Capítulo 1

¿Quién eres?

Esa era la pregunta que se estaba formulando cuando aquella carta le fue entregada por las lechuzas, esa mañana en el comedor del colegio.

El comedor de Hogwarts no había cambiado mucho desde que su padre había pisado esa escuela para magos. Según tenía entendido, las casas estaban separadas por mesas, como todos los años anteriores. Nadie les hablaba a los de Slytherin, aunque ciertamente su propio padre le había dicho que quizá eso pasaría.

Era por eso que no se explicaba quién podría ser la persona que le mandó aquella carta. ¿Un Slytherin sería capaz de escribir aquellos versos de incontable belleza? ¿Era él quien despertaba aquel bonito sentimiento en aquella persona?

Leyó una y otra vez esos versos, intentando descifrar en su contenido, el nombre implícito de aquel ser que compartía sus sentimientos hacia su persona de esa manera tan gentil, pero no encontraba ningún indicio.

NO PUEDES VER LO MUCHO QUE TE AMO

NUNCA TE HAS DADO CUENTA

QUE MIENTRAS RÍES, MIENTRAS ME IGNORAS

YO SUEÑO CONTIGO A CADA MOMENTO

PUEDO VER EN TUS OJOS DE TORMENTA

LA LUZ DEL SOL BRILLAR ENTRE LAS NUBES

Y SÉ CUANDO ALGO TE MOLESTA

TE CONOZCO MÁS QUE NADIE, NO LO DUDES

Y METERME ENTRE TUS BRAZOS QUISIERA

O ENTRE TU CORAZÓN, SI PUDIERA,

CONTEMPLAR TU ROSTRO MIENTRAS DUERMES

Y ACARICIAR TU CABELLO POR LAS NOCHES

ROBARTE UN BESO, PROBAR TUS LABIOS

NUNCA DEJARTE IR

¿POR QUÉ NO TE HAS DADO CUENTA

QUE ME ESTOY ENAMORANDO DE TI?

Scorpius sonrió imperceptiblemente y muy conmovido. Quería saber quién era esa persona, pero en todos los meses que tenía recibiendo versos de esa índole, esa admiradora secreta nunca había aparecido. No sabía cómo darle una respuesta, dado que su lechuza salía volando inmediatamente después de entregarle esos pergaminos y no podía identificar ese pajarraco de entre todos los que se encontraban en el colegio.

Vio nuevamente el pergamino, percatándose –como todas las veces anteriores-, de que era un papel poco usual y que nadie lo tenía en la escuela.

Dejó escapar un suspiro, guardando el pergamino entre su túnica.

-Vámonos, Al.

Sonrió hacia su mejor amigo, el cual estaba terminando de comer. El chico de cabellos negros y ojos verdes dio el último sorbo a su sopa de calabaza, dejando los trastos sobre la mesa. Después tomó sus cosas, robándose un pan para meterlo en su boca y poder alcanzar al rubio, el cual ya estaba en la puerta del gran comedor.

-¿Por qué tienes tanta prisa?

Preguntó Albus, mirando, sin comprender, a su mejor amigo.

-Estoy de muy buen humor –el rubio sonrió un poco-. Vamos a nuestra clase de herbología con el profesor Longbottom.

-Bueno...

Estaba decidido, la buscaría por toda la escuela, de ser necesario. Removería cielo, mar y tierra, si así se requería, pero pasaron cerca de tres meses y aún no podía encontrarla, a pesar de toda la intimidación que pudo utilizar contra los chicos de todas las casas.

-Pronto estaremos lejos de Hogwarts, es nuestro último año.

Dijo con fastidio, quería encontrarla antes de que eso sucediera.

-Pensé que al principio era lo que querías, Scor.

Albus sonrió hacia él, sentándose a su lado en el sillón de la sala común de Slytherin. Aquel chico moreno se había vuelto su mejor amigo, su sombra, su mano derecha, su fiel compañero. Y claro que quería largarse de ese lugar, pero, a pesar de no querer admitirlo, extrañaría muchísimo a Al.

-Pues sí –rió un poco-, pero ahora quiero saber quién es ella.

-¿La que te escribe esos versos? –dijo con algo de molestia- No dejas de hablar de esa tonta niña ñoña, seguramente es una cobarde por no quererte dar la cara.

-Es sólo una chica enamorada –sonrió-, y no la puedo culpar por enamorarse de alguien tan guapo como yo.

Albus volteó a verlo como si fuera un estúpido, pero luego comenzó a reírse.

-Qué modesto eres, Scor –estiró sus brazos, levantándose del sillón-. Iré a la biblioteca, ¿necesitas algo?

-Te acompaño.

Ambos salieron de ahí, encaminándose a aquel lugar. Pasaron varios minutos de caminata, hasta que Albus cayó en la cuenta de que había olvidado el libro de Astronomía Avanzada que había pedido y la señorita Pince lo iba a colgar si no lo llevaba, así que dio media vuelta, corriendo hacia la casa.

Scorpius sonrió con condescendencia, siguiendo el camino. Habían quedado de verse cerca de la entrada para revisar algunos libros de magia que les interesaban, así que cuando llegó buscó el lugar más cercano a la puerta, pero como no había ninguno libre siguió caminando por los estantes, hasta sentir su corazón detenerse. Se agachó, mirando aquel papel amarillento que se encontraba en el piso. Miró a todos lados, pero no encontró a su dueña.

Se encaminó hacia las mesas de los estudiantes, preguntando, a cuanta persona se encontraba ahí de quién era aquel papel.

-Es mío.

Escuchó una melodiosa voz. Se giró lentamente, encontrando un rostro pecoso y un alborotado cabello pelirrojo. Sonrió con algo de condescendencia, imaginando que a su padre le daría un infarto al enterarse de que se encontraba perdidamente enamorado de una Weasley, de Rose Weasley, para ser exactos.

-Te amo y quiero que seas mi novia.

Fueron aquellas palabras las que escaparon de sus propios labios, las que hicieron sonrojar a la chica y hubo tanto alboroto que no se dio cuenta cuando su mejor amigo había llegado ahí y lo estaba buscando la mirada.

-¿Ya escuchaste, Albus?

James Potter, el hermano mayor de Al, se acercó al moreno, susurrándole en el oído: "Malfoy le pidió a Rose que fuera su novia".