Notas principales: ¡Ya termino el reto así que con ustedes traigo el segundo capitulo!. Muchas gracias a todos los que votaron la historia, pensé que no iba ni tener un voto, son adorables *los apapacha*, y gracias a los que se animaron a seguir este fic loco que salio de mi cabeza.
¡Dango para todos!
Dato: En todos los capítulos variara por quien será contado, a veces por Madara, otra por Hashirama, o tal vez ambos. También que en cada capitulo va pasando el tiempo, van creciendo (osea que en el medio podrían verse visto, no contare cada momento en que se ven).
¡A leer!
Corazón delator
.
Veneno
.
Cuando era chico amaba pasar tiempo con su madre, hasta que su padre en un momento dado, lo obligo a que tomara una espada en sus manos y saliera a pelear.
Adoraba a su madre, era demasiado dulce, era soñadora y siempre le regalaba sonrisas en secreto, solo una vez en su vida la vio triste y había sido hace unos años atrás, la primera vez que lo vio partiendo a la guerra con su padre fue la primera vez que la vio llorando.
Su madre era tan dulce, pero su corazón era débil, al igual que el suyo, un corazón demasiado blando para la guerra, ella siempre contaba que no quería que ninguno de sus bebes fueran a pelear.
—Que quieres ser de grande Hashirama? —le preguntó su madre una vez.
—Un guerrero como padre.
—Si no hubiese guerra, ¿Qué serías?
Recuerda haber ladeado la cabeza y verla sin comprender, esa fue la primera vez en su pequeña vida que pensó en un mundo sin guerra y había amado ese pensamiento.
—Creo que... Me gustaría ser medico.
—Prométeme que aunque sea intentaras cumplir tu sueño.
—¡Lo prometo! —Había respondió con una gran sonrisa, a la cual le correspondieron una sonrisa igual de grande.
Su madre había muerto poco tiempo después de esa promesa, falleció protegiendo a sus hermanos menores, una parte de él agradecía que nunca haya visto la muerte de alguno de sus hijos y que haya partido con la idea de que todos estaban a salvo.
—Debo dejar de soñar despierto —murmuró incomodo.
Hashirama sacudió su cabeza e intento salir de sus pensamientos, no era que no le gustase pensar en su madre, al contrarío, pero lo que le torturaba era nunca haber cumplido esa promesa. Aunque por el momento solo tenía a alguien en la cabeza.
El moreno se encontraba actualmente corriendo por el bosque lo más rápido posible, en el camino se llego a tropezar algunas veces pero no importaba, se maldecía por estar practicando toda esa mañana, ya que ese mismo día había entrenado con su padre y aún no se sentía recuperado, peor, sentía que todo el cansancio le estaba cobrando factura por la tarde. Ya que con Madara habían echo un pacto hace tiempo, de que todas las tardes a la misma hora pasarían por el río, si tenían la suerte se cruzarse estarían un rato platicando y lanzando piedras, si no, volverían y esperarían al día siguiente.
Hace tres meses no tenía oportunidad de verlo.
Recordando la última vez que se vieron, tristemente fue peleando, la primera vez de muchas que se encontrarían en medio de una guerra, tenía que admitir que tuvo pánico cuando vio que pelearían con los Uchihas, él estaba estático y temblando de miedo, cuando poso su vista en el azabache se dio cuenta que sus ojos mostraban miedo o hasta el mismo pánico que el tenía, pero extraño en algún sentido, cuando ambos comenzaron a pelear sintió que por un momento que estaban entrenando y nadie cerca existía, solo ellos practicando.
Como siempre.
Como debería ser.
No es como si ya hubiese superado el rechazo, era algo imposible, si su corazón fuese una persona lo estaría ahorcando por idiota, sabía que en parte le dolía verlo, pero eso a no verlo nunca era un tramo muy grande y realmente no estaba preparado. Madara era como su veneno.
—Esta vez tardaste más de la cuenta —gritó Madara mientras le lanzaba una piedra.
—Hoy había reunión en mi clan —intentó hablar, mientras intentaba recuperar el aire.
Madara en respuesta solo mostró una mueca que con suerte era una sonrisa, aún desconfía de él, y no lo podía culpar, habían pasado unos meses pero el azabache lo recordaba a la perfección, por suerte o no, era un tema que decidieron no tocar nunca más.
El azabache era como su antídoto y al mismo tiempo el veneno. Sentía que con solo verlo podía ser él mismo, podía dejar de fingir, ser solo un chico soñador de corazón blando, pero al mismo tiempo era su veneno, que se colaba cada vez más por todo su sistema, asfixiandolo hasta al punto de cortarle el aire, de parar su corazón.
—Estas horrible Senju —dijo intentando suprimir una risa, que solo termino en una mueca incomoda.
—¿Tan mal me veo? —murmuró deprimido.
Hashirama se sentó en la hierba, con una aura depresiva, mientras murmuraba incoherencias. El Uchiha solo negó con la cabeza, nunca comprendería del todo a Hashirama y sus extrañas reacciones.
Ambos sabían que el encontrarse era reuniones contra reloj, se habían resignado que era inútil entrenar ahora, así que se la pasaban descansando, lanzando piedras que era casi una costumbre o hablar. O que Hashirama hablase y el azabache se dedicase a escuchar las incoherencias que salían de la boca del moreno.
Se recostaron en el suelo y cada uno se metió en sus pensamientos, ambos absortos pensando en sus respectivos clanes.
Madara sabía que hace tiempo las cosas eran diferentes, como que el era un Uchiha, y su amigo un Senju.
—La aldea sigue siendo mi sueño —dijo el moreno de la nada mientras estiraba sus manos al cielo, como su pudiera tocarlo —, solo hay que encontrar la manera de lograrlo.
El azabache lo miró con una ceja alzada, extrañado y divertido que el otro hablase del tema en el que estaba pensando.
—Ahora todo es diferente —suspiró.
—¡No hay nada diferente, aún somos Hashirama y Madara! —saltó enojado el moreno.
—Senju…
—No me digas Senju, solo Hashirama —negando con la cabeza, triste.
Madara dio una sonrisa triste aún si moverse de su posición, levanto su vista el cielo para poder mirar las nubes, intentando ver lo mismo que estaba mirando el otro, pero solo podía ver nubes, simples y normales nubes. Levanto su mano al aire y cerró un poco los ojos, por si podía enfocar mejor, pero nada.
—Idiota, si el sueño antes era difícil, ahora solo es imposible.
—Solo será un poco más difícil de lograrlo, pero no imposible —cruzándose de brazos con un puchero—, y no me llames idiota.
Madara ignorando las palabras del otro, se encontraba con los ojos cerrados e intentando imaginar esa tan soñada aldea de la que hablaba su amigo y que el mismo había tomado como sueño. Le gustaba pensar en ese sueño, donde la guerra parase y dejase de ver sus manos manchadas por sangre, y más ahora cuando sentía pánico cada vez que su pequeño hermano tomaba una arma en sus manos. Aunque Hashirama no comprendía, él también soñaba con esa aldea, pero le dejaba un regusto amargo en la boca por lo imposible que era hacerla.
El sueño de una aldea era algo bueno pero solo eso, un sueño.
—Madara… —susurró el moreno al no escuchar una respuesta sarcástica, pero solo se encontró con el azabache dormido.
Hashirama se encontró un rato mirando el rostro dormido de su amigo, se veía sereno con una sombra de una sonrisa en sus labios, tenía que admitir le gustaba comparar al azabache con una serpiente, porque el azabache desconfiaba de todo el mundo, siempre preparado para atacar, receloso y venenoso.
—Me gustaría saber que es lo que piensas de mí —murmuró.
Con cautela acerco su mano, y de forma suave la paso por la mejilla del otro. Se asusto un poco cuando el azabache hizo una mueca, así que decidió parar, y seguir observándolo. Él sabía que estaba invadiendo su espacio personal, sabía que lo forzaba a abrirse para él, lo forzaba a que mostrara esa persona que había bajo esa barrera creada por la guerra, y casi se sentía orgulloso cuando veía al verdadero Madara debajo de todas esas capas, ese azabache que sonreía, el azabache soñador.
Le gustaba compararlo con las serpientes, por el simple hecho de que estas eran de sangre fría y necesitaban un ambiente cálido para moverse, y le gustaba pensar que él era el ambiente cálido, el calor para que el azabache necesitaba para levantarse. A veces sentía que hacía un progreso cuando su amigo hablaba, pero sabía que tarde o temprano, sin que se lo esperase, podría morderlo y el veneno lo mataría. Madara era su veneno y gustoso se enfrentaría a la muerte si el azabache causara su deceso.
—Aunque podría ser medico y buscar una manera de vivir con tu veneno —se repitió a si mismo, mientras acomodaba a Madara y volvía a observarlo.
El Uchiha ahora se encontraba recostado contra un árbol dormitando, tenía hasta ganas de reír por que en ningún momento había mostrado señales de desperar, pero podía ver que tenía todo un costado lastimado y los brazos, seguramente su padre lo estaba entrenando sin parar. Por que su amigo también era el sucesor de tomar el liderazgo de su clan.
El moreno rebusco en su bolso alguna venda y algunas cosas que pudieran servir, también comenzó a buscar cosas alrededor, para luego volver a acercarse al azabache y comenzar a curar las heridas y cubrirlas para que no se infecten. Tal vez sea momento de comenzar a cumplir esa promesa que nunca cumplió.
—Diablos —dijo el moreno y salto en su lugar cuando sintió el clon que estaba en su casa desaparecer de un golpe.
Hashirama maldecía por dentro, su clon había desaparecido en manos de su hermano, ¡Solo había tenido unos minutos luego de muchas semanas sin verlo, no era justo!
Sin pensar mucho, dejo algo en la mano del azabache, volvió a maldecir y salio corriendo hacia su hogar, dejando el cuerpo de su amigo en la misma posición, corrió desesperado y aunque llego a morderse la lengua por el dolor en sus costillas por los entrenamientos, maldijo de nuevo, ya que por momento se había olvidado de sus propias heridas. Aparte estaba el tema de las memorias del clon venían a él por cada paso nuevo que daba, y podía ver como su hermano enojado clavara una espada en el clon.
Un retorcijo en el estomago apareció cuando llego a su hogar y entro a su cuarto por la ventana.
—¿Donde estuviste nii-san? —murmuró Tobirama, a penas entro a su habitación.
Su hermano estaba enojado, con los brazos cruzados y lo miraba con los ojos entrecerrados intentando entrar en sus pensamientos, Hashirama odiaba mentir pero a veces una verdad a medias no mataba a nadie, o eso suponía. Odiaba un poco que su pequeño hermano, viera a través de esos clones de madera.
—Acércate Tobi-chan —susurró y llamo a su hermano con la mano, mientras se sentaba en su cama.
—¿Tienes un secreto? —pregunto con cautela.
—Tengo un secreto que deberás guardar bien —espero hasta que su hermano estuviese cerca y hablo—, entreno para ser medico.
Susurró con una gran sonrisa haciendo que el otro lo mirara raro, sin comprender, a veces pensaba que su hermano por tantos golpes había quedado tonto.
—Pero ya somos shinobis, eso basta.
—Bueno, seré shinobi y medico, ¿Qué te parece? —exclamo de forma exagerada.
Su hermano rodó los ojos, no lo entendía, lo quería pero no lo entendía para nada, decidió creerle a medias y salir de la habitación. Hashirama se quedo pensativo cuando quedo solo, en que tal vez no le había mentido del todo a su hermano, tal vez si podría llegar a ser medico y shinobi al mismo tiempo. Un sueño o promesa más a su lista no iba a destrozarlo, solo debería volverse más fuerte.
Mientras tanto en otro lado, cerca de un río.
Madara se despertaba somnoliento y miraba hacia todos lados sin comprender hasta que cayo en cuenta que se había quedado dormido mientras hablaba con Hashirama. Se sorprendió un poco cuando vio su pecho y brazo vendado, de mala manera y mal hecho, pero de igual manera alguien lo había intentado sanar, le pareció raro pero mejor era no hacerse la cabeza pensando por que demonios tenía el cuerpo vendado, solo volvió a insultar cuando vio en su mano, una roca que tenía escrito "¡Serás el mejor shinobi, Mada-chan!"
Sintió que la somnolencia desaparecía en un golpe y la rabia la suplantaba.
—Estúpido, estúpido Hashirama —murmuró y tomo la roca para lanzarla.
Pero su mano no abría, su cuerpo volvía a traicionarlo y no podía soltar esa maldita roca, su vista pasaba del rió y la roca, una y otra vez.
—Debería dejar de pensar en eso... —susurró y frunció el ceño, con la tonta roca en la mano.
Negó con la cabeza y miró por última vez la roca en su mano, e insultándose a si mismo se la guardo en unos de sus bolsillos y salio corriendo a su casa, mientras por dentro intentaba buscar una escusa que sirviera para su escape.
...
Notas finales: Llegue a pensar en escribir sobre ellos peleando en medio de la guerra, pero bah, no sirvo para escribir escenas de pelea. *lloriquea*
También se que quieren (algunos por ahí) que ya saque a Hashirama de la friendzone y los ponga a ambos en situaciones lemonosas, solo les diré... Lean los capítulos por si quieren saber de la friendzone, y no, no pondré lemon hard (muchos menos si son niños de doce años).
Próximo capitulo "Bailar"
Pd: Sip, como ustedes leyeron, el próximo capitulo se llama bailar.
See ya!
