Tabla: Ropa
Pareja: Ann- (¿?) momo-madre de Ann. Kamio- ann.
Advertencias: Ooc grave.
Chaqueta
Hacía demasiado frio. Pero no importaba. Las calles estaban convirtiéndose en la boca del lobo, pero no le importaba. Parecía estar a punto de llover, mas tampoco le dio importancia. No. Es que nada le importaba.
La noticia le había caído como una jarra de agua fría en pleno invierno. No se esperaba tal noticia y no le gustaba. No era agradable. Su madre se lo había dicho con una sonrisa en los labios, las mejillas resplandecientes… como una colegiala. Pero demonios, ya contaba con cuarenta años y todavía seguía comportándose como si nada y se había terminado echando un novio dos años mayor que ella. ¿tan necesitados estaban los chicos de hoy en día?
Lo peor de todo es que era un chico al que ella misma le había presentado anteriormente. Asqueada, no había podido soportar mirarles más y comprendió porque siempre era "la hermana de Tachibana". Ese Momoshiro Takeshi…. Era un cerdo. ¿Cómo se le ocurría tirarle los tejos a su madre y salir con ella? Hasta dios sabría al punto en el que habían llegado.
Lo peor de todo es que ella había sentido grandes cosas por él. Lo había anotado todo en su diario. Los entrenamientos, las conversaciones. Los momentos en que estaban juntos, las risas… todo. ¡Y no lo hacía por ella! Momoshiro hacía todo eso simplemente por su madre, no porque ella le importara.
La lluvia comenzó. Sus ropas se calaron rápidamente y sus cabellos comenzaron a pegarse a su rostro. Podría ir en busca de su padre, contárselo, pero probablemente no era lo mejor. Éste tampoco estaba para esas tonterías. Especialmente, desde que su hermano había comenzando a tener ciertos "problemas" con una camarera de un puticlub.
Ella no quería darle más, por eso mismo se fue con su madre. Para un padre, vivir con una hija era un quebradero de cabeza, aunque siempre tuviera la casa limpia y buenas notas. Siempre tenía miedo que un buen día le llegara con un bombo.
Pero ellos nunca pensaban en los problemas que a la larga podían darle a sus hijos. Eran unos egoístas de por vida. Especialmente su madre.
La lluvia había empeorado cuando llegó a las canchas de tenis. El sonido de una pelota húmeda chocar contra la pared la hizo detenerse. Aquel cerdo era capaz de estar jugando a esas horas y si era así, estaba dispuesta a darle un buen bolsazo.
Así, totalmente decidida y sin pensarlo dos veces, golpeó con su bolsa la cabeza de la persona, escuchándole gemir. Jadeante, gruñó para coger de nuevo el bolso, dispuesta a darle unos cuantos golpes también. Pero el muchacho se quejó, reptando y logrando esquivarla para mirarla enfurecido.
—Eh… ¡Ann! — exclamó él, haciendo cada vez más insolente en su cercanía. Deseo matarlo a bolsazos— Ann, cálmate. Soy yo, Kamio. Quieta. ¿Qué haces empapada? ¿Quién te ha hecho daño?
Hipo, quedándose sin aire. Antes de que tuviera tiempo de pensarlo, se abalanzó sobre él. Sus dedos reptaron bajo la chaqueta del chico, éste se la quitó, colocándosela por encima, frotándole los hombros y los brazos, hasta que terminó levantándola para cargarla hasta uno de los pequeños techos cubiertos.
No sabía muy bien por qué, pero en ese instante, liberó todo. Lloró contra su pecho. Gimió y pataleo infantilmente. Y el mejor amigo de su hermano la escuchó en silencio, acunándola entre sus brazos, consolándola.
—Ya sabía yo que ese idiota no era trigo limpio. Siempre me cayó mal. Lo que deberías de hacer es olvidarte de él. Ves con tu hermano y con tu padre— recomendó.
—No— negó, frotándose los ojos— mi padre y hermano no están ahora para que los molestes. Tú lo sabes…
—Sí, bueno, pero es que no es normal. Tu madre le saca casi treinta años a Takeshi. Es asqueroso, con perdón.
Afirmó y entrecerró los ojos, limpiándoselos. Era inútil tener que decidir algo y llorar. Era mejor decir la verdad y quejarse como debía de hacer. Se aferró a la chaqueta del tenista, sonriéndole.
—Regresaré a casa y mañana te devolveré la chaqueta, Kamio… te prometo que seré sincera con mi madre…. Y…
Se inclinó hacia él, posando sus labios sobre los contrarios en un simple y torpe roce.
—Gracias por estar siempre ahí.
Echó a correr, dejándolo atrás. El cielo se despejó y una sonrisa decidida se mostró en sus labios. Era incrédulo que hubiera huido y decidido que aquello era final de una conversación. Abrió la puerta de la casa con decisión y se enfrentó a la pareja.
—A ver, mamá— comenzó decidida— ni hablar. Me niego totalmente. No te vas a casar con un chico que es millones de siglos más joven que tú.
Su madre la miró incrédula, enrojeciendo y sonriendo con nerviosismo. Probablemente, no se esperaba que decidiera tomar esa decisión. Pero cuando Momoshiro parpadeó, sonriendo irónicamente y le golpeó la nariz divertido, enrojeció.
—Ann, cariño, nunca cambiaras. Siempre escuchas lo que te da la gana. No dije: "me voy a casar" sino: "te vas a casar". Momoshiro vino a pedirme tu mano. No la mía.
Momoshiro sonrió a carcajada limpia, mientras ella le golpeaba el pecho, enrabiada. Había jugado con sus sentimientos una simple forma de comprender diferente a lo que debía de entender. Takeshi dio con la chaqueta, frunciendo el ceño.
—Esa chaqueta no es…
—Del mejor amigo que podría haber tenido esta noche— aseguró apretando entre sus dedos la chaqueta. Quizás, no se la devolvería nunca a Kamio y sería un precioso recuerdo.
n/a
Bien, otro one-shot más de la tabla de la ropa. Se podría decir que es un trió difícil. Además de una confusión errónea.
Nos vemos en la próxima.
