N/A: Gente bonita (L)
Cómo están? Fueron al estreno de Deathly Hallows? Apreciaron la parte extremadamente Drarry, como yo? :3 Estoy segura de que la segunda parte va ser aún más Drarry, muchísimo más, porque va aparecer cuando Harry le salva la vida y Draco se agarra a él y grita y (LLLLLL)
Lamento haber tardado, pero como dije tuve los exámenes de danza, salí bien, me recibí de profesora elemental de danzas españolas :DDDD y ahora es mi primera semana de vacaciones, que aproveché para escribir esto, cómo no.
"Porno" fue escrito en unas pocas horas, sin muchas revisiones y sin muchas inhibiciones. xD Más sucio que la última vez, más explícito, más gay. (el nombre del tema es por el último one shot, que aún no escribí)
No está situado en un año en general, aunque podría ser el sexto, porque Harry está obsesionado con Draco, sale con Ginny, es capitán del equipo de Quidditch, pero claro, esto no aparece en los libros… jajaja. No alargo más la intro, y les dejo con el segundo one ;)
Advertencia: Sexo AÚN MÁS explícito! (Es posible, sí); malas palabras (Nada del otro mundo) y mucho, mucho dirty-talk.
Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es de J. K. Rowling, yo sólo tomo sus personajes y los uso para satisfacer mis perversiones sexuales.
Dedicación: Este va especialmente para alguien que anda (O anduvo hace poco, mejor dicho) de cumpleaños, PARA VOS MONI (L) espero que te guste, que te sientas dirty y desinhibida y lo disfrutes tu mach :B Te amo muchito.
"Porno"
Inhaló fuertemente una vez más, y cerró los ojos al sentir el sabor de la nicotina ascender por sus glándulas gustativas y marear sus sentidos. Exhaló y abrió los ojos para observar cómo el humo salía de sus labios entreabiertos, se dispersaba a la altura de sus narices, y se perdía entre las partículas de aire, se esfumaba, se disipaba. Se removió en su improvisado asiento; si es que se le podía llamar así, y es que normalmente los seres humanos solemos sentarnos en sillas de verdad y no en una cubeta dada vuelta. Le dolía el trasero y aún así continuaba su espera, quiso reír frente a lo patético de la situación, pero el hecho de que él no viniera lo hacía demasiado patético para su gusto y aquello lo molestaba.
Quiso recostar su espalda contra la pared, pero gruñó al sentir un palo de escoba contra su columna vertebral. La escoba se tambaleó y empujó un uniforme de Quidditch que Dios-sabe-cómo se mantenía en equilibro en aquella inestable percha, que finalmente se estampó sobre su cara. Esto sólo había logrado que el cigarrillo se le cayera de la boca, y que fuera necesario que se levante y vuelva a colgar el uniforme sobre la percha.
"Asco", pensó mientras observaba los colores dorado y carmín sobre el estampado del uniforme. Los colores eran asquerosos, casi tanto como quiénes se los ponían, y aún así él estaba allí, escondido como un vil ladrón, en el armario de escobas del equipo de Quidditch de Gryffindor. Volvió a tomar lugar en su cubeta dada vuelta, no sin antes pisar el cigarrillo que había acabado en el suelo gracias a sus malabares al ponerse en pie.
Era una pérdida de tiempo. Era una maldita pérdida de tiempo, y lo sabía, él era demasiado cobarde como para arriesgarse. Iba a levantarse y volver a la Sala Común de Slytherin, (para variar) cuando la manija de la puerta tembló. En aquel momento Draco podría haber definido la cantidad exacta de grados que el pomo de la puerta rotó antes de abrirse, el número exacto de gotas de sudor que resbalaban por la frente del muchacho que acababa de entrar, o el nombre específico que se le otorgaba al timbre de su voz cuando batió una mano frente a su rostro, mientras cerraba la puerta tras de sí.
—Mierda, Draco, ¿te fumaste media Colombia o qué?
Tal vez había sido producto de su ansiedad, de su impaciencia, o simplemente no le había prestado atención; pero el pequeño cuarto estaba impregnado de un humo tóxico a tal grado que respirar resultaba un tanto difícil.
—Llevo media hora en esta porquería de armario, por si se te ocurre notarlo.
Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios, y el rubio observó cómo una gota de sudor resbalaba por su mejilla, casi podía contar los poros de su rostro.
—Tuve que escaparme antes del entrenamiento de Quidditch. Me pusieron una cara, los hubieras visto. Claro, tienen razón, después de todo soy el capitán —Un bufido indignado de parte del blondo—. Pero Ginny no me la dejó fácil, apenas dije que me sentía mal, me dijo que iba acompañarme a la enfermería. No me ha sido pan comido zafarme.
Un movimiento brusco por parte de Draco, y el uniforme que colgaba sobre la percha volvió a estampillarse sobre su cara. ¿Por qué cada vez que se veían tenía que hablarle de esa comadreja? Como si para él hubiera sido fácil conseguir la contraseña de la Casa Gryffindor, como si no se hubiera sentido estúpido cuando les puso una tonta excusa a Crabbe y Goyle, como si durante los últimos meses Pansy Parkinson no se hubiera dado cuenta que repentinamente no tenía tanto apetito sexual como en otras épocas, como si en ese mismo instante no se sintiera culpable por observar cómo la gota de sudor había viajado hasta su cuello y se perdía entre su camisa sudada y con los dos botones superiores desabrochados.
Se quitó el repugnante uniforme del rostro y se levantó para volver a colgarlo sobre la percha (Una maravillosa excusa para darle la espalda al ojiverde). Al instante se arrepintió, puesto que el armario era tan pequeño que al voltearse había pisado con el talón la punta de una de las zapatillas del ojiverde, y cayó en la cuenta de que estaban muy cerca. El lugar comenzaba a causarle una claustrofobia severa.
Solamente al colgar el uniforme en la percha notó que la respiración del joven era bastante acelerada, probablemente el entrenamiento de Quidditch lo había hecho agitarse (El Quidditch no sería lo único que lo haría agitarse esa noche). Invocó su imagen en su cerebro al oír cómo tomaba y soltaba aire, y su memoria no pudo evitar rememorar algunos encuentros antiguos y otros no tanto. Recordó la sensación de su cuerpo moviéndose sobre él, y un estremecimiento recorrió su columna vertebral.
—¿Nervioso? —inquirió una voz detrás suyo.
—En absoluto.
Se volteó, y nuevamente volvió a pisarlo en la punta de la zapatilla.
—¿Quieres moverte un poco, imbécil? Me molesta bastante tener tu aliento sobre mi nuca.
—Ahora te molesta.
Gruñó. Gruñó porque había ganado la primera batalla (Pero no la guerra), y porque tampoco le gustaba que sus palabras mandasen extrañas corrientes eléctricas en su cerebro y en otras partes más bajas de su cuerpo.
Intentó deshacerse de esa incomodidad que se había instalado en sus pantalones, pero al querer moverse su costado derecho chocó contra una pila de Barredoras; creyó que por efecto dominó el armario entero se iba derrumbar, alguien oiría el tremendo estrépito y los descubrirían; pero eso no sucedió. La pila de Barredoras se congelaron tal y como estaban, como si Draco no hubiera chocado contra ellas, iba preguntar el porqué cuando vio cómo el moreno volvía a sonreír (Comenzaba a odiar esa sonrisa) mientras le mostraba que tenía la varita en la mano. Bufó por como quincuagésima vez, si en algún momento hubiera recordado que era un mago no habría tenido que levantarse mil veces a colgar el uniforme en la percha.
Se alejó del peligro que representaban aquella pila de escobas, y odió haberlo hecho porque el lugar era condenadamente pequeño y Harry estaba tan cerca y estaba tan sudado. Tembló cuando sus pelvis se rozaron, (Malfoy. Temblando.) y sin poder ocultar la incomodidad que le producía su mirada que desde que había entrado hasta ese momento no se había despegado un sólo segundo de él. Le molestaba que el rol de mando lo hubiera tomado él, así que hizo un gran esfuerzo para mantener su mirada, y como no fue suficiente se acercó a su cuerpo repleto de sudor, asqueroso (Aún intentaba convencerse de lo último); y su ego se disparó cuando pudo notar perfectamente que sus pupilas esmeraldas se dilataron, aunque intentó disimularlo desviando su vista hacia la esquina del armario.
Sabía que la boca del moreno estaba peligrosamente cerca de su nuca, y por algún extraño motivo no podía dejar de mirarlo, pero estaba demasiado cerca para su gusto y se inclinó un poco, nada más que un poquito para sentir su entrepierna contra la suya, pero sólo un poquito. Al menos era un poquito antes de que él respondiera, de manera casi instintiva, pero como mínimo lo tranquilizó saber que no era el único al que los pantalones le quedaban terriblemente incómodos y pequeños.
—Que no me mires no lo va hacer menos sucio, Potter, sabes que estás frotándote contra mí.
—Por supuesto que lo sé, lo sé porque tú te frotaste primero. —su voz sonaba ronca, y no sabía por qué pero no le sonaba que tenía relación con el entrenamiento de Quidditch. Draco movió su cadera en un círculo perfecto, y las pupilas de Harry se dilataron aún más, la varita resbaló entre sus manos y cayó al suelo.
—Lo dices como si no estuvieras disfrutándolo.
—Tengo calor.
No, si Harry Potter era el rey de los comentarios desubicados y eso lo sabía bien.
—Qué manera de arruinar el ambiente. Te detesto.
Una risa se escapó entre sus dientes, y el ojiverde apoyó su frente sudada en el hombro del rubio; esto le facilitó mover sus brazos hasta sus caderas y atraerlo más hacia él. Un "ah" (Sí, es que así sonaba, no era un gemido, ni un grito ni un suspiro, sonaba así) se escurrió entre las cuerdas vocales del blondo, gesto que alentó a su compañero a morderle la piel del cuello.
—Auch.
—¿Duele?
—No, me quejo porque sé que te pone —contestó sarcásticamente.
—Espléndido.
Se frotó más lascivamente contra él, y no mintió cuando dijo que tenía demasiado calor. No pudo evitar sorprenderse al sentir que unas manos se posaban en su cintura, resbalaban hasta sus nalgas y se cerraban en sus glúteos. Gimió y se desprendió sus propios pantalones de manera desesperada.
—¿Apurado, Potter? ¿Temes que tu comadreja se enfade contigo si no regresas pronto? —su voz ronca, entrecortada, suave, sonaba demasiado bien, demasiado excitante, y su entrepierna clamaba a gritos un poco de atención —¿Temes que alguien te descubra conmigo?
No había sentido su mano moverse, pero sí la estaba sintiendo escabullirse entre sus pantalones desprendidos (Que cayeron al suelo sin preocuparle a ninguno), entre sus calzoncillos, y masajeando su intimidad suave, lentamente. Perdió el equilibro debido al placer, y su espalda cayó secamente contra la puerta del armario, llevándose a Draco consigo, quedando aún más cerca el uno del otro.
La mano del Slytherin se movió de arriba hacia abajo contra su intimidad latiendo, pulsante, caliente, sudada. Quiso moverse contra él, pero los dedos del blondo dejaron de abrazarlo y salieron de su ropa interior. Intentó quejarse, pero unos brazos mucho más fuertes de lo que hubiera imaginado lo voltearon bruscamente. Su frente golpeó la madera de la puerta, con un golpe seco pero definitivamente audible, sintió como unos dientes se clavaban en su nuca, y jadeó, retorciéndose.
No fue una tarea difícil para Draco bajar sus pantalones y sus calzoncillos hasta los tobillos, puesto que le quedaban tan apretados que fue casi un alivio. Tomó al moreno por las caderas y lo penetró de una sola embestida, lo oyó gritar y golpear su frente contra la puerta.
—¿Estás loco, imbécil? ¿Quieres que nos oigan?
Él no respondió nada y arqueó su espalda, pegándose al torso del rubio, que cerró los ojos y no se movió. Estaba tan estrecho, tan mojado. Pero como si con haber entablado conversación hubiera invocado alguna especie de espíritu maligno, su oído logró distinguir unas voces cercanas.
—…cálmate un poco, de seguro Madame Pomfrey lo mandó a hacer reposo, y está acostado en su habitación. —no, aquella no podía ser la voz de Dean Thomas, simplemente no.
—Madame Pomfrey dijo que nadie la visitó en días, Dean, ¿entiendes? ¡Días! ¿Y si le sucedió algo?
—Parece que tu comadreja salió de la madriguera —le informó a Harry una voz contra su cuello. No quería darle la razón pero indudablemente esa era Ginny.
—Harry siempre desaparece así como así, ¡Pareciera que no lo conoces! En unas horas volverás a verlo. —¿Estaba todo el jodido equipo de Quidditch buscándolo? Aquel era Ron, definitivamente.
—Sí, y siempre vuelve a aparecer cubierto de sangre y con algún hueso roto. Espero que ese desgraciado de Malfoy no le haya hecho nada.
Cerró los ojos fuertemente, humillado. Que hablara de cualquier cosa menos de Malfoy. Cualquier cosa menos de Malfoy.
—Pareciera que está obsesionado con él —observó Ron, y Harry lo odió durante ese momento.
No iba voltearse por nada del mundo, pero sabía que una sonrisa de regocijo se había dibujado burlonamente en el rostro del blondo.
—¿Estás obsesionado conmigo, Potter? Qué conmovedor. —susurró, y su voz le erizó los cabellos de la nuca. Las manos del muchacho continuaban sobre sus caderas, y su erección continuaba gritando desesperada un poco de atención; pero ninguno se movió un centímetro.
Los pasos se hicieron más audibles, más cercanos, hasta que se detuvieron, justamente frente al armario de escobas, donde estaban las duchas, los casilleros para el equipo de Quidditch y los vestuarios. Oyeron un estrépito, probablemente el equipo estaba guardando sus escobas, quitándose el uniforme, limpiándose las botas. Con suerte, con muchísima suerte, nadie había sacado una vieja barredora, y nadie siquiera se le ocurriría tocar la puerta del armario de escobas.
—Quédate quieto, estúpido —le advirtió al rubio, con la voz cuidadosamente baja.
—¿Te molesta? —le preguntó Draco, divertido, y se movió en círculos en su interior —¿Te molesta que haga esto?
Harry se mordió el labio para no gemir, se inclinó hacia delante intentando alejarse de él, y aunque lo logró, su erección chocó contra la puerta. Maldijo internamente una y otra vez al sentir el miembro en su interior moverse. Hacia delante y hacia atrás. Hacia delante y hacia atrás.
—Basta —le rogó, apoyando ambos brazos contra la puerta. No podía gritar, no ahí, no ahora, no con el equipo de Quidditch a cinco metros.
—¿Vergüenza? ¿Tienes miedo de que te descubran en el armario de escobas follando con Draco Malfoy? ¿Es eso?
Hacia delante y hacia atrás. Hacia delante y hacia atrás, y aún el hijo de puta continuaba aumentando la velocidad. Su entrepierna temblaba, hinchada, como si la piel le quedara pequeña.
—Apuesto que la comadreja nunca te hizo esto, ¿verdad? —aumentó el ritmo considerablemente, y Harry jadeó y tuvo miedo. —Apuesto que con ella nunca llegas a correrte.
Harry Potter tuvo muchísimo miedo en aquel momento. Tuvo miedo de que el sonido de su frente chocando contra la puerta pudiera escucharse, o de que las embestidas de Draco lo hicieran gritar, o de que alguien abriera la puerta y lo encontrara jadeando como un desgraciado.
Los pensamientos mueven montañas. Y como si el pensarlo hubiera sido suficiente, oyó una voz femenina a, máximo, tres metros de distancia.
—¿Estos guantes van en el armario de escobas, verdad Ron?
—Sí, ponlos detrás de las Barredoras.
—¿Cerraste la puerta, verdad? —inquirió Draco, murmurando.
—Hubiera sido muy estúpido de mi parte no hacerlo.
—Eso significa que no lo hiciste.
—No.
—Te detesto, Potter. De verdad te detesto.
Muer-tos. Muertos allí mismo. Podían cortarle el prepucio como el judío que no era, y colgarlo en el próximo partido de Quidditch en lugar de la bandera de Gryffindor, él ya era un cadáver, sin duda. El pomo de la puerta tembló. La respiración de ambos se congeló completamente durante unas milésimas de segundo, su corazón latía a pulsaciones tan fuertes que era sorprendente que Ginny no lo hubiera oído.
—Espera, Ginny, ¿esos no son mis guantes?
Sí. Sí. ¡SÍ! Había esperanza, oh dios, nunca había pensado que amaría tanto a Dean.
—Ahora que veo, tienen una D grabada. Sí, son tuyos, Dean, lo siento.
Si ponerse a bailar La Conga no lo habría delatado en aquel momento, indudablemente Harry lo haría. Pudo sentir cómo la madera de la puerta se movía ligeramente, lo que indicaba que Ginny se había recostado en ella, del otro lado, y probablemente su espalda estaba donde él tenía apoyados los brazos. Si no se movía un milímetro, esperaba a que todos se marcharan, no hablaba más de eso por el resto de sus vidas, sería feliz, condenada y homosexualmente feliz. Pero claro, era demasiado.
Draco se removió y sonrió. La verdad es que no odiaba lo suficiente a Potter como para hacerlo por maldad, pero la situación era demasiado caliente como para dejarla pasar así como así. Movió la mano derecha que estaba sobre la clavícula del ojiverde, y se deslizó, como si estuviera a punto de cometer una travesura, hasta su entrepierna.
—No. —pidió, susurrando, al descubrir sus intenciones. —No, por favor.
Acarició el músculo con las yemas de los dedos, notando cómo se estremecía ante su tacto. La palma del rubio se cerró contra su intimidad, y comenzó a moverse a un ritmo lento, suave, tortuoso. Se hubiera detenido en aquel momento, de no ser porque lo sentía tan húmedo, tan palpitante, tan necesitado.
—Seguro que nunca te pusiste así con la comadreja de allá, ¿verdad, Potter? Nunca te habrá follado en un armario, nunca te habrá tocado así, ¿no?
—No… —su voz se quebró, y Draco nunca había escuchado nada tan excitante como eso. Su mano se movió más rápido.
—¿Estás a punto de correrte, verdad?
Gimió por última vez y se corrió de manera bestial. El ojiverde se sorprendió aún más al notar cómo Draco también lo hacía en su interior, porque no había notado ni un sólo movimiento de su pelvis, pero el grito ahogado contra su oído le indicó que era algo real.
—¿Estás bien, Ginny? —preguntó la voz de Ron.
—Me pareció oír que… no, olvídenlo.
Su corazón dio un vuelco por unos segundos, pero se tranquilizó al dejar de sentir la presión de la espalda de Ginny contra la puerta.
Ninguno de los dos se movió durante unos minutos; no fue sino hasta que dejaron de oírse los últimos pasos en el lejano corredor que llevaba a los vestidores, que el rubio se separó de él y se subió los calzoncillos y los pantalones.
Comenzó a sentir la urgente falta de nicotina en su organismo (Le pasaba cada vez que estaba con Harry), por lo que abrió la puerta, y sin mirarlo, le preguntó:
—¿Dónde?
—Hmm. El viernes, a las tres. En el baño de prefectos.
—¿El baño de prefectos? Qué soso.
Cerró la puerta sin brindarle tiempo para una respuesta, y se dirigió a la Sala Común de Slytherin, deseaba fervientemente prender un cigarro y relajarse. Le gustaba hacer eso después de tener sexo con él.
Porque así era Harry Potter, era prohibido, era como leer la revista PlayBoy bajo las sábanas, como fumar mariguana en la pieza de los padres mientras no están, como decirle a la profesora McGonagall que uno está mal del estómago y encerrarse en el baño a masturbarse; era mal visto, bizarro, maricón, morboso. Era porno.
N/A: Me quedó como raro… me confundo con los roles y me olvido cuál era el que tenía que ser el macho alfa y cuál el sometido (? Jajaja en fin, espero no haber pervertido muuucho sus inocentes mentes u.u
Gracias por leer! (Reviews, SIEMPRE BIENVENIDAS)
