Era oficial, Ahsoka estaba agotada hasta el cansancio, quién diría que 5 misiones consecutivas, 2 de estas, planetas llenos de arena como solo pueden ser Jakku y Tatooine agotarían por completo a la joven Togruta.
-Odio la arena- fue todo lo que la padawan dijo antes de entrar a su cuarto ya a bordo del Resolute. –Espera… no la odio, la DETESTO- grito antes de tirar sus ropas al piso y tomar un muy necesitado baño.
A decir verdad el odio de Ahsoka no estaba poco fundamentado y pocas cosas eran merecedoras del odio de la adolescente, los droides y los vegetales estaban en el tope de su lista pero la arena guardaba un lugar especial en ella remarcada con marcador permanente. Un poco de sudor es todo lo que necesita para pegarse a ti y asegurarse de que pases un rato incomodo al meterse incluso en lugares que no debería pero para Ahsoka acarreaba un problema aun mayor y eso era que fastidiaba por completo su ubicación espacial aumentada que le brindaban sus montrals.
Decir que la misión fue un reto de terminar es decir poco, la falta de coordinación, mareos y dolores de cabeza eran horribles y fingir que todo se encontraba bien para no preocupar a su maestro le costó más trabajo de lo que hubiera deseado pero al fin y al cabo todo había resultado y por fin podría tomar una merecida siesta.
-Desde ahora lo digo, dormiré hasta que lleguemos a Coruscant- dijo Ahsoka para si misma al salir del baño ya aseada para después recostarse en su cama y prepararse para dormir.
-¿Puedo pasar?- dijo una voz al otro extremo de la puerta que fácilmente era reconocible por su tono tan suave o al menos eso decía la joven padawan.
-Claro maestro- dijo la togruta algo molesta por su fallido intento de descansar, sentándose así en el borde de su cama y tañándose sus ojos. Al momento de abrirlos se percató que su maestro la miraba preocupado y un poco ansioso, era… extraño por decir lo menos. Su maestro jamás tenía ese semblante.
-¿Maestro? ¿Se siente bien?- fue todo lo que Ahsoka pudo decir sin las ganas de elaborar más sus cuestionamientos y dejando que Anakin explicara por sí solo.
-Mira Sabionda, solo te quería pedir disculpas, sé que te exigí mucho al pedirte que me acompañaras a Tatooine pero es que solo confió en ti para cuidarme la espalda. ¿Sabes a lo que me refiero?- infirió su maestro antes de proseguir –Sé que estabas cansada después de lo de la infiltración en el planeta Jakku pero nunca pensé que pondría tu vida en peligro y por ello te pido mis más sinceras disculpas mi joven padawan-. Con ello Anakin se arrodillo, junto sus puños y agacho su cabeza esperando que con ello enfatizara su gran remordimiento por lo que había pasado.
Ahsoka se encontraba perpleja y muy confundida incluso algo temerosa de preguntar a su maestro de qué diablos estaba hablando ya que no recordaba ninguna situación de peligro en el que su maestro los hubiera metido además de lo usual claro está. Por otro lado ella no se encontraba en sus 5 sentidos durante su "estancia" en el planeta desertico por lo que no podría confirmar aquello tampoco.
Antes de que la togruta pudiera interrogar a su maestro, este decidió aclarar un poco las cosas sintiendo la clara confusión que emanaba de su aprendiz –El droide de batalla que te electrocuto y que casi te remata con un disparo en la cabeza- dijo Anakin esperando aclarar todo el asunto. -¿Lo recuerdas?-
Ahora lo recordaba, en medio de una pelea en un bar, que por cierto su maestro había iniciado, un droide distinto a los que usualmente tienden a ver por su apariencia ajena a los separatistas, por poco la mata si no fuera por la interferencia oportuna de Rex.
Ahsoka ante su pronta iluminación levanto a su maestro y lo invito a tomar asiento a un lado de ella, quien gustosamente lo hizo, para posteriormente contarle acerca de su odio a la arena, los efectos que esta le causaba al pegarse contra sus montrals y en general las sensaciones que esto le acarreaba fisiológicamente y de ahí los síntomas a los que Anakin definía como "cansancio".
Por un lado la joven Togruta odiaba el saber que había hecho preocupar a su maestro nuevamente; ya que por ser tan obstinada y admitir que no se sentía bien había puesto en peligro su vida y con ello la de su maestro. Sin embargo, le dio la oportunidad de hablar con Anakin de temas diferentes de los que usualmente tratan. Se podría decir que todo salió bien.
-¿Entonces ya no tienes ninguna molestia por la arena?- pregunto el caballero jedi ya libre de cualquier molestia aunque algo curioso. –No maestro ya me encuentro bien- contesto la padawan deseando que fuera la última pregunta para finalmente volver a recostarse.
-En ese caso me retiro- y con ello Anakin le dio un beso rápido justo en el centro de sus montrals y se levantó presuroso y con dirección a la salida. Eso sin duda había tomado por sorpresa a la joven togruta quien lo demostró con un claro oscurecimiento en su lekku pero no iba a perder su oportunidad. –Maestro- casi grito llamando la atención de Anakin y deteniéndolo antes de que llegara a la puerta. –Me gustaría otro beso… como el de antes- dijo haciendo referencia al momento que habían compartido un par de meses atrás en el cumpleaños de Ahsoka.
Anakin sonrió claramente recordando aquel momento – A mí también, pero primero tengo que arreglar unos cuantos asuntos- dijo con un semblante un tanto serio pero sin dejar de transmitir esa confianza y calidez que tanto le gustaba a Ahsoka.
-Aterrizaremos en Coruscant en 8 horas- dijo Anakin abriendo la puerta del cuarto de su aprendiz – Y no olvides ponerte algo de ropa, no sería correcto que alguien más te viera desnuda- y con aquel comentario el joven maestro salió del cuarto de su aprendiz quien por cierto apenas se había dado cuenta que no tenía nada de ropa encima.
Ahora deseaba que la hubieran matado en Tatooine y de paso estaba segura de necesitar otro baño con todo el sudor y calor que el tremendo bochorno le estaba ocasionando, sus emociones estaban a flor de piel (angustia, vergüenza, preocupación y miedo por mencionar algunas) pegándose a ella como si de la arena se tratase y Ahsoka DETESTA la arena.
