Disclaimer: Todo es de GRR Martin. Y esta historia participa en el reto 29 del foro Alas Negras, Palabras Negras.

locura (o fantasmas de vino)

Gira la copa de vino, bien sujeta entre sus dedos. El líquido es de un color rojo oscuro, casi negro. Parecido a la sangre y casi tan espeso como ella. Bebe a su salud, bebe su sangre, con una sonrisa torcida en la cara.

La luz de la fogata le alumbra la cara a medias, resaltando la reciente cicatriz, que parte en la sien y terminaba en el mentón, prominente, aun no cerrada del todo y que se ganó por entrometerse en un problema que no le competía a él. Su mirada, perdida en la inmensidad del mar que se extiende ante su persona.

Es quizás algo joven para ingerir semejante cantidad de vino. Y si Osha le encuentra, cosa que seguramente ocurrirá mañana, le llegará una bronca de esas. Pero aquello no importa, no al menos en esos momentos.

Esta triste y un poco loco, con el vino en la cabeza y el estómago vacío. Se siente solo, el corazón encogido en un puño. El mar que baña las costas de Skaggos parece querer alcanzarle, perseguirle.

Rickon se aleja unos pasos, torpemente. Aquel brebaje es demasiado fuerte, le invita a dar rinda suelta a sus emociones. Y a sus fantasmas, quienes solían escoger esta clase de momentos para hacerse corpóreos.

Fantasmas, seres, entes, recuerdos, memorias. Todo preso dentro de su alma. Ira. Ellos toman el rostro de los que cree, eran su familia. No lo sabe con certeza.

Una mujer algo mayor, de cabello colorín y una expresión severa pero a la vez dulce. ¿Su madre? Le acaricia el rostro, le besa, le dice que todo estará bien. Le quiere.

Luego, un chico parecido a él mismo, aunque de unos refulgentes ojos azules, facciones suaves y un aura de confianza en sí mismo, como si su sola presencia te invitase a estar tranquilo porque él lo solucionaría todo, te invitase a seguirlo. Él le mira con orgullo y Rickon se infla ante esa mira, le revuelve el cabello, risueño, y Rickon se siente como el chico más afortunado del mundo.

Rickon les grita que le lleven con él, que por favor no lo dejen solo. Pero el chico se desvanece, igual que la mujer y el hombre de rostro adusto que siempre aparece con ella y que sujeta con ambas manos una espada enorme. Todos le abandonan, le dejan.

Él les necesita, su cariño, su presencia eterna. Ruega, ruega, ruega hasta quedarse sin voz, por favor, por favor, por favor no quiero quedarme solo, por lo que más quieran, no se vayan. Por favor.

Y Rickon llora, lagrimas amargas de vino y soledad hasta dormirse.

Y a la mañana siguiente, Osha le halla. Sonríe y pide a quien sea que este sobre ellos, que por favor cuiden a su príncipe.