Un suave sol brillaba en la remota Londres, a pesar de que toda la cuidad estaba destruida, el sol daba esperanzas a sus habitantes.
Pero, nos iremos al puerto del mismo. De allí, bajaban muchos inmigrantes o exiliados de muchos países. Entre ellos, un joven de no más de 14 años, de cabello negro y ojos grises metálicos. No traía finas ropas, sino un traje de campesino y ya.
Camino por allí y por allá, al parecer sin rumbo, pues ni el sabía que buscaba exactamente. Recorrió el puerto, hasta ver parar un gran y lujoso barco, de allí en la plataforma parecía que estaban a alguien muy importante. Una gran alfombra roja, muchos periodistas y gente reunida, parecía que su mismísima majestad venia por tanto alboroto. Pero, ella se encontraba saliendo de un lujoso auto, como si a nadie le importara la cruel guerra que había en curso.
Se paro, junto a unos hombres, mirando sin mirar a su majestad y las personas a su alrededor. Junto a ella, solo habían tres hombres, uno alto de cabello rubio y ojos azules con unas pequeñas gafas, otro casi igual solo que mas corpulento y uno un poco enano y regordete. El trío, hablaba al parecer seriamente pero a la vez alegre con su majestad, parecía que eran íntimos amigos.
-bah…la maldita, aristocracia inglesa. Dijo el joven, bufando.
El barco, toco sus calderas y se detuvo, de allí se bajo una escalera de la cual, bajaron muchos soldados con espadas, haciendo una barrera en las barandas de la escalera. Uno, bajo hasta estar al pie de la misma.
-Ante vosotros, he aquí de nuevo a la princesa de nuestra querida nación inglesa!. Comenzó a decir.
-dios…me pregunto, por que diablos vine aquí. Dijo el joven, bostezando.- seguro, es una vieja arrugada de otro país, encima solterona, ni el diablo la quiere…Jajaja…jeje
-Ella, ha viajado mucho y insistido en volver a su nación, a pesar en las condiciones que se encuentra!.
-aquí vamos…vieja en…3…2…1…
-ante vosotros, Lady Madeleine Anneliese Van Hellsing!.
Los soldados, sacaron sus espadas y las unieron haciendo un gran honor a la persona que bajaría del barco.
En efecto, de pronto se asomo una joven de no más de 14 años, de cabello negro y ojos azules. Vistiendo, un sencillo pero elegante vestido color bordo, que llevaba atado a su cintura una gruesa cinta blanca, que enmarcaba y afinaba su cintura. De mangas medianas, junto a un sombrero de copa ancha color blanco, del cual había una rosa roja en el. Unos, hermosos zapatos negro, con un poco de tacón y unos guantes negros que le daban un aspecto más inocente aun.
La multitud, estallo en aplausos, silbidos y aclamaciones a la joven. Ella, camino delicadamente bajo el techo de espadas, con una brillante sonrisa.
El joven, ya había dado la vuelta, cuando la otra joven bajo, un joven lo empujo tratando de pasar y el se molesto, y quiso decírselo. Pero, al querer hacerlo dio la vuelta y vio a la joven caminar hacia su majestad. El tenia, un mondadientes en boca, el cual lo dejo caer al ver a la lady.
Empujo, discretamente a otros hombres hasta quedar en el barandal que habían puesto, hipnotizado mirando a la joven.
-que gusto, que hayas venido, pero estoy segura que hubiera sido mejor que te quedaras en Francia, Madeleine. Dijo su majestad, sosteniendo las manos de la joven.
-quizás su majestad, pero no puedo quedarme en otra nación, mientras la mía perece. Dijo ella, con una suave vos, mirando a su majestad.
-igual de patriótica como tu padre.
-me alegra que hayas venido, Any. Dijo el hombre, alto y un poco corpulento.
-a mi también, Arthur.
Los demás saludaron y ella se paro en medio de todos, junto a su majestad. Los aplausos seguían y seguían, al igual que los demás. El joven, no dejaba de aplaudir a Madeleine, mirándola fijamente.
-silencio, por favor. Dijo su majestad y todos callaron.
-dios…va a cantar. Dijo un hombre en susurro al joven.
-cantar?, tiene, que tener una hermosa voz. Dijo el, suspirando.
-al parecer, ya te ilusionaste con ella.
-como no hacerlo?, es preciosa…
-pues, pierde tus esperanzas, es una lady y ya esta en proceso de comprometerse.
-comprometerse?, seguro que no tiene mas de 14.
-je, la maldita aristocracia, casa a las personas muy pronto.
-pues…ella, será mía. Dijo el, esperanzado.
-tuya?, oh…vamos, he escuchado eso miles de veces, pues sueña amigo mío…es una lady y no aceptan a cualquiera…además, ella ni siquiera sabe que existes.
-…
-compatriotas, de Inglaterra!. Dijo la reina.-hemos, estado sufriendo mucho estos últimos años, pues pocas cosas nos han sido a favor. Pero, hoy tendremos el honor de volver a escuchar el melodioso canto de nuestra querida Lady.
(N/A: bueh, yo ni J con las canciones de Inglaterra, pues ahora la voy a bolacear y espero que no me manden al diablo, ni que me metan presa por faltas a los derechos de autor :P)
Arthur, le quito el sombrero a Madeleine y ella, uniendo sus manos tímidamente, camino hasta quedar a la vista de todos. Levanto la vista y vio al joven que la miraba desde hacia rato. Ambos, se sonrojaron y ella llevo una mano delicadamente a su corazón. El joven, también lo hiso y le guiño un ojo. Intercambiaron sonrisas y miradas, hasta que ella dio un cuarto de vuelta y miro a su majestad.
Entonces, comenzó una suave música, algo que le hacia dar esperanzas a todos los espectadores de la joven Lady. (N/A: entiéndase como la voz, casi idéntica a la de Rip)
Oh, mis amados…
Oh, compatriotas…
Hemos sufrido
Y hemos caído…
Todos, quedaron suspirando por la bella voz de la joven, ella cantaba con la frente en alto, con cada estrofa que salían de sus labios, al joven que la miraba lo hacia suspirar mas aun. Pero, no duro por mucho la alegría.
Apenas, unos momentos pasaron, cuando todos disfrutaban de la hermosa y melodiosa voz de la joven. Cayo, de pronto, una bomba en el barco de donde Madeleine había bajado. Todos gritaron y ella detuvo su canto, el joven se alarmo y fue terriblemente empujado por las personas que huían. A causa, de que Londres estaba siendo sobrevolada por aviones nazis, de ellos disparaban y tiraban bombas a los habitantes de la misma.
Su majestad, fue inmediatamente llevada a su auto y este de marcho lo mas rápido que pudo. Los tres hombres que la acompañaban, también fueron empujados por la gran muchedumbre. Arthur, también los empujo, con el único destino de encontrar a Madeleine.
Ella, estaba siendo empujada por sus mismos admiradores. Soldados, se tiraron de los aviones cayendo en el puerto. Arthur, de su abrigo saco un arma de la cual mato a algunos soldados.
-MADELEINE!!. Gritaba, llamando a la joven.
-HERMANO!!!. Gritaba ella, tratando de pasar inútilmente.
Al apenas poder moverse, fue sujetada por su cintura y cubrieron su boca. Ella, trato de gritar pero fue inútil, un soldado la había amordazado y sujetado fuertemente.
-escuchamos, tu voz desde el cuartel, jovencita. Le dijo, burlonamente.
Ella, al parecer lo insultaba pero el no podía oírla, el joven al tratar de alejarse, diviso a Madeleine siendo arrastrada contra su voluntad hacia un barco.
No dudo ni un solo instante en socorrerla, corrió hasta quedar a unos metros detrás del soldado. Pero, vio que el no la llevaba al barco sino a un callejón, de allí la azoto contra la pared y ella quedo tirada e inconsciente. El, le apunto y disparo, dándole una bala en su hombro la lady, grito agudamente, algo muy desgarrador para cualquier persona.
El muchacho, al ver ese cruel acto, quito de sus bolsillos, unos simples guantes negros. Al colocárselos, miro al tipo con rabia y este lo miro con burla.
-DEJALA!. Ordeno furioso.
-que harás?, eres un niño…yo, disfrutare de este niña. Dijo el tipo, tomando a Madeleine por sus largos cabellos y pegándola contra la pared, haciendo con su navaja un gran trajo en sus brazos, haciendo que sangraran.
El joven, movió sus dedos rápidamente y sin que el soldado se diera cuenta, se estaba desangrando por alguna razón. A los pocos segundos, cayo al suelo…ya…muerto.
Madeleine, se levanto a duras penas un poco sujetando su hombro y ensangrentada por la sangre del soldado, miro a aquel joven que tendió su mano.
-estas lastimada…dame tu mano, así podre ayudarte. Dijo el, amablemente tendiendo su mano.
-gracias… dijo ella, tomando su mano levantándose.
Al levantarse, casi vuelve a caer por su hombro lastimado, pero el jovenzuelo la sostuvo apoyándola contra su pecho. Ambos, se sonrojaron y miraron a los ojos.
-como te llamas?. Pregunto ella.
-Walter…Walter c. Dornez. Dijo el.
Madeleine, se separo apenas un poco y se oyeron muchas armas, cargándose detrás de ellos. En efecto, había muchos soldados en fila apuntándolos y a punto de disparar. Walter, rio internamente y Madeleine lo abrazo con miedo.
El devolvió el gesto, y movió sus dedos haciendo que las armas de los soldados y ellos mismos, se cortaran en miles de pedazos.
Bombas caían sin piedad en Londres, donde Arthur aun buscaba a su hermana. Había recorrido todo lo que pudo, hasta terminar en el final del puerto. Su traje, estaba desgarrado y el sangrando, pero no le importaba. Recordaba perfectamente, la promesa que le había hecho a su padre a sus 16 años, antes de morir. Que cuide a su hermana, ya que ella seria la mujer más pura que tendría la oportunidad de ver.
Que Madeleine, era la pureza personificada, con toda las gracias de una mujer, en otras palabras…para el, su padre y los demás amigos íntimos de la familia, Madeleine…era perfecta…simplemente perfecta de cualquier ángulo que se la miraran, ella era lo mas perfecto que podrían llegar a ver.
Arthur, buscaba entre escombros ya sin esperanzas. Cayo de rodillas, exhausto y lleno de impotencia, tanto que golpeo conteniendo el llanto el duro cemento, rompiéndolo.
-malditos sean nazis, bastardos…malditos sean. Murmuro a lo bajo.
-.-
-que hacemos aquí?. Pregunto Madeleine, al notar el lugar donde estaban.
-no lo se, pero es mejor que salgamos no sabemos si esto se derrumbara. Dijo Walter, separándose y caminando hacia una pared.
-crees, que este solido?.
El, golpeo con su pie una pared y camino hasta Madeleine.-si, todo esta seguro.
En ese momento, se escucharon ladrillos quebrarse y venirse abajo. Walter, con mucho miedo giro su cabeza a la pared que había golpeado, la misma se estaba cayendo a pedazos. Madeleine, miro hacia arriba y de su miedo llevo sus manos a su boca y ahogo el grito. El, la abrazo y trato de llevarla corriendo para salir del callejón.
Mala suerte, la suya. Al querer hacerlo, una gran piedra golpeo la cabeza de Walter, pero el no se detuvo. Madeleine, tropezó y ambos cayeron al suelo.
-.-
Arthur, caminaba mirando a las personas heridas del lugar, quizás allí pudiese estar su hermana, pero no. Se sentó y fue examinado detenidamente, fue vendado y curado de sus heridas.
-tiene, que descansar, sir hellsing, de lo contrario no se repondrá. Dijo una enfermera, al ver que el se levanto y caminaba a la salida.
El sir, no hiso caso salió de una carpa improvisada de auxilio y vio a mucha gente correr hacia unos escombros.
-vamos!, dicen que hay dos jóvenes allí, atrapados!. Escucho que decían los hombres que corrían.
-Madeleine. Musito Arthur, trotando hasta el lugar.
Un oficial, saco una linterna y movió unos escombros.
-hay alguien ahí?!. Pregunto, gritando.
No hubo respuesta. Al quitar otros escombros, diviso algo brillante, frunció el ceño y escarbo hasta conseguir una fina cadena, de la que colgaba una cruz de plata. La misma, era idéntica a la de lady Madeleine Anneliese van hellsing.
El oficial, bajo la mirada y apretó sus dedos, que estaban enredados en la cadena de plata. Dio la espalda a los escombros y miro a todos con tristeza. Diviso a Arthur, llegar esperanzado, pero no mucho al notar lo que el hombre tenia en sus dedos.
-sinceramente…lo siento de corazón, sir Arthur hellsing. Murmuro a lo bajo.
-tengo la desgracia de anunciar…que nuestra querida lady Madeleine, a muerto entre los escombros!. Dijo en voz alta enseñando la cadena-aquí…este su marca…la cadena que siempre llevo al cuello.
Arthur, se adelanto unos pasos y cayo de rodillas al suelo. Golpeo el cemento y un hombre de gafas pequeñas y redondas, se acerco y toco su espalda.
-Arthur…se fuerte. Dijo, mientras el golpeaba el suelo con impotencia, los demás espectadores decidieron dejar el lugar.
-no puedo, Islands!. No puedo!, le jure a mi padre que la protegería con vida, si fuera necesario!. No lo entiendes?, le falle!, le falle a mi hermana y a mi difunto padre!.
-.-
-ma…Madeleine…despierta.
-nh?...Wa…Walter…
Los dos jóvenes, apenas podían respirar con tantos escombros encima de ellos. Walter, tenía sus brazos sangrando, con múltiples cortaduras en ellos. Madeleine, estaba casi sana y salva, ya que Walter utilizo algo, para que no la afectara el derrumbe.
-podremos, salir de aquí?. Pregunto ella, débilmente.
-s-sí, pero habrá que empujar estas rocas, juntos. Dijo Walter, poniendo su antebrazo sobre una piedra.
-esta bien.
Madeleine, empujo unas rocas y Walter también. Los demás que estaban afuera, sintieron ruidos de las rocas, Arthur e Islands levantaron la mirada y sus esperanzas volvieron a ellos.
Madeleine, había perdido mucha sangre por sus heridas y al empujar una roca pesada, cayo en brazos de Walter. El, casi inconsciente pero sin rendirse, coloco su antebrazo sobre una ultima roca alargada y sumamente pesada. Empujo, con las pocas fuerzas que le quedaban y vieron la luz.
En efecto, el quito la ultima roca y sostuvo a Madeleine, contra su pecho. Todos, quedaron sorprendidos pero alegres que Madeleine este a salvo, pues…nadie se fijo en el joven, que le había salvado la vida.
-MADELEINE!!. Grito Arthur, con una sonrisa subiendo los escombros y viendo a su hermana levantarse, con ayuda del joven.
En un momento el paro, para ver que Walter se sostenía duras penas y Madeleine se levantaba apoyando su mano en el pecho de el, mientras Walter sostenía su cintura. Algo, que para esa época era escandaloso y poco modesto.
-a-a-Arthur. Musito Madeleine, levantándose a duras penas y caminando hasta su hermano.
El corrió y la abrazo, examino sus heridas y ella se desmayo por su perdida de sangre. Islands, acompaño a Walter hasta la enfermería mientras Madeleine, era postrada en una camilla tratando de ser curada.
Horas pasaron y ella, salía del brazo de su hermano, con su saco marrón como abrigo, ya que su vestido se había roto, quedando inservible, su cuello vendado y sus delicados dedos, llenos de tajos.
Walter, tenía su cabeza vendada y un brazo roto, también con curitas en su cara. Cambiaron sus vestiduras, por otras casi iguales a las que tenia. Diviso a Madeleine, salir en brazos de su hermano y quiso acercarse a ver si estaba bien. Pero, una enfermera lo tomo por su brazo y negó con su cabeza.
-será mejor, que no te acerques ahora a ella. Dijo, mirándolo a los ojos.
-por qué?. Pregunto el.
-es la hermana de sir Arthur, el la protege como la cosa mas valiosa de todo el mundo, a cualquiera que se acerque a ella y el no lo conozca, puedes quedarte seguro, que no seras admitido. Pocos la conocen como la hermosa persona que es, nuestra querida lady. Dijo la enfermera soltando su brazo.
-…entiendo. Dijo el bajando la mirada.
Arthur, camino hasta quedar frente a la puerta de su auto.
-quien…era el joven, con quien estabas Madeleine?. Pregunto abriendo la puerta.
-un joven…que, gracias a el le debo la vida, sino ahora estaría muerta y enterrada, hermano. Dijo ella, entrando con una pequeña sonrisa, que el nunca antes vio.
Madeleine, se quedo apoyada en su asiento, cerrando los ojos y de pronto volviéndolos a abrir.
-deberías…estar en casa. Dijo ella, suavemente.
-tu lo dijiste…debería. Dijo una voz, que resulto ser un hombre que de un momento a otro, estaba sentado junto a Madeleine.
-Arthur, si sabe que estas aquí te regañara, Alucard. Dijo ella, volteando su cabeza.
-estas, muy herida. Dijo el, sin darle importancia a la advertencia anterior.
-si, lo se…pero, estaría muerta sino fuera por…
-por quien?. Pregunto el interesado.
-por nadie, que a ti te llegara a interesar, además si te contara le irías con el chisme a mi hermano, cosa que me meterían en problemas. Dijo ella, bajamente pero con mucha paciencia en su voz.
Arthur, volvió a la carpa donde, busco a aquel joven que había salvado a su hermana. Lo hallo, bebiendo agua sentado en una silla.
-tú. Dijo Arthur, parándose junto a el.
-si?. Dijo Walter.
-te doy, las gracias.
-por qué?, quien es usted?.
-soy, sir Arthur hellsing, hermano mayor de Madeleine, te doy las gracias por haberla salvado, sino ya estaría muerta.
Walter se paro y el le tendió la mano, al estrecharla, Arthur sintió que era un muchacho muy seguro de si mismo.
-como esta, Madeleine?. Pregunto Walter.
-ahora, mucho mejor. Dijo Arthur.
-me alegro.
-por cierto, me dijeron que buscas trabajo. Comento Arthur, encendiendo un cigarro.
-es cierto…por que?.
-pues, mi antiguo mayordomo, acaba de jubilarse y necesito uno nuevo. Conozco tus habilidades muchacho, he visto parecidas en mi vida. Así que…aceptas?.
-pues…si, supongo.
-pues, ven con tu maleta, para que te muestre en el lugar donde trabajas para mi.
Ambos hombres, salieron hasta llegar al auto de los hellsing.
-Alucard!, vete mi hermano llego!. Dijo Madeleine, en susurro, mientras Alucard miraba unos sobres de Arthur.
-bueno, me voy nos veremos en casa. Dijo desapareciendo.
Ella, suspiro y se apoyo en el vidrio, donde cayo en un profundo sueño. Arthur, subió en el asiento del piloto y Walter en el copiloto. El, en el trayecto, no aparto ni un segundo la vista de la cara dormida de Madeleine.
Al abrir sus ojos, la joven lady lo primero que vio fue que se hallaba en su cuarto, vistiendo su pijama habitual. Pensó, por un minuto que todo había sido un sueño, había una sola manera de corroborarlo.
Se sentó sobre su cama y abrió la camisa del pijama rosa pastel. Estaba sin sostén y su abdomen estaba completamente vendado, a excepción de sus pechos. Entrecerró sus ojos y miro hacia el frente.
Ahogo el grito y palideció completamente. Walter, estaba frente a ella vestido de mayordomo, con una bandeja de desayuno en sus manos. Ambos, se sonrojaron y ella cerró rápidamente su camisa sin abrocharla. Bajo la mirada completamente sonrojada.
-que…que, haces tú aquí?. Pregunto sin mirar a Walter.
-eh…este…yo, ahora trabajo aquí, Madeleine. Dijo el, dejando la bandeja sobre una mesa dándole la espalda a Madeleine, completamente sonrojado.
-como, que trabajas aquí?.
El camino de costado hasta tomar un papel, para caminar de espaldas hasta ella donde le dio una carta.
-tu, hermano me contrato ayer…
-oh, entiendo. Pues, ya puedes darte la vuelta. Dijo ella, terminando se abrochar su camisa.
Ambos suspiraron y se miraron, para luego comenzar a reír bajamente. Hasta que ella lo miro fijamente diciendo:
-entonces…te doy la bienvenida, Walter…bienvenido, a la organización hellsing…
