Otro más, ¿a que soy un encanto de persona humana?


Dean ½

Capítulo I: "Agua fría, agua caliente"

No sabía cómo convencer a su hermana-hermano (Dean) de que no era tan terrible, que sólo tenían que investigar un poco y solucionarían el "problemilla" del cambio de sexo espontáneo.

La chica se encogió sobre el catre, cubierta con la toalla y con el cabello húmedo aún. "Esto es una mierda, esto es una mierda, esto es una mierda…" repetía como un mantra. No le había dejado que volviese a tocarle. "Puedo parecer una tía pero soy más hombre que tú, gilipollas"

- Dean, acabamos de follar, déjate de tonterías y deja que te ayude.

- Ni un paso tío – es difícil olvidar que quien está dentro de ese cuerpazo es tu hermano cuando te taladra con esas esmeraldas que tiene por ojos y te suelta esas lindezas – ¡maldita hija de puta! ¿cómo lo hace? Esto es peor que si la transformación fuese definitiva, al menos podría investigar sin miedo a cambiar de repente ¡cojones!

- Tenemos que averiguar cómo funciona Dean.

- No me toques los cojones.

- Ahora no tienes – se mofó el castaño.

- Estás disfrutando con esto ¿no pervertido de mierda? – acusó con esa voz sensual y femenina que tenía ahora, gimió desesperado - ¡No es justo! ¡qué mierda de voz!

- A mí me gusta, es sexi – otra mirada asesina le hizo reír.

- Lo que faltaba, despierto en ti tu lado hetero, tío, que tengo tetas – dijo enseñándoselas y sobándoselas con curiosidad – por lo menos no están caídas…

- ¡Dean! ¡Las tías no van por ahí enseñando las tetas!

- ¡No soy una tía!

- Ahora sí.

- Esto es una maldita pesadilla – gruñó la pecosa tapándose de nuevo.

Tenían que analizar la situación. La cazadora/cazador explicó cómo había seguido a la amazona hasta un lago termal y ambos habían caído dentro. Ella había desaparecido tragada por las aguas y él consiguió salir, estaba tan agotado que se echó a dormir junto a la orilla.

- Debiste encontrarme ahí – musitó Deanna mordiéndose los labios.

- No había ningún lago Dean, estabas tirada en medio de un prado, con la ropa mojada y helada de frío.

- ¡No me jodas!

- Si no quieres…

- Sammy, concéntrate que esto es serio – gruñó la pecosa – salí del agua y no me alejé ni dos pasos de la orilla

- No había ningún lago Deanita – vale, se había pasado, incluso con ese cuerpo menudo, Dean enfadado era peligroso – lo siento, Dean, no pude resistirme.

- Entonces qué ¿un lago fantasma? ¿Eso existe?

Y a ver cómo investigaban algo así sin saber en qué momento volvería a ser un hombre o no. Al menos Sam no lo había llevado a ningún motel, sino a uno de los refugios clandestinos de Rufus. Uno de los pocos lugares habitables a los que habían ido cuando Bobby aún vivía.

- Tendrás que quedarte aquí mientras yo investigo.

- No, yo voy contigo.

- ¿Con esa ropa? – el castaño se rió, el pantalón le estaba larguísimo y ancho y la camisa dibujaba el hermoso torso. Realmente, la impresión era la de una muchacha que se hubiese puesto la ropa de su novio tras hacer el amor – no puedes salir así a la calle Dean.

- Te odio – se enfurruñó la rubia cruzándose de brazos y dejándose caer en un sillón.

Se tuvo que conformar, se quedó mirando el culo de Sam mientras salía por la puerta, pensando que se sentía igual que siempre al respecto, o quizás estaba más salido que de costumbre. En todo caso, la sensación de que todo se estaba desmoronando alrededor se había atenuado. "Debe ser por el polvo" pensó quitándose las botas, con cuatro pares de calcetines no le iba a dar frío el suelo de madera ¿no?

Estaba a punto de tomar el portátil para seguir la pista a Dick Roman. Sin embargo, el que Sam se haya ido con una sonrisa, sin ningún reproche, sin ninguna recomendación por primera vez en meses hace que investigue un poco sobre lo que le sucede a ella/él mismo.

Introdujo una serie de palabras ("hechizo, lago, hombre, mujer") en el buscador y la primera salida que obtiene es un enlace a la información de una serie de anime en la wiki pedía.

Hay más: alusiones a Harry Potter, santería cubana, hadas (Ummm, no, yuyu) e incluso montones de enlaces a paginas de supuestas Wiccas que se ofrecen filtros de amor. Nada sobre un lago termal que aparezca y desaparezca y haga cambios de sexo espontáneos.

No están muy lejos de Truth or Consecuences, un pueblo con balneario termal en Nuevo México, de hecho la zona es bastante dada a sucesos que se pueden considerar de su competencia, Salem queda a menos de cincuenta kilómetros de ahí, y la cordillera de San Andrés tampoco discurre demasiado lejos.

En la biblioteca general del Condado de Sierra, Sam llegaría a las mismas conclusiones. Se reunió con un experto en tradiciones locales que le cuenta una vieja leyenda sobre un lago que aparece y desaparece a lo largo de la Reserva de San Andrés, apenas hay datos. Es una vieja leyenda que surgió de la unión entre la raza indígena y los chinos que construyeron el ferrocarril hasta Albuquerque. No guarda ninguna relación con las Amazonas.

Cuando Sam regresó a la cabaña, con comida y algo de ropa que pueda servir a Dean, se lo encontró con un par de cubos, uno con agua caliente, otro con agua fría. Semidesnudo.

- ¿Qué haces? – preguntó

- Vas a alucinar Sammy – respondió el rubio cogiendo el cubo de agua fría para echárselo por encima.

- Espera, eres un tío otra vez Dean – dijo boquiabierto y más boquiabierto aún se quedó cuando el cuerpo empapado parece menguar dibujando curvas femeninas bajo la camiseta mojada.

Tiritando, la chica tomó el otro cubo y mostró a su hermano el efecto del agua caliente. Dean parecía tan confundido como Sam pese a ser su propio cuerpo el que cambia de esa forma tan brutal. Se secó rápidamente, antes de que se enfriase el agua haciéndole cambiar de nuevo.

- Agua caliente: tío, agua fría: tía – explicó intentando asimilarlo él mismo.

- ¿Cómo?

- Anime – responde escuetamente el pecoso.

- ¿Qué tiene que ver el porno…?

- No Sammy, A-N-I-M-E, dibujos animados, una serie japonesa de los noventa, trataba de un chico que caía en un lago encantado y cuando se mojaba con agua fría se convertía en chica, volviendo a convertirse en chico cuando se mojaba con agua caliente – explicó el cazador poniéndose los pantalones.

- ¡No me jodas!

- Si no quieres – replicó automáticamente Dean – al menos se cómo se produce el cambio, tenemos que encontrar la manera de acabar con esto Sam.

- O no.

- ¿Qué?

¿Cómo que podía ser una ventaja? ¿Lucifer le había escacharrado el cerebro? Dean quería estrangular a su hermano cuando éste intentó hacerle ver la "parte positiva" a lo de cambiar de sexo a voluntad.

- ¿Y cómo acabamos con esto? ¿Cómo lo hacían en la serie? – preguntó el castaño a su hermano.

- El chico tenía que aprender a convivir con la maldición – gruñó Dean desalentado

Los dos cazadores se sentaron alrededor de la mesa. Sam no podía quitarse de la cabeza las imágenes del cuerpo de su hermano, cómo habían hecho el amor unas horas antes. Contemplando embobado cómo el rubio se tomaba sus salchichas, se acabó la ensalada y el sándwich de atún.

El pecoso se percató del examen a que le sometía el más joven. Terminó el almuerzo y se sentó en el suelo junto a la chimenea encendida palmeando a su lado para que el otro le acompañara. No quería preguntar cómo se sentía. No se habían enrollado desde antes de surgir todo el asunto de los leviatanes. Tampoco iba a presionar tan pronto.

El castaño se dejó caer a su lado, contemplando el perfil de su hermano. Su compañero de viaje no se asomaba desde que compartió la ducha con Dean y la cercanía del mayor hacía que se sintiese seguro por primera vez en mucho tiempo. ¿Estaba siendo egoísta? Se reclinó un poco sobre el hombro del mayor que automáticamente lo rodeó con el brazo atrayéndolo más.

Algo había cambiado en la actitud de su hermano. Estaba aceptando su contacto como no lo había hecho desde antes de caer al hoyo. No sabía si era por el hechizo, o porque se sentía solo, o por lástima… Tampoco le importaba. Suspiró dejándose abrazar y le dio las gracias.

- No lo estropees Sammy – murmuró el pecoso atrayéndolo más hacia sí.

- No sabía cuánto te había echado de menos Dean, me sentía tan… - el abrazo se estrechó aún más.

- Gracias Sammy – musitó su hermano besándole en el pelo con una ternura desconocida.

- No, no tienes…

- Sí tengo, llegué a pensar que me odiabas, todo esto, nuestras vidas, hemos perdido tanto y sólo te defraudo una y otra vez, pero sigues aquí y haces que tenga un motivo para seguir – susurró roncamente, casi avergonzado.

El fuego calentaba la habitación, calentaba sus corazones. Las llamas sacaban destellos multicolores de los ojos del pequeño, vibrantes, llenos de una luz que el mayor creyó que no volvería a ver. Una lágrima que no tenía nada que ver con la tristeza rodó por el rostro libre de toda la crispación, relajado, y llegó hasta la comisura de los labios que esbozaban una sonrisa sincera.

- ¿Estás llorando? – pregunta Sam

- No, debe ser algún efecto secundario de la última transformación – afirmó inseguro, cortando la burla que adivinaba en la expresión del menor fundiéndose a este con un beso cargado de todo lo que no podía volcar en palabras.

_ Continuará...

Cuando me de por ahí :P.