Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.

Este fic participa en el reto "Viñetas de emociones" para el foro de La noble y ancestral casa de los Black.


Ternura

Sirius apagó el motor de su moto y se desmontó de ella para caminar nerviosamente hacia el pórtico de una casa. Lily ya lo esperaba en la puerta.

-¿Te encuentras bien? ¿Sucedió algo? –La carta que había recibido la había dejado preocupada.

-Es Tracy –Dijo, pasándose la mano nerviosamente por su cabellera –Yo…

-¿Qué hay con ella? Pensé que no iban a salir mas –

-Sí, pero eso era antes… Tracy está embarazada –Las palabras dejaron helada a Lily, pero aun mas le sorprendió lo afectado que se veía Sirius –Debes ayudarme, ella no quiere quedarse con el bebé, dice que tomará una poción pero yo… Lily, no quiero que mate a mi hijo.

Lily miró a los ojos a su amigo, sin saber qué decirle. Nunca, en todos los años que llevaba conociéndolo, lo había visto así. Ni siquiera había creído que fuese de la clase de hombre que quisiese ser padre. De hecho, ni el propio Sirius había sabido que la paternidad era algo que quería hasta que Tracy le había dicho que abortaría. Y aunque sabía que algunas de las razones que ella le había dado para abortar al bebé eran válidas, la simple idea de hacer aquello lo estaba matando.

Sabía que eran demasiados jóvenes, sabía que ni siquiera habían terminado sus estudios, y que no tenían una relación seria. Pero esa diminuta persona que crecía dentro de ella era una parte de ambos. Era justamente eso, una persona, una vida, y Sirius la valoraba demasiado como para querer eliminarla.

-¿Quieres que hable con ella? –Le preguntó Lily –Podríamos ir juntos, ahora mismo, si quieres…

-¿Podrías? Le he dicho de todo, que me haré cargo, que lo cuidaré… Pero ella simplemente no quiere tenerlo.

Sirius cerró los ojos y se dejó hacer por el abrazo de su amiga. De nada había servido la última media hora que había pasado intentando convencer a Tracy de que no lo haga, miles de planes y de promesas para que al final ella le dijese que ya era tarde, que ya lo había hecho y que no lo lamentaba.

Pero él sí lo hacía. Por unas horas se había imaginado a sí mismo sosteniendo a un pequeño bebé. Se había ilusionado con darle la clase de infancia que él no había tenido y que tanto había deseado. Había imaginado risas y llantos, y había creado un futuro que ahora ya no tenía.

-Algún día serás un excelente papá –Le susurró Lily –Estoy segura.

-No, claramente no lo haré –Dijo alejándose de ella.

-Por supuesto que lo serás, si tú quieres ser padre puedes serlo… -

-No Evans, si no pude mantener vivo a mi hijo realmente no debería ser padre nunca –Lily suspiró. Quizás Sirius no lo supiese pero, en aquel inútil intento por mostrarse fuerte y seguro, cada palabra que decía, lo hacía demostrar sus verdaderos sentimientos, esos que tan cuidadosamente siempre protegía.

-No voy a discutir contigo hoy, Sirius, porque creo que has tenido suficiente… Pero estoy completamente convencida que serás un excelente padre.

Y Lily no se había equivocado. No, aún cuando desde esa noche Sirius procuró no volver a dejar embarazada a ninguna de sus conquistas, allí estaba, en medio de la sala de su casa, confirmando lo que una vez ella le había dicho.

Sirius miró al pequeño niño entre sus brazos. Era tan diminuto y delicado que lo hacía temblar por el puro temor de que le sucediese algo. ¡Merlín que ni había querido cogerlo en brazos por miedo a lastimarlo! Pero Lily había insistido así que había aceptado.

Y ahora el pequeño Harry dormía tranquilamente en sus brazos, con un aura tan pura y hermosa que hasta el propio Sirius se sentía en paz. Aún en medio de una guerra, y con un millón de problemas encima, en ese instante, con Harry entre sus brazos, viendo como su pecho subía y bajaba por la acción de respirar, nada mas importaba.

-Es hermoso –Comentó, levantando la vista cuando sintió a James regresar de la cocina.

-Deberías buscarte una mujer como Lily y tener hijos, te lo aseguro, no hay nada mejor –Sirius asintió, tan solo para complacer a su amigo.

Dos segundos después clavó su mirada en ella, tan solo para comprobar que Lily lo miraba con esa expresión, esa misma que le había dado aquella noche cuando fue a su casa para contarle lo de Tracy. Y le agradeció, silenciosamente lo hizo por no decir nada de aquello a ninguna persona, especialmente a James.

-¿Quieres ser el padrino? –Le preguntó –Nos harías inmensamente feliz, ¿verdad James?

-¡Lily! –Le reprochó su esposo -¡No debías pedírselo, ahora puede negarse!

Sirius sonrió, comprendiendo inmediatamente el porqué del temor de James. Después de haberlo escuchado por años decir que los bebés apestaban y que él nunca quería ser padre, no podía esperar que su amigo creyese que él quisiese aceptar el padrinazgo. Pero, aún cuando había querido demostrar durante toda su vida que aquello no era algo que quería, lo cierto era que lo deseaba.

Deseaba ser padre, lo había hecho desde el segundo en que supo que esa posibilidad existía, y lo había sufrido desde el instante en que Tracy le había confirmado que había matado a su bebé. Y desde aquel día simplemente no había podido volver a tener la confianza para exteriorizar aquel deseo. No se había sentido capaz para realizar semejante tarea, ni siquiera digno. Pues había fallado. Le había fallado a aquel hijo que nunca nació.

-Yo lo hago –Dijo seguro cuando un cambio de pañales fue inminente –Merlín sabe que los olores feos no son lo tuyo Cornamenta, y no me arriesgaré a que se te caiga mi ahijado por ser un blandengue.

Y así, en una tarde de verano lluviosa, Lily presenció aquello que ella sabía, iba a suceder. Y demonios, no pudo evitarlo, lloró como una tonta mientras veía a su mejor amigo ser aquello que ella sabía, tanto deseaba. Mientras veía como su hijo ganaba un segundo padre.