Notas Al principio del Capitulo:
Gracias de corazón por los lindos reviews, favoritos y follows.
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Capítulo 2
Lluvia y Panecillos
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Las primeras gotas de agua cayeron lentamente a mitad de la tarde en el Santuario, tan solo para continuar chocando contra la tierra cada vez con mayor fuerza.
–Creo que es todo lo que podemos hacer –Señaló Milo tras envolver el cuerpo de la pequeña criatura en una manta improvisada con una toalla de baño que encontró en el área de lavandería. Giró su vista hacia la expresión de Camus, quien aún seguía observando el pequeño bultito. El griego sabía que esa mirada en los zafíreos de Camus se traducía en una enorme carga de culpa que el francés se infligía. Lo reconocía desde que eran niños, y fue tras la muerte de Isaac que recordó el peso que proyectaban los ojos de su amigo –Camus, no tiene caso que te culpes ahora –Tocó el hombro del francés, quien negó con su cabeza.
–Pude notarlo. La intuición es nuestro sexto sentido, y esta mañana lo ignoré –El tono en Camus era neutral, pero escondía con habilidad una voz que estaba a punto de quebrarse.
–Pero llegamos a tiempo, y tuvimos suerte de usar tu botiquín de emergencias, de otra manera no hubiésemos logrado detener el curso del veneno –Milo miraba el vaivén en la respiración de la pequeña criatura –Me sorprende. Esa mordida en el lugar equivocado y el veneno se hubiese expandido con rapidez –Milo se vio así mismo orgulloso –En momentos como estos justifico los golpes con el cinturón que Obelius me dio para que aprendiera enfermería –El griego comenzó a reír al recordar a su maestro, un hombre regio y estricto, pero paternal a su debido momento –Me decía que la enfermería no me iba a hacer menos hombre ni haría que el miembro se me cayera, pero que si me ayudaría a sobrevivir con un buen curetaje, ¿Sabes? –Suspiró –Creo que debería visitarlo, sé que me regañaría pero con una botella de ouzo seguro se le olvidará –Milo dejó salir sus pensamientos en voz alta, a fin de disipar un poco la carga mental con la que lidiaba Camus en ese instante, pero el silencio del francés le hizo darse cuenta que quizás no era el momento. Supo que lo mejor que podía hacer es darle tiempo, y dejar expiar sus culpas por su propia cuenta –Iré a la cocina y tomaré algo, me lo debes. Solo recuerda ver su reacción cada cierto tiempo y asegurarte de que duerma, el antídoto funcionará mejor si está tranquila –Dichas aquellas palabras, el griego dejó su mano al aire en señal de despedida y se marchó, dejando a un tranquilo Camus observando a la pequeña minina descansar en una cesta que serviría de lecho temporal.
La siguiente hora todo parecía igual. Sin ningún cambio, Camus se aseguró de que la gatita respirara, mirándola más de cerca. El viejo observatorio era el lugar donde se encontraban, pues allí Camus había guardado el botiquín tras haberse cortado accidentalmente con una navaja corta cajas. Milo tenía razón, y sin decírselo sabía la razón de la cháchara de su amigo. Los sentimientos de culpa eran difíciles de dejar atrás, y de alguna u otra manera se sentía responsable de las consecuencias que sufrían aquellos cercanos a él. Desde el polluelo que junto a Milo y Aioria encontró y cuidó siendo apenas un niño hasta que el pequeño no sobrevivió, hasta lo ocurrido con Isaac, y sin mencionar a Hyoga e incluso a Surt. Aun trataba de compensar el daño a Milo tras lo sucedido en Asgard. La culpa siempre era una cruz silenciosa que Camus llevaba a cuestas de forma discreta, y por esa razón era difícil distraerse al sentirse responsable por no dar con el paradero de la pequeña gatita. Incluso los recuerdos de sí mismo devolviendo en un par de ocasiones a la criatura a las afueras de Acuario luego de lanzarle una gélida mirada llegaron a su memoria. Estaría pendiente de ella, no se movería del observatorio.
De vez en cuando la minina se removía entre la capa de toalla que la cubría, y Camus se incorporaba a fin de cubrirla de nuevo, siguiendo las indicaciones de Milo. No tuvo interés en cenar, y apenas revisó los libros en el escritorio. Las horas transcurrieron y el cuerpo del francés sucumbió ante el agotamiento acumulado tras la batalla en el coliseo, la falta de alimentos durante el día y la preocupación a raíz de lo acontecido. Sin darse cuenta, Camus se quedó dormido mientras ojeaba un libro sobre antídotos que descubrió días antes entre los libros mohosos que pudo rescatar y que pensó que lo ayudaría.
A la mañana siguiente, los primeros rayos del sol aparecieron, evaporando la humedad restante de la lluvia del día anterior, y colándose por un agujero en el techo. Dicha luz fue lo primero que la criatura vio, abriendo sus pequeños ojos para estirarse por completo, retorciéndose al darse cuenta de que aún estaba adolorida. Sin embargo, no le impidió incorporarse y tampoco caminar torpemente con ayuda de sus tres patas restantes en buen estado. Exploró discretamente el lugar en el que estaba, sin reconocerlo como familiar. Sin embargo, la figura de largos cabellos que reposaba con sus brazos entrecruzados cubriendo la mitad de su rostro, se hizo fácil de reconocer. Arriesgada y vencida por la curiosidad como pudo subió a un pequeño taburete, llegando hasta la mesa. Acercó su patita al rostro del hombre para constatar que aun respiraba y dio un pequeño toque a la perfilada nariz de este. Una mueca se dibujó en labios de Camus, quien arrugó su tabique nasal. La pequeña gatita repitió el proceso, pero esta vez, un mechón azul en movimiento la distrajo, lanzándose a jugar con este, atrapándolo con sus patas y mordiéndolo.
Solo la risa estruendosa y divertida del caballero de Escorpio logró sacar al francés de su trance, encontrándose con un peso que halaba su pelo.
–Espera Camus, no te muevas, esto va para el álbum de chantajes futuros –En menos de 3 segundos, Milo ya tenía listo el teléfono de su cámara para tomar foto de ese momento tan único. Pero Camus no le escuchó, quitándose a la intrusa de su cabello y mirándola fijamente. La criatura solo atinó a guiñar su ojito izquierdo.
–Parece estar mejor que ayer –Camus parecía observarla con detalle, a lo que la pequeña gata maulló como respuesta –Es temprano, ¿Cómo es que estas despierto a esta hora? –Preguntó a Milo.
–Rondas matutinas –Señaló Milo, quien sostenía una bolsa marrón rebosante de panecillos.
–No tenías nada que desayunar, ¿Cierto? –Camus alzó una ceja.
–Tú tampoco tenías nada en el refrigerador. ¿Pensabas vivir de agua y de sol? –Preguntó jocoso Milo –De cualquier forma traje suficiente para los dos –Sacó un panecillo y se lo entregó al francés –La abuela Violeta de la panadería en Rodorio me los obsequió –Pellizcó un pequeño trozo de otro pan y se lo acercó a la minina que aún estaba en brazos de Camus.
–A veces creo que pasas por su tienda para que te de cosas gratis –Camus dejó a la gatita en el escritorio, comiendo el trocito de alimento.
–Vuelvo y repito lo mismo de hace 9 años Camus. No es mi culpa que a la abuela le guste obsequiarnos a ti y a mí –Mordió un poco de pan –Siempre insisto en comprarle esas enormes galletas que recién hornea en las mañanas, pero no quiere aceptarme el dinero –Su tono de voz cambió para hablar como la abuela –"Pobrecito, las galletas no van a llenarte. Ten, llévate estas bolsa de panes, y acompáñalas con ese café tan delicioso que hace Camus" –Milo imitando a la anciana era un acto digno de ver.
– ¿Delicioso café? Eso acabas de decirlo tú, no ella –Una ligera sonrisa en los labios del francés se formó. Ni en un millón de años se sentía capaz de imitar a una persona con esa gracia tan característica de Milo, y era algo que le gustaba de él, lo abierto que podía permitirse ser en el momento adecuado –Tienes suerte de que mi teléfono esté en la habitación, o de lo contrario sería un buen material para chantajes, en caso de que no quieras que los aprendices del coliseo que tanto te admiran lo vean –Caminó hacia la puerta –De cualquier manera, un café cargado es lo que necesito –Se marchó del observatorio.
–Te acompaño –Milo alzó la voz entusiasta.
–De ninguna manera –Gritó Camus en la distancia –No quiero que sepas donde guardo el café o de otra forma también lo gastarás –Le vio de reojo –Revisa el estado del gato y cuida de que no destruya nada.
–Viejo amargado –Milo suspiró, viendo hacía el escritorio donde la gatita acicalaba sus patas delanteras luego de comer el trozo de pan –Como dijo Camus, pareces estar mejor, pero podemos probar tu capacidad motora –Buscó entre sus pertenencias su llavero, cuya figura de un escorpión de madera, acompañado de una guitarra de madera también, alertaron a la criatura, quien se alzó para tratar de atrapar los colgantes. Milo parecía entretenido con la reacción de la pequeña.
– ¿Sabes? No tendrás problemas, después de todo, no he visto nunca a un animal cazar a una serpiente de esa manera y vivir para contarlo –Sonreía jovialmente –Todo tiene un motivo, y no creo que tu presencia sea coincidencia –Desde lo lejos comenzaba a percibirse el aroma del café –Salvo aquel polluelo que encontramos en el nido, no lo he visto tan preocupado por otra criatura que no sean sus alumnos, o incluso yo –Milo hablaba mientras alejaba y acercaba el llavero que la gatita perseguía –Tal vez seas lo que necesita en este momento, y no puedes quedarte sola.
Aún permanecían en la memoria de Milo los recuerdos de un lloroso Camus de 7 años, quien permaneció aislado por una semana luego de encontrar al pequeño polluelo que estaba a su cuidado muerto en la pequeña caja que tenía para él, a modo de cuna. El pequeño francés hizo lo posible por cuidar de él, asegurándose de alimentarlo con la dosis adecuada de comida que se debía dar a las aves abandonadas a falta de sus madres. Después de ello trató de mantenerse al margen de situaciones similares, excusándose tras diversas razones. No se sentía capaz de experimentar un lazo con una criatura que podía romperse fácilmente, pero aquello no fue excusa para ignorar a una pequeña gata huérfana morir a falta de alimentos.
Finalmente, Camus regresó con una bandeja, donde sostenía dos tazas de café y un pequeño platito.
–Agregué leche al tuyo –Camus le entregó una taza a Milo, y dejó un platito en el suelo para la gatita, quien fácilmente reconoció el aroma, abandonando al griego y su llavero para comer con ganas.
–A veces creo que eres la madre que nunca conocí –Milo guiñó un ojo antes de tomar su café –Si, tienes ese toque maternal que le hizo falta a mi vida.
–Apartando los juegos –A Camus no le hizo gracia el comentario del caballero de escorpio – ¿Cómo se encuentra? –Preguntó a razón del felino.
– ¿La verdad? Necesitará quedarse bajo techo un tiempo más –Milo bebió otro sorbo de café –Estoy seguro que esa serpiente no es la única por los alrededores, y no podemos arriesgarnos a que le suceda algo otra vez si se queda a la intemperie –Mordió un panecillo relleno de salsa de manzana –Eres con quien está más a gusto y no te causará problemas, además, cazó un ratón que merodeaba por tus libros hace poco –Aquello ultimo era mentira, y pudo ver el rostro de sorpresa en Camus, pues sabía que si algo le preocupaba, era la presencia de un agente que amenazara la integridad de los textos.
–Supongo que no hará daño –Camus tomó un poco de café –Más vale no traiga al interior de la casa esos animales muertos que caza.
Lo que se pensó serían días, acabó por convertirse en una estadía permanente. La costumbre y la ausencia de razones para desalojar a la pequeña inquilina de acuario eran más evidentes para explicar lo que ahora se convertía para ambos, humano y felino, en una relación de amistad, mutuo respeto y afecto, donde las palabras no eran necesarias, tampoco la compatibilidad de ideas. Milo podía asegurarlo como un testigo evidente de lo bien que le sentaba la compañía de aquella gatita al caballero de Acuario, convirtiéndose en una guardiana más de la onceava casa, quien cuidaba celosamente de cada rincón de aquella estructura de intrusos indeseados, al igual que a su guardián.
Porque si, los ratones que cazó en un principio provenían del templo de Acuario, específicamente del viejo observatorio.
Porque al final, Camus de Acuario era cuidado por aquella criatura.
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Notas al final del Capitulo:
Aún quedan detalles por contar. Sin embargo no sé si serán varios en un solo capitulo o diversos capítulos sumamente cortos. Pero dependerá de cuanto me extienda. Básicamente serán episodios de eventos entre Camus y su pequeña, los típicos entre gatos y sus humanos. También estará la razón del nombre de "Perséfone"
Feliz inicio de semana
