Advertencias generales: Uso de lenguaje vulgar o inapropiado | Uso (tal vez descarado) de OoC | Rating 13+ (por el momento) | Posible spoiler (esto se sitúa después del arco de rescate de Kacchan)
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Capítulo uno
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"El primer paso para creer en el amor, es creer en ti mismo."
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—El inicio del caos—
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•1•
La tarde caía junto a un cielo de tonalidades cálidas y un par de finas nubes que adornaban la puesta de sol; pero la elevada temperatura ambiental seguía sin ceder ante los pobres estudiantes que se dirigían hacia los dormitorios, en completo silencio. Aunque ellos ni siquiera se daban cuenta, ya que estaban tan ensimismados en sus propios pensamientos, que no prestaban atención a las inclemencias del tiempo.
Uraraka, por una parte, no dejaba de pensar en Deku y lo mal que debía estar en ese momento. Ella era consciente del cariño que él le tenía y traicionarlo de esa manera –con su amigo de antaño–, sólo le había provocado sufrimiento. Él no se merecía aquello después de haberse portado tan bien con ella; y ella, no merecía tener a su lado a alguien como él. Inclusive, no creía ser merecedora del amor, generalmente hablando.
Todoroki, por otro lado, sólo podía rememorar en su cabeza, aquella escena en la que Bakugou sostenía sin delicadeza a la chica en cuestión, mientras tenía intencionado darle un golpe que iría a parar a su redondo y sonrosado rostro. Él no conocía al chico explosivo como debería y tampoco le interesaba hacerlo, empero, de igual manera sabía que por más temperamental que éste fuera y lo mal que tratara a sus compañeros de clase, no tendía a recurrir a la violencia física cuando no había ninguna necesidad; así que, encontrarlo de esa manera junto a Uraraka le pareció un asunto por demás extraño.
¿Qué había pasado entre esos dos?
—Uraraka —llamó la atención de la chica—, ¿puedo saber qué fue lo que pasó hace un rato?
Shouto Todoroki no era un persona curiosa ni mucho menos insistente. Sin embargo, no se quedaría con la duda.
—Todoroki, yo...
Ella suspiró casi con agonía, como si quisiera que la tierra se la tragara. Ya intuía que la conversación con Shouto se haría presente en cualquier momento y que justamente se ligaría a los recientes sucesos. Quería decirle a ese hombre que no le incumbía en absoluto un tema tan delicado como su relación con Deku, pero simplemente no podía hacerlo. Él no tenía la culpa de verse relacionado con ellos al tratar de defenderla de los explosivos puños de Katsuki y por consecuente, ser castigado por Aizawa con una semana de detención después de clases. Además, tarde o temprano se enteraría de la verdad y era mejor decirlo ahora que generar malos entendidos al posponer sus discursos.
También, quería desahogarse con alguien. ¿Qué más daba que ese «alguien» fuese Todoroki?
—Yo no quería terminar con esto así —comenzó, después de fruncir los labios. Quería llorar, pero quería hacerlo en soledad—. Desde que Aoyama me preguntó sobre... Yo estaba tan confundida que... —Por inercia se detuvo, haciendo que él la secundara—. Y luego, en el campamento, esa mujer me dijo que yo...
Todoroki, viendo la tensión de la situación, decidió tomarla de los hombros para hacer que se calmara, pues se estaba comenzando a exaltar.
—Tranquilízate —la miró a los ojos y se dio cuenta de que estaban acuosos—. Si esto te hace sentir mal, no continúes. No estás obligada a-
—Todoroki —interrumpió ella, luchando por retener las lágrimas—, quiero que alguien me escuche... Por favor, quédate conmigo.
Después de manifestar sus palabras, Ochako se lanzó a los brazos de su acompañante, quien no cabía en asombro por tan impulsiva acción. Por que eso era, una acción que la chica había ejecutado por mero impulso; el haber rodeado el torso masculino con sus delgados brazos había sido un acto de protección a sí misma y a su martirio. No deseaba que la viera llorar. Ella estaba tan destrozada que ni siquiera se dio cuenta de que era Shouto Todoroki a quien se aferraba como si en cualquier momento fuera a desfallecer. El mismo chico al que nunca había tratado como debía; el chico al que ni una pizca de confianza le tenía.
¿Y cómo tenerle confianza?
Ese heterocromático era amigo de Deku. Y Deku estaba por sobre cualquier compañero de clases.
Además de todo, en ese momento Deku debía odiarla, por lo tanto, Todoroki, Iida y todos sus amigos también.
Por otro lado, tampoco le importó demasiado que al día siguiente le recriminara por osar invadir su espacio personal tan descaradamente; ahora mismo, su silencio e inmovilidad eran la única respuesta que ella necesitaba para afirmar su propia necesidad. Si bien, no se esforzaba por corresponder al tacto de tan inesperado abrazo, tampoco era como si ella lo estuviera esperando, viniendo de alguien tan escaso de emociones como lo era Todoroki. Y aquello estuvo bien, le reconfortaba. Lo último que esperaba ese día era que él también la alejara por ser una cualquiera.
No supieron cuánto tiempo transcurrió después de tan íntimo contacto, pero cuando Ochako finalmente se separó de él, se asomaba un cielo oscuro, tan carente de estrellas –los luminosos edificios de Japón ocultaban los destellantes cuerpos celestes– que era inevitable sentir miedo por estar en medio del patio, expuestos a cualquier problema que involucrara otra semana de detención, como si la establecida no fuese sufiente.
—Yo... Lo siento —la castaña se disculpó, mientras se limpiaba los ojos con la manga de su saco—. Seguramente te hice perder el tiempo con mis tonterías, de verdad lo siento.
—No te disculpes conmigo —como siempre, su voz sonaba tan calmada y monótona que daba miedo—. Deberías disculparte con Midoriya.
Oh, no. Él no quería sonar tan grosero con Uraraka, pero tampoco podía hacer de cuenta que nada había pasado. Ver su redonda y sonrosada cara le recordaba a la redonda y pecosa cara de su amigo, quien sufría por la misma causa que los tenía a ellos ahí, de pie en medio del patio de Yuuei, platicando de un tema del cual ni siquiera deberían tratar, porque era tan personal que sólo los incumbía a Midoriya y a ella. Pero claro, Todoroki no era curioso ni mucho menos un entrometido. Midoriya era su amigo y los amigos interferían en sus problemas cuando ellos mismos no podían confrontarlos.
—Tienes razón —Uraraka musitó cabizbaja, cual niña sermoneada—. Deku no se merece esto. Pero, ¿sabes? Bakugou me hizo dar cuenta de que lo único que siento por él es amistad... Y ese sentimiento lastimosamente nunca cambiará.
Mierda. No debía estar diciendo todas esas cosas a alguien que era amigo de Izuku. El tipo no se mostraba ni un tanto interesado por sus palabras y, al verlo reanudar su camino sin mirar que le siguiera el paso, solamente complicaba la situación. Era obvio, Todoroki se inclinaría por su amigo y ella, junto a sus excusas baratas, no le importaba en absoluto.
—Ese no es un tema del que me gustaría hablar contigo —como era de esperarse, él se detuvo tras sus propias palabras—. Aunque... Ahora me dejas claro que sí traicionaste a Midoriya con Bakugou.
—¡¿Qué? No, no, no! —Uraraka pronto corrió hasta estar frente a él—. Bakugou y yo no tenemos nada que ver, lo juro.
Todoroki la miró con una ceja arqueada, pensando en la indiscreción que tenía. Prácticamente había gritado sus palabras, mismas que a él no le incumbía escuchar y mucho menos deseaba hacerlo; empero, después dio un largo suspiro y se encaminó de nuevo al edificio de las chicas, tras recordar que debía acompañarla hasta su dormitorio, como la promesa no estipulada hacia Midoriya. Pese a que aquello implicara escucharla.
Por lo menos, ya no lloraba.
Y Uraraka lo siguió, no muy convencida por el rumbo que él estaba tomando. No obstante, no dijo nada. Después de todo, era mucho mejor seguirlo con el silencio acompañándolos, antes de que su subconsciente le hiciera otra mala jugada y se expresara tan abiertamente.
Por lo menos, ya no lloraría.
[...]
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•2•
Momo podía ser una chica insegura de sí misma –aún–, algo tímida y demasiado racional si se hablaba de sentimientos, pues nunca se vio afectada por esa clase de cuestiones que hacían sucumbir al ser humano hasta despedazarlo internamente. Pero verlo así, tan perdido de la realidad y con una mirada vacía, le provocaban un estremecimiento que no podía explicar; él no era de esas personas que se aislaban de los demás ni mucho menos que se rehusaran a platicar con alguien. Fue por eso que le pareció por demás extraño que estuviera solo y con esa expresión tan abatida en su rostro a las tres de la mañana.
Ella tan sólo había bajado a la sala común para comer algo, pues no había cenado por haber estado toda la noche estudiando. Fue entonces que lo encontró en ese lugar, como si nada importara; y él ni siquiera se hubo dado cuenta de su presencia, por lo que dedujo que su trance debía ser importante.
Se acercó con cautela hasta donde estaba sentado y de igual manera tomó asiento a un lado de él, en el mullido sillón que ahora parecía ser una buena cama para Midoriya; y lo miró de reojo, tratando de hacerse notar ante él; hasta que lo consiguió. El chico giró lentamente su cabeza hasta quedar de frente a ella y pronto pegó un respingo, gritando en el proceso.
—Ya-Yaoyorozu... ¿Qué haces aquí?
Momo no pudo evitar sonrojarse. Tal vez la había visto tan despeinada y desarreglada, que inmediatamente pensó que se trataba de un fantasma. Por instinto, comenzó a desenredar sus alborotados cabellos azabache, sin atreverse a mirar al descolocado Izuku.
—Yo t-tenía hambre —explicó mientras continuaba con su acción—. Pero como te vi aquí ta-an afligido, me pregunté lo mismo, Midoriya. ¿Es-estás bien?
Al parecer, había hecho la pregunta equivocada. El aspecto del pecoso era tan deplorable, que ni siquiera hacía falta cuestionar si algo había mal en él. Momo se abofeteó mentalmente después de observar que Midoriya se tensaba en su lugar, con las pupilas de sus verdosos ojos cayendo en picada al suelo. Tal vez estaba siendo inoportuna, cuando su compañero de clases deseaba estar en soledad –de lo contrario, no se hubiera quedado en silencio–. Pero Midoriya era tan amable que incluso dudaba que la corriera de ahí, aunque fuese cordialmente.
—Sí, no te preocupes.
No quiso indagar más. Supo que le mintió –él no era un chico que supiera hacerlo– y por algo había sido; ella no era una amiga cercana como para que le contase sus inquietudes y problemas, y por ello no se metería en su decisión. Aunque de igual manera, Yaoyorozu sí que se preocupaba por el bienestar de sus compañeros.
—Midoriya —apretó sus rodillas con ambas manos—, sé que no soy tu amiga y que tampoco confías en mí. Pero si en algún momento llegas a necesitar algo, no dudes en buscarme.
Esta vez él alzó la mirada hasta toparse con los ojos aceitunados de la chica, que lo esquivaban con maestría; parpadeó un par de veces, confundido por que ella se ofreciera a escucharlo. No era que le molestara o le sorprendiera, sino que, por más que lo intentara, sentía en su interior que estaba traicionando a Uraraka al estar a solas con una chica, pese a que ella lo hubo hecho en primera instancia.
Y de nuevo, su mundo se vino abajo.
—No es eso, Yaoyorozu —suspiró, tratando de sonreír—. Yo te considero mi amiga... Agradezco mucho tu amabilidad, en serio.
Momo asintió un par de veces y se levantó del sillón, dispuesta a ir a la cocina y comer un poco. No lo obligaría a hablar si él no quería, ni tampoco se quedaría ahí si su presencia no era bien recibida; sin embargo, antes de que pudiera realizar su cometido, Izuku la llamó:
—¡Yaoyorozu! —vociferó, haciendo que la aludida detuviera sus pasos—. No te vayas, por favor...
Es que no podía estar solo, de lo contrario, volvería a llorar por Uraraka. Él no quería eso. Necesitaba la compañía de alguien, aunque fuese tan sólo para compartir el ameno silencio que los rodeaba; aunque no pudiera desahogarse como realmente deseaba, por miedo a las opiniones ajenas... Aunque tuviera que tragarse sus palabras para no quedar como un idiota.
Momo sonrió comprensiva. Tal vez su hambre podría esperar un poco más, pero un corazón destrozado como el de Midoriya no. ¿Cómo lo sabía? Simple, una persona tan transparente como él solamente podía sufrir en silencio si tenía el corazón destrozado. Lo que desconocía era la razón por la cual pudiese estar así. Por ahora no tenía sentido averiguar algo sin razón, así que, simplemente regresó a su lugar y nuevamente se sentó donde antes, con el mismo silencio que momentos atrás tenían ambos. Empero, estaba bien así.
Porque no hacían falta palabras para volver fresco el ambiente.
Tampoco miradas que se volvieran cuestiones indirectas.
Midoriya al menos ya no sufría en soledad.
[...]
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•3•
Un nuevo día de clases en Yuuei se hacía presente y, con él, nuevas actividades por realizar. Todo había comenzado de manera normal –como todos los días–, no obstante, lo que tenía la perfecta expectativa para convertirse en un rato agradable, pronto se arruinó con la llegada de un par de alumnos que Uraraka se esforzaba por ignorar.
Esa mañana se hubo levantado más temprano de lo normal, todo para no encontrarse con ninguno de sus compañeros en la sala común; desayunó lo estrictamente necesario y salió de ahí cuando escuchó a lo lejos un par de voces, seguramente de Iida y Yaomomo. No importaba, se dirigió al salón de clases con el objeto de estar un momento más a solas.
Su tranquilidad duró poco, ya que minutos después ingresaron Mina y Tsuyu, quienes se sorprendieron de que fuese ella la primera alumna en llegar y no los ejemplares y dedicados. Lo que Uraraka menos deseaba era entablar una conversación con el par de chicas; si bien, eran sus amigas, pero ese día no tenía ánimos de hablar con nadie, por miedo a que le preguntaran sobre su relación con Deku.
—Creí que estarías con Midoriya —y ahí estaba Mina, comentando sin pensar—, y que llegarían juntos, como en estos últimos días.
¿Y ahora, que decía? Las mentiras no se le daban bien y tampoco era como si quisiera ocultar la verdad. Solamente no deseaba hacerlo en ese momento, en el que se encontraba tan confundida para siquiera encontrar las palabras adecuadas.
Tsuyu, por su parte, se dio cuenta de la expresión en el rostro de Uraraka y dedujo que algo no andaba bien en ella, por lo que decidió intervenir, cambiando de tema, antes de que la charla se volviera tensa. Uraraka agradeció mentalmente la acción de Asui, esbozando una leve sonrisa. Su tranquilidad volvió a ella.
Pero parecía que el destino no quería que estuviera tranquila ese día, pues instantes más tarde, entró la causa de su martirio: Izuku Midoriya; con unas ojeras lamentablemente notorias y en compañía de su inseparable amigo, Iida –que no dejaba de parlotear acerca del deber de dormir como se debía–. Por un breve momento, sus miradas se cruzaron, pero para ella, el tiempo se detuvo. Chocolate y Jade, se decían más que lo que debían con tan sólo mirarse. Y fue entonces que ella lo supo. Midoriya estaba tan decepcionado de ella –y tal vez furioso–, que prefirió evitarla desviando sus ojos al frente.
—Ochako, ¿está todo bien? Creo que-
—¡Hazte a un lado, jodido imbécil!
Tsuyu no pudo terminar su frase. Fue interrumpida por el sonoro grito colérico de Katsuki, que iba llegando con una cara de pocos amigos y, para desgracia de Kaminari, se topó con él y lo empujó hacia la pared. El rubio explosivo ni siquiera se preocupó por ser el centro de atención y le dedicó una amenazante mirada a Ochako, para después bufar y dirigirse a su lugar con evidente molestia, llamando también la atención tanto de Mina como de Tsuyu. Para la chica de piel rosa, ese era un tema interesante por descubrir en su compañera.
—Bakugou ha estado muy irritable desde que regresó de su rescate —acotó Mina, con aparente aburrimiento—. Ahora es prácticamente insoportable.
Ochako no prestó atención a la nueva conversación y se levantó de su lugar, disculpándose con sus amigas con un «regreso en un momento», dejándolas extrañadas. Se encaminó hacia la salida del aula, no soportaba estar en el mismo lugar que Deku y Bakugou. Empero, en el umbral de la puerta chocó con un pecho masculino, perteneciente a Todoroki.
—Y-yo... ¡Lo siento! —Titubeó nerviosa, regresando a su lugar de inmediato.
El chico bicolor le restó importancia y se dirigió hacia su pupitre, pasando por alto el gruñido que Katsuki le envió al pasar a su lado. Como si no supiera ya que ambos, junto a Uraraka, debían quedarse en detención después de clases, gracias al temperamento del rubio.
Finalmente. llegaron los últimos alumnos delante de Aizawa, en el mismo momento en que la campana sonó, dando inicio a las clases. A simple vista, todo parecía transcurrir con normalidad, claro, si no fuera por las constantes miradas que Katsuki les enviaba, tanto a Uraraka como a Todoroki, para después volver su vista al frente mascullando maldiciones. Todoroki le ignoró todo el tiempo, no obstante, Uraraka no podía evitar devolverle las miradas con el miedo latente en su interior. Sudaba frío y tragaba saliva siempre que lo miraba.
Aquello, por supuesto, no pasó desapercibido para Midoriya.
—Como bien saben, los exámenes para obtener su licencia provisional se acercan —comentó el profesor una vez que todos guardaron silencio—. Es por eso que el día de hoy haremos una actividad, antes de entrenar con sus quirks.
El murmullo por parte de la clase no se hizo esperar. Algunos estaban de acuerdo y otros no tanto. Aizawa los silenció sin mucho tacto, obteniendo como resultado a toda la clase callada. Realmente no estaba de humor para soportar a sus estudiantes, cuando el día de ayer tres de ellos le habían causado problemas.
—Esta actividad la realizarán en parejas. Veremos cuánto apoyo existe en esta clase —sentenció con seriedad, mirando a sus dos primeras víctimas—. Bakugou y Todoroki serán los primeros. Todos, vayan a prepararse.
Estaba claro que el profesor no olvidaba la escena de ayer, donde Bakugou golpeaba la pared del salón, con la intención de acertar en el pómulo de Todoroki; y este esquivaba el puño envuelto en chispas, solamente para intentar congelarlo; todo mientras Uraraka era una simple espectadora que nada podía hacer, físicamente hablando. Bien pudo haber llamado a cualquier profesor para denunciar el acto. Era por eso que los tres fueron castigados.
Y ahora, los responsables de la pelea debían colaborar juntos. A Eraserhead le importaban poco las intensas miradas que éstos se mandaban –que Katsuki le mandaba a Shouto.
Ochako suspiró derrotada. Nada bueno podía salir de esa actividad.
Sólo esperaba que su pareja no fuese Midoriya.
—Continuará—
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[Febrero 3, 2018]
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¿Sabías que? Cuando le acontece un problema, el hombre no habla. Permanece en silencio y se encierra tras una muralla infranqueable. Es entonces cuando no nos escucha y no contesta a las preguntas. En esa soledad, el hombre busca sentirse autónomo para solucionar su problema: "Yo solo puedo. No necesito tu ayuda. Gracias". —Es por eso que Deku no quiso relatarle a Momo sobre su situación, mientras que Uraraka tuvo la necesidad de abrirse con Todoroki. Porque las mujeres somos más expresivas a la hora de contar nuestros problemas.
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Notas:
•¿Tardé mucho? Espero que no haya sido así. También espero que les haya gustado este primer capítulo. No pensé que tuviera la aceptación esperada y algo más. Gracias por eso.
•Sé que los personajes estuvieron bastante OoC. Aún no me acoplo a ellos como me gustaría. Espero con el tiempo poder manejarlos como se debe.
•Doy infinitas gracias a todos sus favs y follows. Mención honorífica a Hitomi Fubukii, MissWolf, KamBukowski, BMadness, Alessannd Leto, Desconocida, evolvelove y KusoYuuko por dejarme su comentario. Espero seguir leyéndolos.
Respuesta a Guest:
Desconocida: Yo adoré tu comentario. De verdad, cuando publiqué esto no pensé que hubieran fans de este trío, pero con tu comentario tuve esperanzas en él. Te confieso que mi OTP igual era el Kacchako, pero luego llegó Todoroki y pues, aquí estoy, con mi OTP TodoChako. Mil gracias por animarme. Y espero que sigas leyendo, ¡saludos! ❤
MissWolf: Eres tú la que se merece mi amor. Yo normalmente shippeo a todos con todos (con algunas excepciones) y me da gusto que dos de tus pairings favoritos estén aquí. ¡Caray! Me siento como una pionera en el Kacchakotodo gracias a sus comentarios. Me hacen muy feliz. ¡Ah! Yo amo a Yaomomo, así que no te garantizo nada jajaja. Gracias por leer. ❤
•¿Quieren otro capítulo? Esperenlo pronto. Y si les gustó este, no duden en comentar y decirme lo que les pareció.
• ¡Gracias por leer! •
