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"LA SUMA DE LAS PARTES"
Autor: holdmybeer
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((2))
Harry hizo el Juramento en Halloween. Afuera estaba oscuro y deprimente, perfectamente a tono con su estado de ánimo ese día específico del año, pero se sentía en cierto modo correcto realizarlo esa noche. Quizás esto era pedir que algo saliera mal, o que el Juramento mutara en una forma extraña, supuestamente imposible, pero Harry estaba decidido a llevarlo a cabo.
En este día, el Velo entre los vivos y los muertos estaba en su punto más delgado, y Harry esperaba que sus padres y Sirius y Remus lo supieran. Tal vez fuera una idea estúpida, tal vez esto conseguiría que lo mataran, y que su nombre fuera maldecido por siglos, pero él quería que supieran que él lo había intentado.
Habían salido a escondidas de La Madriguera después de la cena de cumpleaños de Molly Weasley, con el permiso renuente de la mujer. La matriarca Weasley creía que Harry quería un poco de tiempo para sí mismo, para hablar con quienes había perdido, y que Hermione y Ron irían para apoyarlo. Harry no corrigió su suposición.
La Directora Minerva McGonagall había enviado a los estudiantes de Hogwarts a sus hogares por el fin de semana. Pocas familias habían salido de la guerra sin rasguños; y todavía menos eran quienes no habían perdido amigos y compañeros a quienes rememorar. Ella creía firmemente que los que sobrevivieron necesitaban hacer frente juntos a los recuerdos a su propio modo, y eso era lo que Harry, Ron y Hermione ahora hacían.
A medida que Halloween se aproximaba, incluso hasta el brillante y animado Callejón Diagon pareció caer en silencio. El mismo silencio pesado y opresivo se había apoderado de Grimmauld Place cuando ellos entraron por la puerta. Los cuartos parecían oscuros y poco familiares, y la magia en el ambiente (que era ya Oscura en un buen día) se sentía casi viva con cada respiración que Harry realizó.
Quizás fuera un presagio. Quizás fuera la manera en que la magia Black bendecía su empresa. Sin embargo, Harry nunca fue de los que se echaba para atrás cuando se había comprometido a hacer algo, y no iba a empezar ahora.
Desde hacia mucho habían escogido el lugar, y ellos ascendieron las escaleras en silencio. Harry se arrodilló con Hermione sobre la alfombra vieja y descolorida de la biblioteca donde ellos pasaban tanto tiempo y sintió que una extraña calma se posaba aun cuando su corazón se aceleraba. Ron estaba parado junto a ellos, los hombros rígidos de una manera que indicaba que no estaba contento con esto, pero que seguiría adelante, y que mejor sería que estuvieran condenadamente seguros de lo que estaban haciendo.
Harry extendió su mano y Hermione la tomó sin vacilar. Solamente un ligero temblor en sus músculos traicionaba su nerviosismo.
―¿Qué pasa si puse algo mal? ¿Y si...?
―No lo hiciste ―replicó Harry con convicción―. ¿Ron?
La tercera parte de su trío tocó sus manos unidas con su varita, y Hermione tomó aire para centrarse. Debía ser hecho, todos lo sabían. Ellos no podían arriesgarse a otro Tom Riddle, y por mucho que alegaran que Harry nunca se convertiría en otro Voldemort, también era capaz de conjurar hechizos oscuros con una facilidad perturbadora. Harry al menos dormiría con mayor facilidad sabiendo que existía un respaldo de seguridad en caso que todo se desmoronara y él cruzara la línea.
Ellos no se habían centrado en hechizos específicos ni crímenes a prohibir, los cuales dejaban demasiadas lagunas, tanto en intención como (y lo más importante) en garantizar la seguridad de Hermione y Ron de él. Esas no habían sido conversaciones agradables, pero habían sido necesarias, y todos lo sabían. Si él perdía la cabeza y conseguía esconderlo, siendo el peor de los escenarios un segundo Voldemort decidido a librarse del Juramento y la influencia de Hermione y dispuesto a hacer cualquier cosa para lograrlo antes de que ellos descubrieran su traición. Harry, quien había conocido la mente de Voldemort mejor que nadie probablemente, había repasado cada sugerencia que Hermione hiciera para despedazarlas sin piedad. Fue un equilibrio cuidadoso entre la protección de ellos (y cualquiera que Harry pudiera usar contra ellos), y la propia habilidad de Harry de defenderse en caso de ser atacado.
El Juramento final llevó un pie y medio de pergamino y llevó buena parte de quince minutos. Lo habían escrito y reescrito, y repasado tantas veces que Harry podía recitarlo aun dormido, y Hermione no vaciló al decir las palabras cuando los primeros hilos de magia se enzarzaron alrededor de sus manos.
Al final de ello, sus manos juntas brillaron de color rojo con los finos hilos del Juramento, y Harry pudo sentir que la magia se oprimía contra ellos.
―...contestar con la verdad y completamente sin evasión u omisión si debiera pedirlo de ti, a través de palabra, magia, o cualquier otro medio?
Hermione terminó la parte final del Juramento y Harry sintió que su magia combinada se unía en perfecta claridad.
―Lo juro ―dijo él con firmeza, uniendo el último hilo.
Hermione se tambaleó ligeramente por el flujo del poder que se sumergía dentro de sus manos, y Harry sintió la carga pesada del Juramento alrededor de su magia.
Ron los ayudó a ponerse de pie, los dos inestables, y por largos momentos sencillamente se quedaron allí parados y respiraron. Un respiración detrás de otra, lenta y firme, hasta que el mundo dejó lentamente de moverse y la magia se afianzó.
Su magia nunca sería la misma de nuevo. Nunca se había dado cuenta hasta ese momento lo ligera y despreocupada que era en verdad su magia, no hasta que el Juramento se afianzó a su alrededor como finas cadenas entrecruzadas, irrompibles. Nunca lo bastantes pesadas para obstaculizarlo, y nunca lo bastante ligeras como ser olvidadas del todo. También supo que esto era verdad siempre que mantuviera su Juramento. Si llegara a romperlo, esas mismas cadenas se apretarían hasta matarlo. Si tenía suerte, cuando menos lo harían rápido.
Era una carga horrible de colocar sobre alguien, en especial a un amigo, y él nunca sería capaz de compensar por ésto a Hermione. Tan sólo albergar la esperanza de hacer que valiera la pena de alguna forma.
―Gracias ―Harry exhaló, y puso mil palabras sin decir en esa sola exhalación. Gracias, te amo, y no voy a decepcionarte, lo prometo, y, lo lamento tanto.
Hermione lo conocía, y las escuchó.
―Hasta el final ―dijo ella en voz baja. Lo sé, sus palabras estuvieron de acuerdo, y te perdono.
~oOo~
Ginny lo acorraló en La Madriguera la mañana siguiente después de Halloween, poco antes que debiera partir ella para King's Cross de regreso a Hogwarts.
La Madriguera era un desorden caótico y ruidoso como siempre, aun cuando fuera una sola muchacha pronta a partir, y Ginny aprovechó la oportunidad para encontrarlo a solas en una habitación, lejos del caos de abajo. Harry había venido a verla partir, pero él a veces necesitaba estar a solas, demasiado abrumado por todo para manejarlo, y ella lo sabía.
Ginny cerró la puerta con suavidad detrás de ella y cuadró los hombros―. Bésame.
Harry parpadeó. Ellos habían hablado muy poco desde la Batalla, demasiado ocupados con otras cosas, y se dio cuenta con algo de intranquilidad que apenas había pensado en ella. Él había roto con ella por su bien. La amenaza ahora había desaparecido. Él … debería haber hecho algo, ¿no?
―Bésame ―repitió ella, aun más suave y con mayor cansancio―. Por favor.
―Yo … Esta bien ―cruzó la pequeña habitación en dos pasos y tomó un momento para admirar al ser fogoso delante de él. Después se inclinó y la besó.
Los labios de ella eran suaves y cálidos, y ella olía levemente como a canela debido a la tarta de manzana de la que ella había robado una rebanada más temprano. También parecía haber algo faltante, y era obvio que Ginny estaba de acuerdo con eso ya que interrumpió el beso y le dio una sonrisa de resignación.
―Yo tenía que saber.
Harry sintió un poco como si algo en su pecho de repente faltara. Pero en su mayor parte se sintió aliviado.
~oOo~
La paz de nuevo se instauró en La Madriguera. Callejón Diagon volvió a la vida otra vez y la normalidad, o lo que pasaba por ello ahora, se apropió del lugar.
Harry, impulsado por esta nueva determinación despertada en parte por el Juramento, comenzó a hacer planes.
Los Señores Oscuros tenían ciertos requerimientos específicos para reclamar el título apropiadamente. Magia (magia poderosa, especializada, preferiblemente Oscura, y en gran abundancia), seguidores, y dinero.
Harry no estaba muy convencido con la parte de los *seguidores*, y ellos todavia estaban tratando de pensar que hacer con respecto a los goblins, quienes de plano los odiaban, pero magia podía hacer. Podía trabajar en lo de la magia.
Esa fue la razón por la cual los tres se encontraban abriéndose paso por la biblioteca Black, un libro a la vez. Algunos eran descartados con facilidad, como las docenas y docenas de libros acerca de familias sangre pura y genealogías e historia mágica de dudosa procedencia. Algunos, como los libros de Herbología y Astronomía eran anotados para uso posterior, pero no serían de demasiada ayuda en su pesquisa actual.
Esto les dejó con una pila de libros que variaban desde encantamientos domésticos comunes hasta un tratado especialmente repugnante acerca de maldiciones que esclavizaban almas que ellos habían rescatado desde el sótano. Los libros habían sido clasificados más o menos de acuerdo al tema, pero los montículos que todavía se elevaban eran suficientes para hacer vacilar hasta a Hermione.
Tan sólo la primera estantería los había dejado con una pila de libros potencialmente útiles que era más alta que Harry. Incluso dividiéndolos en lotes más pequeños, todavía lucían intimidantes. Mientras Harry miraba, un libro de la pila de encantamientos bostezó ocasionando una pequeña avalancha de volúmenes.
Hermione frunció los labios y miró con irritación al libro como si la hubiera ofendido de manera personal. Luego ella miró a Harry y a Ron―. Esto no esta funcionando. Necesitamos un mejor sistema ―achicó los ojos y los posó sobre Harry―. Necesitamos saber con lo que tendremos que trabajar.
Harry no le dio lo que hubiera sido su primera respuesta: la cual habría sido "¿magia?", puesto que estaba bastante seguro que eso no era lo que ella estaba buscando. Ron fue lo bastante listo como para seguir su ejemplo. Además de que él cuando menos parecía tener una idea de a donde apuntaba ella, porque la mirada de sus ojos fue desde el desconcierto a una expresión algo distraída que Harry estaba acostumbrado a ver cada vez que su amigo jugaba ajedrez.
―¿Reglas? ¿Fortalezas, debilidades? ―preguntó Ron, y continuó sin esperar una respuesta―. Tiene sentido.
Dos pares de ojos se centraron en Harry con tal precisión perturbadora que se sintió como en espécimen en clase de Pociones.
―Defensa, definitivamente. No podemos llamarla más «contra las Artes Oscuras» si estamos haciendo un Señor Oscuro, pero Defensa definitivamente. Es una especie de rama de Encantamientos y Transfiguraciones, sin embargo, ¿no? Es decir, Dumbledore usaba Transfiguración cuando luchaba ―dijo Ron.
―Pero él era un prodigio en Transfiguración ―lo interrumpió Hermione―. Y, disculpa, Harry, pero tu no lo eres.
Harry sintió como que debía objetar a eso, pero era difícil cuando era la verdad. En vez de eso, sólo suspiró y se les unió, comprendiendo cual era el objetivo de Hermione.
―Sí a Defensa. No a Pociones, Transfiguraciones, y Encantamientos. Yo nunca tomé Aritmancia ni Runas. Necesito aprender a conjurar gran cantidad de hechizos sin hablar. También sin usar la varita, si logro conseguirlo. Magia de la mente, no Oclumancia, pero puedo librarme del Imperius, y la magia Veela no me afecta mucho tampoco. Eso debe contar para algo. El Patronus es un encantamiento, pero nunca se sintió mucho como uno para mí ―tragó en seco―. Artes Oscuras … no tuve ningún problema con el Imperius, y el Cruciatus sólo necesito la adecuada motivación. El Sectumsempra funcionó en mi primer intento. El Fuego Demoníaco toma un poco más de concentración, pero puedo hacerlo y controlarlo con bastante facilidad.
Los ojos de Hermione se entrecerraron amenazantes―. ¿Tu qué? *¿A solas?*
―Si perdía el control, no quería que ustedes dos quedaron atrapados ―dijo Harry con honestidad. Las imágenes de la Sala de Menesteres incendiándose eran todavía demasiado vívidas y proveyó toda la motivación que Harry necesitó para hacerlo a solas.
―¡Podrías haber muerto!
No había nada en realidad que Harry pudiera decir que no la hiciera enojar más, y tampoco él iba a mentir y disculparse.
―Lo sé ―asintió―. Tenía que hacerse.
Ron se quedó callado mientras Hermione lo reprendía, pero Harry pudo casi ver como su mente seguía funcionando, examinando los trozos de información y tratando de reunir el rompecabezas.
―Me figuro que debe haber sido algo bastante serio para que ameritara el uso de Fuego Demoníaco, y estamos escasos de Horcruxes ―reflexionó Ron―. ¿La Varita de Saúco o la Piedra de la Resurrección? No te he visto usar nada más que tu varita normal desde que la Varita de Saúco la arregló.
―La Varita ―dijo Harry―. En la tumba de Dumbledore hay una réplica rota. La madera de saúco es común, y hay un rebaño de thestrals en Hogwarts. El pelo de cola de thestral es fácil de encontrar. Sé más o menos donde se perdió la Piedra, y allí es donde se quedará.
Ron asintió y pareció comprender. El conflicto interno de Hermione era claramente visible, dividida entre el alivio y la pérdida de la oportunidad de examinar las míticas Reliquias de la Muerte de más cerca.
Al final, el alivio venció―. Es mejor de ese modo ―concordó ella.
―Eran artefactos antiguos y poderosos, pero eso es todo. Y por lo menos dos de ellos casi garantizaban la muerte de su propietario ―Harry vaciló―. Ustedes conocen la historia de la Varita. La Piedra … yo vi a mis padres, a Sirius y a Remus cuando caminé hacia mi muerte. Ellos me dijeron que no me dolería, que no sería más que un momento, y que yo era tan fuerte y que ellos estaban tan orgullosos de mi … cierto, eso era lo que yo necesitaba escuchar, ¿pero eran realidad los espíritus de aquellos que yo conocía, o ilusiones que querían inducirme a querer morir? ―le dio una mirada de disculpa a Ron y supo en ese instante que su amigo comprendía. Él se enfocó en Hermione de nuevo―. Imagina a George con esa Piedra en su mano. Imagínalo escuchando a Fred decirle lo mismo.
Hermione palideció un poco. Ella podía imaginárselo tan bien como Harry.
―¿Cuántos saben que yo tenía la Piedra? ―inquirió Harry―. ¿Nosotros? ¿Dumbledore? Eso es todo. Hagrid sabe donde morí. Una vez que sabes eso, puedes adivinar el camino que tomé y pasar meses en el Bosque Prohibido lanzando hechizos convocatorios, pero al final yo soy el único que conoce la ubicación con seguridad. La Piedra permanecerá perdida y el secreto morirá conmigo.
―Se escucha bien para mi ―Ron dijo, y cerró el asunto antes de que Hermione pudiera discutir―. Defensa, magia mental, y Artes Oscuras entonces, para comenzar.
―Y poder ―dijo Hermione con suavidad―. Cantidades ridículas de poder. Brujas y magos adultos tendrían problemas aprendiendo el Encantamiento Patronus, y ni que decir de un niño de trece años.
―El E.D. aprendió ―objetó Harry.
―Ellos aprendieron ―estuvo Hermione de acuerdo―. Ellos no se deshicieron de cien o más dementores con eso.
―Hechizos poderosos, entonces ―dijo Ron―. Lo siento, compañero, pero eres un inútil con hechizos delicados.
Harry se encogió de hombros. No había mucho que pudiera decir a eso.
Hermione regresó a los libros. Recogió el libro de encantamientos que bostezaba y lo colocó de regreso con firmeza en su estantería―. Eso debería reducir el número ―dijo ella satisfecha.
Aun quedaba un montón de libros que revisar, y un montón de nuevos hechizos que aprender, pero era un inicio.
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Con el asunto de la magia pensado, lo próximo era el dinero. Los goblins eran todavía un problema con el que no estaban seguros como tratar. Podrían caminar directamente dentro, pero ninguno de ellos apostaría dinero a que podrían salir de nuevo caminando de allí a menos que existiera alguna clase de garantía que los mantuviera a salvo. Harry tenía algunos galeones fuera de Gringotts, y ellos habían descubierto un poco más escondido en varios sitios de Grimmauld, prueba de que la familia Black había sido muy cuidadosa acerca de dejar pequeñas reservas de emergencia en caso de situaciones indeseables. Hasta que ellos pudieran idear como manejar la situación con los goblin, sin embargo, las cuentas bancarias de Potter y Black estaban fuera de su alcance.
Por suerte, existían otros asuntos que abordar por el momento, como Hermione señaló con una expresión un tanto feroz.
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Augustus Brookstanton era un mago de cabello encanecido con una mano dominante con cicatrices y una cojera pronunciada. Él era un sangre pura que había perdido a su esposa mestiza en la primera guerra de sangre y que tenía un significativo resentimiento contra el Ministerio por ser inútiles contra Voldemort. También era un abogado experimentado y venia recomendado por Andrómeda Tonks. Harry había pagado por adelantado por dos horas de su tiempo, con el entendimiento de que un acuerdo más formal podría ser acordado más tarde, si ambas partes lo deseaban.
―Señor Potter ―saludó―. ¿En qué puedo serle de ayuda?
Su voz era tan seca como pergamino, pero fuerte, y aunque la oficina estaba repleta de libros y documentos estaba meticulosamente limpia y bien organizada. Harry se sintió cautamente optimista acerca de esto.
―Existe un número de libros de ficción que utilizan mi nombre y mi imagen ―comenzó él, citando la frase específica que Hermione había usado. Ellos habían pasado tiempo considerando su estrategia―. Ninguno de los cuales cuenta con mi permiso para ello. Yo deseo compensación, y una orden de cesar y descontinuar la producción y las ventas efectiva inmediatamente. Sé que no puedo hacer nada acerca de los así llamados libros y artículos de no-ficción a menos que crucen la línea de la difamación, pero me rehúso a permitir que las mismas personas que han pasado años llamándome un mentiroso en busca de atención, ganen dinero a costa de mi nombre. Estoy abierto a la idea de productos con una licencia apropiada para gente que realmente apruebo, pero solamente con mi permiso explícito previo y de manera legal.
Brookstanton asintió lentamente―. Eso debería ser factible, señor Potter.
Harry vaciló y continuó, dejando caer su tono-Hermione mientras lo hacia.
―Yo necesito arreglar un nuevo fondo de beneficencia: la Fundación Evans-Lupin. Destinada a proveer ayuda legal y representación para los nacidos de muggles, mestizos criados por muggles, en parte no-humanos, y los no-humanos que tengan una causa justa y no cuenten con los medios para hacerlo ellos mismos. Quiero que las compensaciones y todas las ganancias futuras vayan a esa causa. Necesitaré a gente confiable que lo maneje además. Si usted fuera capaz de recomendar a alguien, así como a un abogado dispuesto a trabajar por eso, le estaría muy agradecido, señor.
Las cejas de Brookstanton se arquearon lentamente, y Harry vio el primer destello de interés en su expresión.
―Eso, también, debería ser factible, señor Potter ―dijo él lentamente, con mesura―. Sin embargo, es probable que usted deba encarar algunas repercusiones negativas una vez que las potenciales demandas judiciales comiencen a constituirse en contra de … ciertas entidades.
Harry inhaló hondo―. ¿Se refiere al Ministerio, señor? Ya lo sé. No me importa. La mayoría de los nacidos de muggles, los en parte no-humanos y los mestizos inaceptables cuyas propiedades fueron reclamadas por el régimen de Voldemort, todavía no han sido regresadas y a nadie de los que están a cargo parece importarles. No hay más que frases como "estamos trabajando en ello" y "cuestiones legales, ya saben". La única razón de que sus bóvedas no hayan también desaparecido es porque Voldemort no tuvo tiempo suficiente para aplastar a los goblins. El Ministerio esta demasiado ocupado aprobando leyes para evitar que los hombres-lobo tenga trabajos o discutiendo cuánta sangre no-humana convierte a alguien en sub-humano para hacer algo al respecto. Esto no fue por lo que yo luché, señor. Esto no es por lo que ninguno de nosotros luchó. Si ellos vienen detrás de mí, que así sea. No voy a abandonar a mis amigos y a lo poco que resta de mi familia sólo para ver a Gran Bretaña caer en un abismo de racismo y políticas de sangre pura.
El abogado asintió lentamente una vez más. Su rostro de granito no cambió, pero la mirada en sus ojos y la leve manera en que se inclinó al otro lado del escritorio para observar a Harry dejaba ver su repentino interés.
―Entonces, señor Potter, eso será ciertamente factible ... y una empresa que vale la pena.
El alivio siguió a estas palabras. Harry vaciló por un instante, pero extrajo un rollo sin sellar de sus túnicas. Quien no arriesga no gana...
―Mi Testamento. En el caso de mi muerte, la mitad de mi oro será para mi ahijado, y el resto se dividirá entre cierto número de amigos y familia. ¿Puede usted servir de testigo si yo lo firmo? No puedo archivarlo por el Ministerio. Ellos ya han hecho bastante desastre con el testamento del profesor Dumbledore.
―Testigo y Validador, señor Potter. Esto quedará registrado con mi oficina, aunque no sería mala idea mantener otras copias en otro lugar en su caso ―dijo Brookstanton―. Por si uno o dos de ellos resultaran desafortunadamente... perdidos si el Ministerio toma interés en el caso.
Correcto. Harry desenrolló el pergamino y lo releyó una vez más. Conocía las palabras de memoria, pero necesitaba estar seguro una vez más que había tomado todo, y a todos, en consideración. Después lo entregó y esperó penosos minutos mientras Brookstanton lo leía con cuidado.
―Esto cumple con los requisitos legales ―dijo por fin el abogado y colocó el pergamino desenrollado sobre el escritorio. Le extendió una pluma―. Su firma, señor Potter.
La pluma se sintió pesada en la mano de Harry, toda la cosa repentinamente haciéndose *real*. Sus padres no hicieron un testamento. Él tenía dieciocho años y estaba a punto de firmar un documento legal increíblemente árido con el conocimiento de que la próxima vez que alguien lo leyera, él estaría muerto.
Lo firmó con rapidez, antes de que la pluma se volviera aun más pesada, y empujó una pequeña cantidad de magia en su nombre mientras lo hacia.
Harry le pasó la pluma a Brookstanton, quien firmó el testamento con la calmada eficiencia de alguien acostumbrado a ello.
Un hechizo susurrado y la tinta estuvo seca. Harry enrolló el pergamino y lo cerró con el sello de los Potter, y finalmente añadió otro poco de magia a eso. Él le entregó el rollo, con una extraña calma asentándose sobre él.
Firmado, sellado, y, esperaba, entregado en manos de confianza. Había hecho cuanto podía.
Brookstanton aceptó el rollo. Este brilló dorado una vez de forma apagada, y después regresó a su apariencia normal. Otro conjuro susurrado, y dos copias selladas descansaron sobre el escritorio―. Sus copias, señor Potter. Le recomiendo que una vaya a su bóveda, y otra a un amigo de confianza.
Harry se encogió―. Mi bóveda podría ser un problema en este momento. Nosotros aún tenemos … asuntos pendientes con los goblins.
―Conserve una con un amigo de confianza entonces, y otra en alguna parte segura ―concedió Brookstanton―. Y asegúrese de tener un pesado arsenal a su disposición cuando aborde a los goblins, señor Potter. La ley por si sola no será suficiente, en caso de que tengan una aversión particular hacia usted por la razón que sea. Las bóvedas de Gringotts son intocables, pero ¿los clientes? Los accidentes desafortunados suceden.
Harry suspiró―. Eso es lo que me temía. ¿Me podría recomendar usted algo?
Brookstanton vaciló―. Yo sugeriría un banco de la competencia, señor Potter, pero la verdad es que esta afuera de mi área de especialidad. Gringotts se ha esforzado para mantener al mundo mágico británico ignorante de las virtudes de otras instituciones financieras. Que yo sepa, Gringotts tiene el monopolio también en Francia, junto con un número de otras naciones europeas. Los enanos tienen a los países del norte de Europa, así como buena parte del Europa oriental. Constantinopla mantiene una larga sección del Mediterráneo. Después de eso, las distancias de viaje comenzarían a ser más allá de lo razonable. Tenga en cuenta, además, que existe un número de bancos menores en Europa. ¿Cuántos de ellos cuentan con la habilidad y la voluntad de enfadar a los goblins?, de eso no tengo seguridad. Algunos de ellos puede que prefieran en vez de eso el trabajar simplemente con Gringotts a cambio de una recompensa.
No era una solución, Harry imaginó, pero cuando menos era información, y eso se quedaría con él.
~oOo~
Era ya mediados de noviembre para cuando Harry compró un elfo doméstico adecuado. Habían muy pocos de ellos disponibles en el mejor de los casos, y él no podía soportar la idea de que uno de ellos le recordara a Dobby. Winky, quien seguía todavía trabajando en las cocinas de Hogwarts, podría haber sido una opción, pero cargaba con ella la misma cantidad de recuerdos dolorosos.
Añadan a eso que él deseaba un elfo con experiencia en la magia Oscura, y las opciones eran limitadas.
Pero entonces con Bellatrix estando muerta, y los dos Lestrange sobrevivientes sentenciados en ausencia a una sentencia de por vida en Azkaban, el hogar de los Lestrange fue vendido a fines de octubre. Sus elfos domésticos fueron despedidos del servicio por los nuevos dueños, quienes no querían nada que ver con el elfo de un mortífago. Por una vez, el Profeta fue bueno para algo, ya que sacaron un pequeño artículo cerca del final detallando las obras a realizarse en ese "lugar Oscuro y repelente", y mencionaba a los elfos en una frase al pasar.
Harry esperó varias semanas en forma deliberada antes de aproximarse a la Oficina de Relocalización de Elfos Domésticos para evitar atraer demasiada atención.
La Oficina se hallaba escondida en una esquina de un cuarto nivel del Ministerio, y Harry fue saludado por un hombre mayor con un aspecto de perpetuo asombro.
―¿Señor Potter? ―lo saludó estrechándole la mano con entusiasmo―. ¡Que gran honor, señor! Mi nombre es Nuttley, señor Potter, Almerick Nuttley. ¿Qué puede hacer esta humilde oficina por usted?
Harry, casi ya acostumbrado a la perturbadora cantidad de atención que todavía atraía, le estrechó la mano al hombre―. Que bueno conocerlo, señor ―lo saludó, habiendo aprendido que ser educado y afable tendía a sacarlo de situaciones incómodas con mayor facilidad―. Estoy buscando un elfo doméstico. Necesito hacer algo con la casa Black antes de que mi ahijado venga de visita, y el elfo doméstico de los Black murió poco después de la Batalla.
Murió, se suicidó, detalles menores cuando se trataba de Kreacher, en lo que concernía a Harry. Mientras estuviera muerto, Harry era feliz―. Necesito un elfo doméstico bueno, tranquilo, buen trabajador, que se haga cargo de la casa y de mi ahijado cuando venga de visita.
―No tenemos más que elfos buenos, tranquilos y buenos trabajadores, señor Potter ―dijo el hombre con orgullo―. Tenemos a siete en este momento para escoger.
Ellos llegaron en el momento que Nutley terminaba la frase, como si hubieran estado esperándola. Probablemente fuera así. A Harry le sonaba como la forma usual de enseñarlos a compradores potenciales.
Sintió un dolor agudo en el pecho al encontrarse frente a siete pares de ojos enormes y esperanzados, y deseó poder comprarlos a todos. No tenía suficiente trabajo para ellos, y eran onerosos, pero por lo menos uno tendría un buen hogar.
Harry hizo a un lado sus emociones, decidido a llevar a cabo su tarea, y miró realmente a los elfos más allá de las miradas desesperadamente esperanzadas.
Cuatro de ellos se veían ciertamente ancianos, y Harry los descartó. Parecían demasiado viejos para ocuparse de Teddy durante su infancia, y Harry no quería que su ahijado tuviera que encarar el dolor de perder a un amado elfo doméstico siendo pequeño.
Hasta entonces no había estado seguro de poder reconocer al antiguo elfo de los Lestrange, pero al momento de verla, lo supo. Ella era más pálida y delgada que el resto y se encorvaba sobre sí misma como tratando de esconderse. Además le faltaba la mayor parte de la oreja izquierda y Harry no creyó ni por un momento que hubiera sido un accidente. No con gente como Bellatrix Lestrange alrededor.
Harry se puso en cuclillas despacio en frente de ella y se aseguró de no realizar movimientos repentinos.
―¿Quién es ella? ―preguntó despacio, dándole una mirada a Nuttley.
El hombre se aclaró la garganta―. Ella es Mute, señor Potter. Es, ah, la antigua elfina de los Lestrange. Sin nombre, a ellos nunca les importó, así que le dimos uno, eso hicimos. Es tímida, pero le aseguro que es una trabajadora esforzada. Tan sólo... no puede hablar, verá. Ellos removieron su lengua.
Merlín. Harry la miró de nuevo, pequeña y aterrada y viéndose tan perdida y sin esperanzas, y su corazón se rompió por ella. Él tenía planeado comprar al antiguo elfo de los Lestrange, sin importar que, a menos que fuera otro Kreacher, pero no existía manera en que ahora la dejara permanecer en manos del Ministerio.
―¿Alguien más ha mostrado interés en ella? ―preguntó él despacio.
Nuttley negó con la cabeza―. No cuando descubren lo de su lengua, señor. Un elfo que no puede hablar perturba a la gente. Si añadimos que fue de los Lestrange y ... bueno. Podría estar aquí por un tiempo.
El dolor en el pecho de Harry apretó de nuevo cuando vio como la elfina se encogía ante esas las palabras. Él no iba a dejarla aquí―. Yo la llevaré.
Ojos inmensos, ilusionados, y aterrados alzaron la mirada hacia él, y Harry tuvo que tragar un atoro en su garganta―. Tengo una casa vieja ―dijo él―. Necesita de mucha mantención. También odio cocinar, y tengo un ahijado que va a empezar a caminar pronto y dejará detrás de si un desastre. ¿Te gustaría ser mi elfina?
Ella asintió frenéticamente, y eso cerró el asunto.
Harry Potter era el nuevo dueño de una elfina que probablemente estaba tan dañada como él, y él estaba bien con eso.
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Su primera orden a su nueva elfina (además de las instrucciones detalladas de nunca contarle a nadie lo que ella sabía, de ninguna forma, y asegurarse de que comprendiera que nunca debía castigarse ni dañarse a sí misma) fue hacer algo con respecto al sótano.
Ellos tres habían estado trabajando un poco en eso. Los calabozos no escondían los restos de ocupantes previos, pero los pisos y paredes de piedra de cuatro celdas estrechas mostraban sospechosas manchas café en ciertos lugares, y ninguna cantidad de hechizos iluminadores parecía capaz de terminar con la oscuridad en las esquinas.
Había docenas de baúles repletos con ropa vieja. La mayoría túnicas y zapatos, junto con un número de vestidos, y la mayoría de ellos tan tremendamente anticuados que hasta la túnica de Ron para el Baile de Yule parecía en comparación moderno y a la moda.
Los ingredientes de pociones vistos de cerca estaban aún peor, y hasta Hermione estuvo de acuerdo en que dejarían que un elfo doméstico los revisara, lo cual sería una idea mucho mejor. Harry ciertamente no iba a acercarse ni a un metro de … lo que fuera que flotaba en algunos de esos frascos bajo hechizos de preservación expirados desde hacia mucho tiempo.
El pellejo de elfo doméstico fue incinerado. Un cuervo embalsamado que parecía demasiado vivo para la comodidad de cualquiera, siguió la misma suerte, y no demasiado pronto. Había cobrado vida con un chillido sobrenatural cuando se incendió, para ser despedazado un momento después por un Reducto unificado de tres varitas diferentes. Todos ellos esos días lanzaban maldiciones primero y hacían preguntas después.
Ellos habían trasladado tantos libros como pudieron encontrar, y limpiaron lo que pudieron, pero el sótano continuaba sumergido en sombras, perturbador, y llanamente repugnante en lugares. Gracias a Merlín, a Mute esto no pareció importarle.
―Devuelve cualquier libro a una de las estanterías vacías en la biblioteca, y coloca cualquier cosa que sea inofensiva y potencialmente útil en el ático ―la instruyó Harry―. Deshazte de las cosas estropeadas, y cualquier cosa Oscura o de la que no estés segura, déjala aquí y nosotros la veremos. Todo lo de aquí fue reunido por la familia Black, y ellos fueron muy Oscuros.
Mute asintió frenéticamente, y se fue con un pop. Harry ya había aprendido que ella no quería agradecimientos ni reconocimientos; prefería hacer su trabajo fuera de la vista. Si Harry hubiera vivido en la misma casa que Bellatrix Lestrange por años sin forma de defenderse, también querría ser invisible.
Harry se instaló en la oficina que había reclamado para sí con un montón de documentos de Brookstanton. Varias cosas necesitaban su firma, y las demandas judiciales eran los de menos. Establecer una Fundación aparentemente requería de mucho papeleo, y más aun cuando su misión declarada incluía hacer tratos con no-humanos.
Fue unas horas más tarde, cuando Harry estaba terminando los últimos documentos, cuando Mute reapareció. Ella se retorcía las manos con nerviosismo y miró a Harry con preocupación. Si él no hubiese temido que cosa más podría ver en su mente, hubiera deseado saber bastante Legilimancia como para saber lo que ella deseaba.
―¿Encontraste algo? ―adivinó a medias, y Mute asintió con fuerza.
Él dudaba que ella quisiera molestarlo sin tener una muy buena razón, lo cual fue incentivo para dejar los papeles para después y seguirla hasta el sótano.
Una esquina había sido completamente despejada y revelaba el piso mugriento y probablemente siglos de tierra y manchas. Un baúl que contenía lo que parecían platos y unos cálices especialmente horrendos había sido apartado, Harry prácticamente podía sentir la magia Oscura que se filtraba de ellos.
Luego descubrió un marco pesado y adornado apoyado contra la muralla, que contenía el retrato de una mujer de mediana edad con cabello que empezaba a encanecer. Ella lucía como una Black, cabello oscuro y ojos agudos que se estrecharon cuando vio que él se aproximaba. Ella no parecía la imagen de espejo de una Andrómeda o una Bellatrix, lo que él hubiera esperado del retrato de una mujer del linaje de los Black, pero había suficiente de las mismas características que hacia que la relación fuera imposible de descartar.
Luego vio la placa pequeña, mugrienta, debajo de ella donde apenas podía distinguirse el nombre.
«Dorea Potter»
Harry reconoció el nombre por el tapiz Black, y sintió que su boca se secaba. Dorea Potter, casada con Charlus Potter, y familia real-como-Merlín, sin importar lo distantemente emparentados que pudieran estar.
La mujer frunció los labios―. Tienes un aire familiar ―dijo ella con certeza, y después lo examinó con más atención―. ¿Quiénes son tus padres, muchacho?
Harry tenía un nudo en su garganta―. James Potter y Lily Evans. Ellos murieron en 1981. Y … nosotros somos familia, creo.
Dorea Black era definitivamente del linaje de los Black. Y además era familia, familia distante, pero familia, y a Harry no le importaba si lo eran técnicamente por matrimonio. El linaje de los Potter se había entrecruzado por matrimonio con la familia Black muchas veces antes, y eso significaba que en alguna parte, generaciones en el pasado, ellos habían compartido varios ancestros comunes. El más cercano que Harry había conseguido encontrar había sido Cygnus Black, padre de cuatro hijos incluyendo a la repudiada Isla Black, quien se casó con un sangre sucia, y cuya hija se casó con un Potter, y Phineas Nigellus, el abuelo de Dorea.
Harry trajo la pintura al comedor donde resultaría más fácil hablar con ella, y él le dio las gracias a Mute tanto como pudo antes de que ella se fuera con pop una vez más a continuar con su limpieza del sótano.
―Ellos nunca aprobaron el matrimonio ―Dorea explicó cuando Harry le preguntó por que su retrato estaba escondido―. ¡Los Potter no eran de sangre *adecuada*, afirmaron ellos! Ellos no eran Oscuros, y Charlus y Fleamont eran los nietos de un sangre sucia. ¡Nietos! ¡Yo digo, mucho mejor ser nieto de un sangre sucia que un squib endogámico! ¡Querían casarme con un Crabbe, de todos los posibles!
Ella hizo un gesto de desdén algo arrogante―. No tuvieron problema dejando que Callidora se casara con ese Longbottom, ¿no es cierto? Y Lucretia, casada con un *Prewett*, si puedes creerlo. Juro que me volvería un Hufflepuff si es que existiera una gota de Oscuridad en esa familia.
―¿Y los Potter? ―preguntó Harry con curiosidad.
Dorea se carcajeó. En ese momento se escuchó perturbadoradamente como Bellatrix―. A los Potter les importa el *poder*. Oscuro o Luminoso, nunca les importó. Tu tocayo, Henry … oh, él era un simpatizante de muggles, y se casó con una mestiza, pero eso sólo quería decir que no poseía ninguno de los sentimentalismos de los sangre pura. La gente lo subestimaba y pagaron amargamente por ello.
Lo examinó de cerca―. Un poco delgaducho, pero ya vas a llenarte. Asegúrate que tu elfo te alimente adecuadamente. Y poder... lo harás bien, niño. Oh, lo harás bien.
Su sonrisa era un poco feroz y el brillo de sus ojos era algo enervante, pero ella era familia, y ella lo aprobaba, y eso era todo lo que le importaba a Harry.
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Harry presentó a sus mejores amigos a Dorea cuando ellos se presentaron al día siguiente. Se había vuelto rutina que ellos se encontraran en Grimmauld Place si nada más demandaba su atención. Ellos parecían haber alcanzado un consenso silencioso que este era su refugio, un lugar donde esconderse, y vociferar, y reír y llorar si lo necesitaban. Y las protecciones mágicas reconocían a Ron y Hermione como familia.
―Hermione, Ron ―dijo Harry mientras se detenían frente al retrato―. Dorea Black, mi tía abuela. Mute encontró su retrato ayer en el sótano. Dorea, esta es Hermione Granger y Ron Weasley. Mi familia.
Hermione apretó en respuesta su mano, después dio un pequeño paso hacia adelante.
―Un placer conocerla, señora Potter.
―Dorea, niña ―la corrigió el retrato―. Mi sobrino nieto te ha proclamado familia. Para ti y el joven Ron, mi nombre es Dorea ―sus ojos agudos se enfocaron en Hermione. Aunque Harry no podía leerle la mente, estaba bastante seguro que ella estaba tratando de figurar si Hermione descendía de alguien que ella hubiera conocido. La familia importaba mucho para Dorea Potter.
―¿Nacida de muggle o mestiza? ―preguntó Dorea después de un largo momento―. No reconozco tus rasgos, pero algunos linajes pueden haberse entrecruzado en matrimonio desde mi muerte ―concedió ella.
―Nacida de muggles ―replicó Hermione, un tanto desafiante.
―Y una Gryffindor ―estableció Dorea, sin molestarse al parecer por la sangre de Hermione ni por su Casa en Hogwarts. Harry sintió alivio―. Ni Slytherin, ni Ravenclaw ni Hufflepuff poseen ese fuego obstinado. Oh, todos ellos tienes sus usos, pero yo me casé con un Gryffindor. Valiente y escandaloso por fuera, pero implacable y despiadado como él solo.
Algo en su respuesta molestó a Harry, hasta que al final algo hizo clic―. ¿Mis abuelos dejaron un retrato? ¿o mis padres?
Dorea se quedó quieta un momento―. Tus padres murieron jóvenes, criatura. Pocos magos y brujas se hacen retratos siendo jóvenes. Mi Charlus se rehusó. Al igual que tus abuelos. Los Potter no dejan retratos vivientes. Ellos se rehusaron a ser recordados como un eco pálido en un retrato.
Si Dorea era un "eco pálido", Harry se preguntaba como habría sido cuando estaba con vida. Ella y su esposo. Él no había visto fotos del hombre, pero tenía la impresión de alguien tozudo y orgullosamente desafiante.
Él había tenido la esperanza de que hubiera retratos en alguna parte, algún fragmento de sus padres que perdurara, pero una parte de él sabía que eso no era más que una esperanza inútil aun antes de hacer la pregunta. Pero no por eso dolía menos.
Dorea volvió su atención a Ron, y esta vez hubo un claro reconocimiento en sus ojos.
―No cabe duda acerca de la sangre Weasley con ese cabello y esas pecas ―dijo Dorea, aunque no hizo una mueca de desdén como la mayoría de los sangre pura gustaban hacer antes de la Batalla Final―. La Familia Prewett tenía el cabello rojo, pero no las pecas. ¿Emparentado con Cedrella? Ella se casó con Septimus Weasley y fue borrada del tapiz familiar por ello.
Ron le dio una mirada a Harry, quien se encogió de hombros en respuesta. Ron repitió el gesto, pero igual contestó―: Mis abuelos.
Dorea frunció los labios―. Mi primo. Entonces somos familia. Me complace ver a una generación de Black y Weasley ignorando a los viejos ciegos. Septimus Weasley era sangre pura de cabo a rabo y un hombre poderoso mágicamente, pero una palabra amable acerca de un nacido de muggle y para siempre eres tachado como traidor a la sangre.
―Todavía es así ―dijo Ron con algo de amargura―. Malditos Malfoy.
Dorea hizo uno de sus gestos de desdén arrogante―. Advenedizos endogámicos. ¿Cuántos hermanos tienes, muchacho?
Harry pudo ver el momento en que el recuerdo de Fred llegó, la rigidez en la postura de Ron, y él puso su mano sobre el hombro de Ron en un apoyo silencioso―. Seis ―dijo Ron sin inmutarse, con la cabeza en alto desafiando a cualquiera que osara decir otra cosa, aunque Harry y Hermione nunca lo harían, y Dorea no conocía la historia―. Cinco hermanos mayores y una hermana menor. Todos ellos se enfrentaron a Voldemort.
―¡Siete niños poderosos y de sangre pura! ¡Y los Malfoy apenas consiguieron uno! ―espetó Dorea―. ¡No han tenido más que un solo hijo en generaciones en esa familia! Hyperion, Abraxas, ¿Lucius? Ningún solo hermano entre ellos. Siete niños mágicos es señal de padres poderosos. No permitas que los pequeños aduladores escurridizos te digan otra cosa.
Harry no conocía a un Hyperion Malfoy, pero se escuchaba como el abuelo de Lucius Malfoy. Abraxas se oía vagamente familiar, cuando menos como el padre del mayor de los Malfoy.
―Draco Malfoy es también hijo único ―agregó Hermione―. Él es el hijo de Lucius Malfoy y Narcissa Black.
Dorea hizo una mueca como si hubiera probado algo desagradable―. Sí. Cygnus aprobó esa unión. Malfoy tenía dinero y poder, todo lo que Narcissa deseaba. A ella nunca le gustó la idea de ensuciarse las manos. Nunca hubo una apropiada mujer del linaje de los Black que no pudiera meter el miedo de Morgana a cualquier hombre que se le cruzara. Ella tenía dones decentes, pero poco deseo de ensangrentarse sus propias manos cuando podía hacer que el dinero de su esposo resolviera en vez de eso esos problemas.
―Eso se escucha como Narcissa Malfoy ―concordó Hermione, y posó una mirada aguda sobre Harry―. ¿Harry? Una palabra. Ahora.
No era una petición. Harry la siguió mientras mientras ella hizo que los tres entraran a la cocina y alzó sus barreras de privacidad normales.
―¡Harry James Potter! ―siseó ella―. ¿En qué estabas pensando? Ella estaba en el sótano ¿y tu la trajiste aquí arriba? ¿Y hablaste con ella? ¿Solo?
La ira surgió en Harry, vivida y candente, y se prendió ávidamente en sus emociones.
―¡Ella es familia! ―estalló―. Ella es mi tía abuela y mi prima a través de los Black, se podría decir que es la única maldita familia que me queda que no es Dursley, ¿y tu estás enojada porque *hablé* con ella?
Hermione inhaló hondo. Harry pudo casi ver como trataba de calmarse―. Ella podría ser un Horcrux. Walburga lo era.
Su negativa fue instantánea y fuera de sus labios antes de saberlo―. ¡Walburga estaba loca! ―siseó Harry―. Ella hasta se *percibía* Oscura. Era todo "sangre sucia" esto y "traidores de sangre" aquello.
―Los Horcruxes de Voldemort no se sentían así ―dijo Ron en voz baja―. Eran seductores. Slytherin. Ginny fue tentada por el diario, y el relicario... ―su voz se apagó.
El argumento murió en los labios de Harry antes de expresarlo. Sí. El relicario.
Voldemort había sido insidioso. Encantador, seductor, y capaz de ser zalamero para salir de cualquier situación. Solamente Dumbledore pareció ser capaz de verlo.
Dorea era familia. Dorea era parte de la poca familia cercana decente que le quedaba, aun cuando fuera un retrato, y a ella él le importaba. O, cuando menos, concedía él, ella lo simulaba muy bien.
Él no sabía que haría si ella resultaba ser un Horcrux. Implicaba un crimen horrible el hacer uno, pero ella era familia. Ella estaba de su lado. Tantas cosas podrían haber sido diferentes si ellos hubieran tenido un Horcrux de Dumbledore a quien pedirle ayuda, ¿no era así?
La idea era abominable, pero y si esto hubiera salvado vidas, ¿no debería eso haber contado para algo?
―¿Existe una manera de descubrirlo? ―preguntó por fin con voz ronca―. ¿Una que no involucre destruir el retrato?
Hermione tomó aire de nuevo, y Harry supo que serian malas noticias―. No que yo haya descubierto. De existir una manera, podríamos haber identificado los Horcruxes de Voldemort mucho más rápido.
―Ella es familia.
―Lo sé ―dijo Hermione.
―Ella conoció a mi padre. A mis abuelos.
―Lo sé.
Algo en él se quebró. Se volteó y golpeó la muralla con sus manos, el sonido reverberó en la cocina. El dolor repentino fue como una quemadura que se fundió con una ira al rojo vivo, y golpeó una vez más la pared.
―Mierda.
―Compañero...
―No ―Harry se dio vuelta, y Ron dio un paso atrás―. ¡No! ¡No me importa! Siempre hay algo, ¿no es así?
Algo en la cocina repiqueteó. Harry lo ignoró―. Aquí esta tu padrino, Harry ―se mofó―, él es un fugitivo y un hombre inocente que está medio loco después de doce años en Azkaban, y vivirá justo lo suficiente para darte esperanza de tener una familia antes de ser asesinado por Bellatrix Lestrange. Eres un mago, Harry, y libre para dejar Privet Drive diez meses al año, y, oh, eres famoso por sobrevivir el asesinato de tus padres y esperamos de ti que mates al Señor Oscuro más poderoso en siglos, cuando no estemos ocupados llamándote un mentiroso que alucina. Descubrimos una manera de derrotar a Voldemort, Harry, ¡todo lo que tienes que hacer es *caminar a tu propia maldita muerte* para salvar a un montón de cobardes, ingratos e inútiles!
La cocina quedó en un silencio mortal. El tintineo de cosas se detuvo. Cada plato y taza en la cocina estaba flotando a una pulgada de altura en sus alacenas, y el aire era espeso con la presión de la magia apenas contenida.
Hermione tenía los ojos desorbitados. Ron de por sí pálido por el invierno temprano, se veía lívido.
Harry inhaló lentamente y trató que su ira quedara bajo control sin hacer trizas cada pieza de porcelana en la cocina. La presión cedió lentamente. Las tazas y platos se acomodaron en sus sitios sin apenas un susurro de sonido.
Hermione tragó con nerviosismo. Ron pareció recobrar algo de color.
―No me importa ―repitió Harry con calma y totalmente inflexible―. Ella es familia. No me importaría si fuera un condenado Horcrux del mismo Voldemort. Ella nos está ayudando, y eso es más de lo que a nadie nunca se ha preocupado de hacer.
Hermione aspiró hondo. Harry pudo ver la necesidad de discutir en sus ojos, pero luego ella vaciló y sus hombros se encorvaron levemente―. De acuerdo ―concedió ella en voz baja―. Yo... de acuerdo. Nosotros mantendremos un ojo en ella y otro sobre ti, y eso no esta abierto al debate. Y tu debes asegurarte de no pasar mucho tiempo hablando con ella, pero... de acuerdo. Ella no se siente como Magia Oscura, y... ―su voz se apagó.
Ron continuó donde ella lo dejó―. Los Potter nunca fueron de las familias Oscuras. Y ella se escucha más como una Potter que como una Black.
En realidad ella se escuchaba como ambas cosas para Harry; una Potter cuando estaba calmada y explicaba algo, y una Black cuando sus emociones actuaban, pero se imaginó que esto no ayudaría a su argumento así que guardó silencio.
―Gracias ―dijo él, y la magia que permanecía presionando el aire finalmente se desvaneció.
Ron y Hermione aun parecían algo intranquilos, pero por ahora, cuando menos, el retrato de Dorea Potter estaba seguro.
Horcrux potencial o no (y Harry se inclinaba hacia el 'no' puesto que ella no se sentía para nada como la sensación Oscura del retrato de Walburga), Dorea Potter era una fuente de información. Una porción significante de sus conocimientos estaban obsoletos, sus conocimientos de política por otro lado estaban veinte años fuera de actualidad, pero muchos más no lo estaban.
La magia no quedaba obsoleta con facilidad. Cierto, hechizos nuevos se inventaban, y algunos viejos quedaban fuera de uso cuando mejores eran creados o alguien descubría una forma de contrarrestar una maldición, pero la mayoría de los hechizos no dejaban de ser útiles simplemente. Hermione fue rápida para señalar que la mayoría de los hechizos que ellos aprendían en Hogwarts tenían siglos de antigüedad. La Primera Guerra de Sangre había visto un número nuevo de hechizos en ambos lados de la guerra, pero la mayoría de aquellos estaban centrados en el combate, Oscuros, o de ambos tipos. La mayoría de los hechizos nuevos en general lidiaban con áreas especializadas y no eran de uso general para el mago o bruja común.
Dorea Potter no podía demostrarles la magia que les estaba enseñando, pero podía compartir su conocimiento, y Harry era un estudiante espabilado cuando se trataba de sus temas favoritos.
Dorea Potter además había crecido en una casa saturada de magia Oscura, y su conocimiento no tenía precio. Hermione, con todas sus aprensiones acerca del retrato, estaba de acuerdo.
―Teníamos la esperanza de encontrar un libro que enseñara Oclumancia ―le explicaba Hermione a Dorea unos días más tarde, cuando la emoción inicial se había calmado―. Es una de las pocas cosas que pueden negar los efectos del veritaserum. Nosotros teníamos la esperanza … si hubiera alguien que tuviera un libro acerca de ello, sería la familia Black.
―No ha existido un Black que valga su nombre que haya dominado la Oclumancia ―aseveró Dorea―. La Oclumancia requiere que seas el amo de tus emociones. Apenas efectivo contra la locura Black. La familia Black sabía como evitar el veritaserum, utilizaron su influencia y su oro para salir de problemas. Ese es el secreto ―su expresión se suavizó un poco al mirar a Harry―. Tu eres un Black, hijo. Un Potter de nombre, pero Isla Black estaba tan loca como ella sola. Ella se casó con un nacido de muggles, siendo la cuarta hija de una familia sangre pura en un tiempo en que herederas eran eliminadas por menos que eso. Tu padre tenía la locura, tu abuelo y tu tío abuelo la tenían, y tu bisabuela antes que eso. No era tan fuerte en ella, debo decirlo, pero estaba allí. Tu nunca dominarás la Oclumancia.
Hermione inhaló hondo. Harry casi podía ver sus planes mentales re-acomodándose con esta nueva información― . ¿Qué hay de un antídoto para el veritaserum?
―Decente, si uno tiene la oportunidad de beberlo y puede actuar acorde para engañar a los interrogadores. Ellos pueden comprobar si se ha tomado, pero la poción es cara de preparar y el antídoto poco común; además de que el Ministerio es manejado por pequeños idiotas miserables de corazón. Ambos deberían encontrarse en la biblioteca. Loco por las pociones, ese era Pollux. No podía preparar una poción de primer año ni para salvar su vida, pero las teorías le fascinaban. El antídoto es terriblemente difícil de preparar, y es tóxico con una exposición prolongada, pero si eres interrogado bajo veritaserum y necesitas mentir, esa debería ser la última de tus preocupaciones. Ese es de lo que yo sé. Podría haberse inventado una versión mejor desde mi muerte. Estoy segura que hay abundancia de mortífagos con secretos que guardar.
―Tu preparaste Multijugos en nuestro segundo año ―Harry le recordó a Hermione por lo bajo―. Es una opción.
Hermione asintió levemente, su concentración puesta todavía en Dorea―. ¿Qué hay acerca de mantener secretos importantes bajo un Juramento Inquebrantable? ―luego sus ojos se achicaron―. Pero aun si eso mantuviera el secreto, ellos sabrían que estas escondiendo algo y podrían seguir preguntando dando rodeos hasta descubrir algo.
La sonrisa de Dorea en respuesta fue afilada―. Por cierto. Los magos lo han intentado, niña. Y algunos de ellos han muerto de manera espantosa cuando finalmente algo se escapó por la pregunta correcta y el enunciado incorrecto. Los Juramentos Inquebrantables están destinados a asegurar acciones, no secretos. Si lo usas para bloquear veritaserum, asegúrate que es un secreto porque valga la pena perder tu vida. Si la única alternativa es Azkaban o el Beso, podría hasta ser una ventaja. Una muerte rápida aunque dolorosa es preferible a un dementor.
Harry inhaló hondo, comenzando a sentirse un poco perdido mientras cada opción era rechazada―. Yo puedo rechazar el Imperious ―ofreció―. ¿Eso serviría de algo?
La atención de Dorea cambió en un instante―. ¿Una conjurada por un mago competente?
Harry se alzó a toda su altura, su desafío filtrándose desde su posición―. Del mismo Voldemort en mi cuarto año ―y de Barty Crouch Jr., pero eso no era nada junto a la de Voldemort.
Dora se carcajeó―. Él era un impostor, ese Riddle, pero por Merlín uno poderoso ―se puso pensativa, en un cambio de humor tan repentino que casi le dio a Harry un dolor de cuello―. Pienso que no dolería intentarlo. Tu te oyes como una chica competente, Granger. Dale una dosis y haz que diga cada secreto. Luego sigue haciéndolo hasta que él aprenda a esconder la verdad o que tu te rindas por ser una causa perdida. Dale también el antídoto, y quizás él aprenda a replicar él mismo los efectos. Ahí esta tu solución.
Ellos revisaron la biblioteca, por supuesto, pero al final no descubrieron nada que fuera diferente a lo dicho por Dorea.
Harry tuvo la sensación que habría gran número de pociones asquerosas en su futuro.
~oOo~
El frasco de veritaserum podría ser confundido con agua corriente, tal como debía ser en caso de estar debidamente preparado. A Harry no le sorprendió; Hermione había sido quien lo preparó después de todo. El antídoto era de un color verde lechoso nada atractivo que se parecía un poco a leche estropeada. Harry tenía la sospecha terrible que él iba a terminar bebiendo muchísimo de ello en las semanas y meses por venir.
Ron olio un poco el antídoto e hizo una mueca―. Apesta a casillero de quidditch.
Harry resopló―. Gracias por el apoyo.
―Eh, lo pasaste peor en las clases de Snape. En especial cuando las echábamos a perder ―él aceptó el vial y el cuentagotas de las manos de Hermione―. Ahora siéntate. Lengua afuera, compañero. Aquí viene la escobita de quidditch.
Harry rodó los ojos, pero hizo lo que le ordenaban. Tres gotas de la poción aterrizaron en su lengua. Él trató de determinar el sabor exacto de eso, para reconocerlo si era expuesto de nuevo al brebaje, pero en lo que a él concernía podría haber sido tan sólo agua sola.
Luego el efecto lo golpeó y el mundo desapareció a su alrededor. No había nada a su alrededor, ninguna emoción dentro de él, tan sólo un sonido peculiar que reconoció de manera distante como una voz familiar.
―¿Cuál es tu nombre? ―la voz de Hermione se escuchaba como si viniera de un amplio vacío, pero extrañamente clara. Una parte de él sabía que debería tratar de mentir o rehusarse a contestar, pero no pudo recordar cómo, y sus labios se estaban moviendo incluso mientras intentaba pensar en como detenerlos.
―Harry James Potter ―no se escuchaba como su propia voz, y no estaba consciente de hablar. Pero sus labios se habían movido y ya no estaba seguro como parar cuando él no estaba hablando en primer lugar. ¿O sí?
Algo aterrizó en su lengua, una gota de algo agrio y amargo, y la neblina se levantó de su mente. No había sido para nada como el Imperious, nada obvio que pelear, tan sólo una muralla perfectamente lisa entre su mente y su deseo de mentir, sin ninguna debilidad obvia que establecer como objetivo de detener.
Harry se frotó la cara y trató de hacer que desapareciera el último trazo de nebulosidad―. Esto va a llevar mucho tiempo para aprender.
―No más de dos a tres veces al día para el veritaserum, y una vez al día como mucho para el antídoto ―dijo Hermione―. Y necesitamos tomar descansos regulares o los efectos tóxicos podrían acumularse ―ella suspiró―. Voy a preparar más de ambos. Nosotros todavía tenemos unos cuantos frascos de veritaserum, pero no durarán si vamos a continuar haciendo esto.
Ron intervino―. ¿Y tenía gusto a vestuario de quidditch?
―¡Ron!
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Muchas gracias por los buenos comentarios, y a todos quienes han favorecido y siguen el fic. Que tengan un buen finde.
(edit.21-mayo-2017)
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Harry Potter, personajes y su mundo © de J.K. Rowling y varias otras compañías. Fanfiction sin fines de lucro, ni pretensiones de infringir derechos de reproducción, realizado sólo con fines de entretención. La trama y personajes originales pertenecen al autor del fanfic.
