CAPÍTULO 2: NOCHE DE AMORES

Una vez acabada la cena, Ron, Harry y Hermione se despidieron de Wendy, que se fue junto con los de su año a visitar las prestaciones del colegio.

Ron y Harry subieron a su habitación y Hermione se fue a la suya. Los chicos deshacieron las maletas mientras hablaban con sus compañeros de habitación.

- ¿Habéis visto a la chica esa de pelo negro del primer año? Tiene que ser muy especial, ¡Al sombrero le a costado mucho decidir! – comentó Neville.

- Sí Harry, puede que te haya salido competencia. – rió Seamus.

- Ja, ja, ja – dijo Harry en tono sarcástico.- Pues resulta que es Wendy, la vecina de Hermione.

- ¡No me digas! – dijo Neville asombrado. – Vaya, cosas de la vida... te crees que conoces a la gente que te rodea y de repente ¡zas!

- ¿Qué dices tío? – dijo Ron. – Deberías tomar más el aire, no es bueno pasarse todas las vacaciones encerrado con tu abuela...

Todos rieron.

- Pues la verdad es que esa chica es muy guapa – dijo Seamus con una pícara sonrisa.

- Bah, las he visto más guapas... – respondió Ron.

- ¿Ah sí? – dijo Harry moviendo las cejas. - ¿Como quién?

Ron se sonrojó.

- No sé, gente...

- ¿Gente?

- Joder, chicas, en general, ya me entiendes...

- Claro, claro, lo que tú digas – rió Neville.

- ¿Sabéis qué? ¡No tengo por qué aguantas vuestras burlas, me voy a dormir!

Ron salió de la habitación y comenzó a bajar las escaleras. Al rato, volvió a subir, y con la cara roja dijo:

- Se me había olvidado que dormía aquí...

Sus compañeros de habitación rompieron a reír y les costó un cuarto de hora dejar de hacerlo.

- Eh, no, Ron, ahora de verdad, vamos a hablar de amores, ¿vale? – dijo Seamus.

- ¡Vale! Pero cuándo, ¿antes o después de pintarnos las uñas de los pies? – soltó Harry riéndose.

- No, tíos, lo digo enserio. Sé todo sobre vuestras vidas menos el lado amoroso... ¡Creo que estoy en mi derecho de saberlo! – se giró hacia Neville.- ¿Tú has tenido novia alguna vez?

- ¿Yo? Ya sabes que no, a las chicas les importa más el físico que la personalidad...

- Bueno, lo siento pero la verdad es que te tengo que dar la razón... – dijo Harry. – Pero bueno, alguien te habrá gustado, ¿no?

- Bueno... Ginny y Hermione... ya sabes...

- ¡A ellas ni las toques! – chilló ron.

- ¿Por qué no?

- Porque... porque Ginny es mi hermana.

- ¿Y Hermione?

- Hermione... porque... porque Hermione... ¡Porque es mi amiga, ¿vale?!

- Ya, claro... – murmuró Seamus.

- ¿"Ya claro"? – Ron se enfureció.- ¿A caso no te crees que seamos amigos?

- No, no, si yo eso no lo dudo... Lo que dudo es si Hermione es sólo una amiga para tí...

- ¡Pues claro que sí! – gritó Ron.

- Vamos, Ron, no seas infantil, medio colegio sabe que te gusta... ¿Por qué sigues ocultándolo?

- ¡YO NO OCULTO NADA!

- Vamos, Harry, dile que sí.

- Hombre... a mí siempre me ha parecido que tenéis una relación amor-odio...

- ¡Oh, venga ya! – lo interrumpió Ron.- Si nos ponemos a decir cosas ridículas, ¿por qué no decimos que a tí te gusta Ginny?

Harry calló.

- ¡¿TE GUSTA GINNY?! – gritaron los tres compañeros.

- ¡Yo no he dicho eso!

- ¡Pero tampoco lo has negado! – replicó Neville.

- ¿Os habéis fijado? – rió Seamus. – Podríais formar un quinteto amoroso.

- Tú cállate Finnigan que a ti te gusta una mocosa. – digo Ron.

- ¡Wendy no es una mocosa! Tiene sólo cuatro años menos que yo...

- Ah, vale, perdón, casi nada...

- No soy yo el que no se atreve a pedirle salir a su amiga...

- ¡QUE A MI NO ME GUSTA HERMIONE!

Esa discusión duró hasta las dos de la mañana. Por eso, a la mañana siguiente los cuatro se quedaron dormidos y se perdieron el desayuno. De camino a clase, Ron discutía con Seamus:

- ¡Por tu culpa me he que quedado sin desayunar, y yo sin desayunar no soy persona!

De repente apareció Hermione y se unió a la conversación:

- Hola chicos, ¿cómo es que no habéis bajado a desayunar?

Ron la miró con cara de pocos amigos.

- ¿Qué ha pasado?

- Seamus, que ayer se empeñó en hablar sobre amores y estuvimos discutiendo hasta las dos...

Hermione rió.

- ¿Y de qué amores hablasteis?

Antes de que Seamus pudiese decir nada, Ron se adelantó e intentó cambiar el rumbo de la conversación:

- Hermione, ahora entiendo por qué os maquilláis las chicas... ¡por hablar sobre amores y disimular las ojeras de la noche anterior!

- ¿Qué dices? Si yo no me maquillo...

- Ah, no, ¿y por qué te brillan los labios y hueles como a kiwi?

- Vaya, Ron, qué observador... no es pintalavios ni nada de eso, es baselina, últimamente los tengo bastante secos...

- Yo sé de alguien que podría humedecértelos... – dijo Seamus pícaramente mientras miraba a Ron.

- ¿Cómo? – Hermione no entendía nada.

- ¡Vaya! Son las nueve, tendríamos que estar en clase... – dijo Ron cortante.