Disclaimer: El fic sigue sin ser mío. Es de Morded. Yo me limito a traducirlo…
Me alegro de que el fic vaya gustando. Espero, en relación a la autora, que vaya siendo un poco más aceptado, porque no quiero que se arrepienta de dejarme traducirlo… Agradecer, y mucho, a todos los que dejasteis reviews en el prólogo. Ahora la historia pega un cambio radical. Y me gusta. Yo la voy leyendo con vosotros, y os diré que muy, muy pocas historias, y mucho menos fics, lograron encandilarme como esta.
No os doy más la brasa…
APB Productios os presenta…
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Parte 1
LOS AÑOS DE COLEGIO
Capítulo 1
El monstruo de King's Cross
Cada año, Earl Katzenbaum conducía la larga maquina de vapor, roja y brillante, yendo y viniendo a la plataforma 9 ¾. Cada año, veía a los estudiantes que se lanzaban a la aventura, con su vestuario muggle, entrar a través de la barrera mágica y subir a los vagones con emoción. Cada año, sus esperanzados padres los veían partir, saludando, sonriendo, mandando besos y diciendo cosas embarazosas como "¡Ahora, John Isaac Morris! ¡Si oigo que no te has dado una ducha durante una semana, te mandaré el Vociferador más grande que has visto jamás!" Cada año, Katzenbaum veía la misma escena con diferentes rostros. Veía a los de Primer Año crecer hasta Séptimo Año, y a sus hermanos y hermanas sucederles. Así que, el caluroso primer día de Septiembre de 1971, no debía tener ninguna diferencia.
Incluso a algunos les resultaba aburrido lo de subir al tren. Earl no era el único que había querido atrancar un de los compartimentos con acero y tragarse la llave. Pero Albus, ese terco director no atendería a sus peticiones. Dumbledore lo había mirado a través de sus gafas de media luna, y dijo, en una voz realmente fuerte "Todo estudiante debe ser tratado por igual. No importan sus problemas."
Eso no había funcionado demasiado bien con la señora del carrito de la comida, quien sabía muy bien que tendría que pasar delante del monstruo al menos una vez durante el viaje, si ella tenía alguna intención de conservar su trabajo. Había sido encontrada caminando tensa de un lado a otro, frotándose los brazos como si una corriente de aire hubiese soplado en su cuarto, murmurando para sí misma sobre las atrocidades de los esfuerzos de Dumbledore a favor de la tolerancia.
-¡Es una locura! ¡Te digo que alguien acabará herido! Puedo sentirlo. ¡Algo horrible va a pasar!
Así que Earl, quien había, como siempre, esperado el primer día de colegio, estaba ahora temiéndolo. Las pesadillas acudían más frecuentemente y las semanas se volvieron días, los días se volvieron horas y… finalmente… minutos.
Ahora, el viejo maquinista del Expreso de Hogwarts se veía obligado a mirar por su ventana, la corriente escena de allí abajo. Estudiantes arremolinados alrededor de sus padres, diciendo los últimos adioses. Se preguntaba si podría localizar al pequeño demonio en medio de todos ellos. ¿Tendría pelo saliendo de sus orejas? ¿Tendría bigotes de gato? Empezando a pensarlo, Earl nunca había visto a uno de ellos antes. ¿Eran raros o se parecían a cualquier otro?
Se imaginaba una de veinte pies abriéndose camino hacia el tren, gruñendo y desgarrando a todos al instante. Llevaría el equipaje en la mano, con el uniforme de Hogwarts desgastadas y apretadas en torno a su cuello, como una cadena de ropa.
No podría caber en los compartimientos.
-Ahora recuerda, toda nuestra familia ha ensalzado nuestro nombre quedando en Slytherin. Recuérdalo, chico.
La mirada de Earl cayó junto a un gran pilar, donde tres figuras se estaban despidiendo. Una mujer de buen ver, con la tez muy pálida, estaba girada hacia un chiquillo con el pelo más negro que había visto nunca. El padre, supuso, era un hombre que parecía como si hubiese sido labrado en piedra. Tenía los brazos cruzados y miraba, bajo su puntiaguda nariz, al chico, como si fuese una cucaracha.
-Lo sé, padre, lo sé.-dijo el chico, quedamente, arrastrando los pies y mirando al suelo.-Lo intentaré pero no yo no elijo.
-Si le muestras a ese viejo harapo de sombrero tu linaje, está obligado a ponerte donde perteneces.-dijo la mujer. Su voz era ronca y cascada. Palmeó a su hijo en el hombro y lo empujó hacia la entrada del tren.-Te escribiremos, y te esperamos en casa para Navidad. Tu hermano estará encantado de verte de nuevo. Y tus primas nos visitarán en vacaciones.
-No puedo esperar-refunfuñó el chico, y empezó su lento camino hacia el tercer vagón. Era un Black. Earl lo sabía por sus ojos oscuros y su pálida complexión. Otro Slytherin para Hogwarts, pensó mientras sus ojos volvían a la ansiosa multitud. Quería conseguir una mirada de la bestia que estaba a punto de llegar.
Vio a un chico regordete entrar, agarrando a su mascota, una rata. Era seguido por un flacucho de primer año, con unas gruesas gafas. Luego un chico de aspecto severo, con una nariz aguileña y picuda, que esperaba pacientemente por una chica pelirroja que estaba acompañada por sus padres y quien parecía ser su hermana mayor. La hermana tenía un aspecto de puro disgusto en el rostro, y la madre y el padre se vestían con genuinas ropas muggle.
Muggles, pensó Earl para si mismo.
Paseó sus ojos por la multitud. Ninguno parecía fuera de lugar. Ninguno parecía un monstruo tenebroso con afilados dientes. Eran todos niños.
Hank entró en la sala de máquinas y llamó a la puerta. Earl lo miró, apartando los ojos de la ventana. Hank esbozó la estúpida mueca que siempre tenía en su rostro regordete y dijo:
-Bien, señor, nos vamos en cinco minutos.
-Em... Hank.-Earl detuvo a su ayudante cuando empezó a hablar-¿Tienes la lista a mano? Me gustaría echarle un vistazo.
-Eh… si, Earl.-dijo Hank sacando su carpeta y arrastrando los papeles.-¿Buscas a alguien?
-Algo, en realidad-dijo Earl ácidamente, y apartó la carpeta de él.-¿Recuerdas el nombre de ese niño? Ya sabes… ¿El niño?
-Oh, ¿Te refieres al rarito?
-Si, ese mismo.
-No soy capaz de acordarme… bien… empezaba con una L, ¿no?
-¿El nombre o el apellido?
-Em… no lo sé, Erarl. ¿Ninguno? ¿Ambos? ¿A quien le importa? Tenemos tres minutos antes de partir.-Hank agarró su carpeta y atravesó la puerta.
Earl se giró, frotándose el cuello y volvió a mirar la escena del exterior.
Y finalmente, pudo ver al monstruo.
Era un chiquillo, de un metro y medio de altura. No había alcanzado todavía la pubertad, Earl no sabría decirlo. Era huesudo, y tenía ojeras bajo los ojos. A tenía puesto su uniforme, que era difícilmente distinguible debida a las malas condiciones en las que se encontraba. Tenía también complementos de la tienda de segunda mano del Callejón Dragón. Sus manos no eran visibles bajo las mangas, y estaban dobladas sobre si mismas como una bata de noche. Su padre estaba con él, todo orgulloso, sonriendo ante el flamante Expreso de Hogwarts. El chiquillo, con su pelo rubio grisáceo, estaba temblando de nervios.
El hombre se agachó para encararse con su hijo, susurró algo en su oído, y le dio un golpe en la espalda. El chiquillo sonrió tristemente, agarró su baúl (que era más grande que él), y se encaminó hacia una de las entradas. El padre secó una lágrima de su ojo, y dijo adiós a su hijo, que partía.
-¡Todos dentro!-anunció Hank desde fuera.-Están todos contados, Earl. Dale.
Earl colocó las palancas en su sitio, y el Expreso de Hogwarts soltó un silbido. En cosa de unos segundos, el gran tren estaba dejando atrás King's Cross, adentrándose en el país.
Y Earl no se sintió mejor.
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-¿Te importa si me siento aquí?
Sirius parpadeó y miró hacia arriba, apartando la vista del Profeta Diario. Era un chico con el pelo alborotado que estaba en la entrada, sus gruesas gafas negras dominaban su rostro. Le estaba sonriendo. Sonriendo. Menudo perdedor.
-Claro. No es mi tren.
La sonrisa del chico cuatro-ojos se ensanchó, y se dejó caer en un asiento en frente a él. Sirius lo miró, y luego volvió a leer el periódico.
No había pasado nada interesante en el mundo mágico últimamente. Un hombre llamado Crouch se había convertido en miembro del Wizengamot. Una chica llamada Dorcas Meadowes había sido introducida en uno de los millones de despachos del Ministerio. Jeremiah Sweeny había abierto una nueva tienda en Hogsmeade. Nada importante. Nada interesante. El mejor titular era uno que decía "GRINGOTTS CONTRATA UN NUEVO TROLL DE VIGILANCIA". Fuese lo que fuese lo que quería decir.
-Me llamo James.
Sirius parpadeó de nuevo. ¿Estaba el sabiondo intentando hablar con él de verdad? ¿Entablar conversación? Alzó una ceja, pero la sonrisa de la cara del chico, simplemente se hizo mayor.
-Soy Sirius.
Eso era todo. Volvió a centrarse en el periódico.
-¿Sirius, eh? No es un nombre que se oiga todos los días, ¿sabes?
Sirius se mordió el labio y sus ojos se estrecharon.
-No, no se oye-replicó son apartar los ojos del papel.-Es un nombre de familia.
-¿Es como… la estrella o algo? La estrella perro, ¿sabes?
-No, en realidad no lo sé.
-Oh, claro. Ya veo.-James se aclaró la garganta y se puso a mirar por la ventana.
Bien. El plasta se había callado. Ahora Sirius podría ser miserable en paz.
No quería ir a Hogwarts. Había esperado ir a Durmstrang. Bien, su padre había esperado que fuese a Durmstrang. Su madre, por otra parte, había insistido en que ensalzase el nombre de la familia yendo a Hogwarts. Yendo a Slytherin. Haciendo muchos amigos Slytherin y conociendo una guapa chica Slytherin. Juntos harían preciosos niños Slytherin de sangre pura. Si, su vida estaba planeada para él. Y su vida empezaba hoy, con la Ceremonia de Selección.
-Así que… no eres un gran conversador, ¿no?
-Mmm-Sirius gruñó, fingiendo estar sumergido en un artículo. Era sobre las pastillas de jabón muggle y sus atrocidades.
La sonrisa de James flaqueó, y se revolvió en el asiento, nervioso.
-Si, vale, sé pillar una indirecta. Encuentras ese papel más interesante que a mi. Vale.
-Mmm.-dijo Sirius inconscientemente.
-Disculpen, señores.
Los dos chicos miraron a una mujer realmente guapa, con un carrito lleno de comida. Su pelo estaba desordenado, y parecía extremadamente alterada por alguna razón. Sus ojos estaban desorbitados, y sus manos temblaban de miedo. Intentó mantener la voz firme, como cuando les ofreció alguno de los artículos del carrito.
-Hay un nuevo cromo en las ranas de chocolate.-dijo.-Es de Mirva la Magnífica.
-¿De verdad?-dijo James, pareciendo interesado. Se levantó con dificultad y se acercó al carrito. Tomó unas cuantas ranas, las miró, y luego agitó la cabeza.-Nah. No estoy realmente hambriento. Tampoco es que Mirva me guste tanto.
Parecía que la mujer ni siquiera lo escuchaba. Sirius oyó como el carrito rodaba por el pasillo. Por el rabillo del ojo, vio al gafitas sentarse de nuevo en frente a él, y sacar algo de su manga. Sirius tiró el periódico de su regazo, y vio un montón de ranas de chocolate en sus brazos. Sintió como si su mandíbula se cayese al suelo.
La sonrisa de James estaba ahí de nuevo, y lanzó una al regazo de Sirius.
-Ahí tienes una. Y disfrútala. Me costó una fortuna.
Y por primera vez, Sirius sonrió tan salvajemente como su nuevo amigo.
No obstante, esta pequeña victoria fue bruscamente interrumpida por una nueva llegada. Una pequeña chica pelirroja, con los ojos llenos de lágrimas y jadeante, abrió forzadamente la puerta del compartimiento y luego la cerró con fuerza tras ella. Sin decir una palabra a los dos chicos, intentó cubrir su cara húmeda con una manga de su nuevo uniforme mientras se deslizaba en un asiento al lado de la ventana, y presionaba su enrojecida mejilla contra el cristal. James y Sirius no dijeron nada. Excepto un pequeño grito por parte de Sirius, y los dos chicos siguieron comiendo sus chucherías. No había sido aquella chica quien había empezado el accidente. No, había sido su amigo, que llegó solo unos minutos después.
Un chico de nariz larga, con un grasiento pelo negro y los ojos abiertos de par en par dejó la puerta abierta y pisó a James, que estaba presenciando la amenaza de destripar a Godfrey el Mejor, un cromo de las ranas de chocolate. Con ojos solo para la pequeña chica, el chico se sentó en frente a ella. Los ojos de la chica llamearon, y su ojo izquierdo se entrecerró de una forma que hizo que todos en el compartimiento enmudeciesen.
-No quiero hablar contigo-le espetó al chico, que pareció un poco herido por eso.
-¿Por qué no?
-Tuney me o-odia. Porque nosotros leímos esa carta de Dumbledore.
-¿Y que?
La chica le lanzó a su amigo una mirada de profundo disgusto.
-¡Que ella es mi hermana!
-Ella es solo una... –el chico se refrenó rapidamente. La chica, demasiado ocupada intentando secarse los ojos sin que se notase, pareció no oírlo. De modo que empezó de nuevo.-¡Pero nosotros nos vamos!-dijo con la máxima alegría posible.-¡Eso es! ¡Nos vamos a Hogwarts!
Ella negó con la cabeza, frotándose los ojos, pero en contra de su voluntad, esbozó una media sonrisa.
-Más te vale estar en Slytherin-dijo el chicho, haciendo que Sirius se tensase. James apartó la mirada de Godfrey el Mejor y se sentó asombrado ante la situación. Sirius se puso más tenso todavía al mirar a su nuevo amigo, hundiéndose lentamente en el asiento, mientras veía la reacción que la palabra "Slytherin" había causado. La chica, sin darse cuenta del cambio en los chicos, sonrió un poco y asintió con la cabeza. Esto llevó a James a hablar.
-¿¡Slytherin!?
El chico de nariz ganchuda y la chica pegaron un saltito, como si se diesen cuenta por primera vez de que había más gente en el compartimiento. James soltó una risita incómoda..-¿Quien quiere ir a Slytherin? Creo que me iría, ¿tú no?
Sirius, dándose cuenta de que esa pregunta era para él, sabía que tenía que confesarlo.
-Toda mi familia ha estado en Slytherin-dijo en voz baja.
-¡Vaya!-dijo james con algo de temor.-¡Y a mi que me habías parecido normal!
Esas palabras escocieron a Sirius, le hicieron sentirse incómodo… ese era su primer nuevo amigo… y acababa de perderlo. Esa sonrisa misteriosa que siempre parecía encontrar camino hacia su rostro, independientemente de que se pusiese nervioso, apareció, lentamente, en sus labios, y se enderezó, querando que no demostraría que aquellas palabras de James le habían hecho daño.
-A lo mejor yo rompo la tradición-y luego, con un poco de pensamiento rápido, añadió.-¿A dónde irías tu, si pudieses elegir?
-Gryffindor-dijo James, desenvainando una invisible espada en el aire.-¡A donde van los valientes de corazón! ¡Como mi padre!
El chico de nariz ganchuda le dedicó a James una mirada terrorífica y un pequeño bufido. James, obviamente no estaba acostumbrado a ese tipo de ofensas hacia su persona.
-¿Tienes algún problema con eso?
-No.-dijo el chico desafiante.-Si prefieres ser un musculitos a un cerebro…
-¿A dónde esperas ir, viendo que no eres ni lo uno ni lo otro?-dijo Sirius, tensándose otra vez. Si iba a haber una pelea, estaba listo. Mitad de los niños de su calle le tenían miedo; esa pequeña bola de grasa no sería nada comparado con el gran Bernie McHiggins, del número 13…
Pero James, en lugar de tensarse, solo pudo reírse, palmeando a Sirius en la espalda con aprobación. Sirius sintió la calidez subir por su interior mientras veía al chico de nariz ganchuda mirarlo ceñudo. La chica agarró la mano de su amigo y se puso de pie, encarando a los dos chicos.
-Vamos, Severus.-dijo.-Encontremos otro compartimento.
-¡Oooooh!-James y Sirius imitaros su voz arrogante, y James, juguetón, puso la zancadilla a Severus mientras caminaba.
-¡Nos vemos, Quejicus!-dijo, mientras los dos desaparecían por el pasillo, con un fuerte golpe de la puerta del compartimiento.
-Conozco a los de su calaña-dijo James, sentándose de nuevo, y continuando en su búsqueda de Mirva.-Vienen de antiguas familias y creen en toda esa cagada de las Artes Oscuras. Créeme, Sirius, tendrá su larga y grasienta nariz dentro de todo tipo de libros oscuros en cuanto lleguemos allá.
Sirius, sabiendo bastante bien que él mismo no era demasiado diferente de Quejicus y al mismo tiempo negando ese aspecto de si mismo, se volvió a centrar en el periódico. Eso fue unos momentos antes de que James dijese muy bajito, casi en un susurro:
-Pero la chica… ella era preciosa.
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-Hay un nuevo cromo en las ranas de chocolate.-explicó la mujer al solitario pasajero del compartimiento número deieciséis.-Es de Mirva la Magnífica.
El chiquillo se estrujó las manos. ¡Oh, como le habría gustado comprar el carrito completo! Nunca antes había probado las rabas de chocolate. Había oído hablar de ellas… de lo cálidas y dulces que eran. Y no había desayunado debido a los nervios. Oh, si tan solo hubiese pensado en pedirle dinero a su padre…
-No, está bien.-dijo.-No estoy muy hambriento.
La mujer parecía agitada, como si hubiese visto un fantasma. Ella sabía. Él sabía que ella sabía. Todos sabían. El maquinista lo había mirado de un modo muy raro cuando había subido al Expreso de Hogwarts. Siempre que alguien le preguntaba su nombre, sabía que recibiría esa mirada agitada a su rostro.
La mujer miró a su mano. Una de sus mangas se había arremangado un poco, durante un segundo, y un largo corte había sido revelado; llegaba hasta el dorso de su mano. Él, rápidamente lo escudó de la mirada, e intentó apartar la mirada del horror escrito en el rostro de la mujer.
-¿Cómo te hiciste eso, querido?-preguntó, su voz ya no intentaba esconder su enorme miedo.
El chiquillo miró al suelo enmoquetado, y dijo, en voz muy baja:
-Tengo un gato.
La mujer asintió aturdida, y salió hacia el compartimiento número diecisiete.
Era un error. Lo había sabido desde el principio. Cada intento de encajar en el la sociedad mágica normal era una lucha perdida. Siempre había sido un paria. No importaba lo que hiciese, no importaba lo buenas que fuesen su notas, lo feliz que llegaría a ser, siempre sería… diferente.
Nunca nada cambiaría eso.
Él ya lo sabía en su interior. Había pasado el último viernes. Al final del mes. El demonio había llegado. Lo había sacado del cuerpo y lo había hecho suyo. Él siempre vivía dentro del chico, esperando su noche para liberarse y mostrar al mundo el verdadero demonio que se ocultaba en su corazón. Él siempre disfrutaba oyendo los gritos horrorizados y las súplicas del chiquillo.
A él le gustaba.
El chiquillo le tenía miedo a él.
Era a él, a quien esa mujer debía temer. Pero ella los temía a ambos. Si, ella temía al monstruo y al hombre. Incluso si el monstruo estaba acorralado.
Veintiocho días más, Remus, se dijo a si mismo el chiquillo, mientras se frotaba las manos cada vez más rápido. Veintiocho días hasta que vuelva.
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Holaaa!! Thaly al teclado!! ¿Qué os ha parecido? La verdad es que a mi me ha encantado, mucho, mucho. Están tal y como me los imaginaba, y además, tenemos escenitas que, los que hayáis leído Deathly, entenderéis.
Ese Sirius me ha encantado, y ese James, y ese Remus, pobrecito, que penita me da. De verdad.
Dejad muchos reviews, que se los traduciré a la autora!!!!! Muchísimas gracias por leernos!!! Besitos con sabor a Merodeador!!! Os quiero!!!
.:Thaly:.
