LOS PERSONAJES DE NARUTO SON PROPIEDAD DE MASASHI KISHIMOTO. LA HISTORIA ES MÍA.
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MALAS DECISIONES
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La mañana no podía ir peor, Naruto había irrumpido en mi casa apenas al amanecer, mis ojos ardían por la falta de sueño y había despertado con un jodido dolor de cabeza. Cerré los ojos y me hundí en la almohada.
—Que pinta tienes— soltó Naruto asomándose a mi cuarto mientras se comía un plato de huevos revueltos. Los últimos que quedaban en mi nevera —. Yo creí que después de largarte temprano anoche estarías de mejor humor.
—No me largué temprano, imbécil. Estaba resolviendo uno de tus problemas antes de que comenzara— le respondí fastidiado.
—¿Eso es posible?— me preguntó curioso y luego se encogió de hombros — ¡Ah! ¿Tu escapada temprano se debió a Mei? Ayer volví a verla en el bar. Creí que habían terminado.
Pretendí no escucharlo mientras volvía a sentir que se me retorcía el estómago.
—Esa mujer casada te seguirá dando problemas y ya no necesitas más. Déjala— su tono cansado denotaba su siempre desacuerdo. Eso no era nada que necesitara escuchar, tenía con Mei cerca de seis meses y lo que comenzó como un encuentro casual se volvieron noches y noches de pasión. Descubrir que era casada me importó una mierda, como que me llevara más de doce años, esa mujer me enloqueció.
Naruto siguió hablando mientras comía y se sentaba frente a mi computador.
—¿Y qué quería, eh?
Sonreí y me quedó un gusto amargo en la garganta. Desde que su esposo nos descubrió ella no la había pasado nada bien. Seguía sintiéndome culpable, Mei estaba demasiado aferrada a mí aunque intentaba dejarme, y yo tenía la tendencia a volver a caer con ella.
—Su esposo podría matarte si descubre que la has seguido viendo.
—Supongo que es algo que me he estado buscando— dije poniéndome de pie, tenía que hacer la despensa. Sonreí al ver a Naruto molesto.
—Oye, aunque no quieras decirme nada, tu cara de frustrado sexual dice que no cogiste anoche; entonces no estuviste con Mei, obviamente. ¿Dónde demonios te metiste?
Volteé a verlo de medio lado.
—¿Sabes a quién putas le vendiste licor ayer?
Naruto se encogió de hombros y ante el seguro sermón se giró en la silla con toda su atención al computador.
—A la jodida hermana de Neji— lo vi palidecer. Gente como ese Hyuuga fueron culpables indirectos de mi salida de la universidad por menos que eso… A Naruto, podrían acabarlo.
—No me jodas— soltó por un momento preocupado y luego estalló en risas —. ¿Cuál de todas ellas era? ¿Estaba buena?
Bastante buena, me reconocí y volví a sonreír.
—Hey, si mencionas eso así… es porque… No me jodas, ¡¿es una puta menor de edad?! ¿De veras?— abrió grande los ojos, acababa de caer en cuenta en la que se pudo haber metido — ¿Y entonces? ¿Qué tal está?
Noté por su curiosidad que tenía ganas de joder a Neji.
El rostro asustado de esa chiquilla se me vino a la mente. Luego vinieron a mí las imágenes de sus piernas y ese par de senos, lo ofendida que estaba cuando no la ayudé a bajar de mi auto al estar lastimada y el intento orgulloso que hizo por no pedirme otro favor, a pesar de apenas poder moverse. La tonta chica había logrado saltar esa barda por su cuenta. Mi sonrisa se extendió. Seguro su pie la mataba en estos momentos.
—Te estás riendo. ¿Tan buena está?
—Olvídalo. No la tocarás— dejé claro y salí rumbo a la cocina de la pequeña casa que alquilaba.
—¿Por qué no? ¿La quieres tocar tú?— me pasó de largo y golpeó con su hombro el mío al ir otra vez a la nevera.
¿Quererla tocar?
—Es una niña— aclaré aburrido.
—Y es ilegal… ¿eso no lo hace más tentador?
—No soy tan cabrón— dije y un intento de sonrisa se me escapó.
Naruto se rio fuerte —No me vengas con moralidades. Si estaba en ese bar y yo le vendí licor era porque definitivamente no parecía una niña. Las adolescentes de hoy en día están más buenas que antes, ¿qué les pondrán a los danoninos que las hacen desarrollarse así?
No dije nada ante sus desvaríos.
Lo cierto era que no parecía realmente una niña, pensé mientras me servía un tazón de cereal y le vaciaba la poca leche que quedaba. Lo que me había hecho sospechar de ella era esa timidez que trataba de esconder y esos buenos modales que la diferenciaron en ese mar de personas. Aunque no iba a negar que la chiquilla tenía un pequeño mundo de contrastes… además, de ese par de melones en su delantera que fueron difíciles de ignorar.
—Entonces… una Hyuuga. Interesante.
—¿El qué?
—El poder fastidiarla— me dijo apoyándose en la encimera. Fruncí el ceño, ¿estaría pensando lo mismo que yo? —. Es la hermanita de Neji, por él perdiste la media beca en la universidad.
Sentí mi sangre arder y mi cuerpo calentarse al recordar.
—No fue él y lo sabes— respondí sin querer caer en provocaciones absurdas.
—No, pero fueron esa bola de cabrones como él. Te quitaron la media beca y dejaste la universidad. Te la debe.
—No me desquitaré con ella.
Naruto resopló —Demonios, suena mal si lo dices así— lo vi pasarse las manos por su cabello y despeinarse —. Es sólo que esos cabrones… Si no te hubieras metido en aquella pelea no te hubieran quitado la beca, tampoco hubieras tenido que dejar la universidad y estarías por graduarte, tu madre estaría aquí y…
—¡Joder, ya lo sé! ¡Cierra el hocico!— aclaré molesto y aventé al fregadero el tazón con cereal que por suerte no se rompió. Caminé los cinco pasos que separaban la cocina de una de las habitaciones y busqué una camisa limpia.
Me jodía recordar aquél día. Aquella pelea en el gimnasio de baloncesto se había llevado al carajo el esfuerzo que había puesto en llegar hasta ahí. No solía lidiar muy bien con las provocaciones y aquél día no estaba de un mejor humor, el capitán del equipo no pudo con la idea de que un novato, becado, estuviera por pelearle el puesto y había provocado la pelea. Terminé con un ojo morado, un puño lesionado y dos de ellos con un par de dientes menos. En rectoría se me retiró la beca cuando nadie del equipo habló a favor de mí.
Permanecí unos meses más en la universidad pero sin esa beca había sido imposible seguir costeando los gastos. Desde ahí surgió mi desprecio por Neji:
«No debiste medirte con él, de cualquier forma ibas a terminar perdiendo. Me sorprende que duraras tanto por aquí.» Las palabras de ese imbécil me volvieron a hacer arder la sangre. Recordar aquellos ojos violáceos viéndome altivos, soberbios, casi con un deje de lástima el día que abandoné finalmente la universidad «Acepta lo que eres. La gente como tú tiene un lugar en esta sociedad, naciste siendo escoria… así seguirás»
De no haber sido por Naruto le hubiese roto la cara a aquél maldito imbécil. Si bien Neji nunca se metió con nosotros, la gente como él no nos toleraba, aquella tarde tuvimos la mala suerte de demostrarles a esos ricachones que entrenadores personales no los hacían mejores a nosotros. A mí. Trapeé el suelo con ellos sin necesitar mucho de Naruto. Si mi satisfacción por haberlos aplastado hubiese bastado y hubiese hecho oídos sordos a sus provocaciones las cosas serían diferentes.
El desprecio de Naruto a Neji venía por aquellas palabras que me dijo cuando nos cruzamos esa tarde, en el estacionamiento de la universidad. Esas palabras se habían marcado como hierro ardiente y todavía me negaba a creerlas, aunque el estigma estuviese persiguiéndome cada vez que quería flaquear. Esas palabras fueron las mismas que mi padre una vez nos dijo y que llenaron de lágrimas los ojos de mamá. Se me retorcían las entrañas al recordarlas de los labios de un soberbio ricachón como ese imbécil, colocándome por debajo de él… cual escoria.
Metí mis brazos por la camisa y luego saqué la cabeza por el cuello, estiré la tela negra hasta que tocó los vaqueros gastados que ya usaba. Cuando me dirigí al buró por mi cartera me encontré también con esa identificación falsa. La tomé y vi con desprecio esa fotografía. Era bonita, esa chiquilla, como sea que se llamara, lo era… pero esos ojos castaños no eran los que debería ver; no, ella tenía ojos violáceos, como todos en su familia. Esa cara bonita no debía confundirme, era una Hyuuga, una niña de clase, debía ser tan ruin y altanera como todos en su círculo.
La mirada de Neji volvió a mí pretendiendo hacerme sentir basura. Y la basura eran ellos. Toda su maldita gente.
El sonido que hizo mi computador al recibir un correo me hizo dejar de ver a esa niña y girarme. Lancé el carné a la cama y por un momento me quedé frío al ver lo que esas líneas decían.
Debía ser una puta broma.
—Oye, Teme, ¿te diste cuenta que ya no tienes comida?— Naruto llegó a mi lado y se asomó a ver lo que yo veía. Lo vi abrir los ojos con sorpresa mientras yo me retiraba. Se rio — Esto debe ser una conspiración maquiavélica que te quiere pegado a ella, ¿no? ¿Qué harás?
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—Dios, duele— me quejé cuando Ino presionó una bolsa de hielo sobre mi tobillo hinchado.
Sakura se rio —No te quejes, que bien vale un tobillo torcido por haber respirado el mismo oxígeno que Sasuke. ¿Qué más te dijo?
—Ya te dije que no dijo mucho, sólo que era por su amigo— repetí —. Me hizo sentir apestada.
—¡Eso es lo de menos!— interrumpió Ino mientras Sakura se quitaba su short para tirarse a la piscina en mi jardín — ¡Pudiste haber sido violada, ¿te das cuenta?!
—Por favor, baja la voz— supliqué —. Si alguien te escucha irá con el cuento a papá y bueno… ¡Auch! Dolió.
—Te lo merecías, por cabezota. Pudiste haber ido con nosotras y…
—O mejor no pudimos haber salido y tampoco habría pasado— interrumpí e Ino se vio realmente molesta. Estaba preocupada —. Escucha, no volverá a pasar, ¿de acuerdo? No lo planeamos así.
—Claro que no— cedió ella —. Debemos agradecer a ese tipo, el tal Sasuke.
—Ya lo hice yo— le dije. Sí lo había hecho y no quería volverlo a hacer, mi estómago cosquilleó al recordar toda la masculinidad de ese chico que aunado a su altanería y a su forma de decir las cosas lo volvían peligroso. Mi rostro se puso caliente al darme cuenta de que ese chico me gustó.
«Cielos, no» pensé. No iba a ser otra vez la ingenua enamorada del chico malo y rudo. Esas cosas no salían bien y lo había comprobado con Gaara. Gente como él no se volvían de la nada buenos y tiernos al mágicamente enamorarse de tontas como yo.
—Pudimos meternos en un gran problema— dijo Ino al sentarse en la tumbona a mi lado —. Será mejor que nos detengamos unas semanas.
—Por mí no hay problema, podemos cambiar las noches de sábados en los bares, por los domingos aquí— escuché decir a Sakura que flotando en la mitad de la piscina, también saludó a Hanabi que recién llegaba.
—Podría ser bueno, aunque de cualquier manera tuve suerte de no haberme desgarrado, por un momento creí que sí— le dije viendo mi tobillo hinchado. Ya llevaba un par de desinflamatorios y aunque me seguía doliendo debía ser por el esfuerzo que hice después de la torcedura y no por un desgarre.
—Parece que anoche te acompañó la suerte— la oí decirme y mi sonrisa se amplió a pesar de que ella seguía presionando el hielo en mi tobillo.
—Y duró hasta la mañana.
—¿Cómo?
—¡Mi papá me dará un coche!— alcé la voz emocionada. Ino gritó más que yo, no lo podía creer.
—¡Un coche para nosotras!— y ahí estaba, la frase que juré que diría. Reí —Espera, espera, ¿sabes conducir?
Mi sonrisa se borró —Bueno, no muy bien, pero…
—No puedo morir tan joven… y además virgen— juro que vi a Ino ponerse morada por sus palabras.
—Tranquila, aprenderé— dije segura.
—¡Ino, con un demonio, ven aquí!— Sakura nos lanzó agua.
—¡Allá voy!— Ino se quitó la falda y quedó en su bikini, se lanzó al agua, salpicándome.
Yo me senté sobre la tumbona y apoyé mi pie para continuar con la presión del hielo. Necesitaba sanar pronto ¡tendría un auto! Y, además, papá había mencionado algo de una sorpresa para el martes. Volví a acostarme y crucé mi pierna lastimada sobre mi rodilla doblada, necesitaba mantener la lesión en alto para ayudar a desinflamar. Mi sonrisa se perdió mientras escuchaba a mis amigas reír y jugar… a veces sentía que no merecía lo que mi padre me daba después de haberlo decepcionado tanto. Todavía no olvidaba la vergüenza con la que me vio aquella tarde.
O.O.O.O.O.O.O
Tenía una madre que desde que supo que perdí la beca había desempacado sus maletas, olvidándose de venir a vivir conmigo después de años separados, ella había vuelto a trabajar pretendiendo ayudarme; siempre sacrificándose. Recordé eso y fue por ella que ahí estaba, viendo saltar a esa chica que no había reparado siquiera en mi presencia.
Ajusté la corbata que junto al traje negro que ya portaba, sería mi uniforme a partir de ahora y durante los próximos seis meses.
—No lo puedo creer, papá, ¿en serio?— vi a esa chica dejar de correr y acariciar con sus dedos la pulcra pintura de un perfecto Ford cobra rojo del 65.
La emoción en esos ojos violáceos los hacía brillar. Ella, envuelta en un ceñido uniforme escolar azul marino, zapatos de piso negros, todavía cojeaba, pero eso no le impedía mostrar su felicidad al recorrer el auto. Verla así casi hizo que mi antipatía se esfumara un poco.
—Claro que es en serio. Este será tu auto una vez que tengas tu licencia— oí decir al hombre castaño que el día de ayer me había contratado, pagando el doble de lo que un empleo como ese requería. Un auto clásico para su princesa. Mi molestia avivó al reconocer el nulo esfuerzo que ella tuvo que poner para conseguirlo… menos de la mitad de lo que seguro costó ese auto, pagaría con sobrantes toda una carrera universitaria.
—Faltan seis meses, la tendré apenas los cumpla— la vi asegurar con firmeza.
—Mientras tanto usarás el coche de tu madre.
—Pero dijiste que…
—No dejaré que lo arruines— el hombre la interrumpió—, por eso me encargué de buscar alguien capaz para que lo maneje— cuando él vio hacia a mí, ella lo imitó. Sonreí de medio lado al verla palidecer, al segundo siguiente estaba boqueando sin saber qué decir; casi me cayó bien.
Tuve que presentarme y ella dudó en tomar mi mano.
—Hinata— la llamó su padre pero ella estaba más interesada en verme a los ojos y no soltarme, que en él. Eso me gustó —. ¿Hinata?
Ella respingó y me soltó de inmediato.
—¿Si?
—Él es Sasuke, la agencia de colocación de empleo nos contactó. Será tu chofer durante los próximos meses, ¿de acuerdo?
Ella asintió despacio y volvió a verme. Aun bajo la sombra de esa cochera con espacio de sobra para cuatro autos, sus ojos claros mostraron un destello de asombro y reconocimiento.
Hiashi Hyuuga vio la hora en su reloj — Ahora debo irme, nos veremos para la cena— le dijo y estuvo a punto de dar un paso a su hija, pero rectificó el camino para comenzar a salir. Afuera su chofer y el auto lo esperaban —. Cuida bien de mi hija, Sasuke— me dijo al dejarme una palmada en el hombro.
Una vez que nos quedamos solos ella carraspeó y buscó darme la espalda. ¿No seguiría brincando alrededor de su coche?
—Así que Naviki, ¿eh?— le dije mostrándole el carné falso que me había quedado. Ella abrió sus ojos grandemente, seguro si me la hubiera cogido y le estuviera mostrando sus bragas al habérmelas quedado, se habría sorprendido menos. Buscó quitármelo. Alcé la mano y el pequeño salto de ella no sirvió en absoluto.
¿Era la segunda o tercera vez que pensaba sexualmente en ella?
—No me llamo Naviki, ese nombre…
—Es tan falso como tu carné. ¿Papi lo sabe?— achiqué los ojos y mi voz se volvió ronca por lo antes pensado.
La vi tensar la mandíbula, molesta y ofendida la pequeña Hyuuga. Se irguió pretendiendo verse segura y eso casi me hizo sonreír.
—Si quisieras dárselo ya lo habrías hecho— dedujo. Inteligente —. Si no me lo vas a dar, ¿para qué lo trajiste? ¿Piensas extorsionarme? Porque si quieres dinero…
—No soy ningún extorsionador. Además, ¿qué dinero podría tener de ti? Seguro eres una inútil y necesitarías pedirle a tu padre primero— mi sangre se calentó y le solté molesto sin dejarla terminar. La vi volver a tensar su mandíbula.
—Entonces, dámela— me dijo viéndome a los ojos. No supe definir si estaba molesta o dolida.
Sonreí con ironía y se la ofrecí —Ten.
Ella me la arrebató y se giró de prisa para irse. La vi tensarse de inmediato y gemir dolorida: había vuelto a lastimarse el maldito tobillo. Alcé mis ojos pretendiendo ver algún rastro de dolor en su cara, pero ella no me lo permitió, comenzó a andar tan bien como seguro pudo, pero se notaba que le dolía. Era necia.
—¿Saldrá, señorita?— pregunté divertido. Y yo era un cabrón.
La vi apretar sus manos en puños.
—Subiré por mi mochila y me llevarás al instituto— me dijo y luego volvió a caminar.
Sonreí al verla. Si yo fuera un caballero la ayudaría, tal vez la cargaría a su habitación y le ayudaría con sus cosas… pero no lo era. Lancé al aire las llaves del coche que conduciría y me dirigí al auto, me recosté en el asiento segundos después esperando que bajara. No daría por ella nada más, que por lo que me pagaran. Era un cretino, me reconocí… si ella no fuera quien era, la habría ayudado.
Menos de diez minutos después ella apareció, usaba una corbata con su uniforme escolar, me di cuenta que el vestido azul marino era más corto de lo que me hubiera gustado. Cargaba su mochila y lucía adorable intentando caminar normal aunque era obvio que le dolía. Salí del coche y me quedé viéndola, ahí, recargado en la puerta del auto. Estaba sonrojada y luchaba por no mirarme. Uno de los empleados de la casa se percató de los problemas que tenía para caminar y corrió a ayudarle, le quitó la mochila y casi con pena le ofreció su brazo, el mismo que ella no dudó en tomar. Fruncí el ceño ante la escena.
—Iré adelante— su voz sonó suave.
—Pero señorita— el chico replicó y lo vi verme con desconfianza. Le sostuve la mirada en actitud poco cordial hasta que la bajó.
Hinata agradeció y se encerró en el auto.
Yo di un último vistazo al sujeto, varios años mayor que yo, y luego ingresé al coche.
Hiashi Hyuuga me había entregado el horario de su hija, aun así le pregunté a dónde la llevaría. Me indicó el lugar exacto, su voz fue suave y su mirada evadiéndome. Su actitud había cambiado y eso me llamó la atención.
—Yo…— dijo estando a punto de llegar al instituto — yo siento haber insinuado que pretendías extorsionarme— terminó por decir y por su rostro sonrojado y que se negaba a verme intuí que de verdad lo sentía.
—¿Insinuado? Eso no fue insinuación— aclaré disfrutando el momento.
La vi apretar los ojos, ¿por qué se disculpaba si yo estaba molestándola y fui más que grosero?
—Sí, lo siento— cedió y eso me molestó, no quería una niña débil, prefería a la que se ofendía y pretendía ofenderme. Así sería más fácil de odiar —. Dije eso porque…
—Sí, imagino— interrumpí sin interesarme.
—No volverá a ocurrir— que ella volteara a verme con pena desató una oleada de calor en el estómago. Odiaba que hicieran eso.
—No lo hagas— advertí al estacionarme lo más cerca que pude de la entrada.
—¿El qué?
—Compadecerme— aclaré molesto—. No me tengas lástima, porque yo no te la tendría— dije y luego de salir del auto, cerré de un portazo. Ella abrió la puerta de inmediato seguro sintiéndose peor.
Hinata salió antes que yo llegara a su lado y se puso firmemente de pie, la vi querer decirme algo pero su rostro se descompuso. Se sujetó de la puerta que, ante la presión de su mano terminó de abrirse y ella perdió el equilibrio, cayendo de sentón apenas alcanzando parte del suelo del auto.
Lloriqueó.
—Joder— solté al oírla, era la primera vez que la oía quejarse así —. ¿Estás bien? Serás idiota— solté esto último entre dientes al tomarla del pie que no apoyaba en el suelo.
Hinata no dijo nada mientras yo le deslizaba la calceta escolar y le sacaba el zapato, la sentí tensarse cuando le desnudé el pie. Su tobillo se había puesto rojo y caliente. Apreté y gimió. Cuando alcé mis ojos a ella, Hinata tenía una expresión de dolor y alivio en el rostro, además de estar suavemente sonrojada. Cuando repetí el movimiento y ella volvió a gemir dolorida me aseguré de no verla y solo cuidar de no lastimarla demasiado, pues lo último que quería era imaginar obscenidades. Me maldije a mí mismo por dejarme afectar por una niña como ella. Intenté mover suavemente su pie simulando que pisaba el suelo y aparte de un gemidito de dolor también la vi llevarse una de sus manos entre sus muslos; le estaba separando las piernas y no me había percatado de ello, hasta ese momento en el que Hinata intentaba cubrirse.
—Vamos, te llevaré a enfermería, ¿por dónde?— pregunté tosco al ponerme de pie.
—Entrando, segundo pasillo a la izquierda— me dijo al momento de sujetar su zapato y su mochila.
Le quité la mochila y me la colgué al hombro, luego ella soltó un gritito cuando la cargué en brazos, quería dejarla en la enfermería y que ellos se hicieran cargo. La sentí hacerse pequeña y me di cuenta de lo patético que me veía.
O.O.O.O.O.O
Los días pasaron uno tras otro, poco a poco mi pie estaba mejor, podía girarlo y el dolor apenas se hacía presente. Era lunes y era la tercera vez en menos de seis días que las chicas venían a verme, eso me hubiese resultado extraño de no ser por Sasuke.
Giré mi rostro y me encontré a Sakura con él. Ella estaba haciéndole plática mientras él se ocupaba de limpiar el coche de mamá, pude verlos a ambos perfectamente desde esa mesa en el jardín. Ino estaba a mí lado. Sasuke se había quitado la camisa y sólo portaba una camiseta que se ajustaba bien a su pecho y espalda, también en sus abdominales. Me di cuenta que estaba celosa de Sakura por ir y hablarle, ella no tenía reparo en mostrar que le gustaba.
«Santo cielo»
Sasuke me gustaba y eso era lo peor que me podía pasar. Me sentí tan mal por haberlo ofendido diciéndole que pretendía sacarme dinero, tachándolo por su apariencia y clase social y yo no solía ser así. Pero él me sacó de mis cabales. Y lo seguía haciendo, pero de peor manera porque ahora estaba molesta conmigo hasta por estarlo viendo.
—Joder, pobre Sasuke, debe ser difícil tener a Sakura encima— me comentó Ino mientras veía por encima de su revista la escena de esos dos. Ambos charlaban, ¿tendrían cosas en común? Imaginé que sí. Él me había llamado niña rica, seguro con ella se sentía mejor, más cómodo por ser de una misma clase social.
—¿Será que a Sakura de verdad le gusta?
Ino se rio —¿Será que te gusta a ti? ¡Esa es la pregunta!
—Por Dios, qué cosas dices— intenté hacerme la desentendida al hojear uno de mis libros.
—¿Qué tiene de malo? A Sakura obvio que le gusta, digo, creo que hasta a mí me gusta… basta ver lo bien que está— dijo estirándose para verlo encerando el coche —. El tipo está riquísimo— confesó pero no le vi real interés, eso me hizo sonreír.
Ino suspiró y luego me vio con seriedad.
—Aquí entre nos, no creo que Sakura sea su tipo— me dijo.
No, yo tampoco lo creía. Volví a verlo, él me volteó a ver y yo desvíe la vista recordando que el tipo de él eran las mujeres de verdad. Recordé a la pelirroja con la que lo vi en el bar, seguro ella era su tipo.
—Y dices que te cargó a la enfermería, ¿qué más ha pasado entre ustedes?— me preguntó Ino y se sirvió un poco de limonada.
Negué despacio.
—Nada, apenas me habla… creo… creo que le caigo mal— dije en voz baja.
Ino estalló en carcajadas e incluso Sakura y Sasuke nos voltearon a ver. Me ruboricé.
—¡Pues que se aguante, le pagas por tolerarte!
Sonreí sin ganas.
Todavía me preguntaba de dónde venía el desagrado que Sasuke tenía por mí, es decir, no debía ser muy difícil ser amable, yo intentaba serlo con él, pero conforme pasaban los días lo notaba más serio y sentía que lo molestaba. Algunas veces lo sorprendía viéndome por el retrovisor –porque me había hecho viajar en la parte trasera y no supe cómo lo permití-, luego desviaba su vista y su gesto se hacía más duro. ¿Era posible que fuese tan rencoroso? Yo ya me había disculpado por prejuzgarlo… ¿o era posible que yo lo molestara solo por respirar?
Resoplé sin entender por qué estaba dándole tantas vueltas al asunto. Si él mostraba apatía por mí estaba bien, más que bien, porque así yo dejaría de interesarme o sentirme nerviosa y poco a poco lo dejaría pasar; él se iría en unos meses y todos felices.
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Estaban a punto de ser las cinco y me sentía una persona horrible por alegrarme de que las chicas se hubiesen marchado. A esa hora también Sasuke terminaba su trabajo en casa, lo había visto dirigirse a la cochera donde dejaría el auto.
Sentía un hormigueo en el estómago, era esa sensación que me decía que estaba siendo demasiado arriesgada y que no debería estarlo haciendo. Aun así, me dirigí también a la cochera. Era mala idea hablarle pero obedecí ese impulso.
Ino tenía razón, si me gustaba podía intentar dejárselo saber… un affeire con alguien como él era lo que necesitaba para darme seguridad y terminar de superar a Gaara. ¿Qué tendría de malo? Virgen, ya no era. Y Sasuke, Dios, Sasuke me gustaba mucho. Apenas me reconocía. Aunque considerar el asunto del affeire me lo guardaría solo para mí; ahora sólo iría a darle alguna indicación para el siguiente día. Cobarde, eso era.
«Cielos»
Me detuve de golpe antes de entrar al escuchar la voz de mi hermano.
—No sabía que ahora eras miembro de la nómina de mi padre— escuché decir a Neji y fruncí el ceño. Me asomé un poco y vi a Sasuke con el rostro elevado y sus manos en los bolsillos, veía a mi hermano con altanería —. Así que renunciaste a la universidad y ahora eres… esto.
Esas últimas palabras provocaron que se me apretara el pecho. ¿Ellos se conocían? El tono distante y frío de mi hermano me sonó a agresión de alguna manera.
—Sí, bueno, se hace lo que se puede, ya que por romperle la cara a niños ricos no pagan— escuché decir a Sasuke y se rascó la nariz. Su tono parecía despreocupado, pero veía fijamente a mi hermano.
Neji sonrió o eso me pareció.
—Sólo vine aquí a dejarte algo en claro— dijo mi hermano y detuvo a Sasuke cuando éste estaba dispuesto a irse —, sin ánimo de ofender, mantén tu distancia. Sé cómo es la gente como tú, pero no pierdas el piso. Mantén tus ojos y manos lejos de mi hermana— añadió Neji, su tono helado hasta a mí me hirió.
—¿Crees que me interesaría?— soltó Sasuke casi con burla. Lo imaginé achicando sus ojos y con su sonrisa de autosuficiencia. Ese cuestionamiento me hizo sentirme tonta. Neji pretendía poner en su lugar a Sasuke, pero era yo la que estaba siendo plantada con los pies al suelo: yo no le interesaba.
—Para que no se te ocurra— fue lo último que escuché. Me fui tragándome un nudo en la garganta y entré por la puerta principal. ¡Qué estúpida era!
O.O.O.O.O.O.O
Cerré de un portazo al entrar a la casa y de inmediato lancé un golpe a la pared, un gruñido de frustración acompañó al fuerte golpe.
¡imbécil, Neji!
Mis dedos temblaron al deshacer el puño y pasarme la mano por el cabello mientras ignorando el dolor me dirigía por algo de beber.
«La gente como yo. Mantener mi distancia.» Recordé furioso sus palabras y mi desprecio volvió a avivarse.
—Ni que pensara tocarla— solté antes de beber de un vaso con jugo, luego me dirigí a mi habitación.
Odio eso de esa gente de mierda, siempre creyéndose el centro del universo. Hinata debería sentirse afortunada si siquiera pensara en tocarla. Casi la odio.
Recordé a esa chica peliazul y cómo me veía en silencio mientras la llevaba en el coche.
Me dejé caer en mi cama.
También recordé la forma amable en que solía comportarse y como día a día me dejaba un emparedado para que desayunase, al bajar y 'olvidarlo casualmente' en el auto antes de quedarse en el instituto. Ella me caía bien y eso había estado molestándome. Hinata y Neji eran polos opuestos.
La idea de fastidiarlo haciendo eso que me pedía que no hiciera, era tentadora. Mucho. Sobre todo porque Hinata no estaba nada mal… pero a pesar de eso, no era tan cabrón como me sentía y no quería hacerla partícipe de algo que no debía.
—Maldita sea— solté y gruñí frustrado, de no necesitar el maldito trabajo le hubiese partido la cara.
Mi móvil vibró en mis pantalones. Era Mei. Sonreí al ver que su intento por terminar con lo nuestro no está yendo muy bien. Quería verme.
Me levanté y me dirigí a ducharme, después de lo de hace un rato necesito distraerme en un par de muslos. Pensar demasiado en esos Hyuuga iba a enfermarme… tenerle piedad a Hinata iba a ser peor.
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La mañana siguiente me forcé a estar molesta en lugar de deprimida. El único sentimiento real que reconocía era esa ofensa que me generaban las palabras de Sasuke al despreciarme. Hirió mi orgullo y no sabía que eso pudiera doler tanto.
Bajé ya sin ningún dolor en mi pie y lo vi frente a la puerta principal, recargado en la puerta del copiloto del auto de mamá, esperándome. El sol de la mañana le daba de lleno y esa luz hacía lucir su piel más clara y su cabello más negro. Tenía la corbata ligeramente floja y las mangas de la camisa dobladas hasta sus codos; esa actitud despreocupada con el cabello revuelto y las manos en los bolsillos dejaba ver al tipo rebelde y buscaproblemas que vivía en él. Dios, si solo le faltaba un cigarro en los labios para ser Don Mojabragas, como diría Ino.
Me vio y mantuvo una sonrisa de medio lado. Se veía tan bien y yo no sabía por qué sonreía. Tal vez porque al hacerlo se sabía irresistible o yo qué sé; pero lo único que esperaba era que no fuera porque se me notaba que me gustaba. Esa humillación no la soportaría.
Bajé los tres escalones dejando atrás mi casa, avancé los pasos que me separaban del coche y él.
«Dios» pensé y dejé de verlo. ¿Eso que traía en el cuello era un chupetón? Así que su buen humor se debía a una buena noche. Bien, pues ojalá lo haya disfrutado.
Entré al coche sin saludar y sin esperar a que me abriera la puerta. Lo vi fruncir el ceño y perder su sonrisa. Esperé a que entrara y me entretuve conectando los audífonos a mi celular y eligiendo cualquier canción para que me distrajera. No podía creer que estuviera sintiendo celos. La atracción física que sentía por él era mucha.
«Lástima que a él no le pase lo mismo»
Llegamos al instituto lleno de personas.
—¡Hinata!— Kiba llegó distrayéndome de mis pensamientos. Me quité los audífonos y salí del auto mientras él se acercaba. Seguro había ido a dejar a su hermana menor.
Era infantil y lo sabía, pero olvidé premeditadamente dejar el emparedado para mi chofer. Sonreí ante lo tonta que me veía… seguro él ni siquiera lo notaría.
—Kiba, ¿qué haces por aquí?— le pregunté dejándome abrazar. Me mantuvo unos segundos de más pegada a él y se lo permití.
—Vine a dejar a mi hermana, mi mamá no la pasa bien, ya sabes— me dijo y dio un toquecito en la punta de mi nariz, manteniendo uno de sus brazos sobre mí. Se formaron unos segundos de silencio en el que solo nos sonreímos y miramos el uno al otro.
—¡Hinata!— la voz seria y alta de Sasuke me hizo respingar. Lo noté tenso, había perdido por completo la sonrisa que lucía en la casa —¿A qué hora vengo por ti?
—¿Tienes chofer?— se burló Kiba.
—Desde hace unos días— susurré y me reí, realmente no necesitaba chofer pues no salía a muchas partes de cualquier forma, lo que mi padre pretendía era que me enseñara a conducir sin la presión de un curso de manejo; yo había pasado por alto su deseo no dicho, para no hacer el ridículo frente a Sasuke. Volteé a verlo y su gesto de fastidio fue más marcado —. A las dos, como siempre— respondí y asintió, le dejó un vistazo a Kiba y luego subió al auto sin decir nada.
—Se me hace conocido de algún lugar— dijo Kiba.
Yo vi el auto perderse entre otros coches y personas. Sentí un hormigueo en mi estómago, todavía estaba ofendida, un poco celosa, pero también me sentí ligeramente mal por no haberle dejado algo de comer.
—¿De qué te ries?— me preguntó Kiba.
—De nada en particular— le dije y lo dejé acompañarme a la entrada.
Por Dios, esta no era yo.
O.O.O.O.O.O.O.O
Era la una con quince, acababa de confirmarlo al ver mi reloj. Sasuke acababa de estacionarse metros adelante, por la acera de enfrente del instituto. Fui directamente al auto.
Lo vi por el retrovisor al apenas subir. Mantuve mi mochila en mis piernas… él era, en definitiva, un chofer con su estilo propio.
—¿Había tráfico?— pregunté cuando él no avanzó de inmediato. Estar en silencio y sin movernos me obligó a hacerlo. Odié que mi tono saliera molesto.
—El habitual— me dijo y su sonrisa de medio lado volvió a él.
¿El habitual? ¿Había llegado tarde a propósito? ¿Qué habría estado haciendo? Ladeé mi rostro cuando mi mente, traidora, ligó su tardanza con algún amorío diurno.
Puso en marcha el vehículo cuando no hice el intento por seguir hablando. Tenía tarea que hacer y lo único que quería era llegar a casa.
—¿Te molesta si hacemos una parada antes de llevarte a tu casa?— su voz me hizo voltear a verlo. Él me veía por el retrovisor.
No por favor, quería dejar de verlo pronto.
—¿Qué tipo de parada?— pregunté y soné suspicaz. Él lo notó.
—Ayudaré a un amigo a preparar unas cuantas cosas para un trabajo hoy en la noche. En el Nou.
¿En el bar? ¿Trabajaba entre semana en el bar?
Asentí en silencio y volví a desviar mi rostro, miré por la ventanilla. En menos de veinticinco minutos estábamos llegando. Ese lugar de día lucía tan diferente.
—Espérame aquí— me dijo y salió.
Salí del auto al igual que él. Volteó a verme con el ceño fruncido.
—Vine hasta aquí contigo, no me quedaré a esperarte sola en este lado de la ciudad.
Él frunció el ceño, casi pareció divertido.
—¿Este lado de la ciudad? Hinata, pisas este lado de la ciudad en las madrugadas— me recordó y me tomó desprevenida.
—Como sea, iré contigo— dije y fui a su lado.
—¿Y tu carné?— se burló.
—No es gracioso— lo escuché reír y me siguió, sin impedirme más ir con él.
El lugar estaba prácticamente vacío, de no ser por algunos chicos que metían y sacaban mesas. Al parecer el evento sería privado. Sasuke se dirigió a la barra y yo lo seguí. Lo vi quitarse la camisa blanca y formal que usaba y quedarse solo en una camiseta que se pegaba a su cuerpo como otra piel. Las luces estaban apagadas pero por la claridad del día no hacían falta. Verlo tan cerca y así, hizo que me sintiera rara.
—Hola, extraña— una voz a mi espalda me hizo respingar y por nada, gritar.
Unos ojos azules hermosos, bajo una cabellera rubia, me observaban fijamente. Él estaba tras la barra y había apoyado sus brazos en ésta para acercarse y casi hablarme al oído.
El chico, Naruto, pestañeó viéndome sin reacción.
—No la molestes, Naruto. Seguro estará a nada de salir corriendo de aquí al mezclarse con la gente de los barrios bajos, sin nadie de su clase por aquí para ayudarla— dijo Sasuke y noté por su tono agrio que había desprecio ¿hacia mí?
—Yo no haría eso— aclaré viéndolo.
—Así que tú eres la hermana de Neji— dijo el chico que siguió apoyado en la barra mientras Sasuke comenzaba a cargar varias cajas de licor, para ingresarlas tras la barra.
¿Naruto también conocía a mi hermano?
—¿Lo conoces? ¿De dónde?
Volteé a ver a Sasuke de reojo y atrapé una mirada de advertencia lanzada a Naruto. El chico despreocupado alzó un hombro.
—De por ahí— dijo simplemente y supe que algo se traían ellos tres, porque tampoco era normal la forma en que Neji había tratado a Sasuke.
—Hey, Naruto, ayúdame acá— pidió Sasuke y el rubio se fue con él.
Varias miradas se posaron en mí y decidí sentarme en un extremo de la barra, donde no molestaría a nadie. Jugué con mi celular y un par de veces vi a Naruto y Sasuke charlando, me veían de vez en vez pero decidí no darle mucha importancia. Hacerme ideas provocaba que terminara estampada en el suelo cada vez que Sasuke demostraba que yo no le importaba en absoluto.
Coloqué mis audífonos y me conecté al grupo de chat con Ino y Sakura. No les dije dónde estaba pero me entretuve mucho en ese grupo de charla. No sé cuántas veces le sonreí al móvil leyendo cómo ambas preguntaban por Sasuke y hacían mención de lo masticable que estaba.
Cuando transcurrió más de media hora el calor provocó que mi pelo se pegara a mi nuca, lo separé con la mano y agité la misma dándome un poco de aire.
—¿Acalorada? Te dije que esperaras en el coche, ahí al menos hay aire acondicionado— soltó Sasuke mientras cargaba sobre un hombro varias sillas dobladas. Noté algo parecido a desprecio en su voz.
—¡Oye!— le hablé y se giró a verme, al estarse alejando. Fruncí el ceño por un nuevo cambio de humor —¿Te caigo mal o por qué me tratas así? ¿Te hice o dije algo?
Él sonrió, soberbio y siguió avanzando.
Yo lo seguí, ¿se burlaba de mí?
—Fue una pregunta en serio— le dije al sujetarlo del brazo. Me sorprendió lo duro que estaba y la ligera capa de sudor. Cuando lo vi a la cara noté que también su rostro estaba perlando.
—Deja de hacerte ideas y no te des tanta importancia— me dijo y pretendió avanzar.
—¿Crees que soy tonta o algo así?— dije y lo vi bajar las sillas, las apoyó en la barra.
—¿De qué hablas?— en su tono había cierta burla.
Cerré los ojos rogando por paciencia. No la encontré. Me di media vuelta pretendiendo ir por mi mochila para salir de ahí. Sasuke pretendía hacerme creer que eran ideas mías cuando era obvio que algo le molestaba.
—¿A dónde vas?— me preguntó al seguirme.
No le contesté y busqué pasarlo de largo. Me sujetó del brazo y me impidió seguir caminando. Su mano era tibia y su pulso firme. Alcé mis ojos a él. Me sonrió.
—¿Estás enojada?— y ahí estaba otra vez su cambio de humor. Ahora parecía divertido.
Yo rodé los ojos y busqué no molestarme al ver más claramente que no me había equivocado. Eso en su cuello sí era un chupetón.
—¿Crees que soy tonta?— le pregunté cuando él me llevó al final de la barra —¿Crees que ser rica me vuelve hueca y estúpida?— solté olvidándome de cualquier delicadeza.
Él sonrió.
—No tengo idea de qué hablas— su sonrisa no desapareció, al contrario, parecía satisfecho de escuchar lo que le decía.
—Claro que lo sabes. Te oí conversar con Neji en la cochera— pensé que mostraría algo que delatara incomodidad. No lo hizo.
—¿Oíste lo que me dijo?— achicó los ojos y su sonrisa se extendió.
—Sí.
—¿Y lo que me advirtió?— me preguntó mordaz.
—Sí— lo vi sonreír y se acercó más a mí. Me tensé. Sasuke no solo era guapo, también era peligroso, muy, muy peligroso por su forma de ser. Me quedó más que claro cuando no pude moverme y lo vi a los ojos, acercándose más y más. Terminé pegada a la barra y él a centímetros de mí.
—¿Y escuchaste lo que le respondí?— me susurró al oído. Su pecho duro se pegó al mío. Sentí su calor y su aroma a sudor mezclado con su perfume me nubló los sentidos… tal vez fue eso, o tal vez la idea de que pudiera hacerme algo más.
Asentí sin querer hablar. No pude verlo, pero seguro sonrió, era tan cínico.
—¿Y qué piensas de eso?— se apartó y me sujetó de la barbilla. Sus ojos negros y profundos me vieron con real curiosidad.
Tragué el nudo en mi garganta.
—Que es lo más inteligente que pudiste haber dicho— logré sonar firme y no sé cómo lo hice.
Él sonrió, su mirada fija en mis ojos bajó a mis labios y se mantuvo ahí por un par de segundos.
—De cualquier forma— me obligué a hablar antes de seguir así… era tonto, pero casi juré que me besaría —, no es como que yo fuera como esas tontas— le dije desviando mis ojos a la marca en su cuello. Él extendió su sonrisa y yo achiqué los ojos —. Tampoco muero porque me toques.
Sus ojos negros adquirieron una nueva profundidad. Una peligrosa.
—¿En serio?— susurró y pasó su lengua en el filo de sus dientes esperando a que respondiera. Sentí mis piernas flaquear.
—¿Pensabas que sí?— pregunté y me alegré de sonar tan segura como él. Sé que se divirtió por eso porque sonrió. Sonreí también pero mi sonrisa murió cuando él posó una de sus manos en mi cadera y se acercó a mi rostro.
Mi corazón golpeó enormemente pero no lo oí. Mis sentidos estaban puestos en él, en esos labios semi abiertos que buscaban los míos.
Cuando su boca tocó la mía, él cerró los ojos y yo lo imité. Entre abrí mi boca y sentí su calor y lo firme de sus labios. Se pegó más a mí y cerramos el beso, Sasuke estaba a punto de volver a abrir sus labios y continuarme besando cuando un golpe seco seguido de una voz demasiado escandalosa me sobresaltó.
—¡Hey, cabrón aprovechado!
—Dios— yo seguro estaba roja, me quité chocando con uno de los bancos clavados al suelo que estaban a mi lado, frente a la barra, y evité ver a ambos chicos. Oí a Sasuke resoplar frustrado o molesto. Naruto se silenció viéndonos y luego estalló en risas. Sasuke se fue de ahí. Yo no supe cómo me mantuve de pie.
Me había besado.
Bien, eso era oficialmente la mejor sensación que había experimentado. Fue más emocionante que la primera vez que un hombre me tocó como mujer… mucho más lento, más sensual. Más peligroso porque Sasuke era, en definitiva, una muy mala idea.
Sasuke había hecho lo que Neji le advirtió no hacer… tal vez lo hacía por molestarlo y yo se lo estaba poniendo fácil. No era tonta y sabía cómo podían pensar los hombres. Aquí el problema fue que la advertencia que Neji le hizo no me importó, yo era casi mayor de edad y perfectamente capaz de decidir por mí… yo sí quería que me tocara. La idea de tener algo con él era tan mala idea, como también, la mejor que se me había ocurrido.
Decidí que vería hasta dónde podía llegar ese juego que acababa de comenzar. Sasuke jugaba conmigo y yo, en definitiva, podría jugar con él.
Él no tenía novia, de lo contrario no me hubiese besado, pero sí tenía a alguien. Que ahora se repitiera que no me veía como mujer, pensé con cierto orgullo, pues también me percaté de que esa parte que lo distinguía como hombre había querido despertar mientras se pegaba a mí.
Cuando volví a sentarme frente a la barra, esperándolo, luego de que fuera a seguir trabajando, busqué tranquilizarme. Se sentía bien, muy bien tener la atención de un hombre como Sasuke. Toda su masculinidad, ese despliegue de testosterona emanando por su piel, su sonrisa autosuficiente y hasta la soberbia que le daba el saberse astuto por naturaleza lo hacían irresistible. Haber despertado sus deseos, por cualquiera que fuese el motivo, se sintió bien. Se sintió bien ser el centro de su atención.
Pero no debía dejarme engañar. Ni engañarme a mí misma; Sasuke estaba jugando.
Yo debía hacerlo igual. Necesitaba mantener mi cabeza en otro lado para cuando Gaara tocara tierra y volviera a hacer mi mundo temblar. Porque lo haría. Estaba segura. Patéticamente segura.
Continuará…
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¡Hola!
Dios, me asusta la velocidad con la que sale esto xD
Equis.
•Muchas gracias por sus comentarios, por los favoritos. Me honran.
•Sí hubieron fallos en la narrativa pasada, mezclé personas xD No sean tan buenas conmigo y ¡díganme!
•Dije que serían cuatro capítulos, espero alcanzar a meter lo que deseo, si se alarga uno o dos capis, ustedes disculpen c:
Comentarios:
MeucheliPM, AhrenLove, NaruHina4ever, Hinaliz,Ana, YU-HIKARURU, Sara Dragonil, XukiUchiha, Nubia M Funez, rollinsgirl, Guest, Nymfhetamina, Andi Soul, Wolf-enzeru, Guest2, Sandy, Nana, Lizeth de Uchiha, Aty, Yumaika Higurashi y Cami-san Uzumaki.
¡Gracias por leer! n.n
A quien me preguntó por la saga que inspiró esta historia: La escritora se llama María Martínez, y la serie se llama Cruzando los límites. La encuentran en Amazon o en librerías. Su narración es tan fluida, simple y hermosa que ¡Dios! ¡La amo! Tal vez podrán pensar que exagero, pero nada como esto para relajarte leyendo. Muy emocionante. Okya, dejaré mi lado fangirl de lado.
Nos leemos en el siguiente c:
