La otra vez se me había olvidado decir:
Sorprendentemente no soy Jotaká.. solo hago esto por entretenerme a mi misma y alimentar mi mente de imaginación =)
Muchisimas gracias por esos reviews! La verdad que no me esperaba ni uno! =)=)
Pao Malfoy Cullen GRACIAS de verdad! Espero que te siga gustando lo que sigue.
Uchiha Em aquí sigue la continuación =)
Mia de Malfoy Me alegra que te parezca interesante! Lo de las cartas se ira descubriendo poco a poco ^^ espero que te guste la continuación
Besos a todas =)
Capítulo 2.
Hermione no había terminado de recibir cartas anónimas, como aquella desde que terminó el curso con la muerte del director Albus Dumbledore; no sabía el porqué de las amenazas hacia la joven bruja en estos sobres. Decidió pensar, ilusamente, que se trataba se alguna broma hecha por un equis compañero, aunque lo pasaba completamente.
Esto jamás se lo había comentado a Harry ni a Ron, a nadie por completo. No quería que se preocuparan por ella por cosas que, según ella, era sin importancia; ellos ya tenían su vida y ella no iba a ser la culpable de sus molestias con tonterías que la competen.
La castaña miró el reloj y se asombró de lo tarde que llegaba a ser, salió corriendo de la casa y se fue al encuentro con Ann. No supo cuanto se había demorado, no tenía noción del tiempo en ese momento.
- Lo siento mucho - Dijo apenada, dirigiéndose hacia su amiga.
- Tranquila – Dijo atajándola - Sabía que llegarías tarde. Estamos hablando de Hermione-no-soy-nunca-puntual – Dijo riendo automáticamente.
-¿Estamos graciosas, verdad? – Dijo Hermione al igual, riendo. Tras un par de segundos recordó el porqué de estar ahí - Cuéntame, ¿Qué le quieres regalar a Josh? -
Ann soltó una simple risa - Ni idea, esperaba que tú me ayudaras -
Continuaron toda la tarde de ese modo hasta llegar a ir a comer en la casa de Hermione. Eran muy buenas amigas, unas que no se habían llegado a ver durante meses, por lo que, ahí, decidieron recuperar el tiempo perdido contándose diferentes cosas. Ann sabía todo a cerca de la castaña, incluso de su peculiar don con la magia y el otro mundo; era la única en el mundo muggle que lo sabía aparte de su familia. Podía confiar en ella, lo sabía. A su compañera no le hizo mucha gracia los anónimos y amenazas que recibía Hermione, pero, a pesar de eso, prefirió callar su opinión para no preocuparla más, en cambio, habló animadamente con su amiga.
El día siguiente se trataba de un sábado, un perfecto día para decidirse a salir y dar una pequeña vuelta en la compañía de la noche. Ambas terminaron de vestirse dentro de la casa de Ann. Hermione con un conjunto simple, tratándose de un pantalón actual, pitillo solían decirle, y una camiseta de un color claro, su cabello iba esparcido por su espalda grácilmente como de costumbre últimamente agradando el hecho de serle más cómoda. Ann, sin embargo, se puso unos vaqueros ceñidos encima y una camisa de color negra, el cabello de esta era liso, perfecto para amarrárselo en una coleta alta. Estaban estupendas, no lo dudaban.
Coincidieron en ir juntas a una Disco llamada "Mercurio", el lugar, se podía decir, estaba atestado de gente. Unos segundos más y se hallaban adentro pidiendo unas bebidas para luego dirigirse hacia la pista de baile, una ubicada bajo las luces móviles de todo el establecimiento. Ojos curiosos se posaban sobre ellas gracias al baile formado entre ambas, estos llegaban a invitarlas sin conseguir éxitos, ciertamente, pensaban solo en disfrutar y divertirse juntas. Hermione, no obstante, no estaba muy acostumbrada a beber, aunque sea lo mínimo; notaba como sus mejillas se encendían ligeramente y aquel calorcillo súbito no desaparecía por segundos. Se empezaba a marear. Le gustó poco la idea de seguir ahí con su cabeza dando vueltas, disculpándose de Ann se dirigió hacia fuera para tomar un poco de aire.
Al salir no mejoraba; peor aún, empezó a tambalear, no podía hacer nada contra el movimiento de su cuerpo, casi se derrumba hacia el suelo, a no ser porque unas manos la sujetaron de sus brazos para que no sucediera.
Se trataba de un joven de cabellera rubia, ojos azulados, y al parecer, alto y musculoso. Tenía cierto aire con otro persona que conocía, por el aspecto, tenía su nombre en el ápice de la lengua y ¡ya! Malfoy. Claro, a ese ser le parecía. Decidió omitir en sus pensamientos para centrarse más en la presencia del chico frente a ella.
- ¿Estás bien? - preguntó con un deje de timidez.
Ella se incorporó totalmente para volver a verlo - Sí, gracias – la vergüenza destilaba por sus poros - De no ser por ti, casi caigo al suelo –
Él esbozó una sonrisa antes de volver a hablar - Me llamo Tom… – la sensualidad se hizo presente en su voz, incitando a que ella le dijera también su nombre.
- Yo soy Hermione – Y funcionó - ¿Quieres bailar? – preguntó Hermione con un toque de inocencia que encantó al joven.
- Claro.
Estuvieron bailando juntos toda la noche hasta que la castaña no podía más, aun le pidió que la llevara a casa y este accedió caballerosamente. Se despidió de Ann a quien dejó en manos de Josh, su novio, y se dirigió afuera con Tom en dirección hacia su casa.
Durante el camino habían entablado una divertida conversación sobre trivialidades, y en cierto momento, sobre qué habría pasado si él no la hubiera cogido del brazo antes de caer al suelo. Cuando llegaron a su casa, la de Hermione, los dos se pararon en la puerta.
- Gracias por acompañarme – dijo la castaña regalándole una sonrisa.
- No hay de qué - respondió Tom con dulzura.
El joven poco a poco se inclinaba en dirección a su rostro sin despegar su vista de sus ojos, sin pensarlo, cuando la tuvo a un centímetro, empezó a besar esos carnosos labios que lo habían tentado toda la noche. Hermione no se resistió, llevaba deseando ese momento toda la noche. Entre abrió los labios y empezó a corresponder, esta vez, con pasión; sus lenguas empezaron a juguetear deseosas. La castaña revolvía, mientras tanto, el cabello de Tom y este recorría la cintura de Hermione. El momento duró por mucho tiempo, segundos o minutos incontables. La realidad era, que había sido poco para ambos.
Al separarse, Hermione le dedicó otra pequeña sonrisa, y se despidió de él con un corto beso y se adentro a su casa.
Se dirigió a su cuarto y antes de poder pensar en dormir, vio que sus esfuerzos eran vanos, porque en su mente se instalaba una persona, un joven rubio llamado Tom.
