Disclaimer: Los personajes que utilizo en este Fic no son de mi propiedad, si no de la gran Mangaka Rumiko Takahashi.

Gracias por haberse animado a seguir con la continuación del Fic. Muchas gracias por dejarme sus Reviews a:

Roxii C/ PelusitaBlack93/ Sasunaka doki/ claro de luna/ Eliana/ Jos/ aomelamasbonita/ Iztrela Taisho/ MONCHIS.

Espero que este capitulo sea del agrado para Todos los que están leyendo este Fic de Angeline-dbz.

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Capítulo 2

"Te odio"

Kagome se encontraba sentada en el asiento de un autobús sin rumbo fijo, mirando tristemente por la ventana del mismo. El autobús donde estaba sólo tenía unos cuantos pasajeros, así que no le importaba tener esa cara de tristeza mientras miraba los edificios y letreros que se encontraban a su vista. La azabache contenía en su interior una depresión muy grande, no hace mucho la habían despedido de la agencia de modelos, su esperanza de poder obtener ingresos económicos superiores a los que recibía en su anterior empleo se fue a un abismo profundo donde ya no la podía recuperar, aquello le producía una desesperación terrible, ahora por dejar su trabajo anterior por ser modelo se había quedado con absolutamente nada, pero lo que más la llenaba de remordimientos y tristeza era saber que perdió la oportunidad de poder obtener el trabajo en la Empresa "Sayo" ya que por su jefe se había enterado que los entrevistadores de aquella vez habían llamado a la agencia comentando que iban a contratar a Kagome como modelo para la presentación al mercado del nuevo perfume de su empresa, alegando que necesitaban un rostro nuevo para dicha acción, pero después de unos minutos llamaron nuevamente diciendo que ella se había comportado groseramente con un ex accionista de la empresa y rechazando la propuesta anterior. Eso molestó al representante y jefe de la agencia de modelos haciendo que despidieran a la azabache al siguiente día de aquel encuentro con el platinado. Ni los ruegos de su amiga Sango hicieron cambiar de opinión a su ex jefe de despedirla.

—Ahora ¿qué haré?, ¿Cómo le diré a mi mamá que ya no tengo trabajo? — Susurró mientras no despegaba la mirada de la ventana de aquel autobús sin cambiar su expresión de tristeza. — ¡Estúpido! — mencionó muy bajo, refiriéndose al platinado. — ¡Engreído y grosero! Todo es su culpa, él también es culpable de que su tonto celular se haya destruido por no darse cuenta por donde anda, ¿Acaso hablar por celular requiere no poner atención en el entorno donde caminas?— Seguía en su monólogo, reprochando al peli plata el cual desconocía su nombre, pero sin darse cuenta lo último mencionado lo estaba gritando en vez de hablar bajo. Al sentir que unas cuantas miradas se posaban en ella, se sonrojó por haber perdido el control de su paciencia. La tristeza que sentía hace un momento se convirtió en odio. Sí mucho odio para el arrogante platinado desconocido para ella. —"Espero no volver a verte nunca"— pensó mientras volvía su vista a la ventana.

Continuaba observando a través del vidrio de la ventana del transporte donde se estaba movilizando. Kagome volvió a la realidad dejando atrás el odio que se apoderó de ella en ese momento y empezó a observar los lugares que le brindaba la ciudad, uno de ellos que le llamó la atención fue un colorido parque lleno de flores y vegetación. La azabache decidió quedarse en ese lugar, inmediatamente hizo la parada en ese extraño y desconocido parque y al estar ahí empezó a caminar por sus alrededores observando a las personas que disfrutaban el lugar.

Aquel parque era muy concurrido por personas de diferentes edades. La azabache se dio cuenta que estaba lleno de muchas personas, desde niños muy pequeños brincando y saltando por doquier, hasta adultos mayores descansando en las largas banca bajo de los frondosos árboles. Al ver los cómodos que parecían aquellas bancas, decidió descansar un poco en uno que se encontraba en la esquina del parque, en aquel sitio no estaba muy concurrido, así que prefirió sentarse ahí y reflexionar un poco acerca de los últimos acontecimientos que habían pasado en su corta vida.

De repente y sin dejarle tiempo a hundirse en sus pensamientos apareció una pequeña niña a unos cuantos pasos frente a ella con una sonrisa deslumbrante que la miraba curiosa, Kagome le devolvió la sonrisa al percibir que la pequeña le estaba sonriendo a ella. La niña se acercó un poco al observar que la azabache le sonreía amablemente, al hacerlo Kagome se dio cuenta que la ropa de la pequeña estaba un poco sucia y rasgada, los zapatos de la niña estaban desgastados y el color que lo caracterizaban había desaparecido por el tiempo de uso.

—Hola señorita, es usted muy linda, nunca había visto a alguien tan linda en persona— comentó la pequeña con ilusión haciendo que la azabache sonriera ante el dulce comentario.

—Gracias pequeña— respondió por el elogio, sonriendo por la inocencia de la pequeña. — ¿Por qué estás tan solita? ¿Acaso estas perdida? — Preguntó al ver que nadie la acompañaba.

—No señorita, sólo estaba trabajando. — al escuchar a la niña Kagome se sorprendió al ver lo pequeña que era. Con detenimiento la observó bien y se dio cuenta que llevaba una funda vacía en sus manos y una pequeña mochila desgastada en su espalda.

— ¿Trabajas? Pero si eres muy pequeña ¿Cuánto años tienes?

—Siete, tengo siete años— respondió enseñando siete de sus pequeños dedos a la sorprendida azabache.

— ¡Ven linda! Acércate un poco— pidió de manera amable para que la niña no le temiera, pero aquella pequeña parecía no temerle, con una gran sonrisa se acercó a ella. —Siéntate a mi lado— volvió a hablar, moviéndose un poco, dándole espacio para que la niña pueda sentarse y compartir la misma banca que estaba ocupando.

— ¿Cómo te llamas? — Preguntó al ver que la niña ya estaba sentada a su lado observándola.

—Mi nombre es Rin.

— ¡Que lindo nombre tienes!

— ¿Le gusta?

—Mucho

—Y usted señorita ¿Cómo se llama?

—Mi nombre es Kagome Higurashi—sonrió al responder.

—Señorita Kagome— mencionó de repente la niña — ¿Ya somos amigas? —preguntó mirándola directamente a los ojos esperando una respuesta positiva. Kagome al ver la expresión de Rin se enterneció por la inocencia y pureza que transmitía aquella niña.

— ¡Claro que sí! Desde hoy tú y yo seremos amigas— al responder la azabache vió la felicidad reflejada en el rostro de Rin. Al hablar con esa pequeña que recién había aparecido en su vida algo en su interior también le generaba felicidad. —Pero hay una condición para que seamos amigas — Continuó Kagome con una sonrisa.

— ¿Cuál? — Preguntó inmediatamente Rin

—Sólo quiero que me llames Kagome, no me digas Señorita Kagome ¿ok Rin?

— ¡Sí! — Exclamó muy animada la niña.

—Ahora que ya somos amigas ¿puedo preguntarte algunas cosas Rin? — mencionó Kagome queriendo saber por qué la pequeña niña andaba sola en ese estado y sobre todo por qué trabajaba a tan temprana edad.

Rin al escucharla solo asintió con su pequeña cabecita de una manera muy infantil.

— ¿Dónde están tus padres? — La azabache empezó sus preguntas tratando de no ser muy imprudente.

—Ellos ya no viven conmigo por que están en el cielo.

—Estoy segura que ellos te están cuidando desde allá— Mencionó con un deje de tristeza acariciando la pequeña mejilla de Rin.

— ¿Con quien estás viviendo ahora linda?

—Con mis amigos, ellos y yo no tenemos un hogar, cuando es de mañana salen a trabajar igual que yo y cuando es de noche nos quedamos a dormir en cualquier parte— trató de explicar la niña.

— ¿Tus amigos son niños igual a ti, o son adultos?

—Yo soy la única pequeña— Kagome al escuchar su confesión se molestó y se llenó de preocupación.

— ¿Acaso ellos te obligan a trabajar?

—No, el señor Myoga siempre se enoja conmigo por que me escapo a trabajar— respondió con los cachetes inflados al recordar los regaño que le daba cuando la descubrían que se escapaba.

— Pues deberías hacerle caso, eres muy pequeña para trabajar, en las calle tú solita corres mucho peligro.

—Yo no quiero que por mi culpa la señora Kaede ni el señor Myoga se enfermen— dijo bajando la mirada expresando por primera vez tristeza desde el encuentro con la azabache.

—Vamos linda no te ponga triste— Kagome alzó la mirada de la pequeña con su mano derecha para volver a preguntar algo que le inquietaba desde la ultima respuesta por parte de Rin. — ¿Cuántos amigos tienes?

—Solo ellos, solo somos los tres. Cuando el señor Myoga va a vende flores yo me quedo con la señora Kaede, a veces ella no se da cuenta y me escapo con unas cuantas flores para venderlas y ayudarlos.

Kagome al ver y presenciar la determinación de esa pequeña se sintió tan miserable, ella con solo un fracaso en su vida laboral ya se estaba tirando al abandono, pero al observar el ejemplo de Rin que a pesar de ser tan pequeña quería esforzarse al máximo para ayudar a esas personas que la habían cuidado como sus padres.

La azabache miró a la niña frente a ella tan pequeña y frágil pero a la vez tan fuerte y fugaz que la admiró por ser tan valiente y enfrentarse en una vida tan dura. Repentinamente un sentimiento protector iba creciendo en su corazón, aquel sentimiento mezclado con cariño la ayudó en ese momento de depresión que estaba pasando.

Siguieron conversando de cosas diferentes, la pequeña niña tubo la oportunidad de conocer mejor a su nueva amiga, Kagome le contó acerca de su madre, abuelo y hermano. Al mencionar a su hermano Kagome recordó algo e inmediatamente buscó en su cartera un objeto, cuando lo encontró estiró la mano para entregarle aquel objeto a la pequeña.

— ¡Toma! quiero que lo aceptes por favor— dijo entregándole unos chocolates que eran para su hermano, pero al ver a la pequeña decidió regalárselos a ella. —A mi hermano le gustan mucho, espero que a ti también— sonrió mientras esperaba que la niña aceptara el pequeño obsequio.

—Pe..ro son de su hermano. — mencionó dudando en aceptar los chocolates, no quería ser una molestia para su nueva amiga.

—Mi hermano ha comido muchos de estos, ahora quiero que tu los pruebes por favor— la niña al escuchar su suplica lo aceptó muy contenta al recibir un regalo por parte de la azabache, los guardó en su pequeña mochila que cargaba.

—Ya me tengo que ir antes de que el señor Myoga se dé cuenta de que no estoy.

— ¡Está Bien! Ve con cuidado. Después de dos días pasaré por aquí para conversar otro ratito ¿ok?

— ¡Sí señorita!

— ¿en que quedamos Rin? Dijimos que como éramos amigas ya no me ibas a llamar señorita.

—Lo siento— se disculpó la niña.

—Antes de que te marches quisiera que me responda a mi última pregunta de este día— al ver la aprobación por parte de Rin, la azabache continuó — ¿Cómo llegaste a vivir con tus amigos, después de que tus padres ya no estuvieran contigo?

—Mis padres se fueron al cielo cuando yo era muy pequeña, yo no los puedo recordar, pero cuando ellos ya no estaban el señor Myoga y la señora Kaede se encargaron de mí por que ellos conocían a mis padres, la señora Kaede siempre me hablas de ellos y me dio una foto para que yo pueda recordarlos— explicó sacando de su mochila la foto de sus padres —y también me dio este recuerdo que era de mi mami— la niña le dio un corazón de porcelana de unos nueve centímetros, Kagome lo observó se veía antiguo pero era muy lindo, aquel corazón tenía detalles de flores en el centro. Después de observarlo se lo devolvió a su dueña.

—Es muy bonito Rin— Mencionó —será mejor que te vayas para que no te regañen— Sugirió finalmente.

—Sí, Adiós señorita— se despidió Rin, para luego correr dejando a una sonriente Kagome tras de ella.

—"Creo que será difícil que me deje de decir señorita" — caviló y se levantó de aquella banca para encaminarse a su hogar.

Los días pasaron, Kagome le contó a su familia que ya no tenía trabajo, la noticia los entristeció un poco, pero como buenos familiares que eran la apoyaron. La azabache visitó el parque donde encontró a Rin después de los dos días que ella había prometido. Cuando ella llegó a aquel parque la niña ya la estaba esperando sentada en la misma banca, hablaron de tantas cosas hasta que el tiempo se les acabó. Esta rutina de encontrarse y conversar entre Kagome y Rin seguía sin descanso, aquellas nuevas amigas se encontraban en el mismo lugar cuando lo decidían, había cambiado tanto su relación ahora había mas cariño por parte de ambas, lo único que no había cambiado era el trato de Rin para la azabache, la niña no podía dejar de llamarla Señorita, al final la mayor se dio por vencida. A Kagome le encantaba conversar con aquella pequeña sin importarle la edad que tenía sinceramente disfrutaba mucho de su compañía, ella aprovecha esos encuentros para enseñarle muchas cosa a Rin ya que la menor le había comentado que no había asistido a la escuela.

Rápidamente pasaron los días, exactamente tres semanas en las cuales a Kagome le estaba creciendo un instinto maternal para aquella niña que tanto quería. Un sentimiento abstracto inexplicable que nunca había tenido.

Hoy era un día en los que ella y Rin iban a encontrarse, la azabache quería contarle a la pequeña que por fin había conseguido un nuevo empleo como modelo en una nueva agencia, estaba tan feliz que su sonrisa no se borraba de su rostro mientras caminaba por el parque en busca de Rin, pero su expresión de felicidad se borró bruscamente al presenciar que la pequeña se encontraba llorando en el piso de aquel parque cerca de la banca que siempre compartían, aceleró su paso para averiguar que sucedía y pudo distinguir que la niña no estaba sola había otra persona con ella, al acercarse bien pudo ver el motivo por el cual la niña lloraba destrozada, en el piso se encontraban los fragmentos de el pequeño corazón de porcelana que ella tanto cuidaba. La azabache no sabía como reaccionar estaba tan aturdida al ver a la feliz Rin llorar tanto que no le tomó importancia a la persona que se encontraba cerca de ella y de la niña, hasta que la voz varonil de aquel hombre la hizo reaccionar.

— ¡Quítate mocosa! Necesito pasar y tu estas interfiriendo en mi camino. — Kagome inmediatamente reconoció esa voz tan fría, tan neutra, sin sentimiento alguno. La muchacha se lleno de ira al ver como trataba a una pequeña e inocente niña que no le importó nada en ese momento, caminó decidida hasta él y le dio una fuerte bofetada.

— ¿Cómo te atreves a tratar así a una niña? — Gritó llena de furia.

El platinado la miraba con el mismo sentimiento por haberse atrevido a golpearlo, Sesshomaru no se había dado cuenta que la misma mujer de hace unas semanas atrás la cual le había causado problemas estuviera en ese preciso momento y lugar, lo llenó de ira al sentir su cara arder por la atrevida acción de la azabache, tenía ganas de hacerle lo mismo, golpearla, hacerla sufrir por haberse atrevido a tocarlo solamente, pero él no se iba a rebajar a golpear a una mujer y peor en la calle.

— ¿Sabes lo que has hecho? Acabas de romper el único recuerdo que le quedaba de sus padres, eres un indolente y todavía te atreves a tratarla de esa manera ¿que no te das cuenta que es solo una niña?

—No tengo la culpa que esa mocosa se haya atravesado en mi camino, y que su estúpido objeto se haya destruido. — Kagome no dijo nada a su comentario, en es momento lo más importante era Rin así que se giró hacia la niña y trató de calmar su llanto.

—Tranquila Rin ya no llores— Se agacho para estar al mismo nivel de la pequeña, pero sus palabras no tranquilizaban así que la azabache la tomó entra sus brazos, para luego pararse cargando a la niña sintiendo los sollozos ahogados en su cuello ya que Rin había enterrado su rostro en ese lugar para poder calmar el dolor que sentía.

El platinado decidió marcharse bajo la fulminante mirada de Kagome, esa mirada la odiaba esa maldita mirada la detestaba, él estaba acostumbrado a que todos a su alrededor le temieran, a que temblaran ante su presencia, pero esa mujer había sido muy atrevida al haberse atrevido a golpearlo, esa cachetada se la iba a cobrar sea como sea se la iba a cobrar.

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Bueno hasta aquí el capitulo, les prometo que en siguiente cap. Viene la propuesta por parte de Sesshomaru para que formen una "familia" espérenlo por favor….. ¡GRACIAS POR LEER!

Angeline-dbz