenta de lo que acabas de hacer, verdad?

-¿Eh? – Harry no entendía nada. Solo había protegido a un hombre.

-Has dejado que se escapara un maldito vampiro. El príncipe, para ser más exactos – seguía sin comprender la situación. ¿Existían realmente los vampiros?

Aunque, pensándolo realmente con calma, era perfectamente comprensible. Existían los hombres lobo, los hipogrifos, los gigantes, e infinidad de criaturas que antes de conocer Hogwarts habría creído imposible que existieran. ¿Por qué no una más?

-¿Y por qué quieres acabar con él?

-Por un simple motivo, es mi misión. No sé si lo sabrás, pero los magos somos los encargados de cazarlos. Son peligrosos, y cada vez que atacan a alguien, el estado oculto del mundo mágico pende de un hilo. Así que los exterminamos. Y ese era un buen ejemplar.

-¿Era? – no era Harry el que preguntaba ahora. En menos de una fracción de segundo, el hombre al que había salvado se había abalanzado sobre el chico y estaba hundiendo el rostro pálido en su cuello, seguramente para beber su sangre.

Lo que había ocurrido había sido impresionante, un espectáculo digno de verse. Apenas podía verlo en el horizonte, y un segundo después estaba cayendo sobre un cuerpo humano a escasos dos metros de distancia de Harry.

-Como pago – comentó el vampiro, mientras se incorporaba. El joven con el que estaba hablando se encontraba en el suelo, pálido, como si toda esencia de vida le hubiera sido extirpada -, hoy vivirás. Pero la próxima vez que nos encontremos, será en calidad de enemigos.

-No tengo problema en eso – Harry aún no sabía cómo debía tratar al vampiro, si con desprecio por haber matado a una persona, o simplemente con respeto por permitirle a él vivir -. Solo quiero hacerte unas cuantas preguntas. Si fueras tan amable de acompañarme a mi casa… después, podrás irte, y te prometo que haré todo lo que esté en mi mano para que todo aquel que se deje influenciar por Albus Dumbledore deje de perseguirte.

El vampiro se calló durante unos momentos, aparentemente pensando. Harry lo veía bastante claro: a cambio de responder a unas pocas preguntas, un viaje tranquilo. Si por el contrario decidía marcharse y no hacer caso a la propuesta, sería constantemente perseguido, como hasta el momento.

-Está bien – aceptó el vampiro finalmente -. Si yo poseo la información que estás buscando, sea cual sea, te la proporcionaré. Pero como moneda de cambio, chico, deberás hacer todo lo que esté en tu mano, sin llegar a arriesgar tu vida, de nada servirían entonces mis respuestas, para convencer a Albus Dumbledore que intente detener mi persecución – al parecer, quería dejar claras las condiciones. A Harry no le pareció mal.

-Muy bien, pues. Si no te importa, acompáñame a mi casa – y volvió caminando tranquilamente, con las manos en los bolsillos. El vampiro lo acompañaba, erguido, sin dirigirle la palabra. A Harry no le preocupaba no tener conversación en esos momentos, su curiosidad crecía por momentos, y las preguntas surgían en su cabeza a una velocidad impresionante. Y afortunadamente, podía retenerlas en su mente hasta que el vampiro quisiera contestar.

Llegaron finalmente al número cuatro de Privet Drive. Harry abrió la puerta y entró, sin preocuparse porque sus tíos vieran al vampiro. Se iba a ir en pocas horas de allí, y poco a poco la autoridad que tenían sus tíos sobre él iba mermando.

Entraron a su habitación, recogida y ordenada, con el baúl a un lado. El vampiro se sentó en la cama, mientras Harry hacia lo mismo con la silla que había debajo de su escritorio.

-¿Qué quieres saber? – fue el vampiro el que rompió el hielo, yendo directo al grano.

-Tu nombre estaría bien, para empezar – replicó Harry, secamente.

-Alistar – no dijo apellido. Tampoco era necesario.

-Muy bien, Alistar. Me dijo el chico ese que eras un vampiro…

-El príncipe de los vampiros – interrumpió Alistar. Aunque por el tono empleado, parecía quitarle importancia.

-Bueno es saberlo. El príncipe de los vampiros. ¿Y por qué va un príncipe como tú solo, sin escolta?

-Porque fui desterrado. Me echaron, y si no me hubiera ido, habría muerto – contestó él, con rabia en la voz.

-¿Por qué fuiste desterrado?

-Esos cabrones querían acabar con mi padre, y tras conseguirlo, me expulsaron del trono que me correspondía por derecho, y se sentaron ellos, con sus intrigas y traiciones.

-Yo mismo vi tu poder hace unos minutos. ¿Por qué huir si podías haber acabado con él?

-No creas. Los cazadores de vampiros son magos muy poderosos y experimentados. No es tan fácil acabar con ellos. Aproveché para hacerlo porque estaba distraído hablando contigo, pero si no llega a ser por eso, él habría rechazado mi ataque sin problemas.

-¿A dónde te diriges ahora mismo? – la curiosidad no hacía más que crecer.

-A Escocia. Si cumples tu parte del trato, podré pasar por Hogwarts, que queda cerca de mi hogar. Será una zona que podré atravesar tranquilo y sin miedo.

-¿Y te vas a arriesgar a atacar a aquellos que mataron a tu padre? ¿Tú solo?

-No estoy solo – el vampiro esbozó una sonrisa -. Aún hay vampiros leales, que respetaban la autoridad, dispuestos a ayudarme en mi pequeña rebelión. Y si no los hubiera, siempre podría intentar un trato con el ministerio. Les entregó a todos esos vampiros a cambio de que me dejen gobernar tranquilo. Siempre tengo que tener un segundo plan, por si el primero va mal. Y es que lo que voy a hacer es muy arriesgado.

-¿Y qué pasará después?

-Pueden ocurrir dos cosas. Que yo muera, y las cosas seguirán como hasta ahora, o que, por el contrario, sobreviva y los derrote, entonces ascenderé y seré rey. ¿Se han terminado todas las preguntas? Que poco imaginativo eres.

Ni de lejos se habían terminado todas, pero la mayoría eran estupideces sin importancia. Solo quedaba una pregunta importante por formular.

-¿Los vampiros estáis aliados con Lord Voldemort? – el repentino cambio de tema sobresaltó a Alistar, que sin embargo, contestó rápidamente.

-No, yo no lo estoy. Sí que sé que algunos de los míos se han arrodillado ante él, pero yo no soy de esos. Ningún mago logrará someterme – lo decía con arrogancia y superioridad, pero a Harry, tras ver su velocidad y letalidad, le parecía imposible que alguien fuera capaz de domarle -. ¿A quién le interesa tanto saber sobre nuestras alianzas con el Señor Tenebroso? – obviamente, quería saber el nombre de Harry. Sin embargo, al chico le extraño que el vampiro no utilizara el nombre de Voldemort, sino otro apelativo que no hacía más que echar tierra sobre la opinión que tenía Harry de él.

-Mi nombre es Harry Potter, y soy aquel que está destinado a enfrentarse a muerte con Voldemort.

-¡Qué bella casualidad! Al parecer, ambos somos príncipes entonces, cada uno en nuestro mundo. Creo, pues, que a partir de ahora debo tratarte con más respeto – Harry no podría asegurar si estaba siendo objeto de las burlas del vampiro, o si, por el contrario, Alistar hablaba totalmente en serio.

Y de pronto, antes de que Harry pudiera hablar, sonaron tres golpes en la puerta de la habitación.

-Adelante – dijo con voz ronca, aún tratando de descifrar el significado oculto de la frase del príncipe vampiro.

Cuanta fue la magnitud de su sorpresa al ver a Albus Dumbledore entrando en su habitación.

-Vaya – musitó el anciano director al ver al vampiro sentado sobre la cama de Harry que tenemos un invitado.

-Y como tal, esperaba que pudieras hacerle un favor – esta vez, Harry se dirigía a Dumbledore. Quería cumplir cuanto antes su parte del acuerdo -. He hecho un pacto con él, y pienso que puede ser un futuro aliado, por lo que te pido que hagas todo lo que esté en tu mano para evitar su caza.

-Cuanto tiempo sin verte, Harry. Es un placer – dijo Dumbledore en principio. Sin embargo, después contestó -. Antes de nada, me gustaría que me explicaras la situación, porque se me antoja extraña. Yo simplemente venía aquí para llevarte a Grimmauld Place, y me encuentro con que estás charlando alegremente con el príncipe de los vampiros, raza que, por cierto, debemos tratar de reducir.

-Él me salvó la vida – contestó Alistar, evitando que Harry hablara -, y a cambio yo perdoné la suya. Yo le doy información, y él consigue que tú no me persigas. Son tratos muy simples, quizá demasiados para tu gusto - ¿estaba insinuando acaso que Dumbledore era alguien retorcido y calculador? Había sido capaz de experimentar la sutileza del vampiro, y podría decir cualquier cosa que le entrara en gana sin dejar de lado las formalidades.

Dumbledore, en vez de enfadarse y replicar, no pudo ahogar una carcajada, que salió con una potencia insólita del interior de su garganta. Resonó por la habitación de Harry mientras el director sonreía.

-Me parece a mí, y no te lo tomes a mal porque es mi más sincera opinión, que los vampiros últimamente sois un poco egocéntricos. Os creéis dioses, y no es así – era la primera vez que Harry veía a Albus Dumbledore menospreciando a alguien, la enemistad mutua que debían profesarse los vampiros y el director de Hogwarts parecía ser enorme.

-¿Serías capaz de demostrarlo? – Harry se percató de que el puño derecho del vampiro se agitaba, y sus dientes se alargaban ligeramente.

De pronto, el vampiro había saltado, y en menos de un segundo Dumbledore ya apuntaba con su varita hacia el pecho de su agresor, pronunciando un hechizo que Harry no fue capaz de escuchar.

Y de pronto, el ser cayó al suelo, retorciéndose, lleno de dolor. El mago apuntó de nuevo con su varita hacia el suelo, pero Harry se interpuso entre el artefacto del anciano y el cuerpo del vampiro.

-Le prometí que no le atacarías – realmente estaba asustado. Dumbledore iba a rematar a ese vampiro. Iba a acabar con su vida aún cuando estaba indefenso. Y ese no era el Albus Dumbledore benevolente y amable que Harry conocía -. ¡Sólo quiere lo que es suyo por derecho!

-No lo entiendes, Harry. Si hay algo en lo que coincida plenamente con el Ministerio es que los vampiros deben ser exterminados.

-¡¿Por qué?! – había llegado demasiado lejos. Su tono de voz se había alzado demasiado, su varita estaba apuntando al pecho de Dumbledore, y su mirada reflejaba el total desacuerdo en el que se hallaban -. ¡Dame un solo motivo que pueda entender!

-No creo que quieras hacer lo que vas a hacer, Harry. Y estoy seguro de que si lo haces, te sentirás enormemente desgraciado – lo intentó tranquilizar. El vampiro seguía en el suelo, sin abrir la boca.

Sin embargo, al ver que sus palabras no surtían efecto, Dumbledore extendió rápidamente el brazo, agarró la muñeca de Harry, y se apareció en Grimmauld Place. Un segundo después, estaba apareciéndose de nuevo, posiblemente regresando a su casa en Privet Drive.

-¡JODER! – gritó, mientras sus manos trataban de aferrarse a uno de los pliegues de la túnica que desaparecía. Pero fue demasiado tarde, y lo que hallaron sus dedos al cerrarse no fue más que aire. Se chocó contra la pared debido al impulso que llevaba, y después se dejó caer sobre el suelo.

La puerta de la habitación en la que se encontraba se abrió de golpe, y en el umbral pudo Harry ver a Ron y a Hermione, tras los que entraron Ginny, Molly, Arthur, Fred y George Weasley, Remus Lupin, Nimphadora Tonks, Alistar "Ojoloco" Moody, y el resto de aurores y magos pertenecientes a la Orden del Fénix.

-¿Pasa algo, Harry? – Hermione corría hacia él, lo abrazó entre sus brazos mientras él aguantaba la rabia y la ocultaba delante de todos. Solo Ron y Hermione eran merecedores de verle realmente como era, sin paciencia y fuera de control.

-Nada – consiguió murmurar, mientras se ponía en pie.

-Está bien. Creo que todos nos alegramos de verte. Ya tendremos tiempo de hablar cuando bajes – y uno a uno, tras saludarle, iban bajando las escaleras.

Finalmente se quedó solo con Ron y Hermione.

-Bueno, espero que a nosotros sí que puedas decirnos lo que te pasaba – comentó Ron, sentándose donde podía. Hermione simplemente se separó de Harry.

Y el chico empezó a relatar lo que le había ocurrido durante todo el día. Realmente, había sido lo más significativo del verano, y quería desahogarse con alguien. Estaba seguro que Dumbledore hablaría con los adultos de la orden, pero a él no le importaba.

Habló largo y tendido sobre su encuentro con el vampiro, sobre el joven, sobre como lo salvó. Acerca de los pactos y las preguntas, sin faltar a detalle alguno.

Y cuando acabó, sus dos amigos estaban tan conmocionados que no podían hablar.

-¿Vampiros? – consiguió articular Hermione -. Magos cazadores… Dumbledore violento… no sé, Harry, pero me suena raro.

-¿No me crees? – en cierto modo, había esperado que pasara eso, pero le fastidiaba bastante oírlo de sus labios.

-Por supuesto que te creo, solo digo que me parece extraño – se apresuró a defenderse Hermione.

-¡Vaya mierda de cumpleaños has tenido, tío! – exclamó Ron, ganándose una mirada de reproche por parte de la castaña -. Hablando de tu cumpleaños, tenemos tus regalos en mi habitación.

Harry apenas sentía curiosidad, pero siguió a su amigo hacia la habitación.

NOTAS DEL AUTOR:

Aquí está finalmente el capítulo 2. Antes de nada me gustaría agradecer a JAIMOL y a Saiyury11 por sus reviews. Me alegra sinceramente el recibir reviews

Bueno, en este capítulo hay mucho por comentar. La introducción de los vampiros en el universo de Harry Potter me parecía algo necesario, y creo que va a dar mucho juego. Se sabrá mucho más de ellos en el futuro, y también se descubrirán secretos de la vida de Alistar. Es un personaje que tengo bastante bien defindo y con el que me he tirado tiempo y tiempo dándole forma y convirtiéndole en uno de los más complejos de la historia.

En el siguiente capítulo Harry recibirá sus regalos de cumpleaños, visitaremos el Callejón Diagon, conoceremos a tres nuevos personajes que se convertiran en principales, entre ellos Jade, uno de los pilares centrales de la historia.

Y bueno, aquí os dejo un pequeño fragmento del capítulo 3

-Aquí tienes la llave - finalmente estaban solos. Finalmente eran poseedores de esa esperada intimidad, y finalmente obtenía Harry su regalo.
Cogió la caja negra e introdujo lo que le habia dado Hermione en el candado. Después, giró la llave. Un sonoro clack se extendió por toda la habitación. Levantó rápidamente la tapa. Se había imaginado prácticamente cualquier cosa, pero aquello le superaba.
Un pequeño huevo de color blanco, sin imperfecciones.
-¿De qué es el huevo? - quiso saber, y miró a la castaña a la espera de respuestas.
-¿No lo sabes, Harry? Ahí radica toda la diversión. Debes ser tú el que lo descubra. Puede ser tanto una criatura que quieras tener como una que nunca desearías, pero estoy segura de que no te va a dejar indiferente. Es un doble regalo, lo que te vas a entretener descubriendo que hay dentro, y el animal en sí - explicó Hermione.
Ahora que lo veía mejor, ligeras manchas de color púrpura lo cubrían, y una raya negra bastante ancha lo recorría de arriba abajo por la cara que no se dejaba ver desde el interior de la caja.
-Por cierto, la caja es importante. Está encantada para proporcionar al animal todo lo que necesita para nacer y desarrollarse durante sus primeros años de vida - añadió Hermione, mientras Harry seguía tratando de descifrar lo que había en el interior del regalo.
Y entonces, su cicatriz ardió. El dolor era tan intenso que empezó a caer hacia el suelo, y el regalo junto a él. Rápidamente extendió la mano, con la palma mirando hacia el techo, para coger el huevo, pero éste no caía. Se mantenía suspendido en el aire, encima de su mano.

Bueno, el siguiente capítulo va a introducir muchas cosas nuevas, y busqué un trozo en el que se incluyera algo que fuera a tener relevancia, y hasta que nazca, ese animalillo importará bastante. Espero que los que habéis dejado reviews lo volváis a hacer, y aquellos que se dignen a leer esta sección lo hagan también, que cuanto más review, más velocidad.