Mis días siempre empiezan igual, estirándome mirando alrededor, intentando buscar a mi protector (la que tiene el deber de protegerme de todo mal), una vez localizada me dirigía hacia ella, con el objetivo de saber cuál era mi tarea del día.

Las estrellas tiene tres categorías de tareas: tarea terrestre (en la que están involucrada la Tierra), tarea de la Vía Latea (estaba implicada toda la galaxia) y por ultima la estelar (que teníamos que visitar otras galaxias en otro planetas). Por semana nos tocaba una diferente y todas coincidían en lo mismo observar y no interferir.

Mi protectora me miro con la misma cara de aburrimiento que siempre

_ ¿Día? –me pregunto

_Perfecto

_ ¿Preparada?

_Lista para la misión

_Suerte –me dijo mientras me daba un papel

Decía Tierra, clase 2, Familia Li. Solo en momento muy extraño recibíamos una orden de observar familias terrestres.

Curiosa mire a mi protectora, que me interrumpió antes de que dijera algo.

_Secreto, no preguntar

Esa respuesta la había escuchado solo dos veces, pero algo que se aprende a olvidar es la curiosidad, cosa que yo aun no lograba.

Suspirando me dirigí hacia las puertas, exclusivamente una verde que era la que me guiaría no solo a la Tierra sino a la calle donde tendría que observar.

Una luz blanca me cubrió al entrar, al cerrar los ojos pude sentir cosquilleos, la oscuridad se hizo presente por primera vez, dejándome saber que había llegado.

Mire a mi alrededor para divisar una casas, una al lado de la otra, al voltearme vi el cementerio y a un joven de cabello castaño.

Tenía un ramo de flores, supuse que era para la persona ahora sepultada, sentí un cosquilleo en mi pantalón, al bajar la mirada me di cuenta que la carta que en un inicio era para decirme mi misión en ese momento se había borrado y a medida de que mi vista se concentraba en la hoja en blanco empezaron a aparecer letras.

Syaoran Li custodia y observación.

Presentar apariencia humana, intervenciones indirectas.

Autorización Superior, proceda.

Pude ver como mis alas iban desapareciendo, mi ropa cambiaba a pantalones y una remera.

Sentí como mi poder se desvanecía y al mirar a ese joven que debía observar, me encontré con unos ojos marrones mirándome.