Disclaimer: Los personajes y trama original de 'Inuyasha' son propiedad exclusiva de Rumiko Takahashi, y los tomo prestados sin fines lucrativos.
Field of Fireflies
Por: Hoshi no Negai
2. Consecuencias
—... Eh… Y-Yo… —estaba paralizada, aún no terminaba de entender que era lo que había pasado. Sólo era consciente de que estaba en frente del señor Sesshomaru. Estaba serio. Muy, muy serio.
Su cerebro ya comenzaba a procesarlo con extrema lentitud: Le había robado un beso. Y él había despertado.
Su piel debía estar al rojo vivo, puesto que le ardía como nunca.
Estoy muerta.
Aclaró su garganta cuanto pudo; la amarga sorpresa había eliminado casi por completo cualquier rastro de voz en ella.
Él laseguía mirando con esa expresión en blanco que casi demandaba una explicación.
¡Estoy más que muerta!
—¡Lo siento mucho! —gritó con lo que ella pudo escuchar como un hilito de voz y echó a correr lo más rápido que sus temblorosas piernas pudieron.
Muy valiente, replicó una voz interior. Rin ni siquiera tuvo las fuerzas para mandarla a callar, lo único en lo que se concentraba era en correr, alejarse de allí cuanto antes. Era todo en lo que podía pensar.
…
Ahora que lo evaluaba desde otro punto de vista, el señor Sesshomaru debía estar colérico por su atrevimiento. ¡Más que colérico, demonios! ¿En qué había pensado? Todavía no podía creer lo que había siquiera se lo había imaginado, sólo lo hizo y ya. Su mente estaba completamente en blanco mientras se acercaba a su rostro hasta que lo besó. Estaba bien fantasear con cursilerías románticas cuando nadie podía salir lastimado, pero esta vez había llegado demasiado lejos.
Lo único que podía hacer ahora era esperar que él simplemente olvidara aquel incidente y fingiera que nada había ocurrido.
Sí, claro, como si eso fuera a pasar.
Bien, nueva táctica: Se escondería en su habitación hasta el fin de los tiempos para evitar volverlo a ver. No, eso era tonto. ¿Cómo comería? ¿Cuándo iría al baño y se asearía?
¿Y si se escapaba? Podía tomar a Ah-Un y volar hasta la aldea de la anciana Kaede. Les diría a todos que había cambiado de opinión y todo volvería a ser como antes. O también podría empezar una nueva vida en otra aldea, al otro lado del mundo para mayor seguridad, cambiarse el nombre e inventarse un pasado para no dejar ninguna pista que guiara a su paradero.
¡Algo tenía que hacer! Quizá cavar un gran hoyo en el patio y pedirle a alguien que lo cerrara con una enorme roca. Sí, ésa era una buena idea. De alguna forma tenía que evitar cruzarse con él, aun sabiendo que era inevitable, pero era más tranquilizador maquinar planes para pasar desapercibida hasta que las aguas se calmaran.
Armaba y deshacía métodos evasivos en su cabeza a toda velocidad en busca de la huida perfecta; pero lo único que lograba era una fuerte jaqueca. No había escapatoria al desastre que había provocado. ¿O de verdad estaba exagerando las cosas y convirtiéndose en una paranoica? Aunque nunca estaba de más pensar en los peores escenarios... en caso de que ocurrieran y tuviera que enfrentarse a ellos.
—¡Rin!
—¡Aaahg! —pegó un brinco en la cama y apretó las sábanas sobre ella.
—¡Niña tonta! ¿Qué demonios te ocurre? —sólo era Jaken. Una oleada de tranquilidad recorrió su cuerpo. Había estado tan enfrascada ideando estrategias que no notó que alguien entraba en su alcoba.
—¡Qué susto me ha dado, señor Jaken!
—¡El susto me lo has dado tú a mí! ¡Cada vez eres más rara...! —hizo una pausa mientras Rin se destapaba y lo miraba entre aliviada y nerviosa—. ¿Por qué no regresaste esta tarde? Me quedé horas esperándote como un idiota para luego enterarme que te habías encerrado en tu cuarto. Y veo que ni le diste el mensaje al amo... —recriminó refunfuñando—. ¿Por qué no lo hiciste? —a la chica se le subieron los colores con sólo recordar de nuevo aquel hecho.
—Perdón, es que no lo pude encontrar y de repente me sentí un poco mal del estómago —inventó rogando no tener que dar mayores explicaciones—. Creo que me olvidé de que usted me esperaba.
—¡Ya me di cuenta, tonta! —le gruñó—. Gracias a ti me quedé sin hacer nada por un buen rato y perdí bastante tiempo. Muchas gracias. Por cierto, ¿no has notado la hora que es? Ya es muy tarde, te concedo que quieras molestarme a mí, pero no hagas esperar al amo bonito para la cena. ¡Ya es suficiente con que tengamos que permanecer en su castillo abusando de su hospitalidad, no es necesario que le faltes al respeto haciéndolo esperar!
Rin abrió los ojos como platos y apretó los labios. Había perdido por completo la noción del tiempo y olvidó que usualmente los tres se reunían para compartir al menos la cena. ¿Y Sesshomaru la esperaba? Eso no podía ser bueno.
—¿Puede decirle que no tengo apetito?
—¿Estás loca? —se sorprendió el youkai—. Ni muerto. A diferencia de ti, yo sí valoro mi vida. Además parece estar de mal humor. Lo mejor que puedes hacer es apurarte para no molestarlo más.
Un escalofrío le subió por la espalda. Así que estaba enfadado después de todo. ¿Cómo podría darle la cara cuando ya estaba enojado? Oh, el plan de esconderse en un hueco y bajo una roca era tan tentador en ese momento...
—¿Te has visto el cabello? Está hecho un desastre, acomódatelo. Encima que nos retrasas a todos te presentas desalineada, ¡qué típico!—se quejó él cuando abandonaban la habitación.
Rin alisó frenéticamente su larga cabellera mientras recorrían los pasillos oscuros, y volvió a atarse su mechoncito con un lazo bajo, como siempre hacía. El trayecto parecía más largo que de costumbre, al igual que las paredes y el techo se veían más altos. ¿O era que ella se sentía más pequeña?
Jaken la acompañó sin decir nada, observando cómo su rostro se contraía en muecas asustadas de vez en cuando, pero sin hacer ningún comentario al respecto. Esa niña era muy extraña.
Al fin llegaron al comedor principal, ubicado al ala norte del inmenso palacio. Jaken, quien estaba delante de Rin, abrió las puertas con cuidado.
Y en efecto, el señor del castillo los esperaba sentado en la mesa, con su comida enfrente.
El demonio sapo se disculpó rápidamente por la tardanza y fue a sentarse en su lugar, no sin antes echarle toda la culpa a Rin por la irrespetuosa demora. La joven humana no podía siquiera levantar la vista del suelo mientras ocupaba su respectivo puesto en la mesa, con las rodillas temblorosas y los labios apretados. Incluso su respiración era más pesada, casi como si se preparara para correr por su vida. No se atrevía a decir que exageraba con sus reacciones cuando estaba en la imponente presencia del amo del castillo.
Sin más preámbulos comenzaron a comer.
Era una cena tranquila y silenciosa que sólo se veía interrumpida por algunas cuántas palabras de Jaken, y vista desde afuera, no se trataba más que otra comida habitual entre aquel trío.
Pero para ella era una tortura, una lenta y muda tortura que no hacía más que crisparle los nervios. El ambiente era tan tenso que podía ser cortado con un cuchillo, al menos desde donde estaba sentada. Todo lo que quería era salir de ahí cuanto antes para deshacerse de aquella pesada presión que sólo Sesshomaru podía infundir a sus enemigos.
Jaken levantaba de vez en cuando la vista de su mesilla y la miraba entrecerrando los ojos cada vez que no estaba hablando. Bien, eso confirmaba sus sospechas. Algo había pasado con Rin a juzgar por su actitud nerviosa y crispada, como si esperara la más mínima chispa para estallar. Y tal vez... ¿también el señor Sesshomaru estaba involucrado? Le echó una mirada disimulada y supo de inmediato que tenía razón. Sólo alguien que lo conociera desde hacía siglos podría ver que entre su seriedad habitual había un deje de rigidez poco común. Como si algo le molestara. ¿Serían elementos aislados o estaban relacionados? Viendo que Rin intentaba no alzar la cara de su comida apenas tocada, podía adivinar que la segunda opción era la correcta.
Seguramente había hecho alguna tontería.
¿Pero qué clase de tontería sería lo suficientemente grave como para justificar aquella tensión?
Hasta ahí no podía llegar su poder de deducción. A no ser que Rin se hubiera burlado de él de alguna forma, o hubiera hecho algún comentario preferencial hacia el detestable de Inuyasha en lugar de favorecer al amo, no tenía ni idea de qué habría pasado. Rin era muy tonta e impulsiva, conociéndola, podía tratarse de, literalmente, cualquier cosa.
Mientras Jaken trataba de encontrarle una explicación lógica a lo que pasaba, una que lo llevaba por caminos cada vez más lejanos de la realidad, Rin se ahogaba con su propia vergüenza. Aquella cena se le hacía interminable e insoportable. No era sólo que lo hubiera besado cuando él dormía —cosa que, ahora que lo pensaba bien, era algo un tanto perturbador... como algo que hacían sólo los acosadores—, sino que lo peor de todo es que la había atrapado con las manos en la masa. Ahí no había excusa que pudiera salvarla, pues la verdad era tan peligrosa como cualquier tontería salida de su cabeza para explicar su extraño comportamiento.
Cuando llegara el momento de enfrentarlo, ¿qué se suponía que le diría? Lo siento mucho, es que usted se veía realmente guapo, y como nunca había besado a nadie, quise que usted fuera el primero. Dioses, no, sonaba patético. Patético y cierto. Sentía la gran necesidad de estrellar repetidamente la cabeza contra su mesita mientras se recriminaba una y otra vez lo que había hecho, pero sabiéndose con público supo contenerse. Aunque estaba realmente cerca de sucumbir.
En un momento de involuntario valor, reunió toda su fuerza de voluntad y se atrevió a mirarlo por el rabillo del ojo sólo para saber que estaba haciendo. Un vistazo rápido y ya, sólo para evaluar qué tan molesto estaba, se había dicho.
Pero no se había esperado que él hiciera lo mismo, aunque con mucho menos disimulo. Sus ojos amarillos entrecerrados la escrutaban abiertamente sobre su taza de té. Los escalofríos volvieron a recorrerle la columna como un relámpago helado, haciendo que los cabellos de su nuca se erizaran ligeramente.
Por esa mirada ya podía saber que estaba en serios problemas.
Tratando de disimular el brillante color rojo que su rostro había adquirido regresó la vista a su plato y, siguiendo el juego de que todo estaba bien, se llevó la taza a la boca y sorbió. Pero la pobre estaba tan nerviosa que no sólo tragó té, sino también una gran burbuja de aire que la hizo toser con fuerza.
Dejó el vasito en su sitio y tapó su boca para contener el rudo sonido, pero le fue imposible. La tos ahogada resonaba por toda la gran estancia en un eco que llenaba el silencioso vacío, magnificándola mucho más de lo que ella necesitaba. Sus ojos se aguaron y su pecho comenzó a doler cuando Jaken le dijo no muy amablemente que se detuviera porque lo que hacía era una grosería total. No hacía falta que se lo dijeran, ella misma ya se había dado cuenta. Especialmente porque ahora le era imposible pasar desapercibida y el señor Sesshomaru no le quitaba la mirada de encima.
Tras un minuto que le pareció eterno, la tos al fin disminuyó hasta desaparecer por completo, dejando como evidencia lágrimas del esfuerzo y mejillas ardientes. Rin no se atrevió a desviar los ojos hacia quien comía entre sus lacayos, aunque sabía que él no apartaba los suyos de ella.
—L-lo siento —consiguió decir cuando recuperó la voz. Tomó un pequeño sorbo para aliviar el picor en su garganta, rogándole a todos los dioses existentes que no le enviaran otro ataque de tos. Ya había pasado demasiada pena por un día, gracias.
No transcurrió mucho más tiempohasta que Sesshomaru se alzó de su puesto y caminó elegantemente hasta la puerta, dejando sus alimentos sin apenas unas porciones menos. Verlo comer era tan raro como verlo dormir, y Rin había aprendido desde pequeña por mano de Jaken que, pese a su porte distinguido, el demonio prefería consumir carne cruda y recién cazada antes que la comida cocinada. El que los acompañara a cenar era una cortesía muy extraña hasta para Jaken.
—Buenas noches —fue todo lo que dijo antes de marcharse.
Sabiéndose fuera de su escrutinio, Rin se tomó la libertad de soltar una enorme bocanada de aire. Casi sentía los músculos más flojos, aliviados al estar fuera de los efectos de la adrenalina. Dejó reposar la cabeza en sus palmas abiertas mientras hacía ejercicios de respiración hasta que la vocecilla aguda y rasposa de Jaken interrumpió su línea de pensamientos.
—¿Se puede saber qué demonios fue eso?
—Soy una gran, gran tonta.
—Dime algo que no sepa —resopló rolando los ojos. Rin no quería descubrir su cara de entre las manos—. ¿Qué has hecho ahora?
—Algo que de verdad no tendría que haber hecho.
—¿Y entonces por qué lo hiciste?
—Todavía no lo sé, señor Jaken... todavía no lo sé —murmuró suspirando cansada. Qué día más raro había tenido. Lo único que quería hacer era meterse en la cama y despertar al día siguiente con la certeza de que todo había sido un sueño. O pesadilla, mejor dicho, porque pocas cosas podían ser más pavorosas que el miedo de la incertidumbre, y ciertamente, la incertidumbre era a lo que menos quería enfrentarse en ese momento. Especialmente cuando el señor Sesshomaru era parte de ella.
—¿Es algo por lo que tenga que salvarte el pellejo otra vez? Porque pensé que ya estabas muy grande como para que te cuidaran los demás, si mal no recuerdo —se burló Jaken. Rin estaba actuando un poco más extraño de lo habitual y no sabía cómo lidiar con eso. Lo único que se le ocurría era picarla hasta hacerla ceder, pero no parecía estar de humor para seguirle el juego esta vez. Bien, tendría que cambiar la táctica. Soltó un suspiro pesado y se preparó para lo que venía—. Dime qué hiciste y ya veremos qué se puede hacer. Después de todo, si te metes en problemas y te pasa algo, el amo me matará.
No cuando quiera matarme él a mí, estuvo por responder dramáticamente. Descubrió el rostro sin querer hacerlo, pues hablar entre las manos era bastante molesto, y le dio una mirada de soslayo a Jaken. Siempre supo que en el fondo él era bueno. No bueno-bueno como Kagome ni bueno-heroico como Sango e Inuyasha, pero sí lo suficientemente amable como para ayudarla de verdad en momentos importantes. Y no sólo porque el señor Sesshomaru se lo ordenara.
Quizás a él se le ocurriera algo... o tal vez la ayudaría a cavar ese hoyo que tanta ilusión le hacía.
—Está bien. La cosa es que... bueno, esta tarde cuando usted me pidió que le pasara el mensaje al señor Sesshomaru, lo encontré y... estaba dormido. Nunca lo vi dormir, así que me quedé un momento para asegurarme de que fuera así. Pero como me distraje, una cosa llevó a la otra y...
—¿Y...?
—Digamos que hice algo como... besarlo —admitió en voz muy bajita y el cuerpo comprimido. Genial, sonaba aún más vergonzoso decirlo que pensarlo. Jaken la miró de hito en hito con los enormes ojos amarillos abiertos a su mayor capacidad. Rin pensó por un segundo que tendría que esquivarlos cuando salieran volando de sus cuencas.
—¿Que tú qué? ¡¿Estás demente?! ¡¿Por qué rayos hiciste eso?! ¡¿En qué estabas pensando?! —la señaló acusadoramente con el dedo, como si fuera la responsable de la mayor catástrofe a nivel mundial. Como si con algo tan simple como un beso los hubiera condenado a todos a mil años de una tortuosa agonía.
—¡Ya le dije que no lo sé! ¡Sólo...! Sólo lo hice y ya, no tenía nada en la cabeza.
—Sí, como , Rin... —resopló tomando asiento una vez más. Se había pegado en la cara con la palma abierta y negaba lentamente con la cabeza. ¡Como si Rin no se sintiera ya lo bastante mal al respecto!
—¿Qué puedo hacer, señor Jaken? —preguntó resignada al cabo de un momento, como si realmente no esperara ningún consejo alentador.
—Correr y esconderte, por ejemplo. O regresar en el tiempo y darte un golpe antes de cometer tal estupidez —contestó él mirándola ceñudo. Rin se hundió en el cojín que le servía de asiento, con la cara tan roja y caliente que juraría que podría derretir bloques de hielo en cuestión de segundos—. Creo que sólo tienes dos opciones: o vas y te disculpas —la chica se encogió aún más, aterrorizada ante la idea de tener que hablar con Sesshomaru cara a cara—, o simplemente lo ignoras y sigues con tu vida.
—Creo que regresar en el tiempo es más fácil.
—Deberías disculparte —aconsejó Jaken sin ningún dejo de reprimenda, algo bastante raro en él—. El amo está molesto y merece una explicación.
Rin soltó un suspiro derrotado. Aquello era cierto, pero no por ello le alegraba. A su pensar, ésa sería la parte más difícil y peligrosa.
—No creo que la explicación pueda mejorar su humor...
—¿Por qué dices eso?
Rin levantó los ojos del punto muerto en la mesa donde los tenía fijos y los clavó en el pequeño demonio que se sentaba frente a ella. El miedo y la tristeza inundaron su mirada una vez más.
—Porque creo que estoy enamorada de él.
La respuesta de Jaken ante su confesión de amor era lo que menos se esperaba. Había pensado que le gritaría lo tonta que era, que le recriminaría por guardar sentimientos tan estúpidos ante el ser más poderoso del país, que era una humana tonta e ilusa... pero en cambio, el youkai verde sólo exclamó pesadamente volviéndose a llevar una mano a la cara, mirando al techo en un gesto de súplica por paciencia.
—Pero qué tonta eres —murmuró. Aparentemente Rin no se había equivocado del todo—. No sé para qué los humanos sienten esas cosas, con la cantidad de imprudencias que les hacen cometer y lo débiles que los vuelven. Pensé que te salvabas, pero ya veo que no —la chica estuvo a punto de replicar para defenderse, pero Jaken la interrumpió antes de que la primera palabra saliera de su boca—. Mejor sólo ignóralo y pretende que nada pasó luego de disculparte apropiadamente. Tienes razón, el amo no estará muy contento si le dices eso.
Rin no sabía si sentirse aliviada o herida. Aliviada porque no era una opción tan difícil después de todo: ya se había disculpado, lo siguiente sería pretender que nada había pasado. Podía hacer eso si ponía suficiente empeño. Pero por otro lado, no podía evitar sentirse bastante mal. No era su culpa guardar tales sentimientos, ¡ella ni siquiera los había pedido! No era algo que pudiera evitar, y aun así tenía un mínimo atisbo de esperanza e ilusión al respecto. Era una chica, y Sesshomaru era, literalmente, y en el uso correcto y cursi de la frase, su primer amor. Ninguna chica, por más rara o diferente que fuera, era inmune al efecto del primer amor, aunque Rin deseaba serlo por completo.
Pero, ¿qué podía hacer? Había escogido la vida con los demonios, y en ese mundo los sentimientos como los suyos no tenían lugar. Lo tendrían si aún siguiera con los humanos, y al decidir seguir con el señor Sesshomaru había dejado con ellos la parte más humana de ella atrás.
O eso era lo que quería creer.
La verdad era que, estuviera donde estuviese, sin importar la compañía o la situación, Rin no podría negar su humanidad tan fácilmente y ahora vivía los efectos de haberlo intentado. Y por ello, tendría que afrontar las consecuencias que eso albergara: un corazón roto, ni más ni menos.
Ya había escogido ese camino y no podía dar marcha atrás. No tenía más opción.
Sintiéndose mucho más triste y pesada de repente, Rin hizo un esfuerzo por ponerse en pie. Su cena, al igual que la del amo del castillo, apenas había sufrido alteraciones desde el momento de presentación. Recogió los platos en silencio hasta que Jaken, que pasaba por su lado para salir, la interrumpió.
—¿Quieres dejar eso? Siempre haces lo mismo, sabes que lo limpian todo apenas salgamos de aquí. No hagas tareas de sirvientes, que ya bastante has dañado tu imagen por hoy.
Sin ánimos para replicar, le dedicó una mirada vaga a los platos y utensilios. Le daba pena con los empleados, ya que siempre intentaba ayudar en todo lo que podía para ahorrarles un poco de trabajo, pero esta vez debía que admitir que Jaken tenía razón. Además de que tenía muchas otras cosas en la cabeza de las que ocuparse.
...
El daiyoukai permanecía parado al otro lado de las puertas del comedor completamente inmóvil. Lo había escuchado todo. Absolutamente todo.
Y lo que oyó no lo tomó por sorpresa, en realidad.
Había notado desde hacía un tiempo que su protegida actuaba de un modo diferente en su presencia. La veía sigilosamente hablar con Jaken, jugar con los niños de los sirvientes y cepillar a Ah-Un; siempre alegre y sonriente.
Pero cuando él se le acercaba, ella cambiaba. Su voz temblaba tenuemente y tartamudeaba. Sin mencionar que se mostraba más tímida cuando platicaba con él. Y ella nunca había sido así, sino más bien todo lo contrario (creo que sonaría mejor "sino más bien "todo lo contrario"). Cuando era niña no había nada que tuviera que ocultarle, siempre le contaba todo muy abiertamente con una sinceridad poco usual en el resto de las criaturas que había conocido a lo largo de su vida. Rin siempre había sido transparente como el agua y jamás había intentado ir en contra de su naturaleza.
Quizás por eso su actitud reciente le molestaba. No estaba acostumbrado a que intentara esconderle cosas, y verla mortificada por ello se le antojaba muy poco normal. Ella nunca se mortificaba por nada, siempre estaba de buen humor. Y ser él el único causante de su cambio era algo que realmente le resultaba extraño.
Bueno, sólo hasta que comprendió el por qué.
—Deberías disculparte —escuchó que dijo Jaken en el comedor. Mentiría si pensara que aquella peculiar situación le desagradaba, pues todo lo que hacía era despertarle una curiosidad que prácticamente nunca en su vida había experimentado—. El amo está molesto y merece una explicación.
Rin suspiró lastimeramente. Por una vez, Sesshomaru le daba la razón a su fiel sirviente: una explicación era lo que debía darle.
—No creo que la explicación pueda mejorar su humor...
—¿Por qué dices eso? —Jaken cambió el tono de voz como si de verdad quisiera saber. El demonio que escuchaba la conversación desde afuera entrecerró los ojos, pero los abrió en su totalidad al escuchar la respuesta de la humana:
—Porque creo que estoy enamorada de él.
El resto del intercambio de palabras dejó de parecerle importante después de eso, así que se marchó dejando atrás las puertas del comedor que poco después se abrirían para dejar salir a los que había dejado ahí adentro.
Sabía que Rin sentía alguna clase de atracción por él, la muchacha era evidente y cualquiera podría darse cuenta con facilidad. Tenía sentido, claro, siendo él el único miembro del género masculino que estaba constantemente con ella, que tarde o temprano le resultara un poco más atrayente. Pero, ¿enamorada de él?
Sesshomaru no tenía casi conocimientos sobre lo que abarcaba esa palabra por completo, pero sabía lo suficiente como para cubrir lo más básico. Para los humanos, el amor era el sentimiento positivo más importante que existía, mientras que para los demonios era el que estaba más al fondo de las prioridades e intereses. Incluyéndolo a él.
Pero que Rin admitiera que sentía eso por él de repente le pareció curioso. Y no de una mala manera.
Siguió caminando sin ninguna expresión en particular que delatara lo que pensaba, con la oscuridad del corredor envolviendo su cuerpo como si fuera un fantasma silencioso. Su rostro permanecía inmutable como de costumbre, lejos de revelar la chispa de interés que se había encendido en él.
...
Rin y Jaken tomaron rumbos separados al salir del comedor, cada uno enfrascado en sus propios asuntos como para siquiera darse las buenas noches. Rin agradecía de todo corazón su consejo, aun contando lo rudo que había sido —¿aunque qué más se le podía pedir al señor Jaken? —, pero un consejo era un consejo, y al verse sin verdaderas opciones, se veía obligada a intentar seguirlo. La próxima vez que se topara con Sesshomaru tendría que actuar con naturalidad, y si lo veía necesario, se disculparía de nuevo. Pero no se atrevería a excusarse ni darle la razón de su estupidez impulsiva. No, lo dejaría con un "lo siento mucho" y de ahí las cosas tendrían que seguir su curso normal.
Fuera el que fuera.
Estuvo un rato caminando por los pasillos enredados sin apenas darse cuenta, arrastrando los pies como si estuviera condenada a la hoguera. Rayos, tenía que dejar de preocuparse tanto... tampoco era el fin del mundo, ¿no? Sesshomaru siempre había tenido consideraciones especiales para ella, de seguro todo estaría bien.
Sí... era lindo soñar con eso.
—Por los dioses, ¿cómo la gente no se pierde aquí? Deberían tener carteles con direcciones en cada esquina —se quejó entre dientes al darse cuenta de que se había perdido de nuevo. Tan entretenida estaba sintiéndose como un alma en pena que poco se fijó por dónde iba. Pero tampoco podían culparla, no llevaban más de un mes metidos ahí desde su último viaje, y ese sitio era demasiado grande como para que uno tardara en aprendérselo de memoria.
Era en momentos como ése que extrañaba estar al aire libre, sin paredes ni muros ni nada que limitara su campo de visión ni sentido de ubicación. Aunque sabía que podía tomarle cariño a ese lugar en cuestión de tiempo —la gente era realmente amable con ella, y ya tenía algunos amigos— , nada podía reemplazar a las maravillas del mundo exterior.
Siguió por el pasillo esta vez viendo bien cada tramo que recorría en un intento de adivinar dónde estaba. No fue hasta que llegó a la salida que daba al patio norte que supo ya cómo llegar a su cuarto. Al menos no estaba demasiado lejos, sólo debía subir unas escaleras que aparecerían en el siguiente corredor a mano derecha hasta subir al tercer piso de aquella ala. Desde allí al menos no era tan fácil perderse. Si tan sólo no estuviera todo tan oscuro...
Entendía que todos los habitantes de esa fortaleza fueran demonios y tuvieran los sentidos más que desarrollados para ver bien sin casi nada de luz, ¿pero apagar las antorchas era realmente necesario? Sólo podía guiarse por la tenue luz de la luna que entraba por las ventanas, y siendo luna creciente no era mucha que digamos. Seguramente era parte de su día de mala suerte y todos se habían olvidado de encender las luces en esa área, o alguna ráfaga las hubiera apagado de repente.
Daba igual. Dentro de poco estaría en su cama lejos de toda preocupación, enterrada bajo esas deliciosas mantas que la recibirían amorosamente y la ayudarían a aplacar todas sus preocupaciones.
Pero apenas llegó al rellano del tercer piso, aún con un pie sobre el último escalón, tuvo que detenerse. Todo estaba como boca de lobo gracias a una nube pasajera que tapaba lo poco que la luna dejaba ver de sí, pero entre toda la oscuridad pudo distinguir dos pequeñas fuentes de luz amarilla. Rin entornó los ojos tratando de distinguir de dónde venían, pero de verdad no podía ver nada. Ese castillo estaba lleno de secretos, y seguramente se había topado con uno de ellos.
Corroída por la curiosidad se acercó lentamente hacia ellas y extendió la mano para atraparlas. No podían ser luciérnagas, estaban demasiado quietas, flotando en medio de la nada. Sólo tuvo que dar unos pasos más para darse cuenta de que no eran más que un par de ojos, pero no cualquier par de ojos...
Retiró la mano de golpe al dar un respingo por el susto. Sesshomaru estaba ahí, parado en la oscuridad, al lado de su habitación.
Poco a poco su figura se aclaraba más, dado que los ojos de Rin se acostumbraron a la penumbra. Estaba serio, como siempre, y sintió miedo. Nunca pensó que llegaría a encararlo tan repentinamente. Su cuerpo sintió la necesidad de apartarse, aunque sus ojos no podían dejar de mirarlo.
—Oh, se-señor Sesshomaru —soltó sin siquiera pensarlo, llevando la agarrotada mano al corazón para intentar apaciguarlo. Estaba segura de que podía oler las oleadas de turbación que emanaban de su cuerpo—. Me asustó. ¿Sucede algo malo? ¿Qué... qué hace por aquí a estas horas?
No obtuvo respuesta. No sabía si eso la tranquilizaba o la inquietaba aún más.
Él sólo se limitaba a observarla, a atravesarla con la mirada. Era la misma clase de mirada que le había dirigido en la cena.
La estaba examinando. A Rin le daba la horrible sensación de que él sabía algo que ella ignoraba. Como si por medio de su duro escrutinio quisiera descubrir algo.
Para su fortuna, aquel juicio cauteloso no duró mucho má un momento, el demonio giró la cabeza bruscamente para luego rodearla y retirarse, introduciéndose en la oscuridad. Y, aunque hubiera sido sólo por un fugaz momento, a Rin le pareció ver como el youkai negaba una vez con la cabeza, en un gesto impropio de él.
Rin sentía su cuerpo pesar más de lo normal, pero se mantuvo en pie pese a que sus rodillas flaquearon peligrosamente. Intentaba comprender lo que acababa de pasar, sin ningún resultado. Se pasó una mano por la frente revolviéndose los cabellos del flequillo. Respiraba entrecortado y sentía como la sangre se alejaba de sus manos y pies para refugiarse en su cara.
Tiempo después, cuando ya estaba bien metida y acurrucada en su cómodo futón, la muchacha miraba al techo vacíamente sin poder conciliar el sueño.
No podía evitar pensar en que algo se le caería encima en cualquier momento a raíz de la estupidez que había cometido ese día. Lo pagaría, estaba segura. Lo que no la dejó casi dormir fue el preguntarse cómo.
...
—¡Arriba, Rin! ¡Ya es de día!
Pasó largas horas en vela esa noche, pero cuando al fin la oscuridad cedía en la madrugada para darle inicio a la mañana, parecía que el descanso al fin comenzaba a hacer efecto. Todo bien, hasta que la youkai la despertó.
—Rin, ya es hora de desayunaaar —canturreó la mujer, ajena al pesar de la humana que estaba bajo su indirecto cuidado.
—Ya voy, ya voy... —se quejó al destaparse. Bostezó sonoramente y se entalló los ojos, más rojos por el cansancio que por una fantástica velada de sueño, como la demonio había supuesto—. Buenos días, Nitori.
Pero fue su manera de hablar la que la delató. Nitori era una mujer bonita de apariencia bastante humana, pero rasgos demoniacos que no podían pasar desapercibidos. Aunque Rin tuviera poco tiempo en el castillo, ella había sido la encargada de asistirla personalmente en cualquier cosa que fuera necesaria, lo que casi, casi significaba que era su nana. Si Rin hubiera sido unos años más joven podría llamarla como tal, pero ya estaba muy grande como para tener una niñera.
Y aún a pesar de ello, le fue muy fácil encariñarse con Nitori a los pocos días. Era atenta, amable y bastante maternal, cosa que la hacía dudar de su sangre sobrenatural. Era raro que un demonio fuera tan cándido con un ser humano, pero... ¿quién era ella para juzgar?
Oh, genial, otra persona más que no deja de verme a la cara, pensó al verse bajo la atenta mirada de sus ojos color avellana.
—¿Qué te pasa, Rin? ¿No dormiste bien?
—No, la verdad es que no. Tuve una pesadilla que no me dejó pegar el ojo por varias horas —le dijo, y era una mentira a medias. El día anterior había sido como una pesadilla muy bizarra e incómoda, y estaba más que decepcionada al ver que fue completamente real.
—Vaya. Lo siento mucho. Aquí te traje el desayuno, eso de seguro te animará —Nitori le señalóuna bandeja rebosante al lado de su futón. Rin todavía no se acostumbraba a la cantidad de lujos y atenciones que recibía.
—Oh, muchas gracias. Pero si te soy sincera ahora no tengo mucha hambre. Quizá más tarde... —lo único en lo que podía pensar era en dormir y olvidarse de todo. La comida podía esperar un poco más.
—Sí, claro, habrase visto que tú no tienes hambre. Ya empiezo a conocerte bien y siempre tienes un gran apetito. No, a ti te pasó algo y vas a decirme qué fue. El señor Sesshomaru se disgustará mucho si te ve en ese estado tan desganado.
—¿Tú crees? —preguntó en voz bajita sin verla a la cara.
—Pues claro. ¿Por qué más crees que me ordenó estar pendiente de ti?
Rin se desinfló un poco, pero pudo esbozar una pequeña sonrisa.
—Suenas como el señor Jaken cuando hablas así, Nitori.
—Uhg, no me compares con ese sapo, Rin, hieres mis sentimientos —hizo una mueca de disgusto bastante cómica y se sacudió como para quitarse una sensación desagradable de encima—. Y no cambies el tema. Ahora dime, ¿qué te preocupa? ¿Qué tan malo es, para empezar?
—Muy malo —contestó sin apenas pensarlo.
—¿Y quieres que se mantenga en secreto? Puedo no decírselo a nadie si quieres.
—No creo que eso sirva mucho...
—¿Por qué, el amo Sesshomaru ya lo sabe?
Rin quiso enterrarse de nuevo bajo las sábanas para nunca volver a salir. Aún acostada, encogió un poco las piernas y dejó reposar la frente sobre sus rodillas.
—El amo Sesshomaru estaba ahí.
Cuando Nitori abría la boca para preguntarle a que se refería exactamente, la puerta de la recámara se abrió lo suficiente como para que una cabeza verde se asomara dentro. La youkai hizo un pequeño frunce de labios ante la presencia de Jaken, pero no dijo nada al respecto. No le tenía mucho aprecio al demonio y el sentimiento era mutuo. Para Nitori, nadie podía ser más aguafiestas y fastidioso que Jaken, además de adulador infinito del señor Sesshomaru. Para Jaken, no había persona más molesta y poco respetuosa que Nitori, pues trataba de tú a todo el mundo —menos al amo, claro—, y violaba los límites normales del espacio personal con su descortés acercamiento.
Aunque, pese a la rudeza con la que solían tratarse, Rin podía decir con certeza que Nitori no odiaba a Jaken, sino más bien que le causaba mucha risa y le gustaba meterse con él. Y claro que Jaken adoraba darle pelea.
—Ah, ya estás despierta —fue todo lo que dijo Jaken, ignorando olímpicamente a la otra mujer.
—¿Qué hace por aquí, señor Jaken?
—Bueno, tenías una cara horrible ayer, y pensé que te había dado un infarto durante la noche. Sólo quería cerciorarme de que siguieras con vida.
Rin sonrió tenuemente ante el mensaje oculto.
—¿Estaba preocupado por mí, señor Jaken? ¡Qué amable de su parte!
El demonio verde entró en su totalidad, se acercó a su cama con largas zancadas y le dirigió una mirada indignada con sus enormes ojos saltones:
—¿Preocupado por ti? ¡No seas tonta, me preocupo por mí! ¡Aún después de tu estupidez estoy seguro de que el amo me cortaría la cabeza si algo llegara a pasarte! Sería dentro de unos días, pero de todas formas lo haría si regresa y se entera que te moriste o qué sé yo.
—¿Por qué tendría que morirse? —se extrañó Nitori frunciendo el ceño, pero nadie le respondió. A Rin le había llamado la atención otra cosa.
—¿El señor Sesshomaru no está?
—Salió muy tarde ayer y ni siquiera me lo dijo. ¡Muchas gracias, Rin! Se molestó tanto que hasta se olvidó de mí.
—Pff, no hace falta molestarlo para que se olvide de ti, Jaken —murmuró la demonio con una risita, a lo que Jaken la taladró con la mirada. De nuevo, la humana estaba analizando algo diferente. Así que se había marchado... Sabía que tenía que salir un día de aquellos, sin embargo creía que al menos la dejaría acompañarlo como siempre. Pero no, esta vez los había dejado a ella y a Jaken atrás. ¿Y si la noche anterior la hubiera estado esperando cerca de su cuarto para informarle que iban a partir, pero se arrepintió en el último momento? Eso podría explicar por qué había negado con la cabeza y no le había dirigido la palabra.
—Creo que de verdad está muy enojado conmigo —musitó con un suspiro triste y decaído.
—Y gracias a eso, me arrastraste contigo, como siempre. Genial.
—No creo que lo que hayas hecho sea tan malo, Rin —trató de consolarla Nitori al verla en ese estado—. ¿Por qué no me lo cuentas? De seguro encontraremos una forma de arreglarlo.
—Sí, claro... —se burló Jaken antes de que Nitori lo mandara a callar para permitir que Rin hablara.
—No puedo arreglarlo porque ya está hecho. Lo besé mientras dormía —aclaró y los colores le volvieron a subir al rostro. Nitori abrió los ojos de par en par, pero luego adoptó una expresión de obviedad mientras se encogía de hombros.
—Bueno, sabía que te animarías a hacerlo tarde o temprano, pero que hayas tenido la iniciativa y más de esa forma...
Rin se tensó y la miró demandando una explicación.
—¿Qué? ¿Cómo que lo sabías? ¿Tan evidente soy?
—Sí —respondieron Jaken y Nitori al mismo tiempo, concordando en algo por primera vez. Ambos se miraron con fastidio y giraron la cara hacia el otro lado con disgusto. Rin sólo dejó caer la frente en sus rodillas una vez más, roja como el tomate más maduro y llamativo del mundo.
—Mátenme...
—Si tú insistes...
—Cállate, Jaken. Ay, Rin, no exageres —Nitori le dio unas palmaditas en la espalda para animarla—. Tienes razón, ya no puedes hacer nada al respecto, pero no por eso deberías amargarte la existencia. Además de que el amo se fue, no debes preocuparte de tener que vértelas con él en los próximos días. Tómate este tiempo para tranquilizarte y ya verás que se te hará más fácil olvidarte del asunto.
—¿Y si el señor Sesshomaru no lo hace?
—En ese caso lo miras a la cara valientemente y te disculpas con sinceridad si acaso lo ofendiste. Dile que no fue tu intención hacerle enfadar y ya. Tampoco es tan difícil.
—Ya, ¿pero si él no lo acepta? ¿Y si me odia por haberlo hecho? ¿Y si...?
—No te mortifiques, Rin —se rió Nitori—. Sólo fue un beso inocente, eso tampoco es tan malo. A no ser que hayas intentado hacerle algo más...
—¡No, claro que no! —saltó espantada.
—Entonces sólo velo por el lado bueno. Lo besaste, ¿no? Y dime, ¿te gustó?
—¡Nitori!
—¿Qué? ¿Quién no disfruta besar a la persona que le gusta tanto?
—No le des ideas estúpidas, mujer idiota, ya suficientes problemas se ha ganado con una sola.
—Claro, Jaken no entiende porque sólo lo ha besado su mamá —Nitori roló los ojos y se ganó una sarta de reprimendas por parte del otro, cosa que hizo sonreír un poco a Rin—. De verdad, Rin, no te dejes decaer por esto. Lo que necesitas es dormir un poco más, se nota que apenas has cerrado los ojos —acto seguido se puso de pie de un ágil salto y empujó suavemente a Jaken para que saliera de la recámara—. Te dejo el desayuno para cuando te dé hambre, ¿está bien? Tú sólo descansa y tómatelo con calma. Vamos, renacuajo.
—¡A mí no me llames renacuajo, primate sin pelo!
—¡Primate! ¡Pero si soy una nutria! ¡Tú sólo estás celoso porque eres calvo y feo!
Y cuando Jaken le iba a replicar con algún insulto, Nitori cerró la puerta
Rin dejó escapar un largo suspiro y cayó hacia atrás para acostarse otra vez. Tapó sus ojos con un brazo en un gesto dramático y volvió a suspirar. Luego de un rato decidió darle la razón a Nitori: ella era adulta y mucho más experimentada, de seguro sabía de lo que estaba hablando. Sólo tenía que dejarlo pasar, como era su plan original.
Cerró los ojos lentamente para, poco después, dejarse abandonar en el mundo de los sueños como tanto lo necesitaba para aclarar sus ideas y relajar su mente. De seguro que en ausencia de Sesshomaru todo le iría mucho mejor.
Sí... mucho mejor.
...
Al final resultó que de verdad todo le iba mejor sin la intimidante presencia del señor demoniaco cerca de ella, ¿quién lo hubiera pensado? Ya habían pasado más de quince días desde aquel garrafal error —como ella solía referirse al beso robado para que no sonara tan cursi ni estúpido—, y ya se sentía muchísimo más tranquila. Incluso, ahora que lo pensaba bien, le parecía que su actitud en el momento de verdad había sido demasiado dramática. El mundo no había acabado, como juraba que haría, ni
enfrentaría un horrible juicio final a raíz de molestar al demonio. No, todo seguía tan normal como siempre.
Y aprovechando esa libertad, se dio el lujo de disfrutar su estancia indefinida en el castillo del oeste: explorar a sus anchas, ayudar en la cocina –bajo una molesta mirada del Gran Jaken, por supuesto—, visitar a Ah-Un en sus establos para cepillarlo o bañarlo y conversar con los amigos que había logrado a lo largo de ese tiempo. Pero lo que más disfrutaba era jugar con los niños de los sirvientes del palacio. Sin importar cómo, ellos siempre se las arreglaban para hacerla prometer que al día siguiente iría a visitarlos para seguir con sus juegos, que acababan por agotarla al máximo. Pasando por alto el cansancio, la joven cumplía su palabra y los visitaba prácticamente todos los días. Estar con ellos era como un calmante. La distraía y al mismo tiempo, a pesar del desaliento que sufría jugueteando con todos juntos, la relajaba. Algo que sin duda le había hecho mucho bien últimamente.
—¡Bien, bien! ¡De acuerdo! ¡Me rindo!— dijo teatralmente, dejándose caer en la hierba. No podía con ellos. Eran todos enérgicos youkais, mucho más fuertes y resistentes que ella. La habían tenido jugando a la pelota por más de dos horas y sin descanso alguno. Daba igual que llevara ahí poco más de dos meses: en ese corto tiempo ya todos la trataban como una más
—¡Ahhh, vamos, Rin! ¡Sólo un ratito más! —dijo uno de los niños con una sonrisa juguetona.
—Riku, eso dijiste hace media hora —replicó ella divertida ante la expresión del pequeño que luego hizo un puchero.
—No es nuestra culpa que te canses tan rápido…
—Y no es mi culpa que ustedes no se cansen nunca.
—¿No te levantarás entonces? —preguntó Riku con su vocecita infantil.
—No —negó ella al acomodar la cabeza en el pasto.
—En ese caso… ¡A ella!
Los cinco niños se le echaron encima sin que pudiera siquiera darle tiempo a defenderse. Entre todos le hacían cosquillas mientras reían divertidos. Rin sólo les pedía entre risotadas que pararan, logrando sólo animarlos a cosquillearla con más fuerza.
—Ya… niños… ahg, en serio —se sentó como pudo, haciendo caer a los chiquillos. Recuperó el aliento al mismo tiempo que se frotaba los costados—. Ustedes no tienen remedio. Cuando no me quieren matar del cansancio, me matan con cosquillas, ¡así no se puede! ...Un momento, ¿Dónde está Nagisa? —fue entonces que los niños se percataron de que faltaba una de ellos, la más pequeña de todos.
—Ahí está — su hermano Ken señaló a los matorrales, donde la niña estaba agazapada y resoplaba sonoramente. Rin se apuró a aproximarse.
—¿Qué ocurre, Nagisa? ¿No quieres seguir jugando? —se agachó a la altura de la pequeña de cinco años, posando una mano en su hombro. Ella alzó su mirada azulada y Rin pudo distinguir que había estado llorando.
—Es que… me caí —le enseñó su rodilla con un pequeño corte apenas con algo de sangre. La humana sonrió aliviada al notar la herida. Al menos no era nada serio.
—Tranquila, Nagisa. Ven, vamos a curarte —le ofreció su mano y juntas fueron al lado de una fuente, con los demás niños viéndolas de reojo mientras conversaban entre ellos. Lavó la herida con cuidado, usando el agua de la fuente y luego rasgó una tira delgada de la falda de su kimono y la utilizó como venda.
—¿Estás mejor así?
—Sí, ya no me duele —la niña le sonrió ampliamente, mostrándole que había perdido uno de sus dientes de leche. La mayor le acarició el cabello en respuesta al devolverle el gesto.
—¿Cómo se dice, Nagisa? —apreció su hermano a su lado mirándola con reproche.
—¡Gracias, Rin!
—¿Tanto jaleo por un rasponcito? Vaya que las niñas son lloronas —Riku roló los ojos mientras negaba con la cabeza y Nagisa hacía un puchero. Sora, una niña de su misma edad, le dio un golpe en la nuca.
—Y tú eres un grosero.
—Vamos, ustedes dos, no empiecen otra vez —interrumpió Rin cuando ya las chispas de una próxima discusión amenazaban con encenderse. Los niños se miraron ceñudos y se cruzaron de brazos, murmurando algunos insultos entre dientes—. Bueno, en vista de que tenemos dos jugadoras menos... sí, porque Nagisa está lastimada y yo estoy medio muerta, gracias, ¿qué les apetece hacer? Aún nos queda un rato para el anochecer.
—Pues yo quería jugar más —se quejó por lo bajo Riku, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas.
—¿Y si nos cuentas una historia, Rin? —pidió la más pequeña con sus ojitos bien abiertos. Rin encontraba muy difícil negarle algo con esa expresión tan adorable que tenía.
—¿Quieren que les cuente algo, entonces? —preguntó a los demás para estar seguros. Tras el asentimiento general tomó asiento en la hierba al lado de Nagisa—. Ya sé, creo que ésta no se las he contado. Una muy especial donde el Gran Jaken es el protagonista... con peluca y todo.
Los niños asintieron con unas sonrisitas endemoniadas. Las historias en las que aparecía Jaken siempre eran muy divertidas.
Después de explicarles los planes que el demonio sapo había elaborado para hacerse con la legendaria espada, personificándolo a la perfección y dramatizando las voces para hacerlo más entretenido, no pudieron contener una carcajada.
—No puedo creer que después de todo lo que hizo no pudo llevarse la espada. Nunca hacía nada bien —decía divertido Yoichi, un pequeño de cabello rojizo y grandes manchas púrpura alrededor de los ojos y cejas.
—¿Y el señor Sesshomaru nunca se enteró? —preguntó Riku. Rin negó con la cabeza.
—Me hubiera encantando verlo disfrazado de afilador de espadas… —expresó la pequeña Nagisa.
—Sí —concordó Kyuno, el youkai liebre con largas orejas que le sobresalían de entre su cabello gris, apretándose el estómago por la risa—. Con bigote y peluca debe lucir ridículo.
—Y lo hacía, en serio —concedió Rin riendo con ellos. Jaken nunca se enteró de que durante sus locas ideas para hacerse con la espada legendaria, tanto ella como Ah-Un lo habían seguido de cerca todo el día—. Uy, creo que ya es hora de irse a casa, chicos —indicó, señalando el cielo del crepúsculo. Los niños podían subir al castillo durante el día gracias a las insistencias de Rin, quien se había convertido en su niñera no-oficial, pero el permiso sólo les duraba hasta la puesta del sol. Sus madres, empleadas del castillo, eran muy estrictas con respecto a eso, y Rin no se atrevería a llevarles la contraria.
—Está bien… Pero volveremos. Tienes que contarnos la historia de cuando Jaken se envenena y tú lo salvas.
—¿Eh? Pero si ésa ya se las conté.
—Lo sabemos, pero es muy divertida —dijo Riku sonriente—. ¡Bien, todos, vámonos!
—Nagisa —llamó Rin antes de que ésta se marchara. La niña se acercó a ella obediente. La adolescente se acuclilló y le limpió un pequeño rastro de tierra en la mejilla—. Ten cuidado, ¿sí? No corras tan rápido. Y no le hagas caso a Riku.
La pequeña le sonrió largamente, mostrando un leve sonrojo en sus mejillas infantiles. Pero su rostro alegre fue reemplazado por un gesto de desconcierto. Parpadeando varias veces, olfateó el aire.
—Qué raro… ¿Qué hará el amo Sesshomaru por aquí?
Los colores de su cara cayeron en picada. ¿El señor Sesshomaru estaba ahí? Apretó los labios con turbación ¿No se encontraba fuera del palacio desde hacía días? Su expresión debía reflejar lo nerviosa que estaba, porque la niña le preguntó que le ocurría.
—No, no es nada —aseguró Rin—. ¿Dices que el señor Sesshomaru está en este jardín? —Nagisa asintió una vez, segura de su olfato. Rin tragó saliva—. ¿Sabes por dónde?
—Creo que cerca —olisqueó el aire por segunda vez, cerrando los ojos para concentrarse—. Sí… está entre alguno de estos árboles —señaló los árboles que estaban detrás de Rin.
—¡Nagisa! ¿Por qué tardas tanto? ¡Ven, se hace tarde! —llamó su hermano desde el otro lado del patio, apunto de internarse en el bosque para bajar a la villa.
Rin volvió a la realidad. Miró de nuevo a la chiquilla, y le revolvió cariñosamente el cabello.
—Es verdad, ve con tu hermano. Que descanses, Nagisa.
—¡Tú también! —rió Nagisa, corriendo al lado de Ken y tomando su mano—. ¡Y gracias otra vez!
Rin se despidió con un gesto del brazo al verlos desaparecer. Era genial pasar las tardes con ellos, al menos la ayudaba a tener la mente ocupada y bien entretenida por algunas horas.
Se volvió para mirar los árboles buscando algo blanco que resaltase entre el follaje verde, pero no pudo encontrar nada fuera de lo normal. Sacudió la cabeza, obligándose a no pensar en él.
El sol ya se había ocultado en su totalidad y lo único que quedaba del gran astro eran unos pocos rayos dorados que rompían el azul marino del cielo desde atrás de unas enormes montañas en el horizonte formando una hermosa combinación de colores en las nubes. Rin se recargó en el tronco de un roble, disfrutando el espectáculo, al mismo tiempo que divagaba en sus propios pensamientos, ajena a cualquier otra cosa. Una brisa le sacudió el largo cabello negro, y se permitió disfrutarla un momento más antes de ir al interior.
Tan distraída se encontraba que no notó como una alta figura avanzaba con cautela hasta quedar peligrosamente cerca de ella.
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Sigue sin haber mucho cambio... ¡por ahora! Creo que mi primera prioridad al comenzar a reescribir esto fue quitarle el OoC a Jaken. No sé en qué estaba pensando cuando lo hice tan... amable y buena gente. Él no es así, y a buena hora lo arreglo.
Esa es la única nota de edición que tengo en este capítulo xD
¡Un beso y gracias por leer!
