-Rikuchan: Bueno espero que os haya gustado el primer capítulo o introducción como queráis llamarlo, así que bueno este ya entra en materia.

-Rikuchan: Esta historia está basada en los originales así que si se le parecen en algunas cosas es que utilicé algunas ideas . Disfruten del capítulo ^^.

Capítulo 2- Prefiero que me amen antes que me protejan.

Miaka había aparecido en un carromato de paja que era llevado por dos burros dirigiéndose a una aldea detrás de los árboles, la pelirroja se frotó los ojos con una dulce mirada inocente y su pelo lleno del pasto de caballo que sacudió enseguida. A los pocos segundos de haberse despejado un poco miró a su alrededor pudiendo ver una ciudad enorme, y un poco más lejos las murallas que daban entrada a un palacio. Eso llamó su curiosidad, ¿podría encontrar allí algo interesante?

Cuando la carreta llegó al paso de unas escaleras colina abajo hacia el pueblo, no dudó en bajarse para ir hacia allí despidiéndose incluso del conductor- que no era más que un simple granjero.- Se sentía extraña pues mientras caminaba se daba cuenta de que todos la miraban y, no era para menos después de ver el tipo de prenda que llevaba la chica aunque ella pensaba que los desfasados eran ellos.

Tras recorrer la zona de la entrada meneó su estómago suavemente con la mano; como loca empezó a hablarle a la tripa al mismo tiempo que paró para sacar de la mochila- que cargaba en la espalda- un bollo de carne y empezó a devorarlo como alma que llevaba el diablo. Cuando hubo comido varios de los panecillos sentada en lo más cómodo que encontró cerca (una piedra redonda que era enorme) siguió su viaje en busca de las estrellas de Suzaku, la primera que había recordado era Hotohori pero cómo iba a mirar en el cuerpo de todos los hombres de esa ciudad.

La joven se adentró en el mercader situado en la calle central de la capital, cuando vio que estaban haciendo una subasta de varios objetos que parecían muy interesantes a los que estaban alrededor de otra roca enorme. La gente empezaba a murmurar cosas y las muchachas jóvenes sonreían tapándose la boca.

Un grupo de mujeres rudas y obesas la empujaron- haciéndola caer al suelo- dirigiéndose al pie de la roca llevándose a todo el mundo que estuviera en su camino. Ya no le interesaba la subasta ni la curiosidad solo deseaba decirle un par de cosas a esas mujeres desagradables. Con el ceño fruncido se remangó las mangas del uniforme y a grandes pasos se hizo camino entre la gente hasta llegar a ellas.

Al verlas tan distraídas y oyendo sus risas tan gritonas y bruscas para sus sensibles oídos se irritó aún más. Se paró justo detrás de ellas y las señaló con dedo acusador.

Se hizo el silencio...

-¿Quiénes os creéis que sois para ir golpeando y empujando a la gente a vuestra santa voluntad? Antes de salir de sus casas deberían pararse y meditar si no debían de hacerse una liposucción o cirugía plástica para quitaros toda esa grasa que os sobra

La gente reía y murmuraba ya que no conocía esos términos que utilizaba la joven.

-Les habrá dicho alguna brujería

-Sí, ¿no has visto ese extraño vestido que lleva puesto?- Miaka miró su uniforme y suspiró pero no dejó de quitarle ojo a las cuatro mujeres. Las mujeres iban a acecharla.

Cuando entre ellas una sonrisa intrigante y unos ojos verdes oliva brillaban ante tal masa de grasa, se pudieran haber echado a un lado, pero hacían un muro imposible de cruzar para lograr ver que se ocultaba detrás. Cuando se escuchó una voz masculina.

-Que interesante- Se escuchó en lo alto de la roca, cuando pronto pudieron ver todos a un hombre apuesto, de ojos claros y cabello oscuro que miraba con expectación a una Miaka abrumada, pues jamás había visto hombre tan guapo, con una espalda ancha y de altura apropiada a sus posibilidades. No era más de cuatro años mayor que ella.

"Vaya" pensó la chica, quién iba a pensar que en cuanto llegara iba a pegar el salto. El muchacho bajó de un salto corriendo hacia ella. La pelirroja fantaseaba cuando la tomó de la mano de que le iba a proponer que se fugara con él o cosas por él estilo y soñando todavía, no se dio cuenta de que el joven la había llevado arriba de la piedra junto a él. Ella seguía dentro de su ensimismamiento cuando oyó las siguientes palabras:

-¿Quién ofrece dinero por tener una bruja en casa?- Su mundo amoroso se vino abajo ¿bruja? ¡La estaba vendiendo!

Enseguida se soltó de la mano que la sostenía para negarse

-¿A quién estás llamando bruja, además que haces vendiéndome no soy esclava? – Pensando que le iba a declarar su amor y resulta que lo único que le interesaba era venderla. Ahora recordaba: Taisukun le explicó que estaban en China, pasando por malos momentos y viendo la situación sería hace muchos años porque ella no lograba acordarse que actualmente se viviera en China así, al menos estaba segura de que no tenían tan mal gusto a la hora de vestir.

Así que ideó, si eso era el pasado y en China, lugar donde solían coger tantas enfermedades seguro que si decía alguna nadie querría comprarla.

-¡Este hombre los quiere timar, las brujas solo hacemos conjuros para maldecir a la gente y además tengo la sarampión y es contagiosa!- miró sonriendo a la gente que empezaba a dudar de la honradez del muchacho.

Incluso la gente empezaba a irse viendo que podía incluso ser una estafa, la chica lo miró riendo cruzada de brazos, a ver que podía hacer para que la gente optara de nuevo por la venta.

-¡No le hagan caso es simplemente una esclava, los esclavos no quieren que los compren!¡Se la dejaré a mitad de precio no se vayan!

La gente empezó a volver y a pujar por la chica, ésta estaba mosqueada y empeñada en seguir diciendo cosas para que no la metieran en tal lío, pero cuando él se vio amenazado por las palabras de ella le tapó la boca y se acercó despacio como un gato junto a su oído.

-TE saqué del lío anterior pequeña, no hagas que mi negocio cierre o me lo cobraré contigo.- Dio un pequeño mordisco en su oreja que la dejó sin nada que hacer, sus mejillas empezaron poco a poco a sonrojarse y se paralizó.

Lo tenía todo planeado el sinvergüenza ya que si se estaba callada podía sacarle mejor partido al oficio. Miaka cayó al suelo y mira que quiso hacerse la resistente pero tras esas palabras y aquel mordisco en una de sus zonas más sensibles la había dejado desarmada.

Sin embargo el muchacho cada vez pedía más dinero por ella y la oferta había pasado a ser el precio inicial.

-Bien, ¿quién ofrece mil monedas de oro por esta joven?- Miaka lo miraba confundida, nadie iba a apostar tanto dinero por ella. No obstante la chica se equivocó, a lo lejos una mano se alzó entre la multitud.- Oh tenemos alguien que ofrece mil.

Otro señor levantó la mano para elevar su oferta, pero de nuevo levantaron la misma mano de las mil monedas con unos golpes de tacón que se abría entre la gente. Y su voz pronunció cinco mil monedas de oro, las personas exclamaban y se asombraban en comprender como podían ofrecer tanto dinero por una esclava, pero lo que no sabían era que esa "esclava iba a ser la que los salvara a todos de la guerra que se iba a producir".

El chico de pelo negro cambió su expresión al comprobar quien era el comprador, no era más que su rival en la materia pero los que lo diferenciaban a ambos es que uno vendía y el otro robaba. La cara de su contrincante era desafiante pues sabía que no iba a ver oferta más grande que la suya.

Miaka lo miró, el muchacho era interesante pero algo aniñado que quería hacer rabiar al otro chico y tampoco era tan apuesto. Su estilo de peinado y el color se asemejaba mucho con las llamas del fuego, los ojos los tenía alargados y de color verde y la piel bronceada.

-Oh eres tú

Dijo desganado el de la subasta y pasó de él olímpicamente. Siguiendo con la subasta, el pelirrojo rió y se volvió para decirle:

-Sabes que nadie ofrecerá más que yo- la gente olía a disputa y además sabían que ese era el mayor ladrón de las montañas del norte y no quisieron inmiscuirse así que empezaron a retirarse del lugar. El vendedor intentó captar la atención de la gente, pero al comprobar que todos habían desaparecido soltó un resoplido y empezó a recoger la recompensa del día.

La agarró por la mano para llevársela de allí pero, el otro sujetó la otra mano de la joven y con cara de no muy buenos amigos le dijo que no se moviera de allí. El "vendedor" de Miaka le dijo que se moviera a lo cual ésta respondió

-Qué quieres que me mate-

El de pelo negro tiró de ella haciendo que el otro la soltara

-No está en venta

-Si te acabo de ver vendiéndola- añadió- y yo soy el que he ofrecido más.

-Fuera de tiempo; además tú no estabas en mis planes.- Miró a la chica- Vámonos

-Toma el dinero y me llevo a la chica.

-He dicho que no está en venta- la cogió y la rodeó con sus brazos- Si alguien fuera a comprarla ese sería yo, pero la vida de esta joven no tiene precio. Así que lárgate.- Miaka flotaba en una nube, se sentía pequeña entre sus brazos y decir que su vida valía más que un manojo de monedas le hizo considerarse especial por segunda vez.

El otro desapareció al instante que a la pelirroja no le dio tiempo ni saber por donde se había ido. Rápido, soltó a la chica y dejó salir un gran suspiro de satisfacción al saber que las cosas no habían llegado a mayores.

-Agggg, ese Tasuki siempre viene a fastidiarme los negocios, sino hubiera sido por él...

Miaka lo interrumpió para darle las gracias

-Gracias, creía que vendías a personas y esclavos- él la miró de arriba hacia abajo con gran detenimiento.

-No, no vendo a personas pero... estaba seguro que por ti me hubieran pagado un buen precio. Más si te hubiera quitado las prendas y tu cuerpo lo hubiera vendido por un lado y cada prenda por otro. ¿Cómo es posible que haya caído ahora? – Miaka contuvo la ira en un puño cerrado que irradiaba poder y deseo de pegar a alguien en este caso.

-Cómo dices...

-Pero vino el odioso de Tasuki y...

-Me estás escuchando?- Lo sujetó ella de la camisa y el los ojos tenía dos llamas bien encendidas- No me lo pudo creer, llego a un sitio sola sin conocerlo de nada, luego me quieren vender, y parecía que todo era una broma cuando has querido incluso usarme como objeto sexual- Dijo sin parar a descansar tras cada palabra alterada.

-Eh... esto no entiendo eso último que has dicho quizás si hablas más despacio...

La chica no lo escuchaba para nada, quería desahogarse

-Yo vengo aquí a salvar al país buscando las estrellas de Suzaku y a encontrar a un chico guapo, y bueno pensando que no pude encontrar lo primero encuentro lo segundo pero es inútil.

-Espera...- le cortó el chico pensando- Has dicho que vienes buscando a las estrellas de Suzaku.- El chico se mantuvo en silencio frotándose el mentón mientras que por fin Miaka se había tranquilizado.- quizás... quizás por eso vino Tasuki.

A la pelirroja le sonaba mucho ese nombre, donde pudo leer ese nombre antes, recordó mucho antes de llegar a ese mundo pero nada recordó, hasta poder visualizar en su mente la imagen del pergamino donde logró ver el símbolo de Tasuki. Se llevó las manos a la cabeza gritando.

-¡Tasuki! Es una estrella de Suzaku- Cogió al muchacho de nuevo por la camisa- Por qué no me lo dijiste.

El contestó que nunca antes se lo preguntó, la chica cayó al suelo rindiéndose podría haber tenido a una estrella consigo y sin embargo la dejó ir. En fin tendría que ir poniendo más atención a su alrededor. El la miró preguntándose para que estaría buscando a las estrellas de Suzaku.

-¿Cuál es tu nombre?

-Miaka Yuuki, tengo 15 años, aprendo rápido y me gusta comer. Estoy preparando los exámenes para la escuela.

-Ey tranquila solo pregunté tu nombre. Mi nombre es xong gui-siu.

Miaka se quedó petrificada, ¿cómo iba a llamarlo así?

-¿Estás bromeando?- Él negó con la cabeza y sonrió

-Pero tú puedes ponerme el nombre que quieras, creo que hoy me he aprovechado de ti suficiente- De nuevo se quedó sin saber que decir, jugando con los dedos de las manos y mirando hacia abajo, se veía dulce y tierna y él no pudo evitar reírse un poco más de ella. Tomó su barbilla con la mano para levantarle el rostro y que lo mirara estando a un palmo sus caras. Miaka iba a explotar, se retiró ligeramente de él en una sacudida; tampoco quería parecer demasiado fácil.

-Tama...- éste se sorprendió por un instante- TE llamaré Tama, como mi gatita.

-Vaya...- desilusionado- ahora resulta que soy un gato, y no macho sino hembra. Bueno y ¿Dónde te dirigías antes de que yo te "secuestrara"?

Ella estuvo contando que en verdad estaba explorando un poco el terreno pero que lo primero que quería era encontrar a uno de los guerreros de Suzaku, Hotohori. "Tama" como lo había nombrado ya Miaka, no conocía a nadie llamado Hotohori, seguramente igual que Tasuki también tenía su nombre chino, pero sería difícil encontrar a una persona a través del nombre de ese símbolo.

-Se te ocurre algún lugar dónde buscar?- Preguntó la chica.

-Bueno... solo se me ocurre que el templo de Suzaku está dentro del palacio real donde está nuestro emperador, pero se necesita una audiencia para poder hablar con él.

Miaka se levantó de la roca sacudiendo su falda, comenzó a caminar dejando a Tama detrás. Ella tuvo que ir a por él para levantarlo.

-¿Se puede saber donde me llevas?

-Está claro ¿ no? Tendremos una audiencia con el emperador.

-¿Queeeeeeeeee? Estás loca?- A lo cual ella respondió

-Soy optimista

Ambos pusieron rumbo a palacio, por el camino tuvieron que detenerse en varios puestos, a Tama le había dado por comprar. Miaka no entendía lo poco que ahorraba ese chico, había acabado de ganar dinero y ya lo estaba gastando, no obstante cada cosa que compraba parecía tener un significado especial pues su rostro se iluminaba. Miaka lo supo entonces: estaba enamorada de aquel chico, eso que había visto chicos guapos e interesantes pero nadie le había conmovido tanto como él.

Una vez listas ya las compras se presentaron ante la gran puerta rodeada por una gran muralla, Tama seguía diciendo que era una locura, que los iban a encarcelar por atrevidos. Un soldado estaba junto a la entrada haciendo guardia cuando Miaka le pidió permiso para entrar.

Éste se negó en rotundo ya que ninguno había pedido audiencia con el emperador previamente, Miaka se mostró un poco altanera sabiendo que podía jugar con el papel que ella conocía que era importante para el reino.

-No sabes con quien estás hablando?

-Con una extranjera o una bruja- Eso de bruja ya le estaba empezando a hartar

-Dígale a su majestad que quiere una audiencia con él La Sacerdotisa de Suzaku.- La muchacha estuvo recta y seria en el momento que dijo eso.

Acto seguido- después de que su compañero y el guardia se quedaran perplejos de lo que había dicho- el escolta los dejó pasar acompañándolos hasta la sala al trono. Era un palacio inmenso, en el patio estaban los guerreros del emperador entrenando: unos con arcos, otros con espadas y escudos, lanzas, mientras que otros corrían eso por ejemplo era más común en Japón pensaba Miaka.

Tama que estaba cerca de ella mientras seguían al escolta se aproximó riéndose ya que él entendía que eso que había hecho ella era una estrategia para poder entrar, lo que se preguntaba era como iba a lograr engañar también a su majestad.

-Quedaos aquí- Mandó el guardia mientras entraba en la sala real.

-Oye Miaka- le dijo Tama bajito- hemos llegado demasiado lejos será mejor que nos den cita y ya vendremos otro día. Ya hemos jugado bastante.

-Tama no seas tonto, crees que esto es el médico que hay que pedir cita y te la dan para la semana que viene. Si esperamos a que nos den audiencia por lo menos será dentro de un mes

-Queeeeee? Bueno pues tú verás como engañas al emperador ahora

-Lo que he dicho es verdad

El guardia salió y les dejó pasar dentro; Una vez dentro de la sala se aproximaron ante su majestad, Tama se arrodilló pero ella se mantuvo de pie mirando fijamente la mirada del emperador. El joven que estaba a su lado de rodillas le insinuó que se inclinara pero la chica en vez de hacerle caso se acercó más al hombre sentado en el trono, le daba un poco de miedo. Incluso le apuntaron con una espada para que no se acercara más. Lo que hizo que Tama se enfureciera y le asomara de su frente un símbolo rojo "el demonio" y se enfrentara con todo aquel que se atreviera hacerle daño a Miaka.

El emperador detuvo a todos dándose cuenta de que tenía frente a él a uno de las siete estrellas de Suzaku sin que la joven se hubiese dado cuenta.

-Deteneos todos, nadie ha dado orden de que sacaran las armas. Joven – dijo mirando a Tama- puede tranquilizarse

Miaka se aproximó y le tendió el pergamino que le había dado Taisukun y a continuación explicó lo sucedido

-Mi nombre es Miaka Yuuki, y vengo de otro mundo, llegué al monte de Taisukun y allí me dio este pergamino. En él están escrito los nombre de las siete estrellas de Suzaku que debo encontrar yo, como Sacerdotisa de Suzaku, para invocar a la bestia sagrada y poder impedir un desastre que se avecina.

Todos se quedaron de piedra, incluso Tama, pues al parecer lo que ella había dicho era cierto desde el principio.

-Muy bien Miaka,- le dijo el emperador suavemente- ¿a quien ibas buscando?

-eh? Bueno las necesito a todas pero el primero que vi fue Hotohori, y Tama fue quien me dio la pista de que aquí podía averiguar algo sobre esto.

El emperador se levantó y se acercó hasta ella dejando ver su cuello- lo has encontrado Miaka- dijo el emperador- ¿Estás segura que soy el primero al que encuentras?.

-Bueno vi a Tasuki pero se me escapó porque no iba centrada en su nombre- Sonrió inocentemente. Tama todavía no se lo creía

-Eres la sacerdotisa de Suzaku- ella afirmó- por qué no me lo dijiste

-Porque tú no me preguntaste- sacó la lengua. El emperador lo miró diciendo que seguramente él también tendría que decirle algo a ella. Se arrodilló ante la pelirroja y dijo:

-Juro que os protegeré con mi vida Sacerdotisa de Suzaku mi nombre es Tamahome- Y su símbolo volvió a brillar.

Miaka se sorprendió había usado el nombre de su gata para nombrarlo sin imaginarse que su nombre en clave también empezaba igual, pero por otro lado se entristeció, se había enamorado de él. No quería que la protegiera sino que la amara.