II
El inicio del día en Kou, la zona donde estaba nuestra casa, era como vivir en un lugar desértico. Cuando empezaba a aclarar el amanecer nada parecía estar despertando; a veces, no había brisa y no se podía distinguir entre el silencio dentro de la casa y el que reinaba a las afueras. Yo dormía en la parte superior de la casa, en la buhardilla, era un cuarto muy pequeño, pero me gustaba por el techo a dos aguas y la larga ventana con asiento que daba hacía el río. Desde allí podía ver todos los pastizales desde el norte donde estaba el puente, al Sur empezaba una encarpada subida de piedras por donde estaba el mar. Era una playa fría, no tenía arena si no una gran cantidad de rocas monolíticas grisáceas que habían estado allí desde hace medio siglo, una parte de la isla se alzaba como un acantilado de unos veinte metros que caía sobre el mar y por donde las piedrillas y tierra se deslizaban por la brisa, cayendo sobre un oleaje enrarecido. El agua era altamente oscura, con gran cantidad de algas y conchas fósiles, siempre estaba fría y en sí en aquel lugar siempre había una ventisca violenta que hacía que uno tuviese la sensación de que una brisa lo iba a tumbar a uno acantilado abajo.
El día después de conocerle fue exactamente igual que los otros, cuando me levante por la mañana me quede unos minutos mirando el paisaje por la ventana, el cielo que estaba completamente despejado empezaba a cambiar de color, en el horizonte brillaba un azul amarillento que se confundía con el puente de compuertas, sobre nuestra casa aún permanecía el azul naval que siempre tiene el cielo cuando la luz no es suficiente para aclararle por completo. No había ninguna chalana en el río y el follaje del otro lado de la isla estaba detenido, la brisa era constante pero no lo suficiente para mover las ramas de los arboles, el pastizal estaba en constante movimiento, a veces describía circulos, por un momento me pareció un mar de hojas que se levantaban y reventaban sobre sí mismas como olas verdes. Comimos en silencio, a papá nunca le gusto la conversación a la hora del alimento, aunque Hanabi insistía con vehemencia. Para llegar a la escuela debíamos tomar el puente o la ribera de la playa; con miedo de conseguirme con él de nuevo, decidí irme por el camino tradicional y cruzar el puente. Era para ese tiempo, ya no está, un camastrón de acero cuyas compuertas se habían dañado, se estaba oxidando con impresionante rapidez. Tenía dos canales y una angosta acera que solo daba seguridad la baja baranda de aluminio. Hanabi siempre hacía comentarios sobre lo alto que estábamos y como el viento parecía querernos tumbar; luego del puente empezaba a edificarse la ciudad, la primera calle estaba bien asfaltada y debidamente iluminada. Empezaban desde allí las pequeñísimas casas de suburbios con sus estacionamientos de dos puestos y sus cercas bajas. Al kilometro encontrábamos los rieles del tren que casi siempre estaban habilitados ya que llegaba a las dos del la tarde y dos de la mañana, puntualmente. Luego del tren la ciudad seguía exactamente igual, con los mismos techos negros y paredes unicolores, cada vez las calles se hacían más amplias y el día iba tomando vida; se podía escuchar al fondo algún portón que abre, una escoba que barre la entrada y una ventana que golpea contra otra. El preescolar y la primaria se encontraban en el mismo edificio, el ala izquierda era la entrada del primero y el ala derecha, que parecía una secundaria, se trataba de la primaria. Pronto iba a empezar la secundaria básica y todos mis compañeros estaban extasiados, había un gran movimiento y comentarios sobre la vida que se llevaría de ahora en adelante, jamás participe en ninguno de esos conversatorios, no entendía cuando relataban que la vida un estudiante de secundaria era totalmente distinto al del de primaria. Las nuevas materias, un nuevo colegio y sin lugar a dudas el inicio de la vida amorosa hacían que todas las del salón estuviesen entusiasmadas. Ese día en particular cuando entre por la puerta principal que daba hacia un estacionamiento de bicicletas y los primeros salones pude escuchar la primera conversación del tema:
— ¿Viste el uniforme de Kansaki? Es hermoso. Aunque prefiero el de la prefectura de Omaeda, el instituto Omaeda.
— Yo no me he puesto a pensar en uniformes, como ya escogí la secundaria Magashima.
— ¿Vas a ir a Magashima, Morita-san? ¡Es una secundaria paga!
— Que lastima, Morita. La mayoría vamos a Kansaki, esperemos que podamos mantener el contacto, ¿No?
No me detuve si quiera a saludarles, se veían tan concentradas en una conversación tan excitante que lo vi como mala educación. Debía aceptar que lo único que me emocionaba del paso a la secundaria era el iniciar con uniformes, me parecía que las faldas y la polera tipo marinero se verían mejor que los pantalones o shorts que siempre cargaba. Las medias a la rodilla le daban una buena forma al uniforme, según mi padre, era la disciplina la que producía en la persona tal buen visto. Por esos días tenía el cabello corto, así que no me preocupaba mucho que estuviese arreglado tras mis orejas, era de las chicas de mi salón la única con cabello corto. Después logre descubrir a que se debía tal situación.
— ¡Hyuuga-san! —Escuche detrás de mi espalda— ¿Tu a que preparatoria piensas ir?
— Aún no lo tengo decidido —susurre sin verles— Imagino a la que quede más cerca de mi casa.
No espere otra respuesta y me adelante ante unos cuantos comentarios que no me causaron ninguna sorpresa: No me gustaría ir a su misma secundaria. Ella es una rara, digo, no habla con nadie y no le importa dónde ir.
Los pasillos esa semana seguían decorados por el inicio de clases, había largas serpentinas que colgaban de techo a techo y uno que otro cartel para dar la bienvenida al nuevo curso. Los lockers se encontraban frente a cada salón, primero dejábamos los zapatos y luego vaciábamos nuestro bolso y colgábamos junto con el resto de las pertenencias, entrabas únicamente con medias y libros. La verdad, yo era la única con medias, hace bastante tiempo que me habían escondido mis pantuflas y tuve que conformarme (junto con los profesores) a andar semi descalza en el salón. Aún no había gente así que corrí de inmediato a mi puesto y me dispuse a ordenarlo todo. No tenía muchas cosas en mi mente, quería dejar el libro de caligrafía dentro de la mesa y constatar de que aún me quedase lápices. Les saque debida punta a dos y arregle el libro de matemática básica. Hoy íbamos a hacer dibujos con papel mache, así que también anexe a todo aquello un grupo de hojas blancas. Pensaba hacer la vista desde su cuarto hacia el río. El fuerte sonido del timbre hizo entrar a una estampida de chicos que venían pateando sus balones por el pasillo, entre ellos estaba Kiba, también Shino que se sentaba a mi lado desde el semestre pasado. Este último me saludo quedo cuando se sentó a mi lado, Kiba nunca me saludaba pero siempre cruzábamos miradas, jamás pensé que las suyas estuviesen cargadas de algo más que mera curiosidad.
— ¿De dónde conocías a Naruto? —preguntó Shino abriendo sus lentes.
— Él había venido varias veces en vacaciones con sus padres, la pasaba en casa de su abuelo, jugué un torneo de fútbol con los chicos de la cuadra y él; es realmente bueno —respondió Kiba. Chouji se había sentado en el asiento delantero.
— ¿Es verdad que sus padres murieron? —Chouji mascaba ruidosamente sus snacks así que cuando hizo tal pregunta varias virutas salieron expelidas desde su boca a los lentes de Shino. Este tuvo que volver a quitárselos y limpiarlos.
— No hablen de ello. Empieza clase hoy —susurró Shikamaru que los miraba desde la esquina trasera del salón, yo voltee débilmente hacía aquel lugar porque estaba interesada en la conversación. Así que ellos ya sabían sobre Namikaze, Kiba hasta era cercano.
— ¿Es amigo tuyo, Kiba? —interrogó Shino.
— Es simpático, les caerá bien a todos, ténganlo por seguro.
— ¿Hasta Hyuuga-san? —Chouji me miraba con cierto interés.
— ¿Eh? —recuerdo que fue tanta mi sorpresa que casi me levante de mi pupitre de los nervios.
— Hyuuga-san debería ser la encargada de ponerle al día con los deberes —hubo una risa general, ya que a la conversación se había adherido varios compañeros que recién entraban y escuchaban con interés la conversación. Era tonto pensar que yo pudiese ayudar desprendida a alguien, mucho más mantener una conversación entera. No le encontré gracia al comentario, más tampoco le combatí. La profesora entró luego de unos minutos; como siempre cargaba con la gran pila de libros que usaba para mostrarnos imágenes aburridas y largos textos que hacía dormir a más de la mitad del salón. Ese día cargaba los lentes de montura morada, de los setenta, y una falda pegada a sus gordas piernas, lo que más resaltaba de ella era sus grandes pechos que llamaban poderosamente mi atención, parecían tener algo muy importante para los chicos del salón. A los que llamaban como: grandiosos.
Cuando arregló su ropa y nos mandó a todos a ocupar nuestros asientos, se quedo un momento con el cuerpo apoyado contra el asiento, respiraba como si algo la cansara en sobre manera, alguna parte de su rostro mostraba el gesto de estar fastidiada de tratar con niños de nuestra edad.
— Bien, ¿todos en sus puestos? ¡Por favor, Inuzuka siéntese de una buena vez! —miró hacia la puerta con el cejo fruncido— Quisiera presentarles a un nuevo compañero, me gustaría que todos pudiesen llevarse muy bien con él, viene de Kioto así que no sabe mucho de Okinawa, espero que todos podamos mostrarle un lugar que pueda llamar hogar.
Mientras ella hablaba una parte de su boca parecía no estar diciendo palabras tan profundas y sentimentales, sus ojos parecían querer escaparse de toda la situación y no ayudar en nada. El resto del salón estaba sumido en un intenso murmullo que no cesaba, hasta alguien se atrevió a lanzar una bola de papel hacia la pizarra para que el nuevo se tropezase con él. Kiba fue el que puso orden cuando la profesora indico al pasillo: Puedes pasar.
— Quien se meta con él, se las va a ver conmigo —susurró y estas palabras pasaron de boca en boca hasta que crearon un mutismo insoluble en toda el aula. Él entró con una sonrisa en la cara que se le medio cuajo cuando estuvo parado entre el rostro serio de todos y el implacable silencio que flotaba por todo el salón. La profesora fue la mejor en disimular, lo abrazó con una de sus manos y acercó su rostro para pedirle que se presentara. Una parte de mi se encontraba emocionada por una situación tan poco inusual, estábamos perdiendo clases de matemática y me volvía a encontrar con una persona tan extraña como él. Otra parte se sentía decepcionada por la simpleza del cerebro de mis compañeros que seguramente no les pasaba nada por la cabeza para no hacer sentir mal al nuevo y complacer a Kiba. Fue una actitud tan desagradable que recuerdo que me estire en el puesto perdiendo el interés a todo lo que pasaba, cuando arregle los lápices que estaban desordenados en mi mesa y subí la mirada me encontré que el chico me estaba mirando, una parte de mi tembló y tragó grueso puesto que luego de la encontronazo de nuestros ojos, él sonrió emocionado.
— Soy Naruto Namikaze, aunque no tengo problema si me llaman por el Uzumaki. Me gusta el Ramen y deseo algún día convertirme en el mejor jugador de futbol de Japón. Eso es todo —finalizó mirando sonriente a la profesora que no había reprimido su cara de aburrimiento. La misma saltó y celebró sus palabras, el salón estallo en una furia de comentarios y celebraciones, algunos atrevidos le preguntaban a Kiba qué si eran rivales, otros tantos ya daban por sentado que Naruto era un gran jugador.
— Puedes sentarte donde quieras, Naruto. Hare una excepción y te dejare elegir ya que eres nuevo en el salón —dijo la profesora dándole la espalda — Si quieres puedes sentarte al lado de Kiba, el último de esta fila, que comparte la misma pasión por el futbol.
— No, gracias. Prefiero sentarme al lado de la chica de cabello corto, ya nos conocemos.
Y caminó resuelto hacia mí saludando a sus nuevos compañeros de fila. Mi compañero del frente se paro rápido para no estorbarle. Se detuvo a decirle su nombre de nuevo a Chouji que estaba sorprendido de su soltura, se dejo caer ruidosamente en el pupitre, mirándome primero y luego a Shino siguió con la postura de querer formar una gran conversación:
— Naruto Namikaze —le extendió la mano a Shino que después de arreglarse los lentes se la aceptó.
— Aburame Shino.
— ¡Espero que nos llevemos bien! —Saludó desde la lejanía a Kiba que tenía una cara de gran confusión pero que para no hacerle sentir mal también le saludó con caluroso cariño — ¿Quién pensaría que quedaríamos en el mismo salón, eh?
Esta vez sí se refería a mí. Me imagino que me sonroje bastante porque sentía la cara hirviendo de la pena que en pleno inicio de clase estuviese hablando con alguien en vez de prestarle atención a lo que decía la profesora. Asentí débilmente sin mirarle a los ojos.
— Cuando tu padre me dejo en mi casa me sentía algo culpable de que no pude agradecerle a ustedes su ayuda; luego pensé que seguramente te vería en el colegio así que se me paso un poco. ¡Espero que de ahora en adelante seamos muy cercanos!
Cuando estuve preparada para responderle, luego de haberle dejado esperado con la sonrisa en la cara, la profesora nos llamo la atención por estar hablando en plena clase, dicho comentario hizo que se estallara la risa y burla en el salón que no dejaron de reírse hasta que los dos estuvimos lo suficiente avergonzados para cada uno mirar para un sitio contrario. El resto de la clase estuve observando su espalda y el perfil de su rostro iluminado por la amarillenta luz que provenía de un día totalmente despejado. Parecía estar viendo las canchas o tal vez la calle pensando en qué momento se podía ir.
Al salir del colegio ordene todas mis pertenencias con la misma vehemencia y disciplina que siempre lo hice. Los zapatos estaban semi sucios por la tierra que levanta caminar por los pastizales así que antes de ponérmelos los limpie concentrada en que brillaran. Mientras realizaba esa acción la presencia de alguien me detuvo, era como temía: Naruto.
— Estaba pensando que como vivimos en sitios cercanos: irnos juntos, después de todo, nuestras casas están separadas por el puente.
Estaba muy nerviosa así que primero mire a mi alrededor y luego acepte la oferta, eso sí, no quería que nos viesen salir juntos así que me coloque los zapatos rápidamente y emprendí el recorrido con el doble de rapidez que siempre la hacía. Él que estaba confundido trataba de seguirme el paso, pero la cantidad de personas que se despedían de él y les daba las buenas lo hacían ralentizarse. Lo espere unas cuadras más arriba del colegio, excusándome al decir que caminaba demasiado lento. Naruto que parecía no deprimirse por nada comentó que yo caminaba el triple de rápido que un humano normal y siguió hablando de que sería una buena atleta si me lo proponía. No entendía su insistencia en permanecer con alguien que no deseaba formar una conversación duradera con él, lo único que me limitaba a hacer era afirmar a todas sus palabras, sin embargo, no lo notaba o camuflaba muy bien.
Hanabi recibió su presencia con mayor efusión; le saltó encima a abrazarle y habló sobre todas las cosas que había hecho en el colegio con lujo de detalles. Dijo varias veces que le agradaba que nos hubiésemos hecho amigos y resaltó, hasta que le mire con mala cara, que ella nunca había conocido a alguno de mis amigos y que sospechaba que no tenía. Naruto tragaba religioso todas las tonterías que decía mi hermana, reía mucho y sonoramente. Mientras íbamos de camino varios adultos le saludaron calurosos y no fue hasta llegar a su casa que termino de hablar.
Era una moderna casita en una calle secundaria, tenía un alto muro de paneles de aluminio y dos pisos, la fachada derecha tenía un balcón empotrado y el segundo cuarto una ventana de vidrios oscuros, se asomaba en el patio una enredadera que comenzaba a crecer fuera del muro. La puerta de entrada era de hierro forjado y cuando la abrió hizo un mecánico sonido que lleno el silencio de la calle, el espejo de vigilancia reflejo nuestra seca despedida, cuando el dijo: Hasta luego, yo ya me encontraba subiendo por la calle que llevaba al puente. Lo último que escuche de él fue cuando comentó a Hanabi: Tu hermana, en verdad, es una rarita.
Hanabi no cruzo más palabra conmigo en el resto del camino, fue un castigo que le impuse, pude ver en sus ojos el torrente de preguntas inquisidoras que me pensaba hacer sobre Naruto así que le inste a que repitiese el abecedario hasta que fuese lo suficiente fluido para estar satisfecha. Lo iba cantando, como mamá le enseño y yo le reforcé. Ya empezaba a ser la tarde y el aire era como un torbellino helado que hacía que se movieran las nubes a una rapidez impresionante, estas mismas estaban grisáceas porque venía tormenta, los sapos estaban croando por la humedad que había en el ambiente esperando a que empezara a llover y se formaran los inmensos charcos de siempre. La casa no estaba sola cuando llegamos, ya la camioneta de papá estaba aparcada a un lado de la chimenea, corrimos por toda la hondonada ya que empezaba a lloviznarnos y las gotas iba en aumento. Cuando entramos al pórtico ya empezaba a formarse una laguna entre las legumbres y los vegetales; me asome para observar las cañerías desde un lugar seco, solo pude constatar como papá cerraba la ventana del comedor mientras veía como el cielo lloraba. Me imagino, hoy lo comprendo, de que mientras miraba aquella imagen tan desoladora se sentía igual que el paisaje; triste y melancólico. Hay momentos en la vida en que un simple recuerdo o una imagen pueden tener un significado revelador, en el caso de las decepciones y la muerte uno suele pensar mucho en ellas y de tanto pensarles se suelen encontrar razones que uno mismo no entendía en ese momento y, a veces, hay perdón y soluciones, hay un momento en que uno se deja perdonar y el resentimiento ya no queda. Mi padre jamás pudo conseguir ese sentimiento, eso sí habían grandes lapsos de tiempo en donde su vida era tan rutinaria que lograba olvidar a mamá y solo vivía para nosotras, otros días parecía estar hundido en las cavilaciones sobre las cosas que debió hacer antes de su muerte. Una vez cuando hablamos con sinceridad sobre nuestras preocupaciones fue él quien me dio la idea de aceptar que amaba a alguien pero me negaba a concretarlo, agregó que él había amado a mi madre como a nadie más y se arrepentía de no poder habérselo dicho. Gracias a esas palabras de mi padre es que me he convencido de que lo que hago hoy no es una acción egoísta, porque el egoísmo no existe en verdad, todos somos "egoístas" alguna vez. Yo fui "egoísta", dañe mucho a tu padre aunque él nunca lo supo o quiso pensar que no; hoy ya no puedo dañarle más y solo trato de conseguir una felicidad mutua. ¿No creen, hijos? Bueno, no creo que a estas alturas del relato entiendan aún mis motivos.
Cenamos en silencio. Cuando finalizamos Hanabi comentó a mi padre que estaba leyendo un libro:
— Hinata tiene un amigo.
Mi padre levantó la mirada y la fijo en mi espalda, estaba lavando los platos más me tense con la claridad que rebotaron las palabras de mi hermana por toda la sala y cocina.
— ¿Sí?
— Es solo un compañero de clase. Naruto…— empece a decir.
Mi padre cerró el libro y pude casi constatar que había sonreído, aunque no voltee a verle.
— No entiendo porque te justificas, Hinata —hizo un largo silencio y camino hacia la cocina, allí boto en la basura un papel que había conseguido en el camino— Es solo un amigo, me agrada que seas amiga de ese chico. Seguramente está sufriendo.
— No pareciera…
— De que no parezca no significa que no lo haga, en momentos así es bueno tener un soporte. Estoy seguro de que Jiraiya lograra hacerlo crecer derecho, pero me gustaría poder verle más seguido. ¿No te comente una vez que estudie junto a Minato, su padre?
— ¿Minato-san es su padre? —en ese momento le mire sorprendida. Recuerdo que papá siempre hablo mucho de un amigo de preparatoria llamado Minato-san, hoy en día no recuerdo los pormenores de su amistad, eso sí, siempre mi padre le mencionaba sobre todo cuando Naruto estaba presente.
— Sí. Creo que los dos tienen mucho en común, hablo de ti y Naruto. Trata de llevarte bien con él —concluida la conversación me dio unas palmaditas en la cabeza y se fue a acostar, seguido de Hanabi que quería darle las buenas noches.
Esa fue la primera vez que pensé que podía tener un amigo. Me hizo feliz saber que vivía cerca y que era Naruto. Sonreí como una boba por toda la noche y me quede dormida con la misma sonrisa, era un sentimiento extraño y cálido. Naruto fue y será por siempre mi primer mejor amigo de toda la vida. Y ese es mi primer secreto, hijos.
Gracias a todos los comentaron este nuevo proyecto: Miss Pepinillo, Cadmiel y memetomori1986. !Me emociona saber que les haya gustado y me ha dado un gusto gigante que hasta he escrito otros capitulos más! Espero que les siga interesando este nuevo proyecto, que como dice Miss Pepinillo era uno que tenía en mente desde hace mucho tiempo pero que nunca me atreví a empezar porque no lo tenía a cien por ciento, le cambie algunas cositas y ha salido esto. Poco a poco se desvelara la relación entre todos estos personas y que lleva a escribir esta carta a Hinata.
Nos estamos leyendo, Besines.
