Disclamair: todos los personajes son de Marvel. Yo solo juego un poco con sus personajes.


Aclaración: Este fic participa en el Gimnasio de la torre: Área de duelos del foro la Torre Stark. Donde compito con la siempre querida Lina (MenteEnBlanco) en un duelo de fics.


Sumary: Ella lo saca de sus pesadillas y recuerdos oscuros, en medio de la noche.


La noche era un interminable recuento de pesadillas. Una sucesión de horridos recuerdos. Que lo obligaba a escapar. No podía seguir con esa tortura de cada noche.

Caminó por las escaleras y los pasillos, caminó en una huida silenciosa para que ninguno de sus fantasmas lo persiguiera.

La mansión Xavier podría ser un castillo de reyes y princesas (mutantes) durante el día. Un lugar donde los buenos reían. Pero de noche, solo parecía una casa de los horrores, oscura, tétrica, perfecta para que payasos malignos y demonios antiguos asecharan entre las sombras, dispuestos a devorar a sus víctimas.

Caminó hacia fuera, buscando llegar lo más lejos que sus pies le permitieran. Cuando la brisa helada golpeó su rostro, un estremecimiento recorrió su espalda. El invierno había llegado con fuerza, los copos de nieve caían lentamente, y a pesar de todo no se detuvo en su escape. Caminó sobre la nieve, descalzo, no había tiempo de regresar por una chaqueta o botas, no había tiempo de cambiar el pijama por algo de ropa.

El miedo calaba sus huesos, de manera más intensa que el frío que lo empujaba hacia dentro de la mansión.

—John… —masculló una voz a su espalda. No se detuvo, no podía, eran las voces, lo estaban engañando, era una trampa, lo querían atrapar. Su corazón parecía con deseos de escapar de su caja torácica, con ese martilleo que podía sentir retumbando en los oídos.

La nieve entre los dedos de los pies se derretía ante el contacto con cada paso, ante la alta temperatura que su cuerpo solía tener.

Cada paso se volvía más rápido, más largo, convirtiéndose en zancadas que lo liberaban de la enorme casa de los sustos.

—¡John! —la voz ahora gritó con preocupación tiñéndola. Unos pasos que parecían acercarse.

Lo estaban siguiendo. Lo llevarían de regreso, lo atraparían para destrozarlo una vez más, como cuando era niño.

Las zancadas lo salvarían, era lo único que podía hacer. Correría, como cuando sus poderes se manifestaron y amenazaron con matarlo por ser una manifestación del demonio.

De repente, unos brazos delgados lo habían atrapado, rodeándolo por la espalda. Se detuvo en seco, dejando de respirar, incapaz de defenderse, porque ya no había salida, era el fin.

—Todo está bien —susurró la voz, dulce, compasiva, casi como una caricia—. Aquí no está tu padre, aquí no está tu madre, ni las calles vacías. Todo está bien —le aseguró como si su vida fuera sostenida por esas promesas—. Yo estoy aquí, John. Te amo, ya lo sabes.

No le hacía daño, no lo tumbó al suelo de un golpe para arrastrarlo hacia dentro, no lo insultó ni le dijo lo inútil que era.

Entonces volvió a respirar.

—¿Kitty? —masculló temeroso de que la respuesta fuera negativa.

—Sí —replicó sin soltarlo—. Estoy aquí. Todo está bien.

Dudó un momento. El frío, el viento, sus pies descalzos, los brazos rodeando su torso, el peso de las palabras. Luego giró, despacio, intentando que los brazos delgados no lo soltaran, no estaba seguro de soportar que lo dejara ir.

Los ojos café lo observaban, tan hermosos e inocentes. Acunó el rostro ajeno con una mano, con delicadeza, como si pudiera desmoronar lo que veía, dejando entrever una de sus pesadillas, debajo de esa pequeña chica.

—¿Estás bien? —ella le preguntó suave. Él no respondió, mientras intentaba asegurarse de que estaba despierto, calmar los latidos de su propio corazón.

Un leve estremecimiento recorrió a Kitty, quien esperaba pacientemente por él.

—Hace frío —masculló él, algo aturdido aún. Ella estaba ahí, por él, intentando despertarlo de una de sus crisis de miedo nocturnas ¿Cómo supo que él estaría allí?—. Regresemos.

Ahora fue ella quien dudó, verificando que él no corriera otra vez. Pero sus manos cayeron para obligarla a soltarlo y entrelazar los dedos de sus manos, comenzando a arrastrarla hacia dentro.

—¿Chocolate caliente? —sugirió ella con una sonrisa dulce, como si nada hubiera pasado, cuando se encontraron dentro de la mansión.

Él correspondió el gesto.

No era una pesadilla. No era uno de sus fantasmas. Ya no más.


Nota: No tengo nada que decir sobre esto, solo que lamento no poder evitar escribir sobre Pyro *se esconde debajo de la mesa por ser una loca obsesiva* Así que pueden decirme qué opinan en la cajita de comentarios.

680 palabras.

Be free, be happy.